sábado, 1 de octubre de 2011

EL IMPERIO MANEJADO POR WASHINGTON.

Amigos invisibles. Nadie, con cuatro dedos de frente, puede darse una idea negativa sobre la fuerza que supone ser el coloso militar, económico y científico llamado los Estados Unidos. En verdad hay que ser muy apasionado a ultranza para perder la dimensión de tal poderío, a pesar de las flaquezas que en cierto momento puede tener, porque nada es perfecto en la vida y en los tiempos modernos de la puja con aquello de quítate tú para ponerme yo, los llamados países emergentes, que a este respecto andan en los pininos, ni siquiera se acercan al coloso, como es el caso de China y su más reciente asedio ¡vaya¡, si los Estados Unidos tienen de todo y pueden comprar cuanto les plazca o necesiten, así les duela a muchos, e incluso en el pequeño ego hasta a nosotros. “Res non berba”, decían los romanos,  o sea “Hechos y no palabras”, y esa teoría tan simple han aplicado los americanos, paso a paso, desde que las trece colonias inglesas originales se unieron para ir formando la nación.


Como ustedes deben conocer, este imperio que ondea en todos los lados del mundo y aún el extraterrestre (en la luna existe clavada una bandera americana), se forma con gente de credos religiosos radicales, atenidos a la esperanza de Dios y el trabajo constante, como  emigrados de la persecución religiosa que llega en la barca Myflower y allí comienza todo, mas con el espíritu calvinista emprendedor que de generación por medio van ampliando sus fronteras, el paso de los años y la idea fija de ser grande, supuestamente en contra de los vecinos sureños españoles, porque los franceses son pocos y menos los neerlandeses, el espíritu de mira y la constante idea de acercar las distancias les obligan a ir pensando hacia el Sur, por donde conviven los hispanos y franceses, y luego hacia la costa pacífica, o sea el confín de California, donde plácidamente hacen de las suyas Don Diego de la Vega, el Zorro y el sargento García, según el tosco digerir de los gringos coetáneos, para enfrentarse luego junto al numeroso pueblo que en carretas primero y luego por montones emigra hacia el Oeste a través del ferrocarril, para acabar así con los mohicanos, el indio Jerónimo y todos los bisontes nativos que fusilara el temible Buffalo Bill. Ya para el siglo XIX con la triste derrota de los mejicanos en El Amarillo y las compras forzadas y a precio de ganga que han hecho con Alaska, Florida, Luisiana y medio Estados Unidos, arrebatado así para que nadie chiste, se consolida el país, aunque debe resolver el grave problema de Norte contra Sur que se ventila en la película “Lo que el viento se llevó”, testimonial retrato que le cuesta a los gringos una derrota interna, el correr de mucha sangre y el asesinato impasible del mejor soldado de su democracia, que es Abraham Lincoln, pero que unifica el país, mientras se cunde de inmigrantes europeos y aparecen ya sabios científicos como Franklin y la luz  que cambia la vida correspondiente a Thomas Alva Edison.
En ese período de la expansión los Estados Unidos no ven fronteras naturales y se arriesgan a todo, de donde con el almirante Mateo Perry en el siglo XIX llegan hasta el Japón para imponer condiciones al Imperio del Sol Naciente, cuando ya miran que junto al aliado natural que es Inglaterra pueden obtener una tajada comercial y política en el inmenso territorio que es China, envuelto en pleitos hasta dinásticos, donde desde luego que la Gran Bretaña juega un importante papel. Por su lado de una manera sibilina envían ciertos colonos a las islas de Hawai, donde embaucan al monarca reinante y en poco tiempo se hacen los dueños de tales territorios insulares en archipiélago, hasta que por fin, pasado el tiempo y las formalidades respectivas logran adscribir dicho extenso territorio asiático y marítimo al poder de Washington, integrando una estrella más a su bandera y extendiendo de manera sorprendente a su país, que ya no es americano, sino también asiático, para que bien se sepa. Y cuidado si por estos sistemas “democráticos” y pecuniarios, como es el constante referéndum declaratorio, la bilingual isla de Puerto Rico pasará a ser la 51 estrella de aquella bandera expansionista, que no tiene fronteras para continuar en la dominación del mundo.
Pero cuando los Estados Unidos salen a la luz pública del predominio internacional es sin lugar a dudas a partir del año 1918, por causa de su incorporación a la lucha mantenida en Europa con motivo de la Primera Guerra Mundial, tiempo en que ya pasa a ser cabeza de entre las grandes potencias que manejan el globo y su voz, junto con la de Inglaterra, es determinante para tomar posiciones rígidas en los asuntos del planeta. Para ese entonces ya la presencia del Tío Sam es global, tomando en cuenta y en referencia a nuestro continente de raza latina la guerra hispanoamericana que realizan en Cuba, las numerosas intervenciones militares que efectúan en defensa de sus intereses y de la bananera United Fruit Company, en Centro América y donde existe la presencia del dólar, la triste guerra invasora contra México que se inicia por Veracruz, el poder tras bambalinas en Cuba y Puerto Rico, la compra de las islas Vírgenes, la accesión de Guantánamo, la presencia en todo el área del Caribe, y la expansión hacia el Sur, que ya existía en proyectos desde los tiempos de Bolívar  y la visita de sus flotas marinas, porque los Estados Unidos debían solucionar