sábado, 24 de octubre de 2015

ALGO DE CURRíCULUM VITAE.


     Nota.  Para localizar algunas obras de mi producción  ver el catálogo anexo al inicio del blog.


Amigos invisibles. Habiendo cruzado con Caronte ya casi el ciclo vital, es decir en el que se pueden construir mundos, y a pesar que no admiro la tan usada palabreja latina de Florencia, ahora mantenida  sin mucha oportunidad real, debo tomarla en cuenta para este recuento clásico de mis andanzas  y existencias ocasionales, como las permanentes,  porque sin ese tramo complejo que me ha tocado respirar de otra manera entraría a compartir lo que llaman polvo de olvido, y en verdad que no debe ser así dispuesto con tan satírico síntoma para quienes de una y otra forma acompañados de lo que  llaman suerte, que no es desdeñable, han vivido lo suficiente en años de tempestades dentro y fuera del país natal como para no perder el hilo de la trama, de donde se pueda sacar alguna enseñanza en el camino del futuro por llegar. Pues bien, de manera simple aquí colocaré algunos eslabones más de ese ser extrovertido y vivencial que se llama RAMÓN URDANETA.



                  Nací en los Andes venezolanos a la justa mitad del año 1932 en medio de una familia numerosa que cosechaba en haciendas de café y con las esperanzas pendientes para un mejor rendimiento de ese producto vendido en el importante puerto de Hamburgo.  Crezco dentro del recuerdo nostálgico de los abuelos  tanto de Venezuela como en Colombia que ayudaron a formar la patria, y ya en 1938 me conducen a Bogotá para presenciar  la juerga medio indígena del  aniversario de los cuatro primeros siglos de aquella urbe entonces helada que ahora abarca los 8 millones de habitantes, y cuatro años más tarde desde la serrana Trujillo regresé a Cundinamarca para cursar primeras letras en el bogotano Colegio San Luis Gonzaga, situado frente al Seminario Mayor y el ilustre dirigente padre jesuita rector  Restrepo, a quien conocí repartiendo ostias consagradas en la capilla del  de esa institución escolar donde hacía pininos estudiantiles.  Regresé a la ciudad natal de vacaciones, pero como el ilustre sacerdote Rafael Ángel Chacín ) (vivo retrato del actor americano Ernst Borgnine) recién venido de Roma le dio la ventolera de abrir un colegio en esta ciudad de la Guerra a Muerte inmisericorde, como así lo firmara todo insomne y menos sin temblarle el pulso nuestro amado libertador Simón Bolívar, mi progenitor me inscribe en dicho Instituto Trujillo, allí rodeado por compañeros de formación ideológica distante  de  la mía, que era conservadora en los estudios y el aprendizaje que buscaba, lejana  del cuento farandulero, los estropicios mentales, el juego para mi aburrido  de béisbol y otras razones poco atractivas pues el interés propio residía entonces en el conocimiento del mundo foráneo y la razón de ser de una existencia ajena a lo trivial, de donde ya permanecía con regularidad inmerso en  los estudios de la vida y el existir sorprendente que me motivara, lo que ocurría con harta frecuencia en la Biblioteca oficial 24 de julio, existente entonces  en la misma casona de la Guerra a Muerte referida y aún olorosa a pólvora, en el contrasentido de que para ese tiempo advenedizo en que los hados malignos del destino alejaban del poder en Caracas al ilustre Presidente Isaías Medina Angarita, ya yo pensaba de distinta manera para con lo optimista de mi ser por arreglar el  mundo, y hasta mediante ese volar de mariposas embusteras que rozaban mi cabeza en formación hasta osé escribír dos primeros artículos de prensa en la natal ciudad, uno “Ojo a los de Moscú”, referido a lo que  se conocía de los temibles Stalin y Beria, por ejemplo, y otro que fue como noticia local sobre un pequeño libro de poemas que el trujillano Joaquín Cegarra acabara de publicar  y quien con las neuronas creativas aisladas de complejos llamó simplemente  dentro del mundo alienado que allí abriera, “Canto de Pájaros”, acaso celestiales.  Así,  activado ya por la intención histórica y literaria, de ese espíritu afín  creativo de ilusiones escribí en rima algo que sentía como algún latir por dentro, que llamara “La Historia”, texto nunca  publicado y que anda por allí entre viejos papeles, mientras preparaba el siguiente eslabón  a proseguir en la saga existencial, o sea mi primera residencia en Caracas, como paso importante que realizo, cuando ya estábamos casi en la mitad del aventurero año 1948, en que cumpliera los 16 años de modesto trajín existencial.

