lunes, 4 de febrero de 2013

EL NEFASTO CLAN DE LOS MONAGAS.



            Amigos invisibles. Cuando cualquiera entra a esculcar en los meandros de la Historia se tropieza con situaciones agradables que algunos transforman en cuentos de hadas, y en otras ocasiones, acaso las más variadas, nos hallamos con etapas esperpénticas salidas de imaginaciones calenturientas que a veces pueden provocar risa o en su defecto llanto, dadas las excentricidades y terrores que tales etapas conllevan, donde ni las ficciones más aterradoras pudieran enderezar los hechos circunscritos esta vez puestos en función de verdad, pero que por debajo de la manga o costura zurcida con intenciones dirigidas hacia un fin, demuestran lo irracional de sus posturas.
            Pues bien, sobre esa clasificación frontal a la que dirijo cierto análisis freudiano desprendido en cuanto a los hechos y personajes que saldrán oportunos en esta pantalla representativa de su tiempo, no es de extrañar que aparezcan situaciones difíciles de comprender en cuanto a la evolución de una familia formada con la punta de sus lanzas que desde los albores de la Independencia se enrolaron en la lucha carnicera entonces llevaba a cabo, pues en principio no había otra cosa a qué dedicarse porque los campos nutricios de que al tiempo se vivía por causa de los conflictos permanentes fueron arrasados de ambos bandos en disputa y como sucede en toda guerra, para beneficio de quienes participaban en ella dejaron siempre como un principio consagrado a eso que denominan pillaje o vulgar saqueo, variedad delictiva que podía enriquecer a algunos, aunque otros sí combatieran por aquello que llaman una bandera con convicción idealista y toda la parafernalia seguida, fuesen monárquicos seculares o patriotas republicanos, aunque muchos cambiaron del campo de batalla según las circunstancias y el manoseo o avance del conflicto. Dentro de estas causas mencionadas al recuerdo y con la mentalidad llanera tan característica, zorruna, astuta, acomodaticia, cuyo fin último es el de los intereses personales, en ese vasto mundo del llano oriental de Venezuela, que algo difiere con los llaneros occidentales, aparece de pronto la figura de un cualquiera llamado José Tadeo Monagas, despierto, valeroso y que cuando sus afines sean personas de valía alejados de los detalles intracendentes y con ánimos de seguir adelante, este caballero de sangre criolla mezclada  liderará a cierto grupo que iba a dejar una huella o roncha no muy brillante en la trascendental Historia de Venezuela.
El inicio de esta refistolera familia Monagas que se cría al vaivén del tiempo y la soledad llaneras haciendo proezas vitales de subsistencia en esa grandes extensiones de sabanas difíciles de dominar salvo con la llamada “ley de la selva”, que equivale a la del más fuerte y sin contemplación alguna para resolver las pendencias, por los meandros de un caño ubicado cerca de  Maturín y a la sombra oportuna de cualquier árbol frondoso nace, pues, José Tadeo (en verdad Judas Tadeo), al más avispado de los tres jefes montoneros, y junto con el  fraterno José Gregorio constituirán la dupla para sobrevivir de cualquier forma, mientras se extasían viendo crecer a la familia que en aquel llano adentro y por la pobreza de algunos existente desde que calzan lanzas o palos con estacas hicieron una labor simple de cuatreros, asaltadores de viandantes que vuelan al más allá, y todas las picardías necesarias para la sobrevivencia en aquellos lugares donde la verdadera ley  prácticamente no existía. Como bandoleros a lo Sierra Morena acordes con este axioma definitorio crecen José Tadeo y los suyos, hasta cuando la revolución o la guerra en causa  que para aquellas mentes analfabetas no se entendía del todo,  fue tomando calor al frente de su banda de malhechores, y para lavar culpas terribles que impliquen impunidad, quien había sido peón de haciendas y hasta administrador (caporal) de propiedades junto a esa caterva pendenciera de criminales, para señalarlos en algo, de lleno entraron en la guerra colocados en ese tumultuoso bando patriota, donde iban a continuar en sus pilatunas perversas. Allí en el trasegar  de las campañas y por la experiencia que da la vida José Tadeo y quienes lo rodean irán aprendiendo “au jour le jour” entre el vivac de la postura diaria, mientras recorre el tiempo y este llanero se hace más importante. Así inicia la carrera militar con el fragor de la lucha a las órdenes patriotas del hispano Manuel Villapol, y como hábil jinete y magnífico lancero en estos avatares marcianos es herido varias veces por lanzazos y disparos, como en La Puerta y Aragua de Barcelona, ascendiendo a general de división en 1821, y pronto se le inunda la cabeza de aspiraciones políticas por lo que junto con personajes siniestros conspira contra el Presidente José María Vargas en la Revolución de las Reformas, en 1835, que lo llevarán en 1854 a ser General en Jefe. Sin embargo en el transcurrir de su larga actuación fue una figura contradictoria, entre el rechazo y apoyo a la Gran Colombia y el nacimiento del sedicioso Estado de Oriente, efímero, separatista, que cristaliza apenas con Santiago Mariño en 1831, siendo Monagas el Segundo Jefe de este sueño perdido. Luego en las volteretas políticas que efectúa aliado con Páez y Soublette, como algo impuesto triunfa en las elecciones presidenciales de 1847, de donde salta a la Presidencia de la República. Sin embargo a poco se distancia del general Páez, lo que desemboca en una inestabilidad política que tendría un grave desenlace para Monagas.
En efecto, el 19 de enero de 1848 varios congresistas seguidores del caudillo Páez deciden cambiar el Congreso de la República alejando su sede de Caracas, para así enjuiciar al propio Presidente Monagas,  por lo que José Tadeo en prevención de lo que espera con rapidez y nocturnidad mueve una muchedumbre adepta y la establece frente al Congreso, que piensa de todas sesionar en Puerto Cabello. La situación va poniéndose tensa, color de hormiga, mientras el insomne José Tadeo vela nervioso por los acontecimientos que ya están a vuelta de la esquina. Así las cosas el 24 de enero, frente a una guardia amodorrada por el cansancio y la falta de sueño, a las 3 de la tarde en traje de etiqueta ante el Congreso se presenta el monaguense Ministro del Interior, Tomás José Sanabria, e ingresa al recinto, mientras entre el populacho establecido ante el edificio legislativo se corre la voz falsa que los godos (paecistas) han asesinado al portavoz Sanabria, lo que de inmediato mueve a la enfurecida plebe con ansias de ingresar a este recinto, que incita a la guardia de custodia a efectuar disparos en su defensa, mientras con bayoneta y de gravedad se hiere al director del grupo centinela, coronel Guillermo Smith, cayendo en la refriega iniciada tres miembros del pueblo allí aposentado y entretanto se pelea con toda suerte de armas mortales. Así, al tiempo que se amenaza de muerte con puñal al mensajero Sanabria, ante el pavor desatado los representantes allí reunidos se lanzan por escaleras y balcones para salvar la vida, y el obeso pensador Juan Vicente González salta una pared como si fuera gamo, al hacendista Santos Michelena lo atraviesan con otra bayoneta, de lo que pronto muere, y los representantes  Salas, Argote y García también son sacrificados en la reyerta. Pero al aparecer bajo fuerte escolta y montado a caballo el presidente Monagas, este populacho se contiene cediendo las iras del tumulto desatado, mas ante el deseo  presidencial de asumir entonces la dictadura, bajo el consejo prudente de Diego Bautista Urbaneja baja la presión suscitada convocándose a una asamblea espuria del asaltado Congreso, donde temerosos del mal algunos miembros deciden asistir. Este hecho sangriento, el más vil del monagato en causa, sería continuado mediante frías relaciones mantenidas con la Iglesia católica, que llevan a enemistar al prelado Fernández Peña con el gobierno, a tal punto que en acalorada discusión suscitada con el ministro Antonio Leocadio Guzmán, de la furia que le envuelve el prelado arzobispo sufre un violento ataque cerebral, que lo lleva al sepulcro.
