viernes, 16 de enero de 2015

EN MEDIO DE UNA GRAN TRAICIÓN.

Batalla Naval de Maracaibo.
 Amigos invisibles.  Como nota  previa a lo que ahora trataremos y en referencia a nuestra porción patria Guayana Esequiba, debo informar que la ministra de aquella tierra que es venezolana con el apoyo supremo de los imperios británico  y americano desde luego y para enredar más el asunto pendiente, llamada ella Carolina Rodrígues, ha dispuesto buscar otras salidas imperiales a su favor que empañan el ya enmarañado asunto de la devolución del territorio propio a Venezuela, por lo que es necesario hacerle entender en calidad de dueño que nuestro país no dará un paso atrás en la defensa de su soberanía ni caerá en otra trampa como la de 1899 en este sentido y menos cuando se conoce de manera fehaciente la escandalosa privación que hiciera la Inglaterra victoriana de los 159.000 kilómetros cuadrados y más que sin ningún derecho e imitando casos  como el de la islas Malvinas o Belice  ha usurpado con violencia y maña administrando a su manera ese nuestro territorio y de lo cual tendrá que indemnizar con creces en la oportunidad conveniente. Sigamos pues, con ojos zahoríes, los nuevos atentados a la soberanía venezolana mientras se resuelve este que es uno de los últimos y lacerantes escándalos de nuestra historia contemporánea.
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Ahora sí y ya que entramos en materia atinente comenzaremos por asentar que los equívocos, desmedros, las traiciones y otros fenómenos humanos han existido desde larga data, pues basta con recordar la que le hiciera Bruto a César para eliminarlo del poder. Y con este ejemplo atinente quiero afirmar los errores y falsedades poco estudiados y hasta entendidos que en nuestro país se hallan con respecto a fechas magnas y que es hora de dejarlos en claro, como fue el inicio de la Guerra de Independencia nacional cuyas peleas, escaramuzas y combates cuanto el significado de la independencia en sí aún se discuten, y lo referente al fin de la conflagración fratricida, que aún nos llena de dolor y de incongruencias alarmantes. Pues bien,  para cubrir estas lagunas históricas debemos centrar la crítica y el desarrollo temático al exponer no las locuras perfumadas del recordado marqués del Toro y sus fracasos originales, que han sido estudiados con diversos criterios y hasta enfoques agudos, sino que para cerrar el ciclo de la contienda, que no ocurre en la glorificada batalla de Carabobo y menos en la posterior capitulación naval de Maracaibo por parte del canario Morales, sino que ello obedece en parte a una suerte de tensión existente cuando no se ha bien esclarecido aquel juego sobre el escenario histórico que tiende a manejarse sutilmente entre estrategias, espionajes, prelaciones, intereses políticos, delimitaciones geopolíticas y otros sabores o sinsabores que se presentaron a raíz de los desastres finales cuando alguna suerte de traición animosa  prevalece para estudiar en sus detalles y lo que se demuestra inicialmente cuando el capitán general de Venezuela Francisco Tomás Morales se ve forzado a rendirse luego de la batalla naval de Maracaibo (dura dos horas, con 195 bajas republicanas y 437 bajas realistas, ambas por diferentes causas) ya que el gaditano comandante de escuadra Ángel Laborde y Navarro, encargado mayor de las operaciones navales, sin tomar medidas acordadas para el abordaje realizado y ante el desastre ocurrido en su comando busca escabullirse con velas abiertas (son 14 barcos patriotas y 24 realistas, éstos con cañones de alcance) rumbo a Puerto Cabello y Cuba, apurando el paso que deja en orfandad capciosa al capitán general Morales, con que el comandante desobedece órdenes superiores en cuanto al escenario de tal encuentro singular debido al pique existente (que luego vuelve a ocurrir frente a Río Chico) por intereses desconocidos y dando al traste con el éxito de este combate naval magnificado en que debió prevalecer el entendimiento sobre las disposiciones recibidas y la sapiencia o viveza acuática del marino Laborde, desconocida hasta ahora.
Otro punto de discordancia que tampoco ha sido bien analizado y que pudiera ampliar el conocimiento en cuanto a lo ocurrido ya en el verdadero final con desenlace de la guerra magna, tan confundida con el episodio acaso insubordinado por equívocos temerosos de Laborde, quien en definitiva sin prestar ayudas ante el fracaso naval tenido por este comandante de la escuadra,  sin otra espera dicho jefe naval como señalo se escabulle hacia Puerto Cabello y luego prosigue rumbo a Puerto Rico para entregar una memoria de los hechos supuestamente maquillada que debía conocer desde luego el gobernador insular  Miguel de La Torre, tan ligado a Venezuela incluso en este caso, y en especial al despierto Intendente Insular, doctor José Domingo Díaz, caraqueño de nacimiento y amor, quien era entonces el alma sustentadora de la rebelión monárquica que aún con el corazón en la mano y por la tradición de trescientos años, defendía y ayudaba con verdadero impulso el susodicho médico, escritor e intelectual José Domingo Díaz.
Pero el otro ser que desde luego forma parte muy importante de este capítulo histórico digno de reseñar porque se conoce poco en sus detalles, con que ahora determinaremos cuándo y por qué se acabó la guerra sostenida entre facciosos o patriotas y peninsulares que estimaban con documentos y razones poderosas la pertenencia de estas tierras americanas a Su Majestad El Rey Fernando VII, se llama simplemente José Antonio Arizábalo y Orobio, que no es un cualquiera secundario o advenedizo sino alguien muy ligado a Venezuela, por cuyo querer se dio entero con criterio adelante para la defensa de los intereses de su Rey, en quien creía sin cortapisas y al que como militar de carrera debió sostener en sus ideas y hechos, sin ningún género de dudas.  Pues bien para demostrar tal entereza, lealtad a toda prueba y firme resolución en la vida que le tocara como ser humano, vamos a comenzar con este paradigma de militar a quien el propio Simón Bolívar a principios de 1827 desde Caracas le ofrece reconocer sus títulos militares hispanos para así incorporarlo al ejército criollo como brillante artillero que era y con el mismo sueldo, lo que contestando la misiva Arizábalo no acepta tal halago  respondiendo que sigue en defensa fiel a su Rey, y esto lo hacemos para demostrar tal entereza desde el principio genético en cuanto a su nacimiento ocurrido en 1782, en Pasaia, (Pasajes de San Juan), importante fondeadero del norteño Guipúzcoa o sea de las vascongadas españolas, donde aún subsiste el palacio barroco de su familia, del siglo XVII, que es ahora el Ayuntamiento de la ciudad.    Pasajes era un puerto abrigado cercano  a San Sebastián y la francesa Irún, destacándose entonces por el comercio internacional, especialmente el marino y la pesca del bacalao, y porque desde 1730 el Rey español permitió la instalación de la famosa Compañía Guipuzcoana en Venezuela y Pasajes, lo que da un vuelco sustancial a nuestra  historia en ciernes cambiando  así algunas estructuras coloniales primitivas con la llegada de nuevas ideas y decisiones, que sustancian hechos fundamentales mediante pasos decisivos hasta las puertas de los acontecimientos finales ocurridos en la importante historia de 1810.   Nacido pues en tiempos del  inolvidable rey borbón Carlos III, que alumbra el despertar de la patria venezolana, su infancia transcurre en aquel puerto estratégico que tendrá tanta brillantez en relación con nuestro país, y a los siete años de edad los progenitores (su madre es María Dominga de Indo) le traen a Venezuela donde como buenos vascos ya tienen deudos de aquel origen laborioso.  El abuelo, Agustín de Indo, muy joven lleva a dicho nieto y junto con sus parientes al importante Puerto Cabello en ese desandar de la familia con un tío carnal que vive en Puerto Rico, o sea el brigadier Juan Arizábalo, entonces Comandante de Artillería en dicha isla propiedad de la Corona Real.    Es por intermedio de ese tío militar que el joven José Antonio en temprana oportunidad acude para el conocimiento de esta arma de cañón y bronce, tan decisiva en las batallas de su tiempo y el futuro cercano de algunas naciones.   Una vez que ingresa en la carrera marcial el joven Arizábalo queda destinado por unos años en dicho servicio fundamental, ya que las islas del mar Caribe son apreciadas por otras potencias extranjeras y hasta de la piratería degradante. En 1809, de 27 años de edad, el oficial Arizábalo es transferido para prestar servicios de su especialidad a la isla de Santo Domingo, donde surgen problemas con respecto a la presencia de tropas francesas napoleónicas en aquella tierra insular, cuando combate en dicho importante territorio a los franceses  allí establecidos.
Fernando VII.
 Ya en octubre de 1813 y con Venezuela ardiendo entre la llamada Guerra a Muerte, como  Subteniente el guipuzcoano que describimos es enviado al Real Cuerpo de Artillería de Caracas, donde tiene familia, destinándosele a la importante plaza y bastión militar de Puerto Cabello, lugar en el que muere su abuelo materno, prestando allí servicios aún en marzo de 1814, cuando el terrible sitio militar que le sucede, tiempo en que fallece el otro abuelo y ya corteja a su futura esposa venezolana, de nombre Tomasa Adam y España.   En la cruenta guerra avecinada y ante el fantasma impetuoso del asturiano general Boves Arizábalo permanece con destinos marciales en La Guaira, Puerto Cabello, Cumaná (muy joven actúa en el asedio de Pampatar en junio de 1.816), Campaña de Occidente y Maracaibo, participando en la feroz contienda emprendida que se alarga con los años y el empuje permanente de cada parte, por lo que ya para 1819, con 35 años de edad encima y en tiempos del general español Pablo Morillo, el guipuzcoano es Teniente Coronel de infantería y Comandante de Artillería del Castillo de San Carlos, en la barra de Maracaibo, por lo que participa en la triste para los hispanos capitulación del general Francisco Tomás Morales, el 8 de agosto de 1823, con el ambiguo cuanto dudoso proceder y riesgo temerario del marino Ángel Laborde, jefe de escuadra en esa importante acción, como antes lo he expuesto, y de donde por causa de lo firmado entre las partes Arizábalo debió salir en volandas de Venezuela por la vía de Cuba, dirigiéndose entonces a su tierra natal y encontrándolo en 1824 en el importante puerto de Cádiz.    En verdad que por el ancho camino de las Antillas fue el regreso que en su condición de militar no daba tiempo a vacaciones, de donde pronto en la Península Arizábalo tras el análisis de su expediente es escogido para una misión especial a desarrollar en Tierra Firme, o sea reunir las desunidas fuerzas realistas que aún se hallaban sumisas al poder monárquico español y en espera de las órdenes respectivas.     Para ello debió someterse a un rígido estudio de  inteligencia y contrainteligencia, en lo que era ducha la policía monárquica como podemos apreciar de ejemplo en las vicisitudes que sufriera Francisco de Miranda y los gendarmes o sabuesos disfrazados de su tiempo que desde España y en las más diversas formas lo persiguieron de manera implacable.  
