domingo, 28 de abril de 2013

LA PELIGROSA GERONTOCRACIA.



         Amigos invisibles. Dentro del recuerdo que uno tiene en referencia a la estructura o base del edificio democrático sobre la que se erige un sistema liberal y político con intenciones de gobernar cualquier país, la más peligrosa en nuestros días es aquella precisamente que con la claridad de los pensadores  griegos  vino a participar  en un ejercicio de mando prístino, como de laboratorio,  que sujeto a leyes novedosas y costumbres ancestrales se llevó a cabo desde ese tiempo pasajero de la antigüedad clásica donde las canas se respetaban porque habían sido adquiridas a base de sabiduría, templanza y raciocinio, a tal punto que las sociedades de entonces escogieron para liderar sus comunidades a los más sapientes porque podían dar mejores consejos en bien de los gobernados, lo que no obsta para ser claros en que asirios y babilonios, por ejemplo, también gozaron de esos ejemplos para el buen manejo del Estado. Desde luego que sin atajos imprevistos. Y este recuerdo viene a colación porque repasando un poco de Historia no lejana podemos apreciar que siempre se tuvo respeto en ese sentido superior a los jerarcas del clan, o de la tribu, horda o de quienes con el paso de los años y los ejemplos eran mejor aceptados en los consejos y las definiciones.  Pero como se desgasta el poder y han existido truhanes afamados desde que la biblia los medio identifica, debemos también recordar el paso de los malos tiempos, cuando por diversas causas aparecen ciertos perversos conductores sociales que hicieron de las suyas hasta con saña, terminando aquellos desajustes en desgracias colectivas bañadas de sangre y de miseria, cuando hermanos o vecinos se dieron a la insana tarea de pelear algunos por causas banales y otros mediante el simple culto del mando, que desde luego llevara adherido un sin número de desaciertos y atropellos en que por “dácame acá estas pajas” se liaban en disputas sin sentido para desbordar con ejemplos inicuos el rumbo de la Historia.
            Sin embargo y a pesar de tantos conflictos de ese tono que usted puede enhebrar mediante el recuerdo, funcionó un respeto por la palabra de los mayores y hasta el acogimiento de sus pensares, pero cuando el hombre extravasa las fronteras naturales de su familia para ingresar en una competencia algunas veces  feroz por el predominio en aquello sencillo de que el más fuerte prevalece, allí se destapan toda suerte de conflictos que con paciencia para ejemplo constante habían reunido los libros sagrados religiosos entre mandamientos, pecados capitales y otros supuestos que conformaron un estilo de vida, repito, cuando ya el hombre se dedicó a conquistar el mundo y a imponer condiciones, lo que en un mejor atisbo de ese cambio podemos encajarlo desde el tiempo faraónico para acá y sin que esto implique un desconocimiento de las otras culturas subyacentes. Pero donde procede a tomar forma tal variación señalada en que todavía prevalece el sentido machista de la sociedad, que habrá de perdurar por mucho tiempo, es a partir de una sinergia uniforme que se riega con dos grandes potestades o imperios, vale decir el alejandrino, que no quiero decir heleno y sí macedónico, y el romano, donde precisamente comienza a vislumbrarse períodos de conocimiento dejados al rastro y en cuyo lejano regazo se asentarán de verdad eso que llamamos nuestro mundo occidental. Pues bien, sobre dicha base heterogénea pero llena de ejemplos se va a nutrir el ejercicio de poder más atemperado y de gobierno por el que vivimos durante unos cuantos siglos en eso que llamamos la alta y baja Edad Media, la era de los descubrimientos a nivel mundial (Magallanes, Galileo, Gutemberg, Newton, etc.), y con la amplitud de este desarrollo cultural que desborda la sabiduría llegamos a la etapa de la Ilustración, donde un francés llamado René Descartes dio vida a la famosa frase lapidaria “Pienso luego existo”, encendiendo esa pólvora tranquila para desaparecer el período de las tinieblas y entrar en el reino del raciocinio lato.
