sábado, 15 de diciembre de 2012

EL PEQUEÑO GRAN REINO DE LILIPUT.




                      EL PEQUEÑO GRAN REINO DE LILIPUT.


 Amigos invisibles. Dentro de tantos temas a tratar ahora recuerdo tiempos pretéritos cuando acariciábamos sueños infantiles que con alguna facilidad acicalada de picardía pudo enseñarnos muchas maneras de pensar al momento en que uno despega de ese Shangri-la dubitativo, para enterarse que a los quince años el ser ya despìerta algunos con bigotes y ojos saltarines para escudriñar en realidades aunque no suelta prendas en eso que llaman compostura emocional y tendencias subjetivas, según lo describiera Carl Jung. Pues bien y como hoy amanecí de bala, acorde con la aguda expresión del poeta izquierdoso Víctor Valera Mora, voy a tratar de reconstruir el mundo de Liliput, que había sido agitado por un estruendoso terremoto desde las épocas del zar Josef y que resucitó hace poco tiempo, para que juntadas las piezas requeridas de aquel reino que leyera en retrospectiva época familiar, poder así dar cuerpo y vida a ese franquestein icónico y tropical que hemos creado (futuro santurrón) para el solaz de los locos y la distracción de los cuerdos. Voy a contar pues, como me lo contaron, y valga la redundancia, en busca de su satisfacción.
            “HABÍA UNA VEZ un reino proveniente de atrás, desde tiempos del incomprendido Simón Bolívar, que venía manejando a los súbditos con los mayores inconvenientes donde los señores todopoderosos se embolsillaban las ganancias pero no las pérdidas, que con habilidad contable eran dejadas por pagar a la gleba mediante la utilización de costosos impuestos o gabelas, y sin sentir tamaño sacrificio el tiempo transcurría mientras algunos se quejaron con angustia y otros lloraban de felicidad, lo que llevó a correr la cortina del tiempo a través de tantos caudillos macheteros y de infelices vástagos que caían en los campos pestíferos de la malaria, la barriga hinchada, la tuberculosis, el hambre y la fraudulenta Guerra Federal, donde olían los cadáveres por todas partes  ya que los zamuros no se daban abasto, para así continuar en un vaivén inagotable a través de otros compulsores tenaces dejando correr los años que restaban del siglo XIX mientras satisfacían el ego viendo el increíble nacimiento del telégrafo, las carreteras de pico y pala, la radio y hasta las nuevas estafas engañosas y maneras cínicas de vivir de los demás. Ya habían pasado los recuerdos de la nobleza colonial fundadora del reino, desde los tiempos del asustado marqués del Toro y de atrás, que apenas dejaron una estela de contradicciones y de lagunas mentales productoras de ceguera entre los más cuerdos. Pero llegó el momento en que dentro del reino resquebrajado todo quería como cambiar a mediados del siglo pasado, luego del paso del cometa Halley, porque ya no se aguantaba la verborrea abstracta del medio conservador de ideas y la inercia de algunos liberales obtusos que sin hacer ruido por nada querían salirse de sus casillas programáticas. Y parece que aquello fue una suerte de revolución evolutiva (¡caramba¡) porque desde nuestro amo y señor Carlomagno, el fiero, no se había sentido tanto peso en el malabarismo de la palabra discursiva ni menos en la escasa sucesión de los hechos, porque a decir verdad dentro de los estamentos sociales apenas se entendió hablar a ratos mascullante y de cosa parecida sobre un tal Lenin, que según recuerdan los de aquel tiempo de su bautizo espiritual, era pedante, echado para atrás, medio barrigón, con el dedo alzado cual director de orquesta, chiquito, calvo y barbudo, pero con una cabeza rabelesiana y un genio rocambolesco que ni el mismo Verlaine hubiera podido con ese espíritu jacarandoso y bohemio, que no quiere decir etílico. Pues bien, como vamos andando en el hilo torcido de lo escrito, en ese medio siglo aparecieron por el reino unas cabezas calientes con razonamientos muy raros, hablando de cosas incomprensibles como el cuento de la propiedad, de los derechos aún no escritos y desde luego que de las izquierdas, que en ese batiburrillo que se forma, los pares, los infanzones y los hijosdalgo se pusieron temerosos del presente porque contradecía el espíritu de la realidad venida de lejos.”
            “Así, de estas remembranzas insalvables y frente a tanto bicho de uña aparecido, según contaba el pueblo olvidadizo, volviose al curso ingenuo de lo anterior, es decir a los recuerdos preñados de aquella frase sentimental de que “todo tiempo pasado fue mejor”, aunque ahora oliera a aceite quemado, a estiércol del demonio y a gasolina barata por doquier, que contradecía la vivencia anterior, al extremo que jugando a Rosalinda entre militares obsoletos pero que eran de escuela marruñera y una juventud desbocada con tantos grillos en la cabeza, fuimos andando por un período superior al que Luís XIV mandara desde Versalles, pero con el mismo tronío de la buena mesa, entre licores, manjares, putas acicaladas y la mejor vida real. Desde luego que existían enanos por doquier y hasta gigantes y cabezudos que asustaban a los herederos del status que fuera construyéndose, mientras ya se oía hablar de alguien que iba creciendo dentro del mayor anonimato, el olvido hasta de los pájaros chillones y de nombre Gulliver, porque engullía mucho y nada engordaba, de donde dentro del espíritu llanero groserón que vio crecer sus pasos mal llevados siempre lo llamaron Tribilín por lo flaco y viva la pepa en que anduviera, queriendo ser una suerte de mago siniestro dentro de lo que amaba, o sea de un tal béisbol traído por los conquistadores americanos, que imitando a Colón se llevaban el petróleo gasolinero y apenas dejaron espejitos de apuestas y conchas marinas por recambio. En ese período tan especial previo y hacia la debacle total dominada por una claque afanosa en busca como Midas para encontrar el camino de El Dorado, es cuando se le abren las agallas a un grupo inexperto en la caza y la pesca de las oportunidades, por lo que de orden del Inquisidor presumido son tirados en un calabozo del palacio para purgar las culpas, pero como siempre sucede un príncipe viejo, engominado y agalludo mayor, luego de dos años de cana o de chirona, porque aquí también se usan términos de germanía gitanesca, les abrió las puertas de la prisión que no era tal, para que con  aquello de “Idos, y que Dios os proteja”, echar a correr envenenados con tanto alboroto mental que portaban, porque muchos habían sido entrenados por la momia mayor del Caribe en eso de la conspiración constante, o sea de poner bombas, encapucharse, secuestrar, vacunar, tirar piedras, disparar a mansalva, aliarse con grupos mercachifles de drogas, utilizar sicarios, lanzar bombas incendiarias que el vulgo llamara en ortodoxo ruso Molotov, formar guarimbas, presionar y odiar siempre por consigna de cartilla que envilece, y otros desmanes predeterminados estilo guerrilla en un largo cuestionario que los tenían como envueltos en niebla e inflamados de pasión mediante globos caseros aerostáticos, a los medio sumisos contribuyentes de ese reino de tucusiapón tan cuestionado, que me recuerda al momento los signos oníricos de la disparatada ínsula Barataria”.
