lunes, 23 de mayo de 2011

DE COMO SE DIVIDE LA AMÉRICA LATINA.

Amigos invisibles: Existe tres maneras de interpretar este título cautivador, pues depende  de la óptica con que usted mire el problema. Y así vamos por partes. Dentro de una concepción clásica de lo que escribo sería acudir al pretexto geográfico y cultural de dicho territorio en estudio, por lo que dentro de las pérdidas territoriales sustraídas al entorno político, se puede establecer una zona de entendimiento focal que ocupa desde el sur del Río Grande, divisor de México con los Estados Unidos, hasta la irónicamente llamada Tierra del Fuego, en el sureño Estrecho de Magallanes, al extremo inferior continental donde usted  sentiría algo de hipotermia por escasear el fuego.
Pero entrando en materia, que por acá la inauguró el descubridor cosmógrafo Juan de la Cosa y antecesor de Américo Vespucio, la América a que nos referimos se extiende por varias repúblicas mal distribuidas que van primero desde la frontera territorial con los Estados Unidos hasta casi el golfo del Darién colombiano, y aquí ya existen dos contradicciones porque México aparece formando parte de América del Norte, acaso en el recuerdo de todo lo que perdió cuando la invade el Tío Sam y aquel innombrable manco del general Santa Anna, presidente mexicano, que en la rendición de El Amarillo le obsequia a los norteños gringos prácticamente otro tanto de lo que el México ranchero hoy es, como condición para salvar la vida. Y el otro entredicho territorial corresponde a Panamá, que perteneció a Colombia, o sea a Suramérica, y ahora se ha corrido para Centroamérica, desde cuando se independiza como nación autónoma.
         Dentro de esta original manera de ver las cosas existe un grupo de países por demás interesantes, que van desde la frontera sureña de Chiapas, en México, hasta las vecindades del colombiano río Atrato, que se gasta el record Guinnes de interrumpir la carretera panamericana, desde los años cuarenta del pasado siglo hasta hoy, por lo pantanoso del entorno, y a pesar de los múltiples proyectos que se han hecho para solucionar el impasse. Estos países que forman una comunidad son amigos y hermanos pero no fraternos, valga la expresión, debido a las características personales de cada uno, llamados entre ellos ticos, nicas, catrachos, chapines, cuates, etc., pero con disputas territoriales de tierras y volcanes, con idiosincrasias marginales y orígenes diferentes, donde predomina aún el elemento indígena mestizo de mayas, quizás ramalazos de aztecas, chorotegas y otros que aún desayunan, almuerzan y cenan con tortillas de maíz, los que pueden, todos diseminados en un estrecho territorio bañado por el mar Caribe y el rubicundo océano Pacífico y donde ahora predomina el deseo permanente de emigrar hacia los Estados Unidos, aunque cueste la vida, porque de otra manera el resuello se pierde en callejones vecinales desde el convulso Guatemala de los maras salvatruchas salvajes y hasta de vecinos zetas, por El Salvador, que tiene un  presidente sensato aislado en ideas guerrilleras del Farabundo Martí, Honduras de carteles coqueros que derroca al atormentado Zelaya en un juego de presiones con cabeza de ratón y no cola de león, al títere beodo y como dicen violador de Ortega, un país aún en bancarrota, y salvándose de esta hecatombe circense existe una nación ya estructurada, pequeña y seria pero con futuro y hasta informático, que es Costa Rica, para terminar el desglose centroamericano con Panamá, que domina el canal interoceánico y rey del mar a punto de abrir una nueva vía marítima de gran envergadura  y cuya capital ya se perfila como el Hongkong financiero y negociante de América Latina.
