lunes, 29 de julio de 2013

EL LIBRO “MI LUCHA” DE ADOLFO HITLER.



            Amigos invisibles. Hoy y con el respeto que se merece la ciencia histórica voy a tratar un tema tildado de tabú en el aspecto mundial porque con el autor de ese texto, o con el contenido político del mismo, se ha jugado de una manera continua, y más desde su muerte suicida y derrota de los ejércitos alemanes y nazistas que por desenlaces consiguientes, fundándonos en aquello de que con el árbol caído se hace leña, todo queda dicho. I en verdad que no es así ya que la mentira tiene patas cortas, los puntos de vista gozan de distintas lecturas y el resultado de toda la trama que sucedió después de la guerra francoprusiana alberga antecedentes que se remontan al propio Napoleón Bonaparte y el desencadenar violento del siglo XIX. De aquí que con el triunfo de Sedan y el ascenso de Prusia en los campos de batalla la geografía de Europa cambia hacia otra perspectiva. A partir de 1870, pues, se reagrupan nuevas fuerzas políticas con miras a un futuro poder que al pasar de las décadas son abastecidas en sus intenciones de revancha por el imperio más grande de Occidente, o sea por Inglaterra.
            Para este tiempo de marras el mundo se mueve desde Londres, el de Walter Raleigh, con un ejército que abarca los siete mares, sin contemplación, donde el capital priva sobre todo y cuyos tentáculos de manera sutil basculan sin discusión desde el río Támesis hasta la China o India del Extremo Oriente, para expresar lo menos. Pero con la aparición de un libro inesperado que es “El Capital”, del germano barbudo Carlos Marx (escrito para “los cabecillas intelectuales del mecanismo judío” según Hitler  (pág.174 de “Mi Lucha”), que viene a ser como una respuesta a la sociedad industrial en fuerte desarrollo, el tablero de ajedrez toma un giro casual porque eso que llaman “masas obreras” o proletariado, informe de por sí, comienza a encontrar un sentido propio que a través de las eternas disputas europeas busca reivindicaciones que de ser propias se transfieren  a otras partes de la sociedad en marcha, lo que motiva a pensar que el mapa del continente europeo y de sus habitantes, puede ser cambiado. A ello se agrega dentro de la información que ya se esparce, los problemas pendientes del vencedor o el derrotado y el aparecer de otros apetitos  que se demuestran en Rusia, Francia e Inglaterra, mientras que Alemania y su frágil imperio entran en el estancamiento y con signos de pobreza. Como detonante oportuno de estos variados hechos conmovedores sucede la Primera Guerra Mundial, con las trágicas consecuencias en que mueren millones de personas, preguntándose muchos el motivo, y entre los largos meses de esta lucha insensata en que como final de cuentas pierde Alemania para entrar en quiebra de sus instituciones y el orgullo germano venido desde lo profundo del mito, todo el pueblo y quienes lo acompañan quedan con el sinsabor de la derrota y desde luego que con la mueca de lo inexpresivo. Es en este momento crucial cuando aparece un simple soldado en vías de transformarse en personaje, quien ascendido a cabo de la contienda y como persona extraña del común en busca de superación, entre los escombros del triste pensar y la derrota con arrestos de líder en Munich se une a un grupo de inconformes, y moviendo sus tenazas y el verbo encendido que por naturaleza tiene este austriaco de nacimiento, toma las riendas del partido formado, utiliza la vieja simbología alemana que hasta Wagner ensalza y con ese don carismático inicial desde una cervecería histórica abre el compás de espera mediante un gran partido nacional socialista hecho a porrazos con el putsch de Munich, que es el principio cojitranco o inicio de una plan forjado con el fin de tomar el poder, esta vez a través del ya anciano mariscal Hindemburg.
