viernes, 7 de diciembre de 2012

EL INMOLADO PRIMO LUIS DE URDANETA.

             Amigos invisibles. Siempre consideré complicado escribir sobre algo íntimo porque como es lógico suponer, la pluma y el numen pueden excederse en los campos de la fantasía retórica, que por supuesto deforma sobre lo que se quiere expresar, pero como en este caso no hay otra manera de entenderse dedicaré este estudio a una figura interesante de nuestro patrimonio del procerato histórico, ya que por raíces desconocidas y fluctuantes aún no se ha escrito un trabajo riguroso sobre Luis de Urdaneta Barrenecha y Farías, quien en la vida dio mucho por la patria, hasta su sangre y que por olvidos de la suerte no se le ha elevado al pedestal que merece dentro del panteón de los héroes patrios. Y para hacer el empeño en este caso me referiré a la familia Urdaneta, de origen vasco guipuzcoano, que es la rama venida a Venezuela en 1645 para establecerse en Maracaibo, y en cuya undécima generación nace Luis de Urdaneta Barrenechea, cuyos padres Joaquín José y Francisca Farías son tíos del General en Jefe Rafael Urdaneta Farías, que es primo hermano doble de este importante prócer por ser casados dos hermanas con dos hermanos, como era costumbre de la época y entre los que llamaban “gente blanca”. Nació nuestro biografiado en los Puertos de Altagracia el 25 de agosto de 1796, frente al lago marabino y dicha capital, dentro de propiedades rurales que eran la vida de entonces y de allí paso a Maracaibo para su educación, pero por obra de la guerra de Independencia que se extiende a los l4 años de edad en Maracaibo se enrola en el ejército monárquico claro está en defensa de los ideales existentes y para ir contra la insurgencia desatada, en que pronto se destaca Simón Bolívar. Así sienta plaza de cadete en las Milicias de Blancos de Maracaibo, el 27 de agosto de 1810, bajo el impulso del Capitán General Fernando Miyares y pronto el bisoño cadete es destinado el 6 de noviembre a la Campaña de Coro, junto con otros marabinos, que persigue al ejército bajo la conducción del republicano marqués Francisco Rodríguez del Toro. A pesar de las lagunas que existen en cuanto a su permanente hoja militar, sabemos que Urdaneta y dentro de la guerra en marcha después de distinguirse como subteniente actúa en el entorno barinés a las órdenes del impetuoso canario estratega y soldado llanero José Yánez (alias Ñaña) y su grupo Voltígeros de la Guardia, en combates como la terrible batalla de Araure (5 de diciembre de 1813), en un año de muchos conflictos guerreros, y ya ascendido por méritos al grado de Teniente (1815), dentro de su trayectoria militar según el estudioso Francisco Alejandro Vargas por disposición del general español Pablo Morillo en el mismo 1815 pasa a formar parte  del cuerpo de oficiales  del Regimiento Numancia, tropa de elite traída por el pacificador Morillo desde España y constituido por tres batallones fogueados, donde Urdaneta forma parte del Primer batallón, por lo que combate al lado de Sebastián de la Calzada en Chire (Casanare, 31-10-1815) al que pronto se le une el batallón creado en Barinas el 17 de diciembre de 1813,  por Yánez, que había sido reorganizado por el mismo Calzada mediante incorporación de marabinos realistas y que también luchara con denuedo en el período de la Guerra a Muerte.
            Y como la guerra pacificadora que conduce Morillo está que arde y ya Nueva Granada y el Perú participan en tal contienda, por dicho motivo el general español dispone que el laureado Numancia para la reconquista española sea destinado en 1816 a la campaña neogranadina, en la que concurre desde luego Urdaneta con una buena hoja de servicios y donde parte así para triunfar en Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Perú, participando por el Occidente inicial en acciones militares efectuadas en Málaga (Santander), Páramo de Cachirí (Santander, 22-2-16), y también dentro de Nueva Granada  proseguirá hacia el Sur (Cauca), donde interviene que sepamos en Cuchilla de Tambo (Popayán, 29-6-1816) y La Plata (Popayán, 1816). Luego de estacionarse por un tiempo en territorio neogranadino los jefes realistas destinan a Urdaneta y con ese cuerpo militar en que milita, para seguir rumbo al virreinato del Perú, por lo que llega a Lima luego de recorrer más de 1.000 leguas terrestres, en febrero de 1819. Sin embargo Urdaneta y algunos venezolanos que actuaran en esa campaña militar hacia el Sur, luego de ver tanta desgracia y retraso, como de la posición de los peninsulares dentro de la misma tuvieron entre sí ciertas conversaciones atinentes que pronto fueron detectadas por los servicios de inteligencia hispana, de donde durante su estancia en Lima fue segregado de ciertas comisiones por el mismo hecho de que se temía la defección militar de Urdaneta hacia el bando patriota, donde se luciera el primo Rafael, y por cuya causa junto a otro puñado de venezolanos el gobierno virreinal por los medios oportunos decidió devolver a ese grupo hacia Venezuela, al desconfiar de su posición ideológica respecto a la guerra en marcha.  Por este motivo pronto el contingente señalado sale de regreso a su lugar de origen. Así, permaneciendo en Guayaquil al ahondar más en la posición del marabino Luis y del grupo republicano que se menciona, por las dudas fue retirado del servicio militar, mas siendo capitán y ya en inteligencia abierta con oficiales realistas americanos, de pensamiento liberal como él, el lunes 9 de octubre de 1820 y gracias a su accionar relevante el marabino a la cabeza de 34 hombres  en el centro de la ciudad guayaquileña asalta y toma el cuartel Dualde, que aloja el importante Escuadrón de Caballería, como es sede de numerosos pertrechos militares, entre ellos el abastecido parque, en cuya acción muere el comandante hispano Joaquín Magallar, y rinde la estratégica batería de Las Cruces con la entrega incondicional de sus tropas, al sur de este puerto, proclamando de esa forma la República y siendo allí Urdaneta el oficial de mayor graduación, cuando se declara también la libertad de Guayaquil y su amplio territorio de Guayas, abriéndole así las puertas del Sur a Colombia, como lo asienta Adolfo Romero Luengo. Ascendido a Teniente Coronel por la Junta Superior de Guerra elegida en el lugar, es designado Jefe de Fuerzas en campaña, por lo que el  9 de noviembre de 1820 derrota al español toledano Antonio Forminaya, en Camino Real, pero luego junto a su paisano gracitano León de Febres Cordero y en el primer combate de la llanura de Huachi, cerca de Ambato y Tungurahua, el 22 de noviembre siguiente en el ajetreo guerrero por desavenencias internas y cuando la victoria parecía segura, mediante la deserción inesperada del cacique Álvarez, inacción de García, mala logística, etc., vence al ejército patriota el brigadier español Francisco González, retirándose Urdaneta hacia Babahoyo en táctica desplegada. Entonces nuestro personaje dirige las tropas del primer ejército guayaquileño en calidad de Comandante en Jefe, formado para la liberación (o protección) de Quito. Sobre este ordenamiento militar Urdaneta el 3 de enero de 1821 con el Batallón “Voluntarios de la Patria”, que lidera, tendrá importante ingerencia en el combate de Tanizahua.        
             Una vez que termina la investigación militar ordenada por lo ocurrido en Huachi y libre de toda responsabilidad, Urdaneta deja a Guayaquil y viaja al Perú, para unirse al general San José de Martín, de donde el 6 de julio de 1819 hace su entrada a Lima. A poco junto esta vez con el general Antonio José de  Sucre, como 2º Jefe de la División Piura, conformada por 1.000 hombres, el 24-5-22 al lado de su buen amigo general Sucre hace la campaña interior militar correspondiente, y luego acompañando al cumanés triunfa en la conocida batalla de Pichincha, frente a Quito, luciéndose contra el realista mariscal Melchor Aymerich.
            Vuelto a la capital virreinal, en 1823 a las órdenes de Simón Bolívar, en el Perú el ya coronel desempeña importantes comisiones que le son confiadas. Así el 13-9-24 Bolívar le concede el mando político y militar  de los territorios peruanos  de Pativilca e Ica. Igualmente en 1824 y desde el Puerto de Supe, al norte de Lima, Urdaneta contribuyó con el eficaz despacho de fuerzas colombianas a los triunfos de Junín (6-8-824), donde asiste personalmente, y Ayacucho. Y de esta forma, como asienta Nicolás Perazzo, “siguió de cerca el curso  del nacimiento y consolidación de la nacionalidad boliviana”. Continuó en cargos civiles, pero en febrero de 1827 a consecuencia de la sublevación en Lima de las fuerzas colombianas al mando del coronel granadino José María Bustamante, de 2.700 hombres, dispuesto y rebelado por insinuaciones del general Francisco de Paula Santander, el Intendente de Guayaquil Tomás Cipriano de Mosquera y vista esta situación delicada encarga a Urdaneta ponerse al frente de aquellas fuerzas sediciosas.
Condecorado por el gobierno del Perú con la medalla Busto del Libertador (Lima, 10-6-825) y ya de General de Brigada, regresó a Bogotá en 1827 a rendir cuenta de su misión, pero al iniciarse el combate interno del Perú que le declara la guerra a Colombia y la invade, Urdaneta vuelve al sitio de los acontecimientos y esta vez acompaña a su amigo el mariscal Sucre para la defensa del país, por lo que de regreso en el Ecuador enfréntase primero el 12 de febrero de 1828 a las tropas peruanas en Saraguro capitaneadas por Lamar, que con engaño trataban de sorprender a los colombianos, por la espalda, infringiéndoles una derrota, y luego vencen a las mismas tropas de José de Lamar en Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, donde el 27-2-1829 junto a Sucre y Juan José Flores bajo el comando personal de los escuadrones 2º y 4º triunfó en la batalla atacando los puntos más avanzados del enemigo, que así acaba con el ejército invasor peruano.
Entretanto el general Rafael Urdaneta como Presidente interino de Colombia (debido a la negativa de ejercer ese cargo los colombianos Domingo Caicedo y Joaquín Mosquera) llama en su auxilio al primo Luis, para que de Panamá donde se encontraba vaya a Guayaquil con intenciones de oponerse a la separación de Guayaquil de Colombia y detener la avanzada política del general Flores, insurreccionando esa plaza portuaria, para debilitarlo en su poder autoritario y deseo expansionista, por lo que el primo Luis en la goleta  “Istmeña” llega a Guayaquil en septiembre de 1830 y pronto, enfrentándose a la separación de dicho territorio de Colombia (3-5-830) prepara un golpe de Estado (23-11-30) contra Flores, mediante el cual con rapidez gana a la causa colombiana gran porción del territorio de Ecuador (Zamborondón, Cuenca, Quito, e Ibarra), que cae en su poder, insurreccionando luego el 28 de noviembre de 1830 las tropas de Guayaquil y Azuay,  para así afirmar el mando centrista bolivariano. Pero al conocer la dolorosa muerte de Bolívar con su ejército regresa de Latacunga a Guayaquil y de seguidas embarca de nuevo rumbo a Panamá, que es un bastión de los bolivarianos, para evitar ser detenido.  
Los acontecimientos de 1830 lo encontrarán en Panamá, siendo precursor de su independencia, y donde de acuerdo con el itsmeño y probolivariano José Domingo Espinar de inmediato a finales de 1830 regresó a Guayaquil, puerto en que entendido con otros oficiales antes de terminar el año (28-11) como dije proclaman la integridad de la Gran Colombia, dando así apoyo a la dictadura de unidad bolivariana ejercida por Rafael Urdaneta y frente a las apetencias contrarias de Juan José Flores, por lo que le secundan en esto varios pueblos del Ecuador, iniciando así una corta guerra civil en la que llevaba de triunfar el general Luis Urdaneta.  Mas colocado frente al opositor Juan José Flores, con cuyas fuerzas sostiene combates en Ambato y Latacunga, para salvar las divergencias grupales habidas ambos jefes venezolanos firman un tratado con el bando opuesto, o sea el grupo de Flores y los otros contendientes, donde dentro de lo inseguro declaran que si regresaba Bolívar al mando todos lo reconocerían sin objeción, pero si ocurriese lo contrario, Urdaneta se retiraría del Ecuador, lo que a poco en efecto sucedió. Al conocer la muerte de Bolívar todo el plan en marcha para la recuperación del Ecuador a la Gran Colombia se frustra y de acuerdo con lo pactado Urdaneta regresa con su ejército desde Latacunga a Guayaquil, combate en La Ciénega y depone las armas, embarcándose luego rumbo a Panamá para esquivar ser detenido, aunque otros alegan que sí lo fue y se le expulsó del país por ser defensor incondicional de las ideas bolivarianas y del propio Bolívar.
Sale de Ecuador en mayo del 31 hacia Panamá “el último adicto incondicional del Libertador”, como lo llama Juan José Flores, en la goleta de guerra “La Guayaquileña”, desde isla Puna, y llegado al istmo se une al coronel venezolano Juan Eligio Alzuru, probolivariano, y junto a otros 50 oficiales venezolanos provenientes del Ecuador en calidad de Comandante de las Fuerzas Sutiles del istmo participa en los movimientos secesionistas de 1831 en ese bastión de las ideas bolivarianas, que ya  tenían raigambre de atrás, considerando convertir a Panamá en una suerte de ciudad anseática, con el apoyo de importantes familias como “los Arosemena, Obadía y algunos otros vecinos principales”. Presente en Panamá, allí continúa sosteniendo la dictadura provisional de su primo hermano general Presidente de Colombia Rafael Urdaneta, que defiende a ultranza la causa de Bolívar, pero separado éste del poder supremo en su propio deseo por el Convenio de Apulo, del 28 de abril de 1831, lugar situado a noventa kilómetros de Bogotá, por consecuencia de la muerte de Bolívar, con prontitud Luís luego de tres combates consecutivos (entre ellos el sostenido el 25 de agosto con el propio  Tomás José Herrera) y replegándose tras encarnizada lucha en que privó el potencial armamento del mismo Herrera), y caído en poder de sus enemigos enviados a combatirles desde Cartagena de Indias mediante órdenes del radical antibolivariano José María Obando (recordemos que en esos días Luis de Urdaneta había escrito una “relación desnuda” sobre el asesinato de su gran amigo el mariscal Sucre, donde imputaba o daba a entender que en ello tenían interés los generales Obando y López, para el momento supremos conductores de las armas colombianas), como también allí cae prisionero Alzuru, pues bajo promesas fingidas y garantías  hechas en un pacto incumplido ambos próceres se entregaron rindiendo las armas, por lo que sin fórmula de juicio y de orden del iracundo coronel Herrera, enviado desde Bogotá por Portobelo a objeto de combatir la insurgencia aún separatista, dos horas después y traicionando el caballeroso pacto acordado, en forma drástica y brutal a los oficiales detenidos sin entrar en capilla y apenas con el sacramento de la penitencia los fusilan, a él de 35 años casi exactos, el 27 de agosto de l831, y a 19 oficiales más, entre ellos los oficiales cirujano de tropa Francisco Araujo y al zambo libre Manuel Estrada. Es de anotar que los bienes secuestrados a Urdaneta para ese momento (50 onzas de oro, joyas con diamantes, un esclavo, 3.000 pesos en plata, reloj de oro y otras prendas de equipaje, en la rapiña nunca aparecerían para entregárselos a sus deudos, que lo requirieron). Así acabó “el reinado  de Urdaneta, Alzuru y compañía”, en Panamá, como con sorna lo relata el historiador colombiano José Manuel Restrepo. Había caído el prócer con una situación personal muy comprometida por su defensa a la causa bolivariana, debido a lo que se destierra del Perú, se mal entiende por estas mismas causas de lealtad con el caudillaje ejercido por Juan José Flores en Ecuador, se le cierran también las puertas de Colombia al fallecer Bolívar y por estar el país en manos de Santander, e imposible también de viajar a su patria Venezuela, porque entonces gobernaba José Antonio Paéz y sus áulicos antibolivarianos, de donde no le quedaba otro camino que permanecer en el bastión de Panamá, pese a las dificultades que viera a la distancia. Con este panorama se estrena el nuevo país aparecido luego de la disolución de la Gran Colombia y que se llamará por poco tiempo Estado de Nueva Granada.
Urdaneta, bravo general maracaibero, en ocasión guerrillero audaz y de fuerte carácter, se destacó en todas las acciones de armas en que intervino y en especial las que le dieron la libertad al virreinato del Perú, comprendido en ello el Ecuador. Habría de pasar 70 años más para que la aspiración autónoma de Urdaneta sobre Panamá se convirtiera en realidad, al constituirse en república independiente y soberana el 13 de noviembre de 1903.
Por obra de la casualidad nació un 25 de agosto, ingresó de cadete al ejército  un 27 de agosto, y murió un 27 de agosto. Diez años sirve al ejército realista y once al patriota. Sus restos no reposan aún en el Panteón Nacional de Caracas, y vaya usted a saber porqué, según lo acordado por el Congreso Nacional en 1920.

