domingo, 14 de febrero de 2016

TRABAJO HISTÓRICO DIGNO DE RECORDAR.



Amigos invisibles: En mis lecturas sobre nuestra Guayana Esequiba, de la que  llevo un rato de trajín, escarbando noticias cayó en mis manos un trabajo alusivo  que considero de importancia por la facilidad y hondura de conocimientos con que se trata este álgido tema nacional como es también el siempre presente asunto esequibano,  que anda en manos de gente erudita por sus varios saberes como lo demuestran en el mismo, ajeno pues a la simple rectitud académica y a un entender adquirido por la fluidez de los conceptos  y la profundidad de su conocimiento, de modo que al terminar ese estudio tan acabado  y claro como nutrido sobre dicho tema consideré hacer un alto en el camino que tal trabajo despegó, para así penetrar  en la senda oscura y dantesca con que algunos enmarañan este texto fundamental tocante a Venezuela, por encima de los proyectos imperiales que con saña pululan alrededor desde varios siglos atrás y dado que en el estudio se reitera con argumentos sólidos el interés que tenemos porque nuestro país salga adelante con la verdad  y los documentos probatorios necesarios que allí se exhiben con lujo de detalles precisos e indubitables.


Entrando pues en la materia que vamos a tratar me refiero al reciente ensayo del académico profesor Manuel A. Donís Ríos, docente de la caraqueña Universidad Católica Andrés Bello e  intitulado “Bases históricas de la controversia entre Venezuela y Guyana sobre el Territorio Esequibo”, que en sus 46 páginas de claro entendimiento puedo decir dentro de lo condensado de este estudio que expresa como el mejor una sapiencia para entender sin obstáculos el porqué y el cómo de tan delicado tema referido a nuestra propia identidad y que ahora mediante los descubrimientos de riqueza inesperada que se han realizado huelga decir que los apetitos internacionales  se escapan para medrar en tal porción de nuestro patrimonio que la naturaleza nos ha dado,  por lo que ahora esas aspiraciones silentes se desbordan de muchas maneras para aprovecharse de este don divino, si así podemos tildarlo, que debemos cuidar con mayor razón en bien de nuestros hijos y la patria. En vista de que nuestro interés es señalar su aparición, de otra manera podría abarcar un trabajo de mayor tamaño, de donde aquí vamos a irnos por el camino de la síntesis para que otros aborden y se consustancien con el tema fundamental en bien de nuestro país y sus habitantes, que desde el inicio de la Colonia  defiende con altura lo que es nuestro e imperecedero.


El temario, pues, de esta síntesis histórica que en el prólogo presenta el padre Francisco José Virtuoso sj., está basado en 25 capítulos concernientes, que se inician (I) con el descubrimiento del navegante Alonso de Ojeda sobre el litoral venezolano en aquella parte oriental de nuestro viejo país, con el paso marino  subsiguiente del sevillano Juan de Esquivel, y luego enfoca la amistad hispano-aruaca (2), sobrevenida  de un comienzo, cuando los españoles inician el descubrimiento del río Esequibo y su región, incluida la amistad y el entendimiento comercial con los naturales aruacos de la región, por lo que “muchísimo tiempo antes de la llegada a Guayana  de holandeses, franceses e ingleses, los españoles poseían un conocimiento cabal del río Esequibo”. El capítulo (3°) de la investigación es referido  al dominio hispano  en Guayana  y la presencia holandesa,  donde sale a relucir el segoviano  Antonio de Berrío, integrando en aquella formación a Guayana y el Caura con Trinidad, dentro de la famosa  provincia de “El Dorado”, que en tres expediciones rumbo al Atlántico acerca este territorio a la actividad conquistadora del Nuevo Reino de Granada. Testigo como relata de este acontecimiento es el inglés Laurencio Keymis, cuando ya encontró a españoles  navegando hacia el Esequibo, según deja escrito. Toca, pues, a  este segoviano  Berrío ser el descubridor de la inmensa Guayana, como se explica en el importante trabajo que reseño. Posteriormente otros  países europeos trataron de establecer colonias en Guayana, como los franceses e ingleses, pero sumidos entre rivalidades  de poco entendimiento lo que hicieron fue desacreditar la existencia del rico “El Dorado”, perdiéndose así el interés en esa penetración geográfica.  Sin embargo los porfiados holandeses  lograron establecer pequeños poblados en aquellas costas de las tierras guayanesas, al este de la desembocadura del río Orinoco, que llamaron por sus características propias “La Costa Salvaje”, y más tarde (1623-24) dichos europeos se propusieron colonizar  en aquellos contornos, creando algunos establecimientos  a efectos comerciales en  el Esequibo, Demerara y Berbice, pero sin penetrar de veras en el hosco territorio, aunque en 1632 por su improductividad aquellos neerlandeses deciden abandonar la minúscula colonia esequibana. Y luego volverán de pasada en busca del tinte comercial llamado onoto, para uso en la manufactura textil.  Lo que quedaba entonces  de esa supuesta presencia holandesa se limitó a una isla llamada Kykoveral, en la desembocadura del río Esequibo, en el negocio provechoso del azúcar brasileño, aunque luego que Holanda  consigue su independencia de España, por esta razón dejó de existir aquel interés comercial, cuando los hispanos con la compleja europea “Guerra de los treinta años”  otorgan a Holanda  la posesión oficial de sus colonias en Guayana, incluida La Costa Salvaje, aunque con la expresa renuncia territorial (“tierra de nadie”), o sea que Holanda reconoció el derecho español que esa potencia tenía sobre este enclave, por poseerlo previamente al aceptar Holanda  que el resto del dicho territorio era español, comprometiéndose también a no expandir, comerciar ni avanzar sus posesiones en las mencionadas regiones hispanas.


Luego el pretendido esfuerzo holandés  de establecer una colonia en el Esequibo se dio al traste, a pesar de que estos neerlandeses trajeran del Brasil a judíos portugueses con esa intención, como expertos en el cultivo del azúcar, lo que terminó en fracaso tanto la intención de levantar una fortaleza llamada Nueva Zelanda, como otro asentamiento  con el mismo destino, que llamaron Nueva Middelburgo, de donde ante tantos reveses la emprendedora Compañía de los Indias Occidentales abandona la región del Pomeron. De estas resultas los holandeses muy debilitados  militarmente entregan un establecimiento en Norteamérica (New Amsterdam), conformándose apenas con las pequeñas posesiones en el Caribe y las zonas coloniales  del Esequibo y Berbice  en Guayana.  

En el siglo XVIII  los holandeses también sufrieron del fracaso al intentar erigir un puesto comercial  arriba del río Pomaron, más cerca del Esequibo y la ocupación del Barima, pero esta Compañía de Indias  a dicha cuestión planteada no la aprueba, “por considerar  que el río Barima estaba  en territorio y bajo la jurisdicción española”. Luego la conquista temporal del río Orinoco por extranjeros  se debió a otras condiciones o meros intentos por levantar estos intrusos postas o lugares para comerciar con los españoles en el Orinoco, lo que se elimina al expulsar los hispanos del río Barima a los fieros indios caribes que comerciaban  con los holandeses.

4) MISIONEROS Y AGENTES DE FRONTERA.

La conquista y colonización del territorio interior venezolano fue encomendado por la Corona española a las denominadas Misiones, en la segunda mitad del siglo XVIII, con un sistema mixto evangelizador  y escolta de soldados,  que permitieron entradas  idóneas en busca de naturales para reducirlos a poblados. Y en esto desde 1686 fueron pioneros  los capuchinos catalanes de la Misión de Guayana, quienes luego fundaron la misión de Suay, entre el Caroní y el Orinoco, haciendo así posible el autoabastecimiento  de tal Misión, con un inicial hato de ganado, cuyos excedentes  se pudieron exportar  como bases de aquel éxito emprendido, avanzando y poblando ese territorio  en sitios estratégicos y cerrando además el paso a las intenciones dañinas de caribes hostiles, holandeses (compradores de esclavos indígenas) y portugueses. De esta manera se fundan 28 pueblos indígenas y dos villas de españoles, con lo que así gira el desarrollo económico de la provincia de Guayana dentro del avance realizado de un plan estratégico para dominar las confluencias fluviales usadas por caribes manejados éstos por holandeses, dentro de un contexto defensivo aprobado desde España. Así las cosas los pueblos fundados en la hoya del Yuruari-Cuyuni contaron con hatos activos  y autosustentables en lo agrícola y pecuario, lo que alarmó al Gobernador del Esequibo, de donde este Laurens Gravesande pide a sus superiores  fijar un límite entre el Esequibo  y la provincia de Guayana, por el peligro de tener en su cercanía a las misiones capuchinas, al tiempo que dentro de su incapacidad sobre el tema al efecto ordena levantar un mapa  de la colonia, a realizar con harta  prudencia en este cometido.

Ya para 1792 y bajo presión de los capuchinos se erige un fortín  en la boca del conectado río Curumo (cuenca del río Cuyuni), hoy en sitio que se usurpó  a Venezuela (laudo arbitral de Paris, 1899), que por la situación estratégica de estos cursos navegables  de los señalados  ríos Esequibo y Caroní, como del Cuyuni también, junto a otras fueron importantes vías de ingreso por el que a la chita callando penetraban caribes y holandeses a esta  Guayana  española.

Para finales del siglo XVIII la Guayana venezolana con desarrollo propio crecía expandiéndose en cooperación con las misiones capuchinas catalanas, bajo un control territorial y marítimo ubicado en Angostura, mientras las colonias holandesas  del Esequibo y Demerara se mantienen en penosa situación “de fachada marítima sin poblados”, al tiempo que se intensifican ataques corsarios contra bienes ingleses  y se pierde en manos inglesas la isla de Trinidad (1797), tiempo en el que piratas holandeses desembarcan en territorios del Demerara y Esequibo con los consiguientes daños materiales y comerciales. Mientras tanto las colonias holandesas decaen, entre otras razones por los vaivenes  guerreros europeos  en tiempos de una revolución larga y sangrienta (francesa), que inciden en la vida de las colonias americanas con disensiones diversas entre colonos ingleses y holandeses, e incluso mediante cierta  rebelión de esclavos en Demerara y en la vecina Surinam, que llegan a crear “una  república cuasi independiente”.  Y como la vida en Demerara y Esequibo entonces era miserable, los ingleses aprovechan para irse introduciendo en esas tierras, y  luego ya en 1760  la mayoría de los colonos fueron británicos, quienes pronto presionan a Inglaterra para que ocupara de forma definitiva a tales colonias. Así, sin disparar un tiro Inglaterra tomó a Stabroek, “cambiando de inmediato la nacionalidad de nuestros vecinos orientales”, de donde  desde 1814 esos asentamientos holandeses pasan a manos británicas  por un suscrito convenio británico-holandés.

5) GRAN BRETAÑA RECONOCE LA FRONTERA EN EL RÍO ESEQUIBO.

En 1822  el libertador Simón Bolívar ordena al comisionado José Rafael Revenga que gestione ante el gobierno británico el desalojo de los colonos ingleses de la zona Moruca-Pomeron, o sea la orilla izquierda del río Esequibo, o que de lo contrario reconozcan la soberanía de Colombia en esa zona, lo que conlleva a que en 1825 Gran Bretaña acepte  como frontera entre Colombia  (y Venezuela por formar parte de ella), a la Guayana Británica  en el río Esequibo, hecho por tanto de gran referencia histórica e importancia por ser limítrofe del país con Gran Bretaña.


(6) ROBERT SCHOMBURK Y SUS LÍNEAS DE FRONTERA.

