viernes, 22 de abril de 2016

GENERAL GREGORIO Mac. GREGOR, ENORME ESTAFADOR.



Amigos invisibles.  !Caramba¡,  cuando escribo este trabajo con la intención de desenmascarar hechos pasados  que se tienen como en el olvido eterno para no dañar imágenes preconcebidas pero que andan sustentadas apenas mediante el argumento del silencio cómplice ayudado por la falta de saberes al respecto (ignorancia nada supina) y porque  el siglo XIX con sus vaivenes trágicos permitió la aparición  de personajes dudosos y hasta con doble cariz,  ya que “sin querer  queriendo” al estilo mexicano y ante la falta de medios adecuados para descubrir a los tramposos y culpables, ello trajo por consecuencia  y para colmo de la realidad que muchos  aventureros se hicieron pasar por quienes no eran varones de rectitud acrisolada y, en consecuencia, para aclarar  el currículo de tantos caballeros de industrias que andan haciendo de las suyas  como falsificando personajes y hasta con historias que parecían cuentos de la irrealidad más obtusa pero que por esos acasos del destino desconocido y sin fuentes certeras pasaron a volverse personajes reales y que hoy ya sosegado el tiempo de la intriga o la sin razón  mediante algunos documentos aparecidos se viene a comprobar la mentira sustentada  con el daño correspondiente para el proceso vivencial de los pueblos.


Sin  embargo en nuestro caso el hecho histórico planteado es aún más grave porque toca claves  de nuestro pretérito irregular que aún anda en pañales o la inopia, creyendo por tanto no en la mala fe de quienes desde antaño se refirieron al personaje que ya voy tratando en el recuento y hasta con dolor dado el daño ocurrido o por lo incauto de nuestros antecesores  que vivieron muy juntos de aquel extraño cuanto enorme estafador. Y no lo digo yo sino por las investigaciones que se han hecho  para demostrar la calaña de este caradura quien de tantas engañifas oportunas se rió cruelmente y que hoy pueden compararlo sin excusas nada menos, porque así está escrito y estimado, con el célebre  Bernard Madoff (uno de los grandes estafadores inversionistas que han existido entre los diez primeros, como igual se hace con nuestro temible Mac Gregor) y quien recluido tras rejas de protección cumple hoy condena en cárcel segura americana por la bicoca de 150 años.  Nada menos. Y que no se olvide al rufián Carlo Ponzi, célebre por sus estafas piramidales.

Vamos ahora a razonar por partes, pues encontrándome en lecturas de valía sobre casos posibles en tal escenario imprevisto me hallé con la presencia escrita  de la psicóloga, periodista,  investigadora rusa de Harvard  y PHD interesada en el atrayente tema policial de nombre María  Konnikova (quien trabaja en BBC. Future), la que de entrada asegura en su escrito al respecto que el escocés Gregorio Mac Gregor, “héroe venezolano” de la guerra  independentista, como gran vendedor de ilusiones que lo era  desarrolló una psicología suficiente a fin de permitir  caer en su trampa a muchas personas incautas, con la técnica y el impulso de la motivación humana persuasiva, disminuyendo así resistencias opuestas para desinhibirlas en sus frenos, con la promesa por ende  de atractivos paraísos adornados con falsedades históricas, llegando a convencer con este ingenio  característico a tantos crédulos que con el atractivo de la riqueza fácil se dejaron  llevar por la corriente y el interés  sobrepuesto de embaucadoras  ganancias.


Por tanto,  siendo oportunidad para razonar  algo sobre el personaje y su entorno fascinante  hoy conocido en el mundo entero,  haremos hincapié  en sus orígenes remotos, que proceden de un férreo clan familiar escocés de poder regional, de familia cristiana con gallardía mantenida por eso en dispersas  disputas con los anglicanos dentro de guerras  sin final  y dada la descendencia irlandesa de sus ancestros, llegados a esa tierra neblinosa y fría desde las intranquilas costas de Eire para sentarse en la historia local con importancia y también por un valor histórico, pues el ya dicho clan Mac Gregor a punta de combates guerreros y otras disputas  salpicadas de sangre  se granjeó un puesto de importancia en la historia de la norteña Escocia y más cuando él era de religión protestante, igual que nuestro  recordado general masón Francisco de Miranda, como también lo era del rito escocés el prenombrado general Mac Gregor.

Nacido el 12 de julio el año 1786  en la urbe escocesa Grendyle y de familia antigua militar,  durante su infancia crece corpulento, guerrero carismático y amante  del espirituoso whisky escocés, siendo entonces de poca formación estudiantil y ya en su juventud   actúa temprano dentro de  la armada británica, alcanzando el grado de teniente. Con cierta rapidez, y aquí comienza parte del misterio intrigante, en 1804 se desposa  con María Bowater, huérfana de un almirante inglés , “y en 1805 se volvió rico”, o sea un año más tarde, circunstancia que desde luego nos deja qué pensar. Nada he podido saber sobre el origen de esta pronta riqueza que presumo, aunque se queda en duda, por parte de dicho almirante.  Con esa condición de la Fortuna fácil  asciende a capitán y Jefe de Compañía, mientras estudia un breve año (1809-1810) en la Universidad de Edimburgo, de donde sale “por problemas  con sus superiores” (wikipedia dixit).  Como este es un trabajo amplio y para todo público me eximo de colocar detalles al margen o datos parciales  y notas técnicas que en nuestra oportunidad entorpecen el interés aleccionador de la reseña).  Y siguiendo con nuestro personaje mediante ese ímpetu personal el inestable escocés actúa con los militares ingleses  en el peñón de Gibraltar y en Portugal, “servicio que abandona poco después” “de manera también obligada”.  Así las cosas dentro de algunas elucubraciones juveniles que ya marcaban su existencia para decir verdad  asombrosa, a partir de aquel tiempo formativo “vivió con un supuesto título nobiliario de Coronel” en Edimburgo, y por ocurrir la temprana muerte  de su esposa María, en 1811,  Mac Gregor “perdió el apoyo social y financiero de su familia”, en este caso de los ricos Bowater.  Saquen ustedes cuenta de ese Mac Gregor liberal, de buena presencia, corpulento, robusto, comelón, dicharachero, arriesgado, perseverante,  ingenioso masón del rito escocés, agudo, hábil,  amigo de los tragos y  observador, que anda sobre las 25 primaveras, en el caso o reacción de la adinerada familia Bowater.


Viaja entonces a Venezuela, epicentro de guerra sin cuartel que comanda  el masón grado 33  general Francisco de Miranda, quien pronto le contrata, llegando entonces  este militar escocés a General de Caballería , mientras el despierto oficial de quien hablamos con astucia demostrada  saca cuentas y  nuevamente contrae nupcias  en Caracas con la linajuda y esbelta señorita Josefa Aristeguieta Lovera, prima cercana del adinerado Simón Bolívar, quien desde luego le abre sus puertas familiares. Pero como en la recia campaña  que realiza el español canario Domingo Monteverde es derrotado el ejército patriota, para evitar la cárcel Mac Gregor con su esposa Josefa va a Cartagena de Indias, actúa de nuevo en Colombia como militar y está en la toma de Bogotá, capital del virreinato de Nueva Granada, luego anda en Pamplona, Cúcuta y reitera su presencia en Cartagena de Indias, permanece en Rio Hacha donde se hace llamar “Inca de Nueva Granada”,  está en Portobelo en rencillas armadas prosiguiendo a Haití en la expedición de los Cayos, dirigida ella por el propio caraqueño Bolívar.  En este trashumar de las campañas  vuelve  al oriente de Venezuela, donde combate en  otras acciones militares. Durante  1817 con el apoyo de Simón Bolívar (a quien conociera en Londres, en 1810) viaja a los Estados Unidos para lograr la Independencia de Florida (“efímera república de las Floridas”), siendo ya General de División (sería bueno consultar dicha  pasantía histórica en mi trabajo de este blog  (8-2-2013) sobre la toma de la  Isla Amelia).  Y en ese andar liberador norteño queda por poco tiempo, pero rodeado de pomposo título,  “hasta que no consiguió más  el apoyo de sus mecenas”, dejando entonces el poder insular “en manos de un corsario francés” (Luis Aury).  Durante  1820 encontramos a Mac Gregor en la isla de Margarita, donde le nombran Diputado al Congreso republicano de Cúcuta, cuestión que obvia ejercer por un mejor interés ocurrido, viajando entonces a la caribeña isla de San Andrés para unirse al corsario galo  y amigo Aury, sin conseguir entonces el supuesto objetivo de ir a Panamá para buscar fortuna.


