sábado, 12 de mayo de 2012

LA ESPÍA QUE VINO DE NUEVA YORK.


            Amigos invisibles. Los temas que tratan sobre espionaje siempre tienen el mayor rating de lectura en base al interés demostrado tanto por los personajes que  componen su trama como ese caldo de cultivo creciente en que se mece toda la narración por el suspenso que mantiene, de allí que el buen lector no cerrará la página que husmea como otro buen sabueso hasta que desenvuelva la madeja tendida, o liquide el fondo de lo que vive quien se empecina en descubrir la verdad que hay detrás de todo aquel mundo subterráneo, para al fin, ya menos complicado sacar cuentas y satisfacciones aprendiendo un poco más de lo contenido en el escenario de los hechos, enhebrando conclusiones que satisfagan el ego desplegado, o lo dejen con una interrogación a resolver, como acontece en los casos subjetivos y actuantes de esos que llaman “por entregas”.
            Dichas estas verdades medio conocidas vamos a entrar en la materia que se remonta a los inicios de la Segunda Guerra Mundial y cuyo primer telón de fondo es la ciudad de Nueva York, urbe metropolitana que junto con Chicago lideraba entonces los problemas mafiosos de la drogadicción y de los negocios ilegales, como la fábrica y venta de alcohol, la vacuna de protección dividida por zonas intocables y demás marramucias protegidas hasta por ciertas policías corruptas, todo lo que está en trance de desaparecer a raíz de que los Estados Unidos entran en guerra vamos a decir global, que se extiende con las nuevas técnicas aplicadas tanto en lo interior peligroso por los bolsones de extranjeros que habitan dicho país como por las ideas totalitarias deseosas de imponerse, valga decir el nazismo y el comunismo actuantes en sumo grado para conseguir fines específicos. Los Estados Unidos se movilizan por tanto a objeto de combatir mayores males y la población sin poner obstrucciones desea colaborar en todo sentido y de acuerdo con sus capacidades e intereses. Aquí en este punto de la trama interesante es cuando aparece una joven bonita y veintiañera nacida en el sector Pearl River de la cosmopolita Nueva York y de nombre María Aline Griffith Dexter, ciudad portuaria donde crece y se forma en un hogar de clase media americana pero muy serio, conservador, católico, si se quiere con los ejemplos de todo lo que digo en este párrafo observador, y quien ya para el inicio de los años 40 fuera de ser una moza elegante y despierta, es además bien educada, que ha vivido los años de la depresión y que también goza de un futuro mejor prometido por el presidente Roosevelt, pero quien ante el problema de la guerra de dos mundos que tanto costará a su país en lo material y humano, mientras estudia en la universidad de ese enorme centro dinámico la carrera de periodismo con materias de literatura e historia, para mejor desempeñarse, por algo que ya lleva de adentro desea ayudar a su país ante la noche oscura que atraviesa, de donde mientras ejerce la carrera en el mundo informativo y por su bella estampa que luce descollante, es contratada como modelo profesional de las pasarelas y desfiles, lo que acepta desempeñar por varios meses, con buena remuneración desde luego, pero como llevara por dentro el gusanillo acuciante de la guerra vivida, pues es reportera, dado el título universitario que maneja piensa y decide entonces trabajar para su país guerrero en el delicado campo del espionaje, algo que le atrae sobremanera, y sin decirle a nadie sobre tal objetivo envía papeles de currícula a Washington, donde de seguidas y analizado el caso es reclutada por el servicio secreto para trabajar en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, que pronto se convierte en CIA), cuando ajusta dos décadas de vivir, o sea en 1943.