            Armado así para ganar caminos me trasladé a Caracas y pronto con la alegría consustanciada y una primera juventud  por propia decisión entré a trabajar  dentro de la Editorial Elite, organismo de ideas dispersas conducido por el excelente amigo oriental economista Domingo Maza Zabala, para organizar un archivo de papeles arrumados, mientras continúo estudios de bachillerato en el liceo Alcázar , dirigido por el profesor Dionisio Sifontes.  Entretanto la calle va moviéndose con manifiestos zigzagueantes, de izquierda progresista y de derecha cuartelaría, al tiempo que aparecen dos figuras de relieve distinto en ese escenario con ciertos nubarrones impredecibles, que fueron el zorruno Rómulo Betancourt y el gatuno oportunista Rafael Caldera. Para esos tiempos  de incierto trajinar  y por costumbre añeja trabajaba entonces en la Sección de Extranjería del Ministerio de Relaciones Interiores, ante  la catapulta de europeos que llegaban a nuestras costas en busca del mañana y una mejor oportunidad de ser sinceros. Al acercarse el fin del estudio de bachillerato me inscribo  en el afamado Liceo Fermín Toro, institución oficial donde tuve el agrado de tener como profesores a futuros académicos y amigos como Virgilio Tosta, Elio Gómez Grillo, el galo René Lichy, Pedro José Muñoz y otros que guardo  siempre en mi corazón. Foto de arriba: izquierda, Vicente Gerbasi; centro, Arturo Uslar Pietri; derecha, Pedro Francisco Lizardo, en la Casa de Bello, Caracas. 

            Entonces, como en los cuentos de hadas bien pensados llegó para tentarme otra visión del mundo que apenas conocía por las lecturas emprendidas, de donde dejo un mejor trabajo en la Corporación Venezolana de Fomento yéndome hasta Trujillo a despedirme de mis padres, y en La Guaira porteña inicié una gira superior por países  durante muchos años de vigencia, que me dieron otra nueva visión terráquea sustanciosa  que ya emprendía combinada con mis serios estudios universitarios, de donde fui visitando dos Canarias, a Marruecos, y luego a España por Barcelona y Madrid, en tiempos del laureado y temible general Francisco Franco, para seguir redescubriendo mundos hasta llegar a la crucial París, en cuya Facultad de Derecho me inscribo para cursar estudios en 1951 y 52.

            Como quiera que mi espíritu bullía por conocer ampliando el campo visionario, dentro de cada vacación y en espera de los otros estudios no dudaba ocupar trenes nocturnos de preferencia para viajar por toda Europa, siendo mi primer viaje y casi en Navidad, para servir de ejemplo, por los países nórdicos, con que atravieso Brujas, Amsterdam, Hamburgo, el  Berlín dividido, Copenhague,  navego con el Eggers por el mar Báltico, Helsinki, donde presencio absorto la oscurana y el  amanecer de medianoche,  Estocolmo, Gotemburgo con sus mujeres pelirrojas, la inolvidable Oslo, el musical  puerto de Bergen, y de allí atravesando el gélido y borrascoso mar norteño, desembarco en Newcastle para conocer York y terminar en Londres, donde aprovecho pocos días investigando en su biblioteca mayor sobre Francisco Granmont, libro años después editado en Caracas por la Universidad Simón Bolívar. Luego volveré a Londres dos veces en el empeño de historiador, para seguir al Dublín  de unos bellos recuerdos, donde pernocté algunas seis semanas. Foto de arriba, izquierda. 5° Congreso Internacional de Escritores, octubre 1984. Sofía, Bulgaria. Ponente. A mi izquierda poeta Ernesto Cardenal, y luego Presidente de Escritores Búlgaros Liobumir Levchev. (400 asistentes). 

            Luego de mis conocimientos legales universitarios en París, mientras tuve de profesores a Marchal, Waline, Gaudemet, Esmein, Mazeaud,  Baudin, Giffarrd y el viejo Levy-Bruhl,  para el año siguiente resuelvo continuar estudiando en la Facultad alpina de Grenoble (1952-1953) , donde agrego clases igualmente en el Instituto de Enseñanza Comercial, dirigido por mi buen amigo profesor Roger Nerson, al tanto que viajaba cada mes a Ginebra para hacer cambios de moneda, y aprovecho las fiestas decembrinas a objeto de seguir rumbo hasta la inolvidable Viena (allí doy una conferencia en la Cámara de Comercio), Bucarest y el Congreso Mundial de Juventudes  en esa capital reunido (allá viajo por Sinaia y Mamaia marítimos y luego a Transilvania al palacio del rey Carol, mientras por Budapest regreso de nuevo hasta Grenoble, y en otra vacación temprana por primera vez desde Ginebra y aterido de frío traspaso los países comunistas para llegar hasta Belgrado y la hermosa croata cuanto triste Zagreb, mientras cruzo el Año Nuevo entre champañas danubianas vienesas y  me despego de todo aquel mundo que dejara atrás  a veces marxista dominado entonces por el fiero mariscal Tito.  Otro viaje que emprendo  en oportunidad de fiestas decembrinas lo realicé en el barco “Marechal Foch” atravesando el Mar Mediterráneo para visitar Turquía, las mezquitas famosas, varias islas griegas, Atenas, Grecia y sus riquezas históricas, con un grupo formado en mayoría por médicos franceses. Aproveché también que mi luego compadre ganadero Asdrúbal Hernández Vásquez estuvo en París para viajar  acompañándole hasta Alemania del río Rin, donde iba en busca de maquinaria cárnica. Larga fue mi visita por el interior de Francia, donde en buena parte me educara, por lo que aproveché el tiempo para fuera de París andar por la Costa Azul,  frontera Mediterránea de Francia, Languedoc, Toulouse, Lyon,  Valence, Alsacia, alrededores de París in extenso y de Grenoble (dos ocasiones), en múltiples momentos de pasajes por Francia, que harían imposible aquí poner.

