viernes, 28 de noviembre de 2014

LA REBELIÓN SANGRIENTA DE RUPUNUNI.


Guayana Esequiba.
 Amigos invisibles. Dentro de lo que estamos tratando y como expresión clásica del colonialismo inglés (13 colonias de Londres todavía subsisten disimuladas en el mundo geográfico americano) sostenido ello tras mamparas versátiles en el siglo XXI y entre fuertes disensiones sociales discriminatorias mantenidas por los usurpadores de nuestro territorio Esequibo, y ante la aspiración suprema de  los residentes por ser libres y unidos a la República de Venezuela, que es su patria verdadera y oficial, en la primera semana de 1969 (2 de enero) cansados de la inicua explotación centenaria ganaderos y agricultores amerindios de la zona de Rupununi se alzan contra el imperio mundial dominante que siempre ha protegido los Estados Unidos, creando un Comité Provisional  del Gobierno de Repununi, al mando de la valerosa ganadera y aviadora Valerie Hart, puesto que al sentirse y ser venezolanos de acuerdo con las leyes de  nuestro país, solicitan la inmediata ayuda o protección de Venezuela en la defensa de sus derechos conculcados e invocando por ley constitucional la nacionalidad patria y erigiendo mediante consenso esta futura dependencia venezolana como “Estado Libre Esequibo”.  Al principio la rebelión tuvo éxito, pero el gobierno africanista y comunistoide de Georgetown y frente a sus debilidades características raciales ante la insurgencia que aspira silenciar rápidamente mueve hilos de apoyo con el fraterno gobierno norteamericano, las dependencias coloniales inglesas en América y hasta del interesado Brasil, que ya no esconde sus pretensiones de salida al océano Atlántico por la vía carretera de Lethem, como lo hizo igual con Venezuela a través de Santa Elena de Uairén y Puerto La Cruz, en tiempos del presidente Rafael Caldera.

Venezuela para el momento de los hechos, que es eleccionario con carácter presidencial, cambia su gobierno que fenece y entonces el triunfante doctor Caldera altera sus ideas y sin ningún amparo o sostén hizo el mutis sobre el particular libertario, escurriendo el bulto y lavándose las manos al estilo Pilatos, valga expresar la realidad.  Entonces la represión del  violento y apasionado afroguyanés  Forbes Burnharm (Premier) como respuesta y acaso recibiendo órdenes de lejos intervino a sangre y fuego todo el sentimiento patrio, mientras que in extremis para salvarse los amerindios de Rupununi, que forman el grueso de la población autóctona, salvo escasas familias que se refugiaron en Brasil pasaron al Estado Bolívar, en que una vez acogidos según corresponde  les entregan cual venezolanos nativos que son las respectivas cédulas de identidad (art. 35 de la Constitución Nacional), y se les protege debidamente como es de suponer. Lo improcedente de la fecha insurreccional (2 de enero de 1969) y la pobre defensa que tuvieron (se habla incluso de una avioneta con fusiles, bombas y ametralladoras de apoyo enviadas por Venezuela a ese clamor popular nacionalista, que se averió al volar sobre suelo brasileño, hecho que ese gobierno interesado comunica de inmediato a Georgetown, con las consecuencias previsibles para truncar su dependencia colonial, aunque nunca es tarde cuando la dicha (libertad) llega. Por cierto para remendar el recuerdo doloroso hacia nuestros nacionales, se rumora que el cuartel militar a construir Venezuela en la isla Anacoco será bautizado con el nombre “Islas Malvinas”, con lo que se quiere decir mucho en el recuerdo de aquel sacrificio humano.