En 1835 el prusiano Robert H. Schomburk, al servicio de intereses británicos obtiene de la Real Sociedad Geográfica de Londres la comisión de explorar  en la denominada Guayana Británica, por lo que pronto presenta un mapa de esa Guayana de su antojo, separada de Venezuela mediante el frondoso río Esequibo, salvo la región del Pomeron y Moruca, abarcando entonces un área  de 4.920 kms2 al occidente de dicho río, desconociendo por tanto el reconocimiento británico hecho de la frontera existente  en el río Esequibo.  Mas en vista del descubrimiento reciente  de importantes yacimientos auríferos en dicha Guayana Esequiba que despiertan sin duda  el interés británico de los negocios por la rica zona, el atrevido y pintoresco fabulador  Schomburk  al  terminar su exploración de 1839 hizo avanzar esta línea cleptómana nada menos que en 142.000 kms2 (o sea de 4.920 saltó a 142.000kms2), partiendo así  de la boca del río Amacuro y siguiendo una dirección norte-sur hasta concluir en el monte (tepuy) Roraima, lo que en 1840  Gran Bretaña  califica de “frontera tentativa”, para después adoptarla como “máxima reclamación territorial”, mientras Schomburk sigue en los intentos geofágicos  (1841-1844) para demarcar terrenos hurtados, de donde provisto de una exageración colonial irritante a su llegada al río Barima este malabarista prusiano izó el pabellón británico en la Punta Barima al tiempo de levantar hitos señaladores nada menos que con el anagrama de la igualmente geófaga reina Victoria, aunque por la pronta protesta venezolana el gobierno británico decidió retirar los postes afincados por Schomburk, iniciándose así la controversia sobre los límites de que hablamos.  Entretanto la situación económica de  la Guayana Británica se agravaba,  por lo que Londres ve como alternativa salvadora de la crisis el cercano oro venezolano que se contiene en el río Yuruari, de donde los ingleses piensan incluso apoderarse del Orinoco (recordar aquella canción oportuna “El Callao to night, Tumeremo tomorrow night”), aunque con la campaña de la opinión pública venezolana contra esas pretensiones imperiales el gobierno británico recula y propone a Venezuela bajar la tensión manteniendo el “status quo” sin ocupar el territorio en disputa, según Acuerdo firmado en 1850, lo que a poco los ingleses irrespetan dicho Acuerdo porque lanzan colonos hacia el occidente del río Esequibo, buscando la cuenca aurífera del Yuruari, y adulterando incluso los mapas originales del pérfido ya muerto Schomburk.  Mientras tanto la también pérfida Albión no contenta aún con el despojo de sus miras en 1887 traza a favor otra línea fronteriza, que contiene nuevas aspiraciones territoriales (“frontera indiscutible” la califica) pasando sin tapujos a aspirar 167.830 kms2 más de suelo venezolano.  Pero como buena e irrespetuosa timadora de fronteras, poco después la ya conocida en los anales de la Historia Gran Bretaña y en época de esa temible reina Victoria, hizo avanzar otras escondidas aspiraciones sobre suelo venezolano fijándolas en las cercanías de Upata (Estado Bolívar), con una enésima nueva línea danzante  que abarcaba hasta 203.310 kms2 de territorios igualmente venezolanos, con la conocida desfachatez y arrogancia del British Empire.

Ante ese despropósito británico Venezuela hizo grandes esfuerzos para impedir  la ocupación del Estado Bolívar sumándolo a las garras inglesas (territorios Yuruari y Caura), mientras Venezuela asegura sus terrenos patrios y recursos necesarios en profundidad y fronteras, que en parte yacían despoblados  por varias circunstancias como en el olvido del gobierno central.  Por esta digámosla apatía subvenida en 1890 el gobernador federal Pérez García mediante Decreto crea una Comisión especial para los ríos Yuruari, Cuyuni,  Mazaruni y Esequibo, “hasta nuestros límites con la Guayana Inglesa”, a fin de colonizar aquellos lugares que fueran ocupados en sus intenciones nacionalistas, asumiendo la  vigilancia necesaria y el cuido de los indígenas residentes, impidiendo actos  de jurisdicción por extraños en las pertenencias de la República, y designándose un Comisionado especial para explorar la región limítrofe.  El Comisionado Briceño para cumplir sus funciones parte de El Callao al frente de una expedición en veces fluvial  (ríos Botanamo, Cuyuni, Mazaruni y Esequibo), incluyendo explotaciones mineras  particulares del Demerara y refiriéndose Briceño a incursiones de colonos ingleses con deseos de establecerse (igual en Cuyuni, Mazaruni y sus afluentes) o sea en territorio venezolano, autorizados por Demerara y los británicos, protesta que dicho Comisionado presenta ante la autoridad británica en Georgetown (24-5-1890), donde incluye los límites de Venezuela en ese territorio.


                    7) EL LAUDO ARBITRAL Y ARBITRARIO DE 1899.

Como consecuencia de las cuatro líneas arbitrarias del funcionario británico y presunto naturalista Schomburk (recordar que las casas reales germana e inglesa eran casi hermanas, en lo político y geográfico), y por las sucesivas invasiones de nuestros territorios  Venezuela rompe relaciones con el Reino Unido (Gran Bretaña) para buscar una decisión arbitral, a lo que se niega el poder inglés, suscitándose incidentes en Venezuela con policías ingleses arrestados (ríoYuruán,1895), mientras nuestro país hace gestiones para una intervención estadounidense en el conflicto (recordar la doctrina Monroe, “América para los americanos”), y porque los americanos se preocupaban con el giro mundial y las agresiones del expansionismo británico, de donde el Presidente americano Grower Cleveland toma cartas en el asunto e interviene  para defender lo que en derecho pertenece a Venezuela.  Pronto en 1895 el Congreso norteamericano exige a Inglaterra aceptar el referido arbitraje, reclamando Cleveland  el derecho a intervenir en la disputa por la doctrina de Monroe.  Analizado este interés americano en la dicha disputa veremos que con ella los Estados Unidos pretendían salir de su aislacionismo pasando al plano de gran potencia frente al poder inglés actuante, así afincando la doctrina de Monroe como instrumento valedero para el predominio exclusivo en todo el Continente americano. De aquí que en 1896 los británicos y americanos (que representan éstos a Venezuela) abrieron las negociaciones pertinentes, con la firma del Tratado Arbitral entre Venezuela, el Reino Unido y la Colonia de la Guayana Británica, celebrado en Washington el 2-2-1897.

El Tribunal fue presidido por el ruso Federico de Martens, tan cercano y al servicio de las coronas zarista (Asia Central) y germana, por vinculaciones familiares e imperiales desde luego. Ningún jurista venezolano formó parte de ese Tribunal de compadres, cuando se consideraba a Venezuela entre los países semisalvajes, que quería mucho decir, con el expresidente americano Benjamin Harrison  en calidad de defensor de la causa venezolana, de cuyas actividades por demás objetables y dañinas he escrito con amplitud en mi blog (“Ramón Urdaneta. Venezuela y el mundo”).   En síntesis el  Laudo ausente de motivación en la sentencia, como cuajado de mentiras y medias verdades  (admite las líneas adulteradas de Schomburk) se dicta en Paris el 3 de octubre de 1899, entre el miedo y la presión, con exceso de poder y ciertos detalles jurídicos fundamentales donde Venezuela perdió otros 159.000 kms2, con una sentencia vil comprometida, arreglada, con la coacción del juez De Martens (votos cinco a cero a favor de Gran Bretaña), sin votos salvados de antemano entre los jueces que atendían intereses oscuros y sin considerar los títulos exhibidos por las partes (por cierto hubo ausencia de títulos británicos), con vicios en la forma y en el fondo, de donde dicha supuesta sentencia era totalmente nula e írrita, incurriéndose además en “ultrapetita” de asuntos no inherentes al fallo y otorgando así en dicho caso la navegación internacional del río Barima.  Sobre esta  farsa famosa en los anales del Derecho universal  es bueno recordar la Memoria post mortem suscrita por el Secretario de dicho Tribunal, americano Mallet Prevost, donde se demuestra por demás claro la ignominia de tal juicio vendido.

         8) LA RECLAMACIÓN  DEL TERRITORIO ESEQUIBO: 1899-1966.

La brutal decisión de 1899 fue rechazada por Venezuela mediante nuestro agente  José María de Rojas y el Presidente del país Ignacio Andrade, asustando entonces Gran Bretaña a Venezuela con fijar fecha para una demarcación unilateral si nuestro país no lo hacía a la conveniencia del supuesto ganador. Pues bien, hechos los análisis respectivos solo en 1903 Venezuela denuncia estas manifestaciones de terror judicial  en la Corte Internacional de La Haya, comenzando a exigirse su revisión una vez aclarada la marramucia desde 1944, 1948 y 1949, y publicándose entonces  por el gobierno venezolano el invalorable Memorandum del doctor Mallet  Prevost.  Igualmente en 1951 y ante los  Ministros de Relaciones Exteriores americanos en Reunión de Consulta, el Canciller de Venezuela Gómez Ruíz solicita una justa reparación sobre nuestra frontera oriental por los desafueros ocurridos de que hablamos, mientras el Consultor Jurídico de nuestra Cancillería en 1954 aclara que Venezuela no aceptará “nada que pudiera menoscabar los derechos” correspondientes al caso, ni renunciar a los mismos, ratificándose tal posición indubitable en 1960, en la Cámara de Diputados caraqueña y ante una delegación parlamentaria del Reino Unido.

La reclamación sobre el territorio Esequibo se formalizó en 1962 durante el gobierno de Rómulo Betancourt, planteando el Canciller Marcos Falcón Briceño dicha cuestión de límites  con la Guayana Británica en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde da a conocer las interioridades  dañinas del Laudo de 1899. Estas  demostraciones jurídicas documentales logran finalmente que Gran Bretaña  acepte una revisión de tales papeles comprometedores, realizándose así tres conferencias (Londres, 1963 y 1965, y otra en Ginebra, 1966), de donde se rubrica un Acuerdo para resolver la controversia de ambas partes en conflicto sobre la frontera entre Venezuela y la Guayana Británica, firmado en Ginebra (Suiza) el 17 de febrero de 1966.  Este Acuerdo con la Guayana Británica ya independiente (hoy llamada República Cooperativa de Guyana) sobre lo firmado entonces con Gran Bretaña como potencia colonial, establece  la creación de una Comisión Mixta para buscar soluciones prácticas referidas a la controversia surgida a raíz  del Laudo arbitral nulo e írrito de 1899.


9) EL ACUERDO DE GINEBRA. Por consecuencia de la contención venezolana y los deseos de las partes para una solución satisfactoria de la controversia, dicha Comisión creada venía a representar  para Venezuela el reconocimiento explícito e implícito de su alegato, como resultante de lo alegado en pruebas por nuestro país  y la impugnación del laudo de 1899.  Esta Comisión tenía el carácter de paritaria, o sea compuesta por dos venezolanos y dos guyaneses, sin la presencia de otro comisionado árbitro ajeno  a los intereses debatidos. De no llegarse a un pacto  para la solución buscada, los dos gobiernos  respectivos deberían entonces escoger  la solución pacífica prevista en el artículo 33  de la Carta de la ONU, mediante los métodos allí contenidos, y hasta otros medios pacíficos, a elección de las partes en pendencia (verbigracia acudir a un organismo internacional apropiado, o al Secretario General de la ONU, para que escoja otro  de los procedimientos pacíficos estipulados en el citado artículo 33, hasta resolver o agotarse todos los medios de solución). Además el artículo 5° de la Carta  contempla que dicho Acuerdo pueda ser interpretado bajo ningún concepto  como  renuncia o disminución  de la reclamación territorial, y que cualquier  acto  o actividad en el territorio reclamado  por nuestro país conllevara o representara menoscabo alguno de nuestros derechos ni apoyo de las pretensiones de Gran Bretaña o de Guyana, reconociéndose expresamente cualquier reserva venezolana hecha sobre concesiones (petroleras, auríferas, etc.) otorgadas o que pudieran adjudicarse en la zona en reclamación.  Por manera que más claro no canta un gallo y en especial sobre las violaciones al tratado suscrito en los últimos tiempos por la sinuosa Guyana y sus entretelones ilegales.  La independencia de la Guayana Británica representó un avance en la reivindicación de la Guayana Esequiba y por su posición anticolonialista nuestro país se apresuró a reconocer el nuevo Estado de Guyana (Nota del 26-5-966), apoyando de seguidas su ingreso en la ONU. Por su parte la Ley Aprobatoria de este acuerdo ginebrino fue aprobado por nuestro Congreso  el 17-2-1966.


