martes, 9 de julio de 2013

LA MESCOLANZA VENEZOLANA.



       
       Amigos invisibles. Cuando uno se pone a pensar sobre las múltiples facetas ocurridas en la vida venezolana,  la cabeza se vuelve como un volcán en fase preparatoria de erupción, porque al momento aparecen dudas y especulaciones sobre cómo fue  formándose la sociedad que nos habita en el curso de los siglos anteriores y la repercusión que esos ancestros han tenido para a través de una simbiosis permanente ir conformando cierta nueva estructura racial y de sentimientos  por donde el país ha incursionado a fin de  modelar si se quiere un perfil del venezolano de los nuevos tiempos. Voy a tratar, pues, a mi criterio esta evolución lenta pero progresiva a objeto de dejar claro que con la suma de cualidades los habitantes de hoy son un fiel retrato de esa historia étnica emocional que se fue formando con el apalancamiento de las circunstancias y la aprobación de su pueblo que vive en este proceso experimental y productivo en que pueden hallarse toda suerte de seres unidos en un crisol de voluntades y con visión de futuro.
         Y vengo con el término mescolanza que no es nada desdeñoso como se puede entender a priori, sino al contrario, porque contiene materia  fecunda que unida a otros elementos sustanciosos de la vida permiten extraer de los contactos genéticos heredados un ser racional despierto, vivo, adelantado, que sabe enfrentarse al diario problema del entorno y que con su destreza conoce como dar cara a los momentos difíciles cuanto halagadores del bamboleante trajinar, de donde el temple y la vocación de servicio  están a la mano de estos venezolanos. Y como no es un tratado de sociología ni de otra ciencia afín que estudie multitudes, mediante el uso de la sencillez me voy a referir a como fue la integración de su pueblo desde un comienzo. En efecto, debo dejar por sentado que la población del país es de las más mezcladas que existen en Hispanoamérica y que cualquiera que aspire a callar esta verdad tan clara se está mintiendo a sí mismo. Partiendo por tanto del inicio tribal indígena, que fueron los primeros pobladores conocidos de este continente, dejamos en claro que los naturales habitantes de Venezuela, con sus diversas tribus y lenguajes en uso fueron de viejo origen arahuaco y caribe, los primeros industriosos pero no tan bien alimentados con carne humana como los segundos, de donde dependía en estos nutrientes su fortaleza y espíritu de conquista, hasta subyugar bajo un manejo terrorista a buena parte de Venezuela, el mar de las Antillas, que luego ante el recuerdo de los hechos se trocó en Caribe, las islas insulares marítimas y los territorios colindantes a su mundo, que se extendía por grandes ríos del viejo Méjico, algo de Centroamérica y Colombia, formando así un temido imperio caribeño, que no daba tregua para conquistar y matar. Sin embargo en cuanto a Venezuela se refiere, algunos territorios pertenecientes a la región andina no fueron azotados en este sentido, salvo en la zona lacustre de Maracaibo y sus adyacencias naturales, por lo que pudieron subsistir ciertas tribus emparentadas con los occidentales muiscas y desde luego chibchas, que mantuvieron una cultura propia de pueblos sedentarios, donde yacía la agricultura y no la rapiña, la fuerza del trabajo y no la vida nómada.
         Una cosa debo recordar, que los indios del Norte americano, alimentados con búfalos y otros animales cuadrúpedos, fueron fuertes como los caribes, mientras que los del Sur, de México para abajo se mantenían de raíces como la yuca y otros tubérculos, valiendo recordar la papa y cereales ergo el maíz, de donde su cuerpo  y vida tradicional no era tan resistente, condición que fue posible para el conquistador español poder someterlos con rapidez, salvo casos de excepción, valga decir el de los indómitos chilenos, como los araucanos o mapuches. Para el caso de Venezuela, a la llegada de los españoles tal encuentro no fue cordial por los lógicos desafueros de una esclavitud o sojuzgamiento que dio origen a mantenidas luchas con el correr de los años. Es aquí donde comienza la primera mezcla progresiva en un proceso que nunca se ha detenido, de donde utilizar la palabra racismo para identificar esta situación que ocurriera de continuo en muchas culturas del orbe, suena así a algo como obsoleto, de política barata, puesto que este fenómeno ha sucedido en todas las migraciones realizadas y en todos los continentes.  Valga el ejemplo preciso de España, donde a través de los siglos se formaron nuevas poblaciones mezcladas ya fuere por las oleadas bárbaras que la invadieron, como por la enorme penetración norteafricana bien demostrada en el curso de los siglos, e igual aconteció con la mezcla ocurrida en las islas Canarias, tan cercanas al continente africano, de donde llamar a los canarios como europeos o españoles es incurrir todavía en algo absurdo y acomodaticio.
