viernes, 26 de agosto de 2011

UN CHACAL DE CHACALES: CARLOS ILICH RAMIREZ.


Amigos invisibles. La ambivalencia como el mimetismo de las personas pueden jugar a ganador y en casos a lo contrario, como un buen tahúr en la maestría de los naipes no marcados puede esgrimir argucias para sacar provecho, aunque cualquier comodín se interponga en el camino. Y aclaro estas situaciones en el juego de la vida porque se conoce dónde se nace pero el final de cada uno es algo insondable, y en este enigma permanecemos mientras el aliento nos mantenga respirando o sea, mientras el cuerpo aguante.
                                 De esta manera no tanto elegante pero sí sincera voy a referirme a un venezolano de esos que permanecerán incursos en la historia de este tiempo, porque con las vueltas de esa rueda de la fortuna que engrandece o cría enanos agitanados, el nombre de Carlos Ilich Ramírez Sánchez se mantendrá por siempre en las páginas agitadas de eso que llaman el terrorismo internacional, con sus agregados ideológicos de extremismo o vesania que se inyectan mediante manuales elucubrantes de querer componer el mundo con palabras, con mentiras o con proyectos irrealizables. Allá ellos quienes se dejan llevar por las olas de esos tsunamis repletos de complejas estructuras mentales. Pues bien y yendo hacia el fondo del asunto por ser un personaje digno de aparecer en letras de molde, diré que el muy conocido Ilich Ramírez Sánchez nació en Caracas, cuna del  libertador Bolívar, el l2 de octubre de 1949, día por cierto emblemático al ser aniversario del descubrimiento del Nuevo Mundo, que usted según criterios emocionales puede atisbar como un episodio histórico relevante, o si le pone alguno de los pecados capitales lo verá con un prisma de horror, de tragedia, de genocidio y de cuantos males le pueda reunir para su digestión y la de otros. El padre de la criatura era un abogado de pensamiento marxista, luchador en cenáculos ideológicos que soñaba buenamente con hacer un mundo mejor, igualitario, sin pobreza, algo así como un mar de felicidad, dentro de la utopía que a los jóvenes de los años veinte del siglo idem, se les metió en la cabeza con tanto culebrón  o panfleto reformado de Historia con lo que juraban que Marx, Lenín y el tierno Stalin iban a componer la sociedad en aquel mundo de clase media en que se había desempeñado. Su progenitor  era José Altagracia Ramírez, nativo de Michelena, pueblo pequeño pero productor de café situado entre estribaciones montañosas del Táchira, con mucho de pobreza, que estimula hasta los actos heroicos, y donde naciera también el general Marcos Pérez Jiménez, de otra mentalidad menos extrema, que tirando del lado derecho del cordón en diez años de ejercicio dictatorial prácticamente dejó los pasos abiertos para transformar de un  todo a Venezuela, lo que  no se ha llevado a efecto todavía.
