sábado, 1 de octubre de 2011

EL IMPERIO MANEJADO POR WASHINGTON.

Amigos invisibles. Nadie, con cuatro dedos de frente, puede darse una idea negativa sobre la fuerza que supone ser el coloso militar, económico y científico llamado los Estados Unidos. En verdad hay que ser muy apasionado a ultranza para perder la dimensión de tal poderío, a pesar de las flaquezas que en cierto momento puede tener, porque nada es perfecto en la vida y en los tiempos modernos de la puja con aquello de quítate tú para ponerme yo, los llamados países emergentes, que a este respecto andan en los pininos, ni siquiera se acercan al coloso, como es el caso de China y su más reciente asedio ¡vaya¡, si los Estados Unidos tienen de todo y pueden comprar cuanto les plazca o necesiten, así les duela a muchos, e incluso en el pequeño ego hasta a nosotros. “Res non berba”, decían los romanos,  o sea “Hechos y no palabras”, y esa teoría tan simple han aplicado los americanos, paso a paso, desde que las trece colonias inglesas originales se unieron para ir formando la nación.


Como ustedes deben conocer, este imperio que ondea en todos los lados del mundo y aún el extraterrestre (en la luna existe clavada una bandera americana), se forma con gente de credos religiosos radicales, atenidos a la esperanza de Dios y el trabajo constante, como  emigrados de la persecución religiosa que llega en la barca Myflower y allí comienza todo, mas con el espíritu calvinista emprendedor que de generación por medio van ampliando sus fronteras, el paso de los años y la idea fija de ser grande, supuestamente en contra de los vecinos sureños españoles, porque los franceses son pocos y menos los neerlandeses, el espíritu de mira y la constante idea de acercar las distancias les obligan a ir pensando hacia el Sur, por donde conviven los hispanos y franceses, y luego hacia la costa pacífica, o sea el confín de California, donde plácidamente hacen de las suyas Don Diego de la Vega, el Zorro y el sargento García, según el tosco digerir de los gringos coetáneos, para enfrentarse luego junto al numeroso pueblo que en carretas primero y luego por montones emigra hacia el Oeste a través del ferrocarril, para acabar así con los mohicanos, el indio Jerónimo y todos los bisontes nativos que fusilara el temible Buffalo Bill. Ya para el siglo XIX con la triste derrota de los mejicanos en El Amarillo y las compras forzadas y a precio de ganga que han hecho con Alaska, Florida, Luisiana y medio Estados Unidos, arrebatado así para que nadie chiste, se consolida el país, aunque debe resolver el grave problema de Norte contra Sur que se ventila en la película “Lo que el viento se llevó”, testimonial retrato que le cuesta a los gringos una derrota interna, el correr de mucha sangre y el asesinato impasible del mejor soldado de su democracia, que es Abraham Lincoln, pero que unifica el país, mientras se cunde de inmigrantes europeos y aparecen ya sabios científicos como Franklin y la luz  que cambia la vida correspondiente a Thomas Alva Edison.
En ese período de la expansión los Estados Unidos no ven fronteras naturales y se arriesgan a todo, de donde con el almirante Mateo Perry en el siglo XIX llegan hasta el Japón para imponer condiciones al Imperio del Sol Naciente, cuando ya miran que junto al aliado natural que es Inglaterra pueden obtener una tajada comercial y política en el inmenso territorio que es China, envuelto en pleitos hasta dinásticos, donde desde luego que la Gran Bretaña juega un importante papel. Por su lado de una manera sibilina envían ciertos colonos a las islas de Hawai, donde embaucan al monarca reinante y en poco tiempo se hacen los dueños de tales territorios insulares en archipiélago, hasta que por fin, pasado el tiempo y las formalidades respectivas logran adscribir dicho extenso territorio asiático y marítimo al poder de Washington, integrando una estrella más a su bandera y extendiendo de manera sorprendente a su país, que ya no es americano, sino también asiático, para que bien se sepa. Y cuidado si por estos sistemas “democráticos” y pecuniarios, como es el constante referéndum declaratorio, la bilingual isla de Puerto Rico pasará a ser la 51 estrella de aquella bandera expansionista, que no tiene fronteras para continuar en la dominación del mundo.
Pero cuando los Estados Unidos salen a la luz pública del predominio internacional es sin lugar a dudas a partir del año 1918, por causa de su incorporación a la lucha mantenida en Europa con motivo de la Primera Guerra Mundial, tiempo en que ya pasa a ser cabeza de entre las grandes potencias que manejan el globo y su voz, junto con la de Inglaterra, es determinante para tomar posiciones rígidas en los asuntos del planeta. Para ese entonces ya la presencia del Tío Sam es global, tomando en cuenta y en referencia a nuestro continente de raza latina la guerra hispanoamericana que realizan en Cuba, las numerosas intervenciones militares que efectúan en defensa de sus intereses y de la bananera United Fruit Company, en Centro América y donde existe la presencia del dólar, la triste guerra invasora contra México que se inicia por Veracruz, el poder tras bambalinas en Cuba y Puerto Rico, la compra de las islas Vírgenes, la accesión de Guantánamo, la presencia en todo el área del Caribe, y la expansión hacia el Sur, que ya existía en proyectos desde los tiempos de Bolívar  y la visita de sus flotas marinas, porque los Estados Unidos debían solucionar el  grave