         Ya hablando del período colonial venezolano podemos asentar  otras mezclas ocurridas  con el vaivén del tiempo y porque con el adelanto del progreso o la necesidad era necesario apelar a la búsqueda de la mano de obra, cuando la débil población autóctona, subalimentada como explicamos y atacada por epidemias graves, valga decir la viruela, no pudo sostener el desarrollo del campo y las necesidades perentorias en la formación de los pueblos, por lo cual aplicando una medida necesaria los españoles como país imperialista debieron ocurrir al llamado tráfico de esclavos, mano de obra barata que ya no eran “eslavos”, sino población fuerte traída de las costas africanas al Sur del Sahara para trabajar en nuestro país en condiciones infrahumanas, como ejemplo la pesca de perlas en Cubagua, donde también se importó fuertes indígenas lucayos, que dieron mucho rendimiento a sus dueños, mientras al mismo tiempo mediante una aproximación sexual hasta obligada de negros e indios, fueron igualmente mezclándose para beneficio de sus dueños o patronos, aunque también existiera la simbiosis genética con algunas indias atractivas para originar el mestizaje, según lo canta el bardo de aquel tiempo Juan de Castellanos. Pero allí no paró la amalgama porque a escondidas de una realidad y mediante la apertura geográfica y marítima de Venezuela en que se creyera por centurias la existencia del mítico El Dorado, mucha población europea, como los alemanes Welser, que aún dejan gente rubia por los campos larenses y corianos, o el asombroso engendro de piratería que permite establecer ingleses, franceses y holandeses en las adyacencias de nuestro territorio, como otros venidos por tener deudas pendientes con la justicia o enfrentados a problemas religiosos, por ejemplo, digo, todos fueron formando a lo largo del tiempo una enmarañada genealogía, lícita o a escondidas, que si nosotros esculcamos en cualquier genealogía echando para atrás, nos encontraremos con sorpresas tan grandes que nuestros tataraendos fueron piratas o mujerzuelas del montón, asignadas a esa vida triste, por ejemplo de la viudez desheredada o la cantonería, en que no tenían otros destino sino el celestinaje y la prostitución. Y que no me vengan  a decir ahora lo contrario por algunos considerados asépticos, impolutos o revoltosos, porque sobre estas circunstancias anómalas existen trabajos publicados a  montón.