De estas resultas, como es de pensar a la alumna Aline Griffith se le asigna el nombre en clave de BUTCH, con cierto significado callejero de machista, pero pronto y por su deseo de iniciarse en el campo literario que le atrae, toma prestado el apelativo de “Tigre”, que cuela más dentro del medio en que se va a desenvolver y quizás al estilo detectivesco pero socarrón de Agatha Christie, en tiempos de la Guerra Fría. No vamos a explicar aquí los programas a que se somete dentro de su estudio en la mejor escuela sobre la materia que existe en Washington, pero como ha dicho la señora Aline, debió en forma rigurosa aprender a defenderse con cuchillo y hasta a matar, por la vía del silencio de las armas blancas, liquidando con pistola acaso silenciosa en campos de tiro donde de ello se instruye, a utilizar lenguajes crípticos o en clave, a limpiar la mente en momentos de urgencia y hasta a saltar en paracaídas, desde luego para ser enviada por atrás de cualquier frente requerido. Una vez que ya es profesional porque ha culminado este estudio diverso y sobre todo muy riesgoso, permanece en Washington a la espera de su primer destino, mientras ya se desata una suerte de cacería de brujas dentro del mismo país, bajo el mando del senador Joseph Mcarthy, que ve comunistas por todos lados, donde elaboran  listas de presuntos marxistas, en que se incluye además al mimo Charlie Chaplin. Y como la tarea no era como para mucho esperar pronto a la oficial “Tigre” se le envía sobre las aguas marítimas rumbo a España, donde desde l939 reina como dictador el “generalísimo” Francisco Franco Bahamonde, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, quien con sus conmilitones de derecha,  llamados falangistas, y el apoyo férreo de la Iglesia conservadora, manda a las anchas en todo el territorio español y más allá, mientras sostiene una suerte de “eje” conductual con potencias sojuzgadas por el Tercer Reich alemán, por cuyo motivo pululan numerosos nazis en España, y para cuyos movimientos a conocer es enviada la oficial Aline o “Tigre”, con asiento en Madrid. Para entonces ya estamos en el año 1944, y así comienza su labor de espionaje.
            Como había que construir una figura de mujer excepcional pronto comenzó a  realizar la tarea que se le encomienda, siendo destinada a trabajar bajo disimulo en la conducción directiva de una empresa americana de petróleo, de donde arrienda un apartamento o piso que acondicionará para recibir amistades, con toda comodidad, ya que en España a pesar de las bajas relaciones con los americanos había una colonia gringa que pronto se nutriría con personalidades diferentes como el caso del periodista  Ernest Hemingway y luego la inefable actriz Ava Gardner. Pero el punto principal para ambientar al personaje era darle entrada a Aline Griffith dentro de la alta sociedad española, porque allí de continuo se cocinaron habas en la materia informativa que buscaba la espía. Y pronto apareció un  hombre que habría de ser su necesario compañero, hasta sentimental, porque Cupido anduvo en ello con premura, siendo escogido el entonces conde de Quintanilla, apuesto y rico varón, elegante, atractivo, con varios idiomas en su haber, que ella dijo haberlo conocido en un elegante cóctel madrileño por la zona de Puerta de Hierro, pero que yo, por vivir estudiando en España y estar cerca de estos hechos, tuve una versión más cónsona con el primer impactante encuentro que aparentaba ser fortuito, o sea que atando cabos posteriores el servicio secreto americano preparó un escenario en las afueras montañosas de Madrid, por la sierra de Guadarrama, donde la señorita Aline tenía desinflado un caucho de su coche que conduce, cuando pasa el guapo, de buena educación,  un tanto picaflor y elegante conde, y desde luego que se encargó de ayudarla en este cambio de la llanta, pero de allí con aquellos ojos tan vivos de la morena clara, imponente de figura y por demás simpática, aunque algo tímida, quizás en apariencia, de un principio le envolvió el corazón, para después convertirse por etapas en novio, prometido y al poco tiempo luego de lo prudencial, en su esposo, don Luis Figueroa Pérez de Guzmán, hecho que ocurriera en 1947, esta vez pasando a ser la condesa de Quintanilla, y una vez que falleció don Luis, cuarenta años después, se convirtió en condesa viuda de Romanones, que era entonces el importante título de nobleza real que ostentaba su marido.
