martes, 29 de enero de 2013

EL COMPLICADO CASO DE LAS RELIGIONES.



                      Amigos invisibles. Como me estoy insertando en problemas más complejos a los del año anterior, hoy voy a tratar sobre algo que siempre me ha llamado la atención y de lo cual se han escrito montañas de tesis y antítesis sobre el tema,  creyendo que tal debate formativo puede arrancar desde la misma Babilonia, y más atrás a partir de los pueblos llamados bárbaros que se manejaban a través de un lenguaje nada escrito y muy gestual. Pero como a uno se le calienta la oreja de tanto oír o de leer, o de escuchar sobre el repertorio de temas referidos a este problema que evoluciona con los siglos para transformase en debate, voy a penetrar en las honduras casi inaccesibles de la sabiduría infusa no porque yo sea algún conocedor a fondo de la materia, en la cual me integro como cualquiera, un neófito, salvo algunos especialistas que así se consideren, sino dado que siempre este conocimiento filosófico-teológico de la humanidad ha puesto quehacer al extremo que sin equivocarme las guerras más sangrientas y exterminios llevados a cabo por los seres humanos, han derivado en algo de asuntos referidos a cualquiera de las tantas religiones y sectas que existieron, y que aún subsisten, a pesar de los embates del tiempo que con la andanada de sus saberes e interpretaciones aclara un nuevo panorama donde por fuerza de la realidad demostrable, las religiones han retrocedido a pesar del empuje de muchos por sostenerlas como filón ideológico y hasta material, pero que su asidero en la conciencia humana ya no es indeleble y sobre todo desde cuando el siglo XX irrumpió con grandes conocimientos de toda índole, entre ellos los científicos, que pusieron en jaque los fundamentos básicos y las estructuras dialécticas de muchas creencias espirituales mediante lo cual se dio al traste con tantos exponentes de tales ideas echadas al voleo en un mundo plural.
                        Sin embargo y a fin de no introducirme  en complicaciones previas debo decir para sentar el precedente, que por tradición y en eso que denominamos familia de un principio y sin entrar en réplicas, por algo que se llama fe soy cristiano, apostólico y romano, como fueron mis padres, y los abuelos y los bisabuelos, pensando así de los demás en el retroceso genético, y ello lo tomo como un detalle más de la formación adquirida desde la infancia, porque la religión en nuestros hogares fue como una segunda madre instructiva, y yo no voy a pelear en cierto boxeo de sombras contra este sustento que ha mantenido una posición gemela de la vida, dejando para otros religiosos y seglares que se extiendan o desestimen en esos vastos estudios y razones del más allá, donde todos tienen las de ganar y menos de perder. Salvo los espíritus malignos.  De aquí que como un diletante de lo que razono a medias en este sentido debo afirmar primero y sin saber cuál es su posición al respecto, que admiro el esfuerzo cultural mantenido dentro de esa sapiencia que como un amparo general envolvió buena parte de la cultura de los pueblos en desarrollo, desde los más primitivos e infieles, hasta los que ahora pretenden enhebrar un nuevo camino religioso mezclando algunos de estos saberes ancestrales con otros de novedoso cuño para crear un híbrido con todas sus consecuencias, por donde andan los avanzados ensayos religiosos como la llamada cienciología, o los mormones, a los agnósticos, rosacruces y otros grupos nacidos en los últimos tiempos. Pero bueno y oportuno es recordar que en cuanto a esta materia tratada, existen dos grandes corrientes que se van por el camino espiritual de la humanidad, o sea la religión en sí, decantada y siguiendo un orden preestablecido dentro de su ejercicio secular, tal el caso de la católica romana y de sus hijas que nacieron de la misma energía, que son muchas, vale decir, ortodoxas y heterodoxas, cuya mayor representación viene a caer en el grupo protestante, que se ha expandido en numerosas iglesias de fieles que habitan en cinco continentes con sus reglas y costumbres bien cimentadas. Pero existe otro grupo y hasta peligroso, para llamarlo de algún modo, que es el referido a eso que se tilda como sectas, que han existido por siempre, desde las más primitivas que incluyen en sus normas crueles castigos y hasta la muerte por diversas causas con ritos salvajes, o ese florilegio de seudo iglesias fabricadas por mentes traficantes de almas y de dinero, no solo las que no se reconocen oficialmente sino que viven al amparo del engaño, lo confuso y la mala información, sino otras que con la publicidad dirigida han penetrado seriamente y se transformaron en imperios de negocios lucrativos, como el caso de la manejada por el extinto doctor Moon, coreano de éxito que incluso casi domina un pequeño país latinoamericano.
