lunes, 10 de agosto de 2015

ESPANTOSO MEMORÁNDUM DE MALLET PREVOST.


            
        ASUNTO.  LA GUAYANA ESEQUIBA. 1) Amigos invisibles. Creo que pocas veces voy a escribir  un trabajo histórico y didáctico que me llena de furia, en verdad, porque a sabiendas de todos los pormenores inadecuados, de una bajeza extrema que se reúnen como ejemplo de maldad y latrocinio  en el nefasto trabajo de hormiguita que elaborara sin parpadeos  y a través de monsergas de lenguaje sibilino los dueños del mundo capitalista de entonces,  vino a producirse ese bodrio de mentiras amañadas que bajo inmensa presión diplomática, hasta de tragarse parte enorme del país, dio como resultado desde aquel inaudito momento la pérdida de nuestro territorio nacional en más de 156.000 kilómetros cuadrados, o sea la bicoca de casi el tamaño de la Gran Bretaña, lo que no puede ni nunca podrá esconder la garra  imperialista del aún boyante imperio pero lleno de fisuras sobre  la inaudita expoliación realizada  por magistrados de toga y medallas a montón para reducir tajantemente la tierra que a  punta de sangre y valentía  conquistaron con su vida nuestros libertadores, cuestión  latente que mancilla el honor de todo venezolano por esa gravedad de los hechos ocurridos y donde  montara una olla repleta de mentiras cuanto de falsedades cierto grupo de juristas avezados en el engaño internacional dominados con prebendas o libras esterlinas  a partir  del camuflage de la  Casa Real Inglesa para intentar resblandecer  el corazón de Venezuela y alumbrando un documento tan falaz y denigrante para nuestro pensar  que el gobierno  de Venezuela debe reproducir con comentarios atinentes para salvar la gloria y el honor  en este nuevo campo de batalla sembrado de espinas entre expertos que se abre, que no es de sangre como desearían los confusos y serviles  funcionarios sino que tras mamparas alevosas aún sirven a quienes los trajeron como esclavos de África y la India o Indonesia para trabajar en lo más inicuo de las actividades traidoras de quienes contra viento y marea quieren seguir consumiendo la riqueza de Venezuela que la disfrutan para manjar de sus caporales desde siglos atrás, sin que de esa  parte a sabiendas del delito imprescriptible que cometen haya una voz que detenga tanta injusticia y maldad dirigida desde altos estrados  de poder que se manejan al antojo sin el menor remordimiento y con la mayor desfachatez delictual. Y culpo en ello a quienes desde Georgetown y el velado Londres  manejan esta basura tramposa  que producen con el mayor asombro para la comunidad internacional y el desparpajo a todas vistas que cometen.

            2) Pero en este caso que sería para emprender un  libro de castigo voy a tratar varios temas no con la profundidad que se merecen ya que si se me suelta la pluma empujada por la ira de Jesús en el templo, puede  ser demoledora. Y no es mi intención, porque creo que en ese parapeto creado por Gran Bretaña que es Guyana para adueñarse impunemente de las inmensas riquezas que hay en nuestra región oriental (oro, diamantes, energía hidráulica, ahora petróleo, sus múltiples derivados, y gas e inmensos terrenos selváticos de sembradío y cría, otros valiosos minerales a explotar, ergo el coltán, que tenían reservados como joyas de la Corona  para en su momento sacarlos a flote, nada menos que queriéndole arrebatar a Venezuela una inmensa tajada de tierra y de su plataforma acuática, y de otras cosillas que son de mencionar desde cuando Trinidad y Tobago y varias  islas cercanas están dentro de ese cerco inglés disimulado que nos las separa, y  a esto agregándose el inmenso error político y estratégico que fue el llamado CARICOM, suerte de judas Iscariote y regalo del anterior gobierno como otra engañifa más porque todos esos mini estados (30 votos manejables, o sea 15 en la OEA y 15 en la ONU) siempre  declinan por embudo el voto a favor de ese grupo angloparlante que de manera astuta y programada  se maneja desde la eternal Londres isabelina, aunque se diga lo contrario. Y así fue como los ingleses contra viento y marea se cogieron a gran parte de África hasta sus entrañas, el Canadá igualmente, Asia casi completa, muchos países musulmanes que aún controlan  sobre todo en sus ríos navegables, que era la gran autopista comercial de su tiempo y, en fin, no voy a seguir  por este camino de timos, saqueos y aventuras obtenidas a punta de cañón (33 años atrás con la anuencia absoluta y la estrategia americana en el degradante caso traidor de las Malvinas), porque aquel sinsabor de como hubo 700 muertos inocentes ya lo he explicado en este mismo blog.(foto abajo,Reina Victoria y familia).

3) El famosísimo memorándum. Pero lo que ahora voy a tratar y encima del mismo tema recurrente es sobre el famoso, o mejor famosísimo Memorándum Mallet Prevost, que el Gobierno también debe imprimir colocándolo en sitios muy visibles para explicar de manera didáctica  y hasta siempre sobre ese consabido atraco inglés   de casi 200.000 kilómetros cuadrados que usufructúa  con secuaces enmascarado ilícitamente, aunque claro está con el permiso defensivo de nuestros pobres representantes jurídicos  que  escuálidos y desprovistos de ayuda sincera entonces andaban como maniatados para resolver tal desastre que se encuentra entre los primeros y más dolorosos de ese pasado colonial por cuyo motivo el bochorno seudojurídico se investiga con pasión detenida incluso entre los estudiantes  de Oxford, Cambridge y otras famosas universidades del pensamiento racional. Entrando en materia, pues, sabemos que los ingleses primero se adueñaron de la provincia de Trinidad, que era parte de Venezuela, con la traición del gobernador Chacón (casado con la causante inglesa Dorothy Lindsay), quedando por tanto en manos de la Corona Británica nuestro pedazo de patria, donde flameaba el pabellón rapiñoso respectivo, aunque Londres  siempre vio en la estrategia con el deseo de apropiarse igualmente de las bocas del padre río Orinoco, como lo había hecho con otras grandes bocas acuíferas en el mundo (India, Egipto, China, África, etc.)  que como eje mercantil   producían un tráfico incluido de esclavos y negocios constantes y porque sabían que desde tiempos del pirata y honorable señor (Sir) Walter Raleigh, cuya estatua  custodiada por tropas especiales se encuentra en las propias puertas del palacio londinense de Buckingham, como se ve a simple vista, arriba del Orinoco había cantidades de riqueza en este sentido, para luego desarrollar. Porque a poco (1885) de manera primitiva Venezuela había producido 8.200 kilogramos de oro puro, lo que volvió locos a la gente de Londres (por ello el primer intento inglés de ocupar nuestra Guayana Esequiba fue en 1835), que a la carrera comienza su expansión hacia Venezuela, de donde el vivaracho Presidente Antonio Guzmán Blanco, amigo igualmente de las libras esterlinas , se queja ante Londres por esta inaudita intromisión, mientras desde el alborotado Támesis londinense se  ve con gran interés monetario  el río venezolano Esequibo  (Esequivo, en recuerdo a su descubridor Juan de Esquivel) para por allí introducir siervos y vasallos hacia las ricas minas auríferas guayanesas ya en buena producción.

 

    Ante este ataque permanente  y mientras en las disputas con oídos sordos de más de un siglo duradero los desaforados ingleses colocaban tropas coloniales en territorio venezolano de siempre desde la época del descubrimiento del mismo, sin tener Venezuela un equipo de diplomáticos avezados para proteger aquellos grandes espacios orientales ante las continuadas intromisiones inglesas,  los analistas Estados Unidos y previendo que esa agresividad de Londres volviera al territorio norteamericano (Canadá etc.) más aún cuando la llamada Doctrina Monroe tocaba las puertas de una seguridad expansiva (América para los Americanos, de Norte a Sur, como era su esperanza), a objeto de evitar encuentros con los pares ingleses con quienes en este sentido tenían muy buenas relaciones en otras partes de la tierra, deciden acoger la insinuación tímida  en “ayuda” de Venezuela, y tras parloteos interesados en Washington a este respecto  para montar un nuevo aparato colonial ofrecen a Venezuela mediar ante Gran Bretaña con el Tratado de Washington,  a objeto de que los  imperturbables ingleses amigos de los asesinos gurkhas nepalíes acepten y resuelvan sentarse en París ante una mesa conjunta para mediante el sistema de Arbitraje discutir sobre una línea divisoria de estos puntos limítrofes en tensión y cuando ya Londres  previamente había destacado un equipo de investigadores asalariados a fin de dibujar nuevos y falsos cuanto amplios mapas geográficos de dichas zonas, para lo cual escogen de su parte al señor Federico De Martens, un inolvidable  avejentado ruso zarista que se especializara  en el mundo de cambiar linderos, con voz y voto en dicho grupo inescrupuloso, gran amigo de la casa real Romanov, que como sabemos eran primos queridos y cercanos de la Real Inglesa, en cuyo centro mandaba como gran matrona imperial y gustosa de sojuzgar naciones a su gobierno universal, porque incluso buena parte de la casas reales europeas eran primas de su tía la inaudita Emperatriz y Reina Victoria, de viejo origen alemán, que tuvo nada menos que 9 hijos y 42 nietos en un largo paritorio reinado donde  prácticamente a través de expertos rapiñosos gobernaba  en el mundo dicha reina y sus secuaces ennoblecidos. Uno de estos bandoleros tarifados (así lo tildo por su nefasto comportamiento) al que también hay que mencionar expresamente es lord Robert Schomburk (1804-65, foto de abajo a la derecha), explorador de ascendencia sajona quien por cuenta de Inglaterra y con un equipo especializado en adulteración de líneas  fronterizas con paciencia malsana pero  retribuida con creces  se dio a levantar mapas hipotéticos por falsos de toda ralea, según el interés de la todopoderosa reina Victoria, con que se apropiaron los ingleses inmensos territorios en el marco mundial, e incluso el desastre aún impune que este Lord hizo en Venezuela con los malditos mapas, que además en linderos amañados con osadía característica se acercaron hasta nuestra querida población de Upata, muy próxima del áureo El Callao. (foto abajo derecha, Robert Schomburk).


4) GESTACIÓN DE LA TRAMPA.  Para conocer la trampa alevosa de un comienzo en que por obra de dos potencias hermanadas y frente a un país que entonces lucía con perennes guerras intestinas y la malaria mortal además,   con dos y medio millones de almas llenas de enfermedades que usted puede entender, es necesario primero señalar personajes escogidos a dedo por ambos imperios (inglés y americano) para confabularse a través de artimañas en contra de nuestros intereses patrios. Como es lógico suponer  los ingleses  acuerdan enviar  una delegación de Jueces Arbitrales compuesta de caimanes avezados en las trampas mundiales, para lo cual designan un  equipo de combate bien instruido por el imperio en estos menesteres ilegales. Y aquí es donde aparece la figura homérica de Mallet Prevost quien por su propio honor y ante tamaña desfachatez aplicada supongo no dormía pensando en la tremenda experiencia tenida en aquellas conversaciones preparadas de antemano para acabar con Venezuela, y que años después con el dolor mantenido por la afrenta comunicara sotto voce a  su colega de bufete en Nueva York, Schoenrich, con quien luego de razones fundadas el preocupado Mallet  convino finalmente en escribir un memorándum que explicase todo lo sucedido en aquellas tan agrias reuniones que eran apenas una pantalla de los hechos de antemano preparados, memorándum éste que  años después entrega  desde luego y para ser conocido a su colega Otto Schoenrich, a fin de hacerlo público de saberes solo después de su muerte, como en efecto ocurrió.   Este memorándum, que le dio la vuelta al mundo por las vagabunderías coloniales inglesas que allí se perciben, y que debe ser publicado por el Gobierno Nacional  a objeto de escarnio y recuerdo de todo el público venezolano, sirvió de ayuda fundamental para que el gobierno de Venezuela y a través del entonces probo Canciller Luis Emilio Gómez Ruiz ante las Naciones Unidas delatara por graves  tales inauditos hechos, tan graves como para abrir nuevas conversaciones  sobre estos tremendos desmanes internacionales de geofagia utilizada.