            Pero después de los filósofos ingleses (Hume, Locke, etc.), maestros en el arte de esgrimir la política, fueron los franceses quienes con el acicate cartesiano se proponen establecer reglas de juego oportunas para el arreglo del Estado, que en ese tiempo se compuso de monarquías y en especial absolutistas, para fundamentar con Montesquieu toda una teoría moderna de separación de dominios políticos cuyo fin fuera la conducción de un gobierno donde se distribuyan esos poderes subyacentes con cariz al menos equitativo, lo que se pudiera entenderse para aquel tiempo de arranque y mediante las primitivas formas o potestades como unidades de mando en cierto modo imbricadas que  sin rodeos llamaron Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y como el siglo XIX estaba al alcance de los ojos con el advenimiento de Napoleón Bonaparte, el mundo occidental dio una vuelta entera porque a partir de esos recuerdos fundamentales ya nada fue igual, encendiéndose las pasiones aunque de otra manera acaso más sutiles pero llenas en el fondo de anarquías y desgobiernos que hicieron mucho daño porque el símbolo del poder extremo o meta final comenzó a dibujarse y casi sin ningún disfraz, como la apetencia mayor para el enriquecimiento propio y con ello los desbarajustes sin término que se han vivido donde pululan toda suerte de lacras y demás desafueros que forman larga fila.
Este panorama llevado al caso específico de Venezuela es en verdad lastimero porque al tiempo que en Europa acaecían tales atropellos contrarios a la igualdad, en nuestro país con los estertores de la Guerra de Independencia se desata otra suerte de desmanes más dañinos para la tranquilidad social con la irrupción sucesiva de los llamados caudillos, suerte de providenciales militares ignorantes que en su mayoría creyéndose inviolables, eternos e infalibles, con la utilización de toda clase de triquiñuelas y desmanes pretendieron, aún pretenden y pretenderán, si no se pone coto a esta nueva barbarie, ejercer el poder permanente, algo así como enviados de Dios, para que los siervos les hagan caso sin chistar, a riesgo de daños superiores, y donde el traspaso de los años no les hacen mella, por su predestinación al mando desequilibrado y todopoderoso. Así pudimos apreciar y vivir las etapas siniestras del general José Antonio Páez, quien gobernara por muchas décadas seguidas según fuese su antojo porque de cabezas cortadas para abajo y con el temor encima se manejó la cosa pública en el largo período de este llanero ejemplar, que termina hasta en su ancianidad. Después y sin respirar un tiempo en el escenario presidencial apareció nada menos que el combo dinástico de los hermanos Monagas, con el frío y calculador José Tadeo a la cabeza de un gobierno despótico y asesino que gobierna con tres de los Monagas susodichos y donde la corte celestial de esa pandilla con sendos cargos a ejercer ascendió a alrededor de quince familiares, que manejaron el país hasta la muerte de estos sátrapas, la mayoría rondando en la demencia senil.
             Y para continuar en el desgobierno de las primeras autoridades luego de la sangrienta Guerra Federal, siguen apareciendo personajes de muy mala espina o ralea, como el sargentón sortario Julián Castro, de tan escaso recuerdo, y nada menos que el aprovechador “señorito” general Antonio Guzmán Blanco, usufructuario de la guerra anterior, con una asombrosa  cabeza para los negocios turbios de provecho, a lo rey Midas, quien en 25 años que maneja por sí y con testaferros el poder mayor para su beneficio, le monta grandes deudas al país incluso mediante el concurso conveniente de personas adelantadas como el taimado y rezandero Rojas Paúl, el borracho y libidinoso Andueza Palacio y el mulato zamarro Joaquín Crespo, que entonces se hace el más rico de Venezuela, a pesar del condado de Tovar, para luego como resultado de la continua mala administración quedar sus herederos en la más triste inopia. Y en esa etapa de finales del siglo XIX muchos caudillos envejecidos y sobrantes de las dos grandes guerras anteriores a su manera usufructúan del poder sin escrúpulos, hasta cuando aparece un nuevo guía espiritual para dar sombra a los negocios nada serios con sus desmanes y la mano floja, quien además pensaba eternizarse en el poder cambiando todo a su favor, metido en conflictos internacionales con nuevos dispendios onerosos y al que el compadre de su intimidad, o sea el general Juan Vicente Gómez, lo expulsa del ejercicio de gobierno y de las francachelas mujeriegas regadas de abundante coñac que se  prorrogaban de día y de noche, o sea el general Cipriano Castro.  A la caída de este andino dispuesto a todo sube al poder otro montañés pero muy diferente a su persona, astuto, comedido aunque de una tremenda vida interior manejada con el sentido de la oportunidad y para hacer buenos negocios, con lo que el país y durante un largo cuarto de siglo no osa hablar ni menos discutir el pensamiento palabra y obra del mentado Gómez, sus adláteres de la intimidad, los caporales y a tantos administradores de los inmensos latifundios y bienes inmuebles adquiridos, que lo hacen el hombre más rico de Venezuela, ante la presencia efectiva de todo un clan familiar compuesto de hijos, tíos y sobrinos, además de otros tachirenses del afecto y parentesco que usufructuaron el poder gerontocrático de la manera más amplia. Muere así el viejo caudillo, sin que nadie ose interrumpir el sueño profundo, ni con los más nuevos interesados que por centenares regresan del doloroso ostracismo y ávidos de recuperar el tiempo perdido.