sábado, 1 de diciembre de 2012

PEDRO DE GRATEROL ESCOTO: EL OBISPO QUE NO FUE.

                   Amigos invisibles. Dentro de los estudios humanísticos e históricos que tanto llaman la atención como para formar el cuerpo real de la patria, desde los propios inicios, existe un hombre fuera de serie al que siempre tuve el deseo  de investigar por las hazañas que vagamente sabía pero que de un inicio en el análisis circunstanciado de este caballero con el paso de los años y a pesar de su poco conocimiento en los infolios de aquella época, pude darme cuenta que era candidato ineludible para sostener este blog, porque con la madurez del raciocinio que se tiene y el enhebrar de tantos pasos trémulos en que viviera lleno de incertidumbres y dificultades, debía sacarlo a flote del fondo de la alacena historial para que los investigadores modernos formen conclusiones sobre el espíritu y la trascendencia de su obra en aquel siglo XVI venezolano colmado de problemas que ni el paso del tiempo solían atemperar. Por ello en el boletín Nº 376 de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela (octubre-diciembre de 2.011) y ajustado a los cánones del mismo publiqué el trabajo intitulado “El inefable Pedro de Graterol Escoto”, el que con algunos cambios necesarios y para conocimiento de quienes no lo hayan leído en tal Boletín, doy a conocer en esta oportunidad, de modo de entender mejor lo que en lenguaje técnico se denomina Historia de Venezuela, y mejor de América.
            Por estas vías de entendimiento diremos que uno de los personajes  resaltantes del Trujillo colonial es este sacerdote que llama la atención fuera de lo común por el tiempo que le tocó vivir y la escasa documentación existente. En efecto el inefable Pedro viene al mundo en una urbe serrana que en ese siglo de descubrimientos y ciertos desmanes se construye en forma errante, por los cambios de lugar en que se posa, de donde le toca nacer por ello en la llamada entonces Trujillo de Salamanca, que recien se fundase en el airoso valle de Boconó. Su padre, Francisco de Graterolo, nacido hacia 1517, escribano, provenía de conocida familia ancestral del norte italiano, “de los buenos antiguos y principales ciudadanos”, como afirma el embajador veneciano Pedro Priule, siendo natural por tanto de la república que pertenece al importante Ducado adriático de Venecia, donde dentro del ambiente de las góndolas mercantiles se forma con el ejemplo de los mayores en el dinámico  tráfico cultural y económico del Oriente  poderoso en riquezas  y la Europa renacentista que le instruye en las nuevas ideas. Y en la flor de su juventud como muchos europeos que se mueven alrededor de la figura del poderoso emperador Carlos V, en cuyos territorios no se ponía el sol, de diversos lugares de aquel continente en marcha y en busca de aventuras militares honoríficas con la protección de sus ancestros emigra a España, al cosmopolita y dinámico puerto de Sevilla, a donde fuera de los ansiosos peninsulares fluyen contingentes de flamencos, franceses, genoveses, alemanes, y tantos otros que ven en esta pujante ciudad andaluza, por ser la vía principal en el camino hacia América, un destino lleno de oportunidades, y en caso de él, para sentar familia.  Allí entre el acontecer diario y en las encrucijadas del destino se enamora y desposa a una joven  dama nativa del cercano Puerto de Santa María, nacida hacia 1519, quien precisamente no tiene apellido español, doña Juana de Escoto, de donde en aquella amalgama de gentes que la habitan, debe provenir de un origen escocés, y con ella pronto, en busca de una vida holgada ante el señuelo americano que a todos obnubila, desde el gaditano  San Lúcar de Barrameda en el galeón pertrechado “Santísima Trinidad” embarca en la expedición  de suficientes carabelas y 600 acompañantes  que salida a fines de 1534 hacia Venezuela trae el germano Jorge Hohermuth o de Espira, alto funcionario de la sevillana casa acreedora Welser, en calidad de apoderado o factor de comercio y como Gobernador y Capitán General de Venezuela, dispuesto así por el Monarca, de donde nuestra pareja De Graterolo y luego de dos meses navegando con buen viento arriba a tierra continental americana por Coro, el 6 de febrero de 1535. Tiempo después, asentado en esa ciudad de paso, al decir de la historiadora Sara Colmenares el veneciano Graterol viaja con el segoviano Juan de Villegas y atraviesa tierras de los rebeldes indios jirajaras para fundar a Barquisimeto en medio de las vicisitudes de esos traslados, y pronto en el amplio Valle de las Damas, junto al río Turbio se establece al lado de su reciente familia y donde ejerce cargos importantes de gobierno local durante varios años.
            Luego, en este movimiento de personajes e intereses que se suscitan primero con el fundador extremeño Diego García de Paredes y luego con el conquistador cacereño Francisco Ruiz, famoso por la apertura del camino ganadero hacia Nueva Granada, Graterol viaja con los suyos acompañando a Ruiz hacia el oeste, hasta los Andes de Trujillo, “en territorio cuicas”, para refundar una ciudad que llamaron Mirabel (patria chica de Ruiz), de poca permanencia histórica ya que pronto deciden cambiarla al fresco valle de Boconó, cuando el veneciano Graterol anda por el medio siglo de existencia. Es ahí en esta ciudad andina llamada Trujillo de Salamanca, donde en el seno de su familia compuesta además por más de cinco hijos, entre ellos el primogénito Bartolomé, como asienta Mario Briceño Iragorry, que ahora trae de Barquisimeto y en la que ocupa cargos municipales de valía, donde nace el presbítero y licenciado Pedro de Graterol, el año 1561 de nuestra era, o sea en tiempo del Concilio de Trento, que iba a ser motor fundamental y necesario en los menesteres de la Iglesia católica romana y el presente dogma de la Fe. Alto de cuerpo, de edad de más de 50 años, los ojos zarcos pintados, “con una señal de herida pequeña junto al bigote del lado derecho”, según documento oportuno, el historiador José Eliseo López así lo describe para 1610, cuando Graterol sube a la nave de registro a cargo del maestre Antonio de Raygade, que habrá de trasladarlo hasta América.          
            Toca al célebre fundador Diego García de Paredes ser padrino de aguas bautismales de este infante de familia conocida, quien con las mutaciones de la ciudad portátil, como bien le llama el cronista Oviedo y Baños, de poca edad con su padre y varios hermanos desde Boconó en el trasiego característico se muda el estrecho valle de los indios mucas, asiento definitivo de la capital trujillana. Años después de esta permanencia familiar fallece en esa ciudad, en 1567, el veneciano patriarca Francisco, con más de medio siglo de existencia, vinculado a la encomienda caballeresca oriental de San Lázaro por el linaje familiar, antiguo cronista, regidor, al servicio de los Welser y de Su Majestad, como cuando con otros detiene y ajusticia al siniestro Lope de Aguirre, dejando a la viuda aún joven y con numerosos hijos, la que dos años después desposa con el portugués y capitán marino Tomás Daboín. En Trujillo de Nuestra Señora de la Paz, que así se llamará por siempre, el joven al lado de su madre y buen padrastro va creciendo al tiempo que ambos interesados con diligencia para su educación en cuanto a gramática, latinidad y otras materias esenciales de la época lo inscriben en la Escuela Superior de Artes y Teología que fundara el dominico, teólogo salmantino y tercer obispo de Venezuela, fray Pedro de Ágreda, en Trujillo, en 1576, instituto de enseñanza filosófica y el primero que en calidad de colegio seminario existe en Venezuela, según asienta el historiador Hermano Nectario María, es decir, cuando nuestro Pedro de Graterol ajusta los 15 años de existir y anda en plena conciencia de sus ejecutorias. En esta escuela de saberes (“semillero de excelentes sacerdotes”, la define fray Cesáreo de Armellada), bajo la conducción principal de dos frailes instruidos, o sea Diego de Velásquez, en el manejo de la Teología, y Juan de Peñaloza, para los cursos de Gramática y Artes, religiosos establecidos en su convento de la ciudad  que profesan el culto monacal a san Francisco de Asís y guardando diferencias de antes establecidas con el cimero santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia, el entendido estudiante va cimentando serios conocimientos teológicos, dada la vocación sacerdotal que de antaño este trujillano demuestra a todas luces.
            De veinticuatro años de edad, es decir, en 1585, es ordenado sacerdote de Cristo en la sede episcopal de Coro por el viajero dominico y cuarto prelado lugareño fray Juan Manuel Martínez de Manzanillo, con todas las preeminencias que conlleva, mientras el sacerdote para ayudar a la grey de su asiento natural continúa viviendo en Trujillo, donde en base a la valía que ya conocen y por la extraña muerte (debida a veneno, en junio de 1600) del castellano y dominico obispo fray Domingo de Salinas, en el seno eclesial correspondiente se designa a Graterol como Vicario (juez eclesiástico) y Visitador General del territorio en que ejerce jurisdicción. Graterol se convierte así en el primer hijo de Trujillo  en ser ordenado sacerdote, con las facultades superiores a su cargo, que en aquel tiempo era mucho decir. Diez años más tarde y por sus conocimientos de canto religioso, entre ellos el gregoriano, conocemos que en la visita del gobernador Diego de Osorio a la ciudad de Trujillo, Graterol solicita ante la autoridad superior la Chantría (director del coro eclesial, “…de agradable timbre de voz,…por la excelente ejecución de los cantos…” asienta el hermano Nectario María) de la catedral de Coro, que es primada por allí residir el obispo de Venezuela y hasta el gobernador de la provincia, mientras logra mudarse a Caracas el gobierno civil de Juan de Pimentel, aunque en la escogencia y dado su valer reconocido  las altas autoridades lo designan para ejercer el cargo de Arcediano de Coro y de Provisor General de la diócesis de Venezuela, siendo la primera autoridad eclesial después del prelado en funciones, por lo que hechos los cambios oportunos el trujillano asume la jefatura de la misma diócesis a la rápida desaparición del ilustre fraile Pedro Mártir Palomino, dominico burgalés y quinto obispo, fallecido en Coro en 1596. El provisor en este caso es un juez diocesano, nombrado por el obispo, con quien constituye un mismo tribunal, teniendo potestad ordinaria para entender en causas eclesiásticas.  
