domingo, 14 de febrero de 2016

La esplendorosa familia de Nicolás Maduro.



Amigos invisibles.  Por andar muy lejos de los dimes y diretes de la política en un país donde esa simbólica pero no mágica palabra mueve montañas o botaderos de basura, para decir lo menos, por mi condición de hombre  amante de la Historia y por ello esculcador de sus entresijos puedo recordar  etapas acaecidas de que tengo conocimiento desde 1952, cuando salió de imprenta el primer libro que yo editara en París. Y luego de esa ya lejana fecha pero siempre presente  a lo largo de una vida íntima plena de hechos subyacentes, he ido atesorando infinidad de datos conservados en la memoria  de los cuales algunos he aportado en este blog y otros espero entregar a mis lectores  para el debido conocimiento. Pues bien y como el tiempo ha llegado en esta ocasión nada calva quiero referirme a la cara y sello de nuestro actual Presidente Nicolás Maduro, tan traído y llevado en cuanto a su conocimiento biográfico, que no debería ser así por su condición de Presidente, sino que algunos portavoces y con ese estilacho tan sublimado en política para embrollar cosas que no se deben conocer ganando así indulgencias pecaminosas, mantienen en el limbo de tal conocimiento a tantas mentes no adentradas en esos saberes necesarios cuando se es Presidente de un país,  debido a lo cual  salió impreso mi libro “Los Presidentes”, en cinco volúmenes útiles (Editorial Domingo Fuentes, 1996), volúmenes agotados que hoy no se encuentran ni a precio de revendedores.

            Para enfocar, pues, la vida de este a quien tocó en suerte para manejar bien o a contrario sensu los destinos de nuestro país, que ya el tiempo lo dirá, analizándolo la vindicta pública en justa medida,  sería preciso no adentrarnos en tantas especulaciones objetivas y menos subjetivas que en cierta forma desnaturalizan la realidad de tantos hechos presidenciales, sino que con cierta sutileza y para no herir reputaciones consagradas bajo el palio  de la política distorsionadora de la realidad sobre todo en el campo de la mentira llevada  al extremo de inculcarla como verdad extrema,  iremos andando y desandando dentro de esa manera de comportar al personaje en tantas de sus facetas controvertidas o no, peripatéticas por desiguales, que le dan ubicuidad escénica y hasta controversial sobre este político hecho de la nada y formado en ese pedestal por hechos simbólicos de la suerte mortuoria y de un mandamás que no quería morir, porque entre los entretelones de la agonía se despertó el subconsciente, que del susto le hizo paralizar el corazón y hasta la vida.

            A nuestro actual Presidente Nicolás Maduro Moros se le conoce poco y como secreto de estado, como aconteciera con Stalin, Mao,  y otros de ese calibre  andariegos de la escena internacional, de donde parecido a un cuento de hadas maravilloso diremos que el pariente del santo Nicolás sin que lo pueda desdecir vino al mundo en cuna humilde colombiana  no entre la mula y el buey que niño conocimos del pesebre sino con un padre ocañero picapleitos  (y aquí comienzan las dudas tan sutilmente bordadas) y una madre al parecer reinosa (o sabanera de Bogotá), aunque dentro de esa sabiduría rabínica de que desciende por lo del apellido judío holandés de Curazao si aplicamos entrelazando  el árbol genealógico experto de coleccionista jerosolimitano, sus ancestros entraron a las islas neerlandesas por el mercado de esclavos que allí se mantenía para hacerse de buenos doblones áureos que circulaban en aquellas francachelas del comercio africano por los andurriales tristes de ese comercio humano e insular. Desconocemos igualmente de su biografía por ser algo secreto cual fue su formación infantil, que se dice entre bocas sueltas y miedosas cucuteñas que se formó a tientas y locas en la polvorienta y estrecha de entonces capital colombiana del Norte de Santander, donde una tía abuela que lo recogió (que murió no hace mucho en Cúcuta, con la ausencia y pobreza de aquella suerte de madre que pudo protegerlo entre escaseces que acaso moldearon su manera de ser entre la pobreza y la rabia consustancial de un para decir lo menos huérfano. Y si tuvo otros parientes consanguíneos que claro, debió tener entre aquella familia escasa por desunida (en Caracas, cerca de la Iglesia de San Pedro de Los Chaguaramos vivían dos hermanas que parecen mudas por obligación, que jamás han permitido ser interrogadas, aunque hace poco y acaso por descuidos de sus escoltas fueran vistas y fotografiadas dándose la gran vida en locales de lujo europeos).

