sábado, 3 de noviembre de 2012

EL SINGULAR BASTARDO DIEGO GARCÍA DE PAREDES.

        Amigos invisibles. No he querido bajo ninguna forma denigrar de este admirado capitán extremeño, sino al contrario situarlo en un justo título suficiente e interesante como para comenzar esta crónica. Lo primero que debemos advertir y ya situándonos en el siglo XVI en que viviera, es que España como salida de un mundo casi feudal permanecía en un entorno lleno de contradicciones no lo suficientemente entendible desde la óptica de nuestro tiempo, pero si lo bastante complejo como para castigar almas queriendo decir cuerpos, en el sentido de las exigencias sociales, como obra de una repartición estratificada de los súbditos, aún en viejas pendencias, desde cuando los moros arábigos pero mezclados con los norafricanos magrebíes entraron para permanecer en su territorio por muchos siglos que algunos dicen de bienestar y otros de suplicio. En esa refriega permanente se fue moldeando este país de diversas nacionalidades y pensares, dentro de aquel cúmulo de desigualdades y tropiezos que caracterizaron a la Europa de aquellos tiempos guerreros.
        Pues bien lo primero a tratar sobre el molde que enmarca el nacimiento de nuestro personaje, a quien le tengo aprecio secular porque inicialmente fundó la ciudad Trujillo de Venezuela, que me vio nacer y de quien guardo tantas leyendas alusivas que rodearon a ratos parte nutriente de mi infancia, con este razonar sencillo quiero referirme a la estricta división de la sociedad de aquella época, primero porque España había entrado en una decadencia económica acaso dramática, ya que al acorralar expulsando a los moros y a los judíos como supuestos enemigos del nuevo orden establecido por los poderosos castellanos que tras bambalinas dominan la escena decadente, el comercio agrícola y ganadero de los expatriados moros y de los moriscos subsiguientes, como el movimiento económico de los judíos “conversos” que siguen en esa limpieza social, marcan aún más la decadencia de que hablamos, de donde salvo los grandes señores y la Iglesia todopoderosa, como de algunas familias de solera favorecidas, los demás penetran en la pobreza que se extiende por toda España como las contiendas cotidianas, porque debemos traer a colación que la guerra es también un gran negocio. Si no que lo recuerde el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. De esas resultas aparece el estrato social más bajo ayuno de toda ayuda, por lo que en la estampìda algunos desposeídos se refugian en los conventos y otros prefieren el ejercicio de la guerra crucial, que como negocio positivo puede sacar adelante a ciertos soldados que reúnen méritos por su bravura y valentía en el sempiterno oficio de las armas. Pero el llamado Descubrimiento de América y el combate que se prosigue en diversos puntos de Europa donde España tiene razón de ser o poderío, destapa la olla del deseo, de la riqueza y de otras fantasías que se cuelan por dicho país en dificultad permanente, de donde grandes capitanes en los llamados tercios luchan bajo ese combate de excelencias, como Gonzalo Fernández de Córdoba o Diego García de Paredes, a quien se cita con honor como “El Sansón de Extremadura”, que por cierto es el padre biológico del personaje que estamos tratando.
        El problema que se plantea en ese origen difícil con respecto a nuestro Diego García de Paredes, hijo, se centra doloroso de un principio, porque su nacimiento viene a ser bastardo o fuera de matrimonio, tan mal visto aunque tolerado con dispensas en cierta forma por la Iglesia, pues como secreto a voces se sabe que su padre el gigantón Don Diego, algo así como un personaje de novela renacentista, de sus hazañas en Italia viene a la tierra extremeña en plan de ligero descanso, y en ese corto tiempo como el diablo tienta y la carne manda, en un pequeño desliz engolosina de pasión y corto romance escondido a una vecina distinguida de Trujillo, de quien todos conocen su nombre pero que por respeto nadie menciona y que en verdad es la linajuda doña María (Mencía) de Vargas, dama de solera y hasta de tronío como cantan los vecinos andaluces, de donde a escondidas como debió ser para guardar respetos en la profundidad taimada de Trujillo y con cero información al respecto el año mortuorio de Colón, o sea en 1506 nace un hijo varón, a quien se bautiza en íntimo secreto, para evitar conversaciones y hasta el murmurio dañino, a quien para mejores señas en cierto grado identificatorias sin entrar en detalles se le calza el nombre de Diego García de Paredes. Don Diego entre tanto como es de suponer regresa a Italia para continuar la batalla emprendida en la defensa de los intereses en principio imperiales, mientras que para dejar mención histórica aunque sea en forma literaria sobre tal acontecimiento en que se enreda hasta el amor, un descomunal bardo de la época, un fénix de los ingenios como es don Lope de Vega Carpio, se atreve a dejar constancia de aquel enlace furtivo entre otro corajudo Don Juan y la tierna Doña Inés. Mientras va creciendo con el mayor sigilo como es de suponer, pronto en la sufrida región extremeña comienza a hablarse de las maravillas áureas descubiertas en América de donde los apetitos de riqueza en este sentido se desbordan, con la meta precisa de viajar a la capital europea con la intención de que el bueno