miércoles, 2 de octubre de 2013

DON CORLEONE: UN ROBO CASI PERFECTO (I).


           Amigos invisibles. Escribo esta presente crónica para que el mundo sepa mediante su estudio en el blog que ya han leído más de 250.000 interesados, como se puede constatar, con mucho dolor eso sí porque toca las fibras más íntimas del alma puesto que se refiere al lugar apacible de mi nacimiento  en Venezuela y donde por múltiples sucesos  enhebrados con fina puntería de tres años largos para acá se ha producido un hecho antinatural, como de bestias salvajes dominadas por la obsesión del dinero en que cayeran con trampa algunos perturbados ora por el exceso de una funesta mente directora llena de venenos dogmáticos y drogas alucinógenas, con que se domina más el entendimiento, ora por seguir los caminos del odio sembrados de anticipo para recolectar cosechas en una posible, inalcanzable y consumida revolución, a pesar de los buenos deseos que se pudieron esperar.
            Todo ello viene a suceder precisamente  en Trujillo, por antonomasia la Ciudad de la Paz, urbe por esto internacional que alberga en su entraña montañosa y por todos vista  de día o de noche, una fabulosa estatua de la Virgen de la Paz, de 47 metros de altura, más elevada así que el Cristo de Corcovado de Río de Janeiro, con lo que recibe y como se dice en los bajos fondos que provocaron la infamia, una puñalada trapera.    Pero el desconocimiento inicial de los hechos acaecidos me llevó a considerar la acción delictiva como algo secundario, aunque luego y con el estudio a fondo del caso, al tener suficientes bases de cómo se manejan estas circunstancias delictuales, que muchas no prescriben por atentar contra patrimonios de la humanidad, por ser protegidas mediante leyes internacionales que implican a la UNESCO y dado que son de carácter invalorable, como el caso de las estatuas de Buda en Afganistán, me fueron poniendo en un razonamiento cada vez más profundo del horrible escenario planteado por quienes corruptos desde arriba en la autoría intelectual dirigieron la operación y a sabiendas de su contenido calificado, aunque luego de los hechos traídos a la escena imborrable y de sus consecuencias que algunos por razones diversas quieren ocultar entre una tolerancia o mejor complicidad delictiva (no sé, no ví, etc.), buena parte de la población pensante trujillana (ense) conoce a escala y con  detalles el grupo maléfico que intentara y con previo éxito emular las hazañas del atraco al tren postal inglés de Glasgow, en 1963, que realizaran 17 delincuentes amaestrados durante tres años estudiando en los pormenores tal asalto, por lo que se le conoce como “el robo del siglo”, con un “cerebro maestro” por detrás, de donde con el tiempo exacto cargaron 126 bolsas grandes conteniendo dos millones seiscientas mil libras esterlinas (algunos 50 millones de euros actuales), lo que puede ser convertido para la historia en un film que debiera servir también de recuerdo a lo horrendo de Trujillo, en el ejemplo  del crimen organizado  y castigo permanente para aquellos que muy pobres de la infancia, con arrabales y odios soterrados de la juventud y mediante indigestiones de librería especuladora logran inmiscuirse en algunos medios propensos al engaño para hacer capital de tales fechorías, ahora sin límites.
