martes, 14 de junio de 2016

VENEZUELA, PAÍS DE EMIGRANTES.




Amigos invisibles. Triste y desconsolador desde el comienzo  es el tema sobre el cual ahora voy a referirme, porque significa  el viaje acaso sin retorno de muchos paisanos que por tantas desventuras interiores acaecidas en los últimos tiempos y sobre todo de aquel tránsito imborrable cuando el  mesías llamado Galáctico Chávez derrochador en un atajo de locuras desmedidas de raigambre habanera  quiso cambiar el mundo entre santerías y drogas alucinantes que a la larga y con la catapulta de infundios  adicionales dieron al traste con la tranquilidad venezolana, de donde sonó como en instinto de conservación y socavados ya los cimientos estructurales de la patria  ante el violento aviso de la trompeta intuitiva  que como en Sodoma  alertaba con el desgarrante grito de ¡sálvese quien pueda¡ un colectivo deseo de defenderse ante la invasión de los espíritus malignos que con estrategias calculadas incidieron sobre las riquezas del país, o sea de ese país que para el año 1.999 era uno de los mayores productores mundiales de petróleo (y con las reservas de gas más poderosas),  de especialidades farmacéuticas, alimentos y comida en vastedad, de grandes hospitales, vías de comunicación, universidades de categoría (aún hoy, como ejemplo el rector de la mejor universidad americana (MIT), y quizás mundial,  que ya fue mucho decir, es un venezolano de Maracaibo. Ah!,  también sin olvidar  que el milagroso primer reactor atómico que existió en América Latina  fue traído por el  presidente Marcos Pérez Jiménez, o sea el de Pipe, ubicado cerca de Caracas, en Pipe, dirigido por el políglota y sabio zuliano doctor Humberto Fernández Morán (candidato al Premio Nobel), mientras el oro, las famosas perlas margariteñas, las diversas minas guayanesas  y  diamantes también, y así por el estilo señalando prosperidad podría llenar páginas de esa gran Venezuela llamada saudita que el odio, la envidia y los disparates de militares desquiciados y políticos sedientos de riqueza para no señalar lo peor, dieron al traste con un país lleno de bellezas naturales, de alegría por doquier, de un futuro promisor pero que le llegó el comején desde el momento en que el señalado Galáctico mediante un gran engaño estafador que efectuara asesorado por el summa cum laude  Fidel Castro, se adueñó de este país conocido entonces entre los mejores y de más avance hacia el porvenir, para ahora en la bancarrota (cuesta abajo en la rodada)  encontrarse entre la espada y la pared, con la brújula hecha trizas, paralizado el  porvenir, con un millón y medio  o más de emigrantes forzosos en desbandada, con que la salud está por el suelo, la educación no se diga, en la desgracia, la familia, tantas destruidas, nadie confía en nadie porque el espionaje es severo, la calle anda bajo el dominio  del hampa carnetizada,  no caben los muertos en la morgue y el hambre que atesora miserias andando por doquier,  hasta cuando no aparezca un verdadero caudillo y guía espiritual que de nuevo enrumbe nuestro al momento acongojado país, del cual por temor  buena parte aspiran emigrar,  aunque lo vivan en un sueño de pobre y  cuando ya no somos 30 sino 29 millones de habitantes famélicos, enfermizos y sin destino alguno salvo casualidades insondables. Esa es la triste realidad de la Venezuela actual, lo que en estos tantos años de mi vida activa nunca pensé encontrar.

           
Pero enfoquemos mejor el problema  que hasta ahora  sonaba como un quejumbroso lamento gitano, en el sentido de afirmar que los idealistas venezolanos si bien eran viajeros de corta  temporada porque la riqueza los favorecía, de otra cosmovisión y ya  presente mantenían  un profundo amor a la patria  que los  afincaba  en el sustrato de la propia nacionalidad, con el recuerdo permanente de sus grandes hazañas como fue la guerra sostenida con el entonces poderoso imperio español, lo que pudo colocar a algunos de nuestros paisanos en tierras apartadas,  como fue en la Gran Colombia  y otros que por esos vaivenes vitales, entre ellos los del amor familiar, concibieron  algunos vástagos  hasta en el Perú y Bolivia, sin alcanzar un número considerable. Con otros grupos más o menos así desplazados al azar ocurrió cuando nuestras nefastas guerras civiles del siglo XIX llenaron los campos de cadáveres, por lo que algunos osados aventureros  y ante las epidemias mortales en recurrencia buscaron refugio provisorio o consecuente en países hermanos o  vecinos, como Colombia, Trinidad , Santo Domingo, Saint Thomas y otras Antillas exóticas, para atemperar la larga espera  de esa hostilidad guerrera afincada, lo cual produjo que algunas familias emigraran a Colombia, no lejos de las fronteras naturales, para unificar apellidos e intereses  vitales en el desarrollo habitual de la comunidad fraterna.