rey Midas lo favorezca en la idea de hacerse rico y en poco tiempo. Por ese camino hacia Sevilla, ahora cargada de barcos temporales que zarpan sin cesar, ya aparecen en esas tierras milagrosas los grandes soldados extremeños que son Hernán Cortés y Francisco Pizarro, mientras que pronto le van a seguir otra legión de jóvenes para continuar en el empeño, con los que España va hacia la formación de su imperio americano. Al joven Diego, reconocido por su padre, en el recuerdo bastardo de Don Juan de Austria lo crían con cierto esmero y calidad cerca de Trujillo, donde dentro de la familia se le instruye en muchas artes, incluida la literatura, astronomía, las armas y la historia. Es apenas cuando en 1516, siendo zagal de viveza, que viene a conocer su padre, cuando se establece cerca de Trujillo y al regreso de Italia. Ya es un momento fundamental para la vida del menor, por los conocimientos y el amor que le pone su progenitor cuando se acerca a la tranquilidad y sabiduría de los cincuenta años. Para entonces nuestro Diego García ha heredado la agilidad y fortaleza de tal padre, cuestión de suma importancia para el desarrollo de su vida. Poco tiempo después el maduro Don Diego, que entre otras distinciones alcanzará ser marqués de Colonetta y a quien Cervantes en Don Quijote hace un elogio de altura, sirviendo en la guardia personal del Papa Borgia Alejandro VI, que antes lo había hecho para los Reyes Católicos y siendo caballero noble de la Espuela Dorada (de oro), que ya es mucho decir,
 resuelve trasladarse de nuevo rumbo a Italia, quedando el hijo ya algo crecido en la disyuntiva de escoger la carrera eclesiástica, que no correspondía a sus briosas actuaciones, o iniciarse en el mundo militar, que tan buenos frutos podría producirle, como el conocimiento de los mundos Nuevo y Viejo, teniendo como ejemplo a seguir la exitosa actuación de tantos extremeños osados que ahora hacían su vida y fortunas en   América, como Hernán Cortés, el porquero vecino Francisco Pizarro, y al que conoció niño, Francisco de Orellana, descubridor y viajero del inmenso río Amazonas, inmortales los tres, que llegaron a la más alta fama militar.
        El año 1521 es cuando ve por última vez a su padre, por lo que con esta ausencia, que durará por siempre, decide emularlo en cuanto él ha representado para su patria la dignidad en el escenario europeo, de donde con los ejemplos de sus antecesores como Cortés y Pizarro emprende el viaje definitivo hacia Sevilla, en pos de la suerte y del honor, que no tiene en este caso cortapisas. Analizando así su porvenir se detiene algún tiempo en ese puerto mágico sevillano, mientras sopesa si continúa en los pasos europeos de su padre o se lanza en la carrera de América, porque Sevilla anda llena de valerosos extremeños, que es lo que en definitiva le hace sacar pasaje a Indias, cuando anda acercándose a los dieciocho años de vivencias, y así pronto le vemos recorriendo a la insular Santo Domingo, la primogénita capital americana, en el alba de 1524. Pronto como sabemos y en el inicio de la singladura viaja a Centroamérica, en tierras del fiero cacique nicaragüense Nicarao, donde se estrena como militar mientras arrecia una lucha frontal por el poder hispano entre varios conquistadores por querellas y dominios territoriales es decir desde Honduras y hasta Panamá, que llega por desgracia al manejo sangriento de las armas, en que vence el desgobierno de Pedrarias Dávila, de donde nuestro Diego García de Paredes a sabiendas que su pariente Francisco Pizarro andaba en busca de valientes soldados, para ir a la conquista del Pacífico y rumbo al Perú, en unión del explorador andaluz y conocido personaje Hernando de Soto aceptan la llamada de Pizarro, por lo que en 1531 se halla en Panamá para luego seguir hacia el Sur, en busca de la gloria y de Pizarro. A las órdenes de este extremeño su pariente y amigo dura varios años a lo largo de esta costa pacífica americana donde reinaba el enorme imperio inca, extendido desde Pasto en Colombia hasta el centro de Chile y más allá como adentrado en las sierras que caen hacia el Amazonas. Allí se hará un soldado de valer, principalmente con sus hazañas entre Ecuador y Bolivia, Tumbes (a quienes siendo traidores al propio Diego García castiga con rigor), Loja, Paita, Chanchan, hasta adentrarse por Chile y la actual Machu Picchu, en el combate difícil contra once millones de súbditos indígenas, y ellos apenas siendo un puñado de hombres valerosos pero montados a caballo y con petos metálicos que infundieran terror a los naturales americanos. Pero donde destaca con holgura nuestro Diego García es cuando luego del episodio de la isla del Gallo con los trece de la fama dan un paso irreversible a favor de seguir a Pizarro como diera lugar, de donde en la jornada en prosecución Diego García junto a 168 soldados y 37 caballos acompañantes en Cajamarca junto a dieciocho compañeros escogidos por el propio Pizarro, siendo García uno de ellos, el 16 de noviembre de 1532 hacen prisionero al último y décimo cuarto inca de nombre Atahualpa, que está cuidado por miles de súbditos allí reunidos pero sin nada hacer frente al terror, de donde a poco la inmensa fortuna en oro propiedad del Inca Atahualpa pasa a poder de Pizarro y de los suyos, mientras por miles mueren en la desbandada los acompañantes de sacrificado indígena Atahualpa.