            Se llegó el momento de culminar el tiempo universitario en Grenoble y su cartuja, para emprender la marcha esta vez al mundo hispano, donde ya cultivaba amigos de verdad, como mi entrañable compañero Julio López Oliván Capaz, y su amigo el futuro rey de España Juan Carlos,  a quien después por su intermedio conocí en Zaragoza y luego nos saludamos en Santo Domingo, durante la primera visita de un Rey hispano a las antiguas colonias españolas, en cuya ocasión invité a 42 compañeros del Instituto Venezolano de Cultura Hispánica, presidido por mi persona en tres ocasiones, los que me acompañaron en tan importante momento histórico hispanoamericano. En Zaragoza, cerca de la frontera francesa, viví a las anchas, no solo por el cambio de la moneda, sino por la cordialidad de algunos compañeros universitarios y hasta profesores, como el internacionalista gallego Luis García Arias, que pronto fue destinado a Madrid.  En España, y lo vuelvo a decir, por mi interés en la cuestión histórica fui recibido en las alturas, y donde en el Instituto de Cultura Hispánica aragonés pronuncié una conferencia, que ya he mencionado en otros escritos del recuerdo.  Desde Zaragoza  y por estar cerca de todos esos mundos de interés centré la importancia en cuanto a investigaciones históricas para conocer buena parte del país, incluido el norte africano español.  Anduve por Portugal (Lisboa y Coimbra,) entre otras fronteras con España, verbigracia Jaca, Ezcaray y Legorreta, andares prematuros de la familia Urdaneta, y fui a conocer ancestros históricos en la añorada Extremadura, con el asedio cultural del amigo Conde de Canilleros, los consejos oportunos del Duque de Montellano en cuyo palacio acaso el de Plasencia viviera el futuro rey Juan Carlos, mientras yo daba conferencias en aquel Trujillo del imperio,  en Cáceres también y visitaba otros lugares del recuerdo extremeño, como la inolvidable Alba de Tormes, Yuste, Mérida y el enorme monasterio de Guadalupe.

Apenas y para recordar teniendo en cuenta mi permanencia hispana señalaré que en esa oportunidad estudiantil y ya fundado en la célebre universidad salmantina,  la de Unamuno y tantos maestros del saber, anduve tras los pasos de otros conocimientos  por Barcelona, Andorra, Isla de Elba, Florencia, San Marino,  Nápoles,  Palermo,  Baleares, Valencia,  Granada, Sevilla,  Málaga, Algeciras, Tánger, Gibraltar, Zamora, Alba de Tormes, Oviedo, buena parte de Aragón (Loarre, Calatayud, Jaca, Pamplona,  etc), Valencia en Carnavales, Sagunto, Cuenca,  Mérida,  buena parte de la provincia de Salamanca, Burgos, y a ello agrego Tenerife,  Las Palmas y hasta Casablanca y  Rabat en Marruecos. Foto derecha. Cena del Escritor, 1980. Hotel Tamanaco. A la izquierda escritores José Parra y Alí Lasser.  

En Salamanca diserté sobre temas venezolanos en el Colegio Mayor Hernán Cortés y en la Biblioteca de la Universidad, ante el propio Rector  Esteban Madruga y otros conocidos profesores asistentes de diversas escuelas. Así se fue pasando el tiempo universitario con mis persistentes visitas a Madrid, mas por inicios de 1958 y cumplida la faena universitaria debí pensar en el regreso a la patria de Bolívar, recién marchado el perezjimenismo dictatorial, y con un nuevo gobierno que se entremezclara de alegría cognitiva,  disturbios, nueva vida de la esperanza y un resurgir propio de la actividad nacional. Aquí debí adecuar mi carrera legal como Abogado  al renacer de una patria en pleno crecimiento democrático, por lo que a mediados de ese año de cambios importantes acepté trabajar con el Ministerio de Justicia en el ramo novedoso de la Ley para organizar una policía judicial científica dirigida por expertos y jóvenes abogados (alrededor de cuarenta profesionales, entre los cuales se contaban el poeta Sánchez Negrón, autor del reciente poemario “Los limos de la tierra”, el colaborador del diario El Nacional, Carlos J. Soucre, que investigara a fondo de los poetas franceses y de origen libanés, y desde luego que yo, ) ellos recién salidos de las aulas  venezolanas),  semillero encargado de elaborar expedientes penales para luego de concluidos remitir tales  sumarios a los respectivos jueces de instrucción, en cuya tarea procedimental por compleja fui designado para manejar esa estructura inicial en los estados Trujillo, Mérida, Táchira, Zulia y finalmente Aragua, tiempo en que  luego de 18 meses de labor, en septiembre del año 59 presenté mi renuncia al distinguido amigo y colega doctor Rodolfo Plaza Márquez,  Director de ese Cuerpo, y al que me unió una gran amistad conservada por años hasta los últimos momentos de su vida.  