            Con la desaparición del caudillo militar Gómez otros atisbos de amplitud se vislumbran en el escenario de la política nacional porque el oscurantismo en que se viviera comienza de manera modesta a ocultarse, aunque no el poder de los sables, sostenido por López Contreras y Medina Angarita, con sus aspiraciones permanentes de mando, aunque ya mediante el manejo de ideas extrañas que se aportan, afiebradas aún desde cuando suceden los episodios de la revolución comunista en Rusia para la supuesta mejora de las clases sociales, en especial los mujiks,  lo que termina en una falacia más. Sin embargo tal incorporación política de esas ideas arrancadas como de parto prematuro, traen al tapete de los conocimientos una serie de postulados en alguna forma aceptables dentro de sociedades en avance, como la americana y otras europeas, que con dificultad entran en el seno de la sociedad venezolana por ser atípicas y que por los desmanes de sus conductores afiebrados, desembocan en un nuevo golpe de estado militar, que lidera el pronto coronel Marcos Pérez Jiménez, hombre de derecha pero con una concepción más dinámica en cuanto al despertar de la sociedad venezolana.  A partir de la revolución de octubre de 1945, que en el medio político sí puede llamarse así, otro orden de cosas comienza a funcionar bajo el taimando mando de las botas militares, hasta cuando Pérez Jiménez se entroniza en el palacio presidencial de Miraflores por diez años cortos, vistos desde la proyección de su mandato autoritario y plutócrata que permite avanzar el país por la senda de los negocios y del desarrollo, siempre al amparo circunstancial de ese gran patrón imperial  y subyacente que son los Estados Unidos, quienes a poco ven con seriedad que Venezuela es un país rico y de confiar. Pero por detrás de este aparato socioempresarial que se instala y con el maná del petróleo que progresa, aparecen no mafias sino familias interesadas en la proyección del país, lo que da ocasión a la amplitud de capitales y por ende a una conchupancia sistemática que se establece entre el palacial Miraflores y los grupos adinerados, lo que permite por lo alto establecer un proyecto elaborado en el sentido de no abandonar el poder, protegiendo así muchos pero bastantes intereses, de donde comienza a aflorar toda una sociedad comprometida en esta vocación difícil para alejarla de esa suerte del holding de la riqueza desparramada por todo el territorio republicano, en cuya piel ya subsisten herederos arrastrados por la corriente hiperactiva de los negocios,  desde los cambios de gobierno con algunas  ideas novedosas ocurridos en 1945, y que con los años se consolidan para entrar ya en un período gerontocrático.
            Sobre estos parámetros adicionales para el ejercicio del poder con una u otra bandera de disimulo, bueno es recordar la tradición que como suerte de comején, polilla o gorgojo profundo se ha establecido en los altos niveles del mando ejecutivo, teniendo para ello cual productor de beneficios al parecer eternos la riqueza presente y sirviendo de ejemplo clave a muchos gobiernos que han establecido verdaderas dinastías familiares recordando entre estos  en el siglo XX a la familia Franco en España, Salazar en Portugal, a los viejos sistemas liberales y conservadores que sin atender el calendario que envejece se repartían el poder permanente en Europa, a las casas reales de aquel continente (Italia, Bélgica, Austriahungría, Inglaterra, España, Suecia, etc.) y ese mismo sistema con mayor holgura y displicencia mediante ciertos retoques necesarios fue establecido en América Latina, donde prolifera a las anchas o las estrechas en una suerte de poder omnímodo que hace y deshace sin contemplaciones, sobretodo con aquellas dictaduras ya declaradas que algunos hemos podido conocer y hasta vivir como los casos tan patentes de Baptista en Cuba, los ancianos hermanos Castro en el mismo país, Duvalier y su hijo en Haití, toda la larga familia y allegados del también anciano Rafael Leonidas Trujillo en los tantos años de la dictadura trujillista en la República Dominicana, la dinástica familia Somoza en Nicaragua, la dinástica familia Perón y Evita de mampara con sus distintos proceratos en Argentina que andan suaves aún en el ejercicio del poder, el batallador general Augusto Pinochet que no se le “aguaba el guarapo” para tomar decisiones, como las anticomunistas,  Odría, Peñaranda, Getulio Vargas, la famosa dinastía del PRI mexicana con su inmensa corrupción y que ahora parece entrar un poco en el ejercicio democrático vertical, el aturdido de Noriega, Velasco Alvarado y sus ideas extremas, o el Ortega de Nicaragua que ya no aspira abandonar el poder.