5) El importante escrito del doctor Mallet Prevost. Este joven abogado que acompañara a la delegación americana a discutir y resolver sobre los hechos denunciados por Venezuela  voy a resumirlos tal cual y como lo expone el mismo doctor Mallet Prevost (miembro de la firma neoyorquina de cinco  abogados “Curtis, Mallet Prevost, Cole, Mosle y Otto Schoenrich), en cuyo recuerdo y valentía nuestra Patria le debe un homenaje imperecedero. Y así relata el doctor Mallet:  “…….Antes de irse a París  el Juez Brewer (abogado norteamericano representando a Venezuela) y yo nos reunimos en Londres, y estando allí presente  el Señor Henry White, Encargado de Negocios  de los Estados Unidos, nos ofreció una pequeña comida  (de tanteo) a la cual fue invitado el Lord Justicia Mayor  Russel of Kalowen, abogado británico.  En el curso de la conversación “me aventuré a expresar que las decisiones de arbitrajes  internacionales  debían fundarse exclusivamente en consideraciones legales”.   Ante esta cuestión planteada Lord Russel respondió  sin chistar y de inmediato : “Estoy enteramente de acuerdo con Usted, aunque estimo  que los arbitrajes internacionales  deberían ser conducidos por vías más amplias  y tomar en consideración  cuestiones de política internacional”.  Desde aquel mismo momento  comprendí que no podíamos contar  con el británico  Lord Russel para decidir la cuestión fronteriza sobre la base de estricto derecho”.



6) Reunión de París. “Cuando nos reunimos en París el 1° de junio, conocí a Lord Heun Collins (abogado británico), en cuya entrevista apareció claramente que dicho Lord  estaba sinceramente interesado en darse cuenta completa de todos los hechos del caso y en determinar la Ley a éstos aplicable”. Toda la actitud de Collins  y las numerosas preguntas que formuló eran críticas de las pretensiones británicas, dando la impresión así  de que Collins ante el tamaño del agravio  demostrado su voto justo  se inclinaba   hacia el lado de Venezuela. “Poco después el Tribunal respectivo (Melville, por Venezuela; Fuller y Brewer, norteamericanos; Collins y Russell por Gran Bretaña, y como se dice no hay quinto malo (¿?) completa esta pentarquía seudo jurídica el cuestionado De Martens, íntimo colaborador de los reinantes Windsor y en calidad también  nada menos que de Presidente del Tribunal, quien acorde con los otros miembros  suspendió las sesiones durante dos semanas.  Por su parte los dos árbitros británicos regresaron a Inglaterra llevando consigo  al Señor De Martens, igualmente Juez en este Arbitraje.”  El profesor Federico de Martens (1845-1909), de origen ruso estoniano y jurista fue nombrado, repito,  nada menos que Presidente del Tribunal (como decimos en criollo, se paga y se da el vuelto),  y por sus contactos íntimos con la Casa Real Británica  se sabía que su voto final en el caso iba a ser sin duda a favor de la Gran Bretaña.  Además era experto en este tipo de arbitraje internacional, que como diplomático y jurista estaba al servicio de Rusia, siendo Juez del Supremo Tribunal de Presos  Ruso,  Miembro del Consejo Privado del Zar y profesor universitario. Actuó de igual manera  en las negociaciones de Rusia con Japón (1905), trabajando también en el problema pendiente de la Guayana Esequiba (1897) y en la disputa de Francia con el Reino Unido sobre Terranova (1891). Ese era tal cual el mentado De Martens,(fotografía abajo).

7) Al come back de Inglaterra de estos dos árbitros y cuando como expresa Mallet Prevost  “reasumimos nuestros puestos arbitrales, ya el cambio del juez Lord Collins era claramente visible, o sea no hacia la defensa de Venezuela,  como si hubiera ocurrido algo en Londres”  para producir cualquier cosa a favor de tal viraje inesperado.   “Al regreso al trabajo, apunta Mallet Prevost, entré  al departamento de los jueces americanos y fue cuando el juez Brewer muy excitado me dijo sin titubeos “que era inútil  continuar con esta “farsa” (sí, farsa), y que el magistrado Fuller  y él habían decidido revelarle  “confidencialmente” que De Martens (comprado por el zarismo) en la tramoya final fue a verlos  en sus despachos  para informarles  que Russell y Collins  habían decidido votar a favor de la famosa línea divisoria trazada por el alemán Schomburgk (1841) como “la verdadera frontera”, partiendo de Punta Barima, con el control por Venezuela de la boca principal del río Orinoco, pero que si los defensores (ellos) de Venezuela  insistían a su favor sobre lo expuesto anteriormente, entonces dicha línea delimitante  partiría desde el río Moroco (Moruca) según lo expuesto por De Martens, dándose igualmente entonces a Gran Bretaña  el control de la boca principal del río Orinoco. Pero como el intermediario De Martens quería una sentencia unánime, o sea blindada, sin otro camino a escoger, de manos atadas en el caso  Venezuela tuvo que aceptar lo inaudito propuesto por el infame De Martens, mientras que  él hablaría con Lord Russell y Lord Collins para llegar a dicha decisión final, dando solo a Venezuela del inmenso territorio reclamado  apenas el control  de la boca del Orinoco, y como premio de consolación  5.000 millas  alrededor  de esa boca propuesta, quedándose Gran Bretaña nada menos que con el 95% de aquel inmenso territorio reclamado. Es importante y preciso recordar que en busca de nuestro oro y diamantes  en 1887 Inglaterra  extendió su colonia de Guayana Británica  de 33.000 millas2 a 76.000 millas2, ocupando luego en 1890 203.310 km2 más del territorio nacional, y después los dos imperios gemelos  de que he hablado actúan de manera solapada para arrebatar a Venezuela otras 50.000 millas2 más. Como queda escrito.

Esta decisión final, obra  característica  de la tramoya del vendido De Martens con su voto decisivo, que actuaba de acuerdo con Berlín,  Rusia y Gran Bretaña (“probablemente Gran Bretaña dio a Rusia ventajas en otra parte del globo”),  dadas las intimidades  familiares de sus casas reales y en vista por demás de la futura ampliación del imperio alemán (África, América del Sur, China, etc.), mantuvo en gran aprieto al expresidente norteamericano general Benjamín Harrison y miembro del Tribunal, poniéndolo contra la pared,  al extremo de sacarlo de los cabales y recordando palabras altisonantes viendo aquella desgracia sucedida (Harrison opinó ab initio disentir de lo expuesto en la sentencia de marras (“la proposición de Martens es inicua”,  y el mismo presidente americano Cleveland entonces los llamó “sucios”), aunque vuelto a la realidad el gringo militar  pensó en Venezuela y la traición  ocurrida, de donde expresa que si no aceptaba tal monstruosidad Venezuela y los venezolanos nunca  se lo perdonarían, pues iban a perder las bocas del Orinoco y otros territorios en disputa que eran casi del tamaño de Inglaterra, y por ello en contra de su voluntad tuvo que admitir el execrable  infundio. En resumidas y tristes cuentas, a Lord Collins  lo compraron en su visita a Inglaterra y el ruso Presidente del Tribunal De Martens como vendido que era y experto en casos de “semibárbaros”, según se  atribuía en esta ocasión a Venezuela, haciendo su papel histórico dejó claro que era un peón de ajedrez londinense en la expansión imperial británica, como de la futura germánica.   Pero los jueces americanos sí se portaron bien (…..), aunque teniendo presente y por delante  la doctrina neoimperialista de James Monroe (1823).

Pasaron los años y aquello parecía consolidarse, pero el probo Mallet vivía inquieto por la participación obligada que tuvo en este desastre arbitral,  donde incluso los jueces vendidos De Martens y Brewer después confesaran que ellos firmaron  de acuerdo con “un compromiso previo”.  Vista esta situación de remordimiento interior en cierta oportunidad Mallet habló con su colega de bufete Otto Schoenrich sobre ese tema triste que le tocó vivir y porque como árbitro del momento  quería dejar limpia la conciencia  sobre lo acontecido y su pequeña cuanto obligada participación en tal arreglo, de donde aceptó la salida que le sugería Schoenrich de dejar un memorándum escrito a la posteridad para leerse después de su muerte sobre todo lo conocido por él en este histórico acontecimiento. Mallet Prevost, nacido en 1860, abogado internacionalista e ingeniero civil,   murió en Nueva York en diciembre de 1948, pero meses antes este socio decano de la conocida firma legal donde trabajara por muchos años,  en 1944 recibió del propio presidente venezolano general Isaías Medina Angarita  la condecoración  Orden del Libertador, en honor a sus méritos.  Ese memorándum de Mallet Prevost pronto pudo ser presentado por el Gobierno de Venezuela con el reclamo respectivo ante las Naciones Unidas,  que desde luego dio oportunidad a que se abriera de nuevo todo dicho litigio, lo que hasta hoy ostenta seguir los pasos del morrocoy por presiones endógenas. Sin embargo  y en comentario aparte Mallet  años después  asentó que lo del Esequibo “fue injusto para Venezuela” a objeto de quitarle un inmenso e importante territorio de salida al mar, a través de una serie de delitos consumados, aún no prescritos, según expone en reciente comentario el venezolano doctor Angulo Fontiveros, y donde agrega, además,  que dicho juicio no tuvo motivación jurídica, por lo que está sujeto a nulidad absoluta.

8) PELIGROS PARA VENEZUELA. Ante la situación que ya se está viviendo en la vuelta de 180 grados que ha dado el litigio sobre nuestro gran río Esequibo, debemos ser bastante precavidos y tener el ojo avizor con amigos, o mejor enemigos solapados, que los hay muchos desde los tiempos coloniales. Entre ellos dentro de los mismos órganos internacionales, que bien manejan y hasta mantienen las Grandes Potencias y por la riqueza cierta  que ahora no deja dormir a algunos sobre los descubrimientos en nuestra Guayana Esequiba. Quiero hacer algunos comentarios personales  porque no estoy adscrito a corrientes políticas en actual tensión, lo que le da mayor fuerza a mis palabras.  Para iniciar estos microplanteamientos  estoy de acuerdo con los más sensatos  que de nuevo abierto el litigio bajo ningún concepto debe ir ante la Corte Internacional de Justicia, organismo de cerebros comprometidos por diversos cauces en la política internacional y que en el fondo está controlado en mucho por Inglaterra (Commonwealth), de donde se desprende sin mayor estudio el porqué de mi explicación firme, y vaya como ejemplo lo ocurrido inesperadamente en el caso marítimo de Nicaragua (algo parecido a nuestro litigio de 1899) que se reconocieron las islas e islotes inhóspitos a favor de Colombia, pero la gran riqueza del mar circundante o costa de los Misquitos (antes dominado por Inglaterra) se otorgó a Nicaragua, que no dispone de medios ni nunca ha tenido en cuenta tal riqueza ictiológica. De donde el mediador no puede ser un interpuesto designado aunque tenga el currículo lleno de títulos. Que esto quede bien claro.