Pasaron los meses mortales del conflicto en ciernes y ya para julio de 1.826 Arizábalo desde la Península regresa a Caracas por la vía de Puerto Rico, debiendo entonces entrevistarse y trazar planes allí con el Intendente Insular José Domingo Díaz, donde el caraqueño estaba presto a ayudarle en su misión monárquica (Puerto Rico, tan vinculado a Venezuela, formaba parte del triángulo político diseñado con Madrid, Puerto Rico y Caracas, figurando entre ellos personajes como Miguel de La Torre, Francisco Tomás Morales, José Domingo Díaz, Angel Laborde y José Antonio Arizábalo para reconquistar las colonias insurrectas al norte de Suramérica),  teniendo entonces facilidades para su ingreso al país dados los lazos familiares afincados (su esposa era nacida en La Guaira) e intereses diversos que mantiene en vigor y porque además el vasco guipuzcoano era bien conocido por su experiencia y personalidad distinguida. Pero como Arizábalo no venía solo con la intención señalada de regreso al seno de su familia  sino que dentro del mundo de la inteligencia militar que es tan vasta en su proyección, otros fines internos le devuelven a esta tierra querendosa, por cuanto la intención verdadera era apoyar, con el juramento de fidelidad que ha hecho, o sea de servir a la causa del Rey de la manera más amplia, y por esta causa en esa Venezuela del desorden llena de separatismos territoriales, de disensiones contra Simón Bolívar, de caudillos verdaderos como el llanero general Páez, que se distancia de Bolívar por diversas causas, de pandillas y forajidos bandoleros dispersos como también de defensores aún de la Madre Patria española que no se convencen  de la nueva realidad presente, Arizábalo con las órdenes recibidas en la Península y los pliegos necesarios que trae para justificar su hazaña, como los otorgados por La Torre en calidad de “Comandante General de las tropas realistas de operaciones de Costa Firme”, según reza su nombramiento, y las instrucciones que en nueve cartas expositivas le entrega José Domingo Díaz en Puerto Rico,  o sea que como agente especial español y Comandante General  de la operación recuperadora emprendida, toma entonces contacto con fuerzas facciosas antirrepublicanas dispersas en el centro del país después del desastre de Carabobo (1821), verbigracia Tamanaco en Cojedes, Macaira en Guárico, Lezama (Guárico), Guires en Altagracia de Orituco y Guaribe, etc., sitios estratégicos que serán su lugar de acción principal y refugio por ende, luego de un parlamento a convencer de seis meses con bandas o partidas realistas existentes de preferencia en territorios montañosos difíciles de acceder, como el caso de Guires, y donde se habían refugiado muchos de los realistas dispersos una vez salidas del país las autoridades españolas.   Y como la misión especial encomendada al vasco Arizábalo era reiniciar la guerra, haciendo su trabajo escogido debió ponerse en contacto a través de correos de inteligencia con numerosas fuerzas que existieran en la periferia lejana de Caracas principalmente hacia el Estado Guárico y la escabrosas montañas de Los Guires, en parte inaccesibles, donde tendría reunión con los principales cabecillas que suspiraban aún por el gobierno de Fernando VII.    A objeto de dar más concisión a lo tratado explicaré que a esos principales cabecillas, independientes entre sí, voy a irlos mencionando sin que ello equivalga alguna primacía, trayendo de primero al astuto indio José Dionisio Cisneros, malicioso, de poco confiar, peligroso además y capaz de cualquier cosa en su agresividad, que asolaba en razzias asesinas los valles del Tuy  y los de Aragua, quien años después y mediante el engaño y la tramoya astuta del llanero fue detenido y fusilado por designios de su compadre José Antonio Páez.  El baruteño coronel Cisneros acaudillaba entonces partidas peligrosas situadas por Santa Lucía, Charallave y Paracotos, quien en diciembre de 1827 combate contra el coronel José María Arguíndegui durante tres días (22, 23 y 24 dic.), dejando ello un saldo de 200 muertos gubernamentales amén de incontables heridos. En este encuentro sanguinario el coronel Arizábalo actuaba igualmente con una columna de su mando que destrozó también las fuerzas paecistas,  antes de retirarse a las montañas de Guires y Tamanaco por escasez de municiones y otros elementos de guerra.   Entretanto los coroneles Doroteo Herrera y  Juan Celestino Centeno con 400 hombres a su mando, sostienen combates  contra el enemigo en las inmediaciones de Caracas (Mariches, cuando igualmente ellos se entrevistan con Arizábalo), mientras otras fuerzas monárquicas en el Oriente del país encabezadas por los oficiales Coronado y Castillo, se batían con saña en sus puestos de lucha.     Luego colocamos en este andar temible al señalado comandante principal Juan Celestino Centeno, de origen pardo y fogueado en el combate, entonces con residencia temporal en Guires y los bosques de Orituco, quien se enfrentará cerca de Petare al temible republicano coronel Anselmo Hurtado, alias “Burro Negro”, ganándole la partida en feroz encuentro carnicero que deja inútil de por vida a tan odioso ser, y además Centeno entabla fiero combate contra fuerzas del general paecista Julián Infante en el interior de dichas montañas de Orituco, o sitio de su refugio guerrillero,  de donde por el valor demostrado en la campaña Arizábalo con los poderes conferidos que mantiene asciende a Centeno nombrándole Segundo Jefe de las Fuerzas de Su Majestad Católica, en Venezuela.     Otro guerrillero con seguidores  de entonces era Doroteo Herrera, pardo también y buen jinete, como igualmente el indio Inocencio Rodríguez, esforzado miliciano y comandante muerto durante el combate de 4 horas ocurrido en Las Raíces (22-1-829), todos como se sabe al fiel servicio de Su Majestad.
Bandera Real de España.
  Mientras tanto y en esta guerra sin cuartel las partidas rebeldes de Tamanaco y Guires, entre otras, al mando de los coroneles Centeno, Ramírez, Inocencio y Doroteo, en Macairita se reúnen bajo el mando de Arizábalo, junto al creado batallón  de infantería “Lealtad” y el escuadrón de lanceros del Rey “Fernando VII”, para hostilizar a las tropas colombianas en el plan que incluye rastreo por el Alto Llano y el circuito costero de Río Chico, además de mantener parcelas de cultivo como medios de subsistencia  de las tropas, en lo que ocupa 600 hombres.    Otras acciones guerrilleras secundarias fueron ejecutadas en Javillar, Laguna de Tacarigua y Valle de La Pascua.    En total y siguiendo a lo escrito por el entendido José Domingo Díaz, en Caracas y sus extensiones para ese tiempo  había quince partidas dispersas de estos guerrilleros dispuestos al servicio de los ideales monárquicos, o sea al regreso del gobierno español a Venezuela, grupos armados de quienes se informaban ambas partes en conflicto mediante el servicio de inteligencia y espionaje rastreador que vigilando de cerca funcionaba en aquella oportunidad.   En este tiempo y a objeto de contar las fuerzas realistas existentes, para el 10 de agosto de 1827 en que se entrevistan en San Francisco de Cara Arizábalo y Cisneros, sabemos que el comandante Centeno cuenta con 900 hombres a su orden, que en el río Guárico se le unen al principal Arizábalo 400 más, y que en Guires hacen lo mismo 460 con ideas monarquistas, aunque sin armas ni municiones, suministros, otro material de guerra y apoyo logístico todavía pendientes de su llegada desde Puerto Rico y Cuba.
A todas estas de la lucha emprendida y cuando ya Arizábalo se encuentra en las montañas de Tamanaco y Los Guires, éste decide llamar a reunión en tal paraje escabroso a los líderes del movimiento monarquista que sostienen la fe en Fernando VII, y a tal efecto el 29 de agosto de 1827 en dicho paraje es recibido con aclamación  el delegado del Rey borbón, cuando ya se encuentran todas las partidas monárquicas convocadas, que alcanzan a un total de 1.200 hombres armados, proclamando de nuevo su adhesión a la causa real y el reconocimiento de Arizábalo  como Jefe Superior (en Punterales fue su bautismo de fuego), al tiempo que juran morir defendiendo los derechos del Trono español, incorporando así nuevas partidas a las ya existentes en Barinas y el centro de la nombrada y no bien vista república de Colombia.
A las  alturas del ejército guerrillero unido el comandante Arizábalo decide hacer un balance de la situación, falto como está por las actuaciones emprendidas y porque desde luego anda escaso de municiones y demás acopios que deben llegar pronto desde Puerto Rico conducidos por el almirante Laborde para sostener la contienda, según lo acordado con anticipación, aunque corriera a favor de su causa el desconcierto habido con las actuaciones políticas y divisionistas de Páez que culminan en aquello que llaman “La Cosiata” y por la posición bolivariana alejada de Venezuela y hasta deseosa de erigirse el mismo caraqueño a la chita callando, en Monarca americano.  Mientras tanto todo el ejército guerrillero al mando de Arizábalo emprende una acción de desgaste a través de partidas y colaboradores, como el encuentro de Piedra Azul, facción armada con 600 fusiles y 200 trabucos y contra quienes el gobierno central nuevamente dirige al coronel José María Arguíndegui al frente de 800 soldados, tiempo en el que también se han enviado de Caracas  y contra Cisneros al coronel Hurtado (“Burro negro”), con 800 hombres, pertenecientes antes a los batallones Junín y Callao.  En este andar guerrero el coronel Centeno es herido en Macairita, de lo que se mejora, y Arizábalo se dirige a Higuerote en búsqueda de noticias sobre el almirante Laborde y el material de auxilio que trae desde Puerto Rico para surtir a las guerrillas, e Inocencio Rodríguez, quien comanda una partida de 312 hombres, que pronto aumenta a 438, mientras Doroteo Herrera se le une con 227 caballos y 300 reses de alimento, al tiempo que en la sucesión de encuentros el oficialista Infante y Herrera se baten en esta guerra sin cesar, lo que al caraqueño Bolívar le obliga el envío desde Santa Fe de Bogotá del Batallón Antioquia, que será pronto diezmado. Por su parte el ya Presidente Páez designa a Lorenzo Bustillos Romero Corregidor de Río Chico y en comisión para reducir al guerrillero Arizábalo (“oficial sobresaliente en su rama” de artillero, lo determina así el Intendente José Domingo Díaz).   En este andar sin pausa Arizábalo sostiene varios encuentros guerreros, que le son favorables, mientras envía a Centeno y Doroteo cerca de Caracas, en busca de recursos que ahora le son tan necesarios.   Luego visita al indeciso Cisneros, en un encuentro que no tiene éxito por los obstáculos que el indio pone, de donde resuelve participar en lo adelante por propia cuenta.  Centeno vence en Araguita y Arizábalo  toma la Casa Fuerte de Orituco (27-1-828) y luego sigue a Río Chico, todavía en espera de los auxilios traídos por Laborde.  Pero ante el peligro en ciernes sigue a El Guapo para combatir una fuerza  del general José Tadeo Monagas.  De allí regresa y el 22-6-828 triunfa  en la Laguna de Tacarigua sobre un grupo enemigo. Entonces se halla extenuado, casi harapiento, que es cuando los vecinos le notifican que la escuadra del almirante Laborde había estado de paso, por pocos días, en aquellas aguas de Río Chico, y que sin mucho esperar, o sea menos de una semana, levó anclas para desaparecer en el horizonte, sin dejar los avíos esperados.  Para Arizábalo esto fue una tragedia, por cuanto conoce de antemano que Laborde con sus bajeles debía esperarle de 30 a 40 días en esas aguas, por lo menos, según el informe recibido, haciendo así una mueca terrible a la Historia de Venezuela que dejo a ustedes en consideración, porque muy pocos conocen este episodio fundamental. Sumido ahora en la tristeza de la traición Arizábalo vuelve hasta Orituco, bate luego una fuerza apureña y después a un grupo republicano que así lo provee de mil cartuchos.  Inicia entonces pequeños encuentros cercanos a 60 acciones militares, destruye ya al batallón Antioquia, y el 21 de enero de 1829 es aprehendido y pronto rescatado por su subalterno Doroteo Herrera. En estado casi de desnudez y sin otra salida a emprender escribe a Lorenzo Bustillos buscando el indulto militar y la entrega de 800 hombres a su servicio, lo que el paecista Bustillos acepta, con la entrevista acordada en Boca del río Aragua, donde fue recibido con honores de Capitán General, “y en calidad de héroe”. No quiso admitir los grados conferidos por Bolívar en 1827 para incorporarlo a su ejército, como brillante artillero, mientras se acordó trasladar a Puerto Rico o San Thomas a los oficiales monárquicos que quisieron abandonar el territorio nacional.