Meses más tarde el escocés se encuentra  en las costas de Mosquitos (Honduras y Nicaragua), las que visita con cuidado y atención, aunque al momento aquellos sitios andan vacíos de colonos europeos (ingleses entre otros) por la insalubridad  y el poco interés económico de dichos lugares.  Sin embargo  Mac Gregor planificando como estaba  por aquel sitio a futuro, entonces con su facilidad de entrada el sortario escocés convence y  firma allí  un tratado  con el rey indígena de aquel entorno, o sea el cacique George Frederick I°, negro originario de África colocado allí por los ingleses, con lo cual el incauto cacique  se convence del plan esbozado por Mac Gregor,  cediéndole desde entonces  122.000 kms2 de esa época en propiedad (vid. Wikipedia) para la colonización del territorio ”de los indígenas “poyais”.  Y aquí es cuando comienza la parte más pícara de esta historia estafadora, porque en 1822 con la máscara seductora  que ya posee  el farolero Mac Gregor proclamó falsamente en Europa  que era hijo de un banquero y cacique  o Príncipe de Poyais , tierra paradisíaca que según él existía  a lo largo del río Negro, en Honduras, o sea en territorio centroamericano.  La por demás fértil Poyais, que así se llamaba,  según inventos  engañosos producía tres cosechas de maíz  al año y su agua como  cuenta tranquilo  era pura y refrescante, que no había sed a la que no pudiera saciar, y que además las pepitas de oro forraban el lecho  de sus ríos, llenos de árboles desbordantes de frutos y los bosques lucían cubiertos de verdor, por lo que aquello era un Edén en comparación con la oscura  y lluviosa Escocia, y así fue como Poyais con la campaña desatada perseguía inversionistas  a fin de  desarrollar  proyectos  en tierras y colonos para el provecho de sus recursos , en este tiempo en que los empresarios  en América hispana buscaban esos destinos inexplorados para la inversión extranjera, tal el caso del nombrado e inexistente Poyais.  Viéndose ya como dueño de esa parte costera (Nicaragua y Honduras) Mac Gregor con el instinto psicológico que posee comienza a preparar  todo un tinglado de expertos entrenados para convencer a tanta gente incauta  que con el apoyo del  ingenuo rey indígena caen  en la trampa engañosa que Mac Gregor elabora sutilmente, dejándose seducir por tan capaz timador.   Y pronto  este escocés caradura, que era buen dibujante,  comienza a diseñar su estrategia de ventas donde incluso para engañar a cientos de escoceses  edita un atractivo y amplio folleto aleccionador en que resalta las bellezas insólitas de ese territorio etéreo que él denomina Poyais,  y tan sinvergüenza fue que además a fin de  una mayor confianza de posibles compradores  entrega este  libro de 350 páginas  sobre las virtudes del lugar referidas a tal paraíso encontrado que para más grande embuste fue  escrito  por el acucioso investigador  capitánThomas Strangeways, quien en la sorpresa de la falsedad  sin límites  resultó ser su  autor el mismo Mac Gregor.  Y así muchos cayeron en la trampa. Como comerciante amoral del ramo especulador dicho  escocés  además falto de vergüenza como nato o experto vendedor tenía el don del convencimiento y la motivación humana para desinhibirlos en sus frenos  sobre gentes tolerantes , educadas pero codiciosas sujetas a riesgos, como buenos británicos de su época, por lo que el tal Gregorio  aplicó una sicología suficiente a fin de hacer creer su trampa en la mente de muchas personas  con la técnica y el impulso  de la motivación humana, de donde incluso llega a dibujar  una bella estampa  de la supuesta Poyais, llena de lagos y montañas idílicas.  En los tantos viajes que realiza  de regreso en Inglaterra  Mac Gregor  ofreció entrevistas  a diarios locales (Escocia) y nacionales, demostrando los beneficios  de invertir  estableciéndose incluso en el fabuloso Poyais a estos hombres  duros, aventureros y valientes, como reto y regalo a la vez, mientras dentro de la osadía y sed monetaria en Escocia el astuto Gregorio diseñó e imprime  billetes de dólares para su país de mentira, como también moneda de uso y curso legal (cuyo lema fue “Gregorio, cacique de Poyais”) y una bandera con escudo incluido donde resaltan  la cruz de San Andrés sostenida a los lados por dos indígenas  empenachados y  lugareños.


Mac Gregor mediante esta tramoya  infernal no solo recibió directamente  287.000 dólares americanos en sus locas vivezas convenidas, sino que los bonos garantizados que emitiera por el reino Poyais  (1822) con intereses del 6% mediando el apoyo por supuesto del inexistente enclave hondureño, llegaron a valer cada uno en el mercado 3.600 dólares de hoy, como indica la mencionada investigadora Konnikova, desconociéndose el destino final  de aquella enorme suma para entonces en manos del soñador Mac Gregor.  Si nos atenemos a lo escrito sobre el particular y por el enorme interés que desarrolló en Londres y París  para estas ventas, el negocio fraudulento de Poyais  en tal momento  le dio a Mac Gregor ganancias montantes a 5.000 libras esterlinas, porque además  en esta trampa de inteligencia fraudulenta  emitió bonos certificados  montantes a 1.300 millones  de las libras famosas, ganancias que se esfumaron, supongo, con la molicie y la vida principesca que el escocés mantuvo por un largo tiempo.  Para aquella época de esplendor en los negocios y cuando proclamó falsamente  que era hijo de un banquero y cacique o príncipe de Poyais,   Mac Gregor tenía a su lado de asistente y conocedor de intimidades financieras al también astuto y mayor William John Richardson, que sabía interpretarlo y acomodar las finanzas a su gusto, como en el  mantenimiento de las extensas  relaciones sociales, al extremo que pronto y en su visita a Escocia el soberano monarca del Reino Unido Jorge IV en momento oportuno y oficial lo inviste con el título honorífico de “Sir”, o sea en lo adelante  llamado Sir Gregor, con las prerrogativas cortesanas correspondientes, lo que más le abre puertas en el mundo de los negocios grandes, como las finanzas y los bancos, ampliando así su cartera de colocaciones  de tierras en el mítico Poyais, a un precio de venta montante a  cuatro chelines por unidad de lote, que cambia en moneda corriente inglesa  a objeto de colocar estos  ingresos en las personales cuentas bancarias del  Honorable Sir Gregor.  