            En 1597 y siendo dueño de tierras que ha adquirido el levita aún reside en Trujillo, mas vista la sede vacante ocurrida para gobernar la diócesis, como asienta Manuel Pérez Vila, el Cabildo Eclesiástico reunido en pleno designa para cumplir esas funciones al presbítero Graterol, de 36 años,  quien ya en calidad de Provisor y Vicario General del obispado firma sus decisiones como “Gobernador de Venezuela”, desde luego que referidas al campo eclesiástico. Una década más tarde, sin cesar en su ejercicio por mayo de 1608 y cuando anda camino del medio siglo de edad se embarca rumbo a España, donde va a permanecer dos años nutricios en Europa (como la detenida visita familiar en Mora de Portugal), dentro de una intensa labor, mientras fallece en Caracas el valioso mitrado franciscano fray Antonio de Alcega, por cierto pirómano y por ende experto calcinador de 3.000 muñecos indígenas, a lo que agrega incinerando 1.114 santuarios de esos naturales idólatras y de culto,  hallados por pesquisa en la provincia trujillana, como el mismo sin inmutarse escribe. Por causa de su fallecimiento varias ciudades venezolanas, entre ellas Barquisimeto y Maracaibo, que conozcamos, pidieron a Su Majestad el Rey Católico tomara en cuenta la excelente labor del trujillano De Graterol, ahora en retorno de Europa (1610), para suplir la vacancia episcopal abierta, proposición que desde luego no prospera por intereses minúsculos y el impedimento o hecho de minusvalía existente, suerte de capitis deminutio, por haber nacido el postulado en América, lo que sin embargo con los arreglos respectivos no fue obstáculo para ejercer esa vacancia en forma indirecta  pero efectiva, al continuar siendo Provisor y Secretario General de la diócesis, es decir, su director y administrador general, con sede en Trujillo, y mientras no se llenara con algún prelado esa nueva vacancia.
            En esta alternativa de las continuas sedes vacantes debe suplir de nuevo en la función episcopal diocesana al ilustre burgalés Pedro de Oña Ruiz (1560-1616), mercedario, escritor de nombre y al que retrata Zurbarán, erudito, teólogo de fuste y filósofo comentarista de Aristóteles, quien designado obispo de Venezuela en abril de 1601 durante largos meses fue renuente a tomar posesión de ese cargo inferior a sus pretensiones, una vez consagrado como obispo, alegando por escrito enfermedades varias y escasa congrua de sustento, mientras al padre Graterol ejerce sus funciones de gobierno como Provisor  y Vicario General, según poder escrito del propio obispo De Oña. Por este motivo inusual y desde luego mediante órdenes superiores el presbítero Graterol una vez que deja en buenas manos la jefatura de la diócesis emprende nuevo viaje a Madrid en busca De Oña(aunque la fecha que conozco no concatena con la de su primer viaje), para sostener entrevistas que acaso lo llenen de sabiduría  y quien le instruye de otros conocimientos, mientras se prepara una visita a la Corte real que allí reside, al tanto que con alguna rapidez se soluciona el problema en suspenso con el fraile renuente, que es cuando el Rey de España dos años más tarde (1603) designa a De Oña como obispo de Gaeta, en el reino hispano de Nápoles. Esta información por cierto es poco conocida de los historiadores venezolanos.
            Como se puede apreciar, De Graterol rige la diócesis  en vacancia hasta finales de 1606, cuando llega para consagrarse  de la misma mitra el viudo y fraile franciscano Antonio de Alcega. Y en esos menesteres diarios de gobierno vuelve a ser Provisor eclesial en 1617, a raíz de haber sido nombrado el sucesor del dominico Juan de Bohórquez, o sea el quisquilloso fraile paulista Gonzalo de Angulo, para ejercer la diócesis de Venezuela, de la que se encargará luego de 1619, “y gobernó la diócesis al ausentarse aquel”, siendo aún Vicario de Trujillo (que lo era desde 1616), cuando Graterol alcanza los sesenta años de fructífera vida espiritual. En resumidas cuentas, este sacerdote ejemplar y por demás necesario entre tantas vicisitudes acaecidas “rigió los destinos de la Diócesis dos veces  y fue su Provisor en cuatro oportunidades” (María Luisa Villalba de Pinto), mientras que monseñor Francisco Antonio Maldonado anota, “Graterol fue por espacio de veinte años como provisor y vicario general el administrador de la diócesis”, a lo que agrega de manera indubitable Nectario María “siendo de este modo como el verdadero director y administrador de la extensa diócesis de Venezuela”, con sede siempre en Trujillo, lo que convierte a este levita  en un sacerdote también de excepción.
            El trujillano Briceño Iragorry ahondando sobre el tema asienta que Graterol continúa de Provisor en el gobierno del obispo Bohórquez, que es cuando toma en cuenta la fundación del convento dominico de monjas en Trujillo, lo que organiza desde el 1617, comenzando a fabricar el edificio con altibajos a partir de 1597, siendo su primer vicario y director. Así, durante mucho tiempo el clérigo insigne se constituye en el eje dinámico y en el alma de la institución de clausura, para que en su calmado interior nada falte ni menos nada sobre.
            Ya para el año 1620 Graterol es Arcediano o primera figura de la catedral de Coro, e igual destino le toca en Caracas, cargo que desempeña por breve tiempo porque en 1623 deja tal distinción meritoria en manos de su pariente próximo (acaso sobrino) Bartolomé de Escoto, venido a estos efectos de Santa Fe de Bogotá, aunque en ese desandar de los primeros tiempos formalmente resida en Trujillo, y a su vez como erudito conocedor de la materia es Comisario de la Santa Hermandad o Tribunal de la Inquisición que reside en la ciudad, brazo ejecutor de la Iglesia bajo el manejo directo de los versados dominicos, donde puede librar sentencias o autos de fe este drástico juzgador competente en toda clase de herejías, hechiceros, idólatras, magia, santerías, blasfemias, brujerías, cartomancia, profanaciones, bigamia, etc., dependiendo en ello del superior jerárquico de alzada, cuya sede reside en Cartagena de Indias.
            Un año después y mientras el Gobernador de Venezuela Francisco de la Hoz Berrío permanece en Trujillo por un tiempo, Graterol es nombrado para formar parte de la Junta de Notables que en dicha ciudad redacte una Ordenanza contentiva de 34 capítulos con que se regirá la provincia y  las diez ciudades que hay en ella, importante documento social que se publica a través de pregón y testigos presenciales el 25 de mayo de 1621. En 1622 y ya de 60 años de edad el padre Graterol mediante múltiples diligencias, pareceres y solicitudes luego de la Real Cédula  ejecutoria y de acuerdo con reglas canónicas procede a fundar el monasterio de religiosas dominicas de clausura llamado Regina Angelorum (Reina de los Ángeles), el primero establecido en Venezuela, con que se cumple la necesidad de un retiro espiritual para tantas jóvenes y damas especialmente viudas. A los 73 años de una larga vida ve culminada su obra cuando en noviembre de 1634 impone el hábito a las primeras cinco novicias y fundadoras de este importante convento de Santa Catalina de Siena, dos de ellas llamadas Josefa de Graterol y Juana de Escoto. Y ya para el 14 de junio de 1637, siempre como comisario y juez apostólico vuelve a figurar en la procesión solemne incorporativa de catorce monjas de ese mismo cenobio dominico.
            Su vida transcurrió casi siempre en Trujillo, al frente de la feligresía que le admiraba por ser un fiel pastor y de rigurosa preparación, teniendo en claro la suma de sus altas ejecutorias y el haber sido en verdad el primer nativo que por justo reconocimiento ocupa el alto sitial de gobernar la diócesis de Venezuela. Beneficiado por años en la iglesia de Santiago de León de Caracas, según asienta una relación del sevillano Consejo de Indias, como Comisario del Santo Oficio aún ejerce funciones en Trujillo, porque en 1639 aparece su nombre en un documento del convento Regina Angelorum, ya dijimos, muy ligado a Graterol desde su fundación,  y como asienta Amílcar Fonseca. El anciano tenía entonces 78 años de edad.
            Noble, virtuoso, docto, “de loable vida y ejemplar conducta”, al concluir este trabajo histórico asentamos que a Graterol tocó un tiempo de mucha dificultad para el funcionamiento de la Iglesia en Venezuela, sobretodo por el peligro luterano en ciernes, las herejías diversas y las incursiones piráticas, lo que supo llevar a buen puerto y con ejemplar maestría por más de 55 años en medio de tantos incidentes sobrevenidos. Tuvo que ser amigo y de los buenos del capitán Juan Pacheco Maldonado (1578-1645), nieto de su tía Ángela Graterol y además compadre de confirmación, el otro hijo insigne de Trujillo por mil causas, éste nacido como el primero en el valle de los Mucas, donde debieron recordar por tantas tertulias sostenidas y en la vejez tranquila, la suma ejemplar de sus hazañas, uno al servicio del Rey y la espada triunfante, y otro con el crucifijo en la diestra elevando siempre a la Iglesia de Cristo. Aquí no vale aquello, pues, de que el hábito hace al monje.
           