Otro aspecto a tener en cuenta son los benditos “amigos” que aparecen en estos momentos cruciales, sepulcros blanqueados que se prestan a todo género de componendas como el caso del Secretario de Estado Americano Haig que engaña a la Argentina con cantos de sirena, mientras la desvencijada Inglaterra acomodaba vetusta flota para acabar alevosamente con los incautos soldados argentinos  que derramaran su sangre por esos locos militares (Galtieri, Velasco, Videla, Perón, Noriega, Trujillo, Baptista, Somoza, Papa Doc, Pinochet, etc.) en esa miniguerra  que pareció más pelea de burro contra tigre, salvo el caso heroico del buque inglés hundido en dichas aguas malvinenses por una bomba misilística exocet. Y aquí tocando este tema voy a ser más explícito con respecto a nuestros hermanos latinoamericanos,  lo que en verdad no pasa de ser palabras pomposas porque en momentos de las chiquitas cada uno tira por su lado según los intereses a defender, y en ello incluyo al paciente Evo Morales, quien espera un milagro de su pachamama para que Chile le devuelva el llamado corredor al mar Pacífico. Y viejecito lo veré en esa afanosa espera.  Otro caso de mucha connotación para Venezuela es el referido a nuestro hermanos brasileños, quienes antes del sindicalista Lula y sus intereses empresariales (Odebrecht) de salida al Mar Caribe, que por tanto tiempo aguardaban tejieron una estrategia con Guyana para casi tender la trampa de Pirara en que los ingleses le dieron a Pirara buena parte de nuestra Guayana Esequiba, como después querían coger todo Roraima, el Rupununi y hasta el río Branco (Acre)  para hacer finalmente una negociación entre Guyana y Brasil que les iba a permitir hacer una gran carretera para llegar hasta el océano Atlántico. Ya he escrito en el blog sobre el alzamiento del Rupununi acabado por los guyaneses a sangre y fuego.  Debo aquí recordar que el territorio de Río Branco fue colonizado por franciscanos catalanes provenientes de  Guri y sus misiones, fundando en aquel territorio hoy brasileño hasta cinco poblados del humilde Francisco, que luego de arrojar de esas tierras a los dichos franciscanos catalanes, acabaron con tales poblados.   Es también bueno memorizar que el reino portugués establecido en Brasil nunca congenió  con Bolívar, y que a España en cuanto a los límites para fijar  entre el hoy Venezuela y Brasil, no fueron hechos exactos (por rivalidades entre las casas reales, al extremo que a la delegación española (de José Solano y Bote, marqués del Socorro) que fue a esos efectos rumbo al Amazonas, los brasileños imperiales los dejaron esperándolos por tres años en aquellas soledades selváticas. Ah, pero cuando se le ocurrió a Lula y sus compinches viajar de Boa Vista por carretera hasta Puerto La Cruz sí se acordaron de Venezuela y sus lucrosos negociantes, como igual lo hicieron con los guyaneses para salir al mar. Todo esto hay que tomarlo muy  en cuenta.(foto abajo).

9) GRANGER.(foto abajo derecha). Otro detalle a tomar con los ojos despiertos se refiere  a los personajes guyaneses con quienes tendremos que sentarnos para llegar a conclusiones definitivas antes de firmar documentos por demás explícitamente bien redactados. Y en esto voy a referirme a la cabeza dirigente de Guyana, porque lo demás es cuento pasado (el comunista  Jagan, los arreglos trilineales de Chávez, con Fidel (defensor de Guyana)  y la casta marxista por intereses guyanesa, encontrándonos en este caso con el supuesto general David Granger, quien de antemano es probritánico, porque de otra forma no estaría allí, a pesar de las apariencias. “Chafarote setentón” alguien lo llama. Que si bien denigra de sus  bienechores se formó en Gran Bretaña siendo especialista en guerra de  selva e infantería.  Es pupilo inglés y defiende a brazo partido sus intereses.   Como buen pupilo británico mantiene los intereses ordenados a como dé lugar. Estuvo implicado en la muerte de algunos líderes  politicos  en julio de 1973, con lo que le acusaron destacados líderes guyaneses. Trabajó en el ramos se Seguridad de su país, especialmente en la Milicia guyanesa y en planificación, recibiendo medallas por ello. Se retiró del servicio militar en 1.992. Fue miembro  destacado del Quens´s, escuela elitesca donde era Miembro Colegial del Cuerpo de Cadetes de la Reina (Isabel II), y luego tuvo formación profesional militar en Armada y Comando. Trabajó en Guerra de Selva en Brasil y el Reino Unido (Mons, Bélgica, Cuartel General de la OTAN desde 1967). Actuó igualmente en los conflictos de Nigeria (importante productor africano de petróleo de origen inglés). Analicen, pues,  quién es el señor Granger y lo que puede ser, si es hombre de armas tomar.

10) La invasión de Pérez Jiménez a la Guayana Británica.(foto a derecha David Granger).  El Presidente Pérez Jiménez, cuya labor constructiva  ahora más se reconoce, siendo Presidente de la República se dio cuenta del problema en que andaba nuestro país, por el ataque directo e indirecto que siempre tenía de potencias etranjeras, de donde a partir de 1951 comprendió la necesidad de recuperar nuestra Guayana Esequiba  como solventar igualmente lo concerniente al Lago de Maracaibo, lleno de Petróleo,  y el problema con respecto a los islotes de los Monjes, como firme defensa a la entrada y salida del Lago de Maracaibo y por ello con un distinguido grupo de altos oficiales procedió  de manera secreta a ir adiestrando tropa especial y adquiriendo material militar, pertrechos de última generación y calidad como barcos de guerra construidos en Livorno, Glasgow, los Estados Unidos, importación de carros de guerra, lanchas de igual categoría, fragatas misilísticas,  tanques,  aviones  militares a reacción (Meteor, Vampiros, aviones  supersónicos F16, material misilístico,  fusiles y cañones belgas y otras armas de gran potencia para desalojar a los ingleses de la Guayana Británica, para siempre. A objeto de invadir y recuperar nuestro Territorio Esequibo y aprovechando que los ingleses de la Shell se hallaban en condiciones financieras para poco luchar, a la chita callando Pérez construye carreteras de selva hacia el Esequibo, aeropuertos de igual categoría, analiza la isla de Anacoco, que pronto se recuperará al patrimonio nacional, mejora cuarteles  y campos de aviación, mientras se reclaman dos portaviones americanos  de la Segunda Guerra Mundial, equipos de helicópteros, un crucero ya construido, tres magníficos destructores  pesados (tipo Nueva Esparta), seis destructores livianos clase Clemente, cuatro submarinos (uno usado americanos, 12 patrulleras para resguardar nuestro mar, dos dragaminas, lanchas de desembarco, ametralladoras y otro material bélico suficiente para transportar la infantería de Marina, ya construido, entre otro material sujeto a secreto militar. Lo naval iba a ser dirigido por los vicealmirantes patriotas Carlos y Wolfgan Larrazábal Ugueto, y los aviones con centro en la base de militar de Maracay tendrían un comando pronto a designarse por el Presidente Pérez. La operación se iniciaría el  viernes 14 de marzo de 1958 por Decreto de la Presidencia de la República y se esperaba que la mini guerra iba a durar por pocos días. Pero desgraciadamente  la operación fue suspendida con acasión de la renuncia a la Presidencia que hizo Pérez Jiménes en la madrugada del 23 de enero de 1958 y su salida del país. En posterior blog detallaré la invasión recuperativa del Rupununi  y la desgracia con la desaparición de este avión militar.(foto  abajo Reina de Inglaterra Isabel II).

Amigos invisibles. Espero que en próxima oportunidad y según vayan apareciendo nuevos acontecimientos al respecto, les iré informando de los hechos. Pero sí quiero desde ahora dejar bien sentados para que el Gobierno Nacional los realice , ciertos consejos que complementan  los que he integrado con alto patriotismo en este trabajo histórico.

1)      Como opina el doctor Angulo Fontiveros ir a la Corte Penal Internacional por usurpación territorial, y porque no prescriben los delitos de lesa humanidad.

2)      Crear la Plaza o rotonda Río Esequibo en su honor y en Caracas, posiblemente cerca del Círculo militar o en la Avenida de las Fuerzas Armadas.

3)      Cedular a todos los venezolanos nacidos en Rupununi, porque así lo acuerda lo Constitución Nacional, lo que se hizo en parte luego de esa revuelta pro venezolana.

4)      Cambiar el nombre de Esequibo por Esequivo y mediante Decreto Ejecutivo,  de la Gaceta Oficial, para evitar confusiones o mal entendidos fronterizos sobre los acuerdos internacionales.

5)      Acercar nuestro equipo de trabajo a la Organización de Naciones Unidas ( Ojo en la ONU también hay pillines de negocios donde con toda seguridad y por cualquier votación Venezuela se verá beneficiada con el afecto de tantos países que han sufrido y sufren aún problemas graves de esclavitud, bajos empleos, miseria  y desamparo.

6)      Desde ahora izar nuestra Bandera Nacional  en territorio esequibano de manera permanente y según los reglamentos militares al efecto.

7)      Crear un Comité Nacional del Esequibo, compuesto de militares y civiles, que junto con el Gobierno Nacional se encargará en su debido momento sobre el regreso del usurpado nuestro territorio patrio en las debidas condiciones indemnizatorias.

8)      Sugerir a las Facultades de Derecho del País que realicen permanentes seminarios, conferencias, simposios, cátedras abiertas y otras actividades cónsonas con el fin de emprender el avance  y el conocimiento  de lo que comentamos.

9)      Crear el “República Bolivariana de Venezuela. Estado N° 25”, o sea El Estado Esequivo, con todos los atributos de Ley, cuyo asiento será si así lo dispone el Ejecutivo Nacional, Punta Barima, elevada a capital respectiva, con los medios de transporte de vigilancia y patrujllaje requeridos, de manera permanente y con un apostadero naval.

10)  Elegir para formar parte de la Comisión Devolutoria del Esequibo, al Estado Vaticano, que a este respecto ha hecho mucho y  sin ninguna preferencia, a favor de los débiles, sin interferencias internacionales, como no ha mucho lo hizo a satisfacción de las partes en el famoso litigio del sureño Canal de Beagle.

11)   Acordarse de algo muy claro: Esta vez Cuba no intervendrá en el negocio del Esequibo porque de antemano había cuadrado con los Estados Unidos  sobre la relación hoy existente. De manera que Venezuela debe despedirse de esta extraña colaboración marxistoide cubana, porque no existe otro remedio. Para mí y da dolor decirlo, es mejor que el Caricom (el diablo inglés ayudó a crearlo) ande por su lado traicionero, porque avergüenza lo que ha hecho a nivel internacional y eso tiene su nombre. Todo eso es una infamia, con sus secuelas posteriores.   A buen entendedor pocas ……

 

Bueno, apreciados amigos, los dejo mucho pensando hasta el próximo blog y espero que sobre este tema candente encuentren bastantes conclusiones, sin gríngolas y con visión nacionalista.

sábado, 18 de julio de 2015

DESENTERRANDO A SIMÓN BOLÍVAR.