            Pero a lo que debe enfilar su búsqueda científica con tantos sistemas detectores que ahora existen, sicológicos, bancarios, registrales, prueba del polígrafo, indiciarios, de lavado de dinero en este caso aquí y en Colombia, principalmente, a pesar del terror que se imponga, al estilo Pablo Escobar, es mediante el recabamiento de verificaciones suficientes a través de técnicas elaboradas para seguir las numerosas pistas (testimonios, peritajes, inspecciones, huellas dactilares, presunciones, grafotécnia, detector de mentiras, evidencias, etc.) como el caso de los expertos cuanto precisos interrogadores y de la búsqueda de los cuerpos del delito general, que con sabuesos conocedores a fondo de su materia (¡Elemental!, Waston) puedan descubrirse en constantes interrogatorios cruzados (cuando se agarre a un pillo los demás se detendrán cantando) para romper destruyendo la fuerza defensiva de los culpables, que allí medran entre Trujillo y Caracas, principalmente, como pude darme cuenta en un viaje reciente a esa capital andina.   Para desmontar este andamiaje de corrupción, bandidaje o conchupancia bien sostenida donde el que calla otorga,  es necesario elaborar un cronograma de trabajo para la cacería de los culpables directos e indirectos, colaboradores, cómplices, aguantadores, beneficiarios y otros de tal pelambre a ser llevados tras rejas en cárceles de seguridad  como la de Sabaneta, en Maracaibo y ya en vías de extinción, mientras se elabora con detalles una pirámide  contentiva de hechos donde luce arriba la troika de los guantes de seda o ejecutores principales, como lo afirma todo mundo en aquella ciudad, compuesta del exgobernador “gay” de ese estado andino, que permitió toda suerte de excesos y compadrazgos y desde luego que robos descarados a compinches bien conocidos manejados por el Director de Educación, por cuya vía vox pópuli se dio como obsequio de lucro al cronista citadino involucrado al extremo en estos delitos, y quien aún goza de un  alto sueldo directivo, se dio, repito, tres apartamentos de regalo o pago de fechorías en el sitio La Muralla, cerca de Trujillo, rumor colectivo al estilo de Fuenteovejuna, para ahondando en la pesquisa probar los hechos (caiga quien caiga, cero tolerancia), que tomará muy en cuenta el Fiscal escogido del Ministerio Público, abogado Alfonso Bustos Cohen, capaz funcionario que con otros subalternos se encarga de la averiguación exhaustiva de estos actos ilícitos, repito, con imputados incluso, como es mi parecer, igualmente criminales.
            Dentro de la pirámide de los acontecimientos existentes y su calificación necesaria, sin dejar nada en el olvido o mediante tácticas dilatorias, del expediente, en que se decidirá entre otras cuestiones  sobre los tres cabecillas ya determinados en aquel pueblo donde todo se conoce a pesar del entramado encubridor que se realizara, aparece ahora una cuarta figura fundamental que es el verdadero cerebro de la organización y por cuya influencia y conocimiento pudo saberse el valor exacto de los haberes robados, perdidos o como se les quiera calificar, porque sin esa tasación de los valores de mercado bien a través de Venezuela o de Colombia (y acaso de Liechestein, frontera con Suiza), que es ahora un país con buenas operaciones mercantiles y que este susodicho rufián de cuello blanco conoce por haber vivido allí aparentando mansedumbre,  donde hizo amistades comerciales a montón de soporte de las presuntas fechorías, todo a dilucidarse desde luego en tribunales capacitados, con probidad y evidencias suficientes para los autos de detención posibles y de donde, por consiguiente, conoció el manejo de los libros viejos de valor, desechando lo inservible o de precio vil, como el supuesto comercio con muebles y otros artículos de valía (medallas, monedas, etc.) que ahora tienen buena salida en el mercado colombiano.  Esa labor de zapa debió ser preparada de tiempo atrás, desde cuando el dicho negociante inescrupuloso se dio perfecta cuenta del material único y de gran valor que existía en Trujillo, casi a la mano de cualquiera,  por lo que en forma milimétrica y al amparo del tiempo fue preparando el terreno (por ejemplo se hizo muy chavista de fachada a fin de no despertar sospechas) para mover sus mañosas habilidades financieras, cuando las agallas le crecieron y montó propiedades de mucho precio en Venezuela y Colombia.