Bien pronto el general Páez se alza contra Monagas  pero la suerte le es adversa al centauro José Antonio, que por ello se exilia del país, mientras jubiloso entra a Caracas José Tadeo, acompañado de su grupo y del alter ego José Gregorio Monagas, que para entonces ejercía “mientras tanto” la Presidencia de la república. Recuperada una segunda presidencia republicana, el caudillo de marras se alía con grupos autocráticos, para seguir mandando de forma dictatorial mientras escoge como Presidente del Senado al manipulable arzobispo Guevara y Lira.  Fueron tiempos entonces de conflictos producidos por Monagas cuando se malpone con Holanda porque este reino somete a posesión propia la isla guanera de Aves, venezolana situada al sur de Puerto Rico, de donde buques neerlandeses  bloquean a La Guaira presionando con intenciones aviesas, al tiempo que Tadeo alcanza diez años de gobierno tiránico y por ello guardando las espaldas elige Vicepresidente del país a su hijo político Francisco Oriach, aunque siguen los pleitos diplomáticos con Francia y Gran Bretaña, que ocasionan otros bloqueos de puertos venezolanos, hasta que Monagas se va del país muy rico pero considerado traidor a la patria y siendo degradado, como también se le priva de todas las condecoraciones, alejándose por tanto de su añorado refugio o hato El Roble, y de la casona caraqueña familiar de San Pablo, que fue por mucho tiempo centro de conspiraciones y madeja de problemas políticos, como el caso en que allí indulta al peligroso enemigo Antonio Leocadio Guzmán, condenado a muerte y a quien dos años después lo hace Vicepresidente de la república. Lidia todavía con la suerte, pero ante la insurgencia del inepto y sortario Julián Castro se exilia por seis años, a través de la Legación de Francia en Caracas que lo acoge, para regresar ya de 84 años este anciano tozudo que reúne diversas mesnadas de variopinto origen y al frente de la Revolución Azul, para rendir a Caracas en medio de tantos incrédulos, y convocar a nuevas elecciones presidenciales, mientras la longeva Parca le pisa los talones y luego en otro desacierto decide entregar la presidencia que ostenta a su menguado hijo José Ruperto. Pero con la edad provecta José Tadeo enferma de cuidado, al extremo que 18 galenos le atendieron en su última gravedad, que le arrebata la vida con distintos desarreglos para rematarlo con una bronquitis aguda. El cadáver fue velado en casa de su sobrino y ministro de guerra Domingo Monagas. Al morir Tadeo era el segundo hombre más rico de Venezuela, donde manejara el peculado en gran escala por más de once años, como también el nepotismo y el gobierno tribal, de esta “partida de ladrones”, según lo señalara el gobierno americano. Ese clan de sinverguenzas monagueros estuvo constituido principalmente por siete socios, agregándose entre ellos al cuñadísimo  Francisco Oriach y el sobrino Lino Marrero, su hijo el doctor José Tadeo, Pío Ceballos y el medio hermano José Gerardo, incluyendo a Tadeo y Gregorio, José Ruperto (con quien se extingue el clan por querer mantenerse en la cabeza del poder por seis años más), Domingo y Gregorio, hijos de José Gregorio, amén de otros rufianes consentidos  que promovieron nueve insurrecciones a favor. A su muerte el país queda en completa anarquía regionalista donde privan los saqueos y atentados a montón.
El clan fue además inmoral, peculador, mediocre, demagógico, tracalero y engañoso (dirá Tadeo “La constitución sirve para todo”), terrorista, tribal, tiránico, perseguidor, alevoso, asesino (como las cabezas de los hermanos Belisario), inmoral, incapaz, creador de empréstitos forzosos, que aplicó en múltiples veces la llamada “ley de fugas”, y como buen llanero fue intrigante, maniobrero y experto en el arte de la comedia humana. En fin, estos Monagas pasan a la pequeña historia como despóticos, oligarcas y tenebrosos dueños de vidas y haciendas.
En cuanto a José Gregorio Monagas, que fue el menos malo de ellos, era blanco, quemado por el sol, generoso y convive lejos de toda educación siendo campechano y hasta campuruzo. El menos tiránico del clan, su ley era la fuerza del machete y de la lanza, aunque vivió siempre amparado por el ala protectora de su hermano José Tadeo. Sencillo, aldeano, mujeriego, campesino y rudo militar que comía con las manos chupándose los dedos, formado en el vivac al que aprecia la tropa y quien en el fondo despreció a la política, donde fue arrojado por el interés de su propio hermano. Es el otro yo e inseparable de José Tadeo, a pesar de pequeñas divergencias políticas que tuvieron, y el segundo en casos de poder, el suplente necesario, pero de gran fiereza, por lo que adquiere el cognomento de “Primera lanza de Oriente”.  Nació en el caserón del hato El Roble, cerca de Aragua de Barcelona, el año 1795, para elevarse entre el trabajo ganadero de la estancia y el calor de los nueve hermanos del matrimonio Monagas Burgos, formándose allí buen jinete en tiempos del bandolerismo que practica para terminar agregado a la sanguinaria guerra de Independencia que se lleva a cabo, y ya de oficial de caballería combate a favor y en contra en acciones recordadas de Guayana, La Puerta, Aragua de Barcelona, Los Magueyes, Urica, Maturín, Maracay, Semen, Ortiz y otras escaramuzas, que le dieron nombre militar y de ellas en muchas anduvo con su hermano mayor, José Tadeo, que era un protector y ángel de la guarda en sus ejecutorias. Comandante General de Barcelona, en 1822, a pesar de ser hermano de quien le nombra al puesto, de nada vale este impedimento dinástico o nepótico, y como General viaja al Perú incaico con un refuerzo militar que no triunfa en Ayacucho porque ya está dada la batalla, y apenas por estos ya escasos fines guerreros aparece en el sitio de El Callao, bajo las órdenes del general Bartolomé Salom. Con ese aval poco valioso regresa a la querencia familiar de Barcelona. Allí el fraterno José Tadeo, como “padrino” con el poder que ostenta lo hace General de División y a quien pronto mediante el apremio ejercido designa Presidente de la República, en febrero de 1851, con lo que Caracas se invade de orientales, de la estrecha confianza monaguera, ellos en busca de nombre oportuno y de algún buen dinero por detrás, mientras Gregorio debe enfrentar revueltas de facciones conservadoras, en que se fusila y asesina en las cárceles, distanciándose algo del protector, aunque sin romper la unidad familiar. Mientras prepara con cuidado y debates el famoso decreto de la abolición esclava a favor de la negritud, fechado el 24 de marzo de 1854, que en realidad fue un negocio más de muchos comerciantes y que poco ayudó en la verdadera liberación de los oprimidos, abarcando a algo menos del dos por ciento de la población nacional, entre esclavos y manumisos. Gregorio apoya además la Unión Grancolombiana, en tiempos que ya no privaba tal deseo, y se aleja de Tadeo cuando a este lo  secundan los conservadores  para aspirar a la Presidencia, que también desea Gregorio y sus compinches “gregorianos”, aunque con el amparo de los liberales, de donde al final quien obtiene el pendón en esta lid es desde luego que José Tadeo.  Mientras gobierna Gregorio apoyado ya a las trancas anda en auge el agio, el cuatrerismo, el contrabando exportador de cueros, la venta de los sueldos, y se especula con las tierras baldías, cuyo once por ciento diferencial  para  entonces fue a parar en sucias manos monagueras. Finalizado su período presidencial entrega el poder a Tadeo, que aprovecha para “despedir de las prebendas” a algunos gregoristas, aunque nombre al hermano cesante y para tranquilizarlo Jefe de las Fuerzas Armadas, hasta que el “boss” fue derrocado en 1858. Así regresa Gregorio a Barcelona, pero las autoridades recelosas lo hacen preso para enviarlo a la húmeda ergástula de Puerto Cabello, donde enferma, y luego al lúgubre penal de San Carlos, en la barra de Maracaibo, muriendo allí como olvidado en julio de 1858. Tuvo nueve hijos de matrimonio, uno de los cuales, Domingo fue educado en la academia militar americana y muy conocida de West Point
Y para recordar a José Ruperto, el menos importante de la troika, era avinagrado, áspero, lacónico, entregado a los hatos del despotismo tiránico, usaba bigote caído y barba en perilla descuidada. Hijo de papá, inepto, ignorante cuanto incapaz descendiente  del monarca José Tadeo. Y como la ignorancia es agresiva creyéndose omnipotente  es decir todopoderoso por la elección a dedo, repasa algunos cargos públicos como diputado por Maturín, Comandante  de Barcelona, donde por desconfiar en su persona termina preso, el burocrático cargo de Jefe del Estado Mayor, y quien en medio de este desbarajuste por salvarlo la suerte de la Revolución Azul, a ese híbrido sin sujeción  el octogenario padre para salvar la asonada, su país y la dinastía por no encontrar otro a escoger en última instancia le deja el coroto o fardo pesado del poder porque viendo que el barco se hunde del reñido clan de familia no hay interesado alguno en suplantar la tentativa de intención sucesoria, por lo que sonándole la flauta mágica el menguado Ruperto ejercerá funciones presidenciales por pocos meses en medio de la anarquía nacional en vigor y hasta del separatismo regional grave que se presenta con la proclamada “República del Zulia”, que durará más de un mes en estas funciones trágicas.  Y porque no le ratifican el nombramiento vacuo el tristemente recordado Ruperto en la venganza vil disuelve el Congreso,  en medio de una gran crisis fiscal que no permite pagar sueldos, mientras se convierte en un tiranuelo más, las fincas son de nuevo saqueadas y las doncellas entre alaridos pierden su virginidad, en medio de un gobierno guerrero, caótico y lleno de desastres. Pero muy pronto y a fin de zanjar diferencias el pretendiente caraqueño Antonio Guzmán Blanco invade el país, en febrero de 1870, y en el próximo abril ya es asaltada Caracas por 8.000 bárbaros guzmancistas insensibilizados por el aguardiente, mientras el “imbécil” Ruperto lleno de miedo por lo que le espera se refugia en el palacio arzobispal, firma la rendición de su efímero gobierno  y se va al tacho de la basura con los restos podridos de aquella dinastía por demás corrupta y miserable, que entra en decadencia y poco tiempo después habrá de desaparecer. Su esposa, ex Primera Dama de la República y ya en Barcelona, para poder subsistir habrá de ejercer trabajos manuales de muy baja condición. Imagínelo usted. Así son las cosas, diría el periodista caraqueño Oscar Yánez.
No quiero sacar conclusiones de este tiempo nefasto republicano cuando mandaron en el poder los llaneros, pero su argucia, como avisado lector, podrá hilar fino para atar cabos calientes, porque mucho de este período que trazo a mi manera es como una copia fiel de lo que en los últimos años ha ocurrido en Venezuela, claro, guardando las distancias y el reparto escénico. Vale la pena una segunda lectura de este artículo para entender cómo es que se bate el cobre, según el oportuno refrán castellano. Y hasta pronto.    