10) EL PROTOCOLO DE PUERTO ESPAÑA.

La Comisión Mixta designada como hemos señalado desde julio de 1966 hasta febrero  de 1970, con un plazo agregado (4 años) por las discusiones emprendidas con los tercos británicos, funcionó en 17 reuniones aceptadas, mientras Guyana ponía objeciones diversas, sin discutir posibles soluciones. Para dejar bien claro Guyana nunca ha reconocido la nulidad del bastardo Laudo de París, yéndose por las ramas en este caso por considerar “motu proprio”  como aceptado por Venezuela, mientras que nuestro país considera a este Laudo como inexistente  porque surge de un hecho doloso, fraudulento y falso que vergüenza origina al comprobarse  la componenda dañina de los jueces participantes  en dichol vergonzoso juicio arbitral.

Y se pregunta entonces el autor de este estudio “¿Porqué razón Guayana aceptó el Acuerdo de Ginebra, abriendo así un caso cerrado  en 1899?”, respondiendo de seguidas para eliminar dudas, que “ello obedeció a las fuertes presiones del gobierno británico sobre la firma del Acuerdo”, de donde el joven abogado Linden Forbes Burnham y Primer Ministro guyanés sin otros miramientos coloniales aceptó la propuesta británica, que con una segunda intención y para mejorar los británicos sus relaciones con Venezuela (oro, petróleo, etc.) vieron esa manera  lavarse las manos dejando solos a nuestro país y Guyana en la solución de la controversia, aunque Guyana tras corrales  “pretendió neutralizar los efectos del Acuerdo” llevando las negociaciones a un punto muerto sin alcanzar cualquier avenimiento, mientras Venezuela insistía llegar a un arreglo práctico de la controversia. Pero la rebelión interna del Rupununi (ya tratada en este blog), las disparidades de criterios para el término de la Comisión Mixta (4 años), el escenario de la entonces política caribeña, la guyanesa agitación creada contra Venezuela, y las negociaciones nuestras sobre el Golfo de Venezuela condujeron por fin a la firma del Protocolo de Puerto España, el 18 de junio de 1970, que significó una posposición sobre el acuerdo de Ginebra (mecanismos previstos), mostrándose como otra manifestación de entendimiento hacia la solución de la controversia.


XI) VENEZUELA Y GUYANA EN EL MAR.

Para reforzar  la reclamación esquibana en los aspectos político y jurídico como nuestra soberanía  marítima en la zona el guayanés Presidente de Venezuela  Raúl Leoni  emitió el Decreto  N° 1152 (9-7-1968) sobre el Mar Territorial, trazándose así una línea de base recta  en las costas venezolanas, entre la línea divisoria  del río Esequibo  y Punta Aguarapiche, del actual Estado Delta Amacuro, con expresa reserva de soberanía de esa zona de mar que se reclama a Guyana (faja de tres millas de ancho entre la boca del Esequibo y el llamado Guainía, como las aguas interiores de la zona delimitadas por la base fijada en el decreto, y que la base recta en la boca del Esequibo será la que oportunamente se acuerde con el  Estado vecino.

Venezuela fijó su mar territorial  en doce millas náuticas, incluyendo las aguas interiores ya delimitadas y sobre el tratado  de la línea de base recta en lugares costaneros e insulares  que lo requieran.  Guyana entonces respondió proyectándose en el Caribe, “para cercar a Venezuela, o al menos para que los países del área no se colocaran bajo su esfera de influencia”, tratando en ello de atraer al interesado Brasil, que siempre ha buscado comunicar a su territorio interior con el océano Atlántico. Por otra parte acaso agresiva en lo que compete,  en 1977 Guyana promulgó una Ley de Fronteras Marítimas, extendiendo la anchura de su Mar territorial  de 3 a 12 millas náuticas, mientras establece una Zona de Pesca hasta las 200 millas náuticas y definiendo también su Plataforma continental.   Sobre estas decisiones y bien atento  el gobierno venezolano emitió la respuesta oficial correspondiente.   En 1978 nuestro país creó una Zona Económica Exclusiva para sus costas continentales e insulares, aclarando que la jurisdicción y soberanía  sobre las áreas marinas y submarinas en el litoral del estado Delta Amacuro corresponde a la Armada Nacional.  Igualmente nuestro país en 1990 firmó con Trinidad & Tobago otro Tratado importante de Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas, que le aseguró a Venezuela una salida libre hacia el Océano Atlántico, pues define los límites físicos  hasta alta mar en el Atlántico y la zona  de los fondos marinos, asegurándose así esta navegación libre atlántica en caso de una solución ambigua de la controversia esequiba que tratamos.

XII) GUYANA SACÓ PROVECHO.

En 1982  cuando venció el primer plazo de 12 años de vigencia del Protocolo de Puerto España, el gobierno del presidente Herrera Campíns decidió no renovarlo, lo que Guyana igualmente acepta la no renovación de dicho protocolo, agregándose proposiciones que entonces hace Venezuela a Guyana para optar a una reapertura de negociaciones directas, que son negadas por Guyana, insistiendo en este caso acudir  a la Corte Internacional de Justicia (1982), que como sabemos no presta seguridad a los intereses en juego de Venezuela. Ante la laguna que se presenta, el gobierno  venezolano en consideración al Acuerdo de Ginebra en septiembre del mismo año comunica a Guyana su propósito de elevar este asunto al Secretario General de las Naciones Unidas, por lo que Guyana mediante Nota enviada igualmente  decide aceptar la propuesta de Venezuela (3-1983), y el Secretario General también admite la proposición, lo que inicia la escogencia del funcionario para adelantar tales negociaciones.  En 1986 la cancillería venezolana convino proponer la fórmula de los Buenos Oficios, que Guyana luego acepta. Para atender nuevas atapas del trabajo se conformó una Comisión Nacional Asesora sobre el tema de la Reclamación, y la Asamblea Nacional Guyanesa aprobó un Comité Parlamentario para la Integridad territorial de Guyana, aunque Guyana sin otros miramientos y debilidades  ocupa (sic) el territorio en disputa  otorgando concesiones  en esta Zona reclamada, sin que sepamos cual fue la respuesta defensiva de Venezuela (pág. 35 del escrito estudiado).  Andando en esos excesos de la contraparte para 1995 22 compañías mineras multinacionales conocidas operaban allí, en su mayoría canadienses y bajo el amparo de Inglaterra, según supongo, mientras Venezuela en 1991  dentro de la Zona Económica Exclusiva  amplió su competencia en la Zona de Pesca.  En 1996 se produjeron apresamientos de embarcaciones pesqueras del Territorio Esequibo y en aguas de jurisdicción venezolana, por lo que protesta oficialmente nuestra cancillería sobre  dicha intromisión.

De otra parte Guyana haciéndose la desentendida dio concesiones petroleras internacionales en áreas acuáticas dentro de nuestra zona reclamada y en Delta Amacuro, por lo que Venezuela protesta oficialmente (7-1999), y como cuestión grave  también Guyana decide, de manera unilateral fijar el límite  occidental de esos otorgamientos permisivos  (a las empresas Exxon y  Century)  con la delimitación marítima de nuestras aguas alcanzada entre Venezuela y Trinidad, pretendiendo así colocar una barrera a la prolongación marítima del Estado Delta Amacuro y su gran plataforma continental producto de los sedimentos arrastrados por el río Orinoco. Y adelantándose con estos excesos limítrofes, protegidos por alguna potencia extranjera que no es de mencionar, en agosto de 2.000 el canciller guyanés  Rohee tuvo el atrevimiento, cuanto  osadía  inigualable de señalar que el Territorio Esequibo  era parte integral de su país y que Venezuela debía demostrar lo contrario, o sea que el Laudo de París era nulo e írrito. El presidente Hugo Chávez entonces respondió que  el Esequibo “era histórica y legalmente venezolano”, por lo que muy pronto dicho canciller visitó a Caracas, para limar asperezas.

El año 2000 ante la pretensión de  una compañía americana de obtener cierta concesión territorial en la zona reclamada para desde allí enviar satélites y cohetes al espacio, el gobierno venezolano aplicando el Acuerdo de Ginebra se opuso a dichas pretensos deseos, extensivo a empresas transnacionales en dicha zona, aunque el Gobierno Nacional presidido por Hugo Chávez (3-2004) negando lo  antedicho declaró que “no se opondría a que Guyana diera de manera unilateral concesiones” siempre que favorecieran el desarrollo de la región.   De esta manera y como opinara el ex embajador Sadio Garavini nuestro país así debilitó las armas de la negociación y Guyana obtuvo mayor razón para no negociar. Cosas de la política y de los hombres, puesto que desde entonces Guyana ha radicalizado su posición colonialista expresada a través de otros interlocutores.

XIII). GUYANA Y LA AMPLIACIÓN DE SU PLATAFORMA CONTINENTAL.

En 2.011 la guyanesa Canciller Rodríguez Birkett anunció con cierto cinismo diplomático  desde luego entre grandes potencias, que su país solicitaría a las Naciones Unidas  la extensión de la Plataforma Continental  en 150 millas náuticas colindante con la Zona Económica Exclusiva correspondiente a Venezuela, mientras la Agencia de Noticias guyanesa Gina agrega abundando que “la costa afuera  de Guyana  es considerada la segunda  cuenca petrolera más atractiva en el mundo, con un potencial calculado  de 15,2 millones de barriles de crudo petrolero.  Los cancilleres de ambos países se reunieron en Trinidad con el buen oficiante designado Norman Girvan para estudiar la crisis ocasionada por Guyana, lo que luego terminó en una declaración formal conjunta sin mayor trascendencia, o sea seguir negociando sobre la delimitación de las “fronteras marítimas”.  El tema de la Reclamación venezolana volvió a encenderse en 2.013 por la detención en aguas de nuestro país (zona exclusiva) del barco  de exploración petrolera Teknik Perdama, operado por la compañía estadounidense Anadarko Petroleum, cuando el Ministro guyanés Persaud confirma que la Esso y Anadarko participan  en la exploración petrolera de Guyana, movilizando incluso equipos de perforación para realizar trabajos, mientras el gobierno venezolano por esta violación del espacio marítimo expresó “profunda preocupación” de la irrupción de barcos autorizados por Guyana y no por Venezuela, en el mar territorial  y zona exclusiva venezolana.  Guyana respondió con airada Nota de protesta, mientras hace presión contra Venezuela en foros internacionales. Y el 16-7-2013  se informa por la prensa nacional que Guyana decidió “ejercer su soberanía en los espacios marítimos venezolanos, lo que no pasó a mayor escándalo porque la cancillería venezolana enmudeció sobre el grave acontecimiento (ya indicamos que el gobierno de Chávez protegía junto con Cuba los intereses guyaneses).   En consecuencia las hermanas Exxon y Esso  iniciaron su exploración petrolera en el bloque marítimo Stabroek (costas del estado Delta Amacuro), sin notificarse previamente a Venezuela, como estaba pautado por el Acuerdo de Ginebra. Y siguió complicándose el diferendo porque con los colonialistas guyaneses  que no respetan fronteras ni tratados, el 8-12-14 la canciller guyanesa Rodrigues  Birkett aseguró, además, que los Buenos Oficios escogidos para solucionar el conflicto desde 1966, “no había dado resultados”.

La situación por tanto se ha hecho crítica para Venezuela, que en otro tiempo hubiera tomado medidas más severas. Pronto y siguiendo su abuso consumado  Guyana hizo saber la partida de la plataforma Deep Water desde Luisiana  hasta el bloque costa afuera Stabroek para iniciar estudios  geológicos y geofísicos con todo el apoyo guyanés requerido, encontrándose  un inmenso depósito de petróleo en el lugar,  lo que en otro tiempo se hubiera considerado “casus belli”, mientras para más resaltar este conflicto  de gran dimensión Guyana guapa y apoyada advirtió al gobierno venezolano que “desista  de tomar cualquier acción que obstaculice el desarrollo de Guyana y de su gente, lo que estaría en contravención del derecho internacional”. En todo caso ya sabemos quienes tras bambalinas manejan los negocios y el poder en aquel sufrido país por botas militares e imperiales. Entretanto el gobierno de Caracas para precaver un conflicto mayor tipo islas Malvinas guarda cierto silencio diplomático evitando desatar huracanes y mientras las Naciones Unidas y otras instancias internacionales colaboran en el cumplimiento de los acuerdos firmados.