             

sábado, 24 de noviembre de 2012

LAS INCRÉDULAS ELECCIONES REGIONALES.

               Amigos invisibles. Como en Venezuela seguimos viviendo dentro de un edén superior al de Alicia en el país de las maravillas, tal el que acabamos de pasar con las elecciones para Presidente de la República, que sin medir consecuencias astutas ni vislumbrar porvenires al presentar el famoso colegiado Consejo Nacional Electoral en su informe a la nación sobre el resultado electoral de dicho evento y donde para mofa de su equilibrio no hay sino un representante huérfano y anodino de la oposición frente a cuatro del gobierno, nadie, pero nadie, como ciego, sordo  y mudo optó por reflejo consentido y sin dejar alguna fisura abierta capaz de investigar sobre el tejemaneje de las famosas máquinas que pueden ser surtidas a distancia, como también hackeadas, según se hizo evidente, con esa misma perplejidad y para demostrar otro engaño de “democracia” totalitaria” ahora vamos a entrar en una segunda etapa fraccionada de elecciones para gobernadores de Estado y luego de Alcaldías, si ya no les han cambiado el nombre, porque se anochece con una designación y se amanece con otra, sin que nadie se oponga, y ya que en caso negado de lo contrario si se ocurre ante las instancias judiciales, éstas como loro amaestrado le responden con un estribillo en forma negativa o desestimatoria de la acción. Espero que con las dificultades de estos temas espinosos comprendan lo que he dicho.
         Pues bien, si a ver vamos y como se palpa de andar muy lejos de un verdadero sistema democrático, donde la mayoría apabullante y por noventa días demostró en las concentraciones públicas reflejadas por la auscultadora televisión en ciudades millonarias como Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Barcelona, San Félix, San Cristóbal, Mérida, Valencia, Maracay, Maturin, el  mismo Barinas, Valera y tantas otras que aquí pudiéramos recordar, demostró, repito, no cabía la gente o el río humano que usted mismo viera porque esto no es cuento sino realidad fotográfica palpable, y donde el muy educado candidato presidencial Capriles Radonski con su carisma y sencillez ajena de picardía se gana la indecisa masa juvenil votante mediante la euforia de las jóvenes que lo besan y el aplauso seguido de esa juventud donde pululaban desde los desposeídos cansados de la espera gubernamental mentirosa hasta la golpeada clase media y más los representantes de los sectores dinámicos del país, todo esto, concluyo, que lo vieron medios internacionales y desde luego que nacionales presentes en el país para estas elecciones, que hasta las seis de la tarde del día de la votación dieron por ganador seguro al citado Capriles, según se reflejó en el mundo, y para asombro total de quienes ya festejaban el triunfo con datos certeros no pudieron creer cuando el famoso Consejo Supremo Electoral todo risueño, en medio de la trácala orquestada anunció de una manera escueta que el Presidente Chávez había ganado con cerca de 8 millones de votos y que el perdedor era Capriles, con millón y medio menos. Aquello nadie lo pudo digerir, ni los mismos chavistas, ni menos lo creerán las generaciones futuras, porque si bien se sabe  que las elecciones se han convertido en la actualidad y dentro de lo blandengue de su composición penetrada por indignos, en una mera fachada, algo así como las apuestas consentidas en los casinos, o los juegos turbios de caballos, o los campeonatos de boxeo, loterías, juegos de azar y toda esa suerte de componendas delictivas que con máquinas sofisticadas se pueden reprogramar para que la trampa, el fraude, ventajismo sobretodo o como usted le guste comparar, tienda a ser al estilo perfecto, buscando lo que se dice el crimen perfecto, de donde ante el hechizo veleidoso muchos países ahora por el peligro de los vivianes malhechores toman medidas extremas sobre el verdadero ser del candidato y la manera de su elección, que a dos grados tiende a volverse más seguro, tesis comprobada que acepto porque con ello se evita que a estas alturas del siglo XXI un Estado pueda caer en manos del hampa de cuello blanco, de mafias poderosas con harto capital, logias, cenáculos y otras sofisticadas bandas, en poder de un desquiciado inescrupuloso que conduzca al país hacia el abismo, queriéndose atornillar en el sillón presidencial por siempre él y sus familiares dinásticos, mediante maniobras de apariencia legal y técnicas calculadas, o que sencillamente a través de algún plan preconcebido y de amplio espectro se apropie del país algún grupo terrorista, religioso de extremo y hasta narcoterrorista, de ideas trasnochadas y sumamente peligrosas que con la presión del engaño, la mentira goebbeliana, el terror desatado en diversos niveles vitales, la muerte, el miedo paralizante y otros métodos por aplicar neutralicen el país mientras esquilman a sus componentes serviles, y hasta en casos extremos de ambición pueden desatar conflagraciones que tiendan a guerras fronterizas y aún más complicadas, como las cibernéticas, por lo que se debe tener extremo cuidado con lo que afirmo y no con espíritu conservador sino filosófico, para no tener que arrepentirnos en un  mañana o redundar en la catástrofe por la desgracia nacional. Que quede esto muy claro.
            Pues bien, dicho de nuevo y hecho el presente introito de advertencia del que se deben estudiar tantos aspectos sumados a la sabiduría que dan los tiempos vividos en muchos lugares del planeta, bueno es ahora pensar en el escalón que se hiciera para bien dividir bajo el disfraz escogido en cuanto a la elección primero del Presidente de la República, que lo fue desde 1999 y ahora por seis años más para completar con agregados dos décadas de absoluto poder (imitando a Bolívar quien gobierna con fuerza dictatorial el mismo tiempo señalado), donde lo absoluto bien se expresa en cuanto al cargo y el mando presidencial, para de seguidas continuar y “mientras se profundiza el socialismo” comunal como técnica avasallante de poder, para continuar en diciembre con las prédicas robotizadas y engañosas a objeto de apoderarse de lo poco que queda en cuanto a la elección de los gobernadores estatales, cargos en vías de extinción por ser decorativos, y más hasta que a principios del 2013 se vuelva con la misma cantaleta engañosa eleccionaria de apariencia, para elegir algo así como Alcaldes igualmente en vías de extinción, donde se colocarán fichas también robotizadas como aquel ladrido anterior del perro de la Víctor (RCA), que van a ser manejados según órdenes del cronograma de Caracas, por unos tales Consejos Comunales, los que semejando a las Cooperativas anteriores y tantos pequeños (micro) órganos creados para la corrupción en mínimo con trabajos de fachada, no podrán hacer nada porque la administración pública en total sufre de anquilosis paralítica, al estilo y ejemplo de Cuba, como los insulares comités revolucionarios, cuyo objetivo es pasar el tiempo tratando de discutir pequeñeces y como se decía enantes, cuál era el sexo de los  ángeles, mientras el país se cae a pedazos, la deuda estatal avanza considerablemente, existe hiperinflación que ya llega al extremo, se negocia con la segura devaluación de la débil moneda, se sostienen tantos parásitos a nivel internacional por el interés del voto comprado en organismos de esa índole, y el desempleo, la pobreza y la miseria con que a cuenta gotas se remedia tantos males como el caso de Mercal (escasa cesta básica subsidiada), al tanto que en buen estilo decimonónico marxista aplicado en sistemas que desaparecieron por la eclosión interna y la ineficacia, se dan fórmulas irreales de crecimiento imaginario, dentro del inmenso instrumento publicitario gratuito y efectivo que maneja todo un sistema de poder.
            Sobre el reciente aparato desarrollado para triunfar en las elecciones presidenciales que se conocen, éstas fueron amañadas de un ventajismo diferente e inigualable, y cuyo estudio de trácalas daría fuerza para escribir libros cimeros en la historia de este sistema caduco de democracia “popular” que debe desterrarse para siempre porque penetrado por fuerzas del mal y del engaño permanente tales instrumentos no podrán ser usados sin la desconfianza que de por sí demuestran, como es el despliegue de maquinarias electrónicas Smarmatic manejables y repudiadas por los sistemas viables, de donde han sido excluidas de un todo  dada la incredulidad, a pesar de su demostración engañosa, al extremo que sin que quede ninguna duda el sistema manual es inobjetable, repito, el sistema manual, y hay que volver a él, como se demuestra en la mayoría de los países adelantados, tal el caso de Colombia, por la certeza de sus componentes y las pruebas aleatorias que perduran luego del sufragio. Otras circunstancias privan en cuanto a la campaña en sí, con sus trampas y engañifas, como el soborno y la coerción, o el uso indiscriminado del supremo aparato mediático a favor del Estado, para lo cual deben existir leyes penales duras y estrictas porque con  el voto no se  juega, como es el caso reciente del brazo derecho del tan ensalzado expresidente Lula Da Silva, refiriéndome en ello al señor José Dirceu, quien junto a otros comerciantes corruptos fueron condenados a muchos años de prisión, en un país donde rigen las leyes, como se lee en la prensa internacional. Pues bien, sobre estos parámetros y ante la programada elección de Gobernadores de Estado debo decir primero en referencia a dichos funcionarios, que fueron designados a dedo para tal engaño, luego no necesitarían una elección, siendo otra vez la misma cosa, o sea parásitos de Miraflores, que como el loro a que nos referimos siempre repetirán la cantaleta de progreso que es todo lo contrario, para vegetar en un extenso y desleal aparato publicitario e ineficiente, porque a la vista están las pruebas de su enanismo rector. Nada se hace, salvo lo poco que dicta la jefatura de Caracas, y ahora más cuando son migajas, burusas, que llegan a estos organismos, porque la riqueza sin trabajar obtenida a través de la renta petrolera se gasta en ir pagando la inmensa deuda exterior del Estado y a sostener los títeres (gauletiers) mantenidos del extranjero, dentro de ese pequeño imperio complaciente capitalista y neoburgués que ideado a sus anchas maneja el señor Chávez, como son los cuatro gatos del llamado Alba, los paniaguados burócratas de Unasur, los incondicionales sostenidos por el petróleo casi de obsequio pero bajo presión utilitaria, el grupúsculo foro de Sao Paulo, los grupos paralelos a cualquier reunión internacional atinente, y otras escorias chiriperas que de esa manera monetaria se atan a Caracas, cuando ya dicho imperio ideológico y crematístico va en franca decadencia, por el estancamiento de la cháchara y las enfermedades terminales de su caudillo y el que maneja la bandera tras bambalinas desde La Habana.