            Siguiendo el paso de este movimiento dinámico extra fronteras  el país entró en el desarrollo interno con caudillos y sustitutos   que a la manera del gomecismo presente  hizo crecer nuestro país por encima de las diferencias naturales, siendo así Venezuela un gran exportador de café y cacao como de ganadería y pieles que robustecían la moneda con la  paz concertada , y así aparecieron importantes colonias de inmigrantes establecidas como las de ingleses, turcos (medio oriente), italianos y alemanes, que fortalecieron  las riquezas emergentes y mientras las grandes potencias de entonces se fijaban más en Venezuela mediante el futuro promisor que se palpaba  con la dinámica del trabajo y la producción en auge.  Así las cosas pronto aparecieron  hidrocarburos  en el lago de Maracaibo y aquel lugar de prosperidad  en poco tiempo se fue llenando de “jurungos” como tildaban a esa gente extraña que amanecía en el trabajo hasta el ocaso de su diaria actividad, y desde luego también emerge  el fenómeno social  de las uniones de hecho y de derecho familiares, que dieron otro cariz  más positivo al país que ya nacía despierto,  con advenidos  de diversa extracción y con deseos de prosperar, recordando siempre que el famoso mito de El Dorado  impuesto por el  anglo aventurero y soñador Walter Raleigh, ya era una realidad palpable.  Y el pleno desarrollo de esta apuesta al futuro vino a concretarse de manera imbatible  con la buena suerte obtenida a raíz de la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestro país adquiere una fama expansiva  al saberse que gran parte de las fuerzas aliadas combatientes en aquella trágica contienda  grosso modo fueron  sustentadas y movidas con el diario e inmenso caudal petrolero que saliera de nuestras refinerías o afines para así asegurar el éxito final y la retribución respectiva con la confianza y el desarrollo  inesperado  que tuvo Venezuela, que en poco tiempo iba a cambiar la faz de su estructura económica y financiera y porque ya desde 1930 la dureza de nuestra moneda había sido intocable al extremo que el bolívar de plata y el fuerte de oro servían de ejemplo mundial y se admitían  al cambio, comparándose en este caso  con la fortaleza de la  libra esterlina. Que no se olvide esto nunca.


            Pero la buena suerte para Venezuela continuó su camino, cuando ya mucha gente extranjera se había establecido en el país. Y ese golpe sortario vino aunque parezca raro con la asunción individual de tres Presidentes  venezolanos al ejercicio del mando ejecutivo, o sea los generales Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez, el primero por ser un hombre equilibrado, que encontró un país pequeño y quiso desarrollarlo en medio de  una paz  entendible, poniendo las cosas en su sitio y ajustándose a la ley, lo que generó confianza y estabilidad  mientras se ajustaba Venezuela al nuevo panorama internacional.  El segundo de los nombrados Presidentes fue el general Isaías Medina Angarita, de una afabilidad portentosa  y carisma correspondiente, quien también apreciando la normalidad del país y el ingreso per cápita que entonces  se obtenía abre las puertas a  la producción y al empuje industrial, que se ve pronto  extendido al tiempo de establecer el juego consensuado de los partidos políticos  que aparecen en el ambiente liberal  vigente, mientras se moderniza el país en medio de un cambio para entonces extraordinario. Así, al tanto que se integra  en  Venezuela  una importante colonia de expatriados hebreos que huyen desde Europa por la inminente guerra mundial,   cuyo transporte y desembarco  causa admiración por las vicisitudes para su establecimiento en suelo venezolano, las fronteras de nuestro país se abren de manera sustancial  al tanto que  comienzan a recibir emigrados por diversas causas, algunas concomitantes con el pavor guerrerista de Alemania y la cruenta guerra civil española, que entonces  también aporta muchos inmigrantes a nuestro territorio, especialmente en el sector cultura. Pero el paso grande a suceder en el caso que tratamos es con motivo de la asunción al Poder Ejecutivo del general Marcos Pérez Jiménez, o sea el tercer presidente de quien me refiero, porque este militar preparado ya no es oficial “chopo e piedra” para no decir analfabeto incompetente como los de antaño, sino que provenía de  escuela especial por encima de sus veleidades del enriquecimiento personal, y salvo el ataque que sostuvo contra los enemigos políticos  sí poseyó el coraje de enrumbar el país por el sendero de lo novedoso, desarrollando obras de gran trascendencia social, como construcciones diversas, autopistas, importantes empresas del estado, etc, etc, que sería mucho enumerar  en los diez años que gobernó hasta que fue depuesto del poder por fuerzas oscuras e interesadas en la ambición monetaria de otra factura.