Pero como siempre todo no es Jauja pronto se corrió la voz en cuanto a que  los negocios  de Sir Gregor no andaban tan bien como se suponía, por algo que restaba creencia a la realidad,  en cuyo caso y para frenar dudas con la  posible avalancha de demandas el escocés mediando rápida acción y palabras lisonjeras avanza en su proyecto especulativo de Poyais en cuanto a la necesidad  del presto envío de colonos compradores de lotes hacia  aquel territorio escogido, por lo que con la celeridad necesaria y  con su imaginación desbordante comienza la preparación colonial de un primer despacho  de los incautos compradores rumbo a la capital San José (Saint Joseph), incluidas sus familias, que sumaron 70 colonos (entre ellos iban doctores, militares, abogados, y un banquero convencido), todos viajeros ansiosos de fortuna, dándose por ello a la vela desde el Támesis londinense  en el “Honduras Packet” con alborozo, en septiembre de 1822 y rumbo al inaudito espejismo del nombrado  Poyais.  Así pudo llenar las naves  de emigrantes  rumbo a la mítica Poyais  en dos barcos de colonos escoceses salidos entre agosto de 1822 y enero de 1823, con 250 colonos a bordo, pero cuando los escoceses en el primer viaje de setenta pasajeros  dos meses después llegaron a la tierra prometida por Mac Gregor la realidad fue otra, de terror, pues  en el sitio no había nada salvo una selva inhóspita, plagada de mosquitos y nativos hostiles, ni pueblo, ni colonos ingleses como se había dicho, de Banco de Poyais,  Palacio Real, ni hasta el proyectado “hebreo colonia”, ni inmuebles , sin el oro prometido,  ni las 12.500 millas cuadradas  convenidas para fundar un estado monárquico, ni la supuesta amistad de los indígenas con los británicos, ni nada, y pronto  los recién llegados comenzaron a enfermarse y morir, algunos de tristeza, sobreviviendo una tercera parte al ser luego rescatados  por un barco inglés que los llevó a Belice (Honduras Británica).  Y ante el temor que el desgraciado envío de colonos provocara peores consecuencias sobre sus negocios o su libertad personal, Sir Gregor esperando mejor ocasión huye a Francia aunque poco después desde París intenta  de nuevo engañar con el mito de Poyais y mientras el arte de la persuasión la mantenía intacta, de donde meses más tarde reúne otro grupo de inversores ultramarinos y colonos con el fin de trasladarse  rumbo a Poyais desde Francia, pero para emitir numerosos pasaportes requeridos el gobierno galo toma precauciones  por esa oleada de solicitudes rumbo a un país desconocido (Poyais),  de donde se opta por  abrir una comisión investigadora sobre el caso que  entra en sospechas, y así las cosas pronto se detiene a Mac Gregor abriéndose juicio  por fraude en 1826, que le lleva a la prisión parisiense  La Force (sitio en que anduvo preso Francisco de Miranda), aunque por los contactos que mantiene Sir Gregor  no tarda ser puesto en libertad regresando de nuevo a la natal Escocia (Edimburgo),  donde huye de nuevo ante la ira de los compradores  originales de bonos de Poyais, estableciéndose otra vez en Francia y mientras todavía tiene el valor de vender acciones  de Poyais en 1825 y 1826, convertido ahora dicho supuesto reino en república, y así por sus altas relaciones  internacionales en 1822 el sortario escocés  obtiene de un banco de Londres  200.000 libras esterlinas  para continuar en el desarrollo del famoso y fantasmal Poyais, por lo que se viaja a París, donde funda asociaciones para promover  esta alocada mentira, mientras  el Banco de Londres  entonces le presta 300.000 libras esterlinas, al 2, 5% de renta. De vuelta en Londres (1827)  Sir Gregor es detenido nuevamente y sin mucho aspaviento, por el delito de “falsas promesas” aunque por sus relaciones  masónicas, empresariales y dado el título real que ostenta, como por los amigos masones y bancarios de importancia, supongo, pronto es liberado y exento de cualquier pena posterior. Así regresa a Francia para vivir de sus riquezas y fama ahora intachable, aunque como buen comerciante siempre ofreciendo acciones de Poyais, volviendo a Escocia en 1834 para negociar otras acciones de aquella inmensa estafa, como si nada hubiera pasado. En mayo de 1838  lamentablemente cerca de Edimburgo fallece su esposa caraqueña Josefa Aristeguieta Lovera, prima de Bolívar, que le diera tres hijos y quien lejos de esta enorme comedia delictiva  nunca hizo  parte de las finas trampas preparadas por Sir Gregor.  Pero en verdad esa desgracia familiar cambia el destino cierto del adinerado escocés, que en el transcurso de estos años ya no es el hombre de antes, por lo que haciendo nuevas cuentas que le producirán dinero y títulos decide regresar a Venezuela  y en agosto de 1839 vuelve a Venezuela, donde de inmediato luego de recibir la nacionalidad  recupera su rango militar, su pensión consiguiente de alto oficial y el pago de todas las prebendas  que se le adeudan desde los tiempos de la Independencia, en lo que se le complace  dado que además es pariente de los Bolívar por su esposa Josefa Aristeguieta y porque el Presidente de la República, general Carlos Soublette, amigo desde los tiempos guerreros, está también casado con una Aristeguieta.


Sir Gregor, que así por un respeto no se le llama en Venezuela, pronto entra en relación con la distinguida colonia inglesa que  luego de la guerra se ha establecido en el país, y como no puede andar tranquilo, fuera de los oficios protestantes a que asiste anda en buena amistad con los ingleses residentes  y además como hobby placentero  provisto de mucha paciencia se dedica a la sin igual cría del exótico gusano de seda.

Finalmente el extraordinario por raro ser falleció en Caracas casi ciego por parte de la vista, valga la redundancia, casi sexagenario,  el miércoles 3  de diciembre de 1845,  siendo enterrado en la Catedral dada su condición de prócer, aunque fuese de religión protestante y con la asistencia de ilustres personalidades, entre ellos el tren ejecutivo oficial.  Y ahora yo me pregunto: ¿es posible todavía que esta figura tan extraviada por la irrealidad de sus hazañas delictuales aquí descritas dentro de lo que cabe, pueda continuar sepultado en el Panteón Nacional de Caracas cerca del libertador y padre de la patria Simón Bolívar?.


En la bondad de ustedes dejo abierto el enigma sapiente para descifrar tamaño error que fue obra de la improvisación momentánea y porque además  para ese tiempo  la masonería venezolana tuvo mucho poder, cuyo conductor principal venía a ser el presidente de la república general Antonio Guzmán Blanco,  ilustre masón que como dije ordena construir el referido Panteón Nacional. Y lo demás es cosa de bien entender.           

sábado, 5 de marzo de 2016

TOQUE DE QUEDA, LEY SECA, ESTADO DE SITIO, ESTADO DE EXCEPCIÓN, ETC.



AMIGOS INVISIBLES.  Dentro  de esta fluida conversación que mantengo con placer en el blog desde el año 2.O11, y que ha despertado tanto interés como para ya acercarse al medio millón de visitantes, dentro del tejemaneje de la historia vivida y acaso olvidada bueno es recordar  que no todo viene a ser como Alicia en el país de las maravillas sino que, al contrario, los fuertes vaivenes sociales con que hoy nos mecemos en un mareo constante, hace que nuestra  carrera permanente  dentro de una parábola competitiva  entre pitos y flautas sea factible para discurrir sin mayores acechos aunque con mucha prevención;  pero como el tiempo de nuestros días se ha tornado turbio  y peor con la distancia de los años, la respuesta a este nuevo sinsabor viene a traducirse con el “ojo pelao” empleado en la jerga venezolana, por el desamparo y la trifulca permanente de nuestro existir pendenciero, y porque, “si no lo coge el chingo lo atrapa el sin nariz”, con que seguimos utilizando nuestro vocabulario popular. Así, por estas veredas quijotescas e insondables que marchan al futuro nuestro país anda ausente  de astrolabio eficaz porque parece incierto siendo verdad, que cruzado el rubicón molesto  de lo ya cotidiano como muleta pertinaz no nos queda sino la reflexión permanente de los tantos dislates en que andamos sumergidos, y para lograr sobrevivir en ese tráfago de incertidumbres es necesario poner la conciencia de colchón, la inteligencia de sabia maestra de luz cuanto sagaz por las que debemos transitar, y saber escoger como en difícil lotería del camino a seguir, evitando así el despeño  de nuestro propio ser  y de cuantos le acompañan, porque ya andamos en niveles exhaustos donde cualquier tropiezo puede ser fatal tanto para cualquiera de nosotros como para el colectivo nacional.