        Superado el episodio exitoso del Perú y con las alforjas llenas Diego García resuelve regresar a España, y en enero de 1534 ya anda por Sevilla, para seguir viaje rumbo a Aragón, y luego a Barcelona, donde tiene el privilegio de saludar y besando su mano al emperador Carlos Vº, o Iº de España si así lo quiere usted llamar. Pero ante los avatares de la continua guerra y por necesidades apremiantes de dinero los héroes venidos del Perú como García deciden prestar cierto dinero a la corona real, por lo apremiante de sus necesidades. En este tiempo de cuatro años en que con ánimo guerrero visita a Flandes, Francia, Alemania, Italia y Sicilia, según están contestes sus estudiosos biógrafos y mientras se decide el futuro de nuestro distinguido militar conquistador, sin problemas dinerarios viaja a Trujillo, postrándose allí ante la tumba de su padre, ubicada en la Iglesia Santa María la Mayor, donde tuve la oportunidad de asistir al reconocimiento forense de su osario, en 1957. Para ese tiempo Diego García había ascendido a capitán del ejército español, título de relevancia en el mundo de las armas de entonces. Luego de este viaje a Extremadura y por los contactos familiares entra en comunicación con el Adelantado Francisco de Orellana para formar parte de su reiterada expedición al Amazonas en busca de riquezas como El Dorado, con cuatro barcos y 400 hombres, que parten primero de San Lúcar de Barrameda el 11 de mayo de 1544, mas la expedición viaja sin suerte, entre la que va destacado nuestro Diego García, y ya al llegar a las bocas del inmenso Amazonas ha perdido dos navíos y como 200 hombres y luego adentrándose en el mar de agua dulce amazónico siguen las muertes, el hambre y la miseria hasta que un tanto olvidados en 1546 nuestro Diego García ve como fallece su gran amigo Orellana, derrotado por las enfermedades apestosas y el desconcierto. Los pocos que quedaron a duras penas pudieron regresar a la insular Margarita en Nueva Andalucía, poco tiempo después. De este centro perlífero, con la cercana Cubagua, García de Paredes decide viajar al Nuevo Reino de Granada, en que permanece un tiempo, donde se detienen poderes y fuerzas originadas desde Guayaquil, de Venezuela y Cartagena de Indias, mientras García de Paredes analiza tal situación, decidiendo luego trasladarse a Venezuela y como siempre en la aventura de los aún años mozos, en busca de El Dorado. Para los venezolanos esta última etapa del conquistador es más fecunda de conocimientos, deteniéndome en cuanto pueda interesar a los que ignoraban a tan importante capitán.