Valerie Hart.
 Pues bien con estos antecedentes tan entramados donde por obra de los apetitos imperiales y los apoyos del Tío Sam como ya era costumbre desde  el siglo XIX, tiempo victoriano por cierto, la pasión de los ingleses no solo fue el  adueñarse del alma profunda escocesa, de la irlandesa y galesa, como era principio y fin de los piratas marítimos al mando de Walter Raleigh, soñador de El Dorado, sino que olvidando cualquier inconveniente en sacrificar pueblos del mundo y de los siete mares de todo cuanto podía estar al alcance de la rapiña, con la porfía adelante África y Asia en especial fueron devastados con aquel apetito pantagruélico comparable al huno Atila, pues en cuestión de poco tiempo el inglés agresivo expandió su poder omnímodo arrastrando con ello pueblos y culturas enteras, de donde sin mediar excusas trasladó habitantes fuera de las fronteras naturales y con ello ampliaba practicando de una manera descarada y feudal el latifundismo plutócrata y la esclavitud divisionaria en su más prístina categoría.

Pero vamos por partes con la intención de esclarecer el  tremedal pasionario ocurrido antes y después de lo que sucediera en el imborrable episodio de Rupunini. En efecto, debemos comenzar por reconocer que todo lo hoy llamado territorio de Guyana y por ende el de nuestra Guayana Esequiba, fue descubierto desde el mar como consta en el  diario de navegación  que llevara a cabo con escritura propia el Almirante Cristóbal Colón, y que luego profundizó dicho descubrimiento el marino español sevillano Juan de Esquivel, con cuyo nombre derivado se bautiza por cierto el río Esequibo y sus adyacencias. Esos territorios permanecieron en poder español durante siglos, como lo demuestran documentos de la época y el desarrollo hispano en la conquista de América. Mas como quiera que por las guerras europeas el poder español  se veía más decrecer, diversos países del Viejo Continente para ampliar sus mercados y competir con España en la riqueza resolvieron establecerse al este del río Esequibo, de donde pequeñas comunidades holandesas que merodeaban en aquellos lugares deciden instalarse por Demerara desde 1611, ante el peligro inglés por delante que quería engullirlos, de donde ellas mantuvieron buenas relaciones con los colonos españoles establecidos al Oeste del Esequibo y en sus inmensas sabanas inundables, lo que queda reflejado en los mapas de aquellos tiempos históricos. Ya en 1777 cuando el rey Carlos III crea la Capitanía General de Venezuela y el territorio que la circunda, se define sin dudas o equívocos que toda la región al oeste del río Esequibo desde su nacimiento pertenece a dicha Capitanía General y de allí sigue el lindero hacia dentro para coincidir con el Brasil, como también en largo viaje inverso tal lindero va rumbo al océano  hasta desembocar nuestras aguas en el consabido Atlántico, con desde luego la plataforma continental correspondiente. A todas estas y dentro de las restructuraciones comarcales el territorio de Berbice al este del Esequibo fue colonizado por holandeses y luego allí penetraron los ingleses en la discordia contigua, llenándolo mientras tanto de esclavos africanos, hasta cuando Holanda decide venderle (¿?) esa  franja jurisdiccional a la corona británica siendo el tiempo en que ya lucía  el nombre de Surinam, hecho ocurrido a inicios del siglo XIX con todas las características de una nueva colonia británica, por lo que comienza a trasladar hasta allí a otros esclavos agricultores africanos (Jamaica, Barbados, etc.) de diferentes etnias no emparentadas para la explotación de sus intereses, que lo hace desde un comienzo de manera calculada mudando con el tiempo hacia sus territorios del Este del Esequibo otros inmigrantes coloniales como fueron hindúes, portugueses, malayos y de distintos orígenes para vivir azotados por una rígida forma esclavizante de separación social.  Pero comoquiera que Venezuela para aquel convulsionado siglo XIX anduvo en guerras intestinas desangrándose por su propio desarrollo y en busca de la libertad e independencia, los ingleses con el ojo avizor de los negocios en que han sido maestros coloniales, pronto entran en cuenta que en la Guayana venezolana correspondiente al río Orinoco, al Caroní, Cuyuní y otros grandes cauces fluviales aparecen riquezas infinitas por encontrarse oro a montón como diamantes también en cantidad, de donde con las pupilas puestas en esos caudales de riqueza deciden a su costa y saber olvidar la  inobjetable frontera de Venezuela que es la ribera oeste del caudaloso Esequibo, y bajo el disfraz del disimulo comienzan a penetrar en nuestro suelo territorial de la manera más afrentosa, Para instrumentar ese latrocinio del territorio en mientes traen expresamente de Europa a un expedicionario falto de escrúpulos de origen sajón prestado al servicio inglés que se llamara Roberto Schomburk, quien sin ningún miramiento y con el objetivo final de sus amos imperiales decide reformar a favor del poder londinense los linderos convenidos de antaño e inventa por tanto otros límites ingleses con que ellos sin reserva alguna se  apoderaron de media humanidad y riquezas en los cinco continentes navegados por las afiladas velas inglesas y los cañones destructivos. Así Schomburk, el descarado vendedor de conciencias y sin que ello toque su condición de sabio, que lo dudo, empezó a hacer y deshacer con el territorio de nuestra Guayana Esequiba, dando pie y cabida por largo tiempo con su manera impropia rateril de proceder, de donde en la rapiña todavía en 1941 hubo que arriar una bandera inglesa que la sinverguenzura de aquellas expediciones del luego ennoblecido sajón permitiera enarbolar los muy  amigos de lo ajeno al frente de nuestra población guayanesa de Tumeremo (Mr. Barnes), o sea en las entrañas de El Callao.