         Como Michelena dista poco de la capital San Cristóbal el mozo José Altagracia anduvo vinculado con esa vida tachirense, donde debió conocer al muy pobre y luego rico Presidente Carlos Andrés Pérez, quien vendía periódicos en el Rubio natal para completar en cierta forma las necesidades primarias, y quien sabe cuántas cosas se dijeron con el tiempo en medio de la penuria, porque no es de esperar que ambos pensaban  a su modo y a la larga construir un mundo imposible, sobre la base de teóricos dicharacheros y engreídos de pensamiento infuso. El marxista leninista José Altagracia estudió Derecho y con ello arranca un proyecto inatacable, casi prusiano, que iniciará con la propia familia, de tres hijos para quienes contrata profesores marxistas, y una esposa obediente que le horroriza lo ateo de su marido, mientras la clientela le sirve de fortuna y habita en Caracas, frecuentando al barrio de San Juan donde visita a su amigo rojo Gustavo Machado, y para la educación de su progenie. Vivió en el centro citadino, por San José y El Silencio en construcción, al tiempo que el vástago Ilich estudia en el liceo Fermín Toro, donde le llaman “El Gordo”, y granero de militantes izquierdistas, ingresando a las filas del Partido Comunista en 1964, al tanto que viaja a Cuba para entrenarse en guerrillas marxistas siendo reclutado por el general Víctor Senenov, de la KGB, y entrena en Campo Matanzas, donde conoce  al agente Antonio Dugues Bouvier, y graduándose por fin de Bachiller en 1966, mientras tira piedras encapuchado pensando en los favores de Lenín. Pero como la situación económica les ha mejorado, porque lo comunista también produce dividendos, el enamoradizo padre decide enviar a los tres hijos, Ilich, Lenín y Vladimir, al cruce de caminos que es la ciudad de Londres, acompañados por su madre divorciada del mujeriego, para una mejor educación cultural que abarcará también Francia y Alemania, con el proyecto exacto de la metodología comunista y porque allí vivió hasta su muerte el recordado Marx, y pronto con mediación de la Embajada Soviética en Caracas, en septiembre de 1968 se le busca una beca en rublos para que el recto camarada Ilich vaya a estudiar en la universidad internacional Patricio Lumumba, que con fines ideologizantes y en especial para África, funcionaba en el feudo político que es Moscú. En esa capital pronto Ilich entra en contacto con diversos estudiantes progresistas y discursivos,  en especial palestinos, pero al alborotarse el ambiente de tal grupo que hasta sin permiso marchan con simpatizantes proárabes y por diferencias con las autoridades soviéticas, es expulsado de ese centro de estudios, en julio de 1970, y días después viaja al Medio Oriente, a Jordania, donde ingresa en un campo de entrenamiento, para incorporarse de lleno en la lucha armada palestina, contra los imperialistas opresores israelíes y americanos, adoptando el nombre de batalla “Carlos”, que es el mismo del amigo de su padre, Carlos Andrés Pérez.
         Siete meses más tarde regresa a Londres, en acciones de inteligencia palestina, donde vive junto a su familia preparando proyectos (como el del secuestro de judíos importantes), se inscribe en la Universidad para estudiar Economía y el idioma ruso, y en ello actúa hasta octubre de 1974,  cuando se muda a París como miembro de la OLP (organización de liberación palestina), y en junio de 1975 en el Barrio Latino (casa de su novia venezolana, Nancy Sánchez Falcón, quien por suerte andaba viajando), ocurre una balacera entre la policía, un delator libanés y Carlos Ilich, muriendo dos agentes y el soplón, por lo que Carlos desaparece del país rumbo a Beirut, utilizando la vía de Bruselas. En el apartamento de marras, donde vivía esa amiga de Ilich, se encontró la última novela de suspenso del inglés Federico Forsyth, llamada en español “Chacal”, por lo que la prensa amarillista buscando otras patas al gato bautiza para siempre a Carlos Ilich, como el Chacal. De allí en adelante la aparición de Carlos El Chacal se hace presente como en otro diario suspenso, porque en 1975 se le acusa del intento para volar un avión israelí con el uso de una bazuca, y en diciembre de 1976 el caraqueño dirige  un asalto a la OPEP (organismo internacional petrolero) en Viena, donde toma 62 rehenes, entre ellos varios Ministros de Petróleo, para llamar la atención mundial en la causa palestina, y al día siguiente con los rehenes detenidos parte en avión hacia el destino final de Argelia, siendo liberados después mediante la entrega de varios millones de dólares, según se asienta, mientras Carlos regresa a sus tareas habituales de agitación palestina, bien en Hungría, en que monta hogar, o