Libre pues de esas ataduras burocráticas para entrenarme más por el camino del ejercicio profesional decidí unirme en este diario ajetreo con los colegas Alonso Paolini Pacheco, ya decedido, y Vertilio Valecillos, trujillano y pariente de mi afecto. De otra fuente laboral fui designado por el Tribunal contra el Enriquecimiento Ilícito como Investigador en el Consorcio Financiero C. A., holding de 22 empresas mercantiles propiedad del exministro general Luis Felipe Llovera Páez y segundo jerarca del régimen perezjimenista recién depuesto, quien estaba sujeto a investigación de sus bienes  por este juzgado, al tiempo que para reforzar a dicho Tribunal en sus trabajos temporales fui designado Ponente de sentencias, a objeto de redactar algunos veredictos alusivos a personeros políticos o no incursos en investigación sobre bienes mal habidos, tocándome en tal labor de zapa indagar verificando  los peculios del propio Llovera Páez, Roberto Casanova,  Abel Romero Villate, Miguel Silvio Sanz, Raúl Soulés Baldó  y José Semidey Reyes, o sea un total de ocho sentencias entregadas en este menester. En ese tiempo de preparación profesional adelanté etapas, por lo que en la Universidad Central de Venezuela realizo un Post Grado en Derecho Mercantil (1971-1972) con profesores de la calidad de José Muci Abraham,  Carmelo Lauría, Alberto Toledo Baumeister,  y Víctor Pulido Méndez, fuera de las relaciones que mantenía con el Decano Ramón Escobar Salom. Y para más aprovechar ese tiempo abierto de los treinta años allí mismo realicé otros cursos profesionales entre lo propuesto, que fueron “Impuesto sobre la Renta” (Asociación Venezolana de Ejecutivos), “Tasación de Inmuebles” (Colegio de Ingenieros de Venezuela”), Aspectos jurídicos de la integración latinoamericana” (UCV),  “El sistema legal norteamericano” (UCV),  “Curso de Seguro Marítimo”, y “La Quiebra (UCV).    

Para aliviar sobre este trabajo que en verdad fue intenso durante algún quinquenio de mi vida, por otros campos de la cultura me sumergí en diversos cursos como “Problemas y métodos de la crítica literaria” (Emir Rodríguez Monegal)”, “La pintura moderna” (Raymond Brosse, Universidad Palo  Alto, Calif.), “Restauración de obras de arte” (Edson Motta, Museo de Sao Paulo), y “Curso de Orquideología, dictado en la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, de Caracas.

                                              

              La vida intelectual.____

Ha llegado el momento, apreciados lectores,  de dar nuevo cariz a esto que se llama vital, o sea el revivir de esa otra llama que se anida por dentro donde pululan tantas tempestades que ni el propio Dante pudo corregirlas, porque se nace con ellas, se anda con las mismas y es bueno hasta tenerlas.  De aquí que dejé para el momento oportuno ir hablando sobre otras perspectivas, incluso esfumadas en el curso del tiempo, pero que son prisioneras de nuestro ser  y se encajan penetrando en la propia existencia. Así, mientras entre 1959 y 1963 me dedico a la faena profesional  aprovechando dos o tres veces para irme hasta Colombia a casa de familiares, y por el Sur, rumbo a Pasto, Tulcán, Quito, Guayaquil, Otavalo y pronto a Lima, Arequipa, Trujillo, Tumbes, Tacna, Cusco, lago Titicaca, Copacabana y otras partes del Perú, apenas en 1963 y por dos meses viajé a París, donde residía mi madre,  para reiniciar contactos  con la cultura francesa que lucían como escondidos,  desde los tiempos en que paseábamos juntos por la Avenue Kléber el embajador e ilustre intelectual merideño  Caracciolo Parra Pérez y el que esto escribe, 53 años más tarde. Entonces de allí seguí a Londres y luego a Nueva York, para continuar  a Caracas con mis habituales preocupaciones.

            En el libro escrito con seudónimo del periodista español José Luis Ballester  (o Carlos Prieto Conde, que ahora hago del conocimiento público) está consignada buena parte de esa otra experiencia vital  que corre hasta el año 1996,  período  desde el cual no moví según quisiera los parámetros existenciales, pero como ya camino  sin pensar hacia dónde y menos conocer hanta cuándo,  por el ámbito del nunca regreso, en verdad que me he propuesto  darle fin a esta suerte de memorias inacabadas porque nadie debe dejar a medias lo que comienza, aunque sea imposible recoger aquí con más detalles cuántas experiencias he vivido, por lo extensas y complejas en su formación como del desenlace. Y esa es la contraparte de esta segunda razón  de lo que aquí escribo para algunos de mis seguidores, que no hacia la posteridad, porque en esas incongruencias de los estropicios vitales  la ocasión siempre  la pintan calva. Foto de arriba. Casa del Escritor, visitada por el Presidente Herrera Campins.
Al frente, maqueta de la futura Casa del Escritor.