            Nicolás, o Nicolasín o Nicolasito, como entonces le decían, dentro de aquellos apremios en que iba formándose pudo aprender a leer y escribir, sin que se sepa nada de ello, como secreto de estado y así vagando en la activa ciudad cosmopolita y fronteriza cucuteña fue creciendo entre aquel mundo de hostil apariencia, donde los amigos compañeros fueron pocos y desconocidos hasta ahora en que me he internado en los meandros distintos de su vida juvenil, y fueron tantas su calamidades para el trote diario y la subsistencia que como es de suponer buscó lugares amplios para el ejercicio de la pobreza, sin llegar a conocer desde luego, si era lustrador de zapatos o portador de encomiendas, o muchacho de mandados y por ese camino difícil en su andar se introdujo en el mundillo cucuteño  del Terminal de Pasajeros, lugar poblado de cantos y esperanzas tantas veces frustradas, pero que al fin dieron en el clavo, pues alguien de aquel escenario tan cambiante y peligroso  de un terminal de pasajeros pudo haberle ofrecido algo tan minúsculo  como vocero o colector  de un autobús que atravesaba con pasajeros la estrecha vía de Cúcuta a San Antonio del Táchira, con los gritos sordos de Nicolás ¡San Antonio!, y hasta también ¡San Cristóbal!, con que el jovenzuelo sin destino podía saciar algún apetito y llevando de comer a su olvidada abuela que lo crió (no hace mucho muerta) con harta dificultad.

Pasaron así muchos años con la vida presente, engañosa y adolorida de lo que Nicolás pudo presenciar en esa juventud tan compleja que se puede llevar sin conducción  ética y moral suficiente como para entender el quid de la penosa existencia, la causa y consecuencia del existir, sin aplicar aquí las razones del conocido infante Don Fulgencio, por lo que entre vueltas y revueltas y acaso con un mostacho incipiente el revoltoso Nicolás dispuso de su ser en las tinieblas confusas de los seres que le dieron otra vuelta entendible a su personalidad, porque a sus manos llegan algunos escritos “anti”, olorosos a pólvora, con ejemplos desaforados de la construcción socialista en el mundo que ya huele a caída fatal con Gorbachov y la extremaunción de Juan Pablo Segundo, pero que se mantiene con falsías acomodadas de verdades en Korea y Vietnam, en la misma Colombia conocida  por Maduro, en los desastres post comunistas asiáticos tan exaltados al revés por el aparato publicitario de un llamado socialismo leninista, y otros parámetros ideológicos  para nosotros como la revolución cubana, cuyos cascarones y momias aún perviven guapeando y acomodándose a los nuevos tiempos imperiales dictados sotovoce desde los cuarteles ideológicos americanos. Entre tanto nuestro joven Nicolás imbuido de las sabias consejas marxistoides que le entregan voceros especialistas de esas ideas en verdad decimonónicas, en la mente del joven con trance de ser líder se reúne en Caracas, donde ejerce su campo de batalla juvenil, con líderes de barrio que han basculado por distintas camaraderías con el éxito o reconocimiento requeridos, y así a las trancas y largas por los años ochenta baja de los escondrijos habituales y se acerca con o sin éxito a líderes ya existentes (Petkoff, Pompeyo, etc) que lo aceptan o exilian de sus mentes y mientras el aparato publicitario del Kremlin aún mantiene cerca de la caraqueña Plaza Capuchinos en el sube y baja de sus destinos personales a muchos agraciados o desgraciados de esos columpios vitales.

Y como los últimos 40 años de nuestra democracia representativa auspiciada por fenómeno y político Rómulo Betancourt se fueron malgastando entre discusiones estériles y pleitos banales, aquel diablillo pertinaz que llevan los venezolanos con el querer cambiar los escenarios al estilo de Méjico (a lo macho), estigma que se lleva desde finales del siglo 19 hasta ahora, cualquiera que se ponga a leer para interpretar nuestro sangrado siglo debe caer en cuenta  que si bien desaparece la Venezuela rural con el caudillo Gómez, de seguidas proviene entre un paréntesis la figura de otro mandón de espuelas y negocios turbios, o sea Pérez Jiménez, pero a raíz de la defenestración diversa de esos amantes del dinero nuevos personajes aparecen con la debilidad del régimen imperante, y entre ellos la casta militar tan dañina de antiguo al concepto de patria, que es donde aparece por carambola y empujado por su ángel seráfico Cilia Flores, el futuro Presidente de la República Nicolás Maduro Moros.