 Y para incidir en el largo tema vienen otros especímenes del rastrojo a mencionar, aprovechadores del  momento que entendiendo como los dólares corren por sus manos sin contar, no piensan alejarse bajo ningún respecto de esa gran corruptela, provocada por omisión y negligencia supina y ante los ojos y el pulso tranquilo de quienes han podido usufructuar ventajas para esta hemorragia de ocasiones debiluchas que de poco tiempo acá han infectado de veras y con serios saldos negativos esas tranquilas economías mal vivientes que sin pensar en lo futuro fueron cayendo en este huracán de corrupción, mediante una forma a veces inesperada pero cierta, como hoy ocurre con los dinásticos y depravados gobiernos que funcionan a su mandar en Argentina (Cristina y su hijo Alexis), Evo Morales y su hija, el parcialmente desaparecido Uruguay y la Topolowsky, como dije Ortega y su mujer Rosario en Nicaragua, las aspiraciones de Nadine en Perú, Cilia tras bambalinas en Venezuela, y otros lugares ásperos de nuestra tragedia regional, donde han tomado verdadera posesión estos grupos mafiosos para no salir más, según esperan, por órdenes superiores de quienes desde fronteras afuera los manejan a su guisa y como se  argumenta, con el empeño imperioso de los billetes verdes. Conste además que no soy alguien pesimista sino que analizando los entramados acontecimientos que circulan a menudo puede uno sacar conclusiones “a boca de urna”, como se estila decir en tantas elecciones amañadas.
            Sobre este triste acontecer no se crea que el plan urdido a nivel continental fue obra de la casualidad romántica y generosa del cofre de la fortuna, sino al contrario como fuerza expansiva del resentimiento y hasta el odio maquiavélico y comunistoide sembrado en las últimas generaciones, donde a través de la experiencia frustrada por equívocos y derrotas sucesivas, para luchar no contra el oso de Moscú, ni contra los capitalistas de Wall Street, sino enfebrecidos por el poder a juro que detentan los cabeza calientes sucesores de esas derrotas desastrosas, idearon toda suerte de patrañas tracaleras, pero muy sustanciosas en riqueza, para mediante el juego sutil que siempre han demostrado, como el foro de San Pablo, el gobierno gerontocrático de La Habana, y el recién fenecido de Caracas, porque hasta la fecha no se vislumbra el verdadero sucesor, mediante una urdida maniobra que naciera en los laboratorios capitalinos con el astuto expresidente Chávez, a fin de tomar el poder y para siempre en la América Latina, como medio compensatorio y frontal al inmenso dominio hemisférico sostenido también a nivel global por los Estados Unidos de Norteamérica. Para conformar tal designio que ahora se ve cojo por la desaparición del fenecido presidente Chávez y que aparenta a mediano plazo tomar el mando del huérfano conjunto el agresivo por también dinámico ecuatoriano Rafael Correa, dentro de una política contraria a la del imperio americano, pero que no rebate los expansivos imperios chino, ruso,  indio y brasileño, principalmente, el referido plan ha dejado atrás un poco la hermandad guerrillera y narcotraficante, de riesgos y sangre permanente, a fin de adentrarse en el mismo estado tildado de democrático, para con las armas esgrimidas mediante un lenguaje de doble intención corderil penetrar en lo hondo de tales sistemas a objeto de derrumbarlos desde adentro, en algo parecido a lo que sucediera entre 1945 y 1949 cuando la Unión Soviética se adueñó de los estados europeos liberados  en el Este de Europa, teniendo para sostener tales apetencias requeridas y en nuestro caso americano una cornucopia necesaria proveniente del maná petrolero que fue apaciguando, adquiriendo y hasta con el soborno frontal a muchos países de débil estructura orgánica, lo que con el correr del tiempo y la formación de instituciones paralelas que juegan a la destrucción de las ya existentes, como el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), y porque los creadores  de tal sistema pluriúnico, valga este neologismo, aspiran establecer en sueños alucinantes desde México y aguas abajo una gran potencia continental, que se encare con los propios Estados Unidos, aunque los ilusos no se bajen de esa utopía (Platón, Moro, Bacon) por demás truncada.