martes, 29 de enero de 2013

EL COMPLICADO CASO DE LAS RELIGIONES.



                      Amigos invisibles. Como me estoy insertando en problemas más complejos a los del año anterior, hoy voy a tratar sobre algo que siempre me ha llamado la atención y de lo cual se han escrito montañas de tesis y antítesis sobre el tema,  creyendo que tal debate formativo puede arrancar desde la misma Babilonia, y más atrás a partir de los pueblos llamados bárbaros que se manejaban a través de un lenguaje nada escrito y muy gestual. Pero como a uno se le calienta la oreja de tanto oír o de leer, o de escuchar sobre el repertorio de temas referidos a este problema que evoluciona con los siglos para transformase en debate, voy a penetrar en las honduras casi inaccesibles de la sabiduría infusa no porque yo sea algún conocedor a fondo de la materia, en la cual me integro como cualquiera, un neófito, salvo algunos especialistas que así se consideren, sino dado que siempre este conocimiento filosófico-teológico de la humanidad ha puesto quehacer al extremo que sin equivocarme las guerras más sangrientas y exterminios llevados a cabo por los seres humanos, han derivado en algo de asuntos referidos a cualquiera de las tantas religiones y sectas que existieron, y que aún subsisten, a pesar de los embates del tiempo que con la andanada de sus saberes e interpretaciones aclara un nuevo panorama donde por fuerza de la realidad demostrable, las religiones han retrocedido a pesar del empuje de muchos por sostenerlas como filón ideológico y hasta material, pero que su asidero en la conciencia humana ya no es indeleble y sobre todo desde cuando el siglo XX irrumpió con grandes conocimientos de toda índole, entre ellos los científicos, que pusieron en jaque los fundamentos básicos y las estructuras dialécticas de muchas creencias espirituales mediante lo cual se dio al traste con tantos exponentes de tales ideas echadas al voleo en un mundo plural.
                        Sin embargo y a fin de no introducirme  en complicaciones previas debo decir para sentar el precedente, que por tradición y en eso que denominamos familia de un principio y sin entrar en réplicas, por algo que se llama fe soy cristiano, apostólico y romano, como fueron mis padres, y los abuelos y los bisabuelos, pensando así de los demás en el retroceso genético, y ello lo tomo como un detalle más de la formación adquirida desde la infancia, porque la religión en nuestros hogares fue como una segunda madre instructiva, y yo no voy a pelear en cierto boxeo de sombras contra este sustento que ha mantenido una posición gemela de la vida, dejando para otros religiosos y seglares que se extiendan o desestimen en esos vastos estudios y razones del más allá, donde todos tienen las de ganar y menos de perder. Salvo los espíritus malignos.  De aquí que como un diletante de lo que razono a medias en este sentido debo afirmar primero y sin saber cuál es su posición al respecto, que admiro el esfuerzo cultural mantenido dentro de esa sapiencia que como un amparo general envolvió buena parte de la cultura de los pueblos en desarrollo, desde los más primitivos e infieles, hasta los que ahora pretenden enhebrar un nuevo camino religioso mezclando algunos de estos saberes ancestrales con otros de novedoso cuño para crear un híbrido con todas sus consecuencias, por donde andan los avanzados ensayos religiosos como la llamada cienciología, o los mormones, a los agnósticos, rosacruces y otros grupos nacidos en los últimos tiempos. Pero bueno y oportuno es recordar que en cuanto a esta materia tratada, existen dos grandes corrientes que se van por el camino espiritual de la humanidad, o sea la religión en sí, decantada y siguiendo un orden preestablecido dentro de su ejercicio secular, tal el caso de la católica romana y de sus hijas que nacieron de la misma energía, que son muchas, vale decir, ortodoxas y heterodoxas, cuya mayor representación viene a caer en el grupo protestante, que se ha expandido en numerosas iglesias de fieles que habitan en cinco continentes con sus reglas y costumbres bien cimentadas. Pero existe otro grupo y hasta peligroso, para llamarlo de algún modo, que es el referido a eso que se tilda como sectas, que han existido por siempre, desde las más primitivas que incluyen en sus normas crueles castigos y hasta la muerte por diversas causas con ritos salvajes, o ese florilegio de seudo iglesias fabricadas por mentes traficantes de almas y de dinero, no solo las que no se reconocen oficialmente sino que viven al amparo del engaño, lo confuso y la mala información, sino otras que con la publicidad dirigida han penetrado seriamente y se transformaron en imperios de negocios lucrativos, como el caso de la manejada por el extinto doctor Moon, coreano de éxito que incluso casi domina un pequeño país latinoamericano.
            Pero a lo que más aspiro referir en este palabreo sostenido viene a ser  el aún no deslindamiento definitivo de ambos poderes, el espiritual y el estatal u oficial contrapuesto, que todavía a estas alturas del calendario existente por no solucionar ese problema de carácter mundial comporta un sufrimiento doloroso a los pueblos que padecen ese peso inusual de los poderes por no estar precisamente separados, y porque como viviendo aún en la Edad Media de los prejuicios dentro de la edad científica que nos rodea, tal desajuste humano mantiene un grado de conmoción permanente en el interior de las sociedades que viven este flagelo (sharia, yihad, etc), como bien se demuestra con las guerras endémicas sostenidas por muchos pueblos bajo sustratos de antecedentes religiosos y como el caso presente que conmueve la opinión mundial en referencia con los países islámicos, que elevados y mantenidos bajo creencias esclavistas muy severas que datan nada menos que del tiempo existencial del profeta Mahoma, han sido objeto de ríos de sangre permanente y lo serán por mucho tiempo si no se pone coto a esta desgracia a nivel de una comprensión o entendimiento en beneficio de los pueblos sacrificados por las consignas místicas, como lo podemos ver palpando en esa suerte de epidemia con trasfondo religioso y cultural desde luego que se debate entre bombas, el genocidio estéril y tanto fuego cruzado en muchos países cuya fe religiosa es el Islam. No quiero con ello decir que por esta vía voy a entrometerme en sus asuntos teologales, que muy graves los están viviendo al calor de las ideas contrarias a la vida actual y a lo que se aspira, sino porque el salvajismo ha vuelto a aparecer, con grupos como Alquaida y su jefe extinto Bin Laden, sino en pueblos con grupos afines pero no gemelos en cuanto al pensamiento en esta materia, como el caso de Siria, y el problema que sufren Nigeria, Mali y Egipto con las parcialidades cristianas que son fuertemente abatidas mediante grupos contrarios a sus religiones. Esto, apreciados lectores, con el raciocinio expedito del siglo XXI se debe acabar, porque con el manejo de los medios publicitarios y la uniformidad de las costumbres todos los del planeta tierra, incluso los menos desarrollados, debemos pensar en ir limando tantas asperezas extremas, poniendo en ello mucho empeño sus dirigentes religiosos, porque a esto me refiero, para que exista una paz verdadera en nuestro mundo actual, por encima de sectarismos, abusos de poder y sentimientos hegemónicos  de los grupos y las creencias a que estoy dirigiendo mi palabra. No puede ser por absurdo desde todo punto de vista racional que mientras el ser humano conquista la luna o marte o las estrellas, con la alta tecnología que desarrolla y mirando las cosas con visión de futuro, por el contrario existan mentes ciegas y no ruborizadas que ordenen la muerte de pueblos enteros, hasta por placer vengativo, o que sacerdotes de esas creencias alejadas del siglo pensador en que vivimos que aún luchan con métodos inquisitoriales, valga el caso de colgar seres humanos por delitos que hoy no pueden ser reconocidos como tal, o el ejemplo muy específico del reino Saudita, en Arabia feliz (¿?), que por la circunstancia de tener en el ámbito de su geografía lugares sagrados de la creencia mahometana, se dan el lujo de someter al martirio feroz a la población, y en el caso específico de las mujeres que en siglo XXI por minusvalía enfermiza se les prohíbe manejar algún vehículo motor si un  familiar hombre no las acompaña, o si por causa de la comprensión en eso común de la humanidad que se llama amor, y el culto mundo árabe tiene bellas narraciones en ese sentido erótico, cualquier desaguisado ocurre, por sí o de causa extraña, la mujer es condenada a la lapidación hasta la muerte, o si una miembro de la familia real se casa con alguien que no es de su clase, al hombre se le decapita en la plaza pública, tal cual vio un amigo diplomático acontecer en una plaza colmada de público en Ryad, o a un ladrón se le corta una mano y si reincide se le corta la otra, o se entierra viva a la mujer adúltera o casada como en el caso de los drusos, y tantas barbaridades sadomasoquistas se pueden traer aquí a colación que son aceptadas y hasta protegidas por absurdas y retrógradas leyes del siglo VII de nuestra era, tan alejadas de la realidad para vivir en otro mundo cavernario, protegidas y aupadas por sacerdotes doctos y hasta universitarios que no entienden suavizar tales barbaridades en este siglo de vida cómoda y satisfactoria en que vive la civilización y sus habitantes, como el caso trágico del poeta hindú Salman Rushdie, que como pensador libre osó tocar un tema referido a la presencia física del venerado profeta Mahoma y por ello fue cruelmente condenado a muerte y hasta en el ensañamiento procaz ofreciendo recompensa atractiva a quien cometiera ese vil  asesinato, como obra dispuesta por altos jerarcas de la iglesia mahometana, que no quisieran tales castigos para los de su intimidad.
            Pues bien, sobre dicha misma armadura ideológica y sin que se toque temas de profundidad, otra antigualla inútil y desconcertante por esa estimada religión monoteológica es en referencia con la prohibición absoluta de interpretar al patriarca Mahoma, según pueda bien concebirlo cualquier creyente en su santidad bienhechora, exhibiendo una pintura idealizada de su creación, como lo hacen las demás grandes religiones del orbe, sea dicho la representación simbólica de Buda, Cristo, Confucio y cuantas puedan aparecer, porque al contrario de dañar, ayudan a los fieles creyentes en cuanto a la firmeza del culto mismo de esa grandes figuras de la humanidad.  Eso reitero, debe suavizarse y cambiar, para el bien de todos, el conocimiento de sus figuras y la paz de las iglesias, que en cierta forma es la paz de la humanidad, y para lo cual los grandes centros docentes como El Cairo, Damasco, Marraquech y tantos otros existentes deben entender que los fieles creyentes viven en el siglo XXI y hacia adelante, y no estancados por caducas interpretaciones fuera de sentido y espacio, en el tiempo en que el gran profeta Mahoma impulsó con fuerza y fe esa religión tan expandida en el mundo pero con fuertes retrasos emotivos por causa de intérpretes obtusos.
            No vamos a sacar ejemplos de cultos caníbales que aún pudieran existir en Borneo, Papúa o Sumatra, ni el exceso de los tamiles de la India, tantos inmolados del Tibet, de los talibanes en Afganistán, entre otros, pero si quiero dejar sentado que la religión ha ejercido y ejercerá cierto freno en la conducción de los pueblos, como el caso judío  y sus reglas estrictas de conducta, por lo que de una u otra forma han sabido enrumbar a sus creyentes dentro del vasto mundo en que ahora se mueven las iglesias y creencias del orbe, cuando  muchas de esas conductas escritas tantos siglos atrás chocan de una manera irremediable contra las realidades presentes que mueven a los pueblos mediante razonamientos probados ante toda consideración y estudio, porque si a ver vamos, en lo poco que conocemos de la religión católica cristiana, desde que la perrita Layka le dio vuelta a la tierra buena parte de aquellos principios morales religiosos y de conducta fueron sacrificados en aras de la verdad científica, porque de otra manera  no pudo ser, quedándose para los fieles creyentes y apenas en supuestos de fe aquellos antecesores llamados por la Biblia Adán y Eva, y de allí en adelante todo lo que ocurrió especial por miles de años, como acaece con las demás religiones serias, digo yo,  porque si a ver vamos dentro de la probanza científica, por ejemplo, el Diablo o como se le llama, el espíritu del mal, el rey de las tinieblas y otros nombres asignados, desapareció por siempre cuando el inventor de la luz artificial, Thomas Alva Edison, acaba con tales tinieblas y Mandinga o Lucifer  o Belcebú se esfuman por la vida eterna, o como cuando en probetas de laboratorio se puede concebir un ser humano, o clonar un animal, la oveja Dolly, o volver a crear otros seres homínidos ya desaparecidos, como es el caso de los neardenthales, que pronto volverán a ser realidad. ¿I qué dice sobre esto las tantas religiones existentes?. Ahora tendrán que pensarlo muy bien porque de otra forma el tsunami que arrasa es indetenible. Y es por ello que esto repito, para bien de la humanidad. Sea mediante la sabiduría de organizaciones internacionales como la ONU o cuantas científicas se dediquen a los  temarios expuestos, a fin de que se reúnan para tratar esta materia candente, bajando cada uno la guardia de sus pretensiones, porque aunque sabemos que el hombre y la guerra son dos asuntos consustanciales, debemos pensar tantas desgracias habidas para evitar colapsos posteriores que arruinarían el planeta en que se habita. Aquello de que quien desee la paz debe armarse para la guerra  como se pensaba a lo antiguo, es cosa de pan comido, porque el ser humano debe en todo caso buscar la conciliación y nunca más los trastornos sociales que aquí a grandes rasgos he señalado, en lo que repito las diferentes religiones y sus altos dirigentes tienen la última palabra, para que el género humano pueda convivir sin el temor del apocalipsis, que de una u otra forma y sin escape alguno podría ocurrir.           