Marino Ángel Laborde Navarro.
 Veintidós meses duró esta guerra que parece ser sacada de la tragedia griega. Salió de La Guaira embarcado entre honores, con la bandera insurgente colgada en la falúa que le transporta rumbo al océano. Y este paladín radical del que poco se han ocupado en nuestro país, sin saber por qué, aunque lo puedo imaginar, fue recibido en Madrid colocándole en su pecho la Real Orden Americana de Isabel La Católica.   Ojalá alguno de ustedes ahora se anime a escribir la verdadera biografía de Ángel Laborde y Navarro, con los detalles que aquí consigno aunque acaso discrepen de la versión oficial diseminada por razones personales. Según lo que conozco Arizábalo poco pudo saborear esa calidad de héroe sobresaliente, porque para desgracia de su persona murió pronto, en 1.834. Pero nos sentimos satisfechos de colocarlo en este blog donde siempre han cabido, como muchos otros, güelfos y gibelinos, los ilustres y los que casi llegan. Ahora sí, los manuales de historia deben rectificar en cuanto que la guerra hispano venezolana  en sus diversas fases no acabó en Carabobo,  con la rendición de Puerto Cabello o la  batalla naval del lago de Maracaibo, sino que terminó, exactamente, el 18 de agosto de 1829, cuando el Comandante General en Costa Firme y con las cualidades que ostenta, en la boca del río Aragua (El Guapo) capitula y firma la rendición por documento contentivo de nueve artículos discutidos, suscrito por Arizábalo y el delegado del general José Antonio Páez, con los poderes conferidos, general Lorenzo Bustillos Romero. Allí sí terminó y para siempre esta importante guerra libertadora.   Hasta pronto.

jueves, 11 de diciembre de 2014

EL BANDIDO DE POSTÍN WILLIAM WALKER.

 
Willian Walker.
 