            Ahora lo que se presenta pues, es la elección de Gobernadores, que si no se cambia el cronograma como ya se había hecho, será para el 16 de diciembre próximo, y donde aparecen personajes desgastados, entre ellos once militares, pero que serán elevados al poder regional para no hacer nada salvo en sus bolsillos y en una etapa transitoria porque se cacarea transferir ese poder chucuto y localista a vocingleros manejados desde Caracas con todas las incapacidades que ello contiene. Volveremos a ver, pues, las mismas caras de cartón, con los mismos lentísimos procedimientos insustanciales y negativos, achacándoles los errores a la oposición, como siempre, creyendo que la gente fuera idiota, y mientras se prepara una nueva contingencia de antes anunciada como es el cambio de poder, por causas físicas sobrevenidas y de la naturaleza, que mientras tanto sostendrán el aparato insulso a que se refiere el manejo o meneo regional lleno de trabas para la oposición y con algunos recursos estíticos para el gobierno en curso porque el interés no es el desarrollo necesario sino llenar la cabeza de los súbditos de naderías esperanzadoras aunque vacuas, mientras el tiempo avanza y se consolida aquello que con pompa y saliva se denomina socialismo, que viene a ser una intoxicación de ideas subjetivas donde priva el espíritu del jefe de la horda, con vías a permanecer en el poder todo el tiempo necesario para estos objetivos traidores, mas por obra de la metástasis conocida todo está presto a cambiar, aunque tanto el pasajero inconcluso en los arreglos previos de estado como los acomodos personales precisen de un corto no medido tiempo para hacer eclosión en esa maraña de absurdos e ilusiones que a todo nivel se vive. Si a ver vamos y volvemos a seguir al gatopardo de Lampedusa  en que se hace todo para nada hacer y en esa barcarola folclórica pensamos continuar hasta cuando los extremos no aguanten más y se despierten, con esos personajes designados a dedo por el Presidente y de que solo falta la ratificación que hará la mañosa y aceitada maquinaria electoral, salvo que se logre reprimir el ventajismo en algunos lugares del país con técnicas preconcebidas, sí puede entonces ser que contra viento y marea el principio básico de la democracia produzca algunos frutos, porque el pueblo ya está cansado del terror y de la imposición, de las trampas de toda suerte usadas porque escuálidos dinosaurios y bien conocidos, unos por vinculación como se dice con el mercado de las drogas, otros por la insuficiencia administrativa, otros por ser sumisos servidores e incapaces  de crear algo como respuesta hacia el progreso, y los más por el tremendo analfabetismo mental en que perduran, o porque la vida personal y de su combo íntimo deja mucho que desear, cuando no por la nefasta corrupción en que nadan y donde las malas lenguas objetan que a las anchas navegan en un lago tenebroso al estilo del ballet de Tchaikovsky, que yo en algunos casos calificados no comparto aunque estén a flor de eso que con acierto llaman “radio bemba”. Sin embargo, repito, en el proceso cortoplacista que se avecina aparecerán cambios o enroques y hasta inesperados, como la muda violenta de candidatos oficiales, mientras otros vividores continuarán atornillándose en el poder regional, por obra y gracia del “que te conté”, o el innombrable, según se acostumbra decir y que ustedes amigos de dentro y fuera del país sabrán interpretar la intención, la palabra que es muda y el sintagma gráfico que escribo.
            Todo esto, si es que seguimos andando por el mismo camino, podrá aplicarse para las elecciones de los alcaldes, que se llevarán a cabo en el primer semestre de 2013, si el tiempo lo permite, y con un panorama un tanto semejante en cuanto a los personajes sumisos y su fondo, donde habrá de continuar las corruptelas monetarias y el temor a perder el cargo público que se ordeña con el “cuánto hay pa’eso”, porque no hay otro camino a escoger con un salario mínimo e igual en potencia, a menos, reitero, que la evolución histórica dé un salto y el panorama hacia el futuro sea distinto. Por manos del ente gubernamental serán las mismas personas, con sus defectos e inoperancia conocidos y porqué no, con  algunos que por excepción lo podrán hacer mejor, mientras que la oposición, como sabemos  una vez que sean elegidos para dichos cargos públicos se verá cohibida y reduciéndosele los ingresos al extremo, como desde hace catorce años se realiza por todo el país, dado que, en líneas generales del generoso presupuesto público solo  revierte un cuarenta por ciento para las faenas del Estado y el resto de la canonjía petrolera nacional, mas los ingresos extraordinarios, como las deudas adquiridas, bonos y otros proventos inmensos y hasta desconocidos, se dirigen a la chita callando desde Miraflores, sin titubeo alguno, para disfrutarse dentro y fuera del país.
            Pero como todo mal tiene su cura, en este sentido, vemos ahora que para mejorar esa triste situación emergen nuevos liderazgos con peso dentro de la oposición, jóvenes y voluntariosos, como Capriles Radonski, María Corina Machado, Leopoldo López, Henri Falcón, Pérez Vivas, Ledesma,  Borges, Ocariz, Rosales, Aveledo, Briceño, Salas Feo, y tantos otros que despuntan en la palestra de los hechos resueltos. Ellos irán a combatir por la democracia en diciembre próximo y las venideras alcaldías, a sabiendas que la lucha es muy difícil (David versus Goliat), con tal clase de combatientes y porque como santo y seña de combate deben tener presente que los deseos no empreñan. En cambio del lado anquilosado de la jefatura del Estado y de la dedocracia aparecerán en la misma lucha “socialista”, término tan mal llevado y traído por el parapeto ideológico en marcha, figuras como Jaua, Istúriz, el “hermanísimo” nepótico Adán Chávez, el “ministro” de las guerrillas colombianas Ramón Rodríguez Chacín, el incapaz repitiente Hugo Cabezas fue defenestrado, y entre otros de este combo y calibre los once militares retirados pero en función electoral Ameliach, Reyes Reyes, el “gallineto” Arias Cárdenas, el comprador de la torre Capriles, Vielma Mora, Carrizález, Mata Figueroa, Castro Soteldo y el hijo pródigo Rangel Gómez, para que Venezuela así se parezca a un cuartel, con diana matinal y todo, como bien lo recuerda Chávez en sus ya bajas, escasas y contrasentidas peroratas bolivarianas. Allí hay para escoger y darse cuenta, venezolanos y extranjeros, de lo que está en juego en estas elecciones decembrinas, porque el tal socialismo se profundiza encima como ya bien lo dijo el señor Presidente. Y que luego no vayan a llorar a El Valle con  lágrimas de cocodrilo (digo de caimán) porque pa’luego es tarde. No me gusta ensayar sobre temas políticos donde se desparraman los conceptos ya que no hay otra salida, pero la necesidad histórica lo apremia. Así de que pónganse las pilas y a bailar escobillao con alpargatas cuando lo que viene es enea entre acomodos y brincos de talanquera. A menos que Dios disponga de otro modo. En próxima oportunidad les enseñaré detalles sobre estos refranes tan venezolanos.
             Y para colofón de tantas adversidades les contaré lo verdadero ocurrido el día en que Capriles fue defenestrado, porque la  historia no se puede olvidar, ya que luego de verse perdido el gobierno como sabemos decide aplicar el plan terrorista obligando a todos los súbditos a votar, como se notaba en el dedo sin tinta y pasando lista establecida por cada sector escogido del país, como alargando igualmente el tiempo de la votación, mientras de pronto comienzan a aparecer tanquetas militares en sectores estratégicos capìtalinos y de otras ciudades populosas, como guardias nacionales que de imparcial nada tenían, e igualmente grupos específicos paramilitares de los guardianes del pueblo, las milicias y otros cuerpos armados con motocicletas de a dos ocupantes y pistolas glock para su uso, con un celular en la mano a la espera de inmediatas instrucciones, cual guardia de choque estilo SS nazi, de donde visto este terrible peligro en que corría la población civil y ante la imposibilidad de chistar a lo expresado por el celebérrimo Consejo Supremo Electoral, a la oposición y ante el temor palpable de desatar una carnicería (la revolución se hace con sangre, decía Lenin), no le quedó otra escogencia que ceder, como lo hace con rapidez Capriles sin pedir ningún reconteo eleccionario y a la espera de lo que dispone Dios porque el hombre se está muriendo, que no quiere decir sea en tiempo por demás cercano, porque hoy con los medios científicos y médicos desde luego, se pueden mantener cadáveres vivientes, como el caso de Fidel Castro y del vegetal israelita genocida general Sharon.
Con este gusto por las cosas sabidas sin saberse y valga el contrasentido, dejo en las manos de ustedes esta crónica tan original de la que se sacan muchas conclusiones dispersas donde acaso se termine encontrando la charada algo críptica, con la coletilla de la moraleja que usted colocará en el punto final.  Ojalá estos conceptos puedan haber servido en algo para desenredar la madeja tan bien urdida, con la experiencia castrista, que sirve de ejemplo para gobernar en tantos países títeres, a fin de que sin tibiezas se puedan escoger los caminos de la esperanza y la oportuna salvación.         
                                    