         Durante el tiempo de la llamada Colonia que supuso tres siglos de duro andar, la raza venezolana, o como quiera llamársela se fue distanciando en su forma y costumbres con otras existentes en América, donde prevaleció por mucho tiempo al ancestro indígena, callado, aguantador, valga el caso de los países que miran al Pacífico, mientras ya comenzaba una diferencia connotada donde aparecían los mulatos y zambos con sus siete u ocho diferentes combinaciones mediante parentescos anómalos y con precisión académica nombradas, que fueron pasto permanente de murmurios y ejemplos de desafueros, cuando comenzara a erguirse cierta casta colonial provista con títulos de bajo perfil pero ya dueños de alguna fortuna acaso heredada y a escondidas de una familia entera o varias mantenidas en eso que se llama la barraganía social. En este andar fecundo de pequeñas historias con salidas diversas vivimos hasta cuando suceden los hechos de la llamada Independencia Nacional, que en verdad nunca ha existido, ni en ningún país que se quiera llamar con pompa autosuficiente, por ser un concepto absurdo, ideologizado, donde con el trajinar de los combates murió buena  parte de la población que a su vez por ello mueve hacia el país nuevas caras para la lucha fratricida, entre estos irlandeses e ingleses cargados de testosterona para reforzar la capacidad genética del venezolano. Y con mayor razón comenzó la afluencia de otros inmigrantes ya para radicarse, en especial canarios e ingleses, cuando el avispado general Páez abre las puertas del país para la necesaria inmigración, sin tener necesidad de la poligamia oficial, como ocurrió tras la guerra tripartita y exangüe del Paraguay con sus hermanos vecinos. En ese tiempo del siglo XIX vinieron por deseo propio mucha gente del exterior, entre ellos comerciantes alemanes e ingleses, cuyos negocios se extendían por estos mundos, aventureros  europeos a la caza de fortunas siempre pensando en el oro embaucador, y una colonia de hebreos comerciantes de origen holandés, que se establece con muchas ramificaciones familiares, por las costas de Coro. Por esos años otro tanto acontece, aunque con menor progresión, mediante el asalto imperial inglés que ocurre  en el oriente venezolano, heredero del otro asalto confiscatorio de Trinidad, cuando Inglaterra le arrebata 150.000 kilómetros cuadrados a Venezuela y comienza a poblarlos con gente de diversas parcialidades humanas de sus colonias existentes en el orbe.
         En esta proyección migratoria desde la segunda mitad del siglo XIX vienen a establecerse en Venezuela elementos traídos desde el Caribe anglófono y por el imperio británico para trabajar en la rica minería de Guayana, por lo que fundan colonias con otro hablar distinto al natural, mientras  el país permanece en calma de la inmigración durante el período gomecista, salvo en lo referido al establecimiento de las empresas extractoras de petróleo, que obligan a traer buena cantidad de angloparlantes mestizos para entenderse con sus capataces que desconocían el castellano y que estableciendo sus familias principalmente por Maracaibo se les llamó “maifrenes” (my friends). Luego, a raíz del desarrollo provocado en el país durante la Segunda Guerra Mundial, en que Venezuela jugó papel importante como proveedor de alimentos (sardinas en aceite) y petróleo, el país se enrumba por un  camino moderno donde es necesario la mano de obra calificada para el desarrollo de su actividad, lo que unido a la política de puertas abiertas en esta materia que se habilita a partir de 1945, con el fin de guerra mundial aparece una oleada impresionante de desocupados en busca de mejor vida y prosperidad, por lo que se abren agencias consulares especiales en el Viejo Continente, mientras los barcos italianos, españoles, portugueses y algunos franceses, de preferencia, trasvasan infinidad de inmigrantes para ser acogidos en puertos nacionales, entre los que se destacan desde luego súbditos italianos, españoles, portugueses (como de Angola y Madeira), eslavos del Sur, judíos askenazis y sefarditas, como también otra infinidad de europeos venidos con familias o que mezclaron pronto su sangre con la venezolana arraigada. Algunos de estos descendientes  a través de las generaciones ya nacidas en el país (por ejemplo, los corsos, los elbanos)  han comenzado a destacar en muchas áreas de la cultura o los negocios internacionales, pudiendo señalarse a premios Nobel y a rectores de universidades de fama mundial, o a familias de gran valía económica, para señalar a los Cisneros, los Mendoza, a las numerosas y enraizadas de origen portugués, que dominan amplios ramos de la construcción, la alimentación con grandes cadenas de automercados, la banca nacional y hasta en la internacional, y la trabajadora colonia judía que establecidos en Venezuela ya por generaciones mediante la ampliación de sus programas empresariales han saltado las barreras fronterizas y mantienen muy importantes inversiones fuera del país, como el caso de Locatel, el combinado Polar, Farmatodo, el grupo empresarial de Florida, el desarrollo petrolero en México, Colombia, Portugal y Panamá, la hotelería, como otros rubros de capital y tecnológicos que grupos venezolanos desarrollan en diferentes áreas del planeta.