            Debo agregar en la intimidades exploradas que humildemente me puedo manejar en cinco idiomas, nada perfectos pero sí entendibles, y hasta con el dialecto trujillano de mis adentros, o sea en correcto (cuando quiero) español, y atrás le siguen el francés, el inglés, italiano, portugués y por asociación familiar acaso el catalán y otros hablares que no equivalen a la mudez, porque cuando viajaba en tierna juventud siempre hice hincapié para entenderme con el mundo circundante. Y como es propicio el momento siguiendo el rumbo de ese libro “La visión interior” de Prieto Conde en el capítulo IX (pág.47),  donde se refiere a mis entretenimientos intelectuales como fue el haber pertenecido a la Asociación de Escritores de Venezuela por muchos años, con carnet y demás relevancia, donde pude asistir a tantas reuniones  ancladas con el paso del tiempo en una casona sin sentido de resonancia,  llena de comején mental y espiritual, como mantenida en el olvido, hasta cuando un grupo de amigos entre los que se contaban los poetas Manuel Vicente Magallanes, Marco Ramírez Murzi, Elí Colombani,  Jorge Azaf (Dionisio Aymará), Gabriel Briceño Romero y otros encariñados  con el mensaje apocalíptico de la escritura, nos dimos a la tarea sublime de reconquistar ese espacio casi arrasado por obra de la desidia y del sexto pecado capital, y con nuevos bríos Magallanes y el que escribe trazamos planes para abrir las puertas a todos sin distinción de clases, y poniendo el empeño Magallanes crea el Inprescritor y yo le acepto a que primero lo presida, con cinco directivos de postín planificando en sesión continua, mientras Magallanes con amigos políticos de su entorno para dar motivo  a nuestros quehaceres sociales mantiene con eso que llaman vitalidad cierta partida económica especial, de donde se creó una suerte de póliza en beneficio de los asociados, y diez puestos adquiridos en el Cementerio del Este se pusieron en beneficio de los asegurados y sus cónyuges, se acordó con colegas médicos un 50% de rebaja en los honorarios cobrados a los escritores, y se hizo la velada de fin de año, para niños y grandes donde  hubo un reparto decembrino gratuito desde juguetes, llaveros simbólicos,  hasta cuadernos y memos o block de notas de escritura a utilizar, con el sello de ese Instituto.  En cuanto a  reformas  de la vetusta casona familiar, que andaba en muy mal estado, de mi parte obtuve colaboración con la Gobernación del Distrito Federal, que procedió a reformar los techos, el piso, la pintura y por nuestra cuenta se levantaron cuatro cubículos amoblados donde luego funcionaron el Instituto de Previsión Social del Escritor, la Oficina sobre el Derecho de Autor, el Sindicato Nacional de Escritores  (quedó en sus inicios por causa de cambios de Directiva), ampliándose además el comedor, el depósito, la conserjería y la sede de Flasoes,  todo lo cual de tres empleados que existían en el momento de nuestra elección para dirigir la AEV, a la entrega  de la Asociación con la nueva Directiva existía un total de diecisiete empleados. Para ese tiempo ya pudo sesionar el Secretariado Nacional de la AEV en diferentes lugares del interior de la república, como Juangriego, Maracaibo, Guanare, Barquisimeto y Trujillo.