Y lo digo con la razón más amplia por aquella experiencia consensuada que me ha valido andar entre medio mundo y en parte del otro, de donde la almohada y el tiempo de la reflexión permitieron sacar cuentas si no del todo exactas bastante aproximadas sobre lo que se puso en nuestro camino oxigenado, la sana existencia de que pudimos  aprovechar y luego, ahora, con la desgracia y el maligno a cuestas, la época de las vacas flacas que andamos transitando, porque lo bueno, lo óptimo, lo mejor además se ha escapado de nuestras visiones y ahora nos encontramos ante una selva oscura llena de peligros, crueldades y sandeces, sin encontrar la llave que nos pueda abrir una puerta segura hacia el futuro.  Aquí reside el quid de nuestro lamento sincero, porque son pocos los escogidos que puedan realizar esta tremenda hazaña, llena de esguinces, traiciones, arrebatos y otros daños propincuos que podemos pensar. Porque si a ver lo expuesto y ya que ahora estamos entrando en materia, nuestra país y durante mucho tiempo se ha visto rodeado de monstruos de diversa calaña que no dejan dormir por lo esperpénticos, y como para la muestra valga el botón les recomiendo ojear mi libro  “Historia oculta de Venezuela” (Fundur editores. Caracas, 2.OO7), donde  además refiero en 1.600 notas oportunas con sencillez y profundidad entendible los avatares malditos que hemos soportado desde el descubrimiento de nuestras costas aledañas, pasando por los siglos de ignominia colonial y ello transformándose en una guerra sin cuartel que junto con la malaria y otras pestes horribles acabaron con la mitad de nuestra población y que luego como guinda de nuestro postre acíbar pervivió durante más de un siglo destrozando los restos de aquel pasado negro, hasta cuando por obra de la misericordia y de algunos embraguetados  y testiculares caudillos, como Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, a punta de cárceles y otros deleitosos manjares  del suplicio pudieron tranquilizar el medio en cierta forma aunque nada definitiva, como ahora se ve en Venezuela, las aspiraciones, tendencias ilegales, latrocinios,  y cuantos novedosos sistemas sirven  a fin de depauperar el resto quedante, que se ha podido nuevamente reunir para deleite sicópata de tantos,  en medio del bochorno que causan.  Por manera que hay tiempo para mirar  la situación con pausa ya que en verdad los quinientos años de subsistencia nacional nunca se han colmado de una verdadera paz, entre truenos y relámpagos permanentes, que como repito no nos dejan  tranquilos en medio del sobresalto que marca  un lento transitar.  Si bien los siglos que vivimos atados con España mezcláronse entre recuerdos que aún gravitan en el espejo de nuestras almas carcomidas por el espíritu de una tradición desgarrada, son hechos y circunstancias que nos acercan a la tempestad en que vivimos, pues no por menos somos producto de la violencia desatada en un siglo XIX cargado de destrucción masiva que determina el índice de tantas desgracias nacionales, por cuyo engendro terrorista para un pueblo en trance de ser nación se detuvo al tanto de aquella primera derrota social, porque salíamos de una guerra para ingresar en otra garizapa, y así entre tanta sangre derramada por bárbaros que no medían consecuencias ante el campo que habían destruido como ejemplo triste de un pasado grotesco, fuimos continuando en la caravana de la muerte, por miles o más con que se tiñó nuestra patria a lo largo de tantos caudillos siniestros que servían de comediantes para las novelas de terror y donde nada se perdiera en medio de aquel desmadre incontinente.

Siguió pasando el tiempo y la guadaña haciendo estragos incontenibles  en una sociedad hecha pedazos, provista de “compadres” guarecida, ausente de saber, de entendimiento o de razón, donde se cocinaban los más espectaculares episodios picantes de una guerra social y sin cuartel, manejado todo ello  por la ley del machete y de la sin razón, tiempo en el que se establecen los llamados andinos en el ejercicio del poder, que vino a ser otra plaga egipciaca para vivir entre la rapiña, el deshonor y la traición, nada aparente desde luego pero si aplicada a sabiendas con la calma y cordura de que hiciera alusión uno de los fundadores de aquella época sin cuartel con que murieron miles de personas entre el hambre, la miseria, el desamparo, las enfermedades cíclicas y toda otra colección asombrosa de gamberros asesinos y desalmados. Con la  ausencia del  “nunca bien llorado y prematuramente desaparecido” (general Juan Vicente Gómez), amo y señor de un país en desgracia  caudillista, lleno de otra miseria por doquier, pero que ya tenía balbuceos petroleros, advienen tantos adláteres siniestros como malaria, disentería, hambre,  sarna, tuberculosis, chagas, lepra, chincunguya,  zika, parásitos, virosis y otras no menos mortales o idiotizantes,  para decirlo con pelos y señales, mientras el problema social no solo abarca regiones escondidas sino que lentamente comienza a ascender en los estratos populares con las consecuencias que ello implica por la aglomeración y la necesidad, de donde se va planteando otro ser marginal que aspira  iguales condiciones  y hasta quizás más altas para alcanzar estratos superiores porque allí se involucran satisfacciones aún no superadas y fenómenos sociales  específicos provocados por una reacción acaso inesperada  de esos sustratos de violencia, por cuyas mentes pasan anhelos impulsados mediante rencores ocultos y deseos explosivos de superación a cualquier precio, lo que trajo a nuestra sociedad adormecida por la incultura  de antaño un principio de violencia  sui géneris difícil de erradicar que se tradujo en permanente desestabilización y muertes sin sentido dentro de un gran espectro presentado, lo que dio ocasión  y desde antaño a situaciones de peligro difíciles de contener, obligándose así al gobierno de turno en la necesidad de actuar de manera drástica, lo que en el curso de la segunda  parte del siglo XX hizo crisis con la respuesta oficial de miles de encausados en forma criminal, sobre todo con la aparición de bandas permanentes que mantenían en vilo la paz y tranquilidad de los campos y las ciudades  por esas pandillas salvajes  sin clemencia. Y valga recordar en este momento el sufrimiento y la sangre que corriera a montón por estas causas entonces como indetenibles que de antaño cubrían miles de informaciones  fatales sobre lo ocurrido en tantos países americanos envueltos en rencillas y peleas permanentes que a veces se volvieron historias horripilantes, como pudo ocurrir, por ejemplo, en Méjico, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Brasil, Argentina, Perú, Chile  y otros conglomerados humanos que dieron quehacer en las noticias y tristeza  por la pérdida de tantos inocentes como de vidas humanas. Algunos países avanzados comenzaron entonces a tomar medidas  necesarias para la prevención de estos destrozos sociales , aunque otros se vieron más complicados por las implicaciones políticas  derivadas de tales  medidas punitivas que pudieron ocasionar conflictos en el medio social allí extendido, de modo que debían ser moderados en su aplicación para evitar otras reacciones populares,  aunque de una manera vaga y solapada impusieron alguna justicia de la tierra, a veces exacerbada,  que trajo desde luego nuevos conflictos rencorosos  o encontronazos sociales y otros enfrentamientos sostenidos por estas causas a veces desorbitadas.