Borfes Burnharm.
 Pero las triquiñuelas rodaron en lo que son expertos los ingleses, y a través de ese tinglado secular, despojador y hemisférico llamado Commonwealth que obliga sin chistar a las colonias o seudo colonias inglesas en América, a objeto de mantenerse en el poder guyanés a como diera lugar y dividiendo para así sostener el mando organizaron un sistema social nada igualitario y sí clasista, donde los negros africanos tenían poder (Burnharm), los hindúes (con el comunista Jagan), portugueses  y otros serviles a la colonia, como algunos canadienses, de una y otra forma, equilibrando así el juego tramposo a favor de Inglaterra. Y mientras desde Georgetown los políticos de tales triquiñuelas deshacen conciliábulos verbales porque luego no eran tenidos en cuenta, de otra forma seguía manteniéndose la tremenda división social exclusivista, con los protegidos de entonces bajo la mirada capciosa y orientadora de la Corona Windsor, al tiempo que a solapo los ríos, sabanas y tierras inundables, por propiedades que a la larga no se respetan el tan consentido sistema  de cambiar los linderos a favor y de someter a la población con  excesos y desmejoras, tenían en jaque permanente en cuanto a los intereses del desarrollo de esa zona.

La región de Rupununi está situada al sur de nuestra Guayana Esequiba, en una extensión de 58.000 kilómetros cuadrados, reclamados por Venezuela en un 25% de su totalidad por pertenecer a la misma, con extensas sabanas bajas rumbo al norte y ganaderas al sur hacia los límites con Brasil en el Alto Tukuku donde vive una comunidad organizada de propietarios de origen blanco y amerindios de la región, mestizos y europeos en doce grandes haciendas donde hoy pueden pastar algunas 200.000 cabezas de ganado en tierras del Alto Tokuku, productores que trabajaban en la zona asfixiados por la imposición y exacciones inglesas coloniales o de sus nuevos representantes, donde la tierra explotada pertenecía a la Corona, pues el gobierno guyanés por órdenes superiores y olvidando a Venezuela arrendaba algunos terrenos con discriminación racial a favor de nuevos afrodescendientes versus amerindios, y por máximo de un año, pagándole entonces gabelas y sin poder adquirir dichas propiedades porque estaba prohibido y, en caso de ser desalojados no tenían derecho a indemnización alguna. Como en los tiempos medievales. Por su parte los ganaderos asentados pedían contratos de arriendo hasta por 25 años para sustentar los  ganados, como es de suponer, lo que siempre fue negado por la susodicha Corona Inglesa. Mientras tanto el gobierno cómplice del lejano Georgetown daba poca importancia  a estas desigualdades a favor de los negros importados para sembrar en tierras de vocación ganadera que clamaban justicia en Rupununi, y hasta por ello llegó a sofocar con el ejército y el correr de la sangre a pequeños levantamientos populares mediante la detención de algunos inconformes, siendo estos prisioneros colgados de los árboles para escarmiento y pavor de la población. Mientras ello ocurre los sostenedores de la hipócrita Doctrina de Monroe con el rayado lema de “América para los americanos” desde Washington se hacían ciegos, sordos y mudos ante estos acontecimientos criminales, por el apoyo implícito, solapado y de contraprestación, como el caso de las Malvinas y el proceder histórico del Secretario de Estado gringo general Alexander Haig.