            En esta tercera parte de la crónica que en un mañana se tomará como base y ejemplo de fechorías y corrupción solapada en América Latina y defendida por inescrupulosos y cómplices dirigentes que hasta en el plan social han  manchado por siempre el nombre trujillano mediante sus orgías sexuales y otras calamidades horribles que ustedes podrán entender, bueno es ahora plantear  cómo vino a generalizarse esta suerte de virus existencial que acabó prácticamente con las vivencias del Centro de Historia del Estado Trujillo y del Ateneo de Trujillo y su imponente edificio, instituciones ambas de suma, variada y específica calidad dentro de la cultura del Occidente venezolano.    Pues bien, a favor  del maléfico plan elaborado en forma milimétrica lo primero fue introducir un grupo anarquista de gente humilde y al principio querida,   para ser los motores de la conspiración patrimonial, valiéndose para ello del cronista local enfermo de una mente correcta e inventor de fantasías históricas y acaso empujado por el consumo de estupefacientes baratos que con su pandilla ideológica cartelizada de cultura malandra (cuyos nombres bien se conocen), cada vez más insensata y violenta desestabilizó primero el Ateneo de Trujillo, cómodo y bien proporcionado edificio construido en administración anterior, que le había dado amplio cobijo en sus desaforadas elucubraciones intelectualoides de ensalada mental, en que todavía no pasaban a la acción, mientras ya en conocimiento de lo que allí existió se fue elaborando el plan macabro que incluía el hurto descarado de muebles valiosos como el fino piano de cola y sobretodo el robo o desaparición de alrededor de sesenta (sesenta, repito sesenta) óleos o pinturas propiedad de dicha institución cultural (como Trompiz, Piquer, y los demás a describir que ya agrupados debidamente deben reposar sus datos en los interrogatorios fiscales y recaudos policiales que con cuido se habrán realizado).    Todo este inmenso patrimonio cultural que se formó en más de 50 años ha desaparecido y sería demasiado pueril y comprometedor hacerse de la vista gorda, ocultando realidades o evidencias como también incongruencias, porque a través de las pistas y los interrogatorios técnicos estoy seguro se descubrirán a los culpables.    Además se perdió una colección completa y numerosa de las obras del extinto pintor y abogado Rosales Albano, cedidas por su autor en propiedad al Ateneo de Trujillo, como consta, y según es vox pópuli en Trujillo algunos autores del latrocinio ofrecieron algunos de esos cuadros a terceros, cometiendo otro delito condenable en este sentido.
            Pero donde quiero más profundizar en esas apreciaciones  recogidas en el viaje antedicho es con respecto al Centro de Historia del Estado Trujillo, institución oficial que guardaba invalorables tesoros históricos, y lo que conocía más por mi vinculación al ser Miembro fundador del mismo, Individuo de Número y Decano de dicha Institución al que dediqué tiempos de mi vida intelectual con cariño especial porque dicho histórico inmueble perteneció a nuestra familia y desde pequeño lo vi reconstruir por parte de mi padre. De allí el cariño especial y el tesón que siempre puse en su progreso, al extremo que a él entregué piezas de mi colección particular que deben constar en los inventarios respectivos verbigracia, documentos vaticanos  y franciscanos de Washington y Roma sobre los obispos Alonso Briceño y González de Acuña, medallas iraquesas, piezas del primer acueducto de Trujillo, monedas, la colección de libros colombianos, la colección sobre literatura de guerrillas, cuatro acuarelas únicas y mías pintadas en Europa, etc., etc.).  Pero esto es nada en comparación con lo que sucedió luego que la citada troika aparentemente bajo la batuta de un cronista oficial bien conocido y quien con zafio desparpajo aspira a su reelección, como intenta ser Alcalde trujillano otro bandido de esta troika que emula en el delito a los famosos “caprencos” citadinos, quien por una u otro forma se han enriquecido y no sé si, salvo testaferros,  declararon su patrimonio antes y después de los cargos aludidos, como la manda la ley. Es aquí en este Centro de Historia donde se cometieron los mayores vandalismos, una vez que según comentario vox pópuli, se tuvo conocimiento del valor de todos y cada uno de los bienes comerciables que fueron saqueados lentamente (delito continuo) a través de grandes bolsas negras de basura, para nadie ver el contenido y que se trasladaron con nocturnidad al Ateneo de Trujillo, habilitado para ello (vox pópuli) a fin de ser enviados fuera de Trujillo, supongo yo que con valor ya establecido. Así desapareció entera la Biblioteca 24 de Julio, cuyos libros deben reposar en alguna parte, como se estila, para luego y pasado un tiempo de su ocultamiento, venderse en oportunidades a compradores especializados. Tengo además entendido, por vox pópuli, que deberán averiguar las autoridades encargadas de elaborar el o  los expedientes, que los libros no interesantes para el negocio lucrativo se vendieron por quilos a una empresa recicladora de este material para hacer nuevo papel o cartón (ello se constató fehacientemente e infraganti en el vertedero de nombre Sector Domingo, cerca de Pampanito, según refiere Rafael Salas), donde pudieron incluirse las insustituibles colecciones hemerográficas, que no eran negociables de otra forma. Todo este inmenso patrimonio cultural se perdió en el delito, aunque buenas piezas a la larga saldrán a la venta (al estilo La Odalisca, de Matisse, del Museo Contemporáneo de Caracas), aquí o en Colombia, oportunamente, según el mercado negro lo requiera o determine.