XIV. SE ENCONTRÓ PETRÓLEO.

Como hemos dicho la Exxon en el bloque citado halló petróleo significativo, a 192 kilómetros de la costa y evaluando su viabilidad comercial en este primer pozo del bloque. Pero ante la pasividad del gobierno de Guyana  en los hechos reclamados por Caracas nuestro gobierno crea cuatro Zonas de Defensa Integral, con operaciones de patrullaje y resguardo de estos espacios, incluyéndose a la fachada atlántica  en dicha Zona de Reclamación.  Dentro del poco intercambio de misivas  Guyana de manera tosca ha respondido a Venezuela que ésta pretende anexarse espacios marítimos que no le corresponden, y que el decreto de las Zonas viola el derecho internacional, desconociendo siempre la frontera de nuestro país, que es el del írrito Laudo de 1899 con otras parafernalias  que se arguyen  al efecto, exponiendo además que “cualquier intento de aplicar este decreto emitido por Caracas será vigorosamente resistido (rechazado) por Guyana”. A buen entendedor, pocas palabras. Por su parte nuestra canciller Delcy Rodríguez invoca la paz y la espera a la resolución de la controversia, recordando que la agredida ha sido Venezuela al permitir Guyana a una transnacional incursionar en nuestro territorio reclamado.

Como punto final del importante escrito al que me refiero el autor del mismo alude  que el reclamo del Esequibo es de orden político y que es la tierra firme la que genera espacios marítimos, estando pendiente el previo arreglo de la frontera terrestre, en el entendido que la integridad del territorio es inalienable, y reafirmándose además  que la salida al Atlántico no es negociable, todo ello desde luego  sin interferencia de terceros.

Y como también el asunto Guyana es de lege ferenda en cualquier otra oportunidad volveré sobre el mismo tema, donde existen muchos intereses y riquezas futuras. Mientras tanto espero  se hayan informado lo suficiente con el trabajo que reseñamos (o en visitas a este blog)  y sus  enredos diplomáticos e intrínsecos que aquí están presentes.

     

sábado, 5 de diciembre de 2015

LOS VAGOS Y MALANDROS RESUCITADOS.



Amigos invisibles.  Como quiera que hace tiempo con el que acaso llaman  código de vagos y maleantes, existe el fenómeno social de un lumpen muy explícito constituido por ello para significar con nombres y apellidos a estos depredadores sociales que siempre han pululado desde los tiempos bíblicos y continuarán  por esa misma senda en su manera de asistencia asocial y conflictiva, hoy pienso tocar dicho problema complejo como lleno de atajos de lo que tanto escriben los autores porque sobre este tema es imposible poner de acuerdo  a serios intrusos como yo que defienden sus principios severos sobre una sociedad en decaimiento entre borrachos, sabandijas y ladrones por obra de muchas circunstancias que conllevan al desandar de la existencia actual, ella inmersa en problemas de fondo que ni los más conspicuos polividentes pueden percibir sus alcances, por lo cual se daña con acritud nuestra manera de vivir en sociedad sea en los espacios cómodos o en aquellos lugares estrechos marcados por la pobreza y el eterno desamparo que van como encercando cada día más la rutina de nuestra vida y una parte de las necesidades actuantes.

Pues bien, a fin de penetrar desde este momento en recuerdos propios que se irán concatenando para entender la violencia que a las claras este nudo gordiano aflora, seré explícito sobre mi consentida infancia en los Andes Venezolanos, cuando pasada esa violencia de las guerras intestinas vino una paz sepulcral aunque plena de sobresaltos que manejaron los caudillos sin destino cierto (analfabetos muchos, analfabestias otros) cuando se imponían con el cariz necesario equivalente al temor o espanto que llaman miedo donde todo debía caber  de una manera como exacta para no perjudicar  reputaciones consagradas de muchas nulidades engreídas, y otras monsergas de aquel tiempo extasiado pero sin romper los elementos vitales que mantuvieron aquellas estructuras machistas heredadas desde los tiempos de ese otro varón galáctico llamado Simón Bolívar, interrumpiendo así la cotidianidad necesaria entre badajos de campanas eclesiales átonas y los chismes hirientes  o malhumorados del lugar. Por ello no existían maleantes de verdad sino raponeros de baja estola, ya que dicha expresión era tanto como decir pecado y acaso para saborear bananos manchosos y arepas embutidas con ají se permitía la vista gorda escondiendo la presa robada de gallinas escuálidas, de lo que nadie discutiese, en tanto que existieron otros pecados mortales más noticiosos, es decir referidos a los muertos a veces insepultos, como era soltar un ¡carajo! de sonora y profunda sapiencia, o con mayor razón deshonrar a una infanta de diez años arriba y enaguas abajo, por lo cual el  sin gracia malandro de la época nefasta debía perderse corriendo presuroso fuera de esos lares arrechos para salvar la vida, aunque en ciertas ocasiones se ubicaba la pista lejana malhechora con su cabeza puesta ya a precio de contado, para reivindicar de manera macabra el honor del daño así ocurrido.

Sobre esta inseguridad pienso y hablando de los años treinta del siglo pasado, en que conociera por leyendas personales de algunos fabuladores mentirosos el fenómeno de los “aguitaos”, seres incautos adulantes de la poesía ripiosa a quienes por ingenuos les caían encima para destrozarlos a filo de machete, con una sobremesa de puñaladas traperas. Mas el tiempo corría y la gente ignorante tomaba aquello a simple cuento chimbo como los horribles episodios que se podían ver y enjuiciar con Hollywood por delante y Chaplin atrás en los cinematógrafos ya parlantes entre lenguas extrañas del momento.  Mientras tanto había caído desde un pedestal de la vida reinante el cedro centenario que representaba ese eterno caudillo mitad bárbaro y la otra indígena Juan Vicente Gómez, quien junto con Páez y Guzmán Blanco conforman en trilogía de gestos cotidianos una vida específica que le diera color bermejo a nuestro siglo XIX, porque Bolívar era otra cosa salpicada de imágenes difusas y extranjerizantes que ahora con la conciencia centenaria se ha ido aclarando para el solaz de la comunidad nada dogmática. El revolcón de la infancia que yacía prematura me permitió ver, pues, con otro colorido y sin pasión el nacimiento de ciertos personajes a coleccionar que pensaban sobre tramas extrañas ya fuera del contexto etílico ponzoñoso local, las cosas fútiles y las mujeres orilleras, cuando ya tenía bozo y para mi placer se alargan los pantalones quinceañeros a la manera tradicional. Aquí si fue Troya en los adentros convencionales, ahora revueltos sobre otros mundos que afloraban ante los ojos encendidos de lujuria porque debía resguardar cualquier fuerte plateado o moneda bien apretada entre las faltriqueras de un pantalón de lino pues el peligro latente subyacía en la práctica de una sucia llave maestra de gimnasia colegial  bien dispuesta para desprender así el avío que se cargase, mientras el vagabundo errante corría con la fuerza de un ciervo celestial, pues que nadie vio nada y ni siquiera la suciedad del pantalón, porque cállate boca, ya que al contrario la paliza infringida iba a ser descomunal.

Por entonces conocí los automóviles gringos llamados “cola é pato”, inentendibles de uno con un asiento forrado para llevar tres atrás, algunas bicicletas y patines, patinetas y otros advenedizos artilugios que con lo extraño del medio  parecían venir del Más Allá, mientras apuraba en periódicos de viejas crónicas y comidillas analgésicas el andareguear lento de un siglo en decadencia, tras cuyas páginas de sobresaltos en prueba acudí con premura a tantas noticias discordes sobre un improvisado lector de corazones y mentiroso vidente, alguien que vendía una cuerda de atusados gallos de pelea, otro que en la resaca vanguardista del alcohol alterado sobrante  había como desatendido en su memoria las llaves de su hogar de antes marchito, ofreciendo raquítica recompensa por ello, y así también sobresaltaba la aparición de dos muertos cualquieras en el fin de la fiesta sabatina con caña blanca amarga  de contribución, y otras cuestiones lexicales de barrio extrañas al grupete y hasta raras, valga decir la permanencia remota de aquel  bandido moreno y ya famoso al que llamaban “Petróleo Crudo”, mientras al lado de las crónicas pulidas de sociedad el periódico mal  intencionado para encontrar lectores de pasión colocaba la asistencia de personajes pudientes como pintorescos  a cierto jolgorio semanal, por ejemplo, en Caño Amarillo, ansiosos de percibir muy cerca  a distintas  “señoritas” catiras cuarentonas pasadas de carnes o pellejos colgantes, mas éstas en buen disimulo deslumbraron por la escasa luz ambiental, que recién desembarcaban “mon petit” del gran centro distribuidor de sexo por entregas que era la mediterránea Marsella córsica.

Con el brillo necesario de aquellos corrientes cuanto resbaladizos años treinta y los bailes sociales con casino contiguo del Club Venezuela en la esquina de Jesuitas, se cocinaba algo  pegajoso y a punto de aparecer para rebajar la música de cañón sanjuanero que tanta gloria diera al enajenado por endémico tiempo detenido sin dejar de crecer la vida y menos  la aurora, refiriéndome con ello al despertar de la torería nacional y al arribo de un dominicano revolucionario del pentagrama común para enaltecerlo de otros aires alegres y picantosos que obligaban a batir las piernas del esqueleto arriba, como al espíritu burlón y a cierta incipiente lujuria, que todos conocimos como la batuta del maestro Billo Frómeta. Para entonces ya se habían construido cárceles temibles recordando entre ellas la de Puerto Cabello, las Tres Torres de Barquisimeto y muchas más, sea dicho  la Rotunda gomecista, la Planta, la siniestra de El Obispo y otras no menos temibles para una Venezuela que navegaba en petróleo con sus adjetivos consiguientes, o sea el despilfarro y la provocación artera,  aunque los tiempos de la droga maligna andaban en pininos.

Pero esos pininos misericordiosos de la droga se hicieron fuertes con el tiempo y fueron trayendo a la ciudad de los techos rojos que se derrumbaban para permitir ya por los años cuarenta y cinco del siglo que transcurría   a un militar llamado Pérez Jiménez, orondo tachirense mujeriego que transformó cierta isla llamada La Orchila, de origen castrense en un matadero insular  de categoría, como  se estilaba llamarla, y a donde un negro de confianza presidencial cada sábado romántico y preclaro llenaba de damiselas traídas en DC3, de Aeropostal, desde La Habana y Miami para formar la encerrona colmada de los mejores néctares sibaríticos importados de Escocia en medio de una descomunal francachela que todavía muchos recuerdan por su calidad y desfachatez. Entre tanto, en la ciudad del Ávila, o sea Caracas, todo parecía como dormido por la tranquilidad de las vivencias y los pocos sucesos remarcables a conocer, que siempre se escuchaban desde tempranas horas por los medios sonoros  de Radio Caracas, Continente, y otras emisoras que ponían a muchos con los pelos de punta, puesto que la ciudad con el millón y dele de habitantes había caído desde luego en otros manejos que ya se consideraban delictuales. De aquí que por el aumento de estos casos de sangre y otras variedades criminales que causaban mucho daño a la propiedad, sin contar la salud, tan bien explicados como tal en los viejos claustros universitarios situados frente al Congreso Nacional,  de un tiempo atrás con el fin de reprimir esos desmanes ya cotidianos, mediante muchos estudios de conocedores de dichos asuntos penitenciarios y contra el “sí, pero…” como se acostumbra entre tantos pensadores adiestrados, se había construido una suerte de fortaleza carcelaria  bien alejada de Caracas y sus placeres o tentaciones, que se estableció finalmente al Sur de la República, en el Estado Bolívar, limitada ella por ríos  llenos de peligro, de fieras perversas, malaria, tuberculosis, la caimanera voraz del oscuro Cuyuní,, animales ponzoñosos, fiebres mortales, serpientes también mortíferas y otros animales puestos allí por el Señor para con ello defender a la sociedad de tantas intenciones dañinas y lo que es más fuerte, que quien quisiera fugarse se lo tragaba la selva (Canaima) porque no existían caminos viables y menos señales orientadoras, cuando no se topaba el iluso escapado de aquel infierno reformador con algún o algunos exploradores foráneos en busca de oro, de lo que allí abundaba, los que con el presidiario hacían pronto pasto de los zamuros, al ser asesinado sin compasión para robarle  el poco oro extraído que cuidaba entre su ruinosa ropa interior, incluido los testículos, en medio de tales asesinos implacables.