En nuestro país y como ya es vox pópuli la tranquilidad social impuesta y vivida en tiempos dictatoriales del presidente Gómez (“Unión en las cárceles, trabajo en las carreteras, y  paz en los cementerios”)  al estilo de la época, después de su muerte cambió con el aparecimiento e impulso del neocomunismo que algunos líderes agitados y ya presentes en el espectro social como Rómulo Betancourt,  dieron en ese intento algo frustrado para adueñarse del poder, lo que abrió otro compás de espera  en el escenario de la política nacional  que iba a emerger con cierta virulencia  desde la triste prisión del Presidente Medina Angarita,  hasta los revolcones políticos que se vivieran con el advenimiento de guerrillas urbanas y suburbanas o rurales  en varios frentes de guerra “popular”,  sostenidos en parte por la riqueza del país y la rapacidad programada de antemano en la mente gobiernista del cubano Fidel Castro, lo que hizo enfrentar  a la sociedad y la inexperta juventud venezolana  en situaciones de combate que terminaron con muertos, desaparecidos  y otras figuras determinadas en esta clase de guerra circunstancial  sostenida por imberbes universitarios lavados de cerebro, los que como carne de cañón sufrieron las peores consecuencias y los carcelazos más duros. Desde ese entonces , algunas siete décadas atrás, el  panorama soñador de Venezuela comienza a variar de manera determinante ya que por un lado el ideario nacional fue cambiando al impulso de los acontecimientos explosivos que dieron al trasto con la tranquilidad vivida, porque unos actores se fueron al campo con fines guerrilleros y otros quedaron en la ciudad con las mismas intenciones  y hasta peores, donde muchos fueron masacrados con las consecuencias que ustedes pueden pensar. Allí comenzó a desarrollarse cierta variedad de desgracias, tanto en lo económico y social, cuanto por el insaciable deseo de apoderarse del mando mediante esas fuerzas que nunca pudieron arrebatar el poder hasta la aparición inevitable del ya por demás conocido comandante Hugo Chávez, ser intergaláctico y supremo que mantuvo como por tres décadas en zozobra permanente esa paz social  que será necesario estudiar a profundidad.

Para el momento de su despertar convulsionante nuestro país comenzó a ser otro con las ideas propias del señor Chávez, quien entre locuras extravagantes e ingeniosas se creyó superdotado hasta el último momento de su vida y al que  le rodeaban una corte de especuladores de ocasión, encendiéndole al llanero sicópata   la testuz  con muchos cuentos de camino. Y porque Chávez con sus lecturas enrevesadas  desde las izquierdas más viejas embrutecidas por el tiempo hasta otros vividores que explotaban esos sentires gananciosos (Galeano, Gramsci, Dieterich, Fidel, le confundieron más la cabeza sobre todo con situaciones de países vecinos, que vivieran serios momentos de su vida institucional en medio de una guerra sin cuartel, como el caso de Colombia y sobre todo a raíz del asesinato  del líder  apreciado Jorge Eliécer Gaitán, de quien he escrito un trabajo atinente en este blog.
A partir del asesinato de Gaitán se desata en Colombia una suerte de guerra caliente que abarcó por años  las ciudades y los campos, con arrases y desolación completos,   con cientos de miles de muertos y desaparecidos, con grupos de extrema izquierda en acción, que azotaros ese hermano país durante muchos años  y por sus cuatro costados, cuyos efectos fueron tan graves que llegaron a penetrar en Venezuela con el ya formado manejo  del narcotráfico y el apoyo de fuerzas militares  ligadas al imperio de los estupefacientes, que establecido en nuestro país con bandas organizadas al efecto han hecho supermillonarios a muchos agalludos  caídos en este delito algunos de los cuales ya cumplen condenas severas y largas en penales adhoc de los Estados Unidos, y otros están  en detención por esta misma causa, que es de larga punición.   Mediante gente presencial de mi entorno hace un tiempo pude saber como la sangre corriera sin detenerse en la vecina Colombia, pues según asenté desde la muerte de Gaitán en el hermano país se desató una  guerra sin cuartel que detuvo  por años el desarrollo nacional, lleno entonces de guerrillas por doquier, de frentes militares hasta en las selvas y corregimientos alejados, de extorsión y vacuna, de bombas o pipas  metálicas expansivas con clavos y tachuelas insertas sobre ciudades indefensas, de muertes por doquier, de jefes guerrilleros que atravesaban con impunidad  buena parte del país,  introduciéndose incluso en Venezuela, de auto nombrados capos zonales pertenecientes  a grupos gaitanistas alzados, que merodeaban campos y ciudades con la consigna de matar, e incluso de arrasar incendiando pueblos enteros, de preferencia en horas nocturnas (grupos conservadores y liberales ), donde se degollaron  sin causa a presuntas familias  de ambas ideologías, algunos de cuyos integrantes para salvar la vida que no el miedo corrían desesperados a refugiarse  entre los cafetales y siembras de café, como también sus hijos menores, mientras no fueran allí encontrados con pasión sanguinaria de exterminio, para quitarles la vida y mientras  también se esperaba la carreta mortal que cargaría montones de cadáveres en este horroroso y permanente episodio dantesco como salido de los campos nazis de exterminio.   Pues bien, eso pasó y a veces aún ocurre en la hermana Colombia, donde las piernas son destrozadas por minas que llaman “quiebra patas” y donde grupos siniestros como  los de Jabón, Orejuela,  Carlos Castaño, Tiro fijo (Marulanda), el secretario financiero de las Farc Simón Trinidad,  Raúl Reyes,  (yerno de Marulanda),  el satánico Mono Jojoy,  el grupo multimillonario  del extinto Pablo Escobar,  la caleña familia de Rodríguez Gacha, el loco Barrera, las “Águilas negras”, el aún reciente clan Úsuga, Rasguño, los carteles de Medellín y El Valle,  Los Paisas,  los frentes del llano adentro como los de Arauca, Caguán, Guaviare y Amazonas,  el del Catatumbo, y las guerrillas agazapadas como  las del ELN, antigua EPL, FARC, M19, los grupos del Tolima y Nariño con los recuerdos atroces del “corte de franela”, y así sin dar tregua en esta contienda  sin cuartel que ocupa más de medio siglo, aunque las atrocidades guerreras  se extienden hacia atrás  hasta los mismos tiempos de la también salvaje llamada “Guerra de los mil días” (1899-1902).   Sobre estos antecedentes y consecuentes ya vividos es ahora que nos motiva el quehacer de este  comentario, porque a sabiendas de lo acontecido en Colombia y con tan tristes resultados como ante la posible violencia que en tiempo próximo puede desatarse, ya sea porque los acuerdos de La Habana no lleguen a buen fin, como quedar a medias,  es necesario ir preparando nuestro entorno ante la posibilidad de que aquel campo en alguna forma y por cualquier pretexto con otro entorno y visiones distintas el resultado de una maldad confabulada pueda insertarse en el diario y fluctuante quehacer de nuestras vidas que permita desarrollar nuevos escenarios  de contradicción tantos como para más indisponer   la situación en que vivimos, sea dicho los permanentes conflictos nacionales que horrorizan  con los cientos de muertos semanales, el ataque a la juventud, el desmadre de la vida cotidiana,  el saldo de las cuentas   entre pandillas, el hambre desmedida que existe, el sacrificio de los inocentes, asaltos, violaciones, asesinatos, ajustes de cuentas, robos por doquier,  y tantos hechos delictivos de marca mayor que colman las morgues y pueden existir en el país, bajo la clara aceptación de los pranes  y capitostes que manejan estos delitos monstruosos.