El gobierno de Pérez Jiménez  salvo los excesos cometidos  de carácter dictatorial, se puede considerar como el mejor y que aún subsisten sus grandes obras emprendidas, teniendo en cuenta que con el desarrollo excepcional que tuvo el país, por diversas causas, se abrieron las puertas para una inmigración provechosa que supo cuajar en nuestra patria. Así casi como espejismo la dinámica social comienza a moverse  cuando al final de la guerra europea  los consulados de Venezuela en el exterior se abarrotan de solicitantes  con el deseo de establecerse en nuestra patria,  de donde  los barcos como los aviones no cesan de traer  esos inmigrantes, que pronto muchos se nacionalizaron. Entonces Venezuela  contaba con excelente comunicación aérea y terrestre, mientras comienzan a crecer ciudades y campos e industrias de toda índole.Sea oportuno aquí recordar los numerosos centros o casas que se construyeron para el disfrute y encuentro de aquellos que  hicieron causa común con los nativos  para construir la nueva Venezuela, siendo oportuno recordar, por ejemplo, los diseminados por el país clubes de italianos, españoles, portugueses, americanos, ingleses, croatas, armenios, helenos, holandeses, colombianos  porque ya habían inmigrado muchos provenientes de ese hermano país, sicilianos, madeirenses, rumanos, checos, austríacos, húngaros, yugoslavos, polacos, y muchos más que mi cabeza olvida,  agregándose a ellos desde luego los instalados por las nuevas generaciones de inmigrantes  que llegaron a posteriori del gobierno perezjimenista  y que ahora provenían del continente americano, entre quienes  recuerdo a los ecuatorianos,  peruanos, bolivianos, uruguayos, argentinos,  chilenos, dominicanos,  cubanos,  muchos del medio y extremo oriente como libaneses, sirios, chinos, hindúes. Y de Colombia no se diga, pues a pesar de que algunos regresaron a esa tierra hermana cuando allá mejoró la situación civil y no la guerra, aún permanecen en nuestro país innúmero de nacionales allende la frontera, pudiendo recordar en el esfuerzo nemotécnico a gente simpática como los  barranquilleros, santandereanos, vallunos, antioqueños, los fronterizos goagiros,  samarios,  cartageneros, pastusos,  vallecaucanos, chocoanos,  llaneros del Meta o de Villavicencio, ipialeños y otros por el estilo.
          
  Así las cosas Venezuela vivía en paz, con sobresaltos desde luego pero en paz, desarrollándose con su propio músculo ejemplar, aunque  como nada es perfecto los llamados artífices del tiempo de la democracia comenzaron a distanciarse entre sí y hasta a disputar campos de poder y también disponiendo del erario público no permitido, por lo que  comienza a endeudarse el país  a través de planes de gobierno que se creaban sin cumplirse, y en la permanente discusión partidista para saber cuál era el más fuerte de tales pillos transcurrieron los gobiernos de Raúl Leoni,  Carlos Andrés Pérez y el terco Rafael Caldera, como el de Herrera Campins, quien mal aconsejado  por su ministro de economía Díaz Bruzual por primera vez abre  la puerta del endeudamiento fiscal, y como lo malo siempre se contagia  de allí en adelante comenzaron préstamos y más deudas  internacionales garantizadas debidamente por la nación, cuya actividad para rellenar huecos de débito fiscal se hizo cada vez más intensa  tan lesiva costumbre, incluso en el último gobierno del presidente Caldera, lo que comienza a crear un clima de desconcierto y temor que pronto terminará en tragedia.  Por ello la vida nacional se fue tensando mientras  la gente murmuraba y el aparato del estado entró en desequilibrio, oportunidad que aprovecha una fantasiosa izquierda ideológica militar hasta entonces controlable  para insurgir  dando un golpe de estado, el cual pronto se debela y cuyo principal  cabecilla fue un teniente coronel desconocido  a quien se le conocía por “el loco Hugo”,  de origen barinés que tenía suficiente  contacto con grupúsculos seudo izquierdosos y oníricos venidos a menos pero que atendían consignas  vanidosas  ya decadentes lanzadas al azar para sus acólitos por el estrafalario e  insaciable  actor Fidel Castro, culpable directo de tantos asesinatos políticos en Cuba desde antes y después de la revolución insular, época de desastres y miseria por todos conocida.