el  grave problema de la desunión de los dos océanos que le bañan, lo que por fin consiguen a las anchas con la apertura del Canal de Panamá y la franja zonal americana que por  mucho tiempo lo circundó. Debemos recordar que los Estados Unidos para el mejor manejo del asunto diplomático instituye entonces una doctrina internacional a su favor, llamada la Doctrina Monroe, con la que se prohibía tácitamente cualquier aspiración colonialista de Europa en territorio  latino americano, con lo que consagran a ex profeso la hegemonía absoluta de su poder en la gestión de negocios de los países, por ejemplo, de habla hispana, lo que por cierto salvó a Venezuela de la invasión que intentaran realizar varias potencias europeas al resistirse a cancelar obligaciones dinerarias el dictador de entonces mandante en Venezuela, o sea el general Cipriano Castro. Para el siglo XIX y los principios del XX el imperio americano se ha consolidado al ejercer el poder en el archipiélago asiático de Filipinas, en Guam, Carolinas, Marianas y muchos puntos tácticos o específicos de la esfera terrestre.
Los Estados Unidos ya para el año 1939 y por encima de la depresión económica del crash de 1929 con la seguida recesión acordonada por Roosevelt y las secuelas graves que ello atrajo, se perfila a grandes pasos como la primera potencia mundial, porque al entrar en guerra contra las estados agrupados del Eje, que lidera Alemania, otro gallo canta pues en los cuatro grandes frentes en que se batalla, de una u otra forma los americanos dirigen la partida, primero en Europa con la inmensa ayuda en el frente ruso para que triunfe aquel débil ejército, y luego las operaciones por Italia, el Mediterráneo y el empuje de Normandía, que en el embate arrollador de la supremacía militar gringa, obligan a la rendición incondicional de Alemania y sus satélites. Por otra parte el enorme combate que debe desplegar contra el ejército nipón en un inmenso mar tan alejado, obliga a reforzar su marina de guerra a un extremo inusitado, lo que da pie a las dos bombas atómicas que deja caer sobre Hiroshima y Nagasaki terminando así con rapidez una guerra impensable, que según cálculos del Mikado imperial podía extenderse por 200 años más. De las resultas de esta guerra global Washington pasa a ser la cabeza de la tierra en casi todos los campos del progreso y la ciencia, porque los jeeps americanos ganaron la contienda, el DDT descubierto y la penicilina idem, ganaron también la guerra, la poderosa maquinaria militar desplegada por ella en todos los ámbitos de la tierra hicieron lo correspondiente y el desarrollo industrial americano en campos como el automotriz, el aéreo y el marítimo se dispararon, por décadas, por encima de cualquier competidor, lo que se amplía aún más  con el botín guerrero adquirido de la Alemania en quiebra, que le permite entre otros éxitos, fabricar la mortífera Bomba Atómica y todo el desarrollo en motores a reacción (ejemplo bombas B4 y B5), que pronto le permitirán pensar en la carrera espacial. A ello debe sumarse igualmente toda la amplitud de conocimientos y su aplicación que los americanos debieron desplegar en tiempos de la llamada Guerra Fría, para atajar las apetencias soviéticas, como por ejemplo en el caso de los misiles de largo alcance transcontinental.
              En lo referente al poderío militar americano y para referirnos apenas a lo que nos circunda en América Latina, donde tiene cabida nuestra Venezuela, la de ahora, debemos agregar la presencia permanente de la llamada IV Flota americana, enorme bastión militar compuesto de varias fuerzas, incluido, que se sepa, un portaaviones (además de otros nueve que destina en distintas zonas rojas, como en el golfo pérsico, con capacidad cada uno para albergar 25.000 ocupantes, lo que le permite andar cerca de cualquier costa provocadora, como el manejo espacial de todo el inmenso plano geográfico confiado a este cuerpo de ejército, con los satélites investigadores correspondientes, los escuadrones aéreos por cierto no tripulados pero con bombas inteligentes, con alas de alta tecnología que los hacen indetectables por el radar, y todo el equipo de submarinos vigilantes, incluso de carácter nuclear, teniendo en cuenta, además, las bases conocidas al sur de la Florida que existen en Guantánamo, en Puerto Rico (donde residen los inmensos aviones estratégicos de transporte Galaxy que iban a despegar para una acción en Venezuela, islas Vírgenes, Chaguaramas de Trinidad, Curazao, las que pueden utilizar al momento y de pertenencia británica (recordaremos que de siempre los ingleses son como los israelitas aliados fraternos para todos estos menesteres de dominio, y no simples socios, como ocurrió con el caso de las islas Malvinas, donde en la celada tendida para acogotar a la Argentina se incumplieron todos los acuerdos internacionales vigentes). Aquí cabe anotar la mininvasión de Grenada, la de Panamá, el conflicto nicaragüense y el guerrillero colombiano, etc. Vale apuntar también que por este camino están por demás equivocados todos aquellos “estrategas” que consideran a la tal guerra asimétrica, con el cuento de David y Goliat, que pensando en milicianos pueden luchar contra este poderío en base a una guerra de guerrillas urbana o rural en desuso y detectable con todos los medios requeridos, o con encapuchados tirando piedras, quemando cauchos (llantas) y otros procedimientos infantiles de la era cuaternaria que