en Rumania. Desde 1977 El Chacal desarrollará un amplio trabajo  a favor de ciertos países llamados oprimidos, aunque a raíz de la desaparición de la Unión Soviética al mencionado Carlos se le restringe la actividad en el medio palestino, por la presión imperialista del lugar, de donde para resolver tantos problemas busca refugio en Sudán, al sur de Egipto, mientras por las fricciones internas que se acusan el gobierno islámico de ese país convulso llega a un acuerdo de su entrega física a París, a cambio de protección contra las sudanesas guerrillas cristianas del Sur, de donde el l5 de agosto de 1994 Carlos en un descuido enfermizo es apresado, se le narcotiza y encapucha  para entregarlo sano y salvo en el aeropuerto de Jartum a un equipo de agentes especiales de seguridad franceses, en cuyas cárceles (en especial La Santé y Clairvaux) a partir de entonces ha sufrido vejámenes y torturas variadas, según explica siempre su dispuesta defensa. En diciembre de 1997 Ilich, que por táctica guerrerista permanece dando declaraciones sorpresivas, fue condenado a cadena perpetua, mientras se le siguen causas penales diversas  por el atentado de un drugstore en París (1974), la explosión de bomba en un tren (1982), estallido de coche bomba  en París (igualmente en 1982), bomba en tren de Marsella a París (1983), y de París a Marsella el mismo día de 1983. Como terrorista de nota se le acusa también del fallido secuestro de un avión de Air France, llevado a Uganda en julio de 1976, que fue extensa noticia de amplia cobertura mundial. Por este tiempo el FPLP, palestino, secuestra un avión en Londres, ataca el aeropuerto de Tel Aviv y ejecuta la masacre de atletas judíos en las Olimpiadas que se premian en Munich.

                             De buena presencia, culto, políglota, conocedor de mundos y agradable en el trato de amistad pero astuto, ha manejado mucho dinero por el que vestía bien y siempre fumaba habanos, mas su debilidad por el genoma paterno fueron las mujeres, como su esposa Margarita Kopp, vinculada a guerrillas alemanas, con quien viviera en Siria y luego ésta se radica en Venezuela con su hija, y fue detenida por tráfico de armas. Pero liado allí con los planes políticos del gobierno sunita del iraqués Sadam Husséim, ya oloroso a muerto y cuyas relaciones con el largo mandato de Assad no eran muy buenas que se diga, y por aquello de las creencias tribales mahometanas, debe abandonar mediante expulsión a dicho país, radicándose en Sudán. Mientras tanto en Jordania  y para respetar las tradiciones islámicas de esa fe que le impulsa en muchos cometidos,  se desposa con una fiel practicante de aquel lugar, que es cuando la señora Kopp viene a Venezuela con su hija, y por último, de lo que entiendo, luego de conocer a otra abogado, que lo atiende sin compromisos ni honorarios profesionales, cuando ya había entrado en la nueva pobreza por los altos costos de esos juicios interminables, una jurista de buena familia y posición pero creyente en tales ideas decimonónicas, vino nuevamente a enternecerle el corazón, Isabelle Coutant-Peyre, quien a pesar de los años de casados o sea desde agosto del 2.001, y de antes también, no ha podido librarlo de la impuesta cadena perpetua, o sacarlo de prisión por inocente, ni menos de remitirlo a Venezuela para purgar sin mayor sufrimiento la condena, o las condenas, que supongo todo sea una piedra de tranca, mientras en ocasiones oportunas se renuevan sus culpas para brillo de esas causas políticas que el detenido defiende a ultranza, al tanto que el respaldo del gobierno de Venezuela, tan celador de los derechos humanos, se desvanece con el olvido, y va al canasto de los desperdicios o de la misma basura la célebre carta de inmenso apoyo que le escribiera el Presidente Hugo Chávez Frías, con frases tan cortantes que estremecieron el avión de regreso en que yo viajaba desde París rumbo a Maiquetía en aquella patética noche de mayo del 1999, en medio del desconcierto que se víviera puertas adentro de La Guaira, misiva de Godot publicada en el diario Le Figaro y que por el tono terrorista y demagógico es un hito en la historia de la locura en Venezuela.
         ¿Terrorista, mercenario, héroe, San Francisco de Assis?. El tiempo y la sin pasión histórica lo dirán. Mientras tanto, para despedirme por un mes, debido a que salgo de Caracas, anoto dos sabios preceptos que más o menos también se oirán desde mezquitas en los predios de Alá. “Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. O mejor este, como emergente del drama shakespearino de la vida: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.     

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