sábado, 21 de abril de 2012

LA PIRATERÍA JUEGA GARROTE EN VENEZUELA.


              Amigos invisibles. Debemos comenzar aclarando que la expresión “jugar garrote” en estos predios latinoamericanos y en especial en Venezuela equivale a exceso, saciedad o algo por el estilo, para no entrar en detalles pirotécnicos contenidos en el por demás serio Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, expresión que traigo para dar inicio a eso que en tantas formas de presentarse se ha batido de manera informal sobre nuestro país desde tiempos remotos, por allá desde cuando el inefable Cristóbal Colón nos “descubriera”, y lo pongo entre comillas para no zaherir a quienes piensan de manera contraria, que sus razones tendrán puesto que la Historia tiene diversas maneras de entenderse según el criterio personal y los condimentos digeridos por el manifestante. Pues bien y sin salir del tema desde que los españoles arribaron por el Oriente de Venezuela, en época de otro descubrimiento, o sea de las perlas que subyacían frente a la isla de Cubagua, el simple deseo de poseerlas desató un frenético sentimiento de eso que llaman codicia y que muchos lo tienen, de donde a poco ya se vieron algunos bajeles merodeando el lucrativo mercado perlífero, con ganas de ponerle la mano, porque si a ver vamos como reguero de pólvora corrió en Europa y entre hombres de mar que frente a Tierra Firme, como se conocía entonces a esa porción de Venezuela, había un manadero de riqueza compuesto por perlas de calidad, oro por encontrar en el famoso paraíso de El Dorado y otras tentaciones como el mercado cotizador de seres humanos de la esclavitud indígena o negra africana, y otras lindezas de tal estilo.
            Pues bien, enfilados por este camino de la interpretación necesaria diremos que en Venezuela de siempre han existido piratas por doquier y hasta en los tiempos actuales cuyos destacados representantes  pululan alrededor de la miel que destila el poder sustentado en los petrodólares que ahora por arte de magia y no por el trabajo entran como maná a las arcas estatales y los bolsillos escogidos para salir disparados en inauditas empresas fantasmas y ayudas simbólicas que nada le aportan a Venezuela, sino el sentido hipócrita de la adulación, hasta que el cuerpo aguante, y mucho de los lectores entenderán qué quiero decir. De estos piratas profesionales que viven a las costillas de otros los vemos transitar por las veredas de la sin razón, olvidando que son  los dignos descendientes de quienes desde Cubagua se arraigaron para vivir de una manera incierta, constituyendo una casta humana vergonzante. Sobre esta base teórica que sostengo voy ahora a trazar un ligero esquema de personajes que así se consideran en estos siglos de historia nacional, puesto que hasta inicios del siglo XX se extendieron patentes de corso en el caso marino, que es una suerte de piratería de longa data. Pues, para ser más exactos en este deambular histórico y a través del esquema cronológico trataremos de traer a estas páginas algunos conocidos piratas que infestaron el mar correspondiente y esta tierra de gracia con ánimos de botín o del comercio ilegal, y también hasta con deseos de quedarse mediante la invasión un tanto callada, como el caso de los holandeses, colonizadora además, valga expresar los intentos en el lago marabino o de ataque a las posesiones españolas en decadencia, sobrevenidos a lo largo de las costas hasta por funcionarios de países enemigos y que tuvieron mayor relevancia a lo ancho de los siglos XVI y XVII, cuando se acaba esa clase diversa de piratería, por lo que ya en el inicio de 1528 se avistan filibusteros [que usan un navío largo y delgado con el nombre de filibote] como Jacques FAIN y Simón ANSED por las costas de Margarita y Cubagua. Y así