viernes, 17 de junio de 2011

¿QUÉ HACER CON CUBA Y PUERTO RICO?: POLOS OPUESTOS.

Amigos invisibles: En el contexto político que nos interesa tres naciones de habla española predominante hacen un juego de equilibrio entre los múltiples países y dependencias coloniales que existen en el abigarrado mundo del mar Caribe, o sea Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico. El primero, Santo Domingo, a pesar de una agitada vida independiente hoy luce despejado su porvenir, fuera de otro coronel Caamaño Deñó y de los riesgos que conlleva esta aseveración, por estar situado dentro de un triángulo efervescente que ojalá consiga asentar la democracia emanada de un tiempo atrás, y parece mentira, después de Joaquín Balaguer que con el ejemplo de su ocaso la sostiene.
Pero en lo referente a las islas de Cuba y Puerto Rico otro gallo canta en esa larga noche de su solución. Y veamos porqué. Lo primero a tomar en cuenta en este estudio es el origen de ambas sociedades insulares, que como todos conocen fueron dependencias importantes del mundo colonial europeo desde su creación, hasta comienzos del siglo XX, cuando por obra de la forzada guerra de fin de siglo anterior, el Tío Sam con la potencia hegemónica que ya ostenta saca del juego de la escena mundial al muy debilitado imperio español, adueñándose manu militari y con firma de papeles aprobatorios, de las posesiones hispanas en Asia y de estas dos islas en el mar Caribe que mantenían una guerra de bajo perfil pero pendiente con fuerzas adversas que del interior mismo las confrontaban, siendo el líder de esos ideales el patricio Eugenio María de Hostos, en lo que se refiere a Puerto Rico. Esta isla por cierto el general Simón Bolívar al comienzo de su carrera política expresó en correspondencia alusiva que podía formar parte de Venezuela (y junto a Cuba proyectó liberarlas), e incluso al final de la guerra de Independencia muchos de tendencia monárquica emigraron desde el país suramericano para establecerse en esa isla del encanto. Al comienzo del siglo XX ya había sido ocupada por la cultura estadounidense, que de entonces acá no ha podido penetrar en forma definitiva, con su lengua y costumbres, pues un grupo independentista siempre se ha mantenido con dichas ideas, y hasta por ello una célula libertaria atentó contra el Congreso americano en Washington, el año 1954, y también contra el presidente Truman. 