Es por eso el motivo de esta crónica digna de tener presente porque estamos al pie de entrar en esa onda  expansiva de destrucción , y que conste que lo he dicho muy claro para no llorar después cuando ya no haya remedio. Porque si no se toman medidas de inmediato, y dado que yo pienso de nunca de ser exagerado, mientras pueda ser realista, como el caso presente de un estallido social alimentado con armas rusas y la desesperación.  En eso pues es que quiero rematar con este estudio álgido del panorama presente antes de que se desbanden los demonios infernales  y porque en tales diatribas andamos a las propias puertas de lo inconcebible, si no se llega a un entendimiento de las partes, bañándonos de sangre a veces inocente como lo vemos con horror en los hoy destruidos y antes importantes Siria, Palestina   e Iraq,  tierras que visitáramos anteriormente  que además llevamos prendidas en nuestro corazón.  Y porque los ejemplos son muy necesarios para este momento voy a referirme como centro del planteamiento expuesto y fundamental a un personaje político del país vecino, o sea el doctor Guillermo León Valencia, de origen conservador, quien encontrándose ya como Presidente de Colombia  (1962-1966) y ante el recibimiento  que se le hiciera o sea con la ola de violencia desatada que no tenía fin, a objeto de interrumpir este doloroso  baño de sangre de incalculables resultados  decretó en el país el toque de queda (imposibilidad de salir de sus casas, de 6 pm a 6am siguiente) y luego con ello la ley seca (cero venta de licores en horas reservadas), el estado de sitio (patrullaje militar permanente) y otros elementos de buen gobierno para no hundir aquel país en una espiral inmisericorde de muertes y flagelos. Con el buen comportamiento de estas disposiciones de mejor gobierno y ante ese cáncer que carcomía la tranquilidad colombiana, frente a otros factores externos que se dio a combatir el doctor León Valencia   pudo llevar a buen término su gestión presidencial, y cuando entregó el mando luego de finalizado el período constitucional dicho país se salvó de esos desmanes fratricidas y por ello los colombianos le recuerdan con gratitud.
 Voy apenas a señalar que el toque de queda y las otras medidas profundas tomadas por León Valencia tuvieron un buen desenlace en beneficio de Colombia, porque si bien fueron rigurosas, algunas de carácter militar, contribuyeron a que le población poco a  poco entendiera sus alcances pacífistas y fueran comprendiendo la necesidad imperiosa de tales disposiciones presidenciales, cuyos resultados desde luego en aquel tiempo permitieron el comienzo de una pacificación a extenderse en el territorio nacional, para evitar más muertes y desastres, como lo que tristemente está viviendo Venezuela y por cuyo motivo considero de urgencia que esas medidas de emergencia adecuadas al sitio se deben tomar sin mayor cavilación ante la ola de delitos desatados en todo el país que colman nuestras cárceles y nuestros cementerios. Citaré brevemente porque de otra forma sería esto materia de una larga exposición,  las principales y firmes medidas tomadas por aquel recordado presidente colombiano que hicieron efecto de manera rápida y compulsiva para la pacificación a que me he referido.
TOQUE DE QUEDA. Donde se dispone y hace referencia a la seguridad ciudadana en el sentido  de que a partir de las seis de la tarde y hasta las seis de la mañana siguiente nadie podía salir de sus hogares (so pena de males mayores) para evitar  las matanzas y ataques nocturnos, con que se podía perder  la vida. De esta manera el país se fue pacificando, las familias provistas de alimentos y otros enseres necesarios en sus hogares esperaban  con tranquilidad necesaria la mañana, amparadas por el patrullaje militar destacado, para desplazarse hacia sus actividades normales.  
ESTADO DE SITIO. Como complemento a estas movilizaciones necesarias se estableció el estado de sitio en todo el país, declarado entonces por el Ejecutivo como mandato de excepción, que ya se había utilizado  en el país en tiempos de revueltas ciudadanas, siendo casi un estado  de preguerra dadas las circunstancias urgidas de su aplicación, con facultades amplias y especiales a favor de las fuerzas armadas (represión, etc.), quedando por tanto suspendidas  las garantías políticas ciudadanas. Sin embargo y ante los excesos  cometidos en la aplicación de esta Ley y ya tranquilizado en parte el país, el gobierno reemplazó el estado de sitio  por un más  benigno “Estado de excepción” .
LEY SECA. A objeto de favorecer más el cumplimiento de estas disposiciones legales después de las seis de la tarde y hasta las seis de la mañana siguiente se prohibió la venta absoluta de licores en el territorio del país, bajo el resguardo ello  de las fuerzas militares, de donde los expendios de bebidas alcohólicas fueron cerrados en esos tiempos para el dicho resguardo de la tranquilidad colectiva  y evitando así los desmanes que pudieran ocurrir con el paso de las horas nocturnas.
Otras medidas debió tomar el gobierno de León Valencia pues en pocos días se comenzó a sentir el cambio necesario y en bien de la paz colombiana, tan destruida a raíz del asesinato vil del líder Jorge Eliécer Gaitán, que he querido aquí reseñar como de suma importancia y que como venezolano demando de urgencia  al conocer tantas desgracias nacionales e igualmente de otros sitios del mundo, por lo que exijo desde este blog  a las altas autoridades competentes y para evitar males mayores, de los cuales caso contrario serían los responsables en un futuro judicial,  que apliquen medidas  pacifistas y hasta de salvación nacional, como las que instaurara el recordado León Valencia, que vienen a ser como un ejemplo fundamental a tomar en cuenta en nuestra hora menguada, para la tranquilidad de de tantos ciudadanos y la paz herida de esta ardiente república.

domingo, 14 de febrero de 2016

La esplendorosa familia de Nicolás Maduro.



Amigos invisibles.  Por andar muy lejos de los dimes y diretes de la política en un país donde esa simbólica pero no mágica palabra mueve montañas o botaderos de basura, para decir lo menos, por mi condición de hombre  amante de la Historia y por ello esculcador de sus entresijos puedo recordar  etapas acaecidas de que tengo conocimiento desde 1952, cuando salió de imprenta el primer libro que yo editara en París. Y luego de esa ya lejana fecha pero siempre presente  a lo largo de una vida íntima plena de hechos subyacentes, he ido atesorando infinidad de datos conservados en la memoria  de los cuales algunos he aportado en este blog y otros espero entregar a mis lectores  para el debido conocimiento. Pues bien y como el tiempo ha llegado en esta ocasión nada calva quiero referirme a la cara y sello de nuestro actual Presidente Nicolás Maduro, tan traído y llevado en cuanto a su conocimiento biográfico, que no debería ser así por su condición de Presidente, sino que algunos portavoces y con ese estilacho tan sublimado en política para embrollar cosas que no se deben conocer ganando así indulgencias pecaminosas, mantienen en el limbo de tal conocimiento a tantas mentes no adentradas en esos saberes necesarios cuando se es Presidente de un país,  debido a lo cual  salió impreso mi libro “Los Presidentes”, en cinco volúmenes útiles (Editorial Domingo Fuentes, 1996), volúmenes agotados que hoy no se encuentran ni a precio de revendedores.

            Para enfocar, pues, la vida de este a quien tocó en suerte para manejar bien o a contrario sensu los destinos de nuestro país, que ya el tiempo lo dirá, analizándolo la vindicta pública en justa medida,  sería preciso no adentrarnos en tantas especulaciones objetivas y menos subjetivas que en cierta forma desnaturalizan la realidad de tantos hechos presidenciales, sino que con cierta sutileza y para no herir reputaciones consagradas bajo el palio  de la política distorsionadora de la realidad sobre todo en el campo de la mentira llevada  al extremo de inculcarla como verdad extrema,  iremos andando y desandando dentro de esa manera de comportar al personaje en tantas de sus facetas controvertidas o no, peripatéticas por desiguales, que le dan ubicuidad escénica y hasta controversial sobre este político hecho de la nada y formado en ese pedestal por hechos simbólicos de la suerte mortuoria y de un mandamás que no quería morir, porque entre los entretelones de la agonía se despertó el subconsciente, que del susto le hizo paralizar el corazón y hasta la vida.