problema de la desunión de los dos océanos que le bañan, lo que por fin consiguen a las anchas con la apertura del Canal de Panamá y la franja zonal americana que por  mucho tiempo lo circundó. Debemos recordar que los Estados Unidos para el mejor manejo del asunto diplomático instituye entonces una doctrina internacional a su favor, llamada la Doctrina Monroe, con la que se prohibía tácitamente cualquier aspiración colonialista de Europa en territorio  latino americano, con lo que consagran a ex profeso la hegemonía absoluta de su poder en la gestión de negocios de los países, por ejemplo, de habla hispana, lo que por cierto salvó a Venezuela de la invasión que intentaran realizar varias potencias europeas al resistirse a cancelar obligaciones dinerarias el dictador de entonces mandante en Venezuela, o sea el general Cipriano Castro. Para el siglo XIX y los principios del XX el imperio americano se ha consolidado al ejercer el poder en el archipiélago asiático de Filipinas, en Guam, Carolinas, Marianas y muchos puntos tácticos o específicos de la esfera terrestre.
Los Estados Unidos ya para el año 1939 y por encima de la depresión económica del crash de 1929 con la seguida recesión acordonada por Roosevelt y las secuelas graves que ello atrajo, se perfila a grandes pasos como la primera potencia mundial, porque al entrar en guerra contra las estados agrupados del Eje, que lidera Alemania, otro gallo canta pues en los cuatro grandes frentes en que se batalla, de una u otra forma los americanos dirigen la partida, primero en Europa con la inmensa ayuda en el frente ruso para que triunfe aquel débil ejército, y luego las operaciones por Italia, el Mediterráneo y el empuje de Normandía, que en el embate arrollador de la supremacía militar gringa, obligan a la rendición incondicional de Alemania y sus satélites. Por otra parte el enorme combate que debe desplegar contra el ejército nipón en un inmenso mar tan alejado, obliga a reforzar su marina de guerra a un extremo inusitado, lo que da pie a las dos bombas atómicas que deja caer sobre Hiroshima y Nagasaki terminando así con rapidez una guerra impensable, que según cálculos del Mikado imperial podía extenderse por 200 años más. De las resultas de esta guerra global Washington pasa a ser la cabeza de la tierra en casi todos los campos del progreso y la ciencia, porque los jeeps americanos ganaron la contienda, el DDT descubierto y la penicilina idem, ganaron también la guerra, la poderosa maquinaria militar desplegada por ella en todos los ámbitos de la tierra hicieron lo correspondiente y el desarrollo industrial americano en campos como el automotriz, el aéreo y el marítimo se dispararon, por décadas, por encima de cualquier competidor, lo que se amplía aún más  con el botín guerrero adquirido de la Alemania en quiebra, que le permite entre otros éxitos, fabricar la mortífera Bomba Atómica y todo el desarrollo en motores a reacción (ejemplo bombas B4 y B5), que pronto le permitirán pensar en la carrera espacial. A ello debe sumarse igualmente toda la amplitud de conocimientos y su aplicación que los americanos debieron desplegar en tiempos de la llamada Guerra Fría, para atajar las apetencias soviéticas, como por ejemplo en el caso de los misiles de largo alcance transcontinental.
              En lo referente al poderío militar americano y para referirnos apenas a lo que nos circunda en América Latina, donde tiene cabida nuestra Venezuela, la de ahora, debemos agregar la presencia permanente de la llamada IV Flota americana, enorme bastión militar compuesto de varias fuerzas, incluido, que se sepa, un portaaviones (además de otros nueve que destina en distintas zonas rojas, como en el golfo pérsico, con capacidad cada uno para albergar 25.000 ocupantes, lo que le permite andar cerca de cualquier costa provocadora, como el manejo espacial de todo el inmenso plano geográfico confiado a este cuerpo de ejército, con los satélites investigadores correspondientes, los escuadrones aéreos por cierto no tripulados pero con bombas inteligentes, con alas de alta tecnología que los hacen indetectables por el radar, y todo el equipo de submarinos vigilantes, incluso de carácter nuclear, teniendo en cuenta, además, las bases conocidas al sur de la Florida que existen en Guantánamo, en Puerto Rico (donde residen los inmensos aviones estratégicos de transporte Galaxy que iban a despegar para una acción en Venezuela, islas Vírgenes, Chaguaramas de Trinidad, Curazao, las que pueden utilizar al momento y de pertenencia británica (recordaremos que de siempre los ingleses son como los israelitas aliados fraternos para todos estos menesteres de dominio, y no simples socios, como ocurrió con el caso de las islas Malvinas, donde en la celada tendida para acogotar a la Argentina se incumplieron todos los acuerdos internacionales vigentes). Aquí cabe anotar la mininvasión de Grenada, la de Panamá, el conflicto nicaragüense y el guerrillero colombiano, etc. Vale apuntar también que por este camino están por demás equivocados todos aquellos “estrategas” que consideran a la tal guerra asimétrica, con el cuento de David y Goliat, que pensando en milicianos pueden luchar contra este poderío en base a una guerra de guerrillas urbana o rural en desuso y detectable con todos los medios requeridos, o con encapuchados tirando piedras, quemando cauchos (llantas) y otros procedimientos infantiles de la era cuaternaria que se ufanan de manejar.