martes, 22 de enero de 2013

FRAY MAURO DE TOVAR, UN PECADOR NO ARREPENTIDO.


Amigos invisibles. Cuando relato escenas escalofriantes de la Iglesia en Venezuela no lo hago con alguna intención sesgada, sino simplemente para recordar escenarios que se vivieron en determinadas etapas históricas y que dejaron como recuerdo un fardo contentivo de muchas situaciones especiales que poco se conocen, como es el caso referido del obispo fray Mauro Diego de Tovar, un  hombre con unción de obispo que vino desde España a estas tierras lejanas para ser todo menos sacerdote, porque en múltiples problemas se interpuso, o mejor produjo, dentro de un carácter violento donde a la antigua se creyó dueño y señor de todo, como un caballero medieval impuesto por la espada, porque las pendencias en que viviera inmerso durante esa larga residencia de 14 años que tuvo en la diócesis caraqueña, dejó mucho que desear, salvo los herederos familiares, que sí vinieron en son de paz y de construir familias con los naturales de estas regiones en buena parte salvajes. Que no lo diga yo. De donde reitero que fue un hombre rollizo, corpulento, lleno de pasiones, chapado a la antigua inquisitorial, temible, resuelto, tenaz y  con mucho poder,  pero no un sacerdote manso y bueno, sino todo lo contrario, dejando una estela de desgobierno fanático, entre otras curiosidades, que lo recuerdan imprudente, exacerbado, amotinador, pues a pesar de la misa que practica aplicaba el odio por principio personal, la desunión y hasta el terror, de donde ustedes se podrán dar cuenta de esta clase de ser humano que comento, a pesar de la cristiana investidura que tenía. Cosas veredes. Ah, y por si acaso toda esta suerte de hechos cuanto errores fanáticos que aquí narro con frialdad, ya algunos versados sobre el tema han hecho uso de tales ejemplos escalofriantes,  por lo que criticar con base cierta y reiterada tiene mejor justificación.