Cuando el relamido y dicharachero experto en falsedades y mago de la mentira entregado ya en manos castristas Hugo Chávez Frías, fue y viene de La Habana diciendo cuanta excusa existe para desmentir su vocación  rebelde que le produce la miseria en que se forma con su familia y el interés por adueñarse de Venezuela como único e indiscutido jefe llanero, al estilo de Páez, ya el Presidente Maduro con su alter ego que penetra en las interioridades de la cárcel contentiva de  los sublevados militares de 1992, es decir con la abogado Cilia Flores, por ser un hombre callado, meditativo, entonces insípido al estilo de “El Diente Roto” cuento de nuestro costumbrista Urbaneja Achelpohl, pronto ante los servicios “gratuitos” que le presta al brabucón prisionero, entra en su confianza personal volviéndose así una suerte de sirviente especial para el servicio exterior mientras Maduro observa con ciertas habilidades aprendidas de su padre político que trajera de los conciliábulos sin paro que sostuviera  en La Habana a puerta cerrada con el vivián (vividor) Fidel.  Y así Maduro pronto logra escalar para sentarse a la Diestra del Dios Padre, mientras ya ha sido enviado por la cátedra comunista a La Habana (se dice que por dos años), de donde viene más rabioso en sus convicciones de ideas trasnochadas, pero siempre mudo, como es ya su estilo personal. Mientras tanto y ya con Chávez en el poder Maduro se maneja tras bambalinas, trayéndole café permanente a su jefe amado, que le da instrucciones por horas  a puertas cerradas y mientras van cayendo en la desgracia todos los jerarcas iniciales del régimen chavista, de Miquelena y Olavarría abajo.

Así las cosas ya Chávez envuelto en una fantasía malsana que le despiertan los adláteres y líderes paupérrimos que cada vez más lo visitan, el país va cayendo en una verdadera tragedia griega, insondable, donde su familia llanera se hace superrica, los sobrinos de Cilia Flores ahora andan presos por narcotraficantes confesos en los Estados Unidos, y el país continúa cayendo en la miseria, a la vista de todos y sin contemplación alguna, de lo cual nada objeta todavía el señor Maduro y se tienen engrasadas las miles de armas Kalasnikoff adquiridas en Rusia. Entretanto para más desgracia de Venezuela vivimos el ocaso del régimen con el Presidente Chávez que entra en lenta agonía y jura que no se va a morir, y cuando la guadaña se lo lleva en contra de su voluntad ya Maduro está presto para cruzar el telón y salir como nuevo caudillo amaestrado al frente de los acontecimientos y como Presidente de la República, que es cuando desenvuelve su capacidad oratoria y sin saber qué contar ni menos exponer  como se dice toscamente  cada vez mete la pata, mientras su fiel Cilia le agarra la mano del orador y lo detiene para que no continúe desbocándose. En total durante el período presidencial (casi tres años) de Maduro el país está en bancarrota, las divisas se acabaron, la actividad está en cero, no hay con qué pagar la inmensa deuda al extranjero y los precios del petróleo se fueron al carajo, para expresarlo en lenguaje coloquial, un millón de personas se ha exiliado y acaso otro millón hambriento esté en ese andar, la moneda no existe, mientras Maduro dice en largas peroratas sin sentido que eso es conspiración burguesa de las trasnacionales, no hay comida, medicinas, pago de pensiones, el 270% la comida ha subido por un año, los militares juramentados nada hacen a favor y no sigo porque usted puede llorar.

Lo demás es cosas por sabidas o por saberse, porque este personaje se casó con la llanera Cilia Flores, “Primera Combatiente” y en un dechado nepótico ella introdujo a casi toda su familia en la categoría de Funcionario Público, con las venalidades consiguientes.    

Y ahora vamos a lo último de este trabajo que es la esplendorosa familia de Nicolás Maduro, porque aquí voy a referirme a un caso muy importante y singular, puesto que nadie sabe sino detalles aislados de esa vida familiar, que a todos los venezolanos nos interesa.