        Y volviendo al centro de la cháchara republicana donde ya bullía la riqueza de nuestra patria,  por ahora desaparecida, toda suerte de anomalías en este sentido se estaban presentando con el crecimiento exitoso del trabajo y la riqueza del espejismo  petrolero que por otro lado de este cuento veraz trajo nuevos problemas difíciles de enfrentar a la sociedad venezolana luego de los años sesenta, por lo que los estudiosos ensimismados  del derecho penal, que los hubo de categoría, para luchar contra las numerosas pandillas que se estaban formando propusieron al Ejecutivo Nacional como medida punitiva discrecional y efectista, que así lo fue por muchos años, detener a tanto malhechor o criminal enviciado en estos aspectos temibles para la sociedad en formación  que provocaron muerte, llanto de veras y multitud de delitos así definidos en el Código Penal y otras leyes atinentes ante tanta barbaridad que permanecía como estática. Para interpretar mejor dicho problema que llamaremos penitenciario, y deslastrarse así  de diversos  enemigos de lo ajeno que terminaban en lo criminal abyecto, el Congreso Nacional discutió aceptando y frente a las posiciones divergentes que pudiera haber con los “pobrecitos” malhechores,  una ley estricta que llamaran popularmente “Ley de Vagos y Maleantes”, donde se recogía con detalles capitulares luego ampliados el enorme problema existente con el aumento inverosímil de toda clase de raterías y pare usted de contar los delitos grandes y pequeños que con el aumento poblacional se cometieron, de donde aplicando esa autoridad de la ley se detenía al infractor, siguiéndosele el sumario necesario, que luego concluido se enviaba a la autoridad superior para el análisis respectivo, y después de acuerdo con lo ocurrido por el infractor legal y según el prontuario existente se decretaba el envío de tal individuo inadaptado y malhechor a las “Colonias Móviles de El Dorado”, o sea a la caimanera física (pranes) y espiritual, con una condena de hasta por cinco años para residir allí con las penalidades y peligros que he mencionado, siendo la intención legal de deslastrarse de fechorías para ser rescatado de aquel mundo en que se había hundido, y que en verdad muchos de aquel tiempo se regeneraron y volvieron a la sociedad olvidando su pasado innoble y delictual, como aquellos  famosos casos de los excayeneros Papillón y el doctor Bougrat.

           Pero dado que en el mundo no todos piensan igual con el paso del tiempo esta idea regeneradora social en algunas cabezas calientes y soñadoras comenzaron a bullir salidas de manera distinta buscándole cuatro patas al gato, para mejor expresarme, de modo que al compás de los nuevos tiempos liberales, donde había mucha permisividad para el delito, aparecieron otros efectos más terroríficos  no solo por las causas apremiantes  de las de diversa especie y valor como los alucinógenos, estupefacientes, narcóticos y las drogas letales que con prontitud destruían el ser humano para convertirlo en una piltrafa, y en cualquiera de estas piltrafas constituidas prosperaba el mal de las recordadas Sodoma y Gomorra (fríos asesinos, pandilleros, cocaína, éxtasis,  enfermedades mentales, de transmisión humana, proxenetas diversos, vagabundos,  antisociales, rufianes, mendigos de oficio, perturbadores del orden público que acumulan delitos  menores, chulos,  proxenetas de lujo, prostitución genérica y todo ese jolgorio tan estudiado y existente que desde las reuniones primigenias hippies drogadictas de San Francisco en California fueron acabando con la juventud de los años setenta. En contraprestación a estos males terríficos (vih, narcotráfico, alcoholismo, degeneración sexual de los integrados a ese entorno, el gobierno sensible utilizaba otros medios más benignos, que regaron nuevas enfermedades mortales, porque algunos teólogos compasivos de tal situación  perversa social veían aquellos efectos salidos de las mentes estropeadas como producto de los nuevos tiempos, y que eso se debía sanar con complementarios medios de entendimiento, de donde proliferó de manera violenta  los hechos de sangre en rápida progresión a tal extremo que algunos como desquiciados quisieron eliminar las Colonias Móviles de El Dorado, que tanto provecho preventivo mantuvieron para dejar a la deriva lo demás, de lo que supongo usted tiene conocimiento por sus efectos mortales, sino que también con manifiesta saña las ciudades fueron aumentando ese género enfermizo de población que en la actualidad pulula en las zonas marginales con un terrible efecto en las mentes juveniles conducidas hacia ese fin maldito por  pernicioso.

                     
   Las colonias según es  mi humilde entender  deben reabrirse sin objetar trasponiendo legalismos para que dentro de ellas los penados bajo un régimen de estudios y trabajo puedan ver otra luz al final del túnel, en bien de las familias que tienen abandonadas, y para ello hay muchos ejemplos de los establecimientos penitenciarios americanos como el extinto y ahora museo Alcatraz, que aún trabajan a su manera para enderezar mentalidades perdidas que pueden darse cuenta de sus errores y volver al camino del bien dentro de la sociedad. Con ello se ahorran mayores males que nos atosigan a diario como puede verse en las noticias de la prensa nacional y extranjera que se refieren a Venezuela. Con  la nueva Ley de Vagos y Maleantes y agregando los matices respectivos que contendrá este ordenamiento jurídico, sin lugar a dudas fuera de otras especulaciones piadosas, repito, se tendrá en cuenta a pandilleros, vagabundos proxenetas,  antisociales, donde también caben  los vagos y maleantes, rufianes, mendigos de oficio, viciosos, dueños de lenocinios o de la vida nocturna,   igualmente sin violar derechos humanos, aunque ello tenga sus bemoles interpretativos y en beneficio de la sociedad,  perturbadores también del orden público, que acumulan delitos menores,  e igualmente  todo aquel mundo de “malandros” (y malandras), como así los designa la sociedad en su lata expresión, envueltos en ese mundillo corrompido por la misma sociedad y la miseria, en vías de posible redención. De modo que no estoy de acuerdo con los pusilánimes que haciendo uso de malabarismos lexicales interpretativos y de piedad boca afuera, excluyendo lo que se llama justicia social para los malaventurados, los dejan con sus frases edulcoradas como en el limbo de este infierno en que se va convirtiendo nuestra sociedad por falta de las “autocriticas” primitivas de que se ufanaban los romances de hace mil o más  años de honrosa patina histórica. Por manera que como venezolano curtido en tantas lides que he podido conocer exijo a las autoridades parlamentarias que serán elegidas próximamente a fin de redactar algunas leyes provechosas para la incauta sociedad, que se dediquen con entereza y valor a rescatar principios elementales de buen ejercicio social a fin de que nuestro país por encima de gimoteos haga resplandecer los principios de la cordura y la paz en bien de sus habitantes y de las nuevas generaciones que se hartan de mal vivir entre una vida de delitos y de cuchipandeos etílicos, donde mejor proliferan, en medio de lo que llaman sostenerse en la cuerda floja.  Manos a la obra mientras los horizontes se van abriendo en busca de una paz concertada donde disminuya la maldad extensiva  y prospere la justicia social.

                Para terminar este tira y encoje en que andamos inmersos, dado que eso es un contrasentido de la paz verdadera y con ello  debemos estar de común acuerdo, agreguemos este acápite recordatorio en el sentido  que esos dichos vagos  y malandros referidos arrestados con su prontuario a cuestas, no se les fotografíe de lejos, acaso para no ser cooperadores indirectos de sus fechorías, sino que en beneficio  de la sociedad y a fin de que se conozcan tales peligros andantes, que ellos representan, porque como en toda comunidad pensante, esas fotografías de tales inadaptados puedan ser bien vistas y descritas en sitios públicos (prensa, medios, lugares oficiales, etc, como en Colombia se ofrece recompensa por narcotraficantes, faracos, elenos, otros guerrilleros, etc.) a manera de ejemplo, escarnio y prevención, para cuidar de esta forma a desprevenidos  que pueden olvidar o desconocer con quienes se enfrentan, como bien se utiliza dicho sistema universal  en tantos países donde los solicitados criminales se pueden encontrar mediante señas y otros signos visibles, expuestos en lugares públicos y previstos, en que  incluso se recompensa a quienes aportan datos a objeto de su detención.  Por ejemplo, si usted encuentra señales evidentes del jefe sunita ISI Al Bagdadi y es detenido, los Estados Unidos lo recompensarán ahora con 5 millones de dólares. Así debe ser en Venezuela, para el resguardo de sus habitantes, niños, jóvenes y ancianos. Gracias. Y si hay que reformar algo en esta materia, pues vamos a enfrentarnos con la rapidez de tanto tiempo perdido.     Al regreso escribiré otro artículo de interés que titulo “Toque de queda, ley seca y estado de sitio”. Que la pasen muy bien hasta el próximo año. Si Dios quiere, como se reza en latín. Y que así sea.


sábado, 24 de octubre de 2015

ALGO DE CURRíCULUM VITAE.


     Nota.  Para localizar algunas obras de mi producción  ver el catálogo anexo al inicio del blog.


Amigos invisibles. Habiendo cruzado con Caronte ya casi el ciclo vital, es decir en el que se pueden construir mundos, y a pesar que no admiro la tan usada palabreja latina de Florencia, ahora mantenida  sin mucha oportunidad real, debo tomarla en cuenta para este recuento clásico de mis andanzas  y existencias ocasionales, como las permanentes,  porque sin ese tramo complejo que me ha tocado respirar de otra manera entraría a compartir lo que llaman polvo de olvido, y en verdad que no debe ser así dispuesto con tan satírico síntoma para quienes de una y otra forma acompañados de lo que  llaman suerte, que no es desdeñable, han vivido lo suficiente en años de tempestades dentro y fuera del país natal como para no perder el hilo de la trama, de donde se pueda sacar alguna enseñanza en el camino del futuro por llegar. Pues bien, de manera simple aquí colocaré algunos eslabones más de ese ser extrovertido y vivencial que se llama RAMÓN URDANETA.