            Y siguiendo sobre el tema del Centro de Historia, que considero dará forma para un grueso expediente policial, en varios tomos y cuadernos, sabrán ustedes que el expolio de los cuadros de esta institución fue grande (yo obsequié cuadros de Pacheco Maldonado, sobre Andrés Linares  y del Trujillo antiguo, que recuerde, como una colección de numerosas fotografías trujillanas) y por un odio visceral se rompieron otros, como bajo el comando de la troika comercial se destrozó el valioso obsequio español a Trujillo en su cuatricentenario,  del busto en tamaño heroico del fundador García de Paredes (obra del valorado escultor Juan de Avalos, artista perennizado en el monumento hispano del Valle de los Caídos,  que una noche negra lo bajaron a mandarria para vender por quilos su preciado bronce), así como enfermos de rabia oscurantista e inquisitorial rompieron y desaparecieron el valioso óleo grande del mismo fundador, obra del reconocido y valorado pintor extremeño Solís Ávila, que presidía el Ayuntamiento trujillano de Venezuela. Igualmente en el frenesí desapareció el busto del ilustre Sancho Briceño, de quien casi todos los trujillanos descienden.      Con respecto a la Biblioteca de Mario Briceño Iragorry, el mejor escritor trujillano y uno de los grandes pensadores venezolanos, que por algún trauma escondido odia el cronista señalado, con rabia agresiva de ignorantes fue desaparecida y sus libros llenos de dedicatorias y empastados (alrededor de tres mil), están a buen resguardo escondido del caco, lo que implica muchos millones de bolívares, del supremo autor de estos desmanes que pobre de nacimiento ahora vive de manera lujosa, pavoneándose con otro compinche de su pueblo y reclamado por la justicia venezolana por estafador diverso en mucho dinero (millones)  de los haberes públicos y de quien (vox pópuli) por el estilo usado   engañoso y subliminar ese capo escribió en Google un artículo laudatorio que da vergüenza y tristeza de las mentiras o falsedades allí insertas, convirtiéndose en cómplice y compadre de estos hechos en distorsión, a ser investigados formalmente.  
