domingo, 25 de marzo de 2012

LOS GRANDES ENEMIGOS DE SIMÓN BOLÍVAR.

Amigos invisibles. Para ser fieles a la realidad histórica y sin tapaderas de ninguna clase, la verdad es que Bolívar tuvo muchos enemigos y con el transcurso de los años fueron más, pues por encima de que “el poder desgasta”, el carácter de este caraqueño y algunas resoluciones que tuvo rayanas en violencia, como el desarrollo superior del ego en estos personajes que hoy consideran paranoicos, no tiene fronteras, desde luego por la intereses creados de cada uno, de donde pasado el tiempo todos esos factores se unieron al extremo que Bolívar no fuere amado por muchos, entre los diversos estratos que le tratan, al extremo de esa fuerza corriente en este sentido que ya en los últimos tiempos de su existencia la soterrada enemistad se mostró presente de tal forma que casi en cadena sucedieron una serie de atentados contra su vida, dejando mal parados estos sentimientos iniciales de apoyo para transformarse a poco en rebeldía y adversidad, por lo que en varias conjuras planificadas, sostenidas y puestas a cabo, o no, se atenta contra su vida, deseándole la muerte.
Lo primero que vamos a recordar sobre este tema es que en el blog no ha mucho tiempo  impreso (15-12-2011) hay un trabajo en el que tratamos sobre los 20 atentados mortales que le hicieran para sacarlo fuera de la escena, en diversos grados de ejecución y que como hombre de suerte en tal sentido, no pudieron llegar a su fin, En dicho estudio analítico de una manera simple pero explícita saqué a colación la presencia de personas que lo adversaran en sus intenciones, en una y cualquier otra oportunidad, como Antonio Nicolás Briceño, los conspiradores en Lima, de 1826, entre otros Mariano Pascual Necochea, el vicealmirante Martín Jorge Guise, los hermanos Mariátegui, el futuro arzobispo de Lima Luna Pizarro, los coroneles Vidal, Prieto y Tur, el general Correa y muchos más, y en cuanto a Bogotá surgen varias conspiraciones soterradas donde se destacan fuertes contrincantes como los presentes en la Convención de Ocaña y los tumultuosos y hasta educados rivales que fomentan la más grande confabulación en su contra materializada mediante diversas fases en septiembre de 1828 y cuyos siete cabecillas estrellas son el intrigante y raquítico Florentino González, el joven filósofo sectario Pedro Azuero, el poeta Vargas Tejada, el gabacho Agustín Horment, el venezolano borrachón y conspirador nato Pedro Carujo, el inculpado coronel Ramón Guerra y el fraile renegado Juan Francisco Arganil, mas otros tantos y valga señalar al venezolano Emigdio Briceño, el bartolino Mariano Ospina Rodríguez, Wenceslado Zuláibar, Francisco Soto, y otra canalla mal habida, todos bajo el sutil y siniestro manejo del aspirante a la Presidencia, general Francisco de Paula Santander.
Pero como la mención de tantos enemigos es larga, fuera de los que se olvidan o pasan de bajo perfil, para dar razón a esta crónica que es real por histórica desde un comienzo iremos dando cuenta de esos no comulgantes con la persona de este caraqueño mantuano o con sus ideas a veces distintas e incompatibles,  que cambian cuando menos se espera o que se mantienen en contra de la voluntad de muchos, como fue el tema de la monarquía que quiso instaurar en Colombia, lo que de consuno le atrajo tantos adversarios. Mas cuando aparece tirante la situación de la enemistad con Bolívar y la oficialidad  que le rodea casi como nudo gordiano, resulta al momento en que el caraqueño pierde la confianza de sus actos ya dictatoriales que venía arrastrándolos desde la época de Miranda y sus diferencias con este viejo general, porque a partir de entonces para Bolívar ocurre una serie de reveses, algunos atribuidos a su carácter irreflexivo que culminaron en el desastre de la guerra a muerte, la entrega de Miranda al enemigo español, y los trágicos errores de la guerra no ya contra Monteverde sino en el repliegue mortal de la emigración a Oriente y el desbarate de los dos primeras repúblicas que a él se le achacaban, por lo que estos generales que le siguen ya no creen en él, en su capacidad de ser el líder indiscutible de la guerra en función y en progreso, cuando dicha oficialidad anda de baja estatura debido a los fracasos, y así aparecen serias disensiones contra Bolívar, sobretodo en el Oriente de la república, que piensan dividirla sus actores en dos partes y cuyo eje motor de esta general conspiración era el margariteño general Santiago Mariño.  Vamos pues ahora a señalar los cabecillas de este tiempo, con nombres y apellidos.