                          En los momentos actuales los Estados Unidos están presentes en todas partes del orbe, o sea en cuanto les interesa, y eso será todavía por muchos años, a pesar de los pájaros agoreros que por allí deliran, pues no hay país o región sobre la tierra que se les aproxime, bajo ninguna forma, porque la Unión Soviética, que pujaba por alcanzar algún poderío sobrante en este caso, fallece por implosión, el Japón, que parecía agente opositor, todos sabemos que el manejo de su riqueza está en el capital americano rector de su grandes industrias, en el mundo de las franquicias y de los negocios insospechados que ahora existen, como el caso de Taiwán, que es un estrecho aliado, y aún más Vietnam, enemigo acérrimo hace cuatro décadas, que ahora comparte el festín del desarrollo con los gringos, por el temor de caer en las redes imperiales chinas. Y no se diga de Corea del Sur, que se mueve también con capital americano, por lo que como ya es sabido los Estados Unidos es el único país en el mundo que a través del dólar maneja todas las economías y las bolsas, en una u otra forma, y cuya riqueza por tanto no la respalda esa moneda de patrón que acaso es teórica, porque el respaldo de su valor universal se mide por el Valle del Silicón, los inmensos sembradíos agrícolas y lo ganadero, por el desarrollo científico que cada día se observa y que abarca gran parte de la novedad, sus laboratorios de investigación, la sumatoria impresionante de sus premios Nobel, sus universidades creadoras, las botellas de coca cola y los mac donald que en este instante sobre la tierra se ingieren ganando céntimos de dólar, la industria de guerra exitosa que se da en varios frentes del mundo (Libia, Afganistán, Irak, Siria, posiblemente otros estados árabes, Somalía, Sudán, etc), el manejo del petróleo por encima de vociferantes enanos, el avance insostenible de la nanonecnología, las inmensas empresas capitalistas (Alemania e Inglaterra ahora son perritos falderos), la banca mundial, de decisiones definitivas de los organismos mundiales, etc.
Clase aparte he querido dejar para este sitio el señalamiento de la industria espacial, en lo que los americanos juegan con otras potencias pero a años luz, quedando pero muy atrás Rusia y la incipiente China, que apenas reconstruye por primera vez un pequeño portaviones vendido por el casco  por parte de Inglaterra y que fuera de los globos aerostáticos hace ensayos promisores en esta materia, de la que estaba virgen, cargando con un fardo de billones de dólares en depósito, que más la amarra a los Estados Unidos, y con un Yuan de moneda que no es convertible a nivel mundial. Por tanto, con los astródromos que tiene y el sustituto del observatorio Hubble con que ha descubierto millones de años luz, para acercarse algo a la realidad científica, y ahora con los nuevos transportes que fabrica con que pretende establecerse en la fraterna Marte, que al menos conocemos ya, tiene agua, hablar de una carrera espacial es algo así como pensar en la fantasía. Pero en la tierra, donde vivimos, tampoco los americanos descansan en la defensa de su poder, porque nuestro astro no solo está cruzado por los escuadrones de la CIA, FBI, DEA, la OTAN que dirige y los cuerpos marines de elite, sino por laboratorios invisibles que detectan cualquier irregularidad a observar (ejemplo, el caso de Bin Laden), por lo que ante cualquier peligro que pudiera poner en duda su poderío mueven piezas fundamentales para subsanar el error, desde los cinco continentes, los dos polos que existen, y el inmenso sistema desplegado que por 24 horas se mantiene alerta naranja sobre la faz de nuestro planeta. Para terminar quiero dejar expresa constancia que nada tengo que ver con aquel país norteño, salvo expresiones de reconocimiento a la verdad, por si existen mentes suspicaces en ello, aunque no llevo puestas gríngolas que me impidan ver la realidad existente, o que soy cataratoso y menos miope de lo que a diario se constata. Como lo pienso lo digo, y porque tanto he vivido puedo escribirlo mejor.

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