domingo, 9 de marzo de 2014

EL PROMINENTE REINO DE LOS CUICAS (IV).

Al cronista, historiador e investigador Alí Medina  Machado,
Profesor de la Universidad de  Los Andes (Trujillo). Dedico.

Alfredo Jahn

             Amigos invisibles.  Como continuación de este trabajo que trata de los indios cuicas trujillanos y ya para darle un final feliz hemos tratado diversos tópicos que les son entrañables con lo que podemos darnos una idea de su conformación social, como el desarrollo adquirido por estos aborígenes y donde existen relaciones sustanciales con la cultura muisca, entre otros planteamientos aquí hechos sobre la geografía, genética, el impacto acaecido por la penetración española, aspectos poblacionales y de familia, la vida en sociedad, la temática  agrícola, su indumentaria y el trabajo manual, la medicina, el campo de su visión guerrera, la importancia de los caciques en las tribus, relaciones mercantiles de su comunidad, una mirada  antropológica, la importancia legendaria del mohán y la religión en sí, mientras que a partir de ahora abarcaremos otra visión de conjunto para llevar a cabo la propuesta emprendida.
                         
                           EL MINTOY.
             Este nombre genérico cuicas  abarcaba una serie de sitios escogidos que podían servir  de silo, granero, osario, cueva sepulcral (misá) y santuario, emplazamiento este reverencial que establecían en lo alto o prominencia de los cerros, y hasta de habitación para algunos indígenas, considerando que en investigaciones arqueológicas se han descubierto más de 32 cavernas identificadas, y de grutas también. Como cementerio de uso comunal, salvo en casos parameros cuando estaban dedicados dichos lugares de ofrenda al culto de los ídolos heréticos y no de sepulcros, estos sitios sirvieron para dar sepultura a los naturales junto con algunas pertenencias y comestibles, en el viaje sin retorno hacia la eternidad. En homenaje y profundo respeto a los antepasados y a la muerte, “primogénita de la noche y hermana del sueño”, a los recién fallecidos (knach) como hecho normal se les enterraba en forma sedente o en cuclillas, dentro de grandes botijas alfareras o urnas de barro, y en el caso de los prisioneros mediante la condena a sufrir se los sepultaba vivos.

             Osarios indígenas se han encontrado  en las alturas de Miquinoco, Esdorá, Siquisay, partes bajas de Niquitao (montaña venerada  por ser la más alta de la región), Durí, Visún, Chejendé y otras. De igual forma recordaremos algunos santuarios o adoratorios cuicas de importancia: Mocoy, Siquisay, Mitán, Visnajacito, Castil de Reina, parte alta de Niquitao, Cordoncizal (cuya cueva adoratorio tiene cuatro departamentos y en una de esas habitaciones altas caben hasta cincuenta personas), Escorandí, y la profunda cueva carachera de Kaneva. Como otras cavernas o grutas descubiertas, donde se han encontrado algunos objetos utilitarios cuicas y de importancia, señalaremos las de La Chapa, páramo de Los Linares, Teta de Niquitao, La Peña (Agua de Obispos), Los Muñecos (Escuque), Tuñame, Cuchillo (Santa Ana), La Candelaria, La Quebrada, Peña Colorada, La Pilaria, Gendé (con varias grutas), y la Cueva de Santo Domingo, donde se encontrara un porta ofrenda con figura de cocodrilo, cripta que en algunas partes interiores tiene seis metros de altura y la que alberga  varias galerías, con paredes pintadas. Dentro de las numerosas excavaciones hechas por especialistas, otra zona arqueológica en estudio es el sitio betijoqueño Los Tiestos.


                       Es necesario traer ahora al recuerdo que en muchos lugares del territorio cuicas se han encontrado numerosos
Rafael Maria Urrecheaga
ídolos, muñecos, vasijas, adornos, tiestos y otros utensilios cuicas, que luego de pasar por manos particulares de preferencia hoy se hallan integrados en colecciones privadas y en museos nacionales y extranjeros. Por ejemplo en este andar aborigen el año 2.013 la conocida londinense galería Sotherbys sacó a subasta varios objetos provenientes de la cultura cuicas, a lo que el gobierno nacional y entidades particulares se opusieron razonadamente.


EL ELEMENTO POPULAR.