         En este comienzo del sexto lustro del siglo XVI De Paredes aparece en Coro para luego seguir a El Tocuyo y pronto mediante órdenes superiores se le destina a combatir del alzamiento del negro africano pero nacido en Puerto Rico que se autotitula Miguel Iº, que en 1533 desconoce toda autoridad española alzándose en la minas áureas de Buría y luego coge la montaña con su hueste cautiva. donde funda un efímero reinado que pronto la brillante espada de García de Paredes al mando de treinta soldados destruye enteramente cuando entre los primeros alzados cae muerto el referido Rey. Luego De Paredes se detiene en Barquisimeto con ánimo fundador de la ciudad, lo que acaece en 1552, y a seguido término con tal éxito el cabildo de El Tocuyo lo designa para que vaya a la conquista vecina de los indios cuicas, tan avanzados en esa cultura primitiva, territorio que representa el hoy Estado Trujillo, donde a mediados de 1557 y con setenta infantes que lo acompañan penetra en aquel territorio y funda a Nueva Trujillo, en recuerdo de su natal ciudad, de donde luego parte hacia El Tocuyo para dar cuenta de la hazaña. De seguidas un nuevo enviado a la ciudad la cambia de sitio, que así ocurrirá por siete veces en esta ciudad portátil, de donde regresa de Paredes para repoblar en la segunda vez, pro por estos dimes y diretes alternativos, decide pasar a Mérida de los Caballeros, que es frontera santafereña de Colombia, y estando en ese apuro reiterativo y fundacional allí conoced que el sicópata asesino Lope de Aguirre se encuentra en Margarita, ha salido ha Borburata, Valencia y se dispone venir en son de
guerra a Barquisimeto, de donde ante el peligro el Gobernador Gutierre de la Peña le exige regrese a Venezuela para detener y exterminar a tan tremendo loco, lo que realiza a través de Trujillo para luego reunir a 150 hombres con que enfrentarse a este frenético bandolero, lo que prepara mientras recibe el ascenso militar de Maestre de Campo. El siete de octubre de 1561 con su tropa ya está frente a Barquisimeto, mientras realiza actividades de logística y espera el continuar de los acontecimientos, a sabiendas de la deserción que sufrirán sus compañeros, porque como repito los manejaba un loco. Así las cosas se obtiene información previa por uno de los desertores, Pedro Alonso Galeas, y otros datos de inteligencia recogidos por lo que pronto se entra al ataque, en que reducido a nada el miedoso Aguirre pide clemencia al final, que no le es otorgada, por lo que muere de un trabucazo y luego se le corta la cabeza y las manos, para mayor escarnio. Si usted desea más informarse sobre este asunto puede visitar un blog de mi autoría que aquí publiqué hace poco tiempo.
         Bien, una vez acabado con esta insurrección tenebrosa y junto con los recaudos necesarios De Paredes emprende viaje a España, en solicitud de mercedes o recompensas por el currículo que ostenta, que desde luego no le son negadas, sino al contrario, el Rey Felipe II y por Real Cédula de 28 de julio de 1562 en mérito de sus servicios nombra a Diego García de Paredes Gobernador y Capitán General de la importante Provincia de Popayán, que ahora es Colombia. Pero antes de seguir a tomar riendas del cargo decide bajar a tierra en Borburata para saludar a su gran amigo y compañero en la gesta contra Lope de Aguirre, Luís de Narváez, de quien fuentes cercanas le aseguran está en dicho poblado indígena, y con la buena fe que se presume frente al bajo engaño que le tiende se dirige a la costa donde el jefe toromayma y feroz caribe Guanauguta le tiene una celada, de lo que no sale vivo, pues es acribillado inmisericorde con flechas venenosas. Así murió este personaje de leyenda, cuyo lienzo pictórico obra del reconocido extremeño Antonio Solís Avila, en tamaño heroico fue donado por la Alcaldía del Trujillo extremeño a la ciudad de Trujillo, en los 400 años de la fundación de la ciudad. Y el otro gran obsequio que se hizo al Trujillo en dicha efemérides oportuna correspondió al busto imponente de García de Paredes que donó el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid en igual homenaje, obra del gran escultor reconocido a nivel internacional Juan de Abalos. Pero el odio creciente hacia el origen español que circula en algunas esferas mulatas salidas del carril respectivo, manejó que algunos vándalos de la peor calaña, y execrados en la ciudad trujillana, con la ayuda de la nocturnidad mafiosa a punta de martillo destruyeron este busto de tamaño heroico, para quizás refocilarse en medio de alguna infusión narcótica, o para vender el metal broncíneo como suele suceder, lo mismo que pasó con el soberbio lienzo del referido cacereño Solís Ávila, de quien nadie da cuenta de dicho robo y posible destrucción semejante a la que usaban los nazis en tiempos de preguerra. Sin embargo y esto los vándalos hotentotes no lo pueden acabar, el gobierno español ordenó emitir una estampilla conmemorativa de la fecha, donde aparece de medio cuerpo el famoso capitán y la que estos enfermos mentales no pueden destruir, como también hicieron en Trujillo con los bustos de Sancho Briceño y Cristóbal Colón. En Google imágenes pueden ver la estampilla lograda con su figura serena. Que esto quede bien claro en el mundo de los lectores, para recuerdo histórico de las barbaridades que se viven.

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