Amigos invisibles. Como en todas partes se cuecen habas en esta oportunidad vengo a reseñar la historia de un brigante y nada menos que de los Estados Unidos, suerte de antepasado en los asuntos de Bonnie y Clyde, artistas escénicos  en los anales de lo rocambolesco que dejaron una fama casi increíble de hazañas delictivas terminando su andar en la Bolivia de aquellos tiempos indígenas que se recuerdan hasta en la pantalla chica de Hollywood y cuyo paso agridulce se mantiene presente como parte de los sinsabores americanos.  Sobre esos parámetros excitantes expresaremos que juntas pero no revueltas  han existido por mucho tiempo las relaciones americanas norteñas con los países del Sur, ya que para extraer ejemplos si bien el bucanero o mejor ”filibustero” Walker proviene del Norte tan arraigado a los principios cristianos, Pancho Villa es otro ejemplo mayor de quien aquí hemos contado historias espeluznantes que provienen del Sur y con ellas hizo también de las suyas a pesar de los pesares, porque a todos estos personajes se les recuerda y pone atención pues son piezas casi de museo dentro de las fatalidades en que anduvieron pellizcando noticias en los andurriales de la historia latinoamericana. Y anoto todo este reclamo metafórico porque siempre se ha pensado que entre los malos y buenos a señalar tenemos mejores ejemplos escogidos de la raya fronteriza mej(x)icana para abajo, y que los otros actuaron ayunos de mayores problemas a puntualizar, lo que sin tapujos es una real mentira.
            Pues bien, para conocer esta película secuencial debemos decir que el siglo XIX fue difícil para ambos lados del continente americano, porque sin andar asentado quimeras estrafalarias parecía un hervidero de pasiones y de creencias pueriles a punto de estallar. Y si a bien vamos, por ejemplo los Estados Unidos estaban divididos en múltiples pedazos, valga la expresión, y el tira y encoje de los bandos extremos mantenía en un rollo permanente que si los problemas con el Canadá inglés, que si los rusos por allá en Alaska, que si los  franchutes aspirando en el norte otro pedazo francófono, que si los indios de la pradera con bisontes deseando exterminar a los invasores, que si tanto buscador de oro recorriendo extensiones para crear problemas, y más también con el mundillo navegante del mar Caribe, y otro tanto o más  injertado con el perenne dolor de cabeza que a los gringos representaba los machos mejicanos y las pandillas centroamericanas. Esto lo expreso para que ustedes refresquen la memoria, como dicen los galos entendidos, “de aquellos tiempos del can-can”. Y que nos defienda nuestro valeroso beato José Gregorio Hernández.  
Actor Marlon Brando (Willian Walker).
            En ese mundillo romántico y exagerado del siglo XIX donde todo era válido para no quedarse atrás, la inquina lejana sostenida por intereses imperiales reflejada en los pasos a dar sin que se guarden distancias atrevidas, estaba en marcha con la cobija de diferentes intenciones, y como cualquier componenda era propicia para eludir la ley porque el máximo poder pendía de las pistolas y los cañones, siempre los Estados Unidos anduvieron con la mirada puesta en el Sur de sus intenciones conquistadoras, y porque hacía el Norte pegaba mucho el frio, supongo yo que eso murmuraban las familias cuáqueras o no al ver colgar los cristales de vidrio cargados de nieve fuera de sus hogares, y más cuando apareció otro fenómeno a raíz del crecimiento poblacional esclavo, base económica de muchos capitales en aumento, porque los americanos de este tiempo eran trabajadores de corazón y con el problema de las dos Américas que tenían a resolver, es decir la blanca y la negra, la libre y la servil, ello acarreaba bastantes disgustos encontrados, y más con el asunto pendiente de la mano de obra del algodón esclavista, importante espina dorsal de su crecimiento a futuro.  Sobre estas preocupaciones alarmantes las relaciones Norte-Sur marchaban no “uber alles”, como se quisiera en esa guerra de secesión no declarada o por hacerlo que como un quinquenio tuvo incendiado a ese país dando por tanto origen a toda suerte de nuevas fantasías bañadas en sangre y de rencores que aún pensándolo bien, pueden subsistir.  
Sobre los fundamentos de estos principios antiéticos puestos al desgaire es que nos vamos a referir al personaje y sus hechizos que encabeza el título, expresando desde luego que dentro de las contradicciones de aquel tiempo azaroso, grotesco y raro fue ver transitar por tanto medio falso a una persona que desde la cuna era llamado a ser casi angelical, con predestinación para convertirse en un emisario benefactor a objeto de ejercer la caridad y el amor al prójimo, sin distinción de color u origen, y que mediante destinos manifiestos por obra de aquel olor a pólvora permanente, fue todo lo contrario en su vida de agitación, porque los padres bien le educaron, con amor a Dios y a la Iglesia presbiteriana calvinista, con los ejemplos de la Biblia siempre presente y varias instrucciones universitarias que obtuvo para darle el consabido prestigio suficiente, pero que sin embargo y porque el Diablo en este caso no estaba de acuerdo, acicateó a nuestro “hermano” William lanzándolo por el camino de la picaresca, la subversión y de los intereses realmente aventureros.
Cornelio Vanderbilt.
 Para reescribir tantos pasajes de su vida cambiante sobre quien tratamos de fotografiar con cámara incómoda de la época y en un carnaval de detalles para recoger luego, diremos que el señor Walker era un hombre excepcional, terco de ideas, digno, adusto y calvo, rubio,  de ojos azulgrisosos, flaco, en esencia puritano, de mediana estatura, encantador en el trato, culto y no del montón, reservado, inquieto a momentos, , frío de carácter, disperso en la manera de alinear algunos planes aunque locuaz, melancólico a veces, calculador, con riesgo de sus obras, incansable viajero, testarudo o empecinado, político y hombre público, con suficiente formación universitaria de la época, políglota, idealista, utópico, de tendencia esclava por la raigambre conservadora de su estirpe, extraño porque quería casarse con una sordomuda, Mary Ellen, quien con veinte primaveras pronto muere de fiebre amarilla, revolucionario en algunas creencias afrancesadas liberales con que regresa de Europa luego de 1848 pero que de seguidas las adapta al momento, hombre de pluma también porque dirige el periódico Daily Crescent, de Nueva Orleans (1850), como el Daily Herald de San Francisco, y así podría anotar otros detalles máximos y mínimos que pueden extraviarse, digo, de donde no es posible alcanzar tal abanico  existencial en esta crónica que debe tener a ustedes en ascuas, pero sí vamos a introducirnos en el personaje tan ambiguo e impactante, interpretado en una película por Marlon Brando en 1969 (“Queimada”), análisis interesantes de quien pude estudiar y medio comprender en el viaje que realizara a Managua en agosto de 1972, cuando visito ese país para ampliar conocimientos sobre el obispo y filósofo chileno fray Alonso Briceño.
Manos de Esclavos.
  El doctor universitario William Walker nació en Nashville (8-5-824), ciudad americana sureña, conservadora y fluvial surmontada de problemas esclavistas, obteniendo  muy joven un lauro de médico por allá en 1838 (de catorce años, como lo asiento), y pronto su padre, banquero escocés, lo envía a los centros universitarios europeos pasantes de Edimburgo, Gotinga y Heidelberg (¡nada menos!), con lo que se titula finalmente de doctor en Medicina, (Univ. De Pensilvania, Filadelfia, 1843, donde ejerce dos años más tarde). Regresado a su patria y con el aliciente de más aprender inicia estudios de Leyes en Nueva Orleans, hasta licenciarse y ejercer esta compleja profesión en tiempo posterior, o sea en San Francisco y la cercana Marysville.  Después, en 1851 con otro cosquilleo de saber ensimismado lo encontramos regentando, pues, el periódico Daily Crescent, entonces de tendencia liberal antiesclavista, con sede en Nueva Orleans, y luego en San Francisco ejerce el periodismo con el “Nuevo Herald” de ese mismo nombre portuario. Y dentro de esta cabeza privilegiada que  pronto se perdiera en elucubraciones fantasiosas, estudia igualmente Derecho, como dije, para trabajar con ello en Nueva Orleans, la costa californiana de San Francisco y por ende la cercana Marysville. Eso sí, es raro y excitante sujeto a mayor profundidad todo cuanto hasta ahora he escrito sobre William Walker, porque su pasión científica y serena de un inicio fue desviada por los acontecimientos graves que viviera lleno de rencores raciales y acomodos económicos de aquella sociedad convulsa, de donde pronto ese caudal de circunstancias anómalas  le encaminan por la aventura sin fronteras que lo lleva a los más insólitos teatros de actividad “filibustera” de estas regiones sureñas,  y en ello iguala con todo lo que puede usted haber visto en la secuencia cinematográfica “Lo que el viento se llevó”, que en esta materia es una de las joyas primarias dentro de dicho novedoso arte de la comunicación.
Lápida de William Walker. Trujillo-Honduras.
 Pues bien, premunido de esas ideas extremas  y ante la necesidad de encontrar un camino esclavista para obtener refuerzos en caso de triunfar los proyectos libertarios de la mano de obra barata que aún existe en el Sur americano, al frente de un grupo de mercenarios entrenados en 1853 cruza la árida frontera e invade el territorio mejicano, proclamando la independencia de la Baja California y de Sonora (que convierte en República), con el fin de su anexión posterior a los Estados Unidos, cuestión que luego se viene abajo al no encontrar medios de subsistencia en tales lugares inhóspitos, de donde en mayo de 1854 con los suyos debe regresar sin éxito a los Estados Unidos, siendo liberados de culpas casi de inmediato, mientras  lo aclaman en San Francisco como a un héroe. Pero ya encendido con la política de entonces y como la idea esclavista seguía pendiente en la cabeza de Walker, lo que luego dio pie al concepto trillado de América Latina (1856), en 1855 reúne otro grupo de seguidores alucinados y con un rifle nuevo tipo winchester (Minie, y revólveres Colt)  el incansable aventurero parte del inquieto puerto de San Francisco hacia la revoltosa Centroamérica, llena ella de pequeños caudillos, de facciones y de posibles componendas políticas, llegando así a Nicaragua por la vía del Pacífico y entendiéndose allí con una facción  liberal y falangista insurgente que lucha por el poder al estilo de la famosa y posterior “Legión del Caribe”, por lo que luego de desembarcar en El Realejo se atreve con los suyos a abordar un barco del millonario norteño y halcón yankee Cornelio Vanderbilt, que hacía el transporte de pasajeros y carga por el Gran lago de Nicaragua para evitar el viaje pedestre atravesando a Panamá.   Una vez cumplidas estas hazañas bandoleras preñadas de historia que recuerdan a nuestro admirado general Augusto César Sandino, con la mente hacia adelante Walker y los suyos en rápida sucesión de hechos toman la fortificada ciudad nicaragüense de Granada y con ello olvidando los aspectos legales de su correría en junio de 1856 el filibustero (nombre puesto a estos grupos enguerrillados) Walker asume sin más la dictadura del país, se eleva a General en Jefe, derogando con una farsa electoral la ley que prohíbe la esclavitud, y por ende los cuestionados atributos presidenciales.  Así, ya dueño de Nicaragua, el norteamericano es ascendido de otra forma inelegante a General en Jefe de sus fuerzas y mediante una farsa descarada electoral a troche y moche gobierna el pequeño  país por sí mismo o mediante el títere que nombra, Patricio Rivas, como Presidente de la República, de donde pronto se incauta de los barcos de tránsito del norteño Vanderbilt, con fines pecuniarios  y para traer nuevos mercenarios del Norte americano, pues mantiene la idea atrevida de apoderarse de toda Centroamérica, con fines esclavistas y que vive entre discordias, para confederarla con los Estados del Sur de la Unión, de donde proviene este aventurero  de sueños indigestos por demás extraño. Y para proseguir en la carrera iluminada que se ha impuesto reforma el gobierno en junio de 1854, se erige a su vez en Presidente (1856) y  de seguidas el 22 de septiembre  alegando necesidades económicas y en apoyo a los estados esclavistas de Norteamérica el discutido Walker anula en el país centroamericano todo lo referente a las leyes abolicionistas, de donde el gobierno del negrero y terrateniente Walker (ojo) en 1856 fue aceptado oficialmente por los Estados Unidos y se le reconoce  en la majestad presidencial ese mismo año.
En vista de los descaros de tan insostenible situación de horror  y despotismo se forma una coalición de estados centroamericanos apoyados por el poderoso Vanderbilt, que declara la guerra frontal al Presidente Walker, y éste con un heteróclito ejército compuesto por norteamericanos, alemanes y franceses de fortuna a las órdenes del coronel Schlessinger invade a Costa Rica, de donde pronto son expulsados  los mercenarios mediante la bizarría  de las tropas conducidas por el Presidente Mora Porras. Mientras Walker recibe  por la vía del tránsito acuático (Gran lago de Nicaragua) varios refuerzos y auxilios de los Estados Unidos, donde en el Sur de este país la imagen de Walker se perfila como la de un héroe, de otro lado se suceden los combates sangrientos de Santa Rosa y Rivas, al tiempo que Guatemala y El Salvador se suman a esta guerra ideológica, extraña, y por ello sitúan sus fuerzas en León de Nicaragua. Dentro del generado conflicto  en el combate de San Jacinto cae Byron Cole, lugarteniente de Walker, quien entonces ataca a Masaya, sin poderse en verdad medir con las tropas aliadas, y entre esta última ciudad y Granada  se entabla un pugilato de fuerzas y encuentros que terminan cuando el británico Henningsen por orden de Walker desocupa, incendia  y destruye a la ciudad granadina, que perece en una gigantesca hoguera. Luego ante tales circunstancias pirómanas Honduras se incorpora a la guerra fratricida y filibustera, con fuerzas opuestas bajo el mando del general Florencio Xatruch, lo que no fue obstáculo para que  Walker con buena táctica que usa embarcara a sus hombres a fin de librarlos del duro asedio emprendido por la coalición militar.
Presidente Abraham Lincoln.
 Se realiza entonces una segunda campaña de exterminio, bajo el mando de Mora, con el objeto de cortar a Walker  la productiva vía de Tránsito (Gran lago de Nicaragua) que se hallaba bajo el dominio de los filibusteros del sedicioso Walker, y así por sorpresa los aliados centroamericanos fueron apoderándose de los vapores embargados a Vanderbilt, con lo que el poder económico que sostenía al destacado pirata americano, fue herido de muerte. Los combates continúan  y un auxilio de 400 hombres llega para reforzar a Walker. Pero al reorganizarse el sistema designando a Mora como General en Jefe de las tropas Aliadas, bajo su férreo comando  el grueso del ejército liberal  sitia a Walker en Rivas, hacia el Oeste, quien después de dos años de enconados combates capitula en mayo de 1857 con todos los honores que guarda la guerra caballeresca, interviniendo en ello el capitán Carlos Davis, comandante del buque de guerra americano Saint Mary. Luego de este episodio singular el optimista Walker fue recibido triunfalmente en los Estados Unidos y sus amigos esclavistas  con prontitud le proporcionan nuevos recursos para volver a la tierra del cacique Nicarao, por lo que repuesto de los tráfagos coyunturales intentará tres veces de retomar aquel poder ansiado que lo enloquece en sus proyectos. Por esta causa punzante cuyo fondo es esclavista negrero, en 1857 Walker regresó a Nicaragua desde Mobile (Alabama), pero el marino comodoro Hiram Paulding lo detiene en sus intentos y le hace devolver a los Estados Unidos.   Vuelto a la libertad planea una nueva invasión a dicho país (1858), y con las mismas recalcitrantes ideas dos años después prepara otra expedición en Mobile, Alabama, con la que finalmente desembarca  en Trujillo de Honduras, mas al oponérsele en el intento el buque de guerra inglés “Icarus” (entonces los británicos tenían mucha importancia en su región marítima y hasta dependencias coloniales) cambia de estrategia internándose en el territorio que ataca, y viéndose perdido resuelve rendirse con los suyos al comandante del buque “Salmon” que está al mando del capitán británico  Norvell Salmon, quien de seguidas y en contra de lo acordado bajo engaño lo pone en manos de autoridades hondureñas y no inglesas, de donde en Consejo de Guerra sumario juzgan al detenido y en consecuencia lo condenan a muerte frente a un paredón de fusilamiento en la plaza local de Trujillo, pasándole por las armas un pelotón de soldados desnutridos y a quien sentado, a sangre fría y estoico e impasible le atraviesan el alma a las ocho a.m. del miércoles 12 de septiembre de 1860, en sus primeros y últimos 36 años de rebeldía. Así concluye todo un rosario de aventuras vividas  por este aventurero inteligente, precoz y con alto cociente mental pero por demás extraño en el proceder, con delirio de grandeza, quien siempre creyó en el destino manifiesto y en aquella buena suerte riesgosa que también  traicionándolo esta vez le costó cara. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