            “Pero bueno es ahora referirnos a esta suerte de príncipe mendigo que apareciera nacido con partera humilde en los entresijos interioranos del llano adentro, en el reino opositor de la mentira tenida por fachada y como elemento vital, donde nada se creía para poder creer todo y donde la rapiña, el plagio y el abigeato por la pobreza ancestral era el modus vivendi de esas comunidades atenaceadas por la peste, las garrapatas y los enemigos de siempre. Nuestro príncipe viviente al estilo quijotesco nació en aquel medio tan rastrero, criado con leche de cabra hipnotizante, y con tal o cual paliza sobre las costillas enclenques que de nada sirvieran para enderezarle el carácter burlón y juglaresco, porque desde mocoso se creyó superdotado en el canto que desafina  y a la tierra enviado por Zeus para acabar con los grandes imperios y hasta con el reino mismo, según instrucciones habaneras que en un lavado de cerebro le fueron calmando los pelos de tornillo camita arriba de los ojos con tales inventos mentirosos cada vez mayores, al extremo que en consejo del reino se propuso darle el título de bufón mayor y de entretenido payaso de la corte para hacer reír a las meninas, atrayentes damiselas de alcoba y selectas encopetadas, como a los borrachos del barrio, aunque él siempre cuando se acostaba con hambre soñó que algún día iba a emular al famoso Marqués de Barinas y al de Guanaguanare, a unos tales ricachones Pulido, como al no menos feudal propietario de inmensas sabanas con hatos, de nombre Ramírez, y hasta la misma familia Bolívar, cuyas posesiones y riqueza llegaban hasta los Tiznados, en el Guárico Central. Esa obsesión persecutoria de envidia permanente lo llevaba en la sangre como algo muy profundo que le dominó el seso, aunque dicha tara la escondía con sonrisitas de cochino muy bien plasmadas debajo de la boína roja, que en un rictus portaba desde cuando fue execrado del medio militar por recias fallas de valentía, pero como el que busca encuentra y esperando no las de Villadiego, que era su costumbre, sino aquella oportunidad que la pintaran calva, por descarte y suerte de unos tales santeros que le ensalmaron a la orilla del malecón de La Habana invocando a babalú, por acaso del destino confuso en que se hallaba el reino llegó a ganar la lotería mayor a punta de hacerse el sumiso, el yo no fui, el si te miro no te veo, el empuja que voy atrás, el manso franciscano de Asís, y así tejiendo toda una telaraña inútil dentro de un inmenso engaño en medio de discusiones vacías logró ponerle la mano al trono reinal ubicado en un palacio rococó feo e incómodo que en las Américas llaman Miraflores, que por cierto no se ven si no se siembran, y con esas artimañas de siempre y haciéndose el santurrón al estilo del humilde y cojo Sixto Vº papal trentino, desde que agarra el toro por los cachos en el reino primero entra en una lloradera a fin de convencer a los paniaguados mediante la operación fraguada de dar lástima para que esos aturdidos votaran a fin de reformar la sacra y seria Constitución con el objeto de hacerla a su medida, o de plastilina, y una vez de nuevo engañados los votantes cegatos por el polvo de alguna burundanga que echara ante los ojos, comenzó a salir de sus entrañas el tremendo aventurero Gulliver que sin contar con la astucia habanera guardara por dentro de sus entresijos para hincar mediante el fraude y siempre el engaño, la más desacertada escena teatral que haya conocido la humanidad desde tiempos del tirano Adolfo, porque a partir de entonces el reino de guatepeor comenzó a dar saltos sin sentido hacia las sombras y a vivir del mal de San Vito, que ahora intrusos sabelotodo llaman de Parkinson.
            Comenzó como cualquier mísero dictador imitando a los romanos Mario y Sila, hasta en eso de la tierra, de la pachamama indígena como gustaba entenderla, de donde se dedica a engañar al mundo pero que no fue siempre, en un viaje constante fuera del reino para inventar mentiras o falsías (dicen sin inmutarse que la política es la ciencia de las mentiras), mientras en lo interior de su mando y para otro engaño más decide establecer un juego electoral novedoso, permanente, lleno de máquinas electrónicas manejables a distancia y otros artilugios sesgantes con lo que el mundo ajeno a la realidad se congratula en la trampa y así lo erigen como patriarca de la democracia, de gestor imponente de los derechos humanos, de padre bíblico de los desposeídos, de califa de la arepa y la mantequilla de coco, hasta cuando descubren sus intenciones drásticas, odiosas, guerreristas y llenas de saña, como Pio Gil pudo cantar al cabito Cipriano Castro, en que todo fue colocado a su medida para gobernar sin barreras, mientras el reino con la luz exterior agonizante y a través del terror se sumía en un país sin alma, callado con tirro, lleno de miedo, porque a través de una famosa lista de Sir Tascon, que maneja a su antojo, acabó con todos los adversarios solapados, y los 20.000 técnicos petroleros también, mientras los barones del país y de la droga manejados por la industria minúscula, el colapso caótico y las fuerzas vivas en terapia intensiva, como el vasto mundo petrolero deudor, hacen un paro que se transforma en golpe de estado, en que se entrega a sus adversarios el alicaído rey de bastos o de opereta, aunque luego reviva porque sus opresores con el cuento de vacío de poder no se ponen de acuerdo sobre el valor de esta presa codiciada, de donde por arte de magia de los babalaos el omnipresente y todopoderoso patriarca del espacio regresa a ese Trianón que es Miraflores para atornillar más al reino que cada día se centraliza con mayor vigor y donde no se mueve una paja sin salir de su boca alguna orden expresa. Como todo dictador ya declarado y conocido por el mundo, dejó de viajar porque nadie con este rabo de paja lo invitaba, ni siquiera autoinvitándose, sino los más abyectos dictadores de otras localidades, de donde se esmera en molestarle la paciencia a los súbditos, y como nunca tuvo nada decidió tener todo, comenzando por la tierra privada, con la maestría de un caco de alcurnia, porque su abuelo fue lo mismo en cuanto al hurto permanente y murió en la cárcel pagando tantas culpas sumadas, de donde la extensa provincia natal ganadera fue expropiada con un úkase inapelable, al estilo de Atila, para así reunir a la numerosa familia imperial con sus cachorros que con rapidez exhibía la riqueza en hatos, vehículos blindados lujosos, guardias pretorianas, prendas de alto valor y fajos de billetes de esos que llaman verdes, y donde Madame Pompadour con el chihuaua en su mano y el profe Baco atarantado y mudo, vivían en otro reino imaginario, mientras el aventurero Tribilín estudió artes marciales para sacar las peores notas y por ello el reino antecedente en respuesta lo destina a cuidar fronteras perdidas donde también reinaban los malhechores, los guerrilleros amigos del desterrado y toda clase de crápulas sin ley ni castigo, porque era difícil reconocerlos. Pero nuestro príncipe y antes de asaltar el poder, que lo hizo por los medios más bajos, se dedicó a ratos a leer libros que confundía con Maquiavelo y sin sacar sustancia leía el Corán de derecha a izquierda porque nada entendía, la Biblia de Lutero llena de contradicciones contra la sagrada palabra del Vaticano, algo de Confucio en mandarín con diccionario adjunto, que no entendía ni papa porque se lee de arriba para abajo, y así otras barbaridades que a su inteligencia hueca le sirvieron como un nirvana indetenible.