Santiago Mariño: temerario, intrigante, eje de conspiraciones por mucho tiempo y cabecilla de tal enemistad, siempre enemigo del Libertador, como el mismo lo escribió, artífice del Congresillo de Cariaco con Urbaneja, Madariaga, Brion, Zea, Mayz, y de otras conjuras, para desprestigiar al emprendedor caraqueño, quien sostiene una acción antibolivariana eminente a partir de enero de 1814, lo que determinó la división provisoria de Venezuela en dos mitades, manteniéndose así hasta mayo de 1816, cuando en la margariteña Santa Ana del Norte se aprueba la reunificación del país.
Juan Bautista Arismendi, también margariteño, frío, carnicero como en la guerra a muerte, falso, divisionista, salvaje mercader de almas y cruel oficial, quien actúa por detrás siempre vacilante en contra de la autoridad bolivariana, tal el caso de cuando en Ciudad Bolívar destituye al Vicepresidente Encargado Francisco Antonio Zea y se adueña por poco tiempo de la Colombia que deja Bolívar en Angostura. Jamás se sació de víctimas su cruel corazón, dijo de él Juan Vicente González.
José Félix Ribas, tío político y competidor de este caraqueño, violento, complotista, quien llega a hacer preso a Bolívar en Carúpano, por “desertor y mal ciudadano”, cobarde del que pide juicio militar contra él para fusilarle, intrigante y amigo de los pardos, quien olvida prontamente que sus méritos y ascensos militares se los debía al propio Bolívar, y el que en la disputa por el mando es parte de la tragedia que se vive en el tremendo año de 1814, hasta llegar a ser delatado por un esclavo y su cabeza frita en aceite se expuso por mucho tiempo en la salida de Caracas al puerto de La Guaira.
José Francisco Bermúdez, oriental temible, iletrado, vengativo, disidente, salvaje,  escaso de pensares,  malhumorado y brusco, alto, de complexión atlética y mostachos gruesos característicos, turbulento, otro de quien decía Bolívar que era “mi enemigo”, sin inmutarse fusilaba adversarios por hileras en Cumaná, pero de pretensiones de mando en que incluye atentar contra la vida de Don Simón, porque este hijo de don Juan Vicente lo había regañado en la primera batalla de Carabobo, y creyéndose superior al Libertador (la ignorancia es agresiva) se le opone desde Los Cayos de Haití, y en Güiria empuña arma blanca contra el caraqueño mientras trata de asesinarlo por dos veces. Tiempo después Bolívar intentó fusilarle, pero no lo hizo.
Manuel Carlos Piar, quien es primo ilegítimo del Libertador y buen militar, héroe de varios combates, como San Félix, que pesaba mucho frente a su pariente, por los éxitos obtenidos en el campo de Marte. Violento y ambicioso, pardócrata y racista que solivianta grupos en este sentido, por la competencia en el predominio y el mando, ambos jugaban a esa posición con bandas aparte de oficiales, pero Bolívar diseñó una estrategia y lo hizo preso, condenándolo a morir en la apelación del juicio, siendo fusilado sin perdonarlo el Libertador, en la plaza de Angostura, hoy Ciudad Bolívar. Así dejó cumplido el hado como fuerza de que ambos no cabían en el mismo escenario. Sea oportuno hacer una personal referencia de los personajes que fueron enemigos de Bolívar, según anota el maestro Luis Martínez Salas: Piar, Mariño, Bermúdez, Ribas, Arismendi, el general Páez, Francisco Esteban Gómez, Mariano Montilla, José Tadeo Monagas, Miguel Peña, el padre José Cortés de Madariaga, Francisco Antonio Zea, Francisco Javier Mayz, y muchos más que no es posible aquí indicar, como otros por aparecer, aunque si bien fueron enemigos de Bolívar por diversas circunstancias, algunos con el tiempo volvieron al redil bolívariano y sin pedir excusas, porque tanto la política como la guerra así lo ameritaban y por la volubilidad del ser humano. Eso acaso sería materia de otra crónica.