         Sin embargo viene a colación la existencia de cuatro países mecidos por los huracanes que de junio a noviembre allí se desatan para desconsuelo de todos y dentro de ese gran mercado que es el mar antillano del Caribe, nombre dado en honor a los indios antropófagos venidos desde el centro del Brasil para almorzar carne humana con las poblaciones allí existentes, incluidas las mujeres del botín, hasta cuando aparecen los españoles en plan de conquista y colonización. Me refiero en ello a la república de Haití, bello enclave de origen francés, que fue tomado por la población esclava africana allí existente y que por circunstancias que no puedo aquí analizar, porque son muchas, y arrasado el país entre hambrunas, terremotos, vendavales o ciclones, dictadores sanguinarios, pobreza general y pírricas ayudas de sostén, se debate en la esperanza de encontrar alguien que la levante sacándola del fango pero no mojado.  Al otro extremo de la misma isla haitiana  se encuentra no ya el francés sino el castellano criollo que se usa en la república Dominicana, que parece haber hallado por fin el rumbo entre la senda de progreso a base del turismo en gran escala que desarrolla, la música merenguera pegajosa que sostiene y la amabilidad de su gente, lo que le permite balancear los gastos del erario público, junto con las mesadas mensuales que llegan de los Estados Unidos, por parte de emigrantes que allí habitan. Caso excepcional de este rosario de islas hispanoparlantes es la república de Cuba, isla amplia, de belleza sin igual, de una población activa con dos cabezas, sin ser hidra, una en la propia Habana y otra en Miami, sus contornos y el Congreso de Washington, con personeros adversarios, pero que mantiene un férreo poder comunista con los tarifados necesarios desde 1959, bajo la batuta del casi difunto más que octogenario Fidel Castro y su hermanísimo Raúl, que para no desaparecer como república independiente y recordando que de ello tuvo poco, pues  del predominio colonial español luego de una guerra fabricada pasó el predominio y esfera norteamericanas, como otro hijo de la consabida doctrina Monroe, olvidando por tanto que tuvo misiles soviéticos en su territorio, que hasta 1990 manejó con dinero imperial moscovita las guerrillas latinoamericanas y que vendió a los gringos más de mil detenidos debido al fracaso apoyado por Kennedy, y recordando aquí la venganza de la conservadora John Birch Society, por la miserable suma de 53 millones de dólares. Como reza la película ¡Por un  puñado de dólares!.
          Mención aparte quizás hagamos del caso de Puerto Rico, que pertenece por trapisondas amañadas a los Estados Unidos, en calidad de asociación así votada por sus electores, con un rango especial dentro de aquel país norteño, mientras de vuelve a  proponer por enésima vez, en este juego gatuno, que entre a formar parte como Estado de la Unión americana, tal como se lo aplicaron a las islas de Haway. todo en su oportunidad. Según el refranero la ocasión la pintan calva, porque el tigre caza su presa. Pero dentro de lo que cabe los puertorriqueños le han  sabido sacar buen provecho a esta situación anómala, porque con el dinero que todo lo compra (Florida, Luisiana, Alaska, Panamá, etc.), hechos los locos y gozando un millón los isleños fuera de reconcomios se dan la gran vida al estar eximidos de impuestos y otros gravámenes que corroen la existencia, de donde los que viven en San Juan o en Ponce  y en Nueva Cork, etc., no están muy decididos a cambiar su status de Estado Libre Asociado, con las pingües ganancias que de ello obtienen, mientras el ron corre a gogó aliado a los recuerdos nostálgicos de Maelo, Lavoe, Feliciano, el independendista Daniel Santos y tantos “bonchones” de aquel país que hasta atentó contra la vida del Presidente Truman.
         Dejando atrás el rosario de islas juguetonas que pertenecen del todo o a medias tanto a Holanda, Francia, Inglaterra, como los mismos Estados Unidos, miremos igualmente atrás cual rémoras enquistadas dentro de la América Latina a territorios coloniales bajo la sumisión respectiva de diverso grado y de diferente nombre que son Guyana, Surinam y el territorio de la Guayana Francesa, Martinica, Guadalupe, la propia Trinidad y Tobago con la lejana Barbados, o el Belice guatemalteco, las islas de Curazao, Aruba y Bonaire frente a Venezuela, y fuera de otros desquicios que recuerda más de la mitad de la Guayana Esequiba, al occidente de este rio y hacia abajo en las sabanas de Rupununi, arrebatadas a Venezuela por el imperio británico buscador de oro, como se ha demostrado suficientemente, y las islas Malvinas con las Georgias  del Sur y las Sandwich, expoliadas a la Argentina desde 1833.
         En referencia con los otros países de la América del Sur podemos dividir el estudio consentido en dos grupos o sea el de Brasil y el portuñol (portugués mal hablado) en que también discuten, y el de los demás estados que se expresan en un castellano con acentos criollos, a veces medio andaluces, dulzones, pero ya más seriotes en la república argentina, que como se dice en tono de guasa es una mezcla de gallego con italiano napolitano. Con respecto a Brasil ya hemos señalado en este blog de anterior data, que pasó de un millón a ocho millones de kilómetros cuadrados, que ha tenido disputas con otros territorios vecinos pero que se perfila en este siglo como país puntero de buen desarrollo tecnológico, dueño de muchas perspectivas de grandeza que no podemos citar sino algunas  y por encima, como la ganadería, las diversificadas industrias, el deseo de ser, lo aeroespacial, lo atómico, los hidrocarburos, industria manufacturera, farmacéutica, siderúrgica, de transporte terrestre, naval,  agricultura, etc., y la mirada que tiene ahora puesta en África de un origen y el océano Pacífico.    