            En ese entonces comenzó a conspirar contra su propio juramento de lealtad al reino, uniéndose con oficiales del imperio engatusados por el marxismo venenoso y la traición, haciéndose el paladín, o el comodín de esas encerronas sediciosas, pero cuando le tocó de veras echar plomo, plomo tenía debajo de las alas y ese mesías creído se acorbadó al extremo que todos sus compañeros en la asonada triunfaron menos él, que acoquinado y con la lengua suelta se esconde en una castillo parapeto sin almenas, ni puentes ni nada ventajoso, y así se entrega en las primeras de cambio, de todos cuyas jerigonzas aquí vuelvo a contar entre chascarrillos, melodramas y guasas chistosas que en mayoría conocen y se desternillan en la hora de sus recuerdos malogrados. Pero porque las cosas no son como se piensan, el cabecilla de la asonada se rajó, le dio culillo y el pretendiente a la comiquería, una vez estudiado por el viejo habanero, en él pudo apreciar un filón para ir adelante sobre sus pretensiones políticas trasnochadas, que se asientan en sangre, dándole así la mano del apoyo internacional incuidos sus denuestos e imprudencias, que el insular toreaba de manera sibilina, porque a partir de entonces el reino se hizo proveedor no solo de la arruinada segunda ínsula barataria, sino de ese complejo de personajes atornillados entre coqueros, timadores del estado, defraudadores bancarios, borrachos violadores, exguerrilleros tupamaros o de otras pintas, selectos pensadores ultrosos, y toda esa parranda de circo de pueblo que tanta bulla y alharaca montan para como David contra Goliat intentar destruir un imperio más tecnológico y potente que nunca. El reino miniimperial que recibiera el príncipe, que se cree aún saudita, ahora vuelto un desastre y empobrecido por demás, con inmensas deudas a pagar por generaciones, salió de una potencia imperial  especialista para entregarse a otra poderosa que es Catay, mientras la jauría insulsa que al estilo norcoreano aplaude sin cesar y menos chistar al todopoderoso Alá que él transforma en comiquita, y perdóname Dios, se ha enriquecido al extremo que salidos sus áulicos de los cerros y quebradas más desguarnecidas ahora viven en mansiones lujosas atiborrados de chequeras corruptas que se manejan fuera del imperio y pretenciosos se codean con los restos  de las familias nobles descendientes de Bolívar”.
            “Ah, pero decidió ver si era un Bolívar envenenado y por ello la calavera y algunos huesos los desentierra en un ritual de medianoche que no se acaba, donde el status que lo entorna en el jalabolismo admite ahora que debe  ser enterrado junto a él, mientras todos los organismos del Estado, pero todos, están a su mandar sin objetar conciencias ni menos disentir en lo más mínimo, porque serán barridos de inmediato rumbo al tacho de la basura. Recordemos los casos de Lange y Pérez Roque habaneros. Los poderes ejecutivo, legislativo, judicial (donde superabundan enanos), electoral, militar, que son por millones de seres, están a su entero mandar.  Y como era grande, omnipotente, omnipresente, comparándose siempre con un Bolívar hecho a la medida, modificando sus ideales, el príncipe de opereta optó por crear todo un mercado de inteligencias manipulables como Correa, para rendirle pleitesía internacional, o el nuevo inquilino intelectual que es un Pepe senil, el de barriga cervecera, con los votos necesarios en cualquier cenáculo comprados con el dinero faraónico. Por otra parte el príncipe de marras y desde hace tiempo fue escogido por la internacional socialista, la chucuta, y guardando las distancias, para esparcir la semilla comunista o comunal luego del traspié ocurrido con el tovarich Gorbachov, por lo que atrincherados en este país del petróleo a punta de publicidad sin freno, ventajismo electoral y de todo tipo, y leyes que aparecen por docenas como las penales y represivas, no teniendo tiempo ni para leerlas y menos entenderlas siembran el desconcierto por doquier, aunque su triunfo temporal sea pírrico por obra de la naturaleza que tampoco pudo vencer. Mas como nada es perfecto en la vida, ésta ha castigado sin contemplaciones al derrochador de la fortuna venezolana hasta llevarla a la ruina, mientras los mediocres barones del poder, entre ellos la claque narcoterrorista, se dan la gran vida, dentro y fuera del reino de quita pesares”.
            “Sin embargo como nada es perfecto, ni siquiera en la maldad y cuando el príncipe que manejaba varios estados títeres, alguna media docena en territorio continental, y otros varios en el Caribe principalmente angloparlante, como otros asociados en pilatunas y negocios como se mencionan los guyaneses, persas, los bielorusos, ahora la socia Cristina, y demás comparsa usufructuaria, porque ni bambarito lo salvó de caer en esas redes perniciosas, al robusto príncipe se le presenta y sin esperar un cáncer con tres fases que en cosa de año y medio escondiéndolo todo, hasta el menor resquicio de noticías, ha hecho de tal enfermedad un tinglado noticioso de medios en la primera página de lo escabroso, de donde mantiene una línea aérea directa y de lujo permanente con La Habana, incluso su familia principesca, que pudiéramos comparar con el caso de otro súbdito que hizo fama en los salones de la locura y la lujuria, o sea el cabito Cipriano Castro, de donde nuestro noble señor de sangre azul desteñida y sin medir los gastos ha puesto la bolsa rota que de ingente manera cancela el gobierno nacional, para buscar galenos, hechiceros y clínicas siempre habaneras, para guardar el secreto de Estado de lo que acontece en su tan deteriorado cuerpo, y porque desde luego que su desaparición no acarreará –por ahora- un cambio sustancial en el principado, sino en todos los súbditos y payasos internacionales que por dinero le aplauden, de donde verlo de otra forma sería una catástrofe pensar en que su muerte acabaría con todo el tinglado montado a lo largo y ancho de los intereses mundiales izquierdistas, para mejor decir comunistas de antaño, con los velos requeridos, de donde fuerza es decir que se va al abismo con un príncipe virtual que despacha desde predios habaneros, con una firma virtual que no es la suya y una voz desencajada, con la industria, el campo, las ciudades, las vías, la construcción en parálisis total, la inflación galopante y no se diga de la moneda “fuerte” nacional, que en 15 días se ha depreciado en un 90 por ciento, y el alma del trabajo acabados, mientras en la desbandada y la incertidumbre crece la yerba como verdolaga en los matorrales del reino y se asesinan miles porque la justicia y menos la seguridad existen.
            Ahora están los miembros del imperio angustiados y en espera del desenlace de la enfermedad del caudillo continental e intergaláctico, como lo llama la prensa venezolana, a ver qué cambia dentro de los cuatro sectores chavistas que se disputan el futuro mando, y las logias militares del grupo también, mientras algunos especulan que de desaparecer el príncipe de la epopeya inmortal, se enterrará en el sitio que ocupa el Palacio Blanco una vez demolido, para que desde allí y frente a su cercana silla de Miraflores continúe manejando la mediocridad algo así como Cristo entre sus apóstoles analfabetos, lo que cuesta decirlo y por siglos de los siglos. Mediante los ojos de la cerradura están mirando el fin de la comedia dolorosa del Franklin Brito agricultor, el caso emblemático de la jueza Afiuni, quien jugó a perder o sea el brujo Baduel,  y así usted con perspicacia complete la lista, que no demorará en llenarla. Y bien, ojalá sus cabezas no den vueltas con este relato pintoresco de tiempos antañones “cuando viene el coco y te comerá”, como se mantiene la mía”. Recordemos la conocida sentencia de Winston Churchill: “El comunismo es la manera más equitativa de repartir la miseria”.       

EL PEQUEÑO GRAN REINO DE LILIPUT.




                      EL PEQUEÑO GRAN REINO DE LILIPUT.


 Amigos invisibles. Dentro de tantos temas a tratar ahora recuerdo tiempos pretéritos cuando acariciábamos sueños infantiles que con alguna facilidad acicalada de picardía pudo enseñarnos muchas maneras de pensar al momento en que uno despega de ese Shangri-la dubitativo, para enterarse que a los quince años el ser ya despìerta algunos con bigotes y ojos saltarines para escudriñar en realidades aunque no suelta prendas en eso que llaman compostura emocional y tendencias subjetivas, según lo describiera Carl Jung. Pues bien y como hoy amanecí de bala, acorde con la aguda expresión del poeta izquierdoso Víctor Valera Mora, voy a tratar de reconstruir el mundo de Liliput, que había sido agitado por un estruendoso terremoto desde las épocas del zar Josef y que resucitó hace poco tiempo, para que juntadas las piezas requeridas de aquel reino que leyera en retrospectiva época familiar, poder así dar cuerpo y vida a ese franquestein icónico y tropical que hemos creado (futuro santurrón) para el solaz de los locos y la distracción de los cuerdos. Voy a contar pues, como me lo contaron, y valga la redundancia, en busca de su satisfacción.