Mas como para sostener esta pretensión no bastase el intentar destruir a la primogénita Comunidad Andina de Naciones (CAN) y otras organizaciones  (Mercosur) por el estilo que las izquierdas siempre han tenido en la mira, ni distanciarse con muchos gobiernos existentes en el área que no comulgan con tales ideas fuera de contexto, arruinando así en sus ingresos a países como Venezuela o mediante cohechos y otras maniobras engañosas, el mismo diablo de la política obstruccionista y totalitaria inventó como suprema expresión del poder a la Gerontocracia en función de gobierno, para evitar toda suerte de obstáculos que pudieran presentarse en el escamoteo electoral, y por ello no solo ha creado instituciones paralelas (y también encuentros de igual estilo) como UNASUR, CELAC, ALBA y otras que ya han caído en sus garras doctrinarias, sino que con el ejemplo de los fracasos y para cuidarse las espaldas en este sentido han trazado todo un mapa artístico de América Latina, de promesas mentirosas, donde a partir de quien inspirara dicho tenebroso intento hasta ahora no desarticulado, pero que pronto por eso de las mediocridades existentes puede desaparecer en peligrosidad y no en latencia,  se ha ido aposentando en cierta forma sobre el continente iberoamericano, bajo fuerte o media penetración aunque con raíces de cierta profundidad en comunidades como Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Bolivia, Brasil, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Salvador, Cuba, Honduras, desde luego Venezuela y otras al voleo que se pueden escapar, a lo que agregamos esa colección de rémoras usufructuarias del petróleo nacional a quienes casi se regala una buena porción diaria de hidrocarburos, por puro interés político de votos a favor en las acciones internacionales. 
Pero el colmo de este plan macabro para así dominar la América Latina y en forma permanente es no solo acabar con las instituciones internas que hacen juego democrático en los países señalados, sino que aún no contento con ello, al estilo del implantado en Venezuela se fue reduciendo el poder de maniobra de los órganos supremos del Estado en los segmentos legislativo, judicial, electoral, empresarial, educativo, de medios comunicacionales, y otros tantos que hacen imposible un equilibrio necesario para el buen ejercicio de gobierno, de donde en la maniobra internacional y por las dádivas requeridas o el soborno necesario ya señalado, se han adquirido conciencias tarifadas, al extremo que los organismos protectores del  normal desarrollo de la democracia interamericana se hallan maniatados, con la mente en blanco y cosidas sus bocas, siendo imposible acudir a las entidades internacionales en procura de justicia porque de antemano y con votos sujetos se conoce la decisión, como en el caso triste de los derechos humanos.
            Para concluir el largo mensaje de aproximación que ustedes sabrán excusar,  agrego que en este maquiavélico ejercicio de reemplazo de la verdad ha venido progresando por los mismos carriles de la desvergüenza la idea ya puesta en práctica de las familias imperiales, como se intenta en Honduras, Salvador, en el ya existente Nicaragua, Colombia con sus grupos guerrilleros de izquierda, la familia Correa del Ecuador (refiriéndome al grupo compacto, hereditario con enredos narcóticos, y no a la familia en sí), Venezuela, Brasil (Lula, ¡ah Lula! y sus compadres tipo Dirceu), Dilma deshojando margaritas, Bolivia y la compañía danzante con Evo y los compinches, y otras formas de penetración que aspiran mantener el poder para siempre, aunque los comodines eleccionarios y otros aditamentos puedan existir, para que nadie alegue la ausencia de la palabra “democracia”, así, entre comillas, y valga como ejemplo el caso gerontocratico de Cuba.  Ahora ante la desaparición apresurada del presidente Chávez  se abre un compás de espera no solo eleccionario, que aún subsiste, sino entrañable en cuanto al manejo de esas clases llamadas D y E de la población que con facilidad, constancia y halagos superfluos el extinto supo ganárselas ya convertido como sabemos,  en mito, esperanza y hasta santo, que no del poder celestial. La balanza del desafío eleccionario concluyó en  apariencia el pasado 14 de abril, y de acuerdo con su resultado a resolver se sabrá si es otro comienzo del fin insondable de la política venezolana, o el inicio de cualquier round posterior a la continuidad de la gerontocracia en que personajes sabidos y por saberse se atrincheran dadas sus actuaciones constantes,  aunque sin ampliar explicaciones hasta nuevo aviso provenientes de los cuatro grupos que dentro de la gratificada familia imperial intentan arrebatar el montón, manteniéndose en el poder per secula seculorum. Pero aparenta de verdad haber cambios. ¡Hasta cuándo, Catilina, abusas de nuestra paciencia!.     
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