Bueno es recordar que para la realización de la faena de unidad y alejados de presiones políticas, estos dos países bolivarianos con cerca de ochenta millones de habitantes poseen condiciones privilegiadas a favor de la subsistencia y el progreso, donde los dos océanos más importantes del mundo actual, y en especial el Pacífico, que concentra el poderío del recién comenzado siglo XXI, bañan las costas para el ejercicio de un comercio internacional, y que el interior de estos territorios se colma de riquezas de distinta índole, tanto como para motorizar el desarrollo de sus regiones, dentro de un campo de competencia y calidad, donde ayuda una infraestructura eficiente, como el hecho de poseer carreteras, autopistas, puertos, aeropuertos y otros signos de progreso, para llevar a cabo los planes a que se debe destinar la acción a poner en práctica.
De antemano debemos afirmar como premisa necesaria, que tanto Venezuela como Colombia, que durante una década del siglo XIX fueron un solo país, y como ya lo dijéramos, se complementan en un todo, por afirmar lo cierto la naturaleza les ha destinado a ser Colombia un país rico de vegetación y climas diversos, mientras que a Venezuela el Supremo Creador la ha dotado como para exhibir su fuentes industriales derivadas de una riqueza mineral sustentable y competitiva, de tal manera que lo que sobra en Colombia puede faltar en Venezuela, y lo que se extrae de las entrañas de Venezuela, hace falta para cerrar un ciclo productivo en Colombia, de donde así se puede aplicar la fortuna una vez bien diseñados los propósitos y con tantas cartas bien jugadas, en los estratos campesinos agrícolas y ganaderos como los de manufactura, para esbozar algunos ejemplos que pueden ser palpables a simple vista. Si los políticos y quienes construyen el futuro de los países alejados de lo banal hubieran pensado en el mañana provisor, así como consideraron una pionera Comunidad Andina de Naciones que dio frutos en su momento pusieran empeño en la tarea de robustecer el centro comercial e industrial del eje colindante ubicado entre Cúcuta y San Antonio del Táchira, que en su momento fue la más importante interconexión de negocios de este tipo existente en América Latina, con ese mismo tesón y en el bienestar de los pueblos fraternos es mucho lo que se puede hacer en este sentido previsivo.

Y en referencia con nuestro amado país vamos ahora al intento de establecer cierta comparación por ahora asimétrica, con este único vecino que va en vías del gigantismo económico, porque las relaciones con Brasil son muy lentas dada la enorme selva amazónica que nos separa. Pues bien, debemos señalar que desde el tiempo presidencial del general Marcos Pérez Jiménez, por ser un dictador firme y serio de planes y proyectos, aunado a la posibilidad económica que se enfrenta, el país comienza a funcionar hacia delante, coadyuvado este empeño con la llegada de una buena inmigración europea, pujante y con muchos conocimientos, fuera de la facilidad que el gobierno otorgara para el proceso industrial, lo que dio pie a que Venezuela andase hacia adelante, mientras crecía la producción de petróleo como base fundamental del progreso, que dio paso de inmediato a la construcción de carreteras, autopistas, centros industriales, ampliación de puertos y aeropuertos, como el de Maiquetía, que acaso llegó a ser el primero en América Latina, industria manufacturera, siderúrgica, de aluminio, de alimentos, farmacéutica, construyéndose entonces puentes como el del lago de Maracaibo (de alta tecnología alemana), sobre el río Orinoco, la autopista de Caracas al puerto de La Guaira, que era una joya de la tecnología mundial del momento en cuanto al inmenso túnel de más de tres kilómetros de largo, donde trabajaron miles de inmigrantes italianos y españoles, y en los cercanos primeros puentes mundiales de concreto pretensado y no atirantados, que diseña y construyó la compañía francesa Campenon Bernard. Venezuela estaba entonces de fiesta en el progreso, mientras cada día desembarcaban miles de inmigrantes no analfabetos sino técnicos de conocimientos diversos, que en buena parte hicieron el país. La Universidad de Caracas, diseñada por un alumno de Le Corbusier, era digno ejemplo de esta construcción para el mundo, como el paseo de Los Próceres, al estilo de los jardines de Versalles, el Gran Salón del Círculo Militar, hecho todo en mármol, que podía albergar sentados por encima de cuatro mil personas, el dragado más profundo, hasta 15 metros en el lago de Maracaibo, para permitir el ingreso de grandes barcos cargadores de petróleo, la construcción de las inmensas refinerías de Punta Cardón y Judibana, entre las más grandes del mundo, incluso la de Abadán, hechas por socios comprometidos de Venezuela y no por simples compradores (y con descuento o ventas a futuro, con enormes pérdidas económicas, como ahora se