            “HABÍA UNA VEZ un reino proveniente de atrás, desde tiempos del incomprendido Simón Bolívar, que venía manejando a los súbditos con los mayores inconvenientes donde los señores todopoderosos se embolsillaban las ganancias pero no las pérdidas, que con habilidad contable eran dejadas por pagar a la gleba mediante la utilización de costosos impuestos o gabelas, y sin sentir tamaño sacrificio el tiempo transcurría mientras algunos se quejaron con angustia y otros lloraban de felicidad, lo que llevó a correr la cortina del tiempo a través de tantos caudillos macheteros y de infelices vástagos que caían en los campos pestíferos de la malaria, la barriga hinchada, la tuberculosis, el hambre y la fraudulenta Guerra Federal, donde olían los cadáveres por todas partes  ya que los zamuros no se daban abasto, para así continuar en un vaivén inagotable a través de otros compulsores tenaces dejando correr los años que restaban del siglo XIX mientras satisfacían el ego viendo el increíble nacimiento del telégrafo, las carreteras de pico y pala, la radio y hasta las nuevas estafas engañosas y maneras cínicas de vivir de los demás. Ya habían pasado los recuerdos de la nobleza colonial fundadora del reino, desde los tiempos del asustado marqués del Toro y de atrás, que apenas dejaron una estela de contradicciones y de lagunas mentales productoras de ceguera entre los más cuerdos. Pero llegó el momento en que dentro del reino resquebrajado todo quería como cambiar a mediados del siglo pasado, luego del paso del cometa Halley, porque ya no se aguantaba la verborrea abstracta del medio conservador de ideas y la inercia de algunos liberales obtusos que sin hacer ruido por nada querían salirse de sus casillas programáticas. Y parece que aquello fue una suerte de revolución evolutiva (¡caramba¡) porque desde nuestro amo y señor Carlomagno, el fiero, no se había sentido tanto peso en el malabarismo de la palabra discursiva ni menos en la escasa sucesión de los hechos, porque a decir verdad dentro de los estamentos sociales apenas se entendió hablar a ratos mascullante y de cosa parecida sobre un tal Lenin, que según recuerdan los de aquel tiempo de su bautizo espiritual, era pedante, echado para atrás, medio barrigón, con el dedo alzado cual director de orquesta, chiquito, calvo y barbudo, pero con una cabeza rabelesiana y un genio rocambolesco que ni el mismo Verlaine hubiera podido con ese espíritu jacarandoso y bohemio, que no quiere decir etílico. Pues bien, como vamos andando en el hilo torcido de lo escrito, en ese medio siglo aparecieron por el reino unas cabezas calientes con razonamientos muy raros, hablando de cosas incomprensibles como el cuento de la propiedad, de los derechos aún no escritos y desde luego que de las izquierdas, que en ese batiburrillo que se forma, los pares, los infanzones y los hijosdalgo se pusieron temerosos del presente porque contradecía el espíritu de la realidad venida de lejos.”
            “Así, de estas remembranzas insalvables y frente a tanto bicho de uña aparecido, según contaba el pueblo olvidadizo, volviose al curso ingenuo de lo anterior, es decir a los recuerdos preñados de aquella frase sentimental de que “todo tiempo pasado fue mejor”, aunque ahora oliera a aceite quemado, a estiércol del demonio y a gasolina barata por doquier, que contradecía la vivencia anterior, al extremo que jugando a Rosalinda entre militares obsoletos pero que eran de escuela marruñera y una juventud desbocada con tantos grillos en la cabeza, fuimos andando por un período superior al que Luís XIV mandara desde Versalles, pero con el mismo tronío de la buena mesa, entre licores, manjares, putas acicaladas y la mejor vida real. Desde luego que existían enanos por doquier y hasta gigantes y cabezudos que asustaban a los herederos del status que fuera construyéndose, mientras ya se oía hablar de alguien que iba creciendo dentro del mayor anonimato, el olvido hasta de los pájaros chillones y de nombre Gulliver, porque engullía mucho y nada engordaba, de donde dentro del espíritu llanero groserón que vio crecer sus pasos mal llevados siempre lo llamaron Tribilín por lo flaco y viva la pepa en que anduviera, queriendo ser una suerte de mago siniestro dentro de lo que amaba, o sea de un tal béisbol traído por los conquistadores americanos, que imitando a Colón se llevaban el petróleo gasolinero y apenas dejaron espejitos de apuestas y conchas marinas por recambio. En ese período tan especial previo y hacia la debacle total dominada por una claque afanosa en busca como Midas para encontrar el camino de El Dorado, es cuando se le abren las agallas a un grupo inexperto en la caza y la pesca de las oportunidades, por lo que de orden del Inquisidor presumido son tirados en un calabozo del palacio para purgar las culpas, pero como siempre sucede un príncipe viejo, engominado y agalludo mayor, luego de dos años de cana o de chirona, porque aquí también se usan términos de germanía gitanesca, les abrió las puertas de la prisión que no era tal, para que con  aquello de “Idos, y que Dios os proteja”, echar a correr envenenados con tanto alboroto mental que portaban, porque muchos habían sido entrenados por la momia mayor del Caribe en eso de la conspiración constante, o sea de poner bombas, encapucharse, secuestrar, vacunar, tirar piedras, disparar a mansalva, aliarse con grupos mercachifles de drogas, utilizar sicarios, lanzar bombas incendiarias que el vulgo llamara en ortodoxo ruso Molotov, formar guarimbas, presionar y odiar siempre por consigna de cartilla que envilece, y otros desmanes predeterminados estilo guerrilla en un largo cuestionario que los tenían como envueltos en niebla e inflamados de pasión mediante globos caseros aerostáticos, a los medio sumisos contribuyentes de ese reino de tucusiapón tan cuestionado, que me recuerda al momento los signos oníricos de la disparatada ínsula Barataria”.