 Entonces la Asociación de Escritores empezó a llenarse de los nuevos hombres de letras,  el Presidente Herrera Campins la visita en dos ocasiones junto al Ministro de Cultura poeta Luis Pastori, e inspecciona las dos maquetas allí presentes para el nuevo Edificio de la AEV, de seis pisos, a construir pronto en San Bernardino (al lado de la Fundación Humboldt, se ganó la licitación y se fundaron las bases de los estacionamientos), como igualmente asistió a dos de nuestras Cenas Anuales del Escritor que implementamos   en el capitalino Hotel Tamanaco,  con numerosos participantes, donde tuvimos igualmente la presencia del Presidente de la República. Los jóvenes poetas generacionales de los grupos “Tráfico y Guaire”, junto con otros más acuden a tertulias, conferencias e inauguraciones mientras se crea en lo interior un restaurant a precio reducido, se editan libros, revistas y premios otorgados, se bautizan obras, aumenta la pinacoteca, se inaugura la Galería de Expresidentes,  el Museo del Escritor, se reciben diplomáticos y delegaciones extranjeras de visita, como el laureado poeta ruso Eugenio Evtuchenko, acuden a reuniones  comunes muchos miembros de embajadas  y por ello mi humilde persona pronto empieza a ser invitado a esos países extranjeros, de donde asisto a tres nutridos congresos por la paz  mundial en Sofía de Bulgaria, y a otro congreso de este tipo en Belgrado, donde me recibe nuestro embajador  Alfredo Maneiro, y a otro en Praga con el embajador que  igual  me recibe, Orestes Di Giacomo, mi amigo de la vida nocturna de Caracas (Avenida Solano, o  mejor “El triángulo de las Bermudas”) y a otro en Bucarest, cuando me agasaja con un almuerzo entre escritores la embajadora poetisa Lucila Velásquez, y de igual forma me corresponden nuestras embajadas en Berlín Oriental  (Nena Coronil), Polonia (Antonio Casas Salvi  (cuando aprovecho para viajar a Cracovia),  Eduardo Morreo en Sofía, Guido Bermúdez en Moscú,  en  Damasco me entrevisto con Alí Okla Orsan siendo allí recibido por nuestro embajador Hernán Calcurian Rojas, por cuyo conducto puedo luego viajar rumbo a El Cairo, El Nilo, los museos momificados y las Pirámides,  para seguir días después a París donde permanecía de embajador mi primo segundo general Fernando Paredes Bello.  En otro de estos viajes diplomáticos e invitado por los países respectivos de Varsovia seguí a Moscú y allí la Asociación de Escritores se encargó de mi estancia siendo llevado por avión hasta Alma Ata entonces capital de Kazaskán, donde fui recibido como un príncipe oriental, con regalos de valor y demás complementos por el amigo conocido en Caracas Kaltai Ulujumezanov, que me recibió en propia cuanto lujosa tienda de campaña, y luego el acompañante asignado  Jury Greidig me hizo llevar  por tren de Moscú a Leningrado, donde asistí a un concierto de la célebre Orquesta Sinfónica de aquel lugar siendo sentado a pocos metros de su director, como asistí a otros palacios, museos y lugares reales, y en Moscú al palacio del Kremlin, donde asisto a una ópera rusa (Iván Budinov) y a la galería Tetriakov.

Otro de mis desplazamientos internacionales ocurrió cuando decidí viajar a los países del oriente asiático, y esta vez igualmente  por ser Presidente de los Escritores entré en la agenda del momento, por lo cual mi viaje al Extremo Oriente fue comunicado a las embajadas de Venezuela diseminadas por aquellos países que mantenían relación con Venezuela.  De esta manera partí desde Caracas, con escala en Los Ángeles de California, y de allí continué el vuelo por Alaska (Anchorage) atravesando el Polo Norte para aterrizar en el aeropuerto de Narita, en Tokio, como digo, a fin de iniciar este periplo asiático. De seguidas al entrar en contacto con mi embajada poco rato después fue a visitarme al hotel que me alojaba, de 40 pisos (New Otani), un funcionario de apellido Rincón, por cierto vinculado familiarmente  a Trujillo, con quien preparo esta escalada aérea, de algunos ocho días, para dar una conferencia sobre la literatura venezolana, lo que se realiza ante técnicos en la materia y en la principal universidad (Tokio) de esa capital, a cuya reunión asistiera un antiguo miembro diplomático argentino radicado en Caracas. Luego de viajar en el tren bala, el monte Fuji, Kobe y el puerto de Osaka continúo el tránsito rumbo a Manila, para ofrecer una conferencia referida a Venezuela  en la Universidad principal, con la presencia de autoridades diplomáticas españolas que me acompañaron por convenio con el embajador nuestro en Australia, doctor Ignacio Arcaya,  pues dicho diplomático tenía entonces residencia en Australia y no en Manila. El agasajo posterior en el campus de dicha Universidad fue espectacular, digno de ser recordado.   De Manila seguí a la inolvidable Singapur, a Bangkok, luego a la también inolvidable Bali, y después a durante cuatro horas viajé hasta Hong Kong, donde tenía prevista otra conferencia, que fue suspendida a causa  del resfriado  que adquirí  luego de tal vuelo en  Garuda (pájaro emblemático) Air Lines.  Días después  visité a Macao, para continuar tan dilatado viaje por Hawai,  Los Ángeles, una semana de distención  en Las Vegas y el retorno a Caracas, donde cual por arte de magia perdí el agotamiento y entré de nuevo en mis funciones habituales.