            Pero a lo que más aspiro referir en este palabreo sostenido viene a ser  el aún no deslindamiento definitivo de ambos poderes, el espiritual y el estatal u oficial contrapuesto, que todavía a estas alturas del calendario existente por no solucionar ese problema de carácter mundial comporta un sufrimiento doloroso a los pueblos que padecen ese peso inusual de los poderes por no estar precisamente separados, y porque como viviendo aún en la Edad Media de los prejuicios dentro de la edad científica que nos rodea, tal desajuste humano mantiene un grado de conmoción permanente en el interior de las sociedades que viven este flagelo (sharia, yihad, etc), como bien se demuestra con las guerras endémicas sostenidas por muchos pueblos bajo sustratos de antecedentes religiosos y como el caso presente que conmueve la opinión mundial en referencia con los países islámicos, que elevados y mantenidos bajo creencias esclavistas muy severas que datan nada menos que del tiempo existencial del profeta Mahoma, han sido objeto de ríos de sangre permanente y lo serán por mucho tiempo si no se pone coto a esta desgracia a nivel de una comprensión o entendimiento en beneficio de los pueblos sacrificados por las consignas místicas, como lo podemos ver palpando en esa suerte de epidemia con trasfondo religioso y cultural desde luego que se debate entre bombas, el genocidio estéril y tanto fuego cruzado en muchos países cuya fe religiosa es el Islam. No quiero con ello decir que por esta vía voy a entrometerme en sus asuntos teologales, que muy graves los están viviendo al calor de las ideas contrarias a la vida actual y a lo que se aspira, sino porque el salvajismo ha vuelto a aparecer, con grupos como Alquaida y su jefe extinto Bin Laden, sino en pueblos con grupos afines pero no gemelos en cuanto al pensamiento en esta materia, como el caso de Siria, y el problema que sufren Nigeria, Mali y Egipto con las parcialidades cristianas que son fuertemente abatidas mediante grupos contrarios a sus religiones. Esto, apreciados lectores, con el raciocinio expedito del siglo XXI se debe acabar, porque con el manejo de los medios publicitarios y la uniformidad de las costumbres todos los del planeta tierra, incluso los menos desarrollados, debemos pensar en ir limando tantas asperezas extremas, poniendo en ello mucho empeño sus dirigentes religiosos, porque a esto me refiero, para que exista una paz verdadera en nuestro mundo actual, por encima de sectarismos, abusos de poder y sentimientos hegemónicos  de los grupos y las creencias a que estoy dirigiendo mi palabra. No puede ser por absurdo desde todo punto de vista racional que mientras el ser humano conquista la luna o marte o las estrellas, con la alta tecnología que desarrolla y mirando las cosas con visión de futuro, por el contrario existan mentes ciegas y no ruborizadas que ordenen la muerte de pueblos enteros, hasta por placer vengativo, o que sacerdotes de esas creencias alejadas del siglo pensador en que vivimos que aún luchan con métodos inquisitoriales, valga el caso de colgar seres humanos por delitos que hoy no pueden ser reconocidos como tal, o el ejemplo muy específico del reino Saudita, en Arabia feliz (¿?), que por la circunstancia de tener en el ámbito de su geografía lugares sagrados de la creencia mahometana, se dan el lujo de someter al martirio feroz a la población, y en el caso específico de las mujeres que en siglo XXI por minusvalía enfermiza se les prohíbe manejar algún vehículo motor si un  familiar hombre no las acompaña, o si por causa de la comprensión en eso común de la humanidad que se llama amor, y el culto mundo árabe tiene bellas narraciones en ese sentido erótico, cualquier desaguisado ocurre, por sí o de causa extraña, la mujer es condenada a la lapidación hasta la muerte, o si una miembro de la familia real se casa con alguien que no es de su clase, al hombre se le decapita en la plaza pública, tal cual vio un amigo diplomático acontecer en una plaza colmada de público en Ryad, o a un ladrón se le corta una mano y si reincide se le corta la otra, o se entierra viva a la mujer adúltera o casada como en el caso de los drusos, y tantas barbaridades sadomasoquistas se pueden traer aquí a colación que son aceptadas y hasta protegidas por absurdas y retrógradas leyes del siglo VII de nuestra era, tan alejadas de la realidad para vivir en otro mundo cavernario, protegidas y aupadas por sacerdotes doctos y hasta universitarios que no entienden suavizar tales barbaridades en este siglo de vida cómoda y satisfactoria en que vive la civilización y sus habitantes, como el caso trágico del poeta hindú Salman Rushdie, que como pensador libre osó tocar un tema referido a la presencia física del venerado profeta Mahoma y por ello fue cruelmente condenado a muerte y hasta en el ensañamiento procaz ofreciendo recompensa atractiva a quien cometiera ese vil  asesinato, como obra dispuesta por altos jerarcas de la iglesia mahometana, que no quisieran tales castigos para los de su intimidad.