            A nuestro actual Presidente Nicolás Maduro Moros se le conoce poco y como secreto de estado, como aconteciera con Stalin, Mao,  y otros de ese calibre  andariegos de la escena internacional, de donde parecido a un cuento de hadas maravilloso diremos que el pariente del santo Nicolás sin que lo pueda desdecir vino al mundo en cuna humilde colombiana  no entre la mula y el buey que niño conocimos del pesebre sino con un padre ocañero picapleitos  (y aquí comienzan las dudas tan sutilmente bordadas) y una madre al parecer reinosa (o sabanera de Bogotá), aunque dentro de esa sabiduría rabínica de que desciende por lo del apellido judío holandés de Curazao si aplicamos entrelazando  el árbol genealógico experto de coleccionista jerosolimitano, sus ancestros entraron a las islas neerlandesas por el mercado de esclavos que allí se mantenía para hacerse de buenos doblones áureos que circulaban en aquellas francachelas del comercio africano por los andurriales tristes de ese comercio humano e insular. Desconocemos igualmente de su biografía por ser algo secreto cual fue su formación infantil, que se dice entre bocas sueltas y miedosas cucuteñas que se formó a tientas y locas en la polvorienta y estrecha de entonces capital colombiana del Norte de Santander, donde una tía abuela que lo recogió (que murió no hace mucho en Cúcuta, con la ausencia y pobreza de aquella suerte de madre que pudo protegerlo entre escaseces que acaso moldearon su manera de ser entre la pobreza y la rabia consustancial de un para decir lo menos huérfano. Y si tuvo otros parientes consanguíneos que claro, debió tener entre aquella familia escasa por desunida (en Caracas, cerca de la Iglesia de San Pedro de Los Chaguaramos vivían dos hermanas que parecen mudas por obligación, que jamás han permitido ser interrogadas, aunque hace poco y acaso por descuidos de sus escoltas fueran vistas y fotografiadas dándose la gran vida en locales de lujo europeos).

            Nicolás, o Nicolasín o Nicolasito, como entonces le decían, dentro de aquellos apremios en que iba formándose pudo aprender a leer y escribir, sin que se sepa nada de ello, como secreto de estado y así vagando en la activa ciudad cosmopolita y fronteriza cucuteña fue creciendo entre aquel mundo de hostil apariencia, donde los amigos compañeros fueron pocos y desconocidos hasta ahora en que me he internado en los meandros distintos de su vida juvenil, y fueron tantas su calamidades para el trote diario y la subsistencia que como es de suponer buscó lugares amplios para el ejercicio de la pobreza, sin llegar a conocer desde luego, si era lustrador de zapatos o portador de encomiendas, o muchacho de mandados y por ese camino difícil en su andar se introdujo en el mundillo cucuteño  del Terminal de Pasajeros, lugar poblado de cantos y esperanzas tantas veces frustradas, pero que al fin dieron en el clavo, pues alguien de aquel escenario tan cambiante y peligroso  de un terminal de pasajeros pudo haberle ofrecido algo tan minúsculo  como vocero o colector  de un autobús que atravesaba con pasajeros la estrecha vía de Cúcuta a San Antonio del Táchira, con los gritos sordos de Nicolás ¡San Antonio!, y hasta también ¡San Cristóbal!, con que el jovenzuelo sin destino podía saciar algún apetito y llevando de comer a su olvidada abuela que lo crió (no hace mucho muerta) con harta dificultad.

Pasaron así muchos años con la vida presente, engañosa y adolorida de lo que Nicolás pudo presenciar en esa juventud tan compleja que se puede llevar sin conducción  ética y moral suficiente como para entender el quid de la penosa existencia, la causa y consecuencia del existir, sin aplicar aquí las razones del conocido infante Don Fulgencio, por lo que entre vueltas y revueltas y acaso con un mostacho incipiente el revoltoso Nicolás dispuso de su ser en las tinieblas confusas de los seres que le dieron otra vuelta entendible a su personalidad, porque a sus manos llegan algunos escritos “anti”, olorosos a pólvora, con ejemplos desaforados de la construcción socialista en el mundo que ya huele a caída fatal con Gorbachov y la extremaunción de Juan Pablo Segundo, pero que se mantiene con falsías acomodadas de verdades en Korea y Vietnam, en la misma Colombia conocida  por Maduro, en los desastres post comunistas asiáticos tan exaltados al revés por el aparato publicitario de un llamado socialismo leninista, y otros parámetros ideológicos  para nosotros como la revolución cubana, cuyos cascarones y momias aún perviven guapeando y acomodándose a los nuevos tiempos imperiales dictados sotovoce desde los cuarteles ideológicos americanos. Entre tanto nuestro joven Nicolás imbuido de las sabias consejas marxistoides que le entregan voceros especialistas de esas ideas en verdad decimonónicas, en la mente del joven con trance de ser líder se reúne en Caracas, donde ejerce su campo de batalla juvenil, con líderes de barrio que han basculado por distintas camaraderías con el éxito o reconocimiento requeridos, y así a las trancas y largas por los años ochenta baja de los escondrijos habituales y se acerca con o sin éxito a líderes ya existentes (Petkoff, Pompeyo, etc) que lo aceptan o exilian de sus mentes y mientras el aparato publicitario del Kremlin aún mantiene cerca de la caraqueña Plaza Capuchinos en el sube y baja de sus destinos personales a muchos agraciados o desgraciados de esos columpios vitales.

Y como los últimos 40 años de nuestra democracia representativa auspiciada por fenómeno y político Rómulo Betancourt se fueron malgastando entre discusiones estériles y pleitos banales, aquel diablillo pertinaz que llevan los venezolanos con el querer cambiar los escenarios al estilo de Méjico (a lo macho), estigma que se lleva desde finales del siglo 19 hasta ahora, cualquiera que se ponga a leer para interpretar nuestro sangrado siglo debe caer en cuenta  que si bien desaparece la Venezuela rural con el caudillo Gómez, de seguidas proviene entre un paréntesis la figura de otro mandón de espuelas y negocios turbios, o sea Pérez Jiménez, pero a raíz de la defenestración diversa de esos amantes del dinero nuevos personajes aparecen con la debilidad del régimen imperante, y entre ellos la casta militar tan dañina de antiguo al concepto de patria, que es donde aparece por carambola y empujado por su ángel seráfico Cilia Flores, el futuro Presidente de la República Nicolás Maduro Moros.

Cuando el relamido y dicharachero experto en falsedades y mago de la mentira entregado ya en manos castristas Hugo Chávez Frías, fue y viene de La Habana diciendo cuanta excusa existe para desmentir su vocación  rebelde que le produce la miseria en que se forma con su familia y el interés por adueñarse de Venezuela como único e indiscutido jefe llanero, al estilo de Páez, ya el Presidente Maduro con su alter ego que penetra en las interioridades de la cárcel contentiva de  los sublevados militares de 1992, es decir con la abogado Cilia Flores, por ser un hombre callado, meditativo, entonces insípido al estilo de “El Diente Roto” cuento de nuestro costumbrista Urbaneja Achelpohl, pronto ante los servicios “gratuitos” que le presta al brabucón prisionero, entra en su confianza personal volviéndose así una suerte de sirviente especial para el servicio exterior mientras Maduro observa con ciertas habilidades aprendidas de su padre político que trajera de los conciliábulos sin paro que sostuviera  en La Habana a puerta cerrada con el vivián (vividor) Fidel.  Y así Maduro pronto logra escalar para sentarse a la Diestra del Dios Padre, mientras ya ha sido enviado por la cátedra comunista a La Habana (se dice que por dos años), de donde viene más rabioso en sus convicciones de ideas trasnochadas, pero siempre mudo, como es ya su estilo personal. Mientras tanto y ya con Chávez en el poder Maduro se maneja tras bambalinas, trayéndole café permanente a su jefe amado, que le da instrucciones por horas  a puertas cerradas y mientras van cayendo en la desgracia todos los jerarcas iniciales del régimen chavista, de Miquelena y Olavarría abajo.