            Entre la implantación progresiva  con estira y encoje del nuevo sistema cubano y el manejo sutil de “el loco Hugo”, que empezó a entregar  el país como si fuera suyo, hasta arruinarlo, existe un trecho de descomposición alternativo y en progreso, donde todo el aparato público comienza a fallar, en medio del verbo complicado  de aquel manda más y ciertas poses subjetivas, ya ensayadas por Hitler y Mussolini con fines totalitarios entre esquemas, proyectos y papeles sin fin, mientras el pueblo entendedor de los fines y desmanes cada vez sin control se armaba de interrogantes. Cuando comienza ya el desafuero económico y la entrega servil de nuestra economía con toda la trama política anti sistema que se forma, el venezolano empieza  a reaccionar  y ya prevalido de situaciones parecidas como acaeció en países del este europeo y en Asia, sin dejar desde luego afuera a Cuba, pronto se comienza a vislumbrar la realidad  del desastre, por lo que familias enteras por días y hasta semanas hacen fila en la embajada de Estados Unidos y otros países hermanos tan propicios para emigrar ante la inminencia de tal hecatombe que abarca a toda la sociedad venezolana.  De aquí que bien pronto infinidad de valiosos jóvenes, de importantes familias y de llorosos desterrados  comienzan a emigrar, algunos por un tiempo con la esperanza siempre presente del regreso y otros que se van a la buena suerte de Dios, de todo lo cual hoy andan radicados fuera de Venezuela cerca de dos millones de compatriotas. La suerte y como ocurre siempre ha sido diferente en muchas  ocasiones, como aquellos tantos profesionales que hoy devengan salarios incompletos  allende el océano, pero que pueden subsistir con privaciones rodeados de libertad a la espera de los mejores tiempos cuando desaparezca la plaga de buitres aún   adueñados de nuestro país mediante la traición imperdonable  de mensajeros del odio destructivo.

            Si a ver vamos los venezolanos  que se han visto obligados a abandonar la patria   se cuentan por cantidades rompiendo  los cálculos predecibles sobretodo luego de la indescifrable muerte  del babalao mayor como tildan al barinés que llevó a Venezuela por el camino de la destrucción y la entrega.  Así las cosas hoy podemos encontrar paisanos establecidos y con rumbo mejor  en Bogotá, donde ya existe una zona creciente de comercios que expenden productos venezolanos ahora  producidos en el hermano país,  a lo que se agregan restaurantes y sitios de yantar que han introducido nuestro paladar  con muy buen futuro y ya con clientela permanente, de día y en horas nocturnas. Otro tanto puedo agregar  a los locales establecidos en la ciudad de Panamá, con los reputados desayunos nuestros, o los almuerzos también, todo lo que demuestra la actividad del pueblo habitante en el exterior, que siempre aspira regresar con sus familias una vez  que de nuevo entre la tranquilidad  y la paz. Igual acontece  con comunidades ya mencionadas en España (Madrid, Canarias, Barcelona y hasta Galicia) o en Portugal y Madeira, Roma,  Florida, Canadá,  Moscú (un ruso de Venezuela fundó allí un conocido restaurant), y, en fin, entrando en más detalles podemos así notar que las venas de nuestro país se extienden ahora por varios continentes. Y si ustedes con buen reposo penetran  con estos conversatorios entre amigos, de seguro se asombrarán de la gesta que ahora realizan con esfuerzo y voluntad la legión de venezolanos que por doquier  siembran patria extra fronteras,  lo que sin duda nos hará más fuertes en el futuro promisor.  Que así sea.

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