                  

sábado, 17 de noviembre de 2012

CIPRIANO CASTRO, EL DICTADOR FOLCLÓRICO.



             Amigos invisibles. La verdad es que Venezuela en cuanto a su Historia pertenece a eso que se llama el mundo de lo imprevisto, porque bien estudiada y mejor comprendida se halla uno en cada caso con seres de excepción, sea por las vías de la cordura o por los medios inadecuados del atajo que a veces terminan en escándalos. Sí, a lo largo de los quinientos y pico de años vividos en este maremagnun permanente, los hechos no han sido diáfanos sino enervados con tropiezos de diferentes fases, y lo más capcioso en ese tremedal en que se transita corresponde a la aparición repentina de una serie de personajes que dan grima, desde antaño, como el desaforado Lope de Aguirre, hasta los de hogaño, tal el caso de José Tomás Boves, y más para acercarnos a los tiempos presentes destacan unos figurones de la talla de Ezequiel Zamora, para terminar por esa vía aclaratoria en alguno venido de la montaña lejana del poniente, que con su presencia audaz hará cambiar el escenario de la patria para hacerla más cercana y entendible dentro de ese período taimado y engañoso en que se va a vivir. Me refiero en este caso al llamado general Cipriano Castro, que viene a ser el producto de varias circunstancias consecutivas, como son el desbalance social producido por la Guerra de Independencia, los apetitos personales de muchos, cultivados o no, que se desatan y sin  medir consecuencias a lo largo del siglo XIX, el fenómeno depresivo y económico que sucede por la pobreza del campo y la escasez de la mano de obra, la continua zozobra en que se habita por causa de tantos malhechores aparecidos como consecuencia del hambre o la miseria, y así se pueden distinguir otros fenómenos que infestan ese tiempo decimonónico donde la esperanza era apenas vivir, porque se desconocía el mañana. Desapareció Páez y su entorno, viviéndose una Guerra Federal atroz que nos deja como herencia dolorosa las décadas de poder del guzmancismo, de lo cual emana otro caudillo analfabeto y mestizo, como aparición ya determinante, que es el general Joaquín Crespo, y dentro de ese generalato impuesto por sí mismo que recorre los intersticios del país va decayendo el Siglo XIX con su pesada carga de disparates y sin ningún avance, mientras esos insertados caudillos fungen de rabia frunciendo el ceño porque sus miras permanecen a la distancia. Cipriano Castro viene así a recuperar una parte de la patria con estos hombres y mujeres dejados al abandono del ostracismo occidental, envueltos en sus ruanas y cobijas parameras mientras el  panorama destructor venezolano permanece con desdén, porque ahora juegan de nuevo a la Guerra de los Mil Días, que en sus narices colombianas se sostiene por allá en sitios cercanos y sangrientos como Peralonso y Palonegro, porque a decir verdad su vida espiritual y comercial está mas centrada hacia el antiguo virreinato neogranadino que a su hogar pobre que resta en Venezuela. Ante ese panorama insensato en el escenario político aparece la figura de Cipriano Castro, que en cierta forma hace una revolución interior, que habrá de implosionar una década más tarde, como señalaremos en lo adelante.
            Por lo demás escribir sobre el caricaturesco Castro en un ambiente específico es acaso difícil por las aristas y facetas que contiene el vuelapluma, desde cuando nace en tiempos guerreros un 12 de octubre colombino de 1858 de un matrimonio campesino cerca de la frontera tachirense de Colombia, en Capacho, y de un padre que le da la friolera de 19 hermanos legítimos. Su progenitor, con ciertas posibilidades económicas le envía para estudiar a San Cristóbal, pero pronto al rebelde espiritual lo ingresa en el Seminario de Pamplona, donde sigue haciendo de las suyas, y porque ya no le aguantan en tal sitio lo expulsan por enfrentarse a un sacerdote profesor. El padre del rebelde, lleno de ira con el párvulo decide regresarlo a la hacienda que posee y a poco lo remite de dependiente a un negocio radicado en Cúcuta, y pronto de empleado menor a una  corporación mercantil alemana establecida en San Cristóbal, mas como le gusta la ganadería también trabaja en ese campo rural de los bovinos. Pero aquí se complica su vida atrabiliaria cuando hacia 1876 lapida hasta la muerte a un funcionario electoral que se halla en Capacho. A los veinte años entra en la política nacional  apoyando al general Antonio Guzmán Blanco, luego combate al blandengue general Espíritu Santos Morales, y en Puente Real de La Grita es ascendido a cabo, de donde le queda prendido el remoquete de “Cabito” por toda la vida, dado que era un hombre pequeño. En esta peleadora machista que le cautiva permanece en 1884, cuando es hecho preso en San Cristóbal por haber disparado varias veces contra el cura Juan Ramón Cárdenas, que no logran herirle, y de inmediato intenta escaparse. Luego se fuga de la cárcel y viaja a Cúcuta, donde se enrola en la sangrienta Guerra de los Mil Días que allá tiene presencia. De mentalidad conservadora, para entonces era una suerte de “toero” capaz de todo hacer, de donde fue medio poeta, periodista y con viveza que le sobraba convenció para ir al Congreso Nacional, en Caracas, en cuyo seno destaca por su verborrea, frases descontextuales, su mímica, rústica educación, con uso de latinismos y ridiculeces léxicas que provocaban en el Congreso asombro e hilaridad. En cuanto a su retrato físico era de pelo oscuro y piel áspera, aindiado, barba espesa, triste, ojos negros adormecidos, calvo además, muy inquieto, movía los brazos a los costados, autoritario, impulsivo, inseguro, y lo demás haciendo un balance cáustico de esa personalidad dislocada agréguelo usted para darnos cuenta de quien estamos tratando.
            En sus inquietudes políticas apoya al mandatario presidente bonachón Raimundo Andueza Palacio, y de él aprende el arte del buen comer, del beber igual, y hasta éste le nombra General, por lo que regresa a su natal Táchira al frente de un ejército, que luego es vencido, pero con algún dinero que ello le reporta (60.000 dólares) se asila en Colombia por siete años, en medio del mutismo y la soledad bien alimentada, a la espera de mejores tiempos. Con quien Castro coge la tirria de nuevo es contra el presidente Ignacio Andrade, por haberle este llamado “indio que no cabe en su cuerito”, de donde herido en su estirpe soberbia decide emprender preparativos que al frente de alguna mesnada guerrera lo lleve hasta Caracas, para amarrar su caballo a la entrada del Capitolio Federal, como bien lo expresa. Así compromete en la hazaña que empieza de la nada, a su compadre Juan Vicente Gómez, prestamista de dinero para la nueva Campaña Admirable, émula de la realizada por Bolívar en 1813. El 23 de mayo de 1899 y al frente de apenas 53 hombres mal armados emprende el camino hacia Caracas, y como hábil estratega logra pasar sin dificultad por Cordero, San Cristóbal, Tovar, frente de Carvajal, Barquisimeto, Nirgua y para perplejidad de muchos aparece en Tocuyito, donde se da la batalla final de esta campaña de la revolución Restauradora, con 1.600 muertos y donde los curtidos generales opositores no se entienden en la estrategia de mando, y porque  además al presidente Andrade poco lo respetan.  De inmediato comienza a trajinar la nueva batalla personal de Castro contra todo lo que le plazca combatir, solicitando por ejemplo empréstitos personales para pagar la tropa, y por ello se enemista con el adinerado banquero Manuel Antonio Matos, quien de de inmediato aclara ante los suyos “La pusimos de oro, este hombre es un loco de atar”. Muy pronto Castro hará presos vejándolos a esos capitalistas de Caracas porque se oponen a sus requerimientos abusivos. De otra parte como hombre libidinoso comienza a intimar para hacer un círculo de confianza con Ramón Tello Mendoza (llamado Ministro de Relaciones Sexuales), Torres Cárdenas y el círculo adulador valenciano se le pliega a todas sus insinuaciones caprichosas, como igual ocurre con el moreno neogranadino Benjamín Ruiz, que lo apoya en momentos precarios, y hasta con el gordo maracaibero Efraín Rendiles, dueño de pensión que le ampara en tiempos duros y ahora es su tesorero prestamista. Pronto ante tantos desatinos en Caracas durante el antruejo carnavalesco el corajudo Anselmo López intenta asesinarlo, sin nada de éxito, por lo que este moreno de seguidas se pudre en la cárcel. Mas otro tanto y porque encuentra al país todo endeudado, sin pensarlo dos veces empieza a enemistarse con gobiernos, para no cancelar deudas, de donde los Estados Unidos ponen atención a ese “mono villano” que alborota,  porque el guapetón Castro ya se disputa para entonces con diez países extranjeros que reclaman derechos conculcados.
            A estas alturas biográficas haremos referencia a su desacreditada relación femenina, porque si bien casó con la abnegada Zoila Rosa Martínez, aparente hija del general Juan Mc. Pherson, con quien no tuvo descendencia, por esa vía de la conchupancia mujeriega sí hay tela que cortar, por los enredos finos y complicados en que se mantuviera el infatigable bailarín de valses, jugador de billar y aficionado a las peleas de gallos, en lo que le ayuda un personaje celestinesco llamado “La Verónica”, a través de la bebida y las ninfas vírgenes que solicitaba, por lo que se sabe tuvo 22 concubinas fijas que le dieron familia, a veces respetables, porque se mantenía en escapadas de botiquines y mujeres sueltas, pero a satisfacción escogidas por sus alcahuetes. En este tiempo de trastabilleos rompe relaciones con Francia, de donde el diplomático Olivier de Taigny debe salir en barco de La Guaira con lo que lleva puesto, sin ningún equipaje, lo que en reciprocidad obliga a París romper las relaciones y expulsar de seguidas al Encargado de Negocios Nanbourget, con el detalle que éste era ciudadano francés, lo que deja perplejo a muchos países del mundo. En ese tiempo de desafueros políticos en que la banca sufre los embates de su locura, Castro pronto la coge contra la compañía americana productora de asfalto (New York & Bermúdez Co.) en el oriente de Venezuela, lo que desemboca en el embargo de las aduanas del país, pero como ya el aguante llegaba hasta la coronilla los extranjeros se unen con el perfumado general Manuel Antonio Matos y su grupo para fomentar la llamada Revolución Libertadora, que en capital la sostiene los americanos, el germano Gran Ferrocarril de Venezuela y el afectado Cable Interoceánico Francés, a los que pronto se unirán otros países. En ello Matos reúne a los viejos caudillos restantes de la Federación y se lanza al combate con 18.000 hombres bien armados en esta guerra de monopolios y última habida en Venezuela, por lo que en el fragor de la contienda Castro se devuelve de Barcelona, donde combatía, para viajar a La Victoria, que se torna entonces campo de Batalla porque allí es sitiado durante 22 días sin misericordia, y salvándose apenas por la oportuna intervención de los generales Juan Vicente Gómez y Leopoldo Baptista, en medio de una brutal carnicería que produjo 153 acciones militares y 40.000 bajas entre soldados y oficiales. Y como la guerra en sí no cesaba, por lo deseos de Castro se alistan bajo las armas 100.000 venezolanos, mientras ya las potencias extranjeras andan tras el bloqueo naval de nuestro territorio, por lo que en agosto de 1902 nueve barcos extranjeros se presentan frente a las costas caribeñas venezolanas en defensa de sus intereses y de los nacionales que ellos representan.