realizan contratos), el desarrollo de la aviación comercial, con aparatos de primera clase, tal el caso de la Aeropostal y la Avensa, la flota mercante venezolana, y más tarde, cuando ya se posesiona la democracia por cuarenta años en el gobierno, entra de lleno una segunda etapa con la continuación de una política de construcciones de miles y miles de viviendas populares por todo el país, enormes edificios de hasta sesenta pisos, de nuevas carreteras y autopistas, la construcción de nuevas empresas del Complejo Siderúrgico del Orinoco, donde se establecen muchas industrias extranjeras y se edifica la ciudad más moderna de Venezuela, que es Puerto Ordaz, al tanto que se eleva la inmensa estructura de la represa hidroeléctrica de Gurí, sobre el río Caroní, en su momento la más moderna y amplia del mundo, por encima de la de Assuan y la de Itaipú. En esos tiempos dinámicos corría el dinero en los bolsillos de los venezolanos, con una moneda comparativa en su firmeza a la Libra Esterlina, cuando todavía a finales de los años setenta un bolívar equivalía a 16 pesos colombianos, y que ahora un bolívar equivale a 0,22 pesos colombianos, lo que demuestra la pobreza a que hemos llegado. Pero dentro de la bonanza acostumbrada una política de consumismo loco, derrochador por demás a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, concretamente desde 1979, en que se construía y malgastaba compulsivamente el erario público, sin prever consecuencias, desemboca en un trágico final cuando en febrero de 1983 el Gobierno Nacional ante las variables pendientes por el desastre fiscal devalúa la firme moneda venezolana, que en picada comienza a caer al extremo que hoy en día, 28 años después, ha sido indetenible este proceso, acelerado aún por la política populista y manirrota del Gobierno Nacional que en su descarada actitud de ganar voluntades a punta de billetes verdes, dentro y fuera del país, no ha escatimado esfuerzos en regalar la moneda o negociarla con el primer postor, con los fines de la permanencia indefinida en el poder de quienes detentan por sí o a través de otros, el mando, porque dentro de un sistema fascistoide creado por el argentino Ceresole y luego bajo la entrega que de la economía se ha hecho primero a los cubanos de Fidel Castro, que ahora la cosa comienza a cambiar con Raúl Castro, y los mantenidos internacionales como Evo Morales y Daniel Ortega, fuera de la inmensa cantidad de dinero que se reparte al extranjero a manos llenas, como en el caso de los petrodólares y de los servicios de inteligencia y difusión del llamado e incomprensible “socialismo del siglo XXI”, que compra conciencias, del desbarate centralista de las finanzas nacionales en un país que casi todo lo importa y sobre todo en la comida, porque nada se produce en lo interior, dentro de ese gran derroche y mientras el pueblo sufre de carencias porque a nivel nacional falta o desaparece la leche (se deja podrir en los containers que la traen), o el azúcar, o el aceite, o la carne, o los pollos importados, o las medicinas, o el queso, y muchas cosas se racionan por la escasez, en un ataque permanente a lo poco industrial y de la propiedad que no se ha nacionalizado, expropiándolo sin compensación, como ordena la ley, todos esos defectos sobresalientes traen como consecuencia que muy poco se importa por la escasez de divisas y que el juego de la corrupción por el soborno es impresionante, donde se carga hasta un 300% a los precios verdaderos y sin que el gobierno haga nada, dentro de ese centralismo alcahuete reinante y con un Presidente que según conocedores se tambalea por el cáncer que lo carcome. Ya se dice que se está al pie de una nueva devaluación monetaria, con el enriquecimiento de tantos del apparatchik que meten sus manos en todo para engrosar la cornucopia a la callada, mientras se especula en los grandes mercados que el bolívar ya es la décima cuarta parte de un dólar americano. ¡Imagínense esto!. Y todo lo que nos debe ese filtro que es Cuba.

Y volviendo al tema inicial ojalá que el gobierno de Venezuela se de cuenta que con las elecciones encima no debe jugar tragando candela, o con la fábula de la cigarra y la hormiga, para convenir en un arreglo, que por encima de los odios viscerales traídos desde cualquier infancia llanera llena de miseria, el superman se compadezca del pueblo que va a votar y que esta vez no es manejable mediante máquinas electorales smarmatic, con importados quilos de arroz baratos o con promesas de sal y agua, porque la vindicta pública es implacable. Ojalá se recapacite y abra de nuevo el próspero comercio intrazonal con Colombia, para el beneficio de 80 millones de habitantes hermanos (“yo los amo”, ha dicho mucho el Presidente), con que se evite revirtiendo las próximas consecuencias electorales. ramonurdaneta30@hotmail.com.
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