diremos que el insistente “enemigo holandés” se instalará con los fines de robo a mano armada, en este caso de la valiosa sal, en la península oriental de Araya y desde 1542, para vivir explotando lo ilegal por 83 años más (1625), pero es en el año de 1565 cuando arriba a nuestras costas el famoso marino JOHN HAWKINS, mitad bandido mitad señor de la Corte de Inglaterra, quien se sumerge en esas suertes aventureras para mejorar la bolsa con una armada británica que bajo su mando se adentra en Venezuela por el Oriente para cometer numerosos desmanes y quien tiene como socia en estos desmanes nada menos que a la propia reina Isabel Iª de Inglaterra, acompañándole  oficiales de la aristocracia británica y nada menos que el jovenzuelo FRANCIS DRAKE, de notorio recuerdo en el mundo pirático internacional. Luego en Borburata y bajo presión el capitán supremo obliga al gobernador Bernáldez, alias Ojo de Plata, a que le compre 150 negros guineanos que carga en sus cinco bajeles y otros artículos comerciales que porta, de donde a Bernáldez se le seguirá Juicio de Residencia ante esa culpa, para castigarle por tal debilidad. En este mismo año merodea la costa venezolana el corsario francés luterano JEAN DE BON TEMPS, que entra por Margarita y sigue a Coro, todos los que visitan a Borburata como son los ya citados y además JACQUES DE SORES, el negrero PIERRE LA BARCA y NICOLÁS VALIER, quien en 1577 se apodera de Coro, de donde en la carrera nocturna salen el gobernador y el obispo desnudos. Antes el inglés ANDRÉS BARKER (1576), azotará el Oriente y a Curazao. Tres años más tarde el holandés llamado en español ADRIANO SANSÓN navega por el Orinoco haciendo de las suyas en la incursión pirática.  Y en 1593 el distinguido sir JOHN BURG anda por la margariteña Porlamar fomentando la maldad y el robo, mientras el capitán JAMES LANGTON, dependiente del conde de Cumberland, por su lado entra a Porlamar y recibe un alto rescate, que se pagó en preciadas perlas.
            Atención preferencial merece los asaltos que directa o a través de otro hiciera contra Venezuela el noble inglés sir WALTER RALEIGH, historiador y poeta, y hasta amante de turno de la nombrada fea reina inglesa, quien en 1595 con una distinguida oficialidad británica penetra por el río Orinoco en busca del famoso El Dorado o Manoa, y que le dará nombre en los anales de la ficción y de los sueños, desastre que poco tiempo después lo llevan a cortarle la cabeza en la oscura Torre de Londres. Raleigh en esta primera ocasión entra por Trinidad y dura siete meses en el empeño de no encontrar las supuestas riquezas, pero debe regresar a Londres por la via de Cumaná, no sin antes dejar dos espías británicos en el lugar, para que de todo le informen. Mas en Londres el iluso escritor no fue bien recibido por la Reina, y en consecuencia le destinan por trece años una celda de presidiario en la Torre de Londres, antes de convencer a Su Majestad la Reina sobre un segundo viaje a Venezuela [1617], que resultó también otro fracaso, al mando de LAURENCE KEYMIS, de donde a su regreso por engaño le tajan el pescuezo.  Tiempo posterior a este retorno otro prominente marino y compinche de Raleigh, noble también, llamado AMYAS PRESTON, el 28 de mayo de 1595 al frente de seis barcos y 500 hombres que cruzan por el Oriente venezolano y Coro se presenta en el sitio de Macuto y subiendo una difícil cuesta indígena los corsarios irrumpen en Caracas por sorpresa y toman la ciudad y sus pocas riquezas, para luego de permanecer seis días la incendian antes de devolverse victoriosos a sus bajeles. Poco después el capitán inglés WILLIAM PARKER, merodeará por las rancherías perlíferas  de Margarita, y luego en l607 el holandés DANIEL DE MOUCHERON, cuidará hasta con su muerte a las provechosas salinas de Araya.