En la última arremetida inmigratoria señalaremos la presencia lenta e importante de la las familias árabes que provenientes del mundo mediterráneo oriental y principalmente libaneses, sirios y palestinos, por causas de terribles conflictos internos se establecen principalmente con su comercio activo en la zona oriental lacustre de Maracaibo, en la industrial Valencia, como igualmente en la península de Paraguaná, Puerto Ordaz,  y en la promisora isla de Margarita, mientras que por consecuencia de los numerosos convenios suscritos entre el gobierno de Venezuela y la República de China decenas de millares asiáticos con sus familias se ha radicado de manera definitiva en Venezuela, para impulsar obras de desarrollo oficiales (metro, trenes, viviendas, prospección petrolera,  etc.) y algo que es consustancial con ese pueblo como es el comercio, a diversos niveles.   Y como no hay nada bueno que no tenga algo de malo, con el empujón inmigratorio sin fronteras existente, también se han establecido en el país las llamadas mafias, que actúan de mil formas por vías ilegales, desde el secuestro extorsivo, hasta “express”, o las vacunas que para poder trabajar son “protegidos” al estilo Chicago. Debe agregarse en este recuento somero las malas prácticas abusivas como las de los hermanos árabes Makled, que terminaron en el profundo mundo de las drogas y sus internacionales ramificaciones. O la práctica inveterada de ciertas mafias manejadas por algunos portugueses que siendo protegidos mediante el soborno dinerario controlan en Venezuela prostíbulos, casinos, otros lugares de juego, pensiones, hoteles, licores, trata de blancas, loterías, restaurantes, bares e infinidad de lugares donde se delinque, ante los ojos pasivos de las autoridades represivas. El  más novedoso cartel en este mundo subterráneo viene a ser el asiático chino, que de manera rápida  inunda a Venezuela no solo de sus productos, sino que una fuerte inmigración consentida también se establece en el país, al extremo que estas comunidades tan cerradas no solo hacen jugosos negocios con el gobierno sino que ya dominan dentro de cierta prepotencia ajena a lo que antes ellos eran, el mercado extendido de productos asiáticos, como también establecimientos de comida, restaurantes, textiles, y otros mediante una madeja raizal que se expande de manera inusitada.
     A esta mezcla de actividades y de sus personeros que señalamos  debemos agregar dos grupos muy importantes venidos al país por causa de la desestabilización económica y social de sus respectivos lugares de origen, que en buena parte se han establecido en Venezuela donde fundan familias y adaptándose al medio natural, mencionando entre ellos a los numerosos inmigrantes precedentes de América del Sur debido a los sufrimientos por las dictaduras militares y el terror que imperaba a causa de  los desaciertos y pobreza respectiva  que acaeciera sobre la base de estos motivos que atrajeron hasta Venezuela oleadas de compatriotas latinoamericanos, valga señalar argentinos, chilenos, bolivianos, uruguayos, peruanos y ecuatorianos, principalmente, quienes con sus familias y costumbres amalgamaron este país dentro de la nueva Venezuela que se construye, a pesar de las dificultades encontradas o de los imprevistos necesarios.  Y para terminar debemos referirnos a la inmigración proveniente de Colombia, que desde el siglo XIX siempre ha tenido lugar, en un tiempo de manera lenta, pero que a raíz de la violencia desatada en el hermano país luego de la muerte del líder Jorge Eliecer Gaitán  ha traído cientos de miles de esos connacionales que en tiempo pasado formamos un solo país llamado Colombia (1819-1831), y que con su trabajo, costumbres típicas como la música y adaptación al medio parecido, hoy forman un núcleo poblacional voluminoso y uniforme en que han repoblado al país escaso de almas como en el recuerdo de las fronteras del Zulia, Táchira, Barinas, Apure, Guayana y otras de mayor extensión. Y se especula que hasta colombianos nacidos en esa tierra hermana han tenido la osadía de gobernar desde  lo alto del poder en Venezuela, por diversas causas, como los casos de Ignacio Andrade, Carlos Andrés Pérez y el actual Nicolás Maduro. Pero de ello no quise tratar en esta ocasión afortunada.

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