            Impulsado por la Inglaterra expansionista el káiser Guillermo II de Alemania, que es pariente cercano de la reina Victoria de Inglaterra, y con el recuerdo colonial alemán en Venezuela de los Welter, organiza el combate marítimo a suceder en nuestro mar territorial para el que Inglaterra aporta 8 barcos de guerra, con los deseos de apoderarse de las bocas del importante río Orinoco y las minas de oro y diamantes que este cauce fluvial atrás resguarda. Alemania utiliza 11 naves modernas, que dirige el contralmirante Scheder, con el deseo de establecer dos bases militares en Margarita, e Italia aporta 5 naves de guerra para defender a los miles de italianos residentes, bajo el comando del curtido capitán Orsini. Por su parte, con el poder de fuego que representan  325 cañones de sus naves el diplomático tudesco Von Pilgrim entrega a Castro un  ultimatun  el 9 de diciembre de 1902, y éste al ser rechazado en sus condiciones la flota enemiga abre el fuego requerido bajo la conducción del almirante inglés Douglas, y con el apoyo logístico de bases navales en Curazao y Trinidad.  Entonces se combatirá principalmente en La Guaira, Puerto Cabello, Maracaibo y las bocas del Orinoco, en una pelea de burro contra tigre, como se dice en el lenguaje local, porque Venezuela tenía para esa época naves muy pequeñas y casi desguarnecidas. El bloqueo anglo-germano-italiano de 24 naves tiene consecuencias, pues inmediatamente los americanos para no quedarse atrás en este su patio trasero previene a una flotilla de seis naves bajo el mando del almirante Dewey para frenar la extensión del cerco europeo a su favor, por lo que el presidente americano Roosevelt conviene en que el rey inglés retire sus fuerzas para organizar los gringos el fin de la contienda, una vez que Castro y por  la mediación del Embajador americano en Caracas, Bowen,  se compromete a resarcir con creces los gastos ocasionados por la contienda y el pago de los capitales e intereses a los súbditos de esos países en guerra. A raíz del fin de este conflicto el presidente Castro hará un sarao con buen brandy y mujeres de la altenancia social en los salones de la Casa Amarilla, donde debutarán muchos de los andinos que ha traído desde las montañas tachirenses y donde también no faltan los adulantes círculos de la camarilla entre los que se cuentan Torres Cárdenas, Celis, Revenga, Otáñez, Corao y la otra pandilla caraqueña  pegada a los negocios que  lideriza Francisco Linares Alcántara.
            Por entonces la salud del caudillo erotómano empieza a fallar dadas sus incontinentes despliegues sexuales y el uso continuo del brandy francés, de donde le aparecen trastornos renales que le producen constantes deseos de orinar, a más de una perforación diverticular y una fístula intestinal con inflamación permanente, debido a antiguos problemas venéreos, por lo que en febrero de 1907 en la casa presidencial ubicada en el balneario de Macuto el médico doctor Revenga al consumido paciente Castro opera del riñón enfermo, con seis galenos asistentes, pero ante la actitud peligrosa de sus edecanes al sugerir que si muere Castro dichos profesionales correrán con las consecuencias, asustados los cirujanos cierran la herida del general mientras argumentan que lo demás del tratamiento debe hacerse en Alemania, lo que no era verdad. Presa de nervios por sus males que se agravan el Cabito comienza a preparar maletas para viajar a Europa rumbo a Alemania, donde el doctor Israel en Berlín habría de operarle. Así el 24 de noviembre de 1908 aborda el barco francés “Guadaloupe”, que junto a su esposa Doña Zoila y su padre Don Carmelito Castro, por la vía de Carúpano habría de llevarlos a Burdeos, rumbo en este caso al ostracismo porque a partir de entonces hacia él comienzan en cascada las traiciones. Castro llegó a Burdeos el l2 de diciembre, donde en la cena privada se consumen 50 botellas de vino de óptima calidad. El 14 en tren especial parte hacia París y sin parar rumbo a Colonia, ya en Alemania. El 15 llega a Berlín, donde le esperan diez limousinas enviadas por el káiser Guillermo en honor de este huésped, cuyo país es gran exportador de café hacia Hamburgo, hospedándose por un mes en el hotel Esplanade, a todo lujo en una suite de 34 habitaciones. Y esa misma noche cena como Heliogábalo con quince platos a la carta rociados por 18 botellas de vino. El 4 de enero de 1909 el médico judío doctor Israel lo opera de sus dolencias, cuyos honorarios en total cuestan la bicoca de 60.000 marcos alemanes de buena moneda metálica, y allí se entera que el Presidente Encargado Juan Vicente Gómez, mediante un golpe de estado destituyó a Castro al conocer que éste había ordenado al gobernador de Caracas, Pedro María Cárdenas, eliminar de un todo a Gómez, con la expresión enviada de “a la culebra se mata por la cabeza”, por cuyo motivo Gómez reacciona de inmediato en esta forma inapelable.
            Al recuperarse de la operación comienza la errancia permanente del desdichado Castro, que apenas puede sufragar gastos porque a su paso por Hamburgo saquea el dinero existente en ese Consulado venezolano, mas algunos ahorros personales que porta la previsiva Doña Zoila. De Burdeos parte nuevamente en el “Guadaloupe” hacia Martinica, mas como los servicios policiales andaban prevenidos de sus andanzas, en la isla se le rechaza por indeseable, y cuando los ingleses no le permiten seguir a Trinidad se hace el enfermo sin salir de la habitación, por lo que la policía colonial lo saca en pijama y calzoncillos, enrollado en un colchón por el pudor, y así lo llevan en hombros a un vapor en vías de zarpar.  De sus correrías insensatas por el Caribe durante 16 años tendrá buena cuenta el gobierno americano, en unión de los otros gobiernos que lo adversaron, y hasta vuelve a Canarias, Madrid y París, en Amberes se le pierde a la Policía y en Bruselas “visita a cierta dama de módica tarifa”. Vive en Nueva York dos veces y de allí sale al considerarle indeseable. Viaja por Barbados vendiendo un parque de armas, permanece en La Habana y siempre expulsado sale de Puerto España cuando la Scotland Yard pisa sus talones. Por fin en 1919 y para mejor vigilarlo como sujeto peligroso los Estados Unidos permiten su residencia en Puerto Rico, donde vivirá en la mayor pobreza y rodeado más de malos recuerdos, en compañía apenas y en la oscura intimidad con una hija ilegítima, y en Ponce muere de 66 años el 5 de diciembre de 1924. Del capital privado que acumulara en Venezuela, principalmente en tierras, primero se le expropia y luego pasará a manos de su compadre general Gómez. Vivió exiliado en ocho países y diferentes épocas en medio de una mayor turbulencia que le acompañara desde los años de la mocedad. Como ya he dicho en el poder anduvo rodeado de una corte de vividores que lo explotaban a su manera y conociendo bien sus debilidades como fueron la parranda y las mujeres. En el fondo era desconfiando, aunque bien le ganara la partida su compadre Gómez. Fuera de los aduladores de oficio que lo ensalzan hacia el éxtasis, tuvo además enemigos de valía sobre todo en el campo intelectual,  como el doctor Pedro María Morantes (Pio Gil), quien lo ridiculiza agregando que era lascivo como un mono, desvergonzado libidinoso, bufo y soberbio, edotista y ególatra, etc., etc. El conocido pensador Vargas Vila lo describe acremente diciendo que en el lecho concubinario del placer hizo de la libertad otra concubina, que gobernó como en el fondo de una cripta, arruinado por los excesos, minado por los vicios. Acaso su sola tristeza fue no haber hallado la república virgen, para violarla. Soldado de fortuna, en la república hizo una orgía de mujeres y militares sinverguenzas. Así vivió en esa tragicomedia de opereta.
            Castro se creyó siempre un iluminado, con ideas locas cuyos cimientos colocaba en Bolívar, como fue el pleito con Colombia que llega a una miniguerra  fronteriza en que los andinos de esta parte salen perdidosos en Carazúa. Luego pretende restituir la Gran Colombia, agregándole esta vez a Nicaragua, lo que termina en un sueño fracasado y mientras sigue peleando contra todo, como en un drama shakesperiano. Así la cogió con los estudiantes, por lo que ordena cerrar varias universidades, porque entre otros disparates dichos, había muchos médicos y abogados. Con Castro se cambió el sentido de la Historia en Venezuela, porque viene a ser el sepulturero de los que antecede hasta el tiempo de Bolívar, y por su peligro de arrebatado y peligroso los Estados Unidos se empeñan en acabarlo y en ello tuvieron completo éxito. Quien aspire conocer más detalles sobre este estrafalario caudillo  rimbombante puede leer mi libro “Los Presidentes”, en su volumen III, págs. 9 a 49, del Fondo Editorial Venezolano (Caracas, Industria Gráfica Integral, 1995), donde hallará páginas para sonreír.