         Para ir enderezando la proa de este juicio sereno a que nos referimos como ejemplo de ese ser radical, diremos que tal personaje de nuestra etapa colonial era español, nacido en la octava década del siglo XVI, o sea en 1582, en Villacastín, villa y terreno segovianos superpuestos en serranías y pinos de paisaje, y cuyos padres fueron don Antonio de Tovar y doña Ana Valle Maldonado, sin conocer otros detalles de dicha familia lugareña y que por cuestiones del tiempo donde abundara la vida monástica como debido a razones críticas o confesionales el joven Mauro con alguna vocación y según era costumbre, en época de la mayor pubertad debió ingresar en 1600 para emprender un largo camino monástico al muy importante convento benedictino o sea de la orden de San Benito El Real, comparable a Cluny y Montecasino, situado en el castizo Valladolid, y donde ordenado dentro del escalafón necesario por sus virtudes iniciales ha hecho carrera vistiendo hábitos correspondientes hasta llegar a ser Prior y Abad en dicho cenobio, y así,  con la calidad demostrada por la vacancia habida en el obispado de Caracas o Venezuela, en 3 de octubre 1639 el papa Urbano  VIII  con anuencia del rey Felipe IV y el poder del  conde-duque de Olivares, desde Roma lo escoge para ser obispo de tal extensa diócesis indiana, sucediendo de este modo al canario Agurto de la Mata, quien lleno de miedo por la “infestación” de piratas recien había trasladado la sede catedralicia y episcopal de Coro a la ciudad de Caracas. Pero como las cosas cambian, según lo afirma Copérnico y hasta Galileo, el tranquilo fraile Mauro al tomar posesión de su feudo eclesial, en diciembre de 1640, una vez que oye campanas sin saber de dónde y disgustado con el poco quehacer espiritual de la grey, entre las comidillas de los correveidiles que persisten decide entrar de lleno al ejercicio de su gobernación espiritual, que aspira serlo eclesial y civil, de donde con prontitud vemos expresado el perfil sicológico cuanto guerrero de quien ya ostenta el poder que acapara y que sintetiza el académico Castillo Lara, por cierto sobrino de un arzobispo caraqueño y otro cercano cardenal, donde entre algunas perlas añadidas dirá que el segoviano era de talento y ágil, pero también apasionado en extremo, dominante, tiránico, orgulloso, despiadado y hasta arbitrario, por lo que mejor perfil no se podía demostrar sobre tal personaje.


Pues bien, una vez que agarra el báculo episcopal De Tovar declara la guerra a casi todo el mundo, o a los que no estaban con él, para sujetarlos a sus creencias radicales y retardatarias en materia espiritual y humana, de donde desencadena una feroz batalla contra la congregación mercedaria ubicada en Caracas, al extremo de destruir personalmente sus pertenencias materiales (oratorio, hospedería, la propia iglesia, pronunciando palabras “ignominiosas”), y llega incluso a excomulgar en tres ocasiones al fraile Juan de Espinosa, que los dirigía, porque según él en la confrontación de los poderes “habían menospreciado su autoridad”, mientras ordena  en una segunda vez a dar también fuego a las pertenencias que se habían salvado sacando a los frailes a empellones de su hogar y hasta maniatados. Y en cuanto a eso se refiere, la coge también con el dominicano y gobernador de Venezuela, Ruy Fernández de Fuenmayor,  a quien  “no le tiene por más cristiano que a su caballo”, y en una guerra “de preeminencias” quita las sillas  reservadas dentro del templo al Ayuntamiento, y en el motín que sustenta veja de manera constante expresando que el dominicano gobernador era miedoso, para doblegarlo ante su propia férrea autoridad, lo que no consigue desde luego, mientras sigue encendiendo los ánimos en contra y a través de nuevas excomuniones y amenazas, en los conflictos que cada año a partir de diciembre de 1640 atiza, sin ninguna misericordia. Así desde 1641 enfrenta a su Cabildo eclesiástico contra el Municipal, en una guerra sin sentido, y en el 42 se niega a enviar capellanes en los barcos de Don Ruy, que deseaba desalojar a los holandeses de Curazao, y hasta tiene los riñones de promover una deserción de tropas reales acantonadas en el puerto de La Guaira, escondiéndolas en la propia sede episcopal, que así se convierte en refugio de desertores y enemigos, mientras que con algunos y a fin de ampararlos en la fuga los ordena sacramentalmente, para eximirlos en la obligación de ir al combate. De igual forma en nada colabora haciéndose el loco para detener la amenaza de una flota inglesa al mando de William Yackson que en diciembre del 42 se presenta frente a La Guaira con fines non sanctos. Así la sociedad se divide en dos bandos, o sea los que están con él, y los que le adversan sus modos atrabiliarios, por lo que para mejor manejo de la situación tiene a un sacerdote de compinche en estos menesteres divisorios, o sea a Marcos Arista de Sobremonte, capitán de su banda, violento,  pendenciero, estrafalario y poco escrupuloso, que vive en gran escándalo y vida poco recomendable,  al servicio permanente del obispo y para esos asuntos privados, quien con desparpajo llega a expresar que no es pecado vengarse del enemigo y al que por vueltas que da la vida luego se le  designa obispo de Puerto Rico, silla que no llegó a ocupar.


         A poco De Tovar no se queda quieto y en 1643 promueve otro gran escándalo citadino, por anulación de matrimonio entre dos fieles conocidos, de donde con pelos y señales aparece en el expediente malos tratos a la dama y amancebamiento con su hermana por parte del esposo, disponiendo así la prisión  de los hermanos Ponte, la amenaza de excomunión a quienes los protejan, y también para remate de tal locatera excomulga y con vejación pública, como era su costumbre, a la madre de la encausada calificándola de encubridora (es presa, cargada de grillos pesados, se le azota públicamente, y en acto de venganza frailuna se la pasea desnuda con una corona de capirote  por las calles capitalinas para el escarnio debido, por lo de la fuga de esta pareja enjuiciada, como por no haber bautizado algunos hijos, y a otros interesados también castiga por no presentar testigos en este juicio familiar. Para colmo de esa actitud episcopal De Tovar excomulga a Don Ruy, a su teniente general y a los alcaldes ordinarios de Caracas, por no haber sido diligentes en cuanto al juicio que este sacerdote atrabiliario sostuvo de manera infame contra la familia Ponte (los tiene bajo cepo e incomunicados, aplicando tormento y por más de dos años presa retiene  a la encausada, rematándole sus bienes), negándose luego el obispo a entregar recaudos que lo inculpan en tan tremendo escándalo, por lo que a su vez, cazador cazado, la autoridad eclesiástica dominicana con bastante razón lo excomulga, en este tan siniestro juicio eclesial. Y como pronto ya Madrid se cansa de tantos desafueros promovidos, envía de nuevo Gobernador a Marcos Gedler y Calatayud, quien vista esta escena de comparsa titiritera llega a Venezuela por Maracaibo y allí se queda un tiempo, mientras el irascible De Tovar, nominado obispo de Chiapas, en Centroamérica, hoy en territorio mexicano, se trasladaba a ese bello rincón montañero, que hace un tiempo visité siguiéndole los pasos al terrible hombre, pudiendo determinar que siempre habitó por más de una década en San Cristóbal de Las Casas, en cuya iglesia de Santo Domingo descansa quien nunca dejó descansar a nadie, ni de viejo (de mal genio, “el iracundo con todos se peleó”), en aquel paisaje mexicano porque su enfrentamiento de llevar la contraria contra todo siguió igual. Murió con más pena que gloria ajustando 84 años de lucha severa en sus tercas creencias, o sea el 3 de noviembre de 1.666, en el rincón bucólico de su episcopalía. Todavía en 1648 la familia Navarro, de Caracas, ante el Consejo de Indias de Sevilla presentó un memorial de agravios contra este escandaloso levita, contentivo de 38 piezas de documentos, donde demostraban los desaciertos y arbitrariedades cometidos por el mismo que viste y calza, de quien con al excusa necesaria voy narrando tantos hechos ilícitos y hasta penales. Pero como tenía familia que dejara en Caracas, luego ennoblecida por el Rey español, tardó varios años en viajar a su destino. De esa su permanencia en México escribí oportunamente un trabajo periodístico, que fue publicado en el diario El Universal, de Caracas.