             Así como los cuicas eran trabajadores y sumisos a las órdenes de la tribu, en el aspecto espiritual fueron también dados a las festividades, reuniones, mercados, ferias, a los juegos como la ruleta humana cucurumbamba, y a la música que acompañaban de tamborcillos, alguna flauta a manera de quena, maracas, fotutos (caracolas), chirimías, o guaruras (cochas de caracol o “muséu”, con hendiduras) y cantos monótonos rituales, mientras danzaban en redondo, comían bollos picantes de maíz, carabinas (bollos con caraotas negras) o atoles, masatos y mazamorras mielosas (tsatsá) sacados de ollas (nayú) e ingiriendo al tiempo chichas (tsambay o kombeuch) enfuertadas, guarapos y licores de alta gradación alcohólica, como el llamado y popular aguardiente catalán competitivo, licor de apio fermentado, arifuque ((licor hervido de maíz tierno y tostado) y aguardiente criollo de panela o miche, que llegaban a embriagarlos. Las mujeres por su lado, cuya virginidad o doncellez no era de respeto, jugando un segundo papel debían trabajar más que los indios, y usaban para estas ocasiones solemnes además de collares, como también los hombres, láminas o placas pectorales de dos alas (gem kikache), en forma de ave estilizada, gargantillas, otros adornos, colgantes, mantas, esteras, etc. Tanto en la guerra como en reuniones tribales estos indios acostumbraron a tatuarse los cuerpos, para lo cual usaban pintar de negro la cara con el fruto del árbol jagua, parecido a la manzana, y en otras partes corporales se untaban por franjas con la hoja de bijao (que da una secreción encarnada), o el rojo extraído de la frutilla onoto (en muisca llamado achiote), y luego podían danzar entonando cantos guerreros que los incitaban a la rebelión, como ocurrió en época de los invasores españoles, en que por largo tiempo se mantuvieron indomables muchos indios, valga asentar los cabiscús, cumbes y carambúes, al mando de sus bravos caciques. Además se engalanan la cabeza con plumajes, taladrándose los lóbulos de las orejas (kusmen) y otros lugares faciales para colocar signos de adorno.

                                     LA ESTRUCTURA LINGÜÍSTICA.

             Dentro de esta nación desarrollada en sus límites naturales podemos abordar el tema de la estructura linguística, semiológica, que en parte fue penetrada por lenguajes vecinos,
Tulio Febres Cordero
en especial de origen mucus, como era lógico pensar por el provenir de un mismo tronco fonético, palabras y frases sueltas, que pudieron ser recogidas dentro de la aislada población de los altos parameros hace ya más de un siglo y gracias a los apuntes del maestro Rafael María Urrecheaga, cuando estaba a punto de extinguirse este hablar característico, ya deformado por cierto con los viejos modismos y neologismos hispanos.

             Debemos observar que el avance de los conquistadores hispanos para preservar la unidad de ese imperio prohibió tajantemente el uso de las lenguas indígenas (1.770), como de los cultos religiosos heréticos ancestrales, que así sufrieron un serio revés en su normal desarrollo. Sin embargo, podemos decir que la lengua cuicas utiliza frases cortas, es sencilla, de pocas palabras y mejor entender, con tendencia formativa onomatopéyica en aquello de la ley del menor esfuerzo, simbólica e ideográfica, que proviene del tronco mayor muisca y su uso fue generalmente oral y nunca escrito, como aconteció con las otras lenguas de los naturales, salvo los empleos criptográficos, glifos e ideogramas, de donde hubo necesidad  de aplicar la escritura española en la versión americana, para un mayor entendimiento. Algunas pictografías expresivas pueden encontrase olvidadas a lo largo de las sierras trujillanas, entre piedras y grutas, pero no existe ninguna escritura formal, ni siquiera del tiempo de los españoles. Vale decir, pues, que esta es una lengua simple, monótona y sin dificultad alguna, aunque en parte carece de varios sonidos correspondientes a las letras castellanas. Hay fuerte pronunciación hacia una “ch” suave (sh), y es común también el uso fuerte de la “k” (de origen semítico, de poco empleo real y extraño al castellano). En la intercomunicación lexicográfica abundan muchas partículas del lenguaje mucus, como existen cambios en la acentuación fonética en referencia con el castellano, lo que es importante indicar porque ello distorsiona el sentido de las palabras o ideas, y no existe el acento esdrújulo, e igualmente señalamos que el sustantivo de la oración permanece indeclinable.

             Entre otras características orales en el lenguaje cuicas se encuentra abundancia de topónimos parecidos, y así también sinónimos y homónimos, utilizándose además muchas palabras compuestas que cambian de significado, como en igual forma ocurre con los prefijos, lo que podría ser importante en el nuevo estudio semiológico. Dentro de la traslación subjetiva al castellano, en sonido y escritura posterior a sus raíces se usa indistintamente y como asiento una letra extraña, que es la señalada “K”, y existen sonidos acomodados al lenguaje que tienden a confundirse, como la trasliteración de la “I” por la “Y”, encontrándose afinidades de esta lengua con la hablada por los chibchas colombianos y alguna relación con lenguajes indígenas de Costa Rica y Honduras, que en el curso de los siglos prehispánicos mediante migraciones costeras pudieron penetrar en la hoya del lago de Maracaibo. Finalmente esta lengua por obra del mestizaje cultural y traslados poblacionales que se realizan durante el período colonial, fue perdiendo su independencia homogénea para terminar en una suerte de jerga de dialecto regional que perduró débilmente hasta entrado el siglo XX, allá, en lo más alto y alejado  de las montañas trujillanas.