LA REBELIÓN SANGRIENTA DE RUPUNUNI.


Guayana Esequiba.
 Amigos invisibles. Dentro de lo que estamos tratando y como expresión clásica del colonialismo inglés (13 colonias de Londres todavía subsisten disimuladas en el mundo geográfico americano) sostenido ello tras mamparas versátiles en el siglo XXI y entre fuertes disensiones sociales discriminatorias mantenidas por los usurpadores de nuestro territorio Esequibo, y ante la aspiración suprema de  los residentes por ser libres y unidos a la República de Venezuela, que es su patria verdadera y oficial, en la primera semana de 1969 (2 de enero) cansados de la inicua explotación centenaria ganaderos y agricultores amerindios de la zona de Rupununi se alzan contra el imperio mundial dominante que siempre ha protegido los Estados Unidos, creando un Comité Provisional  del Gobierno de Repununi, al mando de la valerosa ganadera y aviadora Valerie Hart, puesto que al sentirse y ser venezolanos de acuerdo con las leyes de  nuestro país, solicitan la inmediata ayuda o protección de Venezuela en la defensa de sus derechos conculcados e invocando por ley constitucional la nacionalidad patria y erigiendo mediante consenso esta futura dependencia venezolana como “Estado Libre Esequibo”.  Al principio la rebelión tuvo éxito, pero el gobierno africanista y comunistoide de Georgetown y frente a sus debilidades características raciales ante la insurgencia que aspira silenciar rápidamente mueve hilos de apoyo con el fraterno gobierno norteamericano, las dependencias coloniales inglesas en América y hasta del interesado Brasil, que ya no esconde sus pretensiones de salida al océano Atlántico por la vía carretera de Lethem, como lo hizo igual con Venezuela a través de Santa Elena de Uairén y Puerto La Cruz, en tiempos del presidente Rafael Caldera.

Venezuela para el momento de los hechos, que es eleccionario con carácter presidencial, cambia su gobierno que fenece y entonces el triunfante doctor Caldera altera sus ideas y sin ningún amparo o sostén hizo el mutis sobre el particular libertario, escurriendo el bulto y lavándose las manos al estilo Pilatos, valga expresar la realidad.  Entonces la represión del  violento y apasionado afroguyanés  Forbes Burnharm (Premier) como respuesta y acaso recibiendo órdenes de lejos intervino a sangre y fuego todo el sentimiento patrio, mientras que in extremis para salvarse los amerindios de Rupununi, que forman el grueso de la población autóctona, salvo escasas familias que se refugiaron en Brasil pasaron al Estado Bolívar, en que una vez acogidos según corresponde  les entregan cual venezolanos nativos que son las respectivas cédulas de identidad (art. 35 de la Constitución Nacional), y se les protege debidamente como es de suponer. Lo improcedente de la fecha insurreccional (2 de enero de 1969) y la pobre defensa que tuvieron (se habla incluso de una avioneta con fusiles, bombas y ametralladoras de apoyo enviadas por Venezuela a ese clamor popular nacionalista, que se averió al volar sobre suelo brasileño, hecho que ese gobierno interesado comunica de inmediato a Georgetown, con las consecuencias previsibles para truncar su dependencia colonial, aunque nunca es tarde cuando la dicha (libertad) llega. Por cierto para remendar el recuerdo doloroso hacia nuestros nacionales, se rumora que el cuartel militar a construir Venezuela en la isla Anacoco será bautizado con el nombre “Islas Malvinas”, con lo que se quiere decir mucho en el recuerdo de aquel sacrificio humano.

Valerie Hart.
 Pues bien con estos antecedentes tan entramados donde por obra de los apetitos imperiales y los apoyos del Tío Sam como ya era costumbre desde  el siglo XIX, tiempo victoriano por cierto, la pasión de los ingleses no solo fue el  adueñarse del alma profunda escocesa, de la irlandesa y galesa, como era principio y fin de los piratas marítimos al mando de Walter Raleigh, soñador de El Dorado, sino que olvidando cualquier inconveniente en sacrificar pueblos del mundo y de los siete mares de todo cuanto podía estar al alcance de la rapiña, con la porfía adelante África y Asia en especial fueron devastados con aquel apetito pantagruélico comparable al huno Atila, pues en cuestión de poco tiempo el inglés agresivo expandió su poder omnímodo arrastrando con ello pueblos y culturas enteras, de donde sin mediar excusas trasladó habitantes fuera de las fronteras naturales y con ello ampliaba practicando de una manera descarada y feudal el latifundismo plutócrata y la esclavitud divisionaria en su más prístina categoría.