         Ahora voy a traer a colación otros datos más que poseo porque la fiesta no termina aquí, ya que hay mucha tela que cortar, como lo anoto en mi libro “Historia Oculta de Venezuela”. En efecto, De Tovar con el grupo aludido la emprende contra damas de Caracas y por nimiedades en el vestir les dicta castigos inquisitoriales, y hasta a la señora Díaz el obispo ordena azotarla en el propio templo, lo que fue cumplido con rigor. Por esas mismas causas viene un Juez metropolitano desde Puerto Rico, para aclarar este nuevo problema. Entonces De Sobremonte y su cuñado Buenaventura de Cabrera intentan asesinar al gobernador Ruy Fernández, pero el que sale herido de muerte con dos cuchilladas  es el Juez visitante, e incluso de las resultas el prelado excomulga a partidarios del gobernador. Los pleitos continúan y De Tovar acaso en la venganza a una dama familiar del gobernador Fernández la hizo echar del templo a través de un “perrero “ que cuidada tres feroces mastines” de Su Señoría, en medio de una guerra sorda de asaltos y palizas nocturnas. Como bien lo tildó el historiador Ramón Díaz Sánchez  De Tovar era un sicópata, “que no escatimaba ningún dicterio para sacar de quicio o avergonzar despiadadamente  a los que eran objeto de su enojo”.   Y continúa con la “guerra de potestades” contra el gobernador Fernández, tildándolo que realizaba cohechos, que se casó por interés y que también hacía jurar en falso. Y en ese mismo tono discordante pronto la cogió contra el escribano Diego Rodríguez Espejo, a quien veja sin compasión, y donde en su furia irracional lo tilda de infiel, venal, prevaricador, y aun con más cólera le llama socarrón, bellaco, puerco, “y estuvo a punto de golpearlo”, esta vez porque dicho funcionario contradijo los deseos del obispo respecto al convento de La Merced, ofreciendo a su vez darle de garrotazos. También se introdujo en problemas raciales existentes en la gobernación, donde  “por  cada persona (blanca) había 40 negros”. Y para llevar a cabo los pretendidos fines Su Excelencia se gastaba un “ejército particular” y amedrentador, que estaba armado entonces de espadas, arcabuces y “hasta cañones pedreros”.


         Otro aspecto de esa vida rencorosa del obispo en cuestión es el pleito que forma con las Monjas Concepciones de Caracas, en 1643, en que la abadesa de tal reclusorio conventual, sor Isabel de Atienza y Carvajal, debe salir intempestivamente de Venezuela para salvar la vida, pues como acusa esta hermana superiora “me persiguió…. y ultrajada de dicho obispo… y temerosa de sus rigores y procederes me vine (a Santo Domingo)… sin avío…..  que de no habérmelas dado el dicho (gobernador) Fernández de Fuenmayor y bajel a su costa (yo) pereciera…”. Este encono episódico del obispo debió ser porque en dicho convento vivían tres religiosas fundadoras, Inés, María y Elvira de Ponte, de la familia antes señalada, quienes vieron pasar a su madre desnuda de la cintura arriba y montada sobre un asno, con capirote encima y azotada por dos esclavos, como antes expuse, mientras sus hijas reclusas lloraban desconsoladamente.  Pero ya que no se podía quedar tranquilo en el rencor  que sostenía pronto el obispo encauza sus ataques contra el  licenciado Juan de Salinas, Tesorero del Cabildo Eclesiástico, porque no se plegó a su pandilla, y al considerarlo disidente lo despoja del cargo sin poder siquiera ingresar a la catedral, y aunque las autoridades superiores decidieron a su favor una vez recurrido a ellas este licenciado sobre sus rentas caídas y beneficios, el infortunado tesorero nunca pudo percibir nada, haciendo fray Mauro caso omiso de las tres reales cédulas que así lo expresaran, por lo que Salinas murió arrinconado en la pobreza, el odio y la intemperancia de tan violento enemigo. Como anotamos De Tovar siguió por otro tiempo largo residiendo en Caracas y haciéndole la vida imposible al gobernador Gedler y Calatayud, a quien supongo sacara de sus casillas, aunque supongo la decencia lo retendría. Y cuando al fin se va de Venezuela, “ni el polvo mismo quiso llevarse en sus zapatos”, como se reseñó oportunamente, para hacerles la vida imposible a los chiaperos de aquel tiempo molesto, durante once años más, pues murió en San Cristóbal de Las Casas de un ataque cardiaco, no arrepentido de sus tantos errores, el 5 de noviembre de 1666, y para regocijo de algunos. No quiero opinar  en otras consideraciones. Ahora póngase usted de juez colegiado y sentencie sobre el personaje, en cuyo veredicto creo esté acorde conmigo.

sábado, 15 de diciembre de 2012




                      EL PEQUEÑO GRAN REINO DE LILIPUT.