Es aquí precisamente donde Ramón Urdaneta comienza a tener varas en el asunto y esto porque a mi regreso de Caracas a Zaragoza, a inicios de 1955 y por consejo del embajador Rafael Paredes Urdaneta,  a sabiendas que yo preparaba un trabajo biográfico sobre el conquistador Diego García de Paredes, fundador de mi ciudad natal, éste me indicó que en Madrid entrara en tratos con Miguel Muñoz de San Pedro, conde de Canilleros y de San Miguel, familiar en orden colateral con el referido García de Paredes, pues él conservaba en Cáceres el viejo archivo de la familia Paredes, de donde pronto me encaminé a la extremeña capital, donde fui muy bien atendido por este noble señor en el palacio de Ovando, y de donde también se derivó una buena amistad. Por esta relación en Madrid, pronto conocí a  su familia, a la condesa esposa, el yerno y a sus dos hijas, de cuya relación en mi libro “50 veces yo” trato con suficiencia los detalles de esta amistad. A través de Canilleros entré en relación con personajes del Madrid de entonces, como José María de Cossío, Luis García Blanco, y la condesa de Quintanilla, que alguna vez asistió al café El Sol, arriba de Cibeles, y hacia Serrano, donde luego del almuerzo se reunía una peña o tertulia de intelectuales, y en el que pude encontrar al hermano Nectario María Pralong, de la congregación La Salle, y desde luego que a Aline Griffith, radiante de belleza, buen humor, sencilla y utilizando un lenguaje desenfadado, a quien pronto, el 18 de julio de 1956, encontré en Trujillo de Extremadura, y de lo cual para constancia histórica fue tomada una fotografía al lado del escudo en piedra de la familia De Paredes, donde aparece la condesa espía de amplia falda plisada a media pierna, y el que esto escribe [a mi derecha está el importante duque y marqués de Montellano, Grande de España], blasón que esos días fue enviado a Trujillo de Venezuela y que reposa en el museo de la ciudad. Por cierto en el diario Extremadura del 9 de octubre de 1957 aparece un trabajo histórico escrito por esta condesa sobre la famosa hetaira Catalina de Miranda, que vivía en aquella época y en El Tocuyo de Venezuela.  De esa entrega formal que se efectuara, pasamos entonces a la iglesia de Santa María, la mayor de tal ciudad, de construcción romana y gótica, donde por única excepción y en presencia de la condesa de Quintanilla, que retratada está, se procedió a abrir la tumba de Diego García de Paredes, padre, llamado “Sansón de Extremadura”, en presencia del  ilustre académico de la Historia Antonio Rodríguez Moñino, el historiador Hermano Nectario María, familiares y autoridades locales, para dejar constancia que los huesos encontrados en tal fosa eclesial sí correspondían a este Sansón, por el tamaño enorme de la osamenta, de lo que se dejó prueba oficial escrita.
Con Canilleros continué sosteniendo una buena amistad, incluso visitándole en su lujoso hogar madrileño de Menéndez Pelayo y por donde estaba al tanto de las actividades sociales de Aline Griffith, que ya se había embolsillado a toda la conocida sociedad capitalina y quien por tanto era rica fuente de información para enviar a las oficinas de la CIA en Washington. Mientras tanto y por diez años las labores de Aline permanecieron de acuerdo con sus superiores, un tanto de perfil bajo, mientras escribía trabajos alusivos de interés, novelas llenas de inspiración y viajaba a los Estados Unidos para dar conferencias sobre política, en visita familiar y otras cosas más. Sus amistades se multiplicaron entre la alta nobleza, por la vinculación de los Romanones, que fue una de las mejores fortunas de España, quizás después de la de don Juan March o de la Casa de Alba, y cuando no estaba en su finca de Pascualete, donde en tiempos oportunos sin veda se lucía cazando gruesas perdices extremeñas, sitio de vieja tradición familiar y mantenida cerca de Trujillo, viajaba de continuo en labores del trabajo a efectuar, al tiempo que hace relación amical con figuras como los duques de Windsor (ella, divorciada americana), presidentes Nixon y Reagan, la americana princesa Grace Nelly, la muy importante duquesa de Alba, la Gardner, la exótica Jackie Kennedy, Deborah Kerr, la incomparable artista Lola Flores, el torero Luis Miguel Dominguín y Audrey Hepburn de quien sentía celos, pues mucho la miraba y consentía su marido Luis. Mientras tanto y como buena modelo profesional viste atuendos de las mejores casas de moda internacional, valga el recuerdo de Ives Saint Laurent y Pedro Rodríguez, que le obsequian trajes de valía, de donde su nombre se mantiene por muchos años en una lista de las mujeres mejor vestidas del mundo.