            “Pero bueno es ahora referirnos a esta suerte de príncipe mendigo que apareciera nacido con partera humilde en los entresijos interioranos del llano adentro, en el reino opositor de la mentira tenida por fachada y como elemento vital, donde nada se creía para poder creer todo y donde la rapiña, el plagio y el abigeato por la pobreza ancestral era el modus vivendi de esas comunidades atenaceadas por la peste, las garrapatas y los enemigos de siempre. Nuestro príncipe viviente al estilo quijotesco nació en aquel medio tan rastrero, criado con leche de cabra hipnotizante, y con tal o cual paliza sobre las costillas enclenques que de nada sirvieran para enderezarle el carácter burlón y juglaresco, porque desde mocoso se creyó superdotado en el canto que desafina  y a la tierra enviado por Zeus para acabar con los grandes imperios y hasta con el reino mismo, según instrucciones habaneras que en un lavado de cerebro le fueron calmando los pelos de tornillo camita arriba de los ojos con tales inventos mentirosos cada vez mayores, al extremo que en consejo del reino se propuso darle el título de bufón mayor y de entretenido payaso de la corte para hacer reír a las meninas, atrayentes damiselas de alcoba y selectas encopetadas, como a los borrachos del barrio, aunque él siempre cuando se acostaba con hambre soñó que algún día iba a emular al famoso Marqués de Barinas y al de Guanaguanare, a unos tales ricachones Pulido, como al no menos feudal propietario de inmensas sabanas con hatos, de nombre Ramírez, y hasta la misma familia Bolívar, cuyas posesiones y riqueza llegaban hasta los Tiznados, en el Guárico Central. Esa obsesión persecutoria de envidia permanente lo llevaba en la sangre como algo muy profundo que le dominó el seso, aunque dicha tara la escondía con sonrisitas de cochino muy bien plasmadas debajo de la boína roja, que en un rictus portaba desde cuando fue execrado del medio militar por recias fallas de valentía, pero como el que busca encuentra y esperando no las de Villadiego, que era su costumbre, sino aquella oportunidad que la pintaran calva, por descarte y suerte de unos tales santeros que le ensalmaron a la orilla del malecón de La Habana invocando a babalú, por acaso del destino confuso en que se hallaba el reino llegó a ganar la lotería mayor a punta de hacerse el sumiso, el yo no fui, el si te miro no te veo, el empuja que voy atrás, el manso franciscano de Asís, y así tejiendo toda una telaraña inútil dentro de un inmenso engaño en medio de discusiones vacías logró ponerle la mano al trono reinal ubicado en un palacio rococó feo e incómodo que en las Américas llaman Miraflores, que por cierto no se ven si no se siembran, y con esas artimañas de siempre y haciéndose el santurrón al estilo del humilde y cojo Sixto Vº papal trentino, desde que agarra el toro por los cachos en el reino primero entra en una lloradera a fin de convencer a los paniaguados mediante la operación fraguada de dar lástima para que esos aturdidos votaran a fin de reformar la sacra y seria Constitución con el objeto de hacerla a su medida, o de plastilina, y una vez de nuevo engañados los votantes cegatos por el polvo de alguna burundanga que echara ante los ojos, comenzó a salir de sus entrañas el tremendo aventurero Gulliver que sin contar con la astucia habanera guardara por dentro de sus entresijos para hincar mediante el fraude y siempre el engaño, la más desacertada escena teatral que haya conocido la humanidad desde tiempos del tirano Adolfo, porque a partir de entonces el reino de guatepeor comenzó a dar saltos sin sentido hacia las sombras y a vivir del mal de San Vito, que ahora intrusos sabelotodo llaman de Parkinson.
            Comenzó como cualquier mísero dictador imitando a los romanos Mario y Sila, hasta en eso de la tierra, de la pachamama indígena como gustaba entenderla, de donde se dedica a engañar al mundo pero que no fue siempre, en un viaje constante fuera del reino para inventar mentiras o falsías (dicen sin inmutarse que la política es la ciencia de las mentiras), mientras en lo interior de su mando y para otro engaño más decide establecer un juego electoral novedoso, permanente, lleno de máquinas electrónicas manejables a distancia y otros artilugios sesgantes con lo que el mundo ajeno a la realidad se congratula en la trampa y así lo erigen como patriarca de la democracia, de gestor imponente de los derechos humanos, de padre bíblico de los desposeídos, de califa de la arepa y la mantequilla de coco, hasta cuando descubren sus intenciones drásticas, odiosas, guerreristas y llenas de saña, como Pio Gil pudo cantar al cabito Cipriano Castro, en que todo fue colocado a su medida para gobernar sin barreras, mientras el reino con la luz exterior agonizante y a través del terror se sumía en un país sin alma, callado con tirro, lleno de miedo, porque a través de una famosa lista de Sir Tascon, que maneja a su antojo, acabó con todos los adversarios solapados, y los 20.000 técnicos petroleros también, mientras los barones del país y de la droga manejados por la industria minúscula, el colapso caótico y las fuerzas vivas en terapia intensiva, como el vasto mundo petrolero deudor, hacen un paro que se transforma en golpe de estado, en que se entrega a sus adversarios el alicaído rey de bastos o de opereta, aunque luego reviva porque sus opresores con el cuento de vacío de poder no se ponen de acuerdo sobre el valor de esta presa codiciada, de donde por arte de magia de los babalaos el omnipresente y todopoderoso patriarca del espacio regresa a ese Trianón que es Miraflores para atornillar más al reino que cada día se centraliza con mayor vigor y donde no se mueve una paja sin salir de su boca alguna orden expresa. Como todo dictador ya declarado y conocido por el mundo, dejó de viajar porque nadie con este rabo de paja lo invitaba, ni siquiera autoinvitándose, sino los más abyectos dictadores de otras localidades, de donde se esmera en molestarle la paciencia a los súbditos, y como nunca tuvo nada decidió tener todo, comenzando por la tierra privada, con la maestría de un caco de alcurnia, porque su abuelo fue lo mismo en cuanto al hurto permanente y murió en la cárcel pagando tantas culpas sumadas, de donde la extensa provincia natal ganadera fue expropiada con un úkase inapelable, al estilo de Atila, para así reunir a la numerosa familia imperial con sus cachorros que con rapidez exhibía la riqueza en hatos, vehículos blindados lujosos, guardias pretorianas, prendas de alto valor y fajos de billetes de esos que llaman verdes, y donde Madame Pompadour con el chihuaua en su mano y el profe Baco atarantado y mudo, vivían en otro reino imaginario, mientras el aventurero Tribilín estudió artes marciales para sacar las peores notas y por ello el reino antecedente en respuesta lo destina a cuidar fronteras perdidas donde también reinaban los malhechores, los guerrilleros amigos del desterrado y toda clase de crápulas sin ley ni castigo, porque era difícil reconocerlos. Pero nuestro príncipe y antes de asaltar el poder, que lo hizo por los medios más bajos, se dedicó a ratos a leer libros que confundía con Maquiavelo y sin sacar sustancia leía el Corán de derecha a izquierda porque nada entendía, la Biblia de Lutero llena de contradicciones contra la sagrada palabra del Vaticano, algo de Confucio en mandarín con diccionario adjunto, que no entendía ni papa porque se lee de arriba para abajo, y así otras barbaridades que a su inteligencia hueca le sirvieron como un nirvana indetenible.
            En ese entonces comenzó a conspirar contra su propio juramento de lealtad al reino, uniéndose con oficiales del imperio engatusados por el marxismo venenoso y la traición, haciéndose el paladín, o el comodín de esas encerronas sediciosas, pero cuando le tocó de veras echar plomo, plomo tenía debajo de las alas y ese mesías creído se acorbadó al extremo que todos sus compañeros en la asonada triunfaron menos él, que acoquinado y con la lengua suelta se esconde en una castillo parapeto sin almenas, ni puentes ni nada ventajoso, y así se entrega en las primeras de cambio, de todos cuyas jerigonzas aquí vuelvo a contar entre chascarrillos, melodramas y guasas chistosas que en mayoría conocen y se desternillan en la hora de sus recuerdos malogrados. Pero porque las cosas no son como se piensan, el cabecilla de la asonada se rajó, le dio culillo y el pretendiente a la comiquería, una vez estudiado por el viejo habanero, en él pudo apreciar un filón para ir adelante sobre sus pretensiones políticas trasnochadas, que se asientan en sangre, dándole así la mano del apoyo internacional incuidos sus denuestos e imprudencias, que el insular toreaba de manera sibilina, porque a partir de entonces el reino se hizo proveedor no solo de la arruinada segunda ínsula barataria, sino de ese complejo de personajes atornillados entre coqueros, timadores del estado, defraudadores bancarios, borrachos violadores, exguerrilleros tupamaros o de otras pintas, selectos pensadores ultrosos, y toda esa parranda de circo de pueblo que tanta bulla y alharaca montan para como David contra Goliat intentar destruir un imperio más tecnológico y potente que nunca. El reino miniimperial que recibiera el príncipe, que se cree aún saudita, ahora vuelto un desastre y empobrecido por demás, con inmensas deudas a pagar por generaciones, salió de una potencia imperial  especialista para entregarse a otra poderosa que es Catay, mientras la jauría insulsa que al estilo norcoreano aplaude sin cesar y menos chistar al todopoderoso Alá que él transforma en comiquita, y perdóname Dios, se ha enriquecido al extremo que salidos sus áulicos de los cerros y quebradas más desguarnecidas ahora viven en mansiones lujosas atiborrados de chequeras corruptas que se manejan fuera del imperio y pretenciosos se codean con los restos  de las familias nobles descendientes de Bolívar”.