 Amigos invisibles. Dentro de tantos temas a tratar ahora recuerdo tiempos pretéritos cuando acariciábamos sueños infantiles que con alguna facilidad acicalada de picardía pudo enseñarnos muchas maneras de pensar al momento en que uno despega de ese Shangri-la dubitativo, para enterarse que a los quince años el ser ya despìerta algunos con bigotes y ojos saltarines para escudriñar en realidades aunque no suelta prendas en eso que llaman compostura emocional y tendencias subjetivas, según lo describiera Carl Jung. Pues bien y como hoy amanecí de bala, acorde con la aguda expresión del poeta izquierdoso Víctor Valera Mora, voy a tratar de reconstruir el mundo de Liliput, que había sido agitado por un estruendoso terremoto desde las épocas del zar Josef y que resucitó hace poco tiempo, para que juntadas las piezas requeridas de aquel reino que leyera en retrospectiva época familiar, poder así dar cuerpo y vida a ese franquestein icónico y tropical que hemos creado (futuro santurrón) para el solaz de los locos y la distracción de los cuerdos. Voy a contar pues, como me lo contaron, y valga la redundancia, en busca de su satisfacción.
            “HABÍA UNA VEZ un reino proveniente de atrás, desde tiempos del incomprendido Simón Bolívar, que venía manejando a los súbditos con los mayores inconvenientes donde los señores todopoderosos se embolsillaban las ganancias pero no las pérdidas, que con habilidad contable eran dejadas por pagar a la gleba mediante la utilización de costosos impuestos o gabelas, y sin sentir tamaño sacrificio el tiempo transcurría mientras algunos se quejaron con angustia y otros lloraban de felicidad, lo que llevó a correr la cortina del tiempo a través de tantos caudillos macheteros y de infelices vástagos que caían en los campos pestíferos de la malaria, la barriga hinchada, la tuberculosis, el hambre y la fraudulenta Guerra Federal, donde olían los cadáveres por todas partes  ya que los zamuros no se daban abasto, para así continuar en un vaivén inagotable a través de otros compulsores tenaces dejando correr los años que restaban del siglo XIX mientras satisfacían el ego viendo el increíble nacimiento del telégrafo, las carreteras de pico y pala, la radio y hasta las nuevas estafas engañosas y maneras cínicas de vivir de los demás. Ya habían pasado los recuerdos de la nobleza colonial fundadora del reino, desde los tiempos del asustado marqués del Toro y de atrás, que apenas dejaron una estela de contradicciones y de lagunas mentales productoras de ceguera entre los más cuerdos. Pero llegó el momento en que dentro del reino resquebrajado todo quería como cambiar a mediados del siglo pasado, luego del paso del cometa Halley, porque ya no se aguantaba la verborrea abstracta del medio conservador de ideas y la inercia de algunos liberales obtusos que sin hacer ruido por nada querían salirse de sus casillas programáticas. Y parece que aquello fue una suerte de revolución evolutiva (¡caramba¡) porque desde nuestro amo y señor Carlomagno, el fiero, no se había sentido tanto peso en el malabarismo de la palabra discursiva ni menos en la escasa sucesión de los hechos, porque a decir verdad dentro de los estamentos sociales apenas se entendió hablar a ratos mascullante y de cosa parecida sobre un tal Lenin, que según recuerdan los de aquel tiempo de su bautizo espiritual, era pedante, echado para atrás, medio barrigón, con el dedo alzado cual director de orquesta, chiquito, calvo y barbudo, pero con una cabeza rabelesiana y un genio rocambolesco que ni el mismo Verlaine hubiera podido con ese espíritu jacarandoso y bohemio, que no quiere decir etílico. Pues bien, como vamos andando en el hilo torcido de lo escrito, en ese medio siglo aparecieron por el reino unas cabezas calientes con razonamientos muy raros, hablando de cosas incomprensibles como el cuento de la propiedad, de los derechos aún no escritos y desde luego que de las izquierdas, que en ese batiburrillo que se forma, los pares, los infanzones y los hijosdalgo se pusieron temerosos del presente porque contradecía el espíritu de la realidad venida de lejos.”
            “Así, de estas remembranzas insalvables y frente a tanto bicho de uña aparecido, según contaba el pueblo olvidadizo, volviose al curso ingenuo de lo anterior, es decir a los recuerdos preñados de aquella frase sentimental de que “todo tiempo pasado fue mejor”, aunque ahora oliera a aceite quemado, a estiércol del demonio y a gasolina barata por doquier, que contradecía la vivencia anterior, al extremo que jugando a Rosalinda entre militares obsoletos pero que eran de escuela marruñera y una juventud desbocada con tantos grillos en la cabeza, fuimos andando por un período superior al que Luís XIV mandara desde Versalles, pero con el mismo tronío de la buena mesa, entre licores, manjares, putas acicaladas y la mejor vida real. Desde luego que existían enanos por doquier y hasta gigantes y cabezudos que asustaban a los herederos del status que fuera construyéndose, mientras ya se oía hablar de alguien que iba creciendo dentro del mayor anonimato, el olvido hasta de los pájaros chillones y de nombre Gulliver, porque engullía mucho y nada engordaba, de donde dentro del espíritu llanero groserón que vio crecer sus pasos mal llevados siempre lo llamaron Tribilín por lo flaco y viva la pepa en que anduviera, queriendo ser una suerte de mago siniestro dentro de lo que amaba, o sea de un tal béisbol traído por los conquistadores americanos, que imitando a Colón se llevaban el petróleo gasolinero y apenas dejaron espejitos de apuestas y conchas marinas por recambio. En ese período tan especial previo y hacia la debacle total dominada por una claque afanosa en busca como Midas para encontrar el camino de El Dorado, es cuando se le abren las agallas a un grupo inexperto en la caza y la pesca de las oportunidades, por lo que de orden del Inquisidor presumido son tirados en un calabozo del palacio para purgar las culpas, pero como siempre sucede un príncipe viejo, engominado y agalludo mayor, luego de dos años de cana o de chirona, porque aquí también se usan términos de germanía gitanesca, les abrió las puertas de la prisión que no era tal, para que con  aquello de “Idos, y que Dios os proteja”, echar a correr envenenados con tanto alboroto mental que portaban, porque muchos habían sido entrenados por la momia mayor del Caribe en eso de la conspiración constante, o sea de poner bombas, encapucharse, secuestrar, vacunar, tirar piedras, disparar a mansalva, aliarse con grupos mercachifles de drogas, utilizar sicarios, lanzar bombas incendiarias que el vulgo llamara en ortodoxo ruso Molotov, formar guarimbas, presionar y odiar siempre por consigna de cartilla que envilece, y otros desmanes predeterminados estilo guerrilla en un largo cuestionario que los tenían como envueltos en niebla e inflamados de pasión mediante globos caseros aerostáticos, a los medio sumisos contribuyentes de ese reino de tucusiapón tan cuestionado, que me recuerda al momento los signos oníricos de la disparatada ínsula Barataria”.
            “Pero bueno es ahora referirnos a esta suerte de príncipe mendigo que apareciera nacido con partera humilde en los entresijos interioranos del llano adentro, en el reino opositor de la mentira tenida por fachada y como elemento vital, donde nada se creía para poder creer todo y donde la rapiña, el plagio y el abigeato por la pobreza ancestral era el modus vivendi de esas comunidades atenaceadas por la peste, las garrapatas y los enemigos de siempre. Nuestro príncipe viviente al estilo quijotesco nació en aquel medio tan rastrero, criado con leche de cabra hipnotizante, y con tal o cual paliza sobre las costillas enclenques que de nada sirvieran para enderezarle el carácter burlón y juglaresco, porque desde mocoso se creyó superdotado en el canto que desafina  y a la tierra enviado por Zeus para acabar con los grandes imperios y hasta con el reino mismo, según instrucciones habaneras que en un lavado de cerebro le fueron calmando los pelos de tornillo camita arriba de los ojos con tales inventos mentirosos cada vez mayores, al extremo que en consejo del reino se propuso darle el título de bufón mayor y de entretenido payaso de la corte para hacer reír a las meninas, atrayentes damiselas de alcoba y selectas encopetadas, como a los borrachos del barrio, aunque él siempre cuando se acostaba con hambre soñó que algún día iba a emular al famoso Marqués de Barinas y al de Guanaguanare, a unos tales ricachones Pulido, como al no menos feudal propietario de inmensas sabanas con hatos, de nombre Ramírez, y hasta la misma familia Bolívar, cuyas posesiones y riqueza llegaban hasta los Tiznados, en el Guárico Central. Esa obsesión persecutoria de envidia permanente lo llevaba en la sangre como algo muy profundo que le dominó el seso, aunque dicha tara la escondía con sonrisitas de cochino muy bien plasmadas debajo de la boína roja, que en un rictus portaba desde cuando fue execrado del medio militar por recias fallas de valentía, pero como el que busca encuentra y esperando no las de Villadiego, que era su costumbre, sino aquella oportunidad que la pintaran calva, por descarte y suerte de unos tales santeros que le ensalmaron a la orilla del malecón de La Habana invocando a babalú, por acaso del destino confuso en que se hallaba el reino llegó a ganar la lotería mayor a punta de hacerse el sumiso, el yo no fui, el si te miro no te veo, el empuja que voy atrás, el manso franciscano de Asís, y así tejiendo toda una telaraña inútil dentro de un inmenso engaño en medio de discusiones vacías logró ponerle la mano al trono reinal ubicado en un palacio rococó feo e incómodo que en las Américas llaman Miraflores, que por cierto no se ven si no se siembran, y con esas artimañas de siempre y haciéndose el santurrón al estilo del humilde y cojo Sixto Vº papal trentino, desde que agarra el toro por los cachos en el reino primero entra en una lloradera a fin de convencer a los paniaguados mediante la operación fraguada de dar lástima para que esos aturdidos votaran a fin de reformar la sacra y seria Constitución con el objeto de hacerla a su medida, o de plastilina, y una vez de nuevo engañados los votantes cegatos por el polvo de alguna burundanga que echara ante los ojos, comenzó a salir de sus entrañas el tremendo aventurero Gulliver que sin contar con la astucia habanera guardara por dentro de sus entresijos para hincar mediante el fraude y siempre el engaño, la más desacertada escena teatral que haya conocido la humanidad desde tiempos del tirano Adolfo, porque a partir de entonces el reino de guatepeor comenzó a dar saltos sin sentido hacia las sombras y a vivir del mal de San Vito, que ahora intrusos sabelotodo llaman de Parkinson.