            Pues bien, sobre dicha misma armadura ideológica y sin que se toque temas de profundidad, otra antigualla inútil y desconcertante por esa estimada religión monoteológica es en referencia con la prohibición absoluta de interpretar al patriarca Mahoma, según pueda bien concebirlo cualquier creyente en su santidad bienhechora, exhibiendo una pintura idealizada de su creación, como lo hacen las demás grandes religiones del orbe, sea dicho la representación simbólica de Buda, Cristo, Confucio y cuantas puedan aparecer, porque al contrario de dañar, ayudan a los fieles creyentes en cuanto a la firmeza del culto mismo de esa grandes figuras de la humanidad.  Eso reitero, debe suavizarse y cambiar, para el bien de todos, el conocimiento de sus figuras y la paz de las iglesias, que en cierta forma es la paz de la humanidad, y para lo cual los grandes centros docentes como El Cairo, Damasco, Marraquech y tantos otros existentes deben entender que los fieles creyentes viven en el siglo XXI y hacia adelante, y no estancados por caducas interpretaciones fuera de sentido y espacio, en el tiempo en que el gran profeta Mahoma impulsó con fuerza y fe esa religión tan expandida en el mundo pero con fuertes retrasos emotivos por causa de intérpretes obtusos.
            No vamos a sacar ejemplos de cultos caníbales que aún pudieran existir en Borneo, Papúa o Sumatra, ni el exceso de los tamiles de la India, tantos inmolados del Tibet, de los talibanes en Afganistán, entre otros, pero si quiero dejar sentado que la religión ha ejercido y ejercerá cierto freno en la conducción de los pueblos, como el caso judío  y sus reglas estrictas de conducta, por lo que de una u otra forma han sabido enrumbar a sus creyentes dentro del vasto mundo en que ahora se mueven las iglesias y creencias del orbe, cuando  muchas de esas conductas escritas tantos siglos atrás chocan de una manera irremediable contra las realidades presentes que mueven a los pueblos mediante razonamientos probados ante toda consideración y estudio, porque si a ver vamos, en lo poco que conocemos de la religión católica cristiana, desde que la perrita Layka le dio vuelta a la tierra buena parte de aquellos principios morales religiosos y de conducta fueron sacrificados en aras de la verdad científica, porque de otra manera  no pudo ser, quedándose para los fieles creyentes y apenas en supuestos de fe aquellos antecesores llamados por la Biblia Adán y Eva, y de allí en adelante todo lo que ocurrió especial por miles de años, como acaece con las demás religiones serias, digo yo,  porque si a ver vamos dentro de la probanza científica, por ejemplo, el Diablo o como se le llama, el espíritu del mal, el rey de las tinieblas y otros nombres asignados, desapareció por siempre cuando el inventor de la luz artificial, Thomas Alva Edison, acaba con tales tinieblas y Mandinga o Lucifer  o Belcebú se esfuman por la vida eterna, o como cuando en probetas de laboratorio se puede concebir un ser humano, o clonar un animal, la oveja Dolly, o volver a crear otros seres homínidos ya desaparecidos, como es el caso de los neardenthales, que pronto volverán a ser realidad. ¿I qué dice sobre esto las tantas religiones existentes?. Ahora tendrán que pensarlo muy bien porque de otra forma el tsunami que arrasa es indetenible. Y es por ello que esto repito, para bien de la humanidad. Sea mediante la sabiduría de organizaciones internacionales como la ONU o cuantas científicas se dediquen a los  temarios expuestos, a fin de que se reúnan para tratar esta materia candente, bajando cada uno la guardia de sus pretensiones, porque aunque sabemos que el hombre y la guerra son dos asuntos consustanciales, debemos pensar tantas desgracias habidas para evitar colapsos posteriores que arruinarían el planeta en que se habita. Aquello de que quien desee la paz debe armarse para la guerra  como se pensaba a lo antiguo, es cosa de pan comido, porque el ser humano debe en todo caso buscar la conciliación y nunca más los trastornos sociales que aquí a grandes rasgos he señalado, en lo que repito las diferentes religiones y sus altos dirigentes tienen la última palabra, para que el género humano pueda convivir sin el temor del apocalipsis, que de una u otra forma y sin escape alguno podría ocurrir.           

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