            Para 1626 quien se llama por los españoles BALDUINO HENRÍQUEZ, holandés venido de Puerto Rico con una gruesa escuadra y más de 3.000 marinos a objeto de hacer una razzia de arrase con triunfos en Margarita, Araya, Coche, Cumaná y Bonaire, luego, en las vueltas que da el destino por dichas aguas morirá ese General “de constipación, fiebre y sangrías que le practicaron”, lo que es triste para un marino de prestigio. Poco tiempo después, en julio de 1627 otro conocido neerlandés, PIETER HEYN anduvo merodeando y en la aguada insular de La Blanquilla, como de coger carne fresca de cabra, antes de proseguir a la cubana bahía de Matanzas, donde se cubre de gloria y de montones de oro español. Meses después el famoso holandés ADRIANO SANSÓN, como lo llaman los españoles para evitar nombres enrevesados, anduvo [con el llamado CAPITÁN LLANES] haciendo de las suyas y durante un  mes, por las nada tranquilas aguas del extenso río Orinoco y en Trinidad, al tiempo que otra escuadra holandesa ocupa la isla venezolana de La Tortuga, marinos y asaltantes que luego serán desalojados por el valiente capitán gobernador Benito Arias Montano. Y en el asedio permanente holandés hacia Venezuela, en 1634 le toca la invasión a Curazao, Aruba y Bonaire, al mando de JUAN VAN WALBEECK y el franchute PIERRE LE GRAND, apuntalados con prontitud por el almirante corsario CORNELIS JOL llamado por el vulgo Pata de Palo, sin necesidad de explicarlo,  con el detalle que desde entonces los holandeses luego de tomar este enclave insular importante, se quedarán allí para siempre. En 1641 tocará el asedio pirata a los pueblos del lago de Maracaibo por el holandés ENRIQUE GERARDO, con cinco buques veleros, que le produce un grueso botín y más de 30.000 ducados, mientras el gobernador de Curazao, STUYVESANT, en venganza ataca a Puerto Cabello.
Dentro de estos episodios ocurridos en la Venezuela colonial a manos de piratas ahora toca la cuenta al almirante corsario inglés WILLIAM JACKSON, quien el mando de 1.000 hombres hará una larga correría y depredando por muchas costas de Venezuela con inclusión de seis puertos y el lago marabino, lo que lleva a cabo en 1642, antes de seguir hacia Kingston, con un enorme botín. A poco, en 1654, por Cumaná aparecen unas partidas de corsarios franceses, los que son repelidos con la valentía de muchos de sus habitantes, por lo que tales piratas se retiran hacia Trinidad.  Y cuatro años después (1658) aparece en el mar venezolano el reputado capitán británico sir CRISTOPHER MYNGS, que ataca saqueando a Cumaná, Puerto Cabello y Coro, de donde se lleva hacia Port Royal, capital de Jamaica, algo así como 300.000 libras esterlinas, en dinero, joyas, nueve mil libras de plata y muchas cosas más de valor. Y así las cosas de piratería, en 1663 el corsario flamenco BARTOLOMÉ BARNARD incursiona por el tan cantado río Orinoco, donde saquea a Santo Tomás de Guayana y otros caseríos fluviales allí establecidos, para luego de una larga correría regresar con riqueza y dinero al Port Royal jamaiquino. JUAN DAVID NAU, “EL OLONÉS”, famoso e implacable pirata galo, personaje de novela que arrancaba corazones y lenguas a los prisioneros, con 7 naves y 440 hombres durante ocho semanas ataca a Maracaibo y Gibraltar, mientras provoca incendios para sembrar terror.  Gibraltar se salvó de arder por el pago de 10.000 reales de a ocho, y de Maracaibo el tributo o rescate fue doble. En total  Olonés hecho un Robin Hood o un Giuliano sin alma repartió entre los suyos y en esa ocasión 260.000 reales de plata de a ocho, o sea 360.000 escudos, como vacas, esclavos y cacao, fuera de otros artículos robados. Poco tiempo después (1670) a Olonés se lo comieron asado los indios del Darién colombiano.