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 Amigos invisibles. A partir de este momento estimo cometer cualquier  pecado mortal para algunos incrédulos de lo que voy a dirigir como cruzada, aunque para otros pensantes y analistas de la realidad  en que vivimos mi intención supone adentrarnos en ciertos aspectos vitales que antes eran como inconcebibles y llenos de peligros o tabúes hacia quienes los trataban porque las ciencias históricas en medio de críticas retorcidas por amañadas y alegres no habían aterrizado  en los meandros evolutivos de Carlos Darwin o bien porque el pavor  quedante de la Santa Inquisición con aquella frase eterna de “delenda est Carthago” servía para de inmediato impedir cualquier estudio de envergadura que se pretendiera realizar.  Ello desde luego devino en un cambio sustancial de la realidad a veces debido a que en boca cerrada no entran moscas, y otras tantas  para ganar puntos  a  favor en la búsqueda de ciertos privilegios o arrimos, y desde luego que las más deleznables razones estribaron en eso que se llama torpeza, aunque no sea supina, porque de falsas circunstancias que se manipulen plenas de compadrazgos y de otras  no menos interpretaciones excedidas a lo largo del tiempo se han elevado argumentos fútiles sobre hechos de la realidad mal concebidos y hasta encima de bases fuera de contexto que hacen mal sin saberlo, tomando así  el rábano por las hojas para sentirse mejor en el equívoco, mientras crece el galimatías y se enreda más el papagayo.  Por ello esta cruzada que ahora voy a emprender y que con anterioridad lo he expresado dentro del blog no intenta deslucir a nadie sino al contrario poner los puntos sobre las íes porque es absurdo que a estas alturas del almanaque se sigan acumulando textos cargados de irrealidades infantiles salidas desde mentes afiebradas y hasta drogómanas como ustedes habrán podido apreciar oportunamente, que en vez de esclarecer confunden cada vez más el espíritu profundo de los hechos y la presencia convulsa de los personajes contradichos.
Pues bien sobre esos caminos tortuosos y llenos de otras dificultades presumibles comenzaré a referirme en varios trabajos para meditar ustedes sobre la vida y misterios, los desaciertos y los triunfos del más importante de nuestros personajes a historiar, o sea  del nombrado caraqueño Simón Bolívar Palacios, y como la Santa Inquisición a la cual me he referido ya no existe, puedo con amplitud discrepar dentro de  una sociedad  ajena de complejos en la cual vivimos y sin que desde luego todos no comulguen con las ideas y conclusiones que se expondrán porque ello sería como pedirle peras al olmo ya que  cada uno anda por el lado más conveniente a sus intereses en este inmenso valle de lágrimas de diversa procedencia y porque muchos con aquello de la ley del menor esfuerzo se dejan convencer en las primeras de cambio, convirtiéndose luego en apóstoles de lo absurdo y siguiendo por esos caminos innobles que han deformado nuestro verdadero ser y de cómo por supuesto el país y su historia es otra, debido una vez más a tantas debilidades de raciocinio que mal interpretan, o lo que es más crítico, al tener otros compromisos que sin saberlo y dentro de la filigrana tejida cambian el ritmo musical de la Historia cuando los arúspices se entrometen y casi prohíben que la verdad sea dicha aunque duela, como se ha insistido en tantas ocasiones.    De donde sobre estos parámetros del buen sentido social y aunque todavía pudieran existir aquellos que en el eufemismo llamaron “vacas sagradas”, vamos a irrumpir contra ese pensamiento caduco, caudillista y totémico que tanto daño causara sobre todo a partir del siglo XVIII cuando el gobierno de las tribus se alza en demasía, lo que provoca desde luego los contrasentidos del siglo venidero para bañar con sangre hasta inocente tantos desaciertos alocados acaso tenidos en el equívoco por simbológicos, que llenaron las páginas de América Latina de una desolación incontrolable y que aún hoy dentro de ese panorama falto de espíritu conmovedor trata de robustecer una presencia que mucho daño ha causado a nuestra colectividad donde algunos pontifican sobre hechos  escasos de mesura y otros por compromisos ideológicos de amaño en escuelas de terror e ignorancia con tendencia a proventos posteriores, juegan en ese charco de la estulticia convencional aislados del temor olvidándose al tiempo que tantas faltas puedan sancionarles en el decurso de sus vidas actuales y futuras.  
Precisamente sobre esas falsías y superabundancia errónea de los hechos es que voy a tratar en este cuaderno de detalles que puede usted considerar un libro (25 trabajos a publicar aquí), porque a lo largo del tiempo y del trajín en que incursiono he podido encontrar cierta verdad necesaria no para destruir sino para ir colocando en su justo pedestal a ese personaje pétreo que llevamos por dentro llamado Simón Bolívar, tan lleno de equívocos temporales como producto de la audacia o en la interpretación, según  lo digo ahora, cuanto de triunfos  hasta sortarios, porque aquello de los dislates sostenidos por más de dos siglos fueron enterrados mediante malabaristas oportunos  para no dañar su divina presencia, pero que en estos días y por fuerza de la verdad analizada con la aparición de trabajos de diversa factura y ahora más copiosos como los de Herrera Luque, Carrera Damas, Sañudo y otros más que recuerdan su presencia y aquí reseñaré, incluyendo mi contribución escénica a tanta realidad dolorosa, donde se ha podido ir abriendo paso  la trémula realidad en medio de esa selva oscura a que aludiera el visionario Dante florentino, para decir lo cierto, elemento vital que nos conmueve y que a partir de ahora será el estandarte de nuestro mayor problema indagatorio.  Pues bien, según he podido encontrar fuera de otros conceptos atinentes a la figura de este caraqueño libertador (aunque otros no lo consideren así) como  dije algunos veinticinco estudios  sobre el personaje recojo en las páginas de este blog, donde al movido actor de nuestra trama  trato de pintarlo de frente y perfil, o sea con sus éxitos bien calculados cuanto de posibles desaciertos de todo lo cual dejo que se encarguen a completar los buenos críticos históricos y no comprometidos (emanados muchos en la nueva cosecha de ese cenáculo o sancta sanctorum caraqueño llamado Instituto Pedagógico), desechando incluso algunas teorías incrédulas según sea mi opinión  del momento, siempre de acuerdo con lo poco de humildes conocimientos que mantengo.
Y como para la muestra basta el botón en este sentido con el pensado título parcial “LA TIRRIA DE MARX CONTRA BOLÍVAR” iniciaré el análisis presente trayendo a colación la figura paradigmática de Carlos Marx y el combo ideológico portador a la cabeza, con sus largas tenidas metafísicas para de esta manera amparar lo filosófico de las propias creencias esotéricas de lucha, pensador éste prusiano decimonónico  nada creyente del caraqueño  que por antonomasia adversaba de corazón a nuestro Simón Bolívar (en ello al  no estimar las ideas bolivarianas dada la condición mantuana del caraqueño y por ende ciertas concepciones poco liberales de sus planteamientos, o sea  a  causas conocidas con que chocaban sus pensamientos políticos) y otras tendencias oportunas que le dieron de comer mediante encargos editoriales por cierta temporada tanto a él como a su empobrecida familia, cuando  se comprometió a sustentar una columna de opinión especializada en la “Nueva Enciclopedia Americana”, donde demostrando con detalles ubicuos el desconocimiento sobre la realidad de nuestro continente en vía de revueltas, como ya estaba en trance de enterrar un imperio ultramarino y de soslayo descubrir otro más impositivo siendo buen heredero del inglés, teóricamente esclavista.   El ideólogo y teórico sistemático  Marx admirador en cierta forma de Hegel y con ayuda de su alter ego adinerado Federico Engels, al digerir interpretando en conciliábulos oscuros  la historia que de manera equivocada se escribiera en América y a contraluz podía analizarse en Europa, se dio a la tarea de estudiar por contrato la figura de este capitán histórico y cargado de ilusiones, en cuyo trabajo erró algunas veces por la distancia  de sus conceptos y la visión subestimada que se tenía entonces de  la América española, convirtiendo aquellos escritos especiales que produjo en algo endeble, mal informado pero que causaron conmoción momentánea en esa época de cambios industriales y del pensamiento fosfórico a la par que se desarrollaba un siglo XIX europeo lleno de contrastes y como afirmo, de equívocos, dudas y rodeos, mientras Marx seguía sin descanso en los empeños de construir sus palabras sobre tantos aconteceres americanos a veces de cuestionable interpretación, de cuyas resultas  inexplicables provino, por ejemplo, la sarcástica idea de comparar a Bolívar con el siniestro gobernante de origen africano conocido como emperador mandinga haitiano Faustino Souluque.
 Dentro de los desaciertos habituales el hebreo prusiano Marx consideró a Bolívar  como “el canalla más cobarde, brutal y miserable” conocido (carta a Engels del 14-2-1858), continuando con su concepto adverso al alegar que el caraqueño era “un mito de la fantasía popular”, y siguiendo por esa vía  lo designa claramente dentro de lo peyorativo que era “un mantuano español”, cuando todavía se interpretaba el mantuanismo clasista  y su descenso de valor como algo en vías de perecer. De aquí prosigue la posición bolivariana entonces mantenida cuando este caballero teutón exclama que en la revuelta  de 1810 (19 de abril) rehúsa Bolívar adherirse a la causa del Rey (ya antes lo he explicado aquí con detalles suficientes), y que solo le interesó tal contienda revoltosa para salir de la apatía cuando por mediación de su exaltado primo hermano José Félix Ribas dadas las condiciones económicas y sociales en curso lo buscan para que encabece una misión especial enviada a Londres en solicitud de ayuda política y militar, la que por su inmadurez para encarar este tema difícil terminó en un fracaso, pues como era de suponer y hasta de esperar  Londres no quiso indisponerse con la Casa Real española, porque a ella le unían fuertes lazos de diversa índole y entre ellos sanguíneos, de donde temerosos de perder capital luego impagable  a los fanáticos solicitantes apenas se permitió la venta de algunas armas  pagadas de contado  con fuertes tributos impositivos.  
Y dentro de lo que escribiera Marx en aquel tiempo lleno de contrastes como reitero hablando en general sobre Bolívar, a este joven e inexperto caraqueño el prusiano le achaca la pérdida de Puerto Cabello (julio de 1812) una vez emprendida la guerra, e incluso Marx afirma que para paliar ese desastre  Don Simón en la derrota  huyó a esconderse en sus propiedades  de San Mateo (Aragua) , y que luego de pasado el peligro personalmente va al puerto de La Guaira para lleno de ira detener sin mayor respaldo de certeza a ese gran venezolano cultivado y guerrero o sea el general Francisco de Miranda, a quien traiciona igualmente creyéndolo vendido, y por ende en la madrugada con oscuros subalternos del momento arresta sin otras consideraciones a su antes admirado amigo y lo entrega sin más a las autoridades españolas, o sea al feroz canario Domingo Monteverde, analizando Marx que este favor a la causa real fernandina con la rendición del ilustre guerrero caraqueño, en recompensa el gobierno en funciones a Bolívar le entrega pasaporte español para poder viajar a Europa, según lo consigna Iñaqui Anagasagasti.  Y de esta misma forma a discutir aunque mediante pruebas suficientes y no calcadas en notas alusivas a pié de páginas con que se pretende distorsionar la realidad entonces viviente, el poco conocedor de esta etapa americana que fue Marx asegura de igual manera que Bolívar por disgustos supuestos con el cartagenero Manuel del Castillo y Rada entregó la ciudad combatiente de Santa Marta al pillaje o rapiña de la soldadesca ansiosa, en 1814 y ya rendida dicha  capital  samaria colombiana, produciéndose luego un saqueo general que duró 48 horas, con los desastres consiguientes. Otros datos más resaltantes para el esclarecimiento del suceso no aporta este prusiano Marx, cuando el caraqueño tenía órdenes a cumplir para actuar desde Bogotá.  Y sigue en la discusión el tan amigo de Engels al tiempo de  sostener que el viaje de Don Simón a Caracas es una suerte de huida hacia adelante por un período de ocho meses, queriendo todo ello justificar luego con la acomodaticia y frívola conocida Carta de Jamaica, todo lo cual requeriría un estudio más detallado porque pareciera que los datos que aportase no concuerdan con la realidad. De igual modo ligero también lo explica el alemán tratando el año 1816, al Don Simón escaparse de la “diminuta” fuerza que comanda el canario Francisco Tomás Morales en Valencia, cuando este  caraqueño  retrocede de Ocumare de la Costa rumbo al mar  y se embarca con rapidez junto a la “señorita Pepa”, su amante de entonces,  dejando a  los que se quedan, como opina  Bideau, por falta de capacidad “sin el menor auxilio”, lo cual no es del todo verdadero y lo ignora el señor Marx, según antes explico en este blog investigativo.  
Por esos desafueros tan controversiales  del general Manuel Piar, que era familia del Libertador mediante fundadas noticias genealógicas y ya con esperanzas de suceder al caraqueño, ofreció llevar a este pariente a un Consejo de Guerra “por deserción y cobardía” (“Marx dixit”), siendo para entonces Piar “héroe singular” y Bolívar “dictador, traidor y cobarde” que abandona en la isla de Margarita  para poner en manos españolas al general Juan Bautista Arismendi, según así lo aprecia el referido Marx.      Cosa parecida ocurrió en Barcelona con el general Pedro María Freites cuando el sitio de la Casa Fuerte  (1817), por cuyo motivo este valioso militar del Oriente venezolano  tiene que inmolarse peleando en aquel encuentro traidor, aunque como sabemos que el fondo del problema era una disputa  permanente entre ambos guerreros y sobre todo desde cuando el valeroso y aherrojado Piar llamara a Bolívar ante un grupo nada discreto que este caraqueño al que cita en ese momento, era el “Napoleón de las retiradas”, por cuya causa considero Piar de entonces firmó su propia sentencia de muerte, que en poco tiempo y mediante artificios oportunos permitieron a Bolívar con justa razón para el momento ordenar la prisión de su pariente, seguirle un juicio militar y pasarlo por las armas a este digno soldado entre los más valientes de nuestra Guerra de liberación pero que falto de prudencia y a través quizás del engaño se enfrentó con valentía ante el pelotón militar en Angostura. De eso nada sabemos por escrito del filósofo y entendido, que no en todo, Carlos Marx.
     