    EL  CAMBIO VITAL.

             Los indios cuicas para el comienzo del siglo XVI se hallaban bien identificados como una sola nación manejada por caciques, dentro de un contorno de pueblos unidos por el tronco común y bajo ciertas vinculaciones que los ataban a los muiscas y las más recientes a través de los vecinos chamas, y hasta con ciertos jirajaras y betoyes pacíficos y sedentarios.

Dr. Ramon Urdaneta con Amigos.
      Pero a raíz del ingreso de los españoles a su territorio se fue produciendo un cambio lento y total en cuanto a la lengua de uso, el espacio vital y la transculturación, de donde el blanco arrogante y barbudo (karachu), opresor encomendero, pronto trae población negra (kue) africana (1592), de carácter esclava, adquirida por compra para el trabajo comunal de los propietarios, quienes debían rendir tributo de gestión a sus dueños mediante faenas del campo (mitayo) y a pagar otras cargas que les eran obligantes.  En 1621 el Gobernador de la provincia de Venezuela, Francisco de la Hoz Berrío, redujo a diez pueblos los indígenas habitantes del territorio cuicas, desapareciendo la estructura anterior, y para 1687, en tiempos del gobernante Diego de Melo Maldonado, dentro de la decadencia y el mestizaje general habido esta provincia de los cuicas, como anterior se le llamara, albergaba 12 doctrinas territoriales, 17 pueblos españoles fundados y 49 encomiendas indígenas.

              Así, por imperativo obligatorio del tiempo fue diversificándose el singular cuanto saudoso reino de los cuicas, a través del silencio y la montaña, del trabajo y la muerte, para de este modo acceder en otro reino, el de los inmortales y el recuerdo, que aquí es detallado como parte de su propia historia.

CONCLUSION.

             Amigos invisibles. He tratado de ser cauto dentro de este estudio para intentar reconstruir la vida y tiempo de los cuicas,  que sea fácil de entender a pesar de los tropiezos existentes por la escasez de materiales necesarios que permitan profundizar su conocimiento y las desviaciones ocasionales que se tienen fijando ciertos análisis debido a cualquier desproporción de esta vida indígena por obra de escasos y ligeros rastreos, como el insuficiente indagar de las fuentes seguras, donde la fantasía e inventiva como es de suponer vibran con múltiples leyendas que acaso desfiguran su realidad histórica, lo que en el fondo desvirtúa el estudio orgánico de esta cultura regional desviando la seria misión de cuanto en una y otra forma, según el ángulo del interés deseado, tratan y consiguen corregir distorsiones y sentar cátedra de conceptos para el estudio de su verdadero aporte en el contexto étnico indigenista del país. Estoy entendido que muchos de un tiempo para acá y sobre todo a nivel universitario han estudiado de manera metodológica algunas fases de la valiosa historia y el climax en que se desarrolló esta cultura superior, ya que he podido indagar en ciertos trabajos publicados mediante experticias y manejos de campo que se especializaron en diferentes áreas del conocimiento. Pero aún hay mucho por conocer y como buenos pacientes con la lupa de la instrucción se debe continuar resolviendo enigmas en el empeño para conseguir los méritos y lauros atribuibles a su estudio, aunque a objeto de llegar a esas etapas últimas de satisfacción es necesario alimentarse del tiempo. Por mi parte he querido rendir un nuevo tributo de su pre e historia indígena, ya que en los entresijos de mi ser absoluto conllevo gotas de aquella sangre por decir milenaria, y eso me enorgullece.



             Finalmente debo recordar en esta materia específica a ilustres sabios, científicos, maestros y pensadores que de una forma personal y con diversos campos de visión ayudaron a mantener encendida la llama de ese pueblo orgulloso, tranquilo, tenaz, que forma parte esencial de nuestra nacionalidad. Entre tales maestros del ayer y de hoy que a manera de colofón apenas recuerdo, porque profundizar en sus trabajos sería materia de otro largo ensayo, menciono a Rafael María Urrecheaga, Julio Cesar Salas, Alfredo Jahn, Tulio Febres
Dr. Numa Quevedo
Cordero, Amílcar Fonseca, Mario Briceño Iragorry, Numa Quevedo, Emigdio Cañizáles Guédez, Mario Briceño Perozo, Arturo Cardozo, Manuel Andara Olívar,  Américo Briceño Valero, Hermano Nectario María Pralon, Miguel Muñoz de San Pedro conde de Canilleros, J. Segundo Salas, Lisandro Alvarado, Gilberto Durán y otros estudiosos perspicuos con cuyo conocimiento y exposición para siempre vive el verdadero reino de los cuicas.  Gracias a todos por seguirme en este empeño laborioso al que así he dado término.

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