Pero vamos por partes con la intención de esclarecer el  tremedal pasionario ocurrido antes y después de lo que sucediera en el imborrable episodio de Rupunini. En efecto, debemos comenzar por reconocer que todo lo hoy llamado territorio de Guyana y por ende el de nuestra Guayana Esequiba, fue descubierto desde el mar como consta en el  diario de navegación  que llevara a cabo con escritura propia el Almirante Cristóbal Colón, y que luego profundizó dicho descubrimiento el marino español sevillano Juan de Esquivel, con cuyo nombre derivado se bautiza por cierto el río Esequibo y sus adyacencias. Esos territorios permanecieron en poder español durante siglos, como lo demuestran documentos de la época y el desarrollo hispano en la conquista de América. Mas como quiera que por las guerras europeas el poder español  se veía más decrecer, diversos países del Viejo Continente para ampliar sus mercados y competir con España en la riqueza resolvieron establecerse al este del río Esequibo, de donde pequeñas comunidades holandesas que merodeaban en aquellos lugares deciden instalarse por Demerara desde 1611, ante el peligro inglés por delante que quería engullirlos, de donde ellas mantuvieron buenas relaciones con los colonos españoles establecidos al Oeste del Esequibo y en sus inmensas sabanas inundables, lo que queda reflejado en los mapas de aquellos tiempos históricos. Ya en 1777 cuando el rey Carlos III crea la Capitanía General de Venezuela y el territorio que la circunda, se define sin dudas o equívocos que toda la región al oeste del río Esequibo desde su nacimiento pertenece a dicha Capitanía General y de allí sigue el lindero hacia dentro para coincidir con el Brasil, como también en largo viaje inverso tal lindero va rumbo al océano  hasta desembocar nuestras aguas en el consabido Atlántico, con desde luego la plataforma continental correspondiente. A todas estas y dentro de las restructuraciones comarcales el territorio de Berbice al este del Esequibo fue colonizado por holandeses y luego allí penetraron los ingleses en la discordia contigua, llenándolo mientras tanto de esclavos africanos, hasta cuando Holanda decide venderle (¿?) esa  franja jurisdiccional a la corona británica siendo el tiempo en que ya lucía  el nombre de Surinam, hecho ocurrido a inicios del siglo XIX con todas las características de una nueva colonia británica, por lo que comienza a trasladar hasta allí a otros esclavos agricultores africanos (Jamaica, Barbados, etc.) de diferentes etnias no emparentadas para la explotación de sus intereses, que lo hace desde un comienzo de manera calculada mudando con el tiempo hacia sus territorios del Este del Esequibo otros inmigrantes coloniales como fueron hindúes, portugueses, malayos y de distintos orígenes para vivir azotados por una rígida forma esclavizante de separación social.  Pero comoquiera que Venezuela para aquel convulsionado siglo XIX anduvo en guerras intestinas desangrándose por su propio desarrollo y en busca de la libertad e independencia, los ingleses con el ojo avizor de los negocios en que han sido maestros coloniales, pronto entran en cuenta que en la Guayana venezolana correspondiente al río Orinoco, al Caroní, Cuyuní y otros grandes cauces fluviales aparecen riquezas infinitas por encontrarse oro a montón como diamantes también en cantidad, de donde con las pupilas puestas en esos caudales de riqueza deciden a su costa y saber olvidar la  inobjetable frontera de Venezuela que es la ribera oeste del caudaloso Esequibo, y bajo el disfraz del disimulo comienzan a penetrar en nuestro suelo territorial de la manera más afrentosa, Para instrumentar ese latrocinio del territorio en mientes traen expresamente de Europa a un expedicionario falto de escrúpulos de origen sajón prestado al servicio inglés que se llamara Roberto Schomburk, quien sin ningún miramiento y con el objetivo final de sus amos imperiales decide reformar a favor del poder londinense los linderos convenidos de antaño e inventa por tanto otros límites ingleses con que ellos sin reserva alguna se  apoderaron de media humanidad y riquezas en los cinco continentes navegados por las afiladas velas inglesas y los cañones destructivos. Así Schomburk, el descarado vendedor de conciencias y sin que ello toque su condición de sabio, que lo dudo, empezó a hacer y deshacer con el territorio de nuestra Guayana Esequiba, dando pie y cabida por largo tiempo con su manera impropia rateril de proceder, de donde en la rapiña todavía en 1941 hubo que arriar una bandera inglesa que la sinverguenzura de aquellas expediciones del luego ennoblecido sajón permitiera enarbolar los muy  amigos de lo ajeno al frente de nuestra población guayanesa de Tumeremo (Mr. Barnes), o sea en las entrañas de El Callao.

Borfes Burnharm.
 Pero las triquiñuelas rodaron en lo que son expertos los ingleses, y a través de ese tinglado secular, despojador y hemisférico llamado Commonwealth que obliga sin chistar a las colonias o seudo colonias inglesas en América, a objeto de mantenerse en el poder guyanés a como diera lugar y dividiendo para así sostener el mando organizaron un sistema social nada igualitario y sí clasista, donde los negros africanos tenían poder (Burnharm), los hindúes (con el comunista Jagan), portugueses  y otros serviles a la colonia, como algunos canadienses, de una y otra forma, equilibrando así el juego tramposo a favor de Inglaterra. Y mientras desde Georgetown los políticos de tales triquiñuelas deshacen conciliábulos verbales porque luego no eran tenidos en cuenta, de otra forma seguía manteniéndose la tremenda división social exclusivista, con los protegidos de entonces bajo la mirada capciosa y orientadora de la Corona Windsor, al tiempo que a solapo los ríos, sabanas y tierras inundables, por propiedades que a la larga no se respetan el tan consentido sistema  de cambiar los linderos a favor y de someter a la población con  excesos y desmejoras, tenían en jaque permanente en cuanto a los intereses del desarrollo de esa zona.

La región de Rupununi está situada al sur de nuestra Guayana Esequiba, en una extensión de 58.000 kilómetros cuadrados, reclamados por Venezuela en un 25% de su totalidad por pertenecer a la misma, con extensas sabanas bajas rumbo al norte y ganaderas al sur hacia los límites con Brasil en el Alto Tukuku donde vive una comunidad organizada de propietarios de origen blanco y amerindios de la región, mestizos y europeos en doce grandes haciendas donde hoy pueden pastar algunas 200.000 cabezas de ganado en tierras del Alto Tokuku, productores que trabajaban en la zona asfixiados por la imposición y exacciones inglesas coloniales o de sus nuevos representantes, donde la tierra explotada pertenecía a la Corona, pues el gobierno guyanés por órdenes superiores y olvidando a Venezuela arrendaba algunos terrenos con discriminación racial a favor de nuevos afrodescendientes versus amerindios, y por máximo de un año, pagándole entonces gabelas y sin poder adquirir dichas propiedades porque estaba prohibido y, en caso de ser desalojados no tenían derecho a indemnización alguna. Como en los tiempos medievales. Por su parte los ganaderos asentados pedían contratos de arriendo hasta por 25 años para sustentar los  ganados, como es de suponer, lo que siempre fue negado por la susodicha Corona Inglesa. Mientras tanto el gobierno cómplice del lejano Georgetown daba poca importancia  a estas desigualdades a favor de los negros importados para sembrar en tierras de vocación ganadera que clamaban justicia en Rupununi, y hasta por ello llegó a sofocar con el ejército y el correr de la sangre a pequeños levantamientos populares mediante la detención de algunos inconformes, siendo estos prisioneros colgados de los árboles para escarmiento y pavor de la población. Mientras ello ocurre los sostenedores de la hipócrita Doctrina de Monroe con el rayado lema de “América para los americanos” desde Washington se hacían ciegos, sordos y mudos ante estos acontecimientos criminales, por el apoyo implícito, solapado y de contraprestación, como el caso de las Malvinas y el proceder histórico del Secretario de Estado gringo general Alexander Haig.

John Bull.
 Ante esta posición imposible de detener en los abusos reiterados cometidos por los nuevos habitantes afrodescendientes apoyados por el castrista Burnharm y ante la postura brasilera que nada quería saber  sobre el tema y más cuando los ganaderos blancos de Rupununi tenían fresco lo ocurrido y negativo con Brasil en cuanto a los territorios vecinos limítrofes  y sureños de Pirara (1904, 32.000 kms2 perdidos), que aspira Brasil abundar con su influencia allí por ser una salida oceánica, entonces esa comunidad gravemente dañada por los sucesos y en conocimiento que la Constitución de Venezuela les otorga la ciudadanía ipso facto del país una vez solicitada, acorde con la Constitución Nacional vigente, luego de conocer este apoyo legal porque Caracas siempre defiende a los amerindios regionales, sin más tardar bajo la dirección de personalidades como la aviadora y experta ganadera Valerie Hart, su marido, los hermanos Melville y todos los criadores de la región se reúnen en una suerte de Constituyente para separarse de esa Guyana racial, comprometida y discriminatoria de Burnharm y de todos cuantos enmascarados tras bambalinas les apoyan, creando así mediante documento expreso el “Estado Libre Esequibo”, lo que se comunica de inmediato a Caracas, y en espera de que sea un estado más de Venezuela.  

Para durar tres días de lucha intensa en medio de una represión inusitada hasta con bombas, saqueos, atrocidades múltiples, incendios específicos, arrase de propiedades, fuego de ametralladoras y  con cerca de cien muertos y ciento cincuenta detenidos, se levantó el heroico pueblo de Rupununi, donde las fuerzas policiales y militares que se aerotransportan enviadas por el racista Burnharm al mando del coronel   Ronald Pope, alías “El carnicero de Rupununi”, bajo su dirección inmisericorde asesina, tortura, viola, derriba hogares, saquea, incendia por venganza y otros aditamentos de la tiranía salvaje de Georgetown que ordena la masacre. Ante tal destrozo humano y material digno de recordar, algunos ganaderos y amerindios temerosos de sus familias se refugian en el vecino Brasil, en que son acogidos a medias, pero la mayoría de los alzados, que aún luchan con dignidad usando armas antiguas, escopetas y hasta machetes, resisten arropados bajo el manto de honor ante el desastre incendiario que no cesa ni las ametralladoras que no se silencian y hasta los lanzallamas ingleses que queman a colonos en algo verdaderamente inusual y trágico dantesco, para luego enterrar los cadáveres en fosas comunes cuyo número fue aumentando con el paso de las horas. La revuelta armada duró tres días (2-1-969 al 2-3-969)  hasta la rendición total, pero en este recuento de la historia acontecida lo que más llama la atención es la actitud de la Presidenta de ese “Estado Libre Esequibo”, señora Valerie Paul Hart, de 35 años de edad, educada y lideresa, con rasgos asiáticos, madre de cinco menores, diputada al Parlamento de Georgetown y esposa de Harry Hart, quien con gallardía y actitud heroica está en Lethem y sus alrededores dirigiendo el conflicto desde el comienzo exitoso de la insurrección hasta cuando por llegar un grueso de la tropa inglesa llena de armas guerreras, a objeto de declarar ante el mundo lo ocurrido en su pequeño avión del tipo Lindbergh vuela de seguidas hasta la cercana Santa Elena de Uairén, en la Gran Sabana, donde es recibida y trasladada con rapidez hacia Caracas, mientras utiliza los numerosos medios de comunicación que la entrevistan para declarar sobre el holocausto de su pueblo en Rupununi y haciendo constar que todos ellos son y se sienten venezolanos, como lo aclara la Constitución Nacional.