John Bull.
 Ante esta posición imposible de detener en los abusos reiterados cometidos por los nuevos habitantes afrodescendientes apoyados por el castrista Burnharm y ante la postura brasilera que nada quería saber  sobre el tema y más cuando los ganaderos blancos de Rupununi tenían fresco lo ocurrido y negativo con Brasil en cuanto a los territorios vecinos limítrofes  y sureños de Pirara (1904, 32.000 kms2 perdidos), que aspira Brasil abundar con su influencia allí por ser una salida oceánica, entonces esa comunidad gravemente dañada por los sucesos y en conocimiento que la Constitución de Venezuela les otorga la ciudadanía ipso facto del país una vez solicitada, acorde con la Constitución Nacional vigente, luego de conocer este apoyo legal porque Caracas siempre defiende a los amerindios regionales, sin más tardar bajo la dirección de personalidades como la aviadora y experta ganadera Valerie Hart, su marido, los hermanos Melville y todos los criadores de la región se reúnen en una suerte de Constituyente para separarse de esa Guyana racial, comprometida y discriminatoria de Burnharm y de todos cuantos enmascarados tras bambalinas les apoyan, creando así mediante documento expreso el “Estado Libre Esequibo”, lo que se comunica de inmediato a Caracas, y en espera de que sea un estado más de Venezuela.  

Para durar tres días de lucha intensa en medio de una represión inusitada hasta con bombas, saqueos, atrocidades múltiples, incendios específicos, arrase de propiedades, fuego de ametralladoras y  con cerca de cien muertos y ciento cincuenta detenidos, se levantó el heroico pueblo de Rupununi, donde las fuerzas policiales y militares que se aerotransportan enviadas por el racista Burnharm al mando del coronel   Ronald Pope, alías “El carnicero de Rupununi”, bajo su dirección inmisericorde asesina, tortura, viola, derriba hogares, saquea, incendia por venganza y otros aditamentos de la tiranía salvaje de Georgetown que ordena la masacre. Ante tal destrozo humano y material digno de recordar, algunos ganaderos y amerindios temerosos de sus familias se refugian en el vecino Brasil, en que son acogidos a medias, pero la mayoría de los alzados, que aún luchan con dignidad usando armas antiguas, escopetas y hasta machetes, resisten arropados bajo el manto de honor ante el desastre incendiario que no cesa ni las ametralladoras que no se silencian y hasta los lanzallamas ingleses que queman a colonos en algo verdaderamente inusual y trágico dantesco, para luego enterrar los cadáveres en fosas comunes cuyo número fue aumentando con el paso de las horas. La revuelta armada duró tres días (2-1-969 al 2-3-969)  hasta la rendición total, pero en este recuento de la historia acontecida lo que más llama la atención es la actitud de la Presidenta de ese “Estado Libre Esequibo”, señora Valerie Paul Hart, de 35 años de edad, educada y lideresa, con rasgos asiáticos, madre de cinco menores, diputada al Parlamento de Georgetown y esposa de Harry Hart, quien con gallardía y actitud heroica está en Lethem y sus alrededores dirigiendo el conflicto desde el comienzo exitoso de la insurrección hasta cuando por llegar un grueso de la tropa inglesa llena de armas guerreras, a objeto de declarar ante el mundo lo ocurrido en su pequeño avión del tipo Lindbergh vuela de seguidas hasta la cercana Santa Elena de Uairén, en la Gran Sabana, donde es recibida y trasladada con rapidez hacia Caracas, mientras utiliza los numerosos medios de comunicación que la entrevistan para declarar sobre el holocausto de su pueblo en Rupununi y haciendo constar que todos ellos son y se sienten venezolanos, como lo aclara la Constitución Nacional.