            “Ah, pero decidió ver si era un Bolívar envenenado y por ello la calavera y algunos huesos los desentierra en un ritual de medianoche que no se acaba, donde el status que lo entorna en el jalabolismo admite ahora que debe  ser enterrado junto a él, mientras todos los organismos del Estado, pero todos, están a su mandar sin objetar conciencias ni menos disentir en lo más mínimo, porque serán barridos de inmediato rumbo al tacho de la basura. Recordemos los casos de Lange y Pérez Roque habaneros. Los poderes ejecutivo, legislativo, judicial (donde superabundan enanos), electoral, militar, que son por millones de seres, están a su entero mandar.  Y como era grande, omnipotente, omnipresente, comparándose siempre con un Bolívar hecho a la medida, modificando sus ideales, el príncipe de opereta optó por crear todo un mercado de inteligencias manipulables como Correa, para rendirle pleitesía internacional, o el nuevo inquilino intelectual que es un Pepe senil, el de barriga cervecera, con los votos necesarios en cualquier cenáculo comprados con el dinero faraónico. Por otra parte el príncipe de marras y desde hace tiempo fue escogido por la internacional socialista, la chucuta, y guardando las distancias, para esparcir la semilla comunista o comunal luego del traspié ocurrido con el tovarich Gorbachov, por lo que atrincherados en este país del petróleo a punta de publicidad sin freno, ventajismo electoral y de todo tipo, y leyes que aparecen por docenas como las penales y represivas, no teniendo tiempo ni para leerlas y menos entenderlas siembran el desconcierto por doquier, aunque su triunfo temporal sea pírrico por obra de la naturaleza que tampoco pudo vencer. Mas como nada es perfecto en la vida, ésta ha castigado sin contemplaciones al derrochador de la fortuna venezolana hasta llevarla a la ruina, mientras los mediocres barones del poder, entre ellos la claque narcoterrorista, se dan la gran vida, dentro y fuera del reino de quita pesares”.
            “Sin embargo como nada es perfecto, ni siquiera en la maldad y cuando el príncipe que manejaba varios estados títeres, alguna media docena en territorio continental, y otros varios en el Caribe principalmente angloparlante, como otros asociados en pilatunas y negocios como se mencionan los guyaneses, persas, los bielorusos, ahora la socia Cristina, y demás comparsa usufructuaria, porque ni bambarito lo salvó de caer en esas redes perniciosas, al robusto príncipe se le presenta y sin esperar un cáncer con tres fases que en cosa de año y medio escondiéndolo todo, hasta el menor resquicio de noticías, ha hecho de tal enfermedad un tinglado noticioso de medios en la primera página de lo escabroso, de donde mantiene una línea aérea directa y de lujo permanente con La Habana, incluso su familia principesca, que pudiéramos comparar con el caso de otro súbdito que hizo fama en los salones de la locura y la lujuria, o sea el cabito Cipriano Castro, de donde nuestro noble señor de sangre azul desteñida y sin medir los gastos ha puesto la bolsa rota que de ingente manera cancela el gobierno nacional, para buscar galenos, hechiceros y clínicas siempre habaneras, para guardar el secreto de Estado de lo que acontece en su tan deteriorado cuerpo, y porque desde luego que su desaparición no acarreará –por ahora- un cambio sustancial en el principado, sino en todos los súbditos y payasos internacionales que por dinero le aplauden, de donde verlo de otra forma sería una catástrofe pensar en que su muerte acabaría con todo el tinglado montado a lo largo y ancho de los intereses mundiales izquierdistas, para mejor decir comunistas de antaño, con los velos requeridos, de donde fuerza es decir que se va al abismo con un príncipe virtual que despacha desde predios habaneros, con una firma virtual que no es la suya y una voz desencajada, con la industria, el campo, las ciudades, las vías, la construcción en parálisis total, la inflación galopante y no se diga de la moneda “fuerte” nacional, que en 15 días se ha depreciado en un 90 por ciento, y el alma del trabajo acabados, mientras en la desbandada y la incertidumbre crece la yerba como verdolaga en los matorrales del reino y se asesinan miles porque la justicia y menos la seguridad existen.
            Ahora están los miembros del imperio angustiados y en espera del desenlace de la enfermedad del caudillo continental e intergaláctico, como lo llama la prensa venezolana, a ver qué cambia dentro de los cuatro sectores chavistas que se disputan el futuro mando, y las logias militares del grupo también, mientras algunos especulan que de desaparecer el príncipe de la epopeya inmortal, se enterrará en el sitio que ocupa el Palacio Blanco una vez demolido, para que desde allí y frente a su cercana silla de Miraflores continúe manejando la mediocridad algo así como Cristo entre sus apóstoles analfabetos, lo que cuesta decirlo y por siglos de los siglos. Mediante los ojos de la cerradura están mirando el fin de la comedia dolorosa del Franklin Brito agricultor, el caso emblemático de la jueza Afiuni, quien jugó a perder o sea el brujo Baduel,  y así usted con perspicacia complete la lista, que no demorará en llenarla. Y bien, ojalá sus cabezas no den vueltas con este relato pintoresco de tiempos antañones “cuando viene el coco y te comerá”, como se mantiene la mía”. Recordemos la conocida sentencia de Winston Churchill: “El comunismo es la manera más equitativa de repartir la miseria”.       

viernes, 7 de diciembre de 2012

EL INMOLADO PRIMO LUIS DE URDANETA.

             Amigos invisibles. Siempre consideré complicado escribir sobre algo íntimo porque como es lógico suponer, la pluma y el numen pueden excederse en los campos de la fantasía retórica, que por supuesto deforma sobre lo que se quiere expresar, pero como en este caso no hay otra manera de entenderse dedicaré este estudio a una figura interesante de nuestro patrimonio del procerato histórico, ya que por raíces desconocidas y fluctuantes aún no se ha escrito un trabajo riguroso sobre Luis de Urdaneta Barrenecha y Farías, quien en la vida dio mucho por la patria, hasta su sangre y que por olvidos de la suerte no se le ha elevado al pedestal que merece dentro del panteón de los héroes patrios. Y para hacer el empeño en este caso me referiré a la familia Urdaneta, de origen vasco guipuzcoano, que es la rama venida a Venezuela en 1645 para establecerse en Maracaibo, y en cuya undécima generación nace Luis de Urdaneta Barrenechea, cuyos padres Joaquín José y Francisca Farías son tíos del General en Jefe Rafael Urdaneta Farías, que es primo hermano doble de este importante prócer por ser casados dos hermanas con dos hermanos, como era costumbre de la época y entre los que llamaban “gente blanca”. Nació nuestro biografiado en los Puertos de Altagracia el 25 de agosto de 1796, frente al lago marabino y dicha capital, dentro de propiedades rurales que eran la vida de entonces y de allí paso a Maracaibo para su educación, pero por obra de la guerra de Independencia que se extiende a los l4 años de edad en Maracaibo se enrola en el ejército monárquico claro está en defensa de los ideales existentes y para ir contra la insurgencia desatada, en que pronto se destaca Simón Bolívar. Así sienta plaza de cadete en las Milicias de Blancos de Maracaibo, el 27 de agosto de 1810, bajo el impulso del Capitán General Fernando Miyares y pronto el bisoño cadete es destinado el 6 de noviembre a la Campaña de Coro, junto con otros marabinos, que persigue al ejército bajo la conducción del republicano marqués Francisco Rodríguez del Toro. A pesar de las lagunas que existen en cuanto a su permanente hoja militar, sabemos que Urdaneta y dentro de la guerra en marcha después de distinguirse como subteniente actúa en el entorno barinés a las órdenes del impetuoso canario estratega y soldado llanero José Yánez (alias Ñaña) y su grupo Voltígeros de la Guardia, en combates como la terrible batalla de Araure (5 de diciembre de 1813), en un año de muchos conflictos guerreros, y ya ascendido por méritos al grado de Teniente (1815), dentro de su trayectoria militar según el estudioso Francisco Alejandro Vargas por disposición del general español Pablo Morillo en el mismo 1815 pasa a formar parte  del cuerpo de oficiales  del Regimiento Numancia, tropa de elite traída por el pacificador Morillo desde España y constituido por tres batallones fogueados, donde Urdaneta forma parte del Primer batallón, por lo que combate al lado de Sebastián de la Calzada en Chire (Casanare, 31-10-1815) al que pronto se le une el batallón creado en Barinas el 17 de diciembre de 1813,  por Yánez, que había sido reorganizado por el mismo Calzada mediante incorporación de marabinos realistas y que también luchara con denuedo en el período de la Guerra a Muerte.
