miércoles, 8 de junio de 2011

LAS GUERRILLAS LATINOAMERICANAS.

         Amigos invisibles: El término “guerrilla” o de  la guerra pequeña, es de buena data española y muchas veces da origen a una confrontación posterior o, al contrario, es el sedimento que resta aún latente luego de una pendencia que puede ser corta o de longa data. En América latina esa forma de conducir la política que se enfrenta en estos términos bélicos, es en apariencia silenciosa o a veces activa, con estructuras asimétricas a la guerra convencional y es manifestada de diferentes formas, según la oportunidad histórica y la vehemencia de sus dictados, el carácter ideológico de la misma, que puede ser extremo, o de la llamada izquierda ligh contemplativa, sin que dicha palabra tenga una razón de ser, provenga del centro o que puede integrarse con otra, de derechas revisionistas, que muchas veces es contraria a las ideas opuestas que persisten en dicho país, como la contra nicaragüense,  y hasta sin rumbo definido, que lo escogen ciertos grupos anárquicos penetrados por el personalismo con tinte caudillesco de sus dirigentes, sin seguir programas previamente trazados.
         En América latina el problema es de vieja data, pues aparece como realidad desde los tiempos de la Independencia de los españoles, cuando proliferan grupos semiarmados vagando por los campos para hacer desastres y se consolidan luego con la esencia del botín bajo el mando de bárbaros asaltantes sujetos al patíbulo que continúan pululando en caseríos y despoblados durante los tiempos azarosos posteriores, como plaga mortal, valga el recuerdo de la llamada Guerra Federal en Venezuela, lo que desemboca en una legión de caudillos la mayoría analfabetos y sedientos de sangre  como de poder, si eso se puede llamar así, que pulularon haciendo y deshaciendo por más de un siglo cruento, sin razón alguna aunque esgrimieran banderas con calaveras y huesos entrecruzados, para el horror de todos.
         Pero donde puede mejor demostrarse este efecto polilla dentro de la sociedad de su tiempo  es en México, porque allí entre una continua carrera guerrera, que es de guerrillas desde luego, unos van y otros vienen en ese juego atroz, del quítate tú para ponerme yo, a objeto de sacar de la primera magistratura al atornillado don Porfirio Díaz, mientras Adelita la tropera se va con cualquiera, según reza la canción, y aparecen figuras tan disímiles entre poetas medio ripiosos, juristas de pueblo o de cantina, engañados de nacimiento y generalotes como Huerta, Calles, Carranza, el pendejo Madero, y los muy nombrados Pancho Villa y Zapata, que hasta con una aureola de santidad se sientan en el trono de México para luego ser consumidos a balazos entre la malandanza gringa que los persigue, y porque cada quien labra su propia desgracia terminan su labor en las fauces del lobo.
         A partir de esos años calientes de la Primera Guerra Mundial como tufo ideológico de la misma aparecen por doquier diversas ideas que casi siendo de maletín con algunos campesinos, cualquier maestro rural o empleado sindical en paro forzoso, para subsistir no les queda más camino que liar bártulos y coger para el monte, como leer sin digerir cualquier libro o folleto de los que llaman bagazo de la historia, en la espera de mejores tiempos, porque muchos de estos países cargan sobre sus lomos férreas dictaduras. Así aparecen un Augusto César Sandino en Nicaragua, otro cualquiera en Cuba que en la manigua recuerda las luchas contra España y los Estados Unidos, y ya corriendo la América del Sur están a la palestra de los hechos guapos de barrio o de caserío que corren por el  llano en tiempos de la tiranía del general Gómez, de la tiranía conservadora en Colombia, del Sánchez Cerro peruano, del Villarroel colgado en La Paz, de algún Velasco en Ecuador, tan mal visto por los militares  castrenses, y de otras especies de esta junta que van desapareciendo y renaciendo luego de la Segunda Guerra Mundial.
          Pero es a raíz de esos episodios más cercanos cuando en el conflictivo mundo de la política invaden la primera plana de los hechos y contra este estado de cosas rígidas, conservadoras del status según el deseo del triunfador guerrero cuya cabeza está en Washington, despierta, digo, una colección de jóvenes principalmente, de diverso origen ya ideológico con tintes izquierdosos, sobretodo mantenidos en sus obras por lo que se ha llamado “el oro de Moscú”, y hasta por corrientes de caudillos pasados de moda que piensan reinventarse, para de norte a sur y a todo lo ancho de este subcontinente, montar algazaras con la firme intención de tomar el poder, como es lógico, mediante la invención de una serie de subterfugios que ponen siempre en celo a las fuerzas reinantes. Muchos se quedaron en el camino, bien desaparecidos  o en las ergástulas del olvido, otros se alinearon en cambios de bandera porque los tocó la tentación de la buena vida y escogiendo el camino de la paz comprada para ser ministros con buenas cuentas de dólares en el extranjero, y algunos más se quedaron en la mitad del medio, como bien se dice, o sea en el limbo, sin plumas y cacareando, en la espera del bote salvador, y así envejecen mientras muchos sonríen de la mala suerte que les ha jugado el destino.