Vamos ahora a realizar un salto en cuanto nos concierne al asunto inamistoso con el caraqueño, para referirnos a las personas importantes que lo adversaron desde su campaña del Sur, es decir a partir de su escapada rumbo al Ecuador por conquistar y la toma que hizo con el Perú, con la posterior creación bolivariana del Alto Perú, desmembrando así una buena parte al virreinato peruano.  Allí, para situarlo en el centro de la animadversión por obra de sus hechos considerados en contra de los intereses de aquel extenso país y como anteriormente  lo he referido, “plagado de traidores”, según  lo asienta el propio Bolívar, tendremos por tanto que señalar específicamente el malévolo y despreciable  Riva Agüero, a Mariano Portocarrero, al consumado tránsfuga marqués de Torre Tagle, al vizconde Juan de Berindoaga, que entonces le era Ministro de Guerra, el luego asesinado y radical Bernardo Monteagudo, el general Santa Cruz, el intelectual y arzobispo Luna Pizarro, el más tarde acérrimo enemigo Manuel Lorenzo Vidaurre, el acaudalado José Terón y otros que se pueden agregar a la resaltante lista. Y viajando al nororiente del país aparecen nuevos adversarios como el mariscal Gamarra y el general independiente Olañeta, que pronto desaparece de la escena. Durante su corta permanencia por esas crestas andinas un  diferente panorama con el mismo sentido de aversión pudo atender y hasta vislumbrar, no solo con los barones de la tierra sino con figuras importantes como Dom Pedro Iº de Brasil, que había invadido una parte de Bolivia detestando a Bolívar en privado, y con el dictador paraguayo doctor Rodríguez de Francia, sin contar con los numerosos oponentes y rivales (Rivadavia, luego Mitre, etc.) que contra él pulularon por tierras del Río de la Plata, o en la misma región Oriental que es el Uruguay de hoy, gente por cierto opresora que veía la concepción libertaria de Bolívar como peligrosa para con sus intereses, mientras pensaban llegar a un acuerdo con Inglaterra o acaso con Francia, y sin olvidar los rivales advenedizos que residían en Chile, sobretodo después de la conspiración limeña de julio de 1826.
Como este es un estudio compendiado para leer sin erudición ni detalles bibliográficos, porque esa no fue mi intención, para que pueda llegar a mucho público interesado sin perder el norte de los hechos reales, reiteraremos que donde existe más oposición hacia el pensamiento autocrático bolivariano, por razones plausibles, es en el Perú, país en el que se han escrito  numerosos trabajos al respecto, y dentro de cuyos autores citaremos a Ortega, Morote, el embajador Calderón Urtecho,  Félix C. Calderón, Mujica Rojas y al Premio Nobel Mario Vargas Llosa, peruano conocedor de la filosa historia de Don Simón en aquel su país, cuando el dicho escritor prologa una importante obra sobre el tema del rector universitario español Pedro González Trevijano.
Oportuno es agregar aquí el caso del pensador, estadista y fílósofo francés Benjamín Constant, quien luego de alabar a Bolívar durante mucho tiempo, a partir de enero de 1829 se convierte en vocero de su oposición a través de fuertes escritos que publica en el importante “Courrier Francais”, de Paris, por la postura dictatorial con que actúa el caraqueño, sobretodo después de la liberación del Perú, creando allí instituciones desagradables, donde hace correr sangre en dicha tierra, creando una constitución ausente de libertad, con usurpación de mando, maniobra con lo que aspira a la perseverancia de la tiranía, pretendiendo además coronarse y sostener una conducta desleal en el Perú y Colombia.