           Pues bien y como les anunciaba, apreciados bloguistas, recientemente estuve de visita en la dinámica ciudad colombiana de Cúcuta, tan estrechamente unida a Venezuela por lazos familiares y económicos de toda índole y categoría que mueve diariamente una gran capital de negocios que se realizan diariamente entre las fronterizas San Antonio del Táchira y San José de Cúcuta.  Y andando por esas calles tan agitadas  de dicho centro de negocios donde ya se cuentan con edificios de  veinte y tantos pisos (vía San Antonio a Cúcuta), por la imperiosa necesidad  de cambiarle la tarjeta a nuestro celular para efectividad del código allí imperante, con ese fin el diez de diciembre de 2.015 antes del medio día entramos en un edificio especializado en asuntos  de accesorios para llamadas de largo alcance llamado por cierto  “El Palacio Rojo” (situado a dos cuadras del céntrico Parque Santander, edificio de tres pisos, pintado de rojo por fuera y especializado con muchas tiendas interiores en la tenencia de esos accesorios,  donde pronto inicio en conversación cordial con el joven que nos atendía, y de seguidas un poco más liberados en el trato paso a exponerle sobre el tema recurrente de Nicolás Maduro, de quien por cierto todos o casi todos están enterados sobre los pormenores de este personaje cucuteño, y lo digo así porque nadie desconoció de lo que preguntara  sobre la oriundez citadina del actual Presidente de Venezuela (por cierto en junio de 2.014  en este mismo blog de “Venezuela y el Mundo”  publiqué un artículo referido al tema circunloquial   recurrente e intitulado “UN VENEZOLANO PRESIDENTE DE COLOMBIA”). Y en vista de que dicho amigo ahora más franco para conmigo en los deseos de conocer sobre el aspecto natal que le planteaba de pronto y como si tuviera algo en la garganta por contar me dijo “Mire  hacia el otro local que está  al frente de nosotros y vea al fondo esquinero del mismo a un hombre sentado sobre un trabajo que realiza.
Pues bien, ese señor que allí labora es primo de Nicolás Maduro, y se lo digo yo que lo conozco muy bien por ser su amigo y aquí compañero, aunque también le agrego que si le pregunta sobre este tema de su nacimiento le dirá igualmente que es incierto, porque acaso y para no entrar en detalles así está entrenado para contestar. Mi corazón entonces latió a millón por la alegría de encontrar a alguien que pudiera así expresarse, con tanta holgura y sensatez. Sin embargo también terminó la frase diciéndome con franqueza que si quería hablar con él lo podía hacer, pero que en verdad nada iba a conseguir a mi favor. A pesar de todo y como las esperanzas son lo último que se pierde y más en estos menesteres  de la Historia venezolana, volví a insistir sobre interrogarlo en cuanto a lo que buscaba con ansia, mientras él queriendo más conocer sobre el enigma planteado me expresa: “Oiga, para no perder el tiempo y como tiene cámara voy a llamarle la atención a objeto de que mire hacia acá, mientras usted  toma una foto  de él a la escondida, y de seguidas con el argumento de visitarlo se tomaron dos fotografías más, mientras yo me encaminaba con dicho amigo hacia el local donde este trabaja, encontrándome así con alguien que no podía negar  (aunque igualmente lo negó cuando sobre ello le preguntara) sobre su proximidad familiar, o sea primo en primero o segundo grado, por las expresiones de su cara. Este señor Maduro de que hablo estaba sentado frente a un mesón largo trabajando con empeño sobre algún accesorio o reloj de su especialidad (allí se venden accesorios de celulares).  Entonces el dicho señor Maduro se levantó, que fue donde ya pude estudiarlo con detalles, o sea en su complexión alta y atlética, en su cara bastante parecida al Presidente Maduro, en gestos y ademanes con el poco lenguaje utilizado, de modo tal que mirando tan de cerca y con las fotografías tomadas caí en conclusión y porque así me lo había recalcado el amigo conversador del local colindante (aunque se abstuvo de darme el nombre de este joven quizás para evitar consecuencias y otros regaños), blanco, de algunos treinta años de edad en apariencia, grueso como el Presidente Maduro, con la misma expresión, pelo negro crespo y la cabeza de quien vengo señalando, y por otros detalles extraídos mediante esa pequeña conversación sostenida con él, que estaba sin lugar a dudas parado frente a un familiar cercano al Presidente Maduro, aunque el interrogado lo negara dentro del mutismo de un principio absoluto que mantenía.  Estaba vestido de franela negra y pantalones de bluejean, cadena al cuello, lentes apropiados al aire, boca proporcionada, orejas proporcionadas igualmente y un mutismo desgarrador que poseía.  Este es el recuerdo imperecedero que he querido dejar sobre alguien vinculado a Maduro, según se los cuento en esta historia detallada y para la posteridad. Ojalá  se disipen tantas trabas que aún tenemos en nuestro medio ambiente para que podamos ver el fin del túnel en que andamos, en bien de la felicidad y contento de los venezolanos y hasta de los colombianos cuyos detalles les interesa.   

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