            En todo ese tiempo de proyectos para llevar a cabo que obnubilan al instruido pueblo alemán hasta conducirlo a otra derrota, el grupo que rodea a Hitler de tiempo atrás toma conciencia de su camino trazando planes ideológicos, que bajo la dirección del austriaco hiperquinético pueden ser transcritos para manejar al público ferviente, o en su defecto al que ya tiene terror, mientras algunos compañeros de la cúpula permanecen detenidos en Munich, tiempo en que por boca del propio Hitler y bajo la pluma estilizada del sumiso lugarteniente y escribano Rudolf Hess, salen numerosos artículos ya discutidos que luego verán la luz pública inicial bajo el atractivo nombre de “Mi Lucha” (Mein Kampf, 1925). En las largas tenidas entre rejas y previas a este libro que diera tanto quehacer internacional por sus ideas genocidas y raciales, suerte de apología del odio del dios Marte, se proyectaron definitivamente diversas tesis del catecismo hitleriano para la nueva Alemania que los desaforados tenían en mientes, como el revivir una antigua nación donde habitarían grupos aislados de la patria de origen y residentes al momento en territorios ruso, polaco, checoeslovaco y otros sitios del contexto europeo o asiático, mientras una vez analizados sus antecedentes de sangre germana o aria y exentos de cruces genéticos dañinos faltos de la pureza requerida, como el caso de los gitanos, polacos o judíos, vendrían a engrandecer el sueño que en las mentes calenturientas y absurdas mantenían los nazis del Tercer Reich con referencia a otras razas inferiores. Pero el elemento más absurdo por exclusivista y genérico fue el que aplicó sin contemplación o excepciones a los individuos de origen judío y en especial a esos llamados asquenazis, diferentes a los sefarditas, que por también ser judíos no entraban en la cuenta de excepción, pues esta extensa colonia dispersa por el mundo, comerciantes o empresarios por tradición y con rasgos caucásicos de rubio, desde luego de un inicio fueron peligrosos para la existencia de la futura Alemania (ya desde 1.918 la corriente antijudaica era muy fuerte en el país), por cuanto según la opinión de esos desaforados dirigentes conducidos por el Fuhrer, todos eran enemigos de sus intentos de unificación, ya que respondían a radicales ideas religiosas o manejos externos y puesto que igualmente el origen de sus comunidades era turbio, conducido por sentimientos tribales bajo el amparo o decisión de rabinos que nada representaban para el resurgir de Alemania, mientras constituían un bolsón de grandes capitales vinculados de manera estrecha con empresas, bancos y bolsas de comercio que dominaban el mundo de los negocios, de donde mantener ese núcleo humano dentro de la Gran Alemania constituía un peligro permanente. Y hasta se hablaba de otros judíos que como Marx o Trotsky, por ejemplo, tuvieron y sostenían entre sus grupos diferencias antípodas con el futuro gobierno de Hitler, porque unos abolían la personalidad y otros exaltaban el capitalismo rapaz, de donde era preciso ser acabados de raíz.
            El libro contentivo de la doctrina hitleriana, totalitaria, que nadie podía discutir, con el progreso violento de Alemania que sale de una crisis tremenda constituyó un best seller del inicio, pues se compraba a fin de conocer los detalles de lo que se veía venir, como la masacre en ciernes del pueblo de Israel, llamada  Holocausto, y otros lectores acuciosos lo hacían para escudriñar en el terror impuesto a partir de 1932 y hasta mayo de 1945, cuando todo termina con el desastre de Alemania y los pueblos en guerra, que quedaran destruidos por décadas, a pesar del Plan Marshall salvador. Este libro “Mi Lucha” fue comenzado a escribir el año 1924 en la prisión  muniquesa de Landsberg am Lech, con un prefacio corto del propio dictador Hitler, que dividió la obra (la que tengo en mis manos) en dos partes y 27 capítulos, mas un manifiesto final referido  a la clase campesina, la agricultura, los derechos del campo, política agrícola, mejoramiento de los campesinos alemanes, de las organizaciones profesionales, de los programas a aplicar y de lo que llama el interés común en Alemania. Para seguir en el estudio de dicho libro, que se podría interpretar de diferentes formas o maneras según las corrientes ideológicas que se profesen y que en algo han tomado como estandarte los grupos neonazis que ahora existen, para ese estudio no de profundidad pero sí de entendimiento y cuando el texto está próximo a ser de utilidad común por causa de la prescripción de posibles derechos autorales respectivos,  utilizaré el texto impreso en México por “Ediciones Modernas”, sin otros detalles del origen expresados por el editor, y dentro de este razonar que se hace por parte de sus líderes y del cabecilla Hitler con muchos planteamientos a estudiar ya pasado el tiempo que borra los excesos y dolores de la condición humana, vinieren de donde procedan, haremos hincapié en como vieran esos extremistas el problema judío de su tiempo, cuando ya Henry Ford con el libro sesgado “El judío internacional”  había puesto adelante la palabra y era de vox pópuli los ocultistas “Protocolos de los sabios de Sion” sobre la hegemonía mundial, que algunos entendidos consideran un montaje bien labrado.
            Para iniciar sobre el  interés antijudío de aquella época oscura expone este libelo que hay que “interpretar sus propósitos interiores” (pág. 19),  con la desconfianza que conviene y las diferencias religiosas que separan (20), según se nota en la prensa antisemita de Austria, por ejemplo, retratándolos entonces como una nación interior separada, que ninguna similitud tenía con los alemanes (23), cuyos dirigentes  se empeñaban para su defensa en el impetuoso  sionismo de la diáspora, separados del pensar de los judíos liberales, mientras las corrientes culturales judías, de gran impulso, sobrevaloraban a su gente “despreciando cuanto fuese alemán”, y así también la prensa incluso marxista, influenciada por los judíos, ya que éste era “el pueblo escogido” (25), de donde llegó a pensar que el hebreo no era alemán, aunque fingieran estupidez o el carecer de conocimientos (26).  Por este camino de su investigación el furibundo Hitler escarba en la doctrina marxista, de donde estudiando principios  “descubre”  métodos verbales y otras técnicas para encubrir ideas y propósitos mosaicos, negando el valor del individuo (igual al  marxismo) y ocupando fuentes de información como la prensa escrita, que maneja la opinión pública, la educación (de las muchedumbres, con inversión allí de los juicios) y la propaganda (36). Se agrega que el protestantismo y judaísmo juntos se han convertido en “casi un dogma” (47).  En sus explicaciones acaso desorbitado por un pueblo destruido y en busca del Mesías, como gran error Hitler se  refiere al falso antisemitismo, aunque de los judíos en su programa mental nada correcto, y de aquel tiempo dice que son un “fangoso producto presente en todas partes” (51). El estado judío viene a ser, pues, una unión de la raza sin espacio ubicado, o un estado dentro del estado, “con el estigma de la religión” mosaica, servidora de la conservación de esta raza (60).