Tío Sam.
 Pero los acontecimientos que se desarrollaron por causas del destino y el cambio de año nuevo ocurrido con prontitud torcieron el rumbo en contra de este movimiento libertador de esencia nacionalista venezolano, pues por encima de inspirarse en sentimientos tan loables, para recuperar aquella tierra que a Venezuela le extrajera mediante las triquiñuelas antedichas 139. 500  kms2, por coincidencia del momento el Presidente venezolano Raúl Leoni ya de edad avanzada y tan cercano en nacimiento (El Manteco, Bolívar) a esos paisajes de Rupununi, nada podía hacer oficialmente por estar en la entrega del poder presidencial, porque de otra manera hubiera ocurrido alguna argucia diferente, y ya que el mandatario entrante, Rafael Caldera, de talante jesuita y caprichoso sostuvo de inicio la tesis de no injerencia ni directa ni indirecta sobre el particular, porque Venezuela tenía firmados documentos con Inglaterra que la obligaban a seguir un camino en su reclamo territorial, por lo que debía ser prudente y saber esperar en la agonía nefasta, como hasta ahora sucede. Sin embargo  a los recién llegados venezolanos les fueron expedidas 120 cédulas de identidad y se les reubicó en tierras de la Gran Sabana, San Martín de Turumbán y cerca de El Dorado (Cuyuni), por Las Cristinas, para así continuar con sus vidas en la tierra escogida. Tiempo después la inefable aviadora y nacionalista Valerie Hart cumplida la tarea con su familia se estableció en Texas (USA).


Caracas - 2007 
 El episodio valeroso ocurrido en Rupununi es uno más de la cadena que ha tenido Venezuela para defender sus fronteras, porque si a ver vamos es bueno recordar que el rey Carlos V° de España en el lejano año de 1568  crea la Provincia de Guayana y fija su frontera Este en el susodicho río Esequibo, y no obstante este hecho oficial determinado el territorio guayanés ha sido en todo tiempo objeto de interés superior para imperios como Inglaterra por las riquezas demostrables que encierra, de donde la lucha ha sido permanente en este sentido protector.  Es bueno recordar que el Presidente Marcos Pérez Giménez preparaba para marzo de 1959 la invasión del territorio usurpado por dicho imperio, utilizando instruidas fuerzas de tierra, mar y aire, con el comodín de la próspera compañía Shell adelante, por lo que con seguridad iba a ceder Inglaterra sobre sus aspiraciones y a pesar del pataleo o parloteo consabido. E igualmente rendimos aquí tributo de admiración a Lucas Fernández Peña, el general Domingo Sifontes, que arria la bandera inglesa de la Union Jack en la margen del Cuyuni, deteniendo a los británicos agresores, y al conde Cattaneo Quirin, otro idealista libertario de la zona, como en tiempos más modernos recordemos la labor nacionalista y soterrada sobre la zona de quienes conocían el nefasto arreglo imperial de París, cocinado en Londres (1899), la famosa carta memorándum de Severo Mallet Prevost,  la posición iracunda y dolorida del expresidente Harrison (para todo ello y recordar los hechos ver mi trabajo anterior en este blog, publicado en febrero de 2012), o sea de Carlos Andrés Pérez, Raúl Leoni, Leandro Mora y el doctor Gonzalo Barrios, quienes junto a otros en su tiempo mantuvieron nuestra bandera de las  siete estrellas con el alto pendón de la dignidad nacionalista en defensa de la integración y el patriotismo, de todo lo que compete en el futuro se escribirá una página heroica y triunfal, sin que con ello emule a Rubén Darío.  Y a Oscar J. Márquez, empeñoso en la libertad esequiba, va mi siempre saludo.
 

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL ÚLTIMO CAPITÁN GENERAL.


 
General Francisco Tomás Morales.
 Amigos invisibles. Aunque seguimos pendientes sobre el retorno final de nuestra Guayana Esequiba a Venezuela, ahora vamos a tratar sobre la vida y proyección  histórica del mariscal Francisco Tomás Morales, a quien toca ser el último Capitán General que tuvo España en Venezuela y lo que considero de valía por las características de este hombre de extracción humilde  y quien defendió los valores que le alentaban sus ideas o sea la corona española, durante los veinte años que permaneció en nuestro país.

Bueno es ahora añadir en este proceso  a desarrollar  que Francisco Tomás Morales era de origen insular canario, nacido en Gran Canaria y que por tanto a pesar de las dificultades de esa matriz  insular en territorio geográficamente africano y dependiente de  España en calidad rayana colonial, para su época, el temple y esfuerzo de tal comunidad en el duro trabajo en cierta forma lo hicieron afín al espíritu colonial americano, de donde los llamados guanches se sentían aquí como en su propia casa. Emprendedores y duros para el trabajo existen regiones en Venezuela que ellos levantaron, como el caso de Barlovento, y esos miles de canarios que atravesaran el mar para fundar familias dejaron huella incólume que aún se recuerda en el escenario de la vida pública y privada venezolana.  A raíz pues, de cuando las papas se ponen duras, para hablar en términos coloquiales, y al tiempo que España comienza a tener dificultades en sus provincias ultramarinas, por apetitos interiores y exteriores, tal los casos de Francia, Inglaterra y luego Holanda, los tranquilos canarios existentes en Venezuela tienen un despertar inusitado, ya en época de conflagraciones internacionales, de donde al momento de ser llamados a las armas en defensa de los intereses vitales, sea dicho a comienzos del siglo XIX, deben exteriorizar sus sentimientos provocando así confusión en ideales y expectativas. De aquí que como a partir de 1810 las cartas del destino en Venezuela fueron echadas y “rien ne va plus”, en el acomodo que se trata de dar con otro canario sabio y desorientado, para decir la verdad, o sea del general Francisco de Miranda, la inmensa colonia habitante en “la octava isla”, como entre ellos la llaman, debió tomar postura en el asunto y de aquí las armas comienzan a relucir entre bando y bando contumaz. Es en este momento cuando alumbra un ilustre desconocido que naciera en Gran Canaria, salido de la nada, de gente sin recursos pero con un ojo avizor para las oportunidades. Y el muchacho palmero o joven nacido en 1781 del que hablamos entonces se llama Francisco Tomás Morales Alonzo, quien por cierto en su infancia debe sufrir de tantas necesidades como para trabajar sin pausa en unas salinas particulares de Romeral, donde recibe alguna formación para la guerra común, oficio que ejerciera cerca del natal Carrizal, con los sufrimientos que le ocasionaba ese trabajo ardoroso.  Por causas desconocidas y quizás debido a la emigración necesaria en 1801 llegó al Oriente de Venezuela, a Píritu, tierra de misioneros franciscanos, donde para sobrevivir establece una pulpería (comercio menor) y supongo con esfuerzo y dirección aprende a leer como a escribir. Con esa experiencia fundamental abre alas hacia el porvenir y pronto ingresa en la milicia de artillería, por lo que en 1806 en esas funciones defiende el Morro de Barcelona contra el intruso inglés que merodea, y luego en dicha ciudad casa en 1809 con la oriental Josefa Bermúdez, mientras en la recién advenida República mantuana  es Asistente del valioso soldado Gaspar de Cagigal, en Barcelona.

General José Antonio Páez.
 Pero como su aspiración era continuar en el servicio de las armas Morales  se establece en Caracas y ya en 1812 es Teniente, siendo herido en acción. En este momento de su biografía y porque los datos que aportaré son muchos de importancia, sin tomar en cuenta los desenlaces de su actuación guerrera, que dejo para que relaten otros entendedores en la materia, voy a tratar de resumir su brillante hoja militar al servicio de las armas hispanas, con los pros y contras en que se vio envuelto pero  manteniendo él la convicción de defender una causa justa y visceral en los adentros, porque a su leal entender él sostenía el estado de derecho establecido, y los otros, insurgentes intrusos eran los revoltosos o guerrilleros del momento. Así tenemos que:  1. (1812).  En calidad de Teniente y una vez recuperado de sus heridas Morales es ascendido a Capitán, mientras otro canario, Domingo de Monteverde, comanda fuerzas leales a favor de la monarquía, a quien acompaña Morales (811-13). 2. (1813) Morales ya envuelto en el torbellino de la guerra, que es a muerte, en el último semestre de este año pacta con el caudillo asturiano José Tomás Boves en el Oriente del país, y pronto es elegido Segundo Jefe  al mando en el manejo de esa numerosa fuerza monárquica. De seguidas estos jefes españoles provenientes de Calabozo traban lucha en la sabana de Mosquitero (14-10-813, Guárico) contra Campo Elías y Cedeño, siendo los realistas derrotados en el empeño 3). En la Primera Batalla de La Puerta (Guárico, 2-814), en que interviene igualmente el caudillo Boves, en dicho sitio Morales es promovido a Coronel, con 8 ascensos anteriores. 4). En la sangrienta batalla de La Victoria (Aragua, 2-814), de Boves y Morales contra José Félix Ribas, con 1500 soldados a su mando que les dan el triunfo, perecen numerosos estudiantes universitarios y 85 seminaristas de Caracas muertos ese día, fecha luctuosa nacional que se recuerda como Día de la Juventud.  5). (28-2-814). Con el triunfo avisado en las manos monárquicas Boves y Morales marchan rumbo a Caracas, y en el combate de San Mateo (Aragua), se produce la voladura  del parque republicano y el sacrificio del neogranadino Antonio Ricaurte. 6). (31-3-814). El huracán Boves acompañado de Morales en Bocachica (Sur de Aragua) se enfrentan al  ejército que comanda el oriental Santiago  Mariño, de cuyas resultas los monárquicos pierden el combate. 7).  (15-5-14). Boves junto a Morales derrotan a Bolívar en la Segunda Batalla de La Puerta. 8). (7-814). Siguiéndole los pasos Morales derrota a los patriotas que en desbandada emigran a Oriente. 9). El 17 de agosto-814 el canario aludido alcanza a Bolívar y Bermúdez en Aragua de Barcelona, donde en feroz combate son masacrados buena parte de los soldados republicanos. 9A). (12-9-814). En este año terrible tres mil efectivos al mando del general Morales  se enfrentan en las afueras de Maturín a las fuerzas comandadas por el oriental José Francisco Bermúdez, retirándose del encuentro los españoles luego de la feroz embestida realizada en su contra por el señalado militar.