Carlos Marx
   Yéndose por entre otros senderos de su astucia intelectual e histórica el llamado Padre del Socialismo Marx afirma también que la conquista de Nueva Granada en buena parte se debe a las tropas inglesas, lo que en el fondo es una verdad a medias al dejar afuera a tantos soldados y oficiales no británicos sino irlandeses católicos y escoceses, sin cuya colaboración la sangre hubiera corrido en mayor cantidad.  Y aguijonea luego de  quien trato cuando el filósofo barbudo y comunista hebreo agrega con sorna que luego de estos hechos guerreros tratados y por marcharse a Pamplona el caraqueño “pasó dos meses en saraos y fiestas”, lo que es otra verdad a medias pues con los suyos en el laboratorio militar que instala en esa ciudad serrana se dio a reconocer futuras operaciones en la guerra emprendida que de contraparte tenía al Conde de Cartagena y futuro Marqués de La Puerta, uno de los grandes militares españoles que lucharon en esta guerra de Independencia.   E igualmente  continúa en el empeño del descrédito contra el señorito mantuano de Caracas al escribir que Bolívar no quiso avanzar sus unidades de ataque  en el llanero Calabozo (campaña de 1819) y frente a las tropas inferiores de Morillo (maniobra de dispersión, supongo en cantidad, aunque lo dudo por el apego a la figura real borbónica que aún se mantenía en esos terrenos), afirmando entonces como hecho cumplido que “ello prolongó la guerra un tiempo más”, lo que no se puede prejuzgar dado lo complicada y engorrosa  de esa campaña bolivariana tan compleja.     En parecida duda por demás errónea viene a caer el prusiano en este caso inexperto en materias históricas, cuando agrega que la tregua acordada en Trujillo (11-820) fue hecha “a espaldas del Congreso de Colombia”, lo que representa  otro sofisma de baja estirpe, una falacia más, pues es sabido con amplitud las maniobras aportadas por Bolívar y su Estado Mayor para convencer a Morillo sin que ello implicara un desbalance en cuanto a la campaña emprendida, para lo cual tenía la autorización suficiente, como cheque en blanco, de las autoridades neogranadinas y del Congreso de Colombia. “Deseando los Gobiernos de España y de Colombia…”. Así comienzan los documentos firmados en Trujillo que contradicen los supuestos marxistas. Y siguiendo con la misma insidia Marx afirma en el trabajo mandado a escribir sobre la batalla de Carabobo (24-6-1821) que dentro de la estrategia bolivariana el Libertador quería una nueva tregua guerrera “la que rechazaron sus subalternos”.   Para mis adentros considero que aquello no pudo ocurrir como el prusiano lo da a entender, sin saberse las causas, ya que la campaña de Carabobo fue planeada con tiempo suficiente, en  sus pros y las contras, hasta los detalles, lo que no obsta que discutieran y se tomaran en cuenta las opiniones de algunos subalternos para el plan y ejercicio de la batalla, en lo que ya tuvo importancia estratégica y preciosa el admirado general llanero José Antonio Páez. Luego, en la continuación de los capítulos guerreros en que interviene Bolívar el alemán alega que los éxitos de la Campaña de Quito (1822) “se debieron a los oficiales británicos”, lo que en el fondo no llena los extremos de la verdad, pues para aquel entonces la guerra se había extendido de Colombia al Perú y por tanto muchos oficiales de diverso origen y rango (colombianos, venezolanos, peruanos, chilenos, bolivianos, argentinos, etc.) luchaban en pro del ideal libertario esforzándose para ello en la búsqueda del fin deseable. Igualmente el equivocado Marx  y refiriéndose a Bolívar sobre su actuación en el altiplano boliviano dice que para congeniarse más  con el general Antonio José de Sucre, a quien algunos por sus manera de ser cordial le llamaban “Toñito”, el caraqueño Don Simón a objeto de mejor avenirse con este oriental y admirable guerrero lleno de tantas cualidades personales que contrae matrimonio con la marquesa de Solanda, “permitió más las tendencias despóticas que el cumanés  utilizaba”, lo que considero infame asentar, porque cualquiera que conozca sobre la vida de este honrado, servicial, gentil, laborioso, diplomático, y de tantas otras cualidades que portaba, como en el caso previo a la batalla de Ayacucho, sabe sobre la falsedad y desconocimiento que tenía Marx en referencia a la figura del llamado con honor Gran mariscal de Ayacucho. Ahora, que pudo ser en la guerra duro de carácter, como debió pedírselo Bolívar, por ejemplo en Pasto, él obedecía órdenes no pudiendo dejar de cumplirlas. Pero esto es harina de otro costal  y para nada enturbia la figura abierta, íntegra y liberal del cumanés.
Ahora escribiendo de nuevo sobre Bolívar Marx repite ideas propias fuera del contexto real dentro de sus parlamentos con Engels y otros seguidores de la intimidad, afirmando por tanto que con la  “mise en scene” que pusiera Bolívar en el Congreso de Panamá (1826), donde muchos dirigentes se oponían a sus propuestas  al pretender unificar a Suramérica en una república federal “cuyo dictador sería el propio Bolívar”, por cuanto asentaremos que para aquella época ya andaban en curso corrientes antibolivarianas  diversas  y por distintos factores cuyo líder en eso que pretendía llamarse Colombia era el general Francisco de Paula Santander, aunque el caraqueño por causa de aquel conflicto sangriento y tan difundido permitió desviarse de los cauces para defender otros intereses propios que enseñaban apetencias y poderes dictatoriales, según deja entrever el  filósofo alemán. Pero cuando en 1826 intenta y luego realiza la marcha sobre  Venezuela proveniente desde Bogotá, para someter nada menos que al general Páez, quien como se dice en criollo tenía el toro cogido por los cachos (cuernos), es decir entiende que gran parte de Venezuela seguía al llanero Páez alegándose que el país ahora por cuenta de Bolívar era apenas un departamento de la Colombia construida por el terco Don Simón, por cuya causa en  mayoría eran opuestos a sus planes, lo cual  entonces “asusta” al caraqueño una vez que conoce esta realidad inocultable y bien coteja al ejército de que dispone Páez,  por lo que analizando a fondo  la crisis instalada Bolívar piensa retirarse  al extranjero con una pensión anual.
 Quiero dejar sentado ya para concluir este primer trabajo sujeto a una mayor profundidad en un futuro porque es claro comprender que tantas divagaciones, inexactitudes, errores sustanciales y otros defectos del texto que señalo no pueden interpretarse en su justa medida mediante un artículo como este falto del espacio suficiente y de la profundidad a tener, con que algunos ya lo han intentado y dejando para  mí cierto sabor agridulce necesario de explicar.         No es que yo quiera y menos aspire a deslucir la figura intelectual y desde luego teórica del empeñoso prusiano cuyas tesis ya han sido más que superadas, quien con sus ideas extremas  cambió la historia de la humanidad desde los trabajos iniciales del siglo XIX, que desgraciadamente dieron término en guerras continuas y millones de muertos, como ocurre en estos mismos días por obra de las confrontaciones  religiosas permanentes  según se puede entender. Porque ese tema así enfocado para estudiar y por demás extenso no fue de mis cabales pretendidas, de donde  se lo dejo a otros amantes de esos exámenes históricos. Para finalizar esta cuestión marxista sobre un hombre tan lleno de problemas y miserias que entonces lo entornaban y que ello en algo debió penetrar la pluma con que escribiera, aclararé que el texto de Marx por mí señalado y para todos, estuvo en abandono  cuanto como desconocido por tantos investigadores acuciosos entre legajos y papeles insertos en su pérdida, pero por obra de la casualidad fue descubierto en 1935 entre legajos mal puestos o acaso escondidos bajo  los conflictos sociales de aquel tiempo.   El texto finalmente fue publicado en Buenos Aires, en 1936, donde se demostraba esta tendencia antibolivariana, carácter de fondo y opinión que  cambia a favor del caraqueño cuando por obra de los sucesos ocurridos  con ribetes de tragedia interior sucedieron mutaciones dentro del pensamiento político de la URSS,  manteniéndose así los criterios de nueva factura hasta 1959, época con viraje sustancial  de mayor amplitud en que se critica confesando entonces esa posición absurda o antihistórica venida desde atrás y por ausencia de conocimientos y profundidad suficiente sobre la figura paternal de Simón Bolívar.
Para concluir esta suerte de réquiem frente a tanto de lo que se ha escrito en materia histórica añadiré algunas opiniones sobre Bolívar que en el siglo XIX se paseaban por las mentes extremas y liberales de Europa, como el caso significativo del anticapitalista Marx y su íntimo Engels, cuando el prusiano dice que las campañas castrenses de Bolívar “fueron un alarde de mediocridad”, o los arrebatos de ira que sufre el caraqueño, “que entonces se pone como loco”, siendo “incapaz de todo esfuerzo de largo aliento” (sic), y que su dictadura degeneró  en una anarquía militar.   El comentarista José Toro Hardy recoge también  fuertes expresiones marxistas sobre el oligarca caraqueño, cuando este prusiano expresa que era “bribón, inescrupuloso, aristócrata, y que las campañas exitosas que tuvo en Colombia y Ecuador se debieron a las tropas inglesas y no a Bolívar, remachando así lo de este “pequeño burgués de ideas reaccionarias”. Por su parte el economista y político José Guerra aclara que Marx considera a Bolívar como un traidor, cobarde, desleal, militarmente inepto, racista y dictador. Veremos, pues, cómo reaccionan los testarudos panegiristas de Marx sobre esos conceptos propios del silogismo y quién daña o confunde a quien en este torneo de gladiadores temperamentales. Porque la verdad sea dicha, aunque dure rato para comprenderla.
Ya de sobremesa para la buena digestión  de lo entendido agregaré que el famoso creador de “El Capital” tuvo una vida por demás agitada, donde fuera de ser dipsómano lleno de controversias, procreó tres legítimas hijas a quienes maltrataba por ser hembras y no les dio educación, que se suicidaron. Además, para sorpresa de todos y de quien aún no  lo sepa, tuvo una esclava fiel a su orden, “secretaria” sin ningún sueldo, que le dio un hijo natural (Freddy Demuth, al que nunca tomó en cuenta), llamada ella Helena Demuth (1820-90), agraciada, natural de El Sarre, a quien trató en tal condición servil y le dio ese hijo natural a escondidas de todos.
Ojalá ustedes apreciados lectores repasen algunos aspectos vitales del señor Marx para que se enteren por sí mismos de estos tremendos datos que aquí inscribo.
                                       