            Comenzó como cualquier mísero dictador imitando a los romanos Mario y Sila, hasta en eso de la tierra, de la pachamama indígena como gustaba entenderla, de donde se dedica a engañar al mundo pero que no fue siempre, en un viaje constante fuera del reino para inventar mentiras o falsías (dicen sin inmutarse que la política es la ciencia de las mentiras), mientras en lo interior de su mando y para otro engaño más decide establecer un juego electoral novedoso, permanente, lleno de máquinas electrónicas manejables a distancia y otros artilugios sesgantes con lo que el mundo ajeno a la realidad se congratula en la trampa y así lo erigen como patriarca de la democracia, de gestor imponente de los derechos humanos, de padre bíblico de los desposeídos, de califa de la arepa y la mantequilla de coco, hasta cuando descubren sus intenciones drásticas, odiosas, guerreristas y llenas de saña, como Pio Gil pudo cantar al cabito Cipriano Castro, en que todo fue colocado a su medida para gobernar sin barreras, mientras el reino con la luz exterior agonizante y a través del terror se sumía en un país sin alma, callado con tirro, lleno de miedo, porque a través de una famosa lista de Sir Tascon, que maneja a su antojo, acabó con todos los adversarios solapados, y los 20.000 técnicos petroleros también, mientras los barones del país y de la droga manejados por la industria minúscula, el colapso caótico y las fuerzas vivas en terapia intensiva, como el vasto mundo petrolero deudor, hacen un paro que se transforma en golpe de estado, en que se entrega a sus adversarios el alicaído rey de bastos o de opereta, aunque luego reviva porque sus opresores con el cuento de vacío de poder no se ponen de acuerdo sobre el valor de esta presa codiciada, de donde por arte de magia de los babalaos el omnipresente y todopoderoso patriarca del espacio regresa a ese Trianón que es Miraflores para atornillar más al reino que cada día se centraliza con mayor vigor y donde no se mueve una paja sin salir de su boca alguna orden expresa. Como todo dictador ya declarado y conocido por el mundo, dejó de viajar porque nadie con este rabo de paja lo invitaba, ni siquiera autoinvitándose, sino los más abyectos dictadores de otras localidades, de donde se esmera en molestarle la paciencia a los súbditos, y como nunca tuvo nada decidió tener todo, comenzando por la tierra privada, con la maestría de un caco de alcurnia, porque su abuelo fue lo mismo en cuanto al hurto permanente y murió en la cárcel pagando tantas culpas sumadas, de donde la extensa provincia natal ganadera fue expropiada con un úkase inapelable, al estilo de Atila, para así reunir a la numerosa familia imperial con sus cachorros que con rapidez exhibía la riqueza en hatos, vehículos blindados lujosos, guardias pretorianas, prendas de alto valor y fajos de billetes de esos que llaman verdes, y donde Madame Pompadour con el chihuaua en su mano y el profe Baco atarantado y mudo, vivían en otro reino imaginario, mientras el aventurero Tribilín estudió artes marciales para sacar las peores notas y por ello el reino antecedente en respuesta lo destina a cuidar fronteras perdidas donde también reinaban los malhechores, los guerrilleros amigos del desterrado y toda clase de crápulas sin ley ni castigo, porque era difícil reconocerlos. Pero nuestro príncipe y antes de asaltar el poder, que lo hizo por los medios más bajos, se dedicó a ratos a leer libros que confundía con Maquiavelo y sin sacar sustancia leía el Corán de derecha a izquierda porque nada entendía, la Biblia de Lutero llena de contradicciones contra la sagrada palabra del Vaticano, algo de Confucio en mandarín con diccionario adjunto, que no entendía ni papa porque se lee de arriba para abajo, y así otras barbaridades que a su inteligencia hueca le sirvieron como un nirvana indetenible.
            En ese entonces comenzó a conspirar contra su propio juramento de lealtad al reino, uniéndose con oficiales del imperio engatusados por el marxismo venenoso y la traición, haciéndose el paladín, o el comodín de esas encerronas sediciosas, pero cuando le tocó de veras echar plomo, plomo tenía debajo de las alas y ese mesías creído se acorbadó al extremo que todos sus compañeros en la asonada triunfaron menos él, que acoquinado y con la lengua suelta se esconde en una castillo parapeto sin almenas, ni puentes ni nada ventajoso, y así se entrega en las primeras de cambio, de todos cuyas jerigonzas aquí vuelvo a contar entre chascarrillos, melodramas y guasas chistosas que en mayoría conocen y se desternillan en la hora de sus recuerdos malogrados. Pero porque las cosas no son como se piensan, el cabecilla de la asonada se rajó, le dio culillo y el pretendiente a la comiquería, una vez estudiado por el viejo habanero, en él pudo apreciar un filón para ir adelante sobre sus pretensiones políticas trasnochadas, que se asientan en sangre, dándole así la mano del apoyo internacional incuidos sus denuestos e imprudencias, que el insular toreaba de manera sibilina, porque a partir de entonces el reino se hizo proveedor no solo de la arruinada segunda ínsula barataria, sino de ese complejo de personajes atornillados entre coqueros, timadores del estado, defraudadores bancarios, borrachos violadores, exguerrilleros tupamaros o de otras pintas, selectos pensadores ultrosos, y toda esa parranda de circo de pueblo que tanta bulla y alharaca montan para como David contra Goliat intentar destruir un imperio más tecnológico y potente que nunca. El reino miniimperial que recibiera el príncipe, que se cree aún saudita, ahora vuelto un desastre y empobrecido por demás, con inmensas deudas a pagar por generaciones, salió de una potencia imperial  especialista para entregarse a otra poderosa que es Catay, mientras la jauría insulsa que al estilo norcoreano aplaude sin cesar y menos chistar al todopoderoso Alá que él transforma en comiquita, y perdóname Dios, se ha enriquecido al extremo que salidos sus áulicos de los cerros y quebradas más desguarnecidas ahora viven en mansiones lujosas atiborrados de chequeras corruptas que se manejan fuera del imperio y pretenciosos se codean con los restos  de las familias nobles descendientes de Bolívar”.
            “Ah, pero decidió ver si era un Bolívar envenenado y por ello la calavera y algunos huesos los desentierra en un ritual de medianoche que no se acaba, donde el status que lo entorna en el jalabolismo admite ahora que debe  ser enterrado junto a él, mientras todos los organismos del Estado, pero todos, están a su mandar sin objetar conciencias ni menos disentir en lo más mínimo, porque serán barridos de inmediato rumbo al tacho de la basura. Recordemos los casos de Lange y Pérez Roque habaneros. Los poderes ejecutivo, legislativo, judicial (donde superabundan enanos), electoral, militar, que son por millones de seres, están a su entero mandar.  Y como era grande, omnipotente, omnipresente, comparándose siempre con un Bolívar hecho a la medida, modificando sus ideales, el príncipe de opereta optó por crear todo un mercado de inteligencias manipulables como Correa, para rendirle pleitesía internacional, o el nuevo inquilino intelectual que es un Pepe senil, el de barriga cervecera, con los votos necesarios en cualquier cenáculo comprados con el dinero faraónico. Por otra parte el príncipe de marras y desde hace tiempo fue escogido por la internacional socialista, la chucuta, y guardando las distancias, para esparcir la semilla comunista o comunal luego del traspié ocurrido con el tovarich Gorbachov, por lo que atrincherados en este país del petróleo a punta de publicidad sin freno, ventajismo electoral y de todo tipo, y leyes que aparecen por docenas como las penales y represivas, no teniendo tiempo ni para leerlas y menos entenderlas siembran el desconcierto por doquier, aunque su triunfo temporal sea pírrico por obra de la naturaleza que tampoco pudo vencer. Mas como nada es perfecto en la vida, ésta ha castigado sin contemplaciones al derrochador de la fortuna venezolana hasta llevarla a la ruina, mientras los mediocres barones del poder, entre ellos la claque narcoterrorista, se dan la gran vida, dentro y fuera del reino de quita pesares”.
            “Sin embargo como nada es perfecto, ni siquiera en la maldad y cuando el príncipe que manejaba varios estados títeres, alguna media docena en territorio continental, y otros varios en el Caribe principalmente angloparlante, como otros asociados en pilatunas y negocios como se mencionan los guyaneses, persas, los bielorusos, ahora la socia Cristina, y demás comparsa usufructuaria, porque ni bambarito lo salvó de caer en esas redes perniciosas, al robusto príncipe se le presenta y sin esperar un cáncer con tres fases que en cosa de año y medio escondiéndolo todo, hasta el menor resquicio de noticías, ha hecho de tal enfermedad un tinglado noticioso de medios en la primera página de lo escabroso, de donde mantiene una línea aérea directa y de lujo permanente con La Habana, incluso su familia principesca, que pudiéramos comparar con el caso de otro súbdito que hizo fama en los salones de la locura y la lujuria, o sea el cabito Cipriano Castro, de donde nuestro noble señor de sangre azul desteñida y sin medir los gastos ha puesto la bolsa rota que de ingente manera cancela el gobierno nacional, para buscar galenos, hechiceros y clínicas siempre habaneras, para guardar el secreto de Estado de lo que acontece en su tan deteriorado cuerpo, y porque desde luego que su desaparición no acarreará –por ahora- un cambio sustancial en el principado, sino en todos los súbditos y payasos internacionales que por dinero le aplauden, de donde verlo de otra forma sería una catástrofe pensar en que su muerte acabaría con todo el tinglado montado a lo largo y ancho de los intereses mundiales izquierdistas, para mejor decir comunistas de antaño, con los velos requeridos, de donde fuerza es decir que se va al abismo con un príncipe virtual que despacha desde predios habaneros, con una firma virtual que no es la suya y una voz desencajada, con la industria, el campo, las ciudades, las vías, la construcción en parálisis total, la inflación galopante y no se diga de la moneda “fuerte” nacional, que en 15 días se ha depreciado en un 90 por ciento, y el alma del trabajo acabados, mientras en la desbandada y la incertidumbre crece la yerba como verdolaga en los matorrales del reino y se asesinan miles porque la justicia y menos la seguridad existen.
            Ahora están los miembros del imperio angustiados y en espera del desenlace de la enfermedad del caudillo continental e intergaláctico, como lo llama la prensa venezolana, a ver qué cambia dentro de los cuatro sectores chavistas que se disputan el futuro mando, y las logias militares del grupo también, mientras algunos especulan que de desaparecer el príncipe de la epopeya inmortal, se enterrará en el sitio que ocupa el Palacio Blanco una vez demolido, para que desde allí y frente a su cercana silla de Miraflores continúe manejando la mediocridad algo así como Cristo entre sus apóstoles analfabetos, lo que cuesta decirlo y por siglos de los siglos. Mediante los ojos de la cerradura están mirando el fin de la comedia dolorosa del Franklin Brito agricultor, el caso emblemático de la jueza Afiuni, quien jugó a perder o sea el brujo Baduel,  y así usted con perspicacia complete la lista, que no demorará en llenarla. Y bien, ojalá sus cabezas no den vueltas con este relato pintoresco de tiempos antañones “cuando viene el coco y te comerá”, como se mantiene la mía”. Recordemos la conocida sentencia de Winston Churchill: “El comunismo es la manera más equitativa de repartir la miseria”.