En cuanto a la Primera Guerra Mundial, cuando el austriaco sirve en calidad de cabo del ejército, expresa el libro como una de las tantas causas atribuibles que el mundo “era un vasto almacén de mercancías gobernado por amos judíos”, donde no faltaban los usureros (63). En esta parte de su arenga malsana se atreve a señalar (hablo de 1914) que el marxismo buscaba la destrucción de “todos los estados nacionales no judíos”, con la aparición pronta de caudillos del propio origen, muchos de los cuales pelearon al lado de los soviéticos en la Revolución rusa  (67), sin olvidar los embustes propagandísticos que podían tener en este sentido dogmático. Pero cuando al regreso de la guerra y ya herido aunque convaleciente Hitler encuentra a muchos jóvenes judíos que no han estado en el frente de batalla para salvar la patria y sí son cabecillas de pugnas, expresa que con ellos no se podía llegar a ningún convenio, inflexibles como son de “esto o aquello”, de donde analizados esos hechos presentes Hitler decide convertirse en político (81). A fines de 1918 y con las intenciones que sostiene se forma el Partido Obrero Alemán, social revolucionario, que lo atrae,  mientras estudia con detenimiento a Marx (<por cierto Hitler cual Nostradamus predice sobre Rusia siete décadas atrás “el inmenso imperio se derrumbará con estrépito el mejor día” y agrego yo de Gorbachov (237>), sus intentos ladinos y adaptables de dominación, y atrae igualmente a otros camaradas para el movimiento que sustenta, sin detener sus ideas judeomasónicas al expresar que los hebreos por medios déspotas son los amos y gobernantes del capitalismo explotador internacional a través del mundo financiero (166) y que como “amenaza mundial” (232) dominan la prensa embaucadora y de patrañas dentro de un plan judío de la conquista universal (227, 231), que lentamente corroe a la nación fingiendo o conquistando confianza (98,114). Se alza en contra  de la manejable “idea judío-democrática de ciega veneración de las mayorías” (106), expresando además que “el antípoda del ario es el judío”, los de esa raza (111), mientras reconoce sus cualidades intelectuales por obra de una educación recibida de los extranjeros a través del contacto y sin tener una cultura propia, peculiar, moviéndose en su actividad por puro interés personal, mentiroso, hasta intimidatorio (112, 117). De allí que es un parásito en las naciones de la tierra, y que a base de astucia permanente busca de nuevos suelos donde acudir (113).
            En el capítulo V° o Teoría del mundo (165), Hitler abarca otros temas hegemónicos en que atribuye provecho del Estado a los judíos, como verdaderos jefes del mismo mediante el manejo de sus miembros y el partido dirigente. Y para cerrar el trabajo que Hitler discutiera con sus asistentes en la prisión muniquesa y que luego precisa otros conceptos, dentro del programa nacionalsocialista a desarrollar en el aparte 4° agrega que “ningún judío será miembro de la nación” (258), lo que como todos sabemos termina en la expulsión, confiscación, desaparición, tortura y muerte  de millones de seres, incluidos no judíos. Algo parecido a lo realizado por Isabel la Católica en 1492.
            He querido traer al campo histórico y desde luego con las numerosas interpretaciones que se pueden dar, a estos hechos tristes colmados de dolor que demuestran  la siembra del odio hacia esta nación trabajadora que en Venezuela tiene raíces descubiertas por la Inquisición desde tiempos pretéritos del período colonial, para seguir conviviendo dentro de la hermandad con ese pueblo que por conducto de Holanda muchos de sus creyentes se establecieron en la isla de Curazao y que hoy sus familias entroncan con la Venezuela de siempre. Y dentro de un gran salto adelante recordaremos la valiosa emigración de familias judías que durante 1937 en dos barcos mercantes llegaron al país huyendo de una guerra a punto de estallar y que fueron la simiente moderna de esta civilización antigua, aunque la corriente sefardita de siempre ha jugado un papel importante en nuestro país. Y además, tengo buenos amigos y parientes de ese origen con quienes he compartido durante mucho tiempo tantos análisis y criterios a lo largo de la vida social e institucional.
            No voy a introducirme en otros vericuetos a que se refiere el libro en cuestión, ni menos a su estructura, ni a como pude concebir el tema para presentarlo a los lectores, habiéndome atenido a lo interesante del asunto y a lo que resaltaba en dicho trabajo, dejando para sus manos de amplio criterio un reacomodo de lo expresado, sin leyendas o calamburs, a objeto de ser efectivo y veraz el entendimiento de este gran drama no solo de la guerra sino de la humanidad.

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