Otro de los grandes depredadores que incursionaron sobre Venezuela en esa época fue el corsario inglés sir HENRY MORGAN, quien con 7 navíos y 500 hombres feroces, desde Aruba atraviesa la barra de Maracaibo, toma la fortaleza de Zaparas y desembarca en Maracaibo, burgo abandonado por sus habitantes, para seguir  a Gibraltar, donde fuera de violaciones múltiples practica numerosas torturas a los residentes que encuentra, a objeto de un mejor pillaje monetario. Cinco semanas durará en esta faena corsaria dentro del lago marabino, sin mayor oposición, y a base de trucos marineros de vuelta logra pasar la barra marabina, entonces defendida con fiereza por el vicealmirante español Del Campo y Espinoza, y ya afuera del Golfo de Coquivacoa repartirá con los suyos, además de otras prendas recogidas, la suma de 250.000 reales de a ocho, como aparece en los documentos respectivos. Entretanto el inglés capitán AMSEL ataca las costas de Cumaná, siendo repelido al momento, de donde se retira de tal intentona. El año 1677 luego de merodear por las costas de Caracas con la ayuda de filibusteros de La Tortuga haitiana y 600 hombres bajo su mando desembarca en Margarita el noble francés MARQUÉS DE MAINTENON [Charles François D´Argennes], lugar donde permanecen durante ocho días con el destrozo y la rapiña respectiva, siendo repelidos por el gobernador insular, para seguir luego hacia Trinidad, que al final se rescata por 10.000 piezas de a ocho.
El 11 de junio de 1678 al mando de una flota de filibusteros proveniente del cercano archipiélago de las Aves el gentilhombre caballero francés FRANCISCO GRANMONT DE LA MOTHE ataca el castillo de la barra de Zaparas y entra al Lago de Maracaibo, en una odisea de 6 meses, que lo llevará después a las ciudades de Maracaibo, Gibraltar, Moporo y Trujillo, la cual incendia, por no pagarse el rescate total acordado. Saldrá del lago marabino el 9 de diciembre, con la escuadra intacta, con mucho dinero desde luego y rumbo a la base filibustera de la isla de La Tortuga, al norte de Haití. Año y medio después [26-6-1680], el mismo Granmont, Jefe de los Hermanos de la Costa, por comisión del Gobernador de Pouançay y al mando de 5 navíos y siete piraguas marineras al frente de 180 hombres entrenados desembarca en Macuto, cerca de Caracas, y de allí pasa al puerto de La Guaira, donde durará dos días en el empeño de la presa o botín, como se llama en términos marinos, aunque en el ataque final a dicho puerto y luego de vencer las dos fuerzas militares que se le oponen, como de enfrentarse en lucha a cuerpo contra 300 hombres provenientes del fortín de Salto de Agua, en el camino real hacia la capital Caracas, de pronto una flecha indígena a Granmont le atraviesa el cuello, debiendo retirarse del combate porque la herida “le inutilizaba el brazo y le puso en grave riesgo”, de donde Granmont se embarca rumbo al archipiélago Las Aves, sitio en el que había estado ha poco tiempo con el almirante Jean De Estrees, no sin antes llevarse prisionero al Castellano de la plaza, De Alberró, junto con 150 cautivos, para de ello obtener el rescate que se acostumbraba en tales hechos de mar.
Este es un resumen franco pero significativo de lo que ocurrió en Venezuela  durante alrededor de 250 años en esa pelea tan original y mezclada con piratería, como también con oportunidades no solo para saquear la riqueza de Indias que iban hacia España, sino para debilitar el poder imperial de los Austrias que gobernaban donde todavía, “mutatis mutandis” no se ponía el Sol. Pero como las circunstancias habían cambiado, esa forma de hacer la guerra a veces entre forajidos y corsarios, por acuerdos de las casas reales europeas y otra diplomacia que se emplea viene a disminuir en su terror, por lo que pronto se entra en convenios y componendas de estado a estado que ya hacen nulo ese combate feroz que se venía utilizando. Así con el Tratado de Paz firmado precisamente en la holandesa Nimega [país sometido que tanto combate a España] el mismo día que Granmont incendia a la ciudad americana de Trujillo, con el vuelco radical que da esa manera de discutir y guerrear a lo largo del mundo, toca a su culminación y con ello el final de la piratería que de manera inmisericorde se llevaba a cabo en América. Algunos casos aislados se dieron desde entonces, pero los grandes capitanes que sostenían la lucha asimétrica por obra de los tratados que se firman en Europa, desaparecieron para siempre.

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