Así las cosas ya Chávez envuelto en una fantasía malsana que le despiertan los adláteres y líderes paupérrimos que cada vez más lo visitan, el país va cayendo en una verdadera tragedia griega, insondable, donde su familia llanera se hace superrica, los sobrinos de Cilia Flores ahora andan presos por narcotraficantes confesos en los Estados Unidos, y el país continúa cayendo en la miseria, a la vista de todos y sin contemplación alguna, de lo cual nada objeta todavía el señor Maduro y se tienen engrasadas las miles de armas Kalasnikoff adquiridas en Rusia. Entretanto para más desgracia de Venezuela vivimos el ocaso del régimen con el Presidente Chávez que entra en lenta agonía y jura que no se va a morir, y cuando la guadaña se lo lleva en contra de su voluntad ya Maduro está presto para cruzar el telón y salir como nuevo caudillo amaestrado al frente de los acontecimientos y como Presidente de la República, que es cuando desenvuelve su capacidad oratoria y sin saber qué contar ni menos exponer  como se dice toscamente  cada vez mete la pata, mientras su fiel Cilia le agarra la mano del orador y lo detiene para que no continúe desbocándose. En total durante el período presidencial (casi tres años) de Maduro el país está en bancarrota, las divisas se acabaron, la actividad está en cero, no hay con qué pagar la inmensa deuda al extranjero y los precios del petróleo se fueron al carajo, para expresarlo en lenguaje coloquial, un millón de personas se ha exiliado y acaso otro millón hambriento esté en ese andar, la moneda no existe, mientras Maduro dice en largas peroratas sin sentido que eso es conspiración burguesa de las trasnacionales, no hay comida, medicinas, pago de pensiones, el 270% la comida ha subido por un año, los militares juramentados nada hacen a favor y no sigo porque usted puede llorar.

Lo demás es cosas por sabidas o por saberse, porque este personaje se casó con la llanera Cilia Flores, “Primera Combatiente” y en un dechado nepótico ella introdujo a casi toda su familia en la categoría de Funcionario Público, con las venalidades consiguientes.    

Y ahora vamos a lo último de este trabajo que es la esplendorosa familia de Nicolás Maduro, porque aquí voy a referirme a un caso muy importante y singular, puesto que nadie sabe sino detalles aislados de esa vida familiar, que a todos los venezolanos nos interesa.




           Pues bien y como les anunciaba, apreciados bloguistas, recientemente estuve de visita en la dinámica ciudad colombiana de Cúcuta, tan estrechamente unida a Venezuela por lazos familiares y económicos de toda índole y categoría que mueve diariamente una gran capital de negocios que se realizan diariamente entre las fronterizas San Antonio del Táchira y San José de Cúcuta.  Y andando por esas calles tan agitadas  de dicho centro de negocios donde ya se cuentan con edificios de  veinte y tantos pisos (vía San Antonio a Cúcuta), por la imperiosa necesidad  de cambiarle la tarjeta a nuestro celular para efectividad del código allí imperante, con ese fin el diez de diciembre de 2.015 antes del medio día entramos en un edificio especializado en asuntos  de accesorios para llamadas de largo alcance llamado por cierto  “El Palacio Rojo” (situado a dos cuadras del céntrico Parque Santander, edificio de tres pisos, pintado de rojo por fuera y especializado con muchas tiendas interiores en la tenencia de esos accesorios,  donde pronto inicio en conversación cordial con el joven que nos atendía, y de seguidas un poco más liberados en el trato paso a exponerle sobre el tema recurrente de Nicolás Maduro, de quien por cierto todos o casi todos están enterados sobre los pormenores de este personaje cucuteño, y lo digo así porque nadie desconoció de lo que preguntara  sobre la oriundez citadina del actual Presidente de Venezuela (por cierto en junio de 2.014  en este mismo blog de “Venezuela y el Mundo”  publiqué un artículo referido al tema circunloquial   recurrente e intitulado “UN VENEZOLANO PRESIDENTE DE COLOMBIA”). Y en vista de que dicho amigo ahora más franco para conmigo en los deseos de conocer sobre el aspecto natal que le planteaba de pronto y como si tuviera algo en la garganta por contar me dijo “Mire  hacia el otro local que está  al frente de nosotros y vea al fondo esquinero del mismo a un hombre sentado sobre un trabajo que realiza.
Pues bien, ese señor que allí labora es primo de Nicolás Maduro, y se lo digo yo que lo conozco muy bien por ser su amigo y aquí compañero, aunque también le agrego que si le pregunta sobre este tema de su nacimiento le dirá igualmente que es incierto, porque acaso y para no entrar en detalles así está entrenado para contestar. Mi corazón entonces latió a millón por la alegría de encontrar a alguien que pudiera así expresarse, con tanta holgura y sensatez. Sin embargo también terminó la frase diciéndome con franqueza que si quería hablar con él lo podía hacer, pero que en verdad nada iba a conseguir a mi favor. A pesar de todo y como las esperanzas son lo último que se pierde y más en estos menesteres  de la Historia venezolana, volví a insistir sobre interrogarlo en cuanto a lo que buscaba con ansia, mientras él queriendo más conocer sobre el enigma planteado me expresa: “Oiga, para no perder el tiempo y como tiene cámara voy a llamarle la atención a objeto de que mire hacia acá, mientras usted  toma una foto  de él a la escondida, y de seguidas con el argumento de visitarlo se tomaron dos fotografías más, mientras yo me encaminaba con dicho amigo hacia el local donde este trabaja, encontrándome así con alguien que no podía negar  (aunque igualmente lo negó cuando sobre ello le preguntara) sobre su proximidad familiar, o sea primo en primero o segundo grado, por las expresiones de su cara. Este señor Maduro de que hablo estaba sentado frente a un mesón largo trabajando con empeño sobre algún accesorio o reloj de su especialidad (allí se venden accesorios de celulares).  Entonces el dicho señor Maduro se levantó, que fue donde ya pude estudiarlo con detalles, o sea en su complexión alta y atlética, en su cara bastante parecida al Presidente Maduro, en gestos y ademanes con el poco lenguaje utilizado, de modo tal que mirando tan de cerca y con las fotografías tomadas caí en conclusión y porque así me lo había recalcado el amigo conversador del local colindante (aunque se abstuvo de darme el nombre de este joven quizás para evitar consecuencias y otros regaños), blanco, de algunos treinta años de edad en apariencia, grueso como el Presidente Maduro, con la misma expresión, pelo negro crespo y la cabeza de quien vengo señalando, y por otros detalles extraídos mediante esa pequeña conversación sostenida con él, que estaba sin lugar a dudas parado frente a un familiar cercano al Presidente Maduro, aunque el interrogado lo negara dentro del mutismo de un principio absoluto que mantenía.  Estaba vestido de franela negra y pantalones de bluejean, cadena al cuello, lentes apropiados al aire, boca proporcionada, orejas proporcionadas igualmente y un mutismo desgarrador que poseía.  Este es el recuerdo imperecedero que he querido dejar sobre alguien vinculado a Maduro, según se los cuento en esta historia detallada y para la posteridad. Ojalá  se disipen tantas trabas que aún tenemos en nuestro medio ambiente para que podamos ver el fin del túnel en que andamos, en bien de la felicidad y contento de los venezolanos y hasta de los colombianos cuyos detalles les interesa.