            Y como la guerra pacificadora que conduce Morillo está que arde y ya Nueva Granada y el Perú participan en tal contienda, por dicho motivo el general español dispone que el laureado Numancia para la reconquista española sea destinado en 1816 a la campaña neogranadina, en la que concurre desde luego Urdaneta con una buena hoja de servicios y donde parte así para triunfar en Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Perú, participando por el Occidente inicial en acciones militares efectuadas en Málaga (Santander), Páramo de Cachirí (Santander, 22-2-16), y también dentro de Nueva Granada  proseguirá hacia el Sur (Cauca), donde interviene que sepamos en Cuchilla de Tambo (Popayán, 29-6-1816) y La Plata (Popayán, 1816). Luego de estacionarse por un tiempo en territorio neogranadino los jefes realistas destinan a Urdaneta y con ese cuerpo militar en que milita, para seguir rumbo al virreinato del Perú, por lo que llega a Lima luego de recorrer más de 1.000 leguas terrestres, en febrero de 1819. Sin embargo Urdaneta y algunos venezolanos que actuaran en esa campaña militar hacia el Sur, luego de ver tanta desgracia y retraso, como de la posición de los peninsulares dentro de la misma tuvieron entre sí ciertas conversaciones atinentes que pronto fueron detectadas por los servicios de inteligencia hispana, de donde durante su estancia en Lima fue segregado de ciertas comisiones por el mismo hecho de que se temía la defección militar de Urdaneta hacia el bando patriota, donde se luciera el primo Rafael, y por cuya causa junto a otro puñado de venezolanos el gobierno virreinal por los medios oportunos decidió devolver a ese grupo hacia Venezuela, al desconfiar de su posición ideológica respecto a la guerra en marcha.  Por este motivo pronto el contingente señalado sale de regreso a su lugar de origen. Así, permaneciendo en Guayaquil al ahondar más en la posición del marabino Luis y del grupo republicano que se menciona, por las dudas fue retirado del servicio militar, mas siendo capitán y ya en inteligencia abierta con oficiales realistas americanos, de pensamiento liberal como él, el lunes 9 de octubre de 1820 y gracias a su accionar relevante el marabino a la cabeza de 34 hombres  en el centro de la ciudad guayaquileña asalta y toma el cuartel Dualde, que aloja el importante Escuadrón de Caballería, como es sede de numerosos pertrechos militares, entre ellos el abastecido parque, en cuya acción muere el comandante hispano Joaquín Magallar, y rinde la estratégica batería de Las Cruces con la entrega incondicional de sus tropas, al sur de este puerto, proclamando de esa forma la República y siendo allí Urdaneta el oficial de mayor graduación, cuando se declara también la libertad de Guayaquil y su amplio territorio de Guayas, abriéndole así las puertas del Sur a Colombia, como lo asienta Adolfo Romero Luengo. Ascendido a Teniente Coronel por la Junta Superior de Guerra elegida en el lugar, es designado Jefe de Fuerzas en campaña, por lo que el  9 de noviembre de 1820 derrota al español toledano Antonio Forminaya, en Camino Real, pero luego junto a su paisano gracitano León de Febres Cordero y en el primer combate de la llanura de Huachi, cerca de Ambato y Tungurahua, el 22 de noviembre siguiente en el ajetreo guerrero por desavenencias internas y cuando la victoria parecía segura, mediante la deserción inesperada del cacique Álvarez, inacción de García, mala logística, etc., vence al ejército patriota el brigadier español Francisco González, retirándose Urdaneta hacia Babahoyo en táctica desplegada. Entonces nuestro personaje dirige las tropas del primer ejército guayaquileño en calidad de Comandante en Jefe, formado para la liberación (o protección) de Quito. Sobre este ordenamiento militar Urdaneta el 3 de enero de 1821 con el Batallón “Voluntarios de la Patria”, que lidera, tendrá importante ingerencia en el combate de Tanizahua.        
             Una vez que termina la investigación militar ordenada por lo ocurrido en Huachi y libre de toda responsabilidad, Urdaneta deja a Guayaquil y viaja al Perú, para unirse al general San José de Martín, de donde el 6 de julio de 1819 hace su entrada a Lima. A poco junto esta vez con el general Antonio José de  Sucre, como 2º Jefe de la División Piura, conformada por 1.000 hombres, el 24-5-22 al lado de su buen amigo general Sucre hace la campaña interior militar correspondiente, y luego acompañando al cumanés triunfa en la conocida batalla de Pichincha, frente a Quito, luciéndose contra el realista mariscal Melchor Aymerich.
            Vuelto a la capital virreinal, en 1823 a las órdenes de Simón Bolívar, en el Perú el ya coronel desempeña importantes comisiones que le son confiadas. Así el 13-9-24 Bolívar le concede el mando político y militar  de los territorios peruanos  de Pativilca e Ica. Igualmente en 1824 y desde el Puerto de Supe, al norte de Lima, Urdaneta contribuyó con el eficaz despacho de fuerzas colombianas a los triunfos de Junín (6-8-824), donde asiste personalmente, y Ayacucho. Y de esta forma, como asienta Nicolás Perazzo, “siguió de cerca el curso  del nacimiento y consolidación de la nacionalidad boliviana”. Continuó en cargos civiles, pero en febrero de 1827 a consecuencia de la sublevación en Lima de las fuerzas colombianas al mando del coronel granadino José María Bustamante, de 2.700 hombres, dispuesto y rebelado por insinuaciones del general Francisco de Paula Santander, el Intendente de Guayaquil Tomás Cipriano de Mosquera y vista esta situación delicada encarga a Urdaneta ponerse al frente de aquellas fuerzas sediciosas.
Condecorado por el gobierno del Perú con la medalla Busto del Libertador (Lima, 10-6-825) y ya de General de Brigada, regresó a Bogotá en 1827 a rendir cuenta de su misión, pero al iniciarse el combate interno del Perú que le declara la guerra a Colombia y la invade, Urdaneta vuelve al sitio de los acontecimientos y esta vez acompaña a su amigo el mariscal Sucre para la defensa del país, por lo que de regreso en el Ecuador enfréntase primero el 12 de febrero de 1828 a las tropas peruanas en Saraguro capitaneadas por Lamar, que con engaño trataban de sorprender a los colombianos, por la espalda, infringiéndoles una derrota, y luego vencen a las mismas tropas de José de Lamar en Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, donde el 27-2-1829 junto a Sucre y Juan José Flores bajo el comando personal de los escuadrones 2º y 4º triunfó en la batalla atacando los puntos más avanzados del enemigo, que así acaba con el ejército invasor peruano.