Aline conoció el generalísimo Franco en tierras andaluzas de Jaén, acompañada entonces de la exquisita pareja que eran los duques de Windsor, cuando cerca de Santa Cruz de Mudela este grupo exquisito y durante el tiempo de caza de perdices sostuvieron cierto encuentro afectivo en un coto del lugar, que quizás esté reflejado en los archivos secretos de Washington. Pero lo que vuelve a llamar más la atención sobre la famosa espía Butch, Tigre o Aline Griffith muchos años después de la llamada Guerrea Fría, en que ella interviene con sus informaciones permanentes, es que  ya cansada de jugar un doble papel, que hasta le estorba, como escritora de novelas conocidas y de temas apasionantes decide salir del armario como ahora se llama la actitud, para decir sin pelos en la lengua que fue espía de su país de origen por más de cuarenta años, o sea de 1944 a 1986, y que gozando con aquellos recuerdos de su vida riesgosa, que a veces supongo le produjeron angustia, hizo su mundo como quería, y se río de él, porque nadie entra en sospecha de ello que en verdad disfrutara Aline Griffith, y quien ahora anda acercándose a los noventa años, porque no he sabido de su desaparición.
Pero así como otro espía famoso, el catalán Joan Pujol, tuvo mucho vínculo con Venezuela, y aquí dejó sus huesos, sin que nadie pudiera entender las vueltas que da la vida, porque así lo ha declarado Aline, nadie, pero nadie pudo pensar que esta famosa espía que termina su carrera profesional, de las varias que tuvo, en la república de El Salvador, enviada en 1984 por la CIA bajo una cortina de humo para salvaguardar esa misión especial, en tiempos del frente guerrillero Farabundo Martí y la droga que también abundaba, repito, nadie  pudo pensar que Aline con su maestría aprendida iba a hacer cierta amistad en 1977, con un muchacho joven de 28 años que bajo nombre supuesto e intención acaso investigativa trabajara en las oficinas de su marido el conde, en Madrid,  y que se encargaba de llevarle la correspondencia para la firma a su esposa Aline desde dicha céntrica oficina, ratos de espera en que Carlos Ilich Ramírez Sánchez, caraqueño condenado a dos cadenas perpetuas en Francia, con supuestos 80 crímenes de terrorismo internacional encima, era la simple ovejita que tranquilo esperaba en la lujosa mansión de Aline, sin saber ella que este escorpión, hijo de un abogado venezolano comunista, José Altagracia Ramírez, de familia comunista y enviado a estudiar por su padre a Cuba para entrenarse en el comunismo, después a España, luego a Francia y de allí al engendro político Patrice Lumumba de Moscú, iba a dar la vuelta por el terror que infunde, y ya siendo preso por cerca de veinte años, era este jovencito “amable y atractivo” con cara angelical y facilidad de palabra, como ella lo describe, enfrentándose a otra “mansa” tigra en esas condiciones anónimas, y que ella en sus memorias recuerda a este asesino con clase muy joven y trabajando en la empresa de seguros de su esposo, y de la cual Aline era Consejera,  oficina que por cierto le sirvió a la condesa para relacionarse con agentes secretos en más de once países. E incluso llegó Aline a felicitar a su marido por la presencia laboral, callada y afectuosa de este  joven caraqueño y buen trabajador en dicha empresa.
Con los tres hijos y los trece nietos permaneció en Madrid la espía venida de Nueva York, que en sus mejores tiempos había sido portada de grandes revistas internacionales, como Life. Ya por problemas quizás de repartición de herencia un fragmento de su fortuna en joyas, muchas heredadas de la noble canasta familiar, en mayo del 2011 y en la ciudad lacustre suiza de Ginebra fueron sacadas a subasta en la muy conocida casa Sotheb’ys de aquel país, encontrándose entre ellas diademas de realeza, un diamante rosa de gran valor, así como en la lista a escoger excepcionales esmeraldas, brillantes y rubíes, que pidieron alcanzar un  precio de veinte millones de dólares. En definitiva Aline, la periodista, modelo, escritora, empresaria, taurófila, espía de la CIA, mujer de hogar, dama del alto mundo europeo y con títulos de nobleza encima, vivió como en un cuento de hadas, algo así interpretando a Blancanieves, jugándose la vida pero riéndose de ella y de sí misma, mientras acaso sueñe con la figura angelical del “Día del Chacal”, obra de su colega británico Frederick Forsyth, quien también mostrara con crudeza los dientes afilados de Carlos Ilich Ramírez, o los colmillos puntiagudos cuajados de sangre que exhibe el caraqueño en su novela de ella y exitosa “Un asesino con clase”, aterrador relato de suspense editado por Planeta, de Barcelona, en 2.002. Buena suerte a la gemela de Ana Chapman, espía de la KGB que no vino sino que se fue a Moscú.

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