Y volviendo  al tema del Centro de Historia, agregaremos que todo fue saqueado (recordar las bolsas negras sacadas en horas nocturnas), de las computadoras para abajo, que desapareció por arte de magia otra importante biblioteca allí existente, toda la colección valiosa pero muy valiosa en el mercado internacional de piezas de la civilización faraónica egipcia adquirida por el gobierno regional y obsequiada en algún comodato para el Centro de Historia, mediante negociación oficial con el embajador Antonio Martín Araujo, que ya debe reposar en anaqueles extranjeros.     Igualmente desapareció un juego de muebles enchapados con nácar, de alto valor.     De igual forma desapareció, según tengo entendido, la mascarilla mortal de Briceño Iragorry, monedas, medallas,  y algunas piezas indígenas acaso fuera de catálogo (algo semejante al robo indígena ocurrido hace poco tiempo en San Lázaro, de la colección Adelis Valecillos), como lo más grave, sumando a ello la pérdida del cuadro enorme debido al excelso pintor Antonio Herrera Toro (es retrato de un Pimentel y Roth), tan valioso en precio y calidad como los de Arturo Michelena, y lo más grave también, que recuerde, es la pérdida del augusto y gran retrato al óleo que plasma al sereno y victorioso general (pintado en traje civil, creo que por Hulk) y luego Presidente de los Estados Unidos, Ulisses S. Grant, valorado según se especuló en 100,000 dólares americanos (una verdadera joya de la corona), de lo cual no se dejó ni rastros.     Otro desatino nefasto de quienes tomaron a gritos y palos el Centro de Historia, ahora vuelto a su razón de ser mediante la oportuna ingerencia del Gobierno regional, fue la implantación de una fingida generala de los ejércitos de Venezuela, parienta supuesta del cronista conocido y de quien el atarantado de marras inventó una absurda biografía (como técnicas obsoletas de izquierda desaforada) sin ninguna probanza documental a quien en elucubraciones de parranda la hace aparecer en el campo de Carabobo (la batalla de Carabobo es uno de los hechos más estudiados a conciencia de nuestra Historia nacional), junto a ocho generalas (¿?) de Trujillo y de quien nadie, pero nadie, con tres dedos de frente ha sabido nada, y el gobierno local de la troika publicó el adefesio inconsulto, trajo de Caracas a la ministro León y formó una alharaca con ello, en medio del mayor desconcierto y risueñas quijotadas de este iluso enfermo.  Ah, y es buena prueba para dilucidar estos hechos aquí denunciados, que se robaron también  una importante carta firmada por Simón Bolívar, como antes habían querido vender con alto precio a la Academia de la Historia tres cartas también bolivarianas, que resultaron falsas, todo ello en componendas con la corrupta institución oficial FOGADE y sus extensos y mafiosos tentáculos directivos.
Bueno, este trabajo para la Historia de Trujillo se ha extendido, porque en condición de historiador y bajo dolor por ser mi patria chica debía dejar ante el mundo constancia con datos ciertos cuanto manejables de lo que se ha cocinado y se ventila en los bajos fondos canallescos y hamponiles de la delincuencia organizada, como la complicidad en los niveles de actuación, que deberá servir de ejemplo y condena en el futuro. A lo aquí expuesto, a fin de abrir campos objetivos al  expediente en marcha (por cierto la doctora Diana Rengifo, expresidenta del Centro de Historia, aportó recientemente muchos datos de inventario y fotos a color demostrables de algunos objetos perdidos, que  señalan fehacientemente la actitud ilícita de quienes deben ser inculpados),  según lo he afirmado en aquella ciudad, no espero que mediante negligencia se le eche tierra de olvido porque eso también comprende un delito, que llaman de omisión, o de cooperación, ya que aquí he sostenido conclusiones en forma clara y sencilla sobre la trama y la autoría de la troika y del cerebro por encima que debió manejar tan orquestada manipulación criminal.     
  En lo demás y por ahora, espero que con esta “notitia criminis” aportada suficientemente el o los fiscales asignados y los tribunales penales y civiles sin cortapisas familiares cumplan con su deber de imponer la verdad justiciera y la defensa del patrimonio nacional. Esto lo afirmo a cuatro vientos porque recién graduado fui cofundador de la Policía Judicial en Venezuela, en 1958, órgano del Ministerio de Justicia, junto a mi gran amigo y Director Rodolfo Plaza Márquez, encargándome de poner en marcha todo el Occidente de Venezuela una vez acabada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, con algunos 25 jóvenes abogados más, donde se destacaron dos futuros Ministros de Justicia, mis amigos y colegas Pedro Arturo Torres Agudo y Reinaldo Chalbaud Zerpa.      Y para colofón de lo escrito, además de otras distinciones recibidas soy autor de la letra del Himno del Cuerpo Técnico de Policía Judicial, con música excelsa del maestro Juan Bautista Plaza, que en coro entonaron los antiguos petejotas y ahora cantan con solemnidad  miembros que en la eterna lucha contra el delito los sustituyeron, o sea los funcionarios de la policía científica o del CICPC.  Que Dios y San Judas Tadeo, patrono de las causas difíciles y desesperadas, pueda traer la verdadera paz a los trujillanos y a sus familias.

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