         Los puntos de confrontación azuzados por quienes manejan al antojo estas guerrillas se dividen en rurales y urbanos, pues mientras los primeros siguen el viejo método de luchar escondidos entre matorrales cenagosos, picachos ateridos de frío, enfermedades varias que los acosan, hambre a veces, bandadas de mosquitos y animales dañinos, la ausencia de placeres sexuales que aturdidos no les deja dormir, y otras especificidades de esa selva mental en que conviven con cualquier libro principalmente comunista de aprendizaje obligatorio entre teóricos y prácticos, por otro lado las guerrillas urbanas parece que han  tenido más éxito en el mantenimiento del “bochinche” de que hablaba Francisco de Miranda, de donde como táctica guerrillera experimentada mantienen el azote permanente de las masas con penetración psicológica de sueños, en escuelas, universidades, empresas, organismos del Estado, y en cuanto lugar consideran oportuno introducir la mano para ganar prebendas en este sentido, todo dirigido desde luego por salas situacionales que manejan esas maniobras al margen de la ley, como los métodos  tira piedras y prende fuegos estilo molotov de sorprendentes encapuchados y de los infiltrados, cuerdas floja, contrainteligencia, compra directa de conciencias, y otras tácticas vulgares que dan valor en la lucha sostenida sin cese a como dé lugar contra los posibles y los propios adversarios, en lo cual existen leyes y poderes de arriba que los protegen, sin ninguna duda.
         Las guerrillas por estos campos de confrontación tienen desde luego sus banderas que se muestran en miles de banderines, calcomanías, grafittis, camisas,  gorras, frases esteriotipadas que se repiten sin cesar, concentraciones multitudinarias pero pagas o bajo el peligro de perder el cargo, para así ensalzar a los mártires de tal o cual revolución, que ya son mitos, como los casos específicos del Fidel Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos (se especula que fue asesinado), el general Ochoa (fue muerto bajo el pelotón de fusilamiento), Tiro Fijo, el cura Camilo Torres, Raúl Reyes, Mono Jojoy, Allende, el maoísta Abimael Guzmán, el mestizo Gaitán, y tantos otros que han desaparecido pero que se les recuerda con consignas necesarias, cuando eso es de necesario cumplimiento. En los tiempos actuales y en el gobierno revolucionario dicho socialista que ejerce el mando en Venezuela, muchos exguerrilleros forman parte de los poderes importantes como el ejecutivo, legislativo, judicial, militar, electoral, sindical, profesoral y pare uno de contar, recordando en ellos al presidente de la Asamblea Nacional, donde se hacen las leyes, el Vicepresidente de la república y el ministro de Finanzas, por donde se manejan algunos presupuestos del Estado.
         Valga recordar algunas de las principales guerrillas que existieron o no han muerto del todo en América Latina, que se han sostenido sin que nadie dude con aportaciones estatales, extorsiones (vacunas), confiscaciones, hurtos agravados, secuestros, arreglos con narcotraficantes, lavados de dinero, ventas de armas, robos de ganado, impuestos de guerra, y otros delitos que sería complejo enumerar. Aunque anden de capa caída porque ahora existen otros métodos de lucha y más sofisticados, entre tantos grupos guerrilleros de variada pinta y sustancia los principales movimientos que recuerde son los Montoneros de Uruguay, el M19 de Colombia, FARC y ELN colombianos, el MIR chileno y el venezolano, Sendero Luminoso del Perú, Tupamaros de Uruguay, los Bandera Roja de Venezuela, el 26 de julio cubano, el Farabundo Martí salvadoreño, el MSLN sandinista nicaragüense, los Contras de Nicaragua (auspiciados por los Estados Unidos), los Macheteros de Puerto Rico y los Zapatistas de México. En cuanto a líderes que se escaparon del altar mitológico guerrillero en Venezuela vale destacar desde el tiempo del general Gómez, a Emilio Arévalo Cedeño, al magnicida Rafael Simón Urbina, a su paisano Douglas Bravo, al bravo Santos Yorme o Pompeyo Márquez, al recio Alfredo Maneiro y a Teodoro Petkoff, hoy periodista de fuste y opositor al gobierno. Puedo decir que todos estos últimos que pongo en la balanza, merecen biografías, porque representan una vía aparte que sin claudicar en sus ideas comprendieron que la vida no es andar siempre equivocado. 

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