         El punto más peludo a comprender dentro de esta división tan especial es lo que se refiere a países que rezan y hasta se desentienden en español confuso por las mezclas linguales, las rabietas de quienes lo pronuncian y las expoliaciones territoriales que entre ellos se han hecho, lo que ha originado conflictos y hasta guerras de diversa índole.  Así por ejemplo, de virreinatos, gobernaciones, intendencias, capìtanías y otras menudencias que deja el imperio español, se entró en cierta disputa permanente, de lo que nace una conocida república de Colombia, que no es la actual, ideada por Bolívar y llevada a la realidad por el mismo general que dentro de lo artificial comprendía a Venezuela, Ecuador y la actual Colombia. Luego, cuando Bolívar sigue hacia el Sur y sale el general San Martín para no volver más, el caraqueño sigue con sus inventos sin prever las guerras futuras, y con el enorme virreinato del Perú, según afirman historiadores de parte y parte, por el norte lo recorta para agregarle a su amada Colombia desde Pasto hacia abajo, con Quito, Guayaquil y Guayas, lo que enfurece a los peruanos por lo de otros problemas norteños y el desprendimiento del Alto Perú, lo que empequeñece al Perú actual y lo hace sumamente hostil al caraqueño, según me lo comenta el historiador americano Aarón Truman, que tiene un  libro sobre este general.
         Los pleitos del Perú y Bolivia han sido sucesivos, sobretodo con Chile que en la guerra  afrentosa de 1879 vence y arrebata territorios al serrano Bolivia, quitándole la salida al mar, como al Perú. Las pequeñas guerras han seguido cambiando los límites, valga decir Colombia y Perú, Ecuador y Colombia, Perú y el Ecuador, Bolivia y Paraguay y así hasta el conflicto último de las Malvinas, de Argentina e Inglaterra, donde  por primera vez se dieron batallas de aire, tierra y mar, sofisticadas.
         Pero lo que llena de agua el vaso en América  Latina es con la aparición de un movimiento que algo parecido lo pretendió intentar el APRA de Haya de la Torre y de algunos como Lombardo Toledano y el joven Jorge Eliécer Gaitán, o sea de expandir las ideas, llamémoslas así sociales, en momentos de crisis en esta parte de América, como aconteció en Venezuela durante el lustro 2005-20010, pero que hoy recula por diversas circunstancias, dando paso a movimientos sociales menos agresivos y más progresistas del desarrollo como los llevados a cabo en Brasil, el recuperado Perú neoliberal que está en proceso de cambio y otros más o menos dinámicos, por ejemplo los social demócratas de Uruguay, el del exobispo Lugo en Paraguay, el de la presidente Cristina Kirchner, aún vinculada al chavismo de Venezuela y el lastre sindical peronista que amarra encadenando al atraso permanente el avance de su país, y el moderno empuje de gobierno que preside el presidente Piñera  en Chile, heredero de Pinochet, un  multimillonario exitoso convertido en político  de derecha, sin que hasta ahora se haya excedido en el mando y sus ejecuciones.
         Resta por aclarar dos puntos en esta división tan personal latinoamericana, cual es la presencia interna, dinámica y extrafronteras del presidente venezolano Chávez, tan vinculado a la Cuba de los hermanos Castro en acciones e ideología política, que es de todos conocido, quien goza de gran apoyo con los presidentes Morales, de Bolivia, Ortega de Nicaragua, desde luego de Cuba (que ahora tercia hacia un capitalismo estilo China) y todavía del Ecuador, sobre una base halagüeña de préstamos sin cancelar y obsequios mil millonarios que ha hecho a estos países, y a otros como Argentina y Uruguay, para ganar adeptos y votos internacionales. Frente a este cuarteto empobrecido de naciones que no salen del populismo y la ignorancia, ahora aparecen otros países de gran impulso, sobretodo en la cuenca del Pacífico, que son Chile y su largo cuanto extendido territorio, el rico Perú, que vuelve en sus cabales luego de los desastres populistas pasados, la emergente Colombia que asombra por su desarrollo en la última década y que va en vías de acabar con una guerrilla sanguinaria de cincuenta años, y el norteño país de México, otrora virreinato, con sus potencialidades que le recuerdan cuando era paso obligado de España hacia Filipinas, ese mismo océano Pacífico que hoy estas cuatro potencias unidas por acuerdos sustanciales y en pleno desarrollo piensan conquistar a base de tecnología, de competencia y de ampliación de diversos mercados, que por lógica razón deben interactuar en este siglo de rápido pero inteligente crecimiento. Hasta pronto.

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