Caricatura de Bolívar y Chávez 
 Por lo que sé  con respecto a la devolución de nuestro Territorio  Esequibo ojo pelao con la Corte Internacional de Justicia, organismo que está controlado por Inglaterra. Recuerden el caso reciente sobre la increíble repartición acuática en Nicaragua.
También  estoy de acuerdo y por lo que represento en este mi país, con la creación inmediata del Estado Esequibo, el número 25, pues su no erección  sería como un contrasentido de la lucha desatada y ya emprendida con total augurio. Recuerden nuestros representantes diplomáticos  igualmente el cuidado a tener con la imperial Brasi, el caso de Roraima  y el tratado de Pirara (1904) que le dio luz verde a la vieja pretensión de ellos en en su salida atlántica (que se las dio el Presidente Caldera), el caso de Rupununi, como lo que pasó fijando límites con Venezuela  (dejan tres años esperando a la comisión encargada), ahora  la grave cuestión financiera de  Odebrech, la jugarreta  y otras salidas diplomáticas delicadas que luego trataremos  para apropiarse del río Branco. Recuerden pues que en eso Brasil son peligrosos. Ojo pelao, con las sonrisas de doble intención, cuando de un millón de kilómetros cuadrados de territorio ahora tienen ocho, y lo que se espera.  Gracias.


lunes, 8 de junio de 2015

DE CÓMO FUI ESCRIBIENDO LO QUE ME DIO LA GANA.