Batalla Las Queseras de Medio.
 10. (5-12-814). A la muerte de José Tomás  Boves en Urica (Monagas) el canario general Morales asume el mando de las tropas realistas, en calidad de Jefe. 11. (4-815).  En Puerto Santo (Carúpano)  Morales recibe la expedición militar española  de 15.000 soldados, en 60 bajeles, que llega al mando del Pacificador general Pablo Morillo. De inmediato junto a este militar laureado toma la isla de Margarita, y de allí en compañía de Morillo sigue por mar para establecer el luego heroico sitio de Cartagena de Indias, plaza fuerte patriota que se rinde tres meses después (12-815), a las fuerzas monárquicas, luego de un prolongado asedio donde mueren miles de personas, o sea la tercera parte de su población.  De seguidas  Morillo acompañado de su alta oficialidad emprende el camino para recuperar a Santa Fe, por la vía sinuosa del río Magdalena y en el camino por Mompós, a sabiendas que Bolívar prepara la expedición a Venezuela de Los Cayos haitianos,  ordena al general Morales que con la división a su mando siga a Valencia para hacerle frente. 12. (7-816). Luego del desembarco de Bolívar por Ocumare de la Costa  Morales, que suma ya el título de Brigadier del Ejército, combate en el sitio contra Bolívar y prosigue la ruta militar a objeto de destruir a los republicanos de Carlos Soublette en las alturas de Los Aguacates (Valencia) (7-816), para luego junto con el canario Francisco Rosete perseguir al republicano general Gregorio Mc. Gregor y seguirlo en tal persecución rumbo al Oriente del país en la “Retirada de los Seiscientos”. 13. El 27- 9-816 los generales patriotas Manuel Piar y Mc Gregor vencen en la sabana de El Juncal, cerca de Barcelona, al general Morales, que se retira rumbo al interior del llano central para reorganizar sus tropas. 14. (1817) En ayuda del Brigadier Pascual Real actúa en el ejército realista para operar contra Barcelona.  15). (1818) De manera activa  Morales participa  en las operaciones militares  para detener la ofensiva que desde Guayana  y Apure lanza Bolívar contra los llanos de Calabozo y valles de Aragua. 16). (14-3-818) Morales con la división de vanguardia ataca y derrota  en Maracay al llanero general José Tadeo Monagas. 17).  (16-3-818)  Morales junto a su superior Pablo Morillo y el general La Torre combaten en la batalla de Semén (cerca de Villa de Cura) al general Bolívar, quien se dirigía al centro del país con 2.900 hombres, y lo derrotan, destruyendo los planes bolivarianos de regresar hacia Caracas. 18). (20-5-818) El español Morales derrota al general Manuel Cedeño en el combate de Laguna de los Patos. 19). (28-5-18) Es sorprendido Morales por fuerzas del general Páez en Guayabal (Guárico), de donde Morales con la división a su orden se retira al alto llano para operar contra el general Pedro Zaraza. 20). Terminada la Campaña del Centro Morales se establece en Calabozo al mando de la  División de Vanguardia. 21). (1819). Junto al general Pablo Morillo participa en la Campaña de Apure (extensiva a Guayana), y así combate en El Jobo, Caujaral, Cañafístola, Queseras del Medio, etc., contra tropas insurgentes. (22). (14-12-820).Por decisión superior y por partir Morillo rumbo a España  Morales es designado Segundo Jefe del Ejército de Tierra Firme, mientras recibe la orden el vigilar el extenso territorio del río Apure, lo que ocurre dirigiendo los batallones Burgos e Infante, acompañados  esta vez de diez regimientos de caballería. (23). (5-821). Dentro de su labor militar Morales entra y toma a Caracas pero luego se retira de ella ante el empuje que hace el general Bermúdez para ocuparla.   (24).  (1821). En los preparativos pendientes  a la batalla de Carabobo y ante la maniobra de diversión republicana que se lleva a efecto, el general Morales al frente de su ejército parte de Calabozo y mediante una rápida contraofensiva, recupera el territorio ocupado por el general José Francisco Bermúdez. Una vez restablecido el orden necesario el canario Morales marcha al campo de Carabobo  para combatir  en la batalla allí librada el 24-6-1821, en que son derrotadas las fuerzas monárquicas opuestas a Bolívar por el mariscal de campo  Miguel de La Torre, de donde Morales con los restos del ejército español  se retira en forma destacada a la plaza fuerte de Puerto Cabello.

Batalla de Carabobo.
 (25).  11-1821.  Morales por sus méritos que se reconocen es ascendido a Mariscal de Campo del ejército español. (26).  7-6-822.  En una incursión militar fuera de Puerto Cabello y en apoyo a la insurrección de Coro el mariscal Morales derrota en Dabajuro (Falcón) a las fuerzas del general republicano Carlos Soublette.  (26). 4-7-822. El mariscal Morales se encarga del mando de las fuerzas realistas en Venezuela, en sustitución y por haber sido destinado a Puerto Rico el Mariscal de Campo Miguel de La Torre. De seguidas Morales es designado Capitán General de la Provincia de Venezuela y General en Jefe del Ejército de Tierra Firme, que comprende igualmente a Colombia y Panamá. Tan pronto asume el mando Morales abrió operaciones militares contra los republicanos, a fin de recuperar el territorio perdido por las fuerzas del Rey, con el deseo de imponer nuevamente el sistema español. (27). (8-822). En busca de este empeño Morales hace una salida de Puerto Cabello rumbo a Valencia, enfrentándose al general José Antonio Páez, siendo derrotado en el encuentro, el 11 de agosto en la Sabana de La Guardia (Naguanagua). (28). (822). De regreso a Puerto Cabello Morales inicia nuevas operaciones militares contra los republicanos en la conocida Campaña de Occidente, con varias acciones de guerra realizadas (Coro, Maracaibo, Trujillo y Mérida), llevadas a cabo en Sinamaica (2-9-22), Zuleta (4-9-22), toma del castillo de San Carlos (9-9-22), y para el día 13 del mismo mes septembrino el canario Morales ya se había apoderado de todo el Estado Zulia. Igualmente entre diciembre de 1822 y enero de 1823 el historiador Tomás Pérez Tenreiro reitera que el susodicho Morales llevó a cabo operaciones contra tropas acantonadas en Trujillo y Mérida, aunque “sin resultados positivos para su causa”.

(29). 3-8-1823.  Por consecuencia de la derrota sufrida el 24 de julio de este año, y debido en parte a desobediencias erráticas de mando ocurridas en la conducta del marino gaditano y Jefe de Escuadra Ángel Laborde y Navarro al mariscal Morales, de donde este canario curtido de combates  se ve forzado a capitular ante el general republicano Manuel Manrique, luego de la batalla naval allí ocurrida, es decir en el lago de Maracaibo. Con el protocolo de salida del lago  acordado el canario Morales marchó a Cuba y luego a España.  Después, en 1827 fue nombrado Comandante General de las Islas Canarias y Presidente de la Real Audiencia respectiva, y en 1834 regresó a la Península permaneciendo afectado a la vida de cuartel hasta 1837, cuando vuelve y para siempre a su terruño, dedicándose a la vida privada.

Jefe de Escuadra Ángel Laborde Navarro.
 Como se observa en este paneo biográfico que realizo la figura controversial de Morales tiene dos vertientes que apreciadas en el correr de su vida emergen de la nada, de una pobreza insular y que por su valentía y capacidad capeó situaciones difíciles hasta llegar a los cargos y distinciones que alcanzara. Para señalar algunos rasgos valiosos dignos de recordar en referencia a Morales recordaremos sobre este canario cumplidor de su deber que se enfrentó a Simón Bolívar en ocho combates y batallas perdiendo apenas frente al caraqueño la sin igual de Carabobo. Que entre tantos pros y contras ocurridos hace una carrera fulgurante  en 20 años de acción, con más de 50 encuentros militares. Que por esos y otros méritos acumulados asciende al más alto escalafón del ejército que se reserva  a personajes de la nobleza o la alta sociedad, y siendo el último Capitán General español de la América continental. Que Morales fue Jefe Superior de Venezuela en momentos tan críticos como los años de 1822 y 1823.    Y por tantas virtudes retenidas, como he expuesto, porque honrar, honra y nunca desconozco los valores de alguien que merezca tal distinción,  he creído justo recordar sus hazañas, siendo acreedor Morales en su patria a las órdenes militares de San Fernando, la de Isabel La Católica, San Hermenegildo, la de Fidelidad Militar, y varias por acciones de guerra.  

Debo sin embargo agregar que la guerra emprendida en 1810 por la liberación de nuestra patria fue en extremo cruel por ambos bandos, en que se cometieron los mayores desafueros puesto que la consigna total no era otra sino la muerte y por ello el salvajismo guerrero en que se viviera desde 1812 hasta 1816, cuando se admiten algunos derechos antes desconocidos. Por tanto partiremos de esta premisa  definitoria para incidir sobre el tema sanguinario, que fue de parte y parte contundente. Pero, porque no puedo sostener lo indefendible en este caso debo también observar que el mariscal Morales por consecuencia de esa guerra fratricida de una forma calculada pero fatal tuvo extralimitaciones autoritarias que para completar el trabajo  debo traer a colación, valga decir las torturas, desmanes en Villa de Cura, degüellos, decapitaciones, nepotismos, frituras en aceite y otros aderezos inescrupulosos que se contemplan en películas de horror, de donde salvando el capítulo de los tormentos que le tocó vivir a Morales con aquello de “to be or not to be”, cumplió militarmente con el deber ordenado, pues lucha en una guerra sin cuartel y recorre a Venezuela y Colombia en defensa de ideales, que para aquel su tiempo eran desde luego monárquicos. Por lo demás salvado este incidente que debía mencionar de soslayo, el mariscal Morales dejó escrita su página histórica para España y Venezuela en cuanto le pudo competer y con la tenacidad demostrada de un canario valiente.