Entretanto el general Rafael Urdaneta como Presidente interino de Colombia (debido a la negativa de ejercer ese cargo los colombianos Domingo Caicedo y Joaquín Mosquera) llama en su auxilio al primo Luis, para que de Panamá donde se encontraba vaya a Guayaquil con intenciones de oponerse a la separación de Guayaquil de Colombia y detener la avanzada política del general Flores, insurreccionando esa plaza portuaria, para debilitarlo en su poder autoritario y deseo expansionista, por lo que el primo Luis en la goleta  “Istmeña” llega a Guayaquil en septiembre de 1830 y pronto, enfrentándose a la separación de dicho territorio de Colombia (3-5-830) prepara un golpe de Estado (23-11-30) contra Flores, mediante el cual con rapidez gana a la causa colombiana gran porción del territorio de Ecuador (Zamborondón, Cuenca, Quito, e Ibarra), que cae en su poder, insurreccionando luego el 28 de noviembre de 1830 las tropas de Guayaquil y Azuay,  para así afirmar el mando centrista bolivariano. Pero al conocer la dolorosa muerte de Bolívar con su ejército regresa de Latacunga a Guayaquil y de seguidas embarca de nuevo rumbo a Panamá, que es un bastión de los bolivarianos, para evitar ser detenido.  
Los acontecimientos de 1830 lo encontrarán en Panamá, siendo precursor de su independencia, y donde de acuerdo con el itsmeño y probolivariano José Domingo Espinar de inmediato a finales de 1830 regresó a Guayaquil, puerto en que entendido con otros oficiales antes de terminar el año (28-11) como dije proclaman la integridad de la Gran Colombia, dando así apoyo a la dictadura de unidad bolivariana ejercida por Rafael Urdaneta y frente a las apetencias contrarias de Juan José Flores, por lo que le secundan en esto varios pueblos del Ecuador, iniciando así una corta guerra civil en la que llevaba de triunfar el general Luis Urdaneta.  Mas colocado frente al opositor Juan José Flores, con cuyas fuerzas sostiene combates en Ambato y Latacunga, para salvar las divergencias grupales habidas ambos jefes venezolanos firman un tratado con el bando opuesto, o sea el grupo de Flores y los otros contendientes, donde dentro de lo inseguro declaran que si regresaba Bolívar al mando todos lo reconocerían sin objeción, pero si ocurriese lo contrario, Urdaneta se retiraría del Ecuador, lo que a poco en efecto sucedió. Al conocer la muerte de Bolívar todo el plan en marcha para la recuperación del Ecuador a la Gran Colombia se frustra y de acuerdo con lo pactado Urdaneta regresa con su ejército desde Latacunga a Guayaquil, combate en La Ciénega y depone las armas, embarcándose luego rumbo a Panamá para esquivar ser detenido, aunque otros alegan que sí lo fue y se le expulsó del país por ser defensor incondicional de las ideas bolivarianas y del propio Bolívar.
Sale de Ecuador en mayo del 31 hacia Panamá “el último adicto incondicional del Libertador”, como lo llama Juan José Flores, en la goleta de guerra “La Guayaquileña”, desde isla Puna, y llegado al istmo se une al coronel venezolano Juan Eligio Alzuru, probolivariano, y junto a otros 50 oficiales venezolanos provenientes del Ecuador en calidad de Comandante de las Fuerzas Sutiles del istmo participa en los movimientos secesionistas de 1831 en ese bastión de las ideas bolivarianas, que ya  tenían raigambre de atrás, considerando convertir a Panamá en una suerte de ciudad anseática, con el apoyo de importantes familias como “los Arosemena, Obadía y algunos otros vecinos principales”. Presente en Panamá, allí continúa sosteniendo la dictadura provisional de su primo hermano general Presidente de Colombia Rafael Urdaneta, que defiende a ultranza la causa de Bolívar, pero separado éste del poder supremo en su propio deseo por el Convenio de Apulo, del 28 de abril de 1831, lugar situado a noventa kilómetros de Bogotá, por consecuencia de la muerte de Bolívar, con prontitud Luís luego de tres combates consecutivos (entre ellos el sostenido el 25 de agosto con el propio  Tomás José Herrera) y replegándose tras encarnizada lucha en que privó el potencial armamento del mismo Herrera), y caído en poder de sus enemigos enviados a combatirles desde Cartagena de Indias mediante órdenes del radical antibolivariano José María Obando (recordemos que en esos días Luis de Urdaneta había escrito una “relación desnuda” sobre el asesinato de su gran amigo el mariscal Sucre, donde imputaba o daba a entender que en ello tenían interés los generales Obando y López, para el momento supremos conductores de las armas colombianas), como también allí cae prisionero Alzuru, pues bajo promesas fingidas y garantías  hechas en un pacto incumplido ambos próceres se entregaron rindiendo las armas, por lo que sin fórmula de juicio y de orden del iracundo coronel Herrera, enviado desde Bogotá por Portobelo a objeto de combatir la insurgencia aún separatista, dos horas después y traicionando el caballeroso pacto acordado, en forma drástica y brutal a los oficiales detenidos sin entrar en capilla y apenas con el sacramento de la penitencia los fusilan, a él de 35 años casi exactos, el 27 de agosto de l831, y a 19 oficiales más, entre ellos los oficiales cirujano de tropa Francisco Araujo y al zambo libre Manuel Estrada. Es de anotar que los bienes secuestrados a Urdaneta para ese momento (50 onzas de oro, joyas con diamantes, un esclavo, 3.000 pesos en plata, reloj de oro y otras prendas de equipaje, en la rapiña nunca aparecerían para entregárselos a sus deudos, que lo requirieron). Así acabó “el reinado  de Urdaneta, Alzuru y compañía”, en Panamá, como con sorna lo relata el historiador colombiano José Manuel Restrepo. Había caído el prócer con una situación personal muy comprometida por su defensa a la causa bolivariana, debido a lo que se destierra del Perú, se mal entiende por estas mismas causas de lealtad con el caudillaje ejercido por Juan José Flores en Ecuador, se le cierran también las puertas de Colombia al fallecer Bolívar y por estar el país en manos de Santander, e imposible también de viajar a su patria Venezuela, porque entonces gobernaba José Antonio Paéz y sus áulicos antibolivarianos, de donde no le quedaba otro camino que permanecer en el bastión de Panamá, pese a las dificultades que viera a la distancia. Con este panorama se estrena el nuevo país aparecido luego de la disolución de la Gran Colombia y que se llamará por poco tiempo Estado de Nueva Granada.
Urdaneta, bravo general maracaibero, en ocasión guerrillero audaz y de fuerte carácter, se destacó en todas las acciones de armas en que intervino y en especial las que le dieron la libertad al virreinato del Perú, comprendido en ello el Ecuador. Habría de pasar 70 años más para que la aspiración autónoma de Urdaneta sobre Panamá se convirtiera en realidad, al constituirse en república independiente y soberana el 13 de noviembre de 1903.
Por obra de la casualidad nació un 25 de agosto, ingresó de cadete al ejército  un 27 de agosto, y murió un 27 de agosto. Diez años sirve al ejército realista y once al patriota. Sus restos no reposan aún en el Panteón Nacional de Caracas, y vaya usted a saber porqué, según lo acordado por el Congreso Nacional en 1920.