Nostradamus.
 Amigos invisibles. Entrar en los detalles de la vida personal es cuestión verdaderamente compleja y acaso menos valedera para el interés colectivo, donde se unen aspectos como la cultura, la sindéresis, el sensacionalismo, y por qué no, hasta ciertos rasgos de eso que llaman locura, eso sí, bien entendida, para no cargar con la culpable paranoia, la esquizofrenia, la presunción, soberbia y otros males concomitantes,  aunque el soporte familiar de la primera juventud juega también en este escenario como para marcar distancias adecuando la visión hacia un mundo infinito, idílico o tétrico quizás,  donde abierto el telón de fondo siempre presente en el juego de la vida iremos por ese andar que nos señala el destino sin equivocaciones o despeñaderos. Ese quizás y buscando algún vínculo de interpretación hacia el mundo infantil con los ojos abiertos fui estirando los pasos que algunos románticos en desuso llaman pininos y otros menos sabidos catalogan de aprendizaje maternal, y con este bagaje encima me inicié atravesando senderos insospechados de una tierna infancia enaltecida donde aprendí a saber que era poeta, así no le gustara a los demás porque me sonaba discorde y sin sentido el descorrer de su canto, algo consustancial con las travesuras del pensamiento juvenil, y a veces tuve necesidad de apelar a la piedad en casos de verdadero espanto porque en el camino se encuentran escollos y escenas de brillantez no tan comunes donde debimos recurrir al señorío de las palabras que otros llaman fonemas para calmar  apetitos y ansiedades truncas aunque tranquilizando  a esos dueños de tantos gestos inermes, según lo prueban ciertos  ratos incongruentes como era previsible que debí soportar siendo en dos ocasiones  presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela para asumir la calma con frases cultas frente a distantes  ánimos incomprensibles de reputaciones consagradas, concepto que recuerdo escribiera con ácido sentido asaz retórico y para bien meditar nuestro ilustrado hombre de letras  Manuel Vicente Romero García.
Pues bien ahora asentado con cierta libertad e inspirándome por la meta interesante  de este trabajo explicativo sobre esa pirámide de sucesos extraños  que hacen historia hasta ahora, rodeado del nimbo de escritores y otros que aspiraban a serlo, en cuyo trasteo debí parecerme al coloso torero Manolete, fui posponiendo el tiempo en medio de tantas lecturas emergidas del pueblo de mi infancia, con sus fantasmas y creencias subliminales, para venir hasta Caracas a objeto de aposentar cargas ya definidas, entonces rodeado de papeles banales y lecturas dispersas  que fueron tranquilizando al espíritu de mi ser, mientras observaba viendo formar la yerba de los años en que se cimentó aquel ego naciente que para entonces y con otros deseos de mayor solidez querían ser de mejor amplitud con que abarcar más espacios de esos que pertenecen a nuestro planeta interior, porque para aquella estancia sugerida ya Caracas se me hizo angosta deseando asemejarme a Cristóbal Colón, mientras en esa temporada incierta pude conocer (apenas conocer) algunos señores de la pluma como el estrambótico aeda Rafael Olivares Figueroa un tanto fuera de sí y otros de aquella generación viernista de intelectuales ansiosos de tomar existencia. Con esos sentimientos todavía truncos por obra del medio en que viviera (la Caracas de los techos rojos) un día resplandeciente decidí armar viaje de casi ocho años de aprendizaje, para extasiarme con Europa y otros países de aquel mundo excitante, y en tanto que los europeos en masa viajaban rumbo a Venezuela ansiando la libertad estomacal, yo corría en sentido contrario rumbo a las fuentes de inspiración crítica, y como los hades del destino me protegían y aún son compañeros fieles en esta ya larga saga de enseñanzas, en agosto de 1951 me embarqué con el fin de fijar metas que eso lo harían la suerte y el entendimiento, rumbo a este mundo desconocido interior, en un viaje largo y soñado como de un mes errante con la luna, para visitar además  las Canarias y el Marruecos islámico en trasiego inolvidable y luego sentir el escozor ardiente de la tierra europea llena de fantasías, esperanzas, truenos y relámpagos, mientras sostengo agradables conversaciones del hotel Ritz en Barcelona de España con el gran pintor muralista caraqueño y ya anciano Tito Salas.  
Demás está decir que luego de Gaudí pensé entonces en el Museo del Prado y en esa catapulta de visiones que me atrajo Madrid, dentro de  este sendero relámpago de algunos ocho días para seguir con prisa rumbo a París al presionar los estudios universitarios a seguir y el habituarse a esa ciudad tan humana y querendona. Allí sí había una colonia  arraigada de venezolanos importantes, como el tildado hombre de letras embajador Alberto Zérega Fombona, eterno habitante del germanófilo Hotel Lutecia y primo de Rufino Blanco Fombona, el “guillo” Meneses, en funciones diplomáticas de la rue Copernic, y el inolvidable embajador Caracciolo Parra Pérez, uno de los más perspicuos historiadores venezolanos (su “Mariño” es todo un capo lavoro de objetividad, trabajo y enseñanza), a quien me unió cierta corta y fecunda amistad por lazos territoriales como de familia. Ya en el campo de las relaciones allí residían y estudiaban el amigo economista Iván Senior, después banquero de Caracas, el profesor Alcides López Orihuela, de mi grata afinidad por más de 50 años, el cinetista guayanés Jesús Soto, que entonces animaba tertulias musicales con su cuatro “amolao” en las noches parisinas de nuestra juventud, con aquellos recuerdos de Jean Paul Sartre (le vi sentado varias veces en el café Deux Magots), al tanto que quien esto pergeña repasaba algún texto económico de Jean Marchal o del sabio Mazeaud. También recuerdo en ese entonces la capacidad nemotécnica de Aristóteles Tovar, amigo de las buenas cervezas alsacianas, quien mediante  cierta  astucia  única e innata  de aprendizaje que tuvo, con  pocos días de lectura asimilaba todo el curso de un año de Medicina, y desde luego que salía aprobado en la materia, lo que me dio a pensar seriamente sobre  lo negativo de ese tipo de estudios de tal  época y que ahora con mayor rigor se cuestiona.
Conferencia de Urdaneta en la Universidad Salmantina y con Rectores. 
 De París pasé a Grenoble para proseguir mi formación de Derecho y Enseñanza Comercial (los dirigía el buen amigo profesor Roger Nerson), dejando así parte de mi corazón intelectual en aquella ciudad luz que era la cuna del mundo para entonces, donde desde luego hice buenas relaciones universitarias, entre ellas con algunos profesores. Es ocasión de señalar que aquí  en la soledad alpina pude concluir un pequeño libro que iba a ser el primero de la saga existencial y referido a mi pueblo matriz, o sea Trujillo, al que llamara según los parámetros intelectuales de entonces “Mecanismo a dos tiempos sobre Trujillo”, título que por cierto tanto complaciera a nuestro paisano y conocido novelista Adriano González León debido a su originalidad y sensatez. Gracias renuevo a la admirada amiga Cécile Crevel, por quien pudo salir este primer hijo de mis letras, en París. Durante las vacaciones largas del año siguiente (1953) y como lo había hecho el anterior, en que viajara  hacia el Norte de Europa (de Bélgica y Holanda por Dinamarca, el Báltico, Finlandia, Suecia y Noruega hacia arriba para conocer mundos y empaparme de su cultura (el 52 lo hice por el mar Mediterráneo rumbo a Estambul), esta vez me dirigí hacia una ciudad encantadora y a un pueblo que admiro por su  tesón y arte, al que visitara en segunda oportunidad (y así lo he hecho en cuatro o cinco momentos más) o sea a la inolvidable Viena (donde dicté una conferencia en la Cámara de Comercio), mientras en aquella ocasión permanecí un mes y fui invitado al Congreso de la Juventud que se reuniría en Bucarest, ciudad donde encontré al amigo abogado Ricardo Ernst, luego compañero de lides tribunalicias en Caracas. Y de vuelta a Viena y Grenoble, por una táctica que utilizo y explico en mi libro “50 veces yo” pude permanecer dos días a objeto de admirar la inolvidable Budapest y el lento paso por ella del cantado río Danubio, que por cierto nada de azul contiene, para retornar a Grenoble en medio de tantos conocimientos geohistóricos que entonces adquirí, por lo que siempre he viajado en ese sentido con un libro de cabecera inglés, estando de paso en la musical Salzburgo y luego en Zurich, para seguir al lago de Lausana y mi siempre querida y volteriana ciudad de Ginebra, mientras que en Zaragoza pronuncio otra conferencia  en el Instituto Cultural de Aragón y con añoranza reúno los bártulos universitarios para con ellos  trasladarme a Salamanca, la sabia, para proseguir los estudios emprendidos. Ya en ese ambiente un tanto clerical apadrinado por el general Franco, pero que en el fondo no colidía con nuestro pensamiento universitario, me di a la tarea de cultivar amistades lugareñas y entre las destacadas aparecieron nada menos que el príncipe Don Juan Carlos de Borbón, futuro Rey de España, según comento con detalles en mi libro “50 veces yo” (impreso por Federación Latinoamericana de  Sociedades de Escritores. Caracas, 1996. Miguel Ángel García e hijo, s.r.l.), texto que recomiendo  leerlo para bien conocer sobre esas peripecias que acontecieron en mi vida, hasta el año 2005. Otro entrañable amigo de aquellos tiempos universitarios fue don Julio López Oliván Capaz, con quien tuve mucha estimación recíproca y hasta en los pareceres por ser un hombre extrafronteras, que llegó a dirigir en calidad de Gerente General a la Línea aérea Iberia, entre las más importantes del mundo y quien murió relativamente joven. Como tercer amigo de verdad que adquirí en aquella tierra altiva llena de recuerdos históricos viene a la mente don Luis García Arias, catedrático de Derecho Internacional y Presidente de varias Sociedades Internacionales sobre esta ciencia, que luego las ejerció con méritos indiscutibles demostrados en tal función académica, siendo vicerrector de la Universidad de Madrid y a quien aludo además por esa hermosa  epístola que conmigo enviara a su colega internacionalista Ramírez de Arellano, de igual académica función en la reconocida Universidad de Salamanca, donde  se refirió a mi persona de la mejor manera y cuyos conceptos expresivos guardo con el mayor cariño entre papeles escogidos del archivo particular. Otros amigos universitarios que recuerdo de aquella pasantía zaragozana fueron el compañero de aulas conde de Roncali, familiar del entonces papa reinante por viejos matrimonios cruzados, el discursivo Mariano Sanz Fuertes, los Domingo, españoles que habían vuelto desde Venezuela a su terruño, un paisano merideño de apellido Maldonado  que allí estudiaba ciencias exactas o algo por el estilo, el economista José María Alcántara, venido de Madrid para cursar estudios de Derecho, casado luego con una venezolana, y finalmente el trujillano Jesús Mazzey Berti,  quien bajo mi consejo vino del Madrid bullanguero y lleno de venezolanos a continuar la carrera de Medicina bajo el sagrado manto de la Vírgen del Pilar, donde se graduó.
Escudo de la Universidad de Salamanca.
 Pero en cuanto a  mí se  refiere voy a contar la historia a grandes rasgos del periplo español que me tocó vivir en aquel tiempo cuando el nativo de Venezuela era bien estimado, de donde como se comprenderá y dada mi inclinación intelectual con el ansia de escudriñar en papeles antiguos me di a la tarea de recorrer por casi toda España en los momentos oportunos o en tiempos de vacaciones, como lo había hecho también en Francia, Alemania y en buena parte de la Europa visitable (después la anduve como invitado de honor en varias oportunidades, siendo Presidente de los Escritores de Venezuela).  Así fue con el propio Aragón, Andalucía, Cataluña, Baleares, ambas Castillas, país Vasco, Asturias, Navarra y paro en el recuerdo, aunque tomé especial empeño para conocer a conciencia la región extremeña, tan unida a nuestra América en sus pueblos y aldeas, en lo que tuve como acompañante espiritual  y preparador a don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros y de San Miguel, propietario del Palacio de Ovando, quien puso especial empeño en que yo me entrevistara con Don Manuel Falcó, Duque de Montellano y Asistente de Don Juan de Borbón, padre éste del futuro Don Juan Carlos, Rey de España, hecho ocurrido una tarde llena de historias y de anécdotas  en su palacio de Plasencia. Por esos contactos  de importancia histórica pude visitar a Cáceres, donde dicté una conferencia en el Ayuntamiento que fue impresa en folleto, como la siguió otra en el Trujillo extremeño, y lo mismo hice en la Universidad de Salamanca con el rector presente y en el salmantino Colegio Universitario Hernán Cortés, con asistencia de la colonia universitaria venezolana (más de cien estudiantes) y de las autoridades correspondientes. De otra forma en España mantuve una vida agitada, cuando no permanecí fuera del país, como ocurrió en un segundo viaje a Londres e Irlanda para indagar sobre el filibustero Francisco Granmont en la Biblioteca del Museo  Británico y como lo había hecho en París en la Biblioteca Nacional (Período de México, colección Goupil) y en el Museo de la Marina, en París, también investigando sobre Granmont.  En mis diversos viajes a Madrid tuve ocasión de permanecer una tarde algo fría (por ello bebimos del buen cognac)  y en su piso de Río Rosas, con el  excelente escritor erudito y gallego de variedades y temas por demás atrayentes que como “La familia de Pascual Duarte” o “La Colmena” y sus tremenduras  o salidas esperpénticas (de otro gallego y tocayo ilustre entonces jugando con el idioma cervantino a pesar de las reticencias y envidias consustanciales (por ejemplo dijo “como me da la gana”) talante que le valiera ser el mejor escritor de su tiempo (acaso por ello apenas le retuvieron el curul académico una buena temporada), mientras recordábamos los meandros escriturales  sobre su famosa novela estrafalaria “La catira”,  como oscuro remedar de aquella  Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, pagándole treinta mil dólares por escribir ese hibrido de feria nacido muerto, el dictador venezolano Pérez Jiménez.   En Madrid también asistí a peñas literarias como la de calle Serrano frente a Cibeles (Café El León),donde charlara con el grueso José María de Cossio, o sea el mejor cronista conocedor de los buenos toros de lidia y quien por cierto allí no se expresó bien de nuestro César Girón (“es un aficionado y atrevido con suerte, pero no artista”), y ya en el terreno de los escritores en un sobrio café de la Puerta del Sol me encontraba con el buen amigo Ángel Grisanti, carupanero y andariego sobre la vida de Bolívar,  personaje serio que durante años visitó los pasos por ciudades  del caraqueño libertador escribiendo sobre tantas interioridades de nuestro valioso hombre, lo que por cierto le trajo animadversión en este sentido con dos intocables historiadores caraqueños  de la época (Lecuna y Mendoza) y por cuyo motivo nunca fue designado Individuo de Número de nuestra Academia de la Historia, como bien lo merecía. A través de sus cuitas y entendimiento pude conocer detalles de esa intimidad tan estrecha, como fue entonces, por ejemplo, el plagio absoluto que de un trabajo inédito tuvo la historiadora falconiana Casta J. Riera, al prestar su  libro recién terminado a cierto trepador en estas lides (pronto ganó fortuna con una imprenta que adquiriera) y quien poco después lo editara como obra de su autoría, detalle que fue bien conocido en los conciliábulos  capitalinos de entonces. En Madrid igualmente visité con gusto y amplitud a mi paisano y admirado escritor académico don Mario Briceño Iragorry, allí exiliado por la dictadura que llega a aporrearlo a la salida de una iglesia dominguera, con quien mantuve gratísimos ratos de charla familiar e intelectual. Otro tanto hice con el escritor José Fabbiani Ruiz, quien en compañía de su esposa pasaba cierta  temporada de estudios en Madrid y al que invité para pronunciar una conferencia en Salamanca, apoyado en ello por la colonia estudiantil nuestra allí radicada. Por esos días de mi parte  intervine disertando en una exposición de libros venezolanos que se presentara en la Biblioteca de la Universidad  salmantina (abril de 1957), con la presencia del Decano de Derecho Esteban Madruga (en la foto de este trabajo se halla situado bajo la bandera de Venezuela) y varias altas autoridades rectorales de la famosa octocentenaria universidad (entre las primeras casas de estudio a nivel mundial). Otro tanto de los agasajos lo haría con el académico de la Historia don Jesús Antonio Cova, congresista en Caracas quien estuvo de corta permanencia en Madrid, cuando nos reunimos a cenar en la casa palacete del conde de Canilleros.  Y así lo hice también en otras ocasiones con los poetas Ramón Sosa Montes de Oca y Juan Manuel González.
Día de Grado Universitario. (Enero - 1958)
 En Madrid me di igualmente a publicar algunos de  los libros del repertorio personal, que espero ustedes conocen (en este momento recuerdo que el poemario “Caracas, soledad”, con prólogo del académico de la Lengua Pedro Pablo Barnola, s.j.  (no ha mucho lo vi ofrecer en venta mediante  ese medio de internet, en París, por la suma de 81 euros cada ejemplar). En este afán divulgador salen a la luz   “Europa prolífica”, al cuidado de mi amigo y conocido poeta malagueño José Luis Cano (cofundador de la revista Ínsula), la biografía de Diego García de Paredes, bajo el sello editorial  “Librería Victoriano Suárez”, ubicada en la calle Preciados, de casi centenaria prosapia en estas lides;  Aportación trujillana al pensamiento en Venezuela, escrita en Salamanca cerca de la amistad del conservador y custodio de los libros de Unamuno, mi amigo don Manuel García Blanco, curador oficial unamuniano. Bueno, no voy a incomodarlos a ustedes, apreciados amigos, sobre mi larga obra  escrita en estos tiempos (poesía, historia, como también el libro editado por la caraqueña Universidad Andrés Bello sobre el valioso filósofo Alonso Briceño (1973), la “Vida y pasión de Juan Pacheco Maldonado” (1977) o “El pensamiento histórico venezolano”, que se llevó una  larga página del diario caraqueño El Nacional,  un “Discurso Barroco”,  referido a mi salutación para los Delegados al Congreso Internacional de Escritores  que realizara en la Casa de Bello, con 17 invitados extranjeros, el irreverente libro “La verdadera historia de los trece apóstoles”, que editó  Marymar de Buenos Aires, presentado este trabajo en la Feria Internacional de Francfort, en l982; los “Cantos asiáticos”, inspiración poética que escribiera luego de un viaje extendido en Asia (Colección AEV, 1985), y después entré en una etapa más dedicada al tema de la Historia, como fueron “Veinte crímenes inolvidables” (Panapo), “Los Presidentes” (de Venezuela, en cinco tomos ilustrados,  salidos de  la conocida Editorial Fuentes; la novela “El Laberinto loco”, prologada por Joao Fagundes de Menezes, Presidente de la Unión Brasilera de Escritores (Planeta, 1991), el “Diccionario General de los Indios cuicas”, único en su género, el “Diccionario de Historia de Venezuela” de la Fundación Polar (contiene algunos cuarenta trabajos encargados a mí), el estudio crítico al “Canto a España” del reconocido poeta Andrés Eloy Blanco, la novela “Adán y Eva se odiaban”, el trabajo inspirado en Nostradamus rotulado  “El libro de las profecías”, cinco pequeños textos de colección publicados por editorial Panapo, de Caracas, la novela ambientada en Nueva York y de fuente política “Una torta para cuatro gatos”, el libro histórico que me costó viajar por siete países, intitulado “Marco y retrato de Granmont. Francia y el Caribe en el siglo XVII” (luego presentado mediante acto especial  por quien esto escribe en nuestra Embajada en París, en abril de 1.999), editado por el Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad Simón Bolívar, y un trabajo singular por demás conocido, con cinco ediciones encima, que se intitula “Los amores de Simón Bolívar”, personaje histórico a quien dedico muchos artículos definitorios y esclarecedores en este blog y fuera de él, por ser personaje universal y de aristas que poco se entienden (estos ensayos bolivarianos saldrán algún día a la luz con el título “La otra cara de Bolívar”). Además en aquel tiempo y mediante 28 capítulos escribí la novela de terror “Doctor Knoche. El vampiro de Galipán”, sobre los alemanes en Venezuela, que mantengo inédita pero lista para publicar. Como repito, la producción en este campo fue bastante copiosa, aunque eso sería materia de una investigación laboriosa y de amantes de tales trabajos intelectuales.
Y como lo dije sopesando el título de este trabajo, siguiendo además los pensares de Cela, sin detenerse en detalles de construcción “porque me dio la gana”, que yo le agrego la real, de regreso al campo universitario de Salamanca diré que allí permanecí quince meses cual un cartujo enfrascado en los estudios de atención por lo complejo para entender al procesalista Gordillo García y sus disputas teóricas germanas, donde estudiara analizando los detalles con auxiliar de cátedra (Francisco Hernández de Pablo) temas realmente para poner atención, como también se hacía con el internacionalista Ramírez de Arellano, a quien el mundillo académico le llamaba jocoso “Peón de ajedrez”. Y sálvase de estos pormenores angustiosos las estupendas conferencias que dictara en aula el ex ministro de Educación recién venido de Madríd  Joaquin Ruiz Giménez, quien con su palabra diáfana, acogedora,  hacía pronto llenar el aula de tantos interesados en la materia universitaria y en especial sobre Giorgio del Vecchio.    Pero una vez de vuelta a casa, a la todavía ciudad de los techos rojos caraqueña, tuve que apurar el paso para ponerme al tanto en muchas áreas de actividad donde debía incrementar  esfuerzos a objeto de insurgir sobre la existencia y el vacío que restaba con un mundo dejado atrás y al que conocía bastante bien, valga decirlo así, sin aspavientos, para inclinar la balanza de nuestro ya entrado viaje en la era del desarrollo  con ese maná que es el petróleo, al tanto de acceder en las tareas legales y para refrescar el pensamiento en otras lides que entonces me preocuparon. Entre las funciones de amistades a reponer y penetrar en el ejercicio de la profesión universitaria formé parte como directivo del Hogar Americano de Caracas, institución cultural complementaria de la existente en Madrid, que funcionaba en una mansión del Country Club incautada a un hermano del expresidente Pérez Jiménez y de donde en la transición política vivida que recuerde entonces desaparecieron bellos cuadros al óleo, entre ellos algunos del exquisito cordobés Julio Romero de Torres. Igualmente y durante cuatro años fui Presidente del Instituto Venezolano de Cultura Hispánica, que hizo una magnífica labor en ese campo cultural, como la traída a Caracas de intelectuales españoles y la erección de una estatua para la reina Isabel La Católica, que está en la Plaza La Castellana, por cuya gestión finalmente realizada debí viajar a Madrid con este fin específico.  Esa atracción intelectual me hizo acercar a la Asociación de Escritores de Venezuela  (Venezolanos, entonces) fundada  en 1936, donde fui presentado para mi membresía por el escritor trujillano Ángel Mancera Galetti, con aceptación del poeta presidente José Ramón Medina. Allí pude conocer y escuchar la voz del gran novelista americano William Faulkner, bajo de tamaño, imponente, de recatada presencia sureña y premio Nobel de Literatura. Por esos años de actividad intelectual al tiempo que viajé a través de varios continentes recibiendo diversos premios, placas y condecoraciones internacionales, fui colaborador permanente del diario caraqueño El Universal, con algunas cien entregas, y de la conocida revista semanal Estampas (por cierto mi primer trabajo intelectual publicado fue en la revista Élite, del editor Juan de Guruceaga, en 1948),  donde trabajé por pocos meses, tiempo en que escribí un libro de cuentos aún engavetado que llamara “Aleuzenev”. Muchos años después volví a ser colaborador semanal de esta revista Élite, cuando la dirigía el periodista Rafael del Naranco, tiempo en que escribí algunos cincuenta trabajos de carácter histórico bajo el recuerdo cervantino de “Metamorfoseos”, bellamente ilustrados y que podrán formar un nuevo libro a llamarse, como es mi deseo, “Territorio de paso”.  En el entretiempo de toda esta actividad que abarca ya más de seis décadas y que daría pié a muchos más libros, fui designado primer Presidente del Instituto de Previsión Social del Escritor, donde junto a cinco directivos acompañantes en dos años de trabajo hicimos una labor reconocida que se disfruta mejor leyendo mi obra “50 veces yo” y que dio ocasión para que un grupo selecto de dicho gremio, encabezado por el catedrático Manuel Vicente Magallanes y los académicos Gabriel Briceño Romero y Tomás Carrillo Batalla, se empeñaran en que yo fuese el nuevo Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela, como así lo ocurriera, mientras nuestro equipo triunfante por límpidos comicios desarrolló un trabajo excepcional (ampliación de oficinas, reparación del inmueble, despacho de Flasoes (Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores), despacho del Presidente, sala de la Directiva, Archivo, depósito, secretaría, restaurant, galería de expresidentes, pequeña impresora, boletín mensual informativo, un Congreso Internacional  y tantos otros aportes que se hicieron en los cuatro años por reelección, de nuestro mandato.