     Ya de vuelta a Nueva Granada el Libertador se encuentra que Bogotá soterradamente anda en función conspirativa contra él, que pronto el admirado José María Córdoba se le insubordina, de donde con guantes de seda lo manda a eliminar a través de un personaje irlandés de confianza, a lo que se suma el fracaso del Congreso de Panamá, que le resta méritos, el lío invasor del Perú al Ecuador y el tremendo problema in situ porque de veras aspiraba a la Corona en Colombia y en ello gran parte de la inteligencia del país estaba opuesta, lo que da pie a que exista una conspiración diaria contra su persona, al tiempo que por el stress y la melancolía pronto comienza a enfermar dentro de un caos o vacío que se instaura por doquier, mientras toma cariz las riendas de la insubordinación ya manifestada  en la Convención de Ocaña, por el conjuro del general Francisco de Paula Santander. Colombia, su criatura artificial, viene a ser el fin, el canto del cisne de todas sus aspiraciones y decepciones, porque hasta la patria natal lo adversa a través de un muy vasto complot que va formándose en Valencia y Caracas  liderados por el centauro general Páez y los de la llamada Cosiata, porque según asienta Lino Duarte Level “el nombre del Libertador se hundía en el fango de las derrotas y en el desprestigio de los errores”. Bolívar sabe que ya nadie lo quiere, como bien le escribe a Del Castillo y Rada.
Para terminar es bueno traer al recuerdo que el primero de talla internacional que se opone a la personalidad e ideas sostenidas por Bolívar es el ideólogo comunista Carlos Marx, quien en lo escrito para la enciclopedia “New American Ciclopedia” según el pensamiento que sostiene bajo la forma de epítetos y otras maneras de tratarlo demuestra ser totalmente contrario, al extremo de compararlo con el vil rey Souluque de Haití.  El magistrado colombiano doctor José Rafael Sañudo, natural del heroico Pasto, es otro que le denigra, cuando recuerda lo que Bolívar ordenó hacer con su región natal (ver “Estudios sobre la vida de Bolívar”). Entre los venezolanos podemos contar al mentor ideológico de Páez, doctor Ángel Quintero, quien afirmó ante el Congreso sesionando en Valencia, que “Bolívar es el eje de todos los males…”, el panfletario Rafael Diego Mérida, el médico José Domingo Díaz, quien en sus recuerdos sobre los revoltosos de Caracas lo deja mal parado, por conocerlo desde niño, el ácido Luis Level de Goda, el colombiano Manuel Del Castillo, que estuvo muy cerca de él, y en los últimos tiempos con el siquiatra Herrera Luque, Carrera Damas, Pino, Caballero y tantos más que analizan a fondo a este personaje, no dejándolo por cierto bien parado. Desde el precursor Miranda para acá, quien tenía por malo o medio  loco a Don Simón, y viceversa, es mucho lo que se ha escrito en este sentido inculpador, como los casos de Posada Gutiérrez, Madariaga, Obando, Hilario López, Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre, y una serie de nuevas plumas que lo analizan ahora de manera académica más profunda.  Pero es en los Estados Unidos donde más se ha proliferado sobre el tema por la suerte de rencilla con que el caraqueño trataba a los norteamericanos, al extremo que no los tomara en cuenta considerándolos adversarios, y de allí también surge la Doctrina de James Monroe, que corta de raíz las pretensiones de Bolívar sobre la expansión de su trabajo político, digámoslo libertario. También en España y en Latinoamérica se estudia esta relación de odio con amor, para llegar a la intimidad del pensamiento, aún deforme, sobre el ilustre caraqueño, quien en su lecho de muerte no solo temía del falso Santander sino que elucubrando a voces pidió que sacaran de la habitación al general Páez, que es el verdadero creador de la Venezuela independiente. Oh tempora, oh mores. Ave, Caesar, morituri te salutant.

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