Inspirados, pues con estos proyectos propios y bajo el empuje de figuras como el humanista doctor Pedro Albizu Campos, que sufriera larga prisión por ese empeño, así también de los patriotas Carrera Benítez  y la digna heroína Lolita Lebrón, mantuvieron la llama independiente que no muere en sus pensares, por encima de subterfugios y ofrecimientos de prebendas, mientras la isla juega un papel militar en la región y hasta de conflictos, como en Vieques, mientras un político por los años cincuenta, Luis Muñoz Marín,  diseña una novedad del derecho internacional, o sea pasar de territorio dependiente a Estado Libre Asociado, en las condiciones pautadas, lo que para bien de ambas partes se ha mantenido y gana elecciones por los beneficios especiales que reporta a la sociedad insular, aunque siempre pende la contraria espada de Damocles, porque así como Hawai fue absorbido en calidad de estado penúltimo de ese imperio, los radicales siempre aspiran a que por medio de un referendo, y lo han propuesto varias veces sin éxito, en la bajadita del cansancio el pueblo puertorriqueño ingrese como estado último de los Estados Unidos, aunque la mayoría lo deseara por las ofertas pecuniarias que se ofrecen, pero en la  igualación impositiva que ello acarreara, los mantienen alertas, porque caso de conseguirlo le pegan dura sacudida a los bolsillos de cada jíbaro borincano. Tierra agrícola, musical, monoproductiva, cañicultora, algo industrial y turística, se mantiene en este tres y dos, deshojando margaritas, con buena parte de su población viviendo en Estados Unidos a la espera de que su patrona La Virgen de la Providencia les aclare el panorama futuro, para entrar con pie firme en el concierto de las naciones, si no se van por un  atajo menor lleno de atractivos y mundos subrealistas al estilo de Walt Disney.  
En cuanto al caso de Cuba, la isla mayor y joya de la corona que tanto apreciaba España de los restos de su poder colonial, la cosa es diferente porque si bien en un principio ambos territorios fueron cedidos a los Estados Unidos, por su proximidad, extensión (algunos 1200 kilómetros de uno a otro extremo insular) y por su cercanía fue considerada estratégica para el tratamiento a darle, de donde con prontitud el imperio americano y bajo ciertas condiciones expresas, como la enmienda Platt y la base naval de Guantánamo, en mayo de 1902 otorga la independencia a  Cuba, manera escogida para seguir gobernando la isla con mandatarios impuestos y dirigidos desde el propio Washington, valga el caso muy conocido del dictador Fulgencio Batista y los partidos en juego, pudiéndose decir que este país siempre ha vivido bajo una tutela extranjera, desde la española hasta la estadounidense, hecho que fenece cuando en forma cruenta la llamada revolución socialista toma el mando, iniciándose en el amanecer del año 1959, por vacío de poder al abandonar Batista con su familia a la isla, hasta el presente año de 2011, vetusta por cierto y bajo un manto comunista de rigor, manteniendo aislada a dicha isla  por más de 50 años bajo el control patriarcal autócrata de los hermanos Castro Ruz.
El gobierno inicial de Fidel Castro, de origen jesuita, egresado universitario, político y guerrillero con carisma engañoso, que supo manejar las masas cual otro dictador, al verse descubierto en sus ideas no le queda más remedio sino entregarse en los brazos del comunismo soviético, declarándose marxista manifiesto, luego de haber masacrado a más de 500 cubanos opositores en los primeros días de la revolución, mediante tribunales populares y fusilamiento inmediato ante el paredón de La Cabaña, para después caer el país en la ley del silencio, del terror, del espionaje y de las temibles comités políticos, mientras buena parte de su inteligencia emigraba en masa hacia la próxima Florida para instalar allí una dinámica colonia cubana, llena de riqueza y de poder, mientras el país antillano alcanzaba extremos graves de pobreza y todo en busca de una vana e insensata ilusión regresa a ser un país depauperado, en quiebra, ruinoso, cuando para al momento de la revolución era el segundo estado más rico per cápita en América Latina.  En La Habana, que volvía a la carreta de burros o de bueyes, entre otras menudencias, eso sí se concentraba la crema de la izquierda mundial, que pronto entra en desacuerdo con la visión fidelista de los hechos hacia el encuentro del poder, como fue la desatada guerra de guerrillas que alimenta, con dinero soviético, la anarquía de muchos grupos con ópticas diferentes y el fracaso de tantos espíritus inmolados en el empeño de cazar mariposas.
Hasta de trucos se valieron para sostener lo indefendible, como el caso de playa Girón o bahía de Cochinos, que tanto le doliera a la traición del primer Kennedy, y el asunto de los misiles continentales rusos, compromiso de potencias que aún se vive en la América Latina y en el mayor secreto, mientras decaen figuras estelares de relumbrón, de comiquitas, de blusas y grafittis como el Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Huber Matos, y se marginan infinidad de intelectuales de dicha revolución coja. En resumidas cuentas, de este paréntesis de cincuenta años lo que queda, repito y luego del prolongado embargo americano, es ruina, con una revuelta fracasada y sanguinaria, que entregó a un país rico en los brazos de la miseria, claro está a la excepción de los potentados camaradas, y que ahora tratan de coser remendando la vela principal de la nave a base de parches y recortes sueltos, e intentando en el intervalo  mantener el estatus con sortilegios y vulgares copias de la cambiante neocapitalista China y otros ejemplos más pobres como Vietnam. Al morir Fidel y pronto desaparecer Raúl, por fuerza del destino al país inmenso productor de azúcar, de tabacos  habanos, de industria de la distracción y la molicie, que antes lo fue porque de otro escenario impuesto La Habana sería hoy el Miami cubano, de haber ocurrido otras circunstancias como todo regresa  a su cauce los cubanos que se quedaron vegetando en la espera de mejorar la libreta de racionamiento, tendrán que vérselas con el trabajo y hasta utilizar capital de Florida, olvidando las mulatas jineteras, el nuevo vicio que vendrá a un país reprimido, y a entendérselas con los Estados Unidos calvinistas, a juro, porque las fronteras no se pueden cambiar y siempre Cuba estará frente a los Estados Unidos, como se dice, hasta la consumación de los siglos. Que se olviden del cuento de Jonás y la ballena, porque eso ya no se utiliza. Ni cabeza de ratón ni cola de león, pues ambos países se entienden, siempre han buscado una unidad y no un alejamiento, con la bandera fraterna que sembrara el procer José Martí y el respeto de uno hacia el otro, porque sé, con toda seguridad, que en el futuro y sin trapacerías sabrán comprenderse de lo mejor, pasando la página de las disputas urdidas en medio siglo bárbaro. 

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