Como presidente de la Asociación de Escritores, ya con 400 y más  miembros  organizo junto a Colombani  y un equipo especial el Primer Congreso Internacional de Escritores, al que asistieron 17 invitados de América Latina y España,  que desarrollamos en la Casa de Bello durante dos días de agotador trabajo y con la presencia de grandes escritores como Arturo Alape, Arturo Uslar Pietri, Vicente Gerbasi, Vera de Ecuador, Oscar Echeverry, Víctor Villegas, Hernán Cárcamo Tercero (Honduras) Joao Fagundes de Menezes, Chino Chang de Panamá, mi gran amigo  el académico y novelista hispano Raúl Guerra Garrido, Reyniero de Guatemala  y muchos más. Por mi parte asistí como invitado al Tercer Congreso de Escritores de España, en Sevilla, otro en Santo Domingo, junto a Juan Bosch, tres Congresos en La Habana (uno no pude asistir,  por coincidir dicho certamen  con el nuestro de Caracas),  un Congreso español en Bogotá,  otro en Guatemala, otro en Santo Domingo con homenaje de la Universidad, en fin, no espero cansarlos más con esta memoria tan cargada  que a veces puede interferirse.  Pero no es de  olvidar mi presencia en el Congreso por la libertad del Pueblo Saharaui, invitado esta vez a París por la Asamblea Nacional de Francia, con la periodista Elizabeth Camino y su esposo embajador  Juan José Monsant Aristimuño.

Más de doce condecoraciones me impusieron durante este ajetreo de las letras, y entre ellas están la de Chile (Rubén Darío), la Isabel La Católica de España, en Grado de Comendador, la de Bulgaria (1.300 años fundación de ese Estado), la Andrés Bello, la  de Policía Judicial (Cruz Policial Primera Clase, 1981) como miembro fundador de ese cuerpo académico y autor de la letra de su himno marcial, la Diego de Losada, Augusto Pinaud (Cruz Roja Internacional), Mérito al Trabajo, Mérito Literario Latinoamericano (Flasoes, o Federación Latinoamericna de Sociedades de Escritores) la Guararapes, de la Unión de Escritores Brasileros (y miembro honorario), la Cecilio Acosta, Lucila Palacios  y la Francisco de Miranda, entre las más distinguidas que recuerdo.

En cuanto a mis libros, los que son bastante conocidos, debo cerrar este ajetreo nemoténico  con algunos de  gran cariño, no solo por ser hijos (y en ellos recuerdo especialmente a este blog, que ya abarca sobre los 400.000 y tantos visitantes, desde la apertura en mayo de 2.011) sino por la  popularidad  que han tenido desde su puesta en circulación, valga citar entre ellos, de algunos doce escogidos, el que dedico a la vida de Granmont, editado por la Universidad Simón Bolívar, que se presentó en nuestra embajada en París, a  principios de 2009. Igualmente el publicado por la conocida Editorial Planeta, o sea la novela “El laberinto loco”, el  que editara Marimar en Buenos Aires, o sea “la verdadera Historia de los trece apóstoles”, que acudió en su representación a la Feria Internacional de Francfort , el libro que en dos meses de agotó en Caracas (Editores Best Seller)),  nombrado “Historia Oculta de Venezuela”, con 1.607 notas críticas y explicativas,  “Los 42 firmantes del Acta de Independencia”, editado por la Academia Nacional de la Historia, los publicados por el conocido librero Domingo Fuentes,  “50 veces yo”, texto biográfico que recoge de forma amena y no convencional parte de mis andanzas intelectuales y mundanas que a lo largo de tantas correrías me han visto envuelto. “Adán y Eva se odiaban”, otro texto para reír de lo que usted se puede imaginar, “Si el papa fuera mujer”,  o biografía literaria  sobre la Papisa Juana, que apareció para su venta cuando la muerte de Juan Pablo II, “Una torta para cuatro gatos” (de humor político), “Los gatos de la guerra” (novela de ambiente policial tipo CIA, aún no publicada, “El libro de las profecías”, consideren yo metido a profeta, los cuatro o cinco libros biográficos escritos integrando la colección Panapo, los alrededor de 35 escritos realizados para el “Diccionario de Historia de Venezuela”, en tres tomos,  de la Fundación Polar, etc. Y así también salen a la palestra  “Metamorfoseos”, que alcanzaron 50 artículos históricos y bien ilustrados  a todo color cuyo autor pictórico y dibujante  fue el conocido artista Leonardo Rodríguez, aparecidos en la Revista Élite (grupo Capriles), de vieja tradición y cuando la dirigía Rafael del Naranco, siguiendo en ese turno “El sentido de la tradición” (Ediciones Tercer Mundo, Bogotá), “Alonso Briceño, primer filósofo de América”(Editado por la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas), “ Diego García de Paredes”(Victoriano Suárez, Madrid), “Juan Pacheco Maldonado”, el tan conocido y admirado a nivel internacional “Los amores de Simón Bolívar y sus hijos secretos” (cinco ediciones, Talleres Indecasa, Caracas), “Veinte crímenes inolvidables” (Panapo, y por su cuenta según recuerdo cinco biografías escolares más), “La vida íntima de los Presidentes de Venezuela “ (cinco tomos), como dije “Marco y retrato de Granmont” (Universidad Simón Bolívar”),  cinco libros de poesía, a saber “Caracas, soledad”, “Poesía”, “Europa prolífica” “De este lado del mundo” y  “Cantos Asiáticos”,  fuera del “Diccionario de los indicios cuicas”, quedándose por aún imprimir, “Territorio de paso”, la novela concluida “Doctor Knoche, el vampiro de Galipán”, “La otra cara de Bolívar”, y demás  libros de mi creación temporal. En este largo revivir de la vida intelectual realizada por América puedo recordar mis visitas a todos los países de este continente, salvo Canadá, porque en dos oportunidades  para ir allá  coincidieron con asuntos profesionales importantes e impostergables. Por tanto he visitado en los esfuerzos intelectuales de que hablo de los Estados Unidos (y Hawai) para abajo, islas del Mar Caribe, Centroamérica, repúblicas bolivarianas,  Perú, Chile (Valparaíso, Puerto Montt, Arica, etc.) donde diserté sobre el filósofo Alonso Briceño),  Bolivia, Argentina (hasta Mar de Plata y su cría de pingüinos), Uruguay, Paraguay, el brasileño Manaos, Boa Vista, Santos,  Belo Horizonte, Petrópolis, y paro de contar, aunque ciertas islas pequeñas caribeñas y  excolonias al oriente de Venezuela no he podido permanecer en ellas. Sin embargo sí visité muchas sociedades de escritores, invitado o por mi cuenta, tal los casos de Colombia, Chile, Argentina, Paraguay, Brasil,  Panamá, Guatemala, Santo Domingo,  como dije Cuba, Nicaragua (dicté una conferencia), Honduras ( invitado oficial por el Ayuntamiento, dicté una conferencia en Tegucigalpa), Bogotá (además en Universidad de América dicté una conferencia, patrocinada por la Embajada de Venezuela) etc. He sido Presidente de varios Congresos de Escritores y en ellos departí con figuras  mundiales (en Sofía, dos veces) como Jorge Amado, Juan Rulfo, Nicolás Guillén, Jan Kosák (checoeslovaco, que me visitara en Caracas e invitándome a Praga (que acepté), el señalado Evtuchenko, el gran amigo  académico Raúl Guerra Garrido (España), el académico Víctor Villegas (Santo Domingo, ambos nos visitamos mutuamente por una gran amistad) el búlgaro Liubomir Letchev, que me invita dos veces a Sofía a congresos internacionales,  Mossem Al Musawi, quien me lleva a Bagdad al Merbid (congreso de escritores del Islam), etc. Debo recordarles aquí que para mejor entender estas listas, trabajos, investigaciones y otras actuaciones intelectuales de longa data deben esculcar detalles en el ya mencionado libro “La visión interior”.  Y excusen todos estos señalamientos de mi vida intelectual.