 Como era de esperar en aquel tiempo publiqué cinco poemarios (Poesía, De este lado del mundo, Caracas, soledad, Cantos asiáticos, Europa prolífica, aunque Cantos vitales anda escrito a medias) y otros inesperados libros cuyos nombres usted podrá encontrar a base de una fácil investigación, en el interregno siendo invitado a congresos internacionales y por sociedades de escritores diversas (Chile, Brasil, Colombia, República Dominicana (dos veces), Cuba (tres veces), España, Guatemala, Honduras, Yugoslavia, Unión Soviética, Kazastán, Bulgaria (tres veces), Rumania, Checoslovaquia, Siria, Irak (tres veces)  etc, etc.), y así lo digo porque de entrar en detalles sería motivo de otro largo trabajo. En Caracas recibí muchas delegaciones importantes de escritores en visita y viajé a países orientales donde disertara sobre Venezuela en la Universidad de Tokio, Universidad de Manila (por intermedio de nuestro embajador en Australia, doctor Arcaya), y no lo hice en Hong Kong por una gripe fuerte que tenía. Así como pude concluir la novela “Doctor Knoche. El vampiro de Galipán”, según lo he dicho,  también di a la imprenta “Si el papa fuera mujer” (tiempo en que falleciera Juan Pablo II) sobre la papisa Juana, la colección comprometida con Panapo, el nutrido y esclarecedor trabajo “Historia oculta de  Venezuela” (Caracas, 2007, con 2.607 notas ilustrativas), y las novelas “Adán y Eva se odiaban”, como también ese texto de sortilegios que intitulé “El libro de las profecías”, según lo aconsejara mi admirado criptólogo y elusivo Nostradamus.  Luego fue publicado por la Academia de la Historia de Caracas el trabajo “Los 42 firmantes del Acta de Independencia”. El último de esta saga vino a ser, que yo recuerde o sepa, “El laberinto loco”, editado como expresara por la conocida casa Editorial Planeta, en Colombia, y una conferencia literaria que pronuncié en la bogotana Universidad de América en tiempos del embajador Numa Quevedo..
Bueno, y como todo termina para bien o para regular, espero que ustedes se hayan divertido con este historial de mis espacios cerebrales recordando  con premura esos misterios insondables y tan lejanos que no son completos porque necesitaría apelar de mis archivos y otras materias filosóficas a tener en cuenta, pues con el auxilio del  valioso internet y el encarecimiento de los costos editoriales para mayor seguridad debí lanzarme al uso permanente de mi blog “Venezuela y el mundo” (ramonurdaneta30@hotmail.com), que  ustedes ahora utilizan y porque quise en la esencia o me dio la gana (gracias, maestro Camilo) tan bien me ha ido en este campo de  lectores que ya sobrepasan los 400.000 visitantes, pues de otra manera  hubiera satisfecho al editor con pingues ganancias y para mí  con esmirriados proventos, como ocurre en casos señalados. Por eso agradezco al creador de este maravilloso medio de comunicación que enseña a bien  para el estudio de los que llaman irreductibles, sin dar el brazo a torcer y  mejorando al tiempo la atención de los cegatos con el estribillo romerogarciano de las reputaciones consagradas o las nulidades engreídas de que, repito, tanto añoraba nuestro pensador valenciano Romero García. ¡Ah!, y se me olvidada decirles  que tengo por libro de cabecera al admirado aragonés Baltasar Gracián (“El político Fernando”), en edición bonaerense de América lee (1944) que les recomiendo), quien por siempre me ha limpiado el aura o  la estela de la fortuna contra los ensalmos, el vudú, la santería, mal de ojo y los infortunios consabidos. Buenas noches, o días, según donde usted amable amigo permanezca.

El Inolvidable Miguel de Unamuno.
 Post scriptum. Como complemento a este recuento ligero de mi trabajo en los campos manchegos para completar algo de lo iniciado quiero agregar en síntesis algunos de ellos que se quedaban sueltos y sin atar. Libros no publicados: Los gatos de la guerra (espionaje), y Cinco maneras de entender (entregado para ello a la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela). Publicación de algunos 200 artículos en periódicos y revistas. Conferencias: cerca de sesenta (Viena, Zaragoza, etc). Congresos: Bogotá, Santo Domingo, Sevilla, Guatemala, La Habana, Belgrado, París, Bucarest, Sofía, Damasco, Caracas, Bagdad, etc.  Actuaciones culturales específicas: 35 (agradecido aún estoy por el hermoso homenaje conjunto que me hiciera la Universidad de los Andes con ocasión de mis ochenta deliciosos años (18-4-2012), a sala plena con autoridades universitarias, discursos alusivos y documental incluido). Invitaciones oficiales al extranjero: 38 (presidí una sesión de más de 400 escritores internacionales allí reunidos en Sofía). Condecoraciones: 20 Chile, Bulgaria (1.300 años), del Libertador, Andrés Bello, Lucila Palacios, Cecilio Acosta, Isabel La Católica, al Trabajo, Cruz Roja Internacional (Auguste Pinaud), AEV, Cruz Policial (Primera Clase, siendo autor del himno de esa institución, la P.T.J.), Rubén Darío, Cultura Hispánica, URSS, Diego de Losada, Francisco de Miranda, Superior de Bulgaria, etc.  Otras actuaciones en materia cultural: 15. Presentación de libros: 25. Soy además Presidente de la Fundación General de Nogales Méndez (me referí al personaje en sesión especial de la Academia de la Historia (5-2-003) y en discurso en la Academia Militar(30-11-04), Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores (Flasoes) y Vicepresidente del Centro Internacional de la Paz (CIPAZ), Decano fundador del Centro de Historia del Estado Trujillo, y entre los libros que ahora recuerdo también están “Las verdades y la Historia”, “Vida y pasión de Juan Pacheco  Maldonado”, “La visión interior” y “El sentido de la tradición” (Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1966). Personalidades amigas: Embajadores Enrique Domínguez Passier (España), Héctor Hidalgo Solá (Argentina, ajusticiado por la dictadura argentina de entonces, Hernán Cárcamo Tercero (Honduras), el intelectual y político Otto Morales Benítez (Colombia) Kiril Kirilov (Bulgaria, actual embajador en Argentina), y Slabomir Gueorguiev (embajador decedido en Caracas).  Moshem Al Musawi, de Irak, profesor en la Universidad de Columbia, Jorge Luis Borges, Eugenio Evtuchenko (Rusia), académico Raúl Guerra Garrido (España), académico Víctor Villegas (República Dominicana), académico Oscar Echeverry Mejía (Colombia), Arturo Alape (Colombia), Leubomir Letchev (Bulgaria), embajador Sattar al Douri (Irak), etc. Personas conocidas: Jorge Amado, Ernesto Cardenal, Don Pedro IV de Brasil, aspirante a la corona real de Braganza, Don Alfonso de Borbón (aspirante al trono de España por la corriente carlista), William Faulkner, Juan Bosch, Marco Antonio Ordóñez, etc, y mi excelente amigo embajador y catedrático Kaldone G. Nweihed. Hasta pronto, apreciados lectores. Y gracias por haberme cumplimentado el 1° de junio al poder arribar al  blog 164, con 400.000 visitantes y ya en vísperas de cumplir el humilde escribidor la friolera de 83 años de edad. Merci otra vez.