domingo, 11 de noviembre de 2012

CUANDO VENEZUELA ERA DE LOS ALEMANES.



                 Amigos invisibles.  No estoy cayendo en algún error irremediable al escribir esta crónica histórica con pelos y señales sobre una época en que Venezuela pasó a ser como propiedad de los alemanes, durante dieciocho largos años de existencia (1528-1546), porque a decir verdad ello se debió a la penuria fiscal y dineraria que sufría el pleitista rey Carlos V, cuando le debía a muchas corporaciones y personas sin poderles pagar, ello debido a que como era dueño y señor de media Europa se endeuda a fin de mantener tropas en todos esos territorios con el consiguiente gasto pecuniario, de aquí que para aligerar tal situación y en espera de mejores tiempos cayó en las trampas de los débitos que avanzaban en capital y consiguientes retribuciones, encontrándose así no solo con las casas florentinas especializadas en tales préstamos onerosos sino que en Alemania y sus diversos reinos o principados existían familias de ancestro firmes en tales negocios usurarios y hasta ennoblecidas para acallar su gestión de cobro, como los famosos Fugger, esparcidos por Europa en estos menesteres bancarios, y también los de la competencia en esas artes dinerarias, que eran los reputados Welser, sociedad fundada por Antón Welser en Augsburgo, ciudad alemana sureña y cercana espiritualmente de Austria donde suceden episodios luteranos de importancia. Para este tiempo los poderosos Welser, familia formada por cuatro hermanos, mantienen minas de plata en Europa central, los delicados textiles de Flandes, la producción exitosa de la lana inglesa y el pujante comercio con los exóticos productos traídos del Oriente asiático, mientras extienden los negocios comerciales hacia los dinámicos Amberes, Venecia, Portugal y España. Pero será en especial el banquero Bartolomé Welser, quien desde Augsburgo juega a la lotería bien pensada apoyando con préstamos redimibles y mediante “dádivas” que hoy llaman compra de votos, lo que en definitiva abrió el camino para la coronación imperial de Carlos Iº, en 1519. Y cuando ya cesa todo este ajetreo político y económico dirigido a tal encumbramiento, el propio Carlos V, de quien hablamos, recibe otros avances para consolidar su poder, que se hacen moratorios, por lo que el avispado Bartolomé Welser comienza a solicitar la devolución de tales préstamos a este nuevo rey y emperador español, de donde viéndose ya acogotado en tal exigencia, para cancelar la deuda Su Majestad ofrece a Bartolomé extinguir dicha obligación mediante la entrega de un enorme territorio en Indias, para en el fondo hacer y deshacer a su gusto y que se encuentra situado al este de Santa Marta, en Colombia, luego pasando por el Cabo San Román falconiano y  prosigue rumbo al oriente de Venezuela hasta Maracapana, que por aquellos tiempos terminaba en terrenos de Barcelona, para seguir con la Nueva Andalucía.  Una vez aceptada por las partes tal transacción bienhechora, como es menester se procede a redactar unas capitulaciones contentivas de detalles contractuales que se firman en marzo de 1528 dejando así de inmediato en posesión de los alemanes eso que ya empíricamente se llamaba Provincia de Venezuela, pues a decir verdad faltaba mucho por determinar sus límites sobretodo en referencia hacia el sur, que vagamente  podrían relacionarse con esa apetitosa región llamada El Dorado, mito histórico que de una manera oscura y por tradiciones indígenas se situaba al sur del Orinoco (Uyupari) y rumbo a ese otro gran río a descubrir después, que fue el Amazonas.
            Las tales capitulaciones de que hablamos incluían fundar dos poblados y tres fortalezas, como traer a cincuenta expertos mineros de Galizia en Silesia (Polonia y hacia Hungría) para la extracción de minerales como plata y oro, con una ganancia al 4 por ciento sobre frutos de la tierra, liberándoles de otros impuestos, todo lo que en realidad quedó en el tintero, porque desde la llegada de los tudescos a Venezuela hicieron lo que les pareció en gana, sin escatimar esfuerzos ni prevenciones porque se consideraron como dueños y señores de este territorio, donde pronto se producirían situaciones de espanto, todo a través de los agentes y administradores de los Welser, en este caso de los tenebrosos Enrique de Alfinger y de Jerónimo Sayler. Para mejor especificar ese período sangriento de la historia venezolana diremos que seis gobernadores alemanes ejercieron su mando en Venezuela, quienes fueron sucesivamente Ambrosio Alfinger, Nicolás Federmann, Juan Alemán (por cierto el menos conflictivo de cuyo presunto gobierno se ha estudiado poco), Jorge de Spira, Enrique Remboldt, y Felipe de Hutten, suficientes como para formar un cuadro de problemas y desastres a montón, siempre dominados por el enriquecimiento inaudito, que en unos como en otros los fueron llevando a situaciones de locura. Aquí de forma continua y para la ilustración de ustedes iremos haciendo una especie de esquema sicológico de cada uno, salvo el del desconocido Alemán, cual suerte de retrato de Dorian Gray a la americana, con los tremendos efectos de conciencia que pintan de una manera real ese estado que se viviera dentro de aquel mundo mágico, fantasioso, iluso y hasta sicótico de los personajes y sus vidas. Para demostrarlo comenzaremos las secuencias de una manera cronológica.
            24 de febrero de 1529. En cuatro barcos de la época y 700 hombres envueltos en jubones de seda, con airosas plumas, calzas de paño y penachos airosos y circenses por cuenta de los Welser llega a Coro el primer contingente de rubios alemanes  bajo el mando de AMBROSIO ALFINGER (o Heinger), quien toma por la fuerza el poder, en manos de Juan de Ampíes, y llamado luego “el cruel de los crueles”, quien gobierna malamente desde 1535 hasta 1538, y después como desaforado se da a recorrer el país, por Maracaibo, en busca del ansiado mineral áureo. “Apoderado de su alma un furor insensato que degeneraba en frenesí, señaló por todas partes su pasaje con el robo, el homicidio y el incendio. Debía morir quien no podía ser esclavo, debía quemarse la casa que le había servido; detrás de él nada debía quedar ni con vida ni en pie”. Con rapidez Alfinger  convierte a Coro en un mercado de carne humana, erige patíbulos, encarece los precios, extorsiona a los españoles, oculta el dinero al fisco, y corta la cabeza para quitarlos de la collera a los indios que mantenidos con una cadena al cuello debían viajar hacia el cautiverio, cuestión a realizar cuando se cansaban en esta dura travesía. Acompañado iba del cruel Francisco del Castillo, que por esa cuenta del Jefe ejecutaba horcas, azotes y afrentas, y quien fue preso por la indios pacabuyes, para ser decapitado a macanazos, cortándole luego la cabeza. En esas andanzas como acompañante de Federmann y luego de Hutten, entra en territorio chibcha colombiano hasta Bogotá, pero al final regresa a Coro con las manos vacías. Luego una segunda expedición más amplia mandaba Alfinger cuando en 1532 los indios de Chinácota (Santander, Colombia) mediante una emboscada logran flechar a este gobernador alemán, y quien mal herido y sobretodo en la garganta agoniza de manera dramática durante cuatro días interminables. Llevaba entonces 60.000 pesos en oro que entierran sus soldados (otra gruesa remesa de oro Alfinger había enviado a Coro, bajo custodia de soldados, en enero del mismo año), mientras los sobrevivientes hambrientos hacen antropofagia con indios detenidos e incluso comen perros para poder sobrevivir, al extremo que al paso por Maracaibo de la tropa era tal el hambre de Francisco Martín que al sacrificarse un indio para comer (y beber sangre) su desesperación le lleva a recuperar el miembro viril del muerto levantando del suelo tal pedazo rijoso de carne y se lo comió crudo en medio del mayor alborozo.
Entretanto Bartolomé Sayler (o Santillana) tudesco encargado de la gobernación de Coro, es violento, asesino, atrabiliario, cruel y libidinoso, azota, encarcela y roba indias para refocilarse, dentro del desmadre en que viviera, antes de ser enviado en 1533 a un calabozo para su juicio y asegurado con grillos y cadenas. A fin de sacar de sus casillas anormales a este Bartolomé fue necesario que en noviembre se insurreccionara Coro para aventar del poder a “los borrachones Welser”, lo que también origina el envío a dicha ciudad de un primer obispo de Venezuela, el embraguetado Rodrigo de Bastidas, para luchar contra el posible luteranismo alemán que se veía venir.
Por su parte el gobernador alemán NICOLÁS FEDERMANN, nacido hacia 1505, natural de Suavia (Ulm),  de 29 años, grande, robusto, pelirrojo y de rostro blanco, culto, con ascendiente natural, osado y  hábil, aunque sin escrúpulos y codicioso. Hombre de confianza de los Welser, es enviado por ellos a Santo Domingo, para inspeccionar sobre sus bienes. Como lugarteniente de Alfinger incursiona por Barquisimeto, donde recauda sin extorsión tres mil pesos de oro, o sea cinco mil florines del Rin. En esta visita indígena se enfrenta a los belicosos jirajaras, con los coyones retiene 600 esclavos, a los guaiqueríes por “malos, orgullosos e insolentes” masacra quinientos naturales, entre ellos el altanero cacique, sigue hasta Cojedes donde se enfrenta a los feroces cuibas, y luego de la orgía de sangre en que despedaza en trozos a dos indios sin explicar porqué, regresa a Coro llevando filas de esclavos sometidos a cadenas y con el peligro de cortárseles la cabeza si demostraban cansancio. En 1530  expediciona sobre el Orinoco, y regresa a Ausburgo donde escribe un libro sobre correrías. En otro viaje que realiza al Apure y el Meta casi muere de hambre pues come raíces para subsistir, mientras otros por ello pierden la vista y enloquecen oyendo “bramidos de bestia de muchas cabezas”, enfrentado a tigres, tribus indígenas, y una epidemia de difteria que llaman esquinencias. Bajo el apoyo de los Welser luego de entregar la gobernación venezolana a Jorge Spira, en 1534, viaja por Venezuela y Colombia (1535-1539), y en 1538 dentro del gran recorrido llegará a Bogotá (Colombia), para disputarse el descubrimiento y el poder indígena chibcha con Gonzalo Jiménez de Quesada y Sebastián de Benalcázar. Por cierto que en aquel lugar y dentro de los arreglos logrados, el 29 de abril de dicho año  el teutón Federmann obtiene de Jiménez de Quesada “un segundo arreglo secreto” que los historiadores silencian, por el que se reconoce  a su favor parte del botín en oro y esmeraldas (piedras preciosas), y como hecho importante a señalar se “le cedía el dominio del cacique de Tunja” poderoso señor, cuyo dominio se extendiera hasta los límites serranos con Venezuela, derechos documentales que Federmann traspasará a su vez, antes de su muerte, a los propios Welser. Federmann muere en febrero de 1542, en Valladolid, secuestrados sus bienes y liberado de prisión con fianza de cárcel segura, sin reconocerle España ningún título que esgrime por causa de lo descubierto, en lo que con terquedad entonces se empeñaba.
6 de febrero de 1534. Llega a Coro con 200 isleños canarios “bastos y groseros”, y de otras naciones europeas, el teutón JORGE HOHERMUTH von SPEYER, nacido en 1500, natural de Spira (Baviera), como Gobernador Welser, a quien se llama “el demente”, y termina en verdad como loco furioso, por la pasión del oro que le desborda. Tiraniza en la usura con los precios comerciales excesivos. También esclaviza  y encadena con argollas a los díscolos indios jirajaras, empala, marca con hierro y vende a los indígenas, viola, roba e incendia en todas las expediciones que realiza, es despótico y cruel con sus soldados. Como Gobernador el llamado Jorge Spira va a los llanos, hacia donde los indios de Baraure, en que dichos naturales se alimentan con un soldado de apellido Orejón, por lo que Spira despliega una criminal razzia de muerte entre esa tribu. Prosigue en la ruta hacia las estribaciones andinas y se adentra rumbo al Apure, Casanare, Meta y Guaviare, donde un tigre le devora un soldado a la vista tensa de sus compañeros. Prosigue entre tribus caníbales, tranquilos entonces ante el miedo que le tenían a los caballos hispanos, penetra en terreno de indios choques, pero famélicos, con el hambre siempre encima en que también se vuelven caníbales, y enfermos andan echando lombrices a través de la boca, por la vía de Apure, en que rodeados de agua solo comían jobos para poder subsistir, y Barquisimeto, donde empala a muchos naturales, para luego de tres años de correría regresar a Coro en mayo de 1538, con apenas 90 hombres desnudos, en miserable estado, de los 400 que partieron con él, tras cinco años de peregrinaciones en busca del ansiado El Dorado”, donde la gente se bañaba en oro. Vivía casi en el delirio este gobernador, pensando siempre en el aventurero lago Parima y su fúlgido El Dorado, hasta que el 27 de junio de 1540, cubierto de fiebres tercianas y otras enfermedades continuas expira en Coro,
Viene a gobernar de seguidas ENRIQUE REMBOLDT, factor encargado de los negocios Welser en Santo Domingo, quien nombrado Alcalde mayor de Coro pronto sed le asciende a Gobernador y Capitán General, en 1542, y luego de un desafortunado gobierno, como es el derroche de la hacienda pública de los Belzares, en 1544 abandona el gobierno de la provincia de Venezuela por “los excesos que cometió y los clamores de los vecinos de Coro”. Impresionable en su forma de ser, a poco muere loco este alemán, “presa de gran melancolía y en medio de la mayor tristeza,  cuando ya se encuentra al frente de la gobernación alemana otra suerte de caballero teutón, que le sucede en el cargo. Se trata de FELIPE DE HUTTEN, hijo de Benhar von Hutten, burgomaestre de Köningshoffer, y cuyo hermano Mauricio llega a ser obispo de Würzburg. Procedente de rancia nobleza de Franconia, a quien se conoce como Felipe de Hutten von Ebersburg, nació en Ulm el 18 de diciembre de 1515 y muere asesinado por Juan de Carvajal. Cultivado y ambicioso, bebedor de buen vino, fino de carácter, paje de la para entonces importante corte belga, nació en Birkenfeld, Alemania, siendo hermano segundón o fuera de la primogenitura. Aventurero desde muy joven y a sabiendas del gobierno de los Welser en Venezuela entra en trato con ellos y pronto se le destina como Gobernador de esa provincia, donde llega por Coro y de inmediato con la juventud que porta y los intereses que crea comete el más escandaloso pillaje en pérdida de los indios existentes, sosteniendo contra ellos la conocida famosa “batalla de los omeguas”, indígenas a quienes con 39 españoles bien pertrechados mediante  armas y caballos derrota un ejército que “les pareció de quince mil hombres”, según rezan los escritos referentes de la época. En este viaje expedicionario debieron comer “gusanos, hierbas, raíces….  aún devorando carne humana contra la naturaleza”, en especial indígena. Hutten o Utre fue a los llanos acompañado del joven Bartolomé Belzar (o Welser), aventurero y de confianza como él, de la misma familia de los banqueros alemanes, pues era hijo de Bartolomé Welser, el Viejo, y hermano de Filipina Welser (casada con el archiduque Fernando de Habsburgo,  sobrino éste del emperador Carlos V) en cuya travesía anda hasta el río Guaviare en busca de El Dorado, al tanto que los caballos flacos los sangraban para beber su sangre, comiendo además perros y otras sabandijas malas. Mientras los indios eran caníbales con los expedicionarios, los españoles principalmente comían bollos de maíz añadidos con pelotones de hormigas “para darles mayor sustancia”, hambruna que los hincha, les tumbó el pelo y a los más desdichados los cubre de úlceras. Luego Hutten fue herido por un omegua de cierto lanzazo debajo de la axila, de modo que para salvarlo se “le abrió el pecho, echó agua de arrayán y moviéndolo de un lado a otro como suelen lavar las odres lo hizo expulsar la sangre coagulada”, y aunque parezca mentira Hutten salvó la vida. De vuelta de tal empeño expedicionario De Hutten regresa a Coro por vía de la recién erigida El Tocuyo, donde encuentra que dicha ciudad fue fundada por el interino Juan de Carvajal sin el permiso correspondiente, lo que da origen a una fuerte disputa que para algunos termina entre los puños. De allí prosigue el alemán rumbo a la capital coriana  para dirimir estos problemas, pero el fanático asesino Carvajal de manera sigilosa va tras los pasos de Hutten y pronto mediante engaño detiene por sorpresa al gobernador alemán y sus acompañantes, mas luego de las disputas consiguientes y por esas rencillas personales que le invaden, sin dar tiempo al sosiego de su espíritu primero le arrebata el muy suficiente oro que transporta, y alejado de todo miramiento de alcurnia y calidad, porque en la época se estilaba,  ordena al negro  verdugo que le corte la cabeza de un machetazo certero (“lo que le vaticinara el diabólico doctor Fausto seis años antes”), como hace igual con tres acompañantes, entre ellos el abnegado amigo Bartolomé Welser, último de esta estirpe en Venezuela, hecho insólito ocurrido el 17 de abril de 1546, con lo que sella además su muerte por ser de la familia Welser. Con la desaparición del noble Felipe de Hutten y ante los sucesivos desmanes ocurridos durante ese largo gobierno alemán el rey Carlos decide rescindir los derechos y privilegios entregados a favor de los Welser en Venezuela, de donde a partir de entonces nombrará por su cuenta las autoridades correspondientes a Venezuela, lo que se hacía temporal y en forma secundaria para llenar las vacancias de los cargos en ausencia de los referidos Welser. Así, después de 18 años de ser feudo alemán y debido a su gobierno de  iniquidades e incumplimientos se rescinde el contrato de arrendamiento (y más) que mantenía la corona española con los para unos odiados Belzares, sobre la provincia de Venezuela. Pero la raza teutona no se extinguió, como se puede palpar visualmente en muchos lugares, por ejemplo de Quíbor y de Coro, donde los alemanes mandaron hasta en los genomas humanos que aún permanecen rubios, con todo gusto y sensatez.