En referencia con el blog “Venezuela y el mundo  que aquí sostengo por estos tiempos y desde mayo de 2.011, con más de 400.000 visitantes,  debo decir que a través de dicho importante medio de comunicación internacional hasta ahora he escrito  148 trabajos fundamentados preferentemente sobre temas históricos y políticos, apreciaciones mías  en referencia a diversos temas que han derivado en comentarios por conocedores de tales  intríngulis en diferentes partes de la tierra, material impreso que calculado a base del papel  que llaman tipo oficio puede alcanzar a 1.208 páginas escritas. En la caraqueña revista dominical  Estampas del diario El Universal, colaboré por mucho tiempo, como en su página de autores por varios años (107 trabajos publicados), dirigida esta por el amigo y periodista Guillermo José Schael, e igualmente lo hice en algunas veces oportunidades con el diario El Nacional.


Explicación aparte, ya para terminar,  pues el resto de la lectura espero que ustedes la entenderán, es el que se refiere a mi amistad con intelectuales de países árabes, en donde conocí visitando a Bagdag (y el Congreso en Damasco) al entonces  tan querido y respetado  por los americanos mariscal Sadam Houssein, a los que desde mi tiempo en Francia me ha unido con sus intelectuales una suerte de clase aparte por cierto origen  hispano afin, y en especial con el ilustrado académico doctor Mosem al Musawi, actual profesor de la universidad  americana de Columbia, a quien atendí en Caracas y luego me invitó en tres ocasiones a los Congresos de Literatura islámica (Merbid), que se realizaron en Bagdag,  antes de la invasión desastrosa y atrevida guerra americana con ese ahora destruido país.

En otro contexto de mi vida extensa fundé además un partido político de carácter nacional llamado Opinión Nacional (Opina), al que di forma en sus estatutos y representé inicialmente con largos debates incluidos, ante el Consejo Nacional Electoral, presidido por el escritor Eduardo Arroyo Lameda. Poco tiempo después Opina y por decisión del electorado nacional llegó a constituirse en la tercera fuerza  política dentro del Congreso Nacional.

Y cumplida esta tarea personal, ampliada por las circunstancias,  quiero recordar a los amables lectores y una vez más, que como muestra curricular o intelectual de esas facetas  complementarias de mi vida deben utilizar el libro “La visión interior”, editado por Flasoes en Caracas (1996).

Gracias desde luego por la paciencia tenaz y agotadora que tuvieron en esta ocasión al indagar sobre mi corazón y las ideas.     Caracas, 2015.

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