Tío Sam.
 Pero los acontecimientos que se desarrollaron por causas del destino y el cambio de año nuevo ocurrido con prontitud torcieron el rumbo en contra de este movimiento libertador de esencia nacionalista venezolano, pues por encima de inspirarse en sentimientos tan loables, para recuperar aquella tierra que a Venezuela le extrajera mediante las triquiñuelas antedichas 139. 500  kms2, por coincidencia del momento el Presidente venezolano Raúl Leoni ya de edad avanzada y tan cercano en nacimiento (El Manteco, Bolívar) a esos paisajes de Rupununi, nada podía hacer oficialmente por estar en la entrega del poder presidencial, porque de otra manera hubiera ocurrido alguna argucia diferente, y ya que el mandatario entrante, Rafael Caldera, de talante jesuita y caprichoso sostuvo de inicio la tesis de no injerencia ni directa ni indirecta sobre el particular, porque Venezuela tenía firmados documentos con Inglaterra que la obligaban a seguir un camino en su reclamo territorial, por lo que debía ser prudente y saber esperar en la agonía nefasta, como hasta ahora sucede. Sin embargo  a los recién llegados venezolanos les fueron expedidas 120 cédulas de identidad y se les reubicó en tierras de la Gran Sabana, San Martín de Turumbán y cerca de El Dorado (Cuyuni), por Las Cristinas, para así continuar con sus vidas en la tierra escogida. Tiempo después la inefable aviadora y nacionalista Valerie Hart cumplida la tarea con su familia se estableció en Texas (USA).


Caracas - 2007 
 El episodio valeroso ocurrido en Rupununi es uno más de la cadena que ha tenido Venezuela para defender sus fronteras, porque si a ver vamos es bueno recordar que el rey Carlos V° de España en el lejano año de 1568  crea la Provincia de Guayana y fija su frontera Este en el susodicho río Esequibo, y no obstante este hecho oficial determinado el territorio guayanés ha sido en todo tiempo objeto de interés superior para imperios como Inglaterra por las riquezas demostrables que encierra, de donde la lucha ha sido permanente en este sentido protector.  Es bueno recordar que el Presidente Marcos Pérez Giménez preparaba para marzo de 1959 la invasión del territorio usurpado por dicho imperio, utilizando instruidas fuerzas de tierra, mar y aire, con el comodín de la próspera compañía Shell adelante, por lo que con seguridad iba a ceder Inglaterra sobre sus aspiraciones y a pesar del pataleo o parloteo consabido. E igualmente rendimos aquí tributo de admiración a Lucas Fernández Peña, el general Domingo Sifontes, que arria la bandera inglesa de la Union Jack en la margen del Cuyuni, deteniendo a los británicos agresores, y al conde Cattaneo Quirin, otro idealista libertario de la zona, como en tiempos más modernos recordemos la labor nacionalista y soterrada sobre la zona de quienes conocían el nefasto arreglo imperial de París, cocinado en Londres (1899), la famosa carta memorándum de Severo Mallet Prevost,  la posición iracunda y dolorida del expresidente Harrison (para todo ello y recordar los hechos ver mi trabajo anterior en este blog, publicado en febrero de 2012), o sea de Carlos Andrés Pérez, Raúl Leoni, Leandro Mora y el doctor Gonzalo Barrios, quienes junto a otros en su tiempo mantuvieron nuestra bandera de las  siete estrellas con el alto pendón de la dignidad nacionalista en defensa de la integración y el patriotismo, de todo lo que compete en el futuro se escribirá una página heroica y triunfal, sin que con ello emule a Rubén Darío.  Y a Oscar J. Márquez, empeñoso en la libertad esequiba, va mi siempre saludo.
 

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