                  Nací en los Andes venezolanos a la justa mitad del año 1932 en medio de una familia numerosa que cosechaba en haciendas de café y con las esperanzas pendientes para un mejor rendimiento de ese producto vendido en el importante puerto de Hamburgo.  Crezco dentro del recuerdo nostálgico de los abuelos  tanto de Venezuela como en Colombia que ayudaron a formar la patria, y ya en 1938 me conducen a Bogotá para presenciar  la juerga medio indígena del  aniversario de los cuatro primeros siglos de aquella urbe entonces helada que ahora abarca los 8 millones de habitantes, y cuatro años más tarde desde la serrana Trujillo regresé a Cundinamarca para cursar primeras letras en el bogotano Colegio San Luis Gonzaga, situado frente al Seminario Mayor y el ilustre dirigente padre jesuita rector  Restrepo, a quien conocí repartiendo ostias consagradas en la capilla del  de esa institución escolar donde hacía pininos estudiantiles.  Regresé a la ciudad natal de vacaciones, pero como el ilustre sacerdote Rafael Ángel Chacín ) (vivo retrato del actor americano Ernst Borgnine) recién venido de Roma le dio la ventolera de abrir un colegio en esta ciudad de la Guerra a Muerte inmisericorde, como así lo firmara todo insomne y menos sin temblarle el pulso nuestro amado libertador Simón Bolívar, mi progenitor me inscribe en dicho Instituto Trujillo, allí rodeado por compañeros de formación ideológica distante  de  la mía, que era conservadora en los estudios y el aprendizaje que buscaba, lejana  del cuento farandulero, los estropicios mentales, el juego para mi aburrido  de béisbol y otras razones poco atractivas pues el interés propio residía entonces en el conocimiento del mundo foráneo y la razón de ser de una existencia ajena a lo trivial, de donde ya permanecía con regularidad inmerso en  los estudios de la vida y el existir sorprendente que me motivara, lo que ocurría con harta frecuencia en la Biblioteca oficial 24 de julio, existente entonces  en la misma casona de la Guerra a Muerte referida y aún olorosa a pólvora, en el contrasentido de que para ese tiempo advenedizo en que los hados malignos del destino alejaban del poder en Caracas al ilustre Presidente Isaías Medina Angarita, ya yo pensaba de distinta manera para con lo optimista de mi ser por arreglar el  mundo, y hasta mediante ese volar de mariposas embusteras que rozaban mi cabeza en formación hasta osé escribír dos primeros artículos de prensa en la natal ciudad, uno “Ojo a los de Moscú”, referido a lo que  se conocía de los temibles Stalin y Beria, por ejemplo, y otro que fue como noticia local sobre un pequeño libro de poemas que el trujillano Joaquín Cegarra acabara de publicar  y quien con las neuronas creativas aisladas de complejos llamó simplemente  dentro del mundo alienado que allí abriera, “Canto de Pájaros”, acaso celestiales.  Así,  activado ya por la intención histórica y literaria, de ese espíritu afín  creativo de ilusiones escribí en rima algo que sentía como algún latir por dentro, que llamara “La Historia”, texto nunca  publicado y que anda por allí entre viejos papeles, mientras preparaba el siguiente eslabón  a proseguir en la saga existencial, o sea mi primera residencia en Caracas, como paso importante que realizo, cuando ya estábamos casi en la mitad del aventurero año 1948, en que cumpliera los 16 años de modesto trajín existencial.

            Armado así para ganar caminos me trasladé a Caracas y pronto con la alegría consustanciada y una primera juventud  por propia decisión entré a trabajar  dentro de la Editorial Elite, organismo de ideas dispersas conducido por el excelente amigo oriental economista Domingo Maza Zabala, para organizar un archivo de papeles arrumados, mientras continúo estudios de bachillerato en el liceo Alcázar , dirigido por el profesor Dionisio Sifontes.  Entretanto la calle va moviéndose con manifiestos zigzagueantes, de izquierda progresista y de derecha cuartelaría, al tiempo que aparecen dos figuras de relieve distinto en ese escenario con ciertos nubarrones impredecibles, que fueron el zorruno Rómulo Betancourt y el gatuno oportunista Rafael Caldera. Para esos tiempos  de incierto trajinar  y por costumbre añeja trabajaba entonces en la Sección de Extranjería del Ministerio de Relaciones Interiores, ante  la catapulta de europeos que llegaban a nuestras costas en busca del mañana y una mejor oportunidad de ser sinceros. Al acercarse el fin del estudio de bachillerato me inscribo  en el afamado Liceo Fermín Toro, institución oficial donde tuve el agrado de tener como profesores a futuros académicos y amigos como Virgilio Tosta, Elio Gómez Grillo, el galo René Lichy, Pedro José Muñoz y otros que guardo  siempre en mi corazón. Foto de arriba: izquierda, Vicente Gerbasi; centro, Arturo Uslar Pietri; derecha, Pedro Francisco Lizardo, en la Casa de Bello, Caracas. 

            Entonces, como en los cuentos de hadas bien pensados llegó para tentarme otra visión del mundo que apenas conocía por las lecturas emprendidas, de donde dejo un mejor trabajo en la Corporación Venezolana de Fomento yéndome hasta Trujillo a despedirme de mis padres, y en La Guaira porteña inicié una gira superior por países  durante muchos años de vigencia, que me dieron otra nueva visión terráquea sustanciosa  que ya emprendía combinada con mis serios estudios universitarios, de donde fui visitando dos Canarias, a Marruecos, y luego a España por Barcelona y Madrid, en tiempos del laureado y temible general Francisco Franco, para seguir redescubriendo mundos hasta llegar a la crucial París, en cuya Facultad de Derecho me inscribo para cursar estudios en 1951 y 52.

            Como quiera que mi espíritu bullía por conocer ampliando el campo visionario, dentro de cada vacación y en espera de los otros estudios no dudaba ocupar trenes nocturnos de preferencia para viajar por toda Europa, siendo mi primer viaje y casi en Navidad, para servir de ejemplo, por los países nórdicos, con que atravieso Brujas, Amsterdam, Hamburgo, el  Berlín dividido, Copenhague,  navego con el Eggers por el mar Báltico, Helsinki, donde presencio absorto la oscurana y el  amanecer de medianoche,  Estocolmo, Gotemburgo con sus mujeres pelirrojas, la inolvidable Oslo, el musical  puerto de Bergen, y de allí atravesando el gélido y borrascoso mar norteño, desembarco en Newcastle para conocer York y terminar en Londres, donde aprovecho pocos días investigando en su biblioteca mayor sobre Francisco Granmont, libro años después editado en Caracas por la Universidad Simón Bolívar. Luego volveré a Londres dos veces en el empeño de historiador, para seguir al Dublín  de unos bellos recuerdos, donde pernocté algunas seis semanas. Foto de arriba, izquierda. 5° Congreso Internacional de Escritores, octubre 1984. Sofía, Bulgaria. Ponente. A mi izquierda poeta Ernesto Cardenal, y luego Presidente de Escritores Búlgaros Liobumir Levchev. (400 asistentes). 

            Luego de mis conocimientos legales universitarios en París, mientras tuve de profesores a Marchal, Waline, Gaudemet, Esmein, Mazeaud,  Baudin, Giffarrd y el viejo Levy-Bruhl,  para el año siguiente resuelvo continuar estudiando en la Facultad alpina de Grenoble (1952-1953) , donde agrego clases igualmente en el Instituto de Enseñanza Comercial, dirigido por mi buen amigo profesor Roger Nerson, al tanto que viajaba cada mes a Ginebra para hacer cambios de moneda, y aprovecho las fiestas decembrinas a objeto de seguir rumbo hasta la inolvidable Viena (allí doy una conferencia en la Cámara de Comercio), Bucarest y el Congreso Mundial de Juventudes  en esa capital reunido (allá viajo por Sinaia y Mamaia marítimos y luego a Transilvania al palacio del rey Carol, mientras por Budapest regreso de nuevo hasta Grenoble, y en otra vacación temprana por primera vez desde Ginebra y aterido de frío traspaso los países comunistas para llegar hasta Belgrado y la hermosa croata cuanto triste Zagreb, mientras cruzo el Año Nuevo entre champañas danubianas vienesas y  me despego de todo aquel mundo que dejara atrás  a veces marxista dominado entonces por el fiero mariscal Tito.  Otro viaje que emprendo  en oportunidad de fiestas decembrinas lo realicé en el barco “Marechal Foch” atravesando el Mar Mediterráneo para visitar Turquía, las mezquitas famosas, varias islas griegas, Atenas, Grecia y sus riquezas históricas, con un grupo formado en mayoría por médicos franceses. Aproveché también que mi luego compadre ganadero Asdrúbal Hernández Vásquez estuvo en París para viajar  acompañándole hasta Alemania del río Rin, donde iba en busca de maquinaria cárnica. Larga fue mi visita por el interior de Francia, donde en buena parte me educara, por lo que aproveché el tiempo para fuera de París andar por la Costa Azul,  frontera Mediterránea de Francia, Languedoc, Toulouse, Lyon,  Valence, Alsacia, alrededores de París in extenso y de Grenoble (dos ocasiones), en múltiples momentos de pasajes por Francia, que harían imposible aquí poner.

            Se llegó el momento de culminar el tiempo universitario en Grenoble y su cartuja, para emprender la marcha esta vez al mundo hispano, donde ya cultivaba amigos de verdad, como mi entrañable compañero Julio López Oliván Capaz, y su amigo el futuro rey de España Juan Carlos,  a quien después por su intermedio conocí en Zaragoza y luego nos saludamos en Santo Domingo, durante la primera visita de un Rey hispano a las antiguas colonias españolas, en cuya ocasión invité a 42 compañeros del Instituto Venezolano de Cultura Hispánica, presidido por mi persona en tres ocasiones, los que me acompañaron en tan importante momento histórico hispanoamericano. En Zaragoza, cerca de la frontera francesa, viví a las anchas, no solo por el cambio de la moneda, sino por la cordialidad de algunos compañeros universitarios y hasta profesores, como el internacionalista gallego Luis García Arias, que pronto fue destinado a Madrid.  En España, y lo vuelvo a decir, por mi interés en la cuestión histórica fui recibido en las alturas, y donde en el Instituto de Cultura Hispánica aragonés pronuncié una conferencia, que ya he mencionado en otros escritos del recuerdo.  Desde Zaragoza  y por estar cerca de todos esos mundos de interés centré la importancia en cuanto a investigaciones históricas para conocer buena parte del país, incluido el norte africano español.  Anduve por Portugal (Lisboa y Coimbra,) entre otras fronteras con España, verbigracia Jaca, Ezcaray y Legorreta, andares prematuros de la familia Urdaneta, y fui a conocer ancestros históricos en la añorada Extremadura, con el asedio cultural del amigo Conde de Canilleros, los consejos oportunos del Duque de Montellano en cuyo palacio acaso el de Plasencia viviera el futuro rey Juan Carlos, mientras yo daba conferencias en aquel Trujillo del imperio,  en Cáceres también y visitaba otros lugares del recuerdo extremeño, como la inolvidable Alba de Tormes, Yuste, Mérida y el enorme monasterio de Guadalupe.

Apenas y para recordar teniendo en cuenta mi permanencia hispana señalaré que en esa oportunidad estudiantil y ya fundado en la célebre universidad salmantina,  la de Unamuno y tantos maestros del saber, anduve tras los pasos de otros conocimientos  por Barcelona, Andorra, Isla de Elba, Florencia, San Marino,  Nápoles,  Palermo,  Baleares, Valencia,  Granada, Sevilla,  Málaga, Algeciras, Tánger, Gibraltar, Zamora, Alba de Tormes, Oviedo, buena parte de Aragón (Loarre, Calatayud, Jaca, Pamplona,  etc), Valencia en Carnavales, Sagunto, Cuenca,  Mérida,  buena parte de la provincia de Salamanca, Burgos, y a ello agrego Tenerife,  Las Palmas y hasta Casablanca y  Rabat en Marruecos. Foto derecha. Cena del Escritor, 1980. Hotel Tamanaco. A la izquierda escritores José Parra y Alí Lasser.  

En Salamanca diserté sobre temas venezolanos en el Colegio Mayor Hernán Cortés y en la Biblioteca de la Universidad, ante el propio Rector  Esteban Madruga y otros conocidos profesores asistentes de diversas escuelas. Así se fue pasando el tiempo universitario con mis persistentes visitas a Madrid, mas por inicios de 1958 y cumplida la faena universitaria debí pensar en el regreso a la patria de Bolívar, recién marchado el perezjimenismo dictatorial, y con un nuevo gobierno que se entremezclara de alegría cognitiva,  disturbios, nueva vida de la esperanza y un resurgir propio de la actividad nacional. Aquí debí adecuar mi carrera legal como Abogado  al renacer de una patria en pleno crecimiento democrático, por lo que a mediados de ese año de cambios importantes acepté trabajar con el Ministerio de Justicia en el ramo novedoso de la Ley para organizar una policía judicial científica dirigida por expertos y jóvenes abogados (alrededor de cuarenta profesionales, entre los cuales se contaban el poeta Sánchez Negrón, autor del reciente poemario “Los limos de la tierra”, el colaborador del diario El Nacional, Carlos J. Soucre, que investigara a fondo de los poetas franceses y de origen libanés, y desde luego que yo, ) ellos recién salidos de las aulas  venezolanas),  semillero encargado de elaborar expedientes penales para luego de concluidos remitir tales  sumarios a los respectivos jueces de instrucción, en cuya tarea procedimental por compleja fui designado para manejar esa estructura inicial en los estados Trujillo, Mérida, Táchira, Zulia y finalmente Aragua, tiempo en que  luego de 18 meses de labor, en septiembre del año 59 presenté mi renuncia al distinguido amigo y colega doctor Rodolfo Plaza Márquez,  Director de ese Cuerpo, y al que me unió una gran amistad conservada por años hasta los últimos momentos de su vida.  

Libre pues de esas ataduras burocráticas para entrenarme más por el camino del ejercicio profesional decidí unirme en este diario ajetreo con los colegas Alonso Paolini Pacheco, ya decedido, y Vertilio Valecillos, trujillano y pariente de mi afecto. De otra fuente laboral fui designado por el Tribunal contra el Enriquecimiento Ilícito como Investigador en el Consorcio Financiero C. A., holding de 22 empresas mercantiles propiedad del exministro general Luis Felipe Llovera Páez y segundo jerarca del régimen perezjimenista recién depuesto, quien estaba sujeto a investigación de sus bienes  por este juzgado, al tiempo que para reforzar a dicho Tribunal en sus trabajos temporales fui designado Ponente de sentencias, a objeto de redactar algunos veredictos alusivos a personeros políticos o no incursos en investigación sobre bienes mal habidos, tocándome en tal labor de zapa indagar verificando  los peculios del propio Llovera Páez, Roberto Casanova,  Abel Romero Villate, Miguel Silvio Sanz, Raúl Soulés Baldó  y José Semidey Reyes, o sea un total de ocho sentencias entregadas en este menester. En ese tiempo de preparación profesional adelanté etapas, por lo que en la Universidad Central de Venezuela realizo un Post Grado en Derecho Mercantil (1971-1972) con profesores de la calidad de José Muci Abraham,  Carmelo Lauría, Alberto Toledo Baumeister,  y Víctor Pulido Méndez, fuera de las relaciones que mantenía con el Decano Ramón Escobar Salom. Y para más aprovechar ese tiempo abierto de los treinta años allí mismo realicé otros cursos profesionales entre lo propuesto, que fueron “Impuesto sobre la Renta” (Asociación Venezolana de Ejecutivos), “Tasación de Inmuebles” (Colegio de Ingenieros de Venezuela”), “Aspectos jurídicos de la integración latinoamericana” (UCV),  “El sistema legal norteamericano” (UCV),  “Curso de Seguro Marítimo”, y “La Quiebra (UCV).    

Para aliviar sobre este trabajo que en verdad fue intenso durante algún quinquenio de mi vida, por otros campos de la cultura me sumergí en diversos cursos como “Problemas y métodos de la crítica literaria” (Emir Rodríguez Monegal)”, “La pintura moderna” (Raymond Brosse, Universidad Palo  Alto, Calif.), “Restauración de obras de arte” (Edson Motta, Museo de Sao Paulo), y “Curso de Orquideología, dictado en la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, de Caracas.

                                              

              La vida intelectual.____

Ha llegado el momento, apreciados lectores,  de dar nuevo cariz a esto que se llama vital, o sea el revivir de esa otra llama que se anida por dentro donde pululan tantas tempestades que ni el propio Dante pudo corregirlas, porque se nace con ellas, se anda con las mismas y es bueno hasta tenerlas.  De aquí que dejé para el momento oportuno ir hablando sobre otras perspectivas, incluso esfumadas en el curso del tiempo, pero que son prisioneras de nuestro ser  y se encajan penetrando en la propia existencia. Así, mientras entre 1959 y 1963 me dedico a la faena profesional  aprovechando dos o tres veces para irme hasta Colombia a casa de familiares, y por el Sur, rumbo a Pasto, Tulcán, Quito, Guayaquil, Otavalo y pronto a Lima, Arequipa, Trujillo, Tumbes, Tacna, Cusco, lago Titicaca, Copacabana y otras partes del Perú, apenas en 1963 y por dos meses viajé a París, donde residía mi madre,  para reiniciar contactos  con la cultura francesa que lucían como escondidos,  desde los tiempos en que paseábamos juntos por la Avenue Kléber el embajador e ilustre intelectual merideño  Caracciolo Parra Pérez y el que esto escribe, 53 años más tarde. Entonces de allí seguí a Londres y luego a Nueva York, para continuar  a Caracas con mis habituales preocupaciones.

            En el libro escrito con seudónimo del periodista español José Luis Ballester  (o Carlos Prieto Conde, que ahora hago del conocimiento público) está consignada buena parte de esa otra experiencia vital  que corre hasta el año 1996,  período  desde el cual no moví según quisiera los parámetros existenciales, pero como ya camino  sin pensar hacia dónde y menos conocer hanta cuándo,  por el ámbito del nunca regreso, en verdad que me he propuesto  darle fin a esta suerte de memorias inacabadas porque nadie debe dejar a medias lo que comienza, aunque sea imposible recoger aquí con más detalles cuántas experiencias he vivido, por lo extensas y complejas en su formación como del desenlace. Y esa es la contraparte de esta segunda razón  de lo que aquí escribo para algunos de mis seguidores, que no hacia la posteridad, porque en esas incongruencias de los estropicios vitales  la ocasión siempre  la pintan calva. Foto de arriba. Casa del Escritor, visitada por el Presidente Herrera Campins.
Al frente, maqueta de la futura Casa del Escritor.

            Debo agregar en la intimidades exploradas que humildemente me puedo manejar en cinco idiomas, nada perfectos pero sí entendibles, y hasta con el dialecto trujillano de mis adentros, o sea en correcto (cuando quiero) español, y atrás le siguen el francés, el inglés, italiano, portugués y por asociación familiar acaso el catalán y otros hablares que no equivalen a la mudez, porque cuando viajaba en tierna juventud siempre hice hincapié para entenderme con el mundo circundante. Y como es propicio el momento siguiendo el rumbo de ese libro “La visión interior” de Prieto Conde en el capítulo IX (pág.47),  donde se refiere a mis entretenimientos intelectuales como fue el haber pertenecido a la Asociación de Escritores de Venezuela por muchos años, con carnet y demás relevancia, donde pude asistir a tantas reuniones  ancladas con el paso del tiempo en una casona sin sentido de resonancia,  llena de comején mental y espiritual, como mantenida en el olvido, hasta cuando un grupo de amigos entre los que se contaban los poetas Manuel Vicente Magallanes, Marco Ramírez Murzi, Elí Colombani,  Jorge Azaf (Dionisio Aymará), Gabriel Briceño Romero y otros encariñados  con el mensaje apocalíptico de la escritura, nos dimos a la tarea sublime de reconquistar ese espacio casi arrasado por obra de la desidia y del sexto pecado capital, y con nuevos bríos Magallanes y el que escribe trazamos planes para abrir las puertas a todos sin distinción de clases, y poniendo el empeño Magallanes crea el Inprescritor y yo le acepto a que primero lo presida, con cinco directivos de postín planificando en sesión continua, mientras Magallanes con amigos políticos de su entorno para dar motivo  a nuestros quehaceres sociales mantiene con eso que llaman vitalidad cierta partida económica especial, de donde se creó una suerte de póliza en beneficio de los asociados, y diez puestos adquiridos en el Cementerio del Este se pusieron en beneficio de los asegurados y sus cónyuges, se acordó con colegas médicos un 50% de rebaja en los honorarios cobrados a los escritores, y se hizo la velada de fin de año, para niños y grandes donde  hubo un reparto decembrino gratuito desde juguetes, llaveros simbólicos,  hasta cuadernos y memos o block de notas de escritura a utilizar, con el sello de ese Instituto.  En cuanto a  reformas  de la vetusta casona familiar, que andaba en muy mal estado, de mi parte obtuve colaboración con la Gobernación del Distrito Federal, que procedió a reformar los techos, el piso, la pintura y por nuestra cuenta se levantaron cuatro cubículos amoblados donde luego funcionaron el Instituto de Previsión Social del Escritor, la Oficina sobre el Derecho de Autor, el Sindicato Nacional de Escritores  (quedó en sus inicios por causa de cambios de Directiva), ampliándose además el comedor, el depósito, la conserjería y la sede de Flasoes,  todo lo cual de tres empleados que existían en el momento de nuestra elección para dirigir la AEV, a la entrega  de la Asociación con la nueva Directiva existía un total de diecisiete empleados. Para ese tiempo ya pudo sesionar el Secretariado Nacional de la AEV en diferentes lugares del interior de la república, como Juangriego, Maracaibo, Guanare, Barquisimeto y Trujillo.

 Entonces la Asociación de Escritores empezó a llenarse de los nuevos hombres de letras,  el Presidente Herrera Campins la visita en dos ocasiones junto al Ministro de Cultura poeta Luis Pastori, e inspecciona las dos maquetas allí presentes para el nuevo Edificio de la AEV, de seis pisos, a construir pronto en San Bernardino (al lado de la Fundación Humboldt, se ganó la licitación y se fundaron las bases de los estacionamientos), como igualmente asistió a dos de nuestras Cenas Anuales del Escritor que implementamos   en el capitalino Hotel Tamanaco,  con numerosos participantes, donde tuvimos igualmente la presencia del Presidente de la República. Los jóvenes poetas generacionales de los grupos “Tráfico y Guaire”, junto con otros más acuden a tertulias, conferencias e inauguraciones mientras se crea en lo interior un restaurant a precio reducido, se editan libros, revistas y premios otorgados, se bautizan obras, aumenta la pinacoteca, se inaugura la Galería de Expresidentes,  el Museo del Escritor, se reciben diplomáticos y delegaciones extranjeras de visita, como el laureado poeta ruso Eugenio Evtuchenko, acuden a reuniones  comunes muchos miembros de embajadas  y por ello mi humilde persona pronto empieza a ser invitado a esos países extranjeros, de donde asisto a tres nutridos congresos por la paz  mundial en Sofía de Bulgaria, y a otro congreso de este tipo en Belgrado, donde me recibe nuestro embajador  Alfredo Maneiro, y a otro en Praga con el embajador que  igual  me recibe, Orestes Di Giacomo, mi amigo de la vida nocturna de Caracas (Avenida Solano, o  mejor “El triángulo de las Bermudas”) y a otro en Bucarest, cuando me agasaja con un almuerzo entre escritores la embajadora poetisa Lucila Velásquez, y de igual forma me corresponden nuestras embajadas en Berlín Oriental  (Nena Coronil), Polonia (Antonio Casas Salvi  (cuando aprovecho para viajar a Cracovia),  Eduardo Morreo en Sofía, Guido Bermúdez en Moscú,  en  Damasco me entrevisto con Alí Okla Orsan siendo allí recibido por nuestro embajador Hernán Calcurian Rojas, por cuyo conducto puedo luego viajar rumbo a El Cairo, El Nilo, los museos momificados y las Pirámides,  para seguir días después a París donde permanecía de embajador mi primo segundo general Fernando Paredes Bello.  En otro de estos viajes diplomáticos e invitado por los países respectivos de Varsovia seguí a Moscú y allí la Asociación de Escritores se encargó de mi estancia siendo llevado por avión hasta Alma Ata entonces capital de Kazaskán, donde fui recibido como un príncipe oriental, con regalos de valor y demás complementos por el amigo conocido en Caracas Kaltai Ulujumezanov, que me recibió en propia cuanto lujosa tienda de campaña, y luego el acompañante asignado  Jury Greidig me hizo llevar  por tren de Moscú a Leningrado, donde asistí a un concierto de la célebre Orquesta Sinfónica de aquel lugar siendo sentado a pocos metros de su director, como asistí a otros palacios, museos y lugares reales, y en Moscú al palacio del Kremlin, donde asisto a una ópera rusa (Iván Budinov) y a la galería Tetriakov.

Otro de mis desplazamientos internacionales ocurrió cuando decidí viajar a los países del oriente asiático, y esta vez igualmente  por ser Presidente de los Escritores entré en la agenda del momento, por lo cual mi viaje al Extremo Oriente fue comunicado a las embajadas de Venezuela diseminadas por aquellos países que mantenían relación con Venezuela.  De esta manera partí desde Caracas, con escala en Los Ángeles de California, y de allí continué el vuelo por Alaska (Anchorage) atravesando el Polo Norte para aterrizar en el aeropuerto de Narita, en Tokio, como digo, a fin de iniciar este periplo asiático. De seguidas al entrar en contacto con mi embajada poco rato después fue a visitarme al hotel que me alojaba, de 40 pisos (New Otani), un funcionario de apellido Rincón, por cierto vinculado familiarmente  a Trujillo, con quien preparo esta escalada aérea, de algunos ocho días, para dar una conferencia sobre la literatura venezolana, lo que se realiza ante técnicos en la materia y en la principal universidad (Tokio) de esa capital, a cuya reunión asistiera un antiguo miembro diplomático argentino radicado en Caracas. Luego de viajar en el tren bala, el monte Fuji, Kobe y el puerto de Osaka continúo el tránsito rumbo a Manila, para ofrecer una conferencia referida a Venezuela  en la Universidad principal, con la presencia de autoridades diplomáticas españolas que me acompañaron por convenio con el embajador nuestro en Australia, doctor Ignacio Arcaya,  pues dicho diplomático tenía entonces residencia en Australia y no en Manila. El agasajo posterior en el campus de dicha Universidad fue espectacular, digno de ser recordado.   De Manila seguí a la inolvidable Singapur, a Bangkok, luego a la también inolvidable Bali, y después a durante cuatro horas viajé hasta Hong Kong, donde tenía prevista otra conferencia, que fue suspendida a causa  del resfriado  que adquirí  luego de tal vuelo en  Garuda (pájaro emblemático) Air Lines.  Días después  visité a Macao, para continuar tan dilatado viaje por Hawai,  Los Ángeles, una semana de distención  en Las Vegas y el retorno a Caracas, donde cual por arte de magia perdí el agotamiento y entré de nuevo en mis funciones habituales.

Como presidente de la Asociación de Escritores, ya con 400 y más  miembros  organizo junto a Colombani  y un equipo especial el Primer Congreso Internacional de Escritores, al que asistieron 17 invitados de América Latina y España,  que desarrollamos en la Casa de Bello durante dos días de agotador trabajo y con la presencia de grandes escritores como Arturo Alape, Arturo Uslar Pietri, Vicente Gerbasi, Vera de Ecuador, Oscar Echeverry, Víctor Villegas, Hernán Cárcamo Tercero (Honduras) Joao Fagundes de Menezes, Chino Chang de Panamá, mi gran amigo  el académico y novelista hispano Raúl Guerra Garrido, Reyniero de Guatemala  y muchos más. Por mi parte asistí como invitado al Tercer Congreso de Escritores de España, en Sevilla, otro en Santo Domingo, junto a Juan Bosch, tres Congresos en La Habana (uno no pude asistir,  por coincidir dicho certamen  con el nuestro de Caracas),  un Congreso español en Bogotá,  otro en Guatemala, otro en Santo Domingo con homenaje de la Universidad, en fin, no espero cansarlos más con esta memoria tan cargada  que a veces puede interferirse.  Pero no es de  olvidar mi presencia en el Congreso por la libertad del Pueblo Saharaui, invitado esta vez a París por la Asamblea Nacional de Francia, con la periodista Elizabeth Camino y su esposo embajador  Juan José Monsant Aristimuño.

Más de doce condecoraciones me impusieron durante este ajetreo de las letras, y entre ellas están la de Chile (Rubén Darío), la Isabel La Católica de España, en Grado de Comendador, la de Bulgaria (1.300 años fundación de ese Estado), la Andrés Bello, la  de Policía Judicial (Cruz Policial Primera Clase, 1981) como miembro fundador de ese cuerpo académico y autor de la letra de su himno marcial, la Diego de Losada, Augusto Pinaud (Cruz Roja Internacional), Mérito al Trabajo, Mérito Literario Latinoamericano (Flasoes, o Federación Latinoamericna de Sociedades de Escritores) la Guararapes, de la Unión de Escritores Brasileros (y miembro honorario), la Cecilio Acosta, Lucila Palacios  y la Francisco de Miranda, entre las más distinguidas que recuerdo.

En cuanto a mis libros, los que son bastante conocidos, debo cerrar este ajetreo nemoténico  con algunos de  gran cariño, no solo por ser hijos (y en ellos recuerdo especialmente a este blog, que ya abarca sobre los 400.000 y tantos visitantes, desde la apertura en mayo de 2.011) sino por la  popularidad  que han tenido desde su puesta en circulación, valga citar entre ellos, de algunos doce escogidos, el que dedico a la vida de Granmont, editado por la Universidad Simón Bolívar, que se presentó en nuestra embajada en París, a  principios de 2009. Igualmente el publicado por la conocida Editorial Planeta, o sea la novela “El laberinto loco”, el  que editara Marimar en Buenos Aires, o sea “la verdadera Historia de los trece apóstoles”, que acudió en su representación a la Feria Internacional de Francfort , el libro que en dos meses de agotó en Caracas (Editores Best Seller)),  nombrado “Historia Oculta de Venezuela”, con 1.607 notas críticas y explicativas,  “Los 42 firmantes del Acta de Independencia”, editado por la Academia Nacional de la Historia, los publicados por el conocido librero Domingo Fuentes,  “50 veces yo”, texto biográfico que recoge de forma amena y no convencional parte de mis andanzas intelectuales y mundanas que a lo largo de tantas correrías me han visto envuelto. “Adán y Eva se odiaban”, otro texto para reír de lo que usted se puede imaginar, “Si el papa fuera mujer”,  o biografía literaria  sobre la Papisa Juana, que apareció para su venta cuando la muerte de Juan Pablo II, “Una torta para cuatro gatos” (de humor político), “Los gatos de la guerra” (novela de ambiente policial tipo CIA, aún no publicada, “El libro de las profecías”, consideren yo metido a profeta, los cuatro o cinco libros biográficos escritos integrando la colección Panapo, los alrededor de 35 escritos realizados para el “Diccionario de Historia de Venezuela”, en tres tomos,  de la Fundación Polar, etc. Y así también salen a la palestra  “Metamorfoseos”, que alcanzaron 50 artículos históricos y bien ilustrados  a todo color cuyo autor pictórico y dibujante  fue el conocido artista Leonardo Rodríguez, aparecidos en la Revista Élite (grupo Capriles), de vieja tradición y cuando la dirigía Rafael del Naranco, siguiendo en ese turno “El sentido de la tradición” (Ediciones Tercer Mundo, Bogotá), “Alonso Briceño, primer filósofo de América”(Editado por la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas), “ Diego García de Paredes”(Victoriano Suárez, Madrid), “Juan Pacheco Maldonado”, el tan conocido y admirado a nivel internacional “Los amores de Simón Bolívar y sus hijos secretos” (cinco ediciones, Talleres Indecasa, Caracas), “Veinte crímenes inolvidables” (Panapo, y por su cuenta según recuerdo cinco biografías escolares más), “La vida íntima de los Presidentes de Venezuela “ (cinco tomos), como dije “Marco y retrato de Granmont” (Universidad Simón Bolívar”),  cinco libros de poesía, a saber “Caracas, soledad”, “Poesía”, “Europa prolífica” “De este lado del mundo” y  “Cantos Asiáticos”,  fuera del “Diccionario de los indicios cuicas”, quedándose por aún imprimir, “Territorio de paso”, la novela concluida “Doctor Knoche, el vampiro de Galipán”, “La otra cara de Bolívar”, y demás  libros de mi creación temporal. En este largo revivir de la vida intelectual realizada por América puedo recordar mis visitas a todos los países de este continente, salvo Canadá, porque en dos oportunidades  para ir allá  coincidieron con asuntos profesionales importantes e impostergables. Por tanto he visitado en los esfuerzos intelectuales de que hablo de los Estados Unidos (y Hawai) para abajo, islas del Mar Caribe, Centroamérica, repúblicas bolivarianas,  Perú, Chile (Valparaíso, Puerto Montt, Arica, etc.) donde diserté sobre el filósofo Alonso Briceño),  Bolivia, Argentina (hasta Mar de Plata y su cría de pingüinos), Uruguay, Paraguay, el brasileño Manaos, Boa Vista, Santos,  Belo Horizonte, Petrópolis, y paro de contar, aunque ciertas islas pequeñas caribeñas y  excolonias al oriente de Venezuela no he podido permanecer en ellas. Sin embargo sí visité muchas sociedades de escritores, invitado o por mi cuenta, tal los casos de Colombia, Chile, Argentina, Paraguay, Brasil,  Panamá, Guatemala, Santo Domingo,  como dije Cuba, Nicaragua (dicté una conferencia), Honduras ( invitado oficial por el Ayuntamiento, dicté una conferencia en Tegucigalpa), Bogotá (además en Universidad de América dicté una conferencia, patrocinada por la Embajada de Venezuela) etc. He sido Presidente de varios Congresos de Escritores y en ellos departí con figuras  mundiales (en Sofía, dos veces) como Jorge Amado, Juan Rulfo, Nicolás Guillén, Jan Kosák (checoeslovaco, que me visitara en Caracas e invitándome a Praga (que acepté), el señalado Evtuchenko, el gran amigo  académico Raúl Guerra Garrido (España), el académico Víctor Villegas (Santo Domingo, ambos nos visitamos mutuamente por una gran amistad) el búlgaro Liubomir Letchev, que me invita dos veces a Sofía a congresos internacionales,  Mossem Al Musawi, quien me lleva a Bagdad al Merbid (congreso de escritores del Islam), etc. Debo recordarles aquí que para mejor entender estas listas, trabajos, investigaciones y otras actuaciones intelectuales de longa data deben esculcar detalles en el ya mencionado libro “La visión interior”.  Y excusen todos estos señalamientos de mi vida intelectual.

En referencia con el blog “Venezuela y el mundo”  que aquí sostengo por estos tiempos y desde mayo de 2.011, con más de 400.000 visitantes,  debo decir que a través de dicho importante medio de comunicación internacional hasta ahora he escrito  148 trabajos fundamentados preferentemente sobre temas históricos y políticos, apreciaciones mías  en referencia a diversos temas que han derivado en comentarios por conocedores de tales  intríngulis en diferentes partes de la tierra, material impreso que calculado a base del papel  que llaman tipo oficio puede alcanzar a 1.208 páginas escritas. En la caraqueña revista dominical  Estampas del diario El Universal, colaboré por mucho tiempo, como en su página de autores por varios años (107 trabajos publicados), dirigida esta por el amigo y periodista Guillermo José Schael, e igualmente lo hice en algunas veces oportunidades con el diario El Nacional.


Explicación aparte, ya para terminar,  pues el resto de la lectura espero que ustedes la entenderán, es el que se refiere a mi amistad con intelectuales de países árabes, en donde conocí visitando a Bagdag (y el Congreso en Damasco) al entonces  tan querido y respetado  por los americanos mariscal Sadam Houssein, a los que desde mi tiempo en Francia me ha unido con sus intelectuales una suerte de clase aparte por cierto origen  hispano afin, y en especial con el ilustrado académico doctor Mosem al Musawi, actual profesor de la universidad  americana de Columbia, a quien atendí en Caracas y luego me invitó en tres ocasiones a los Congresos de Literatura islámica (Merbid), que se realizaron en Bagdag,  antes de la invasión desastrosa y atrevida guerra americana con ese ahora destruido país.

En otro contexto de mi vida extensa fundé además un partido político de carácter nacional llamado Opinión Nacional (Opina), al que di forma en sus estatutos y representé inicialmente con largos debates incluidos, ante el Consejo Nacional Electoral, presidido por el escritor Eduardo Arroyo Lameda. Poco tiempo después Opina y por decisión del electorado nacional llegó a constituirse en la tercera fuerza  política dentro del Congreso Nacional.

Y cumplida esta tarea personal, ampliada por las circunstancias,  quiero recordar a los amables lectores y una vez más, que como muestra curricular o intelectual de esas facetas  complementarias de mi vida deben utilizar el libro “La visión interior”, editado por Flasoes en Caracas (1996).

Gracias desde luego por la paciencia tenaz y agotadora que tuvieron en esta ocasión al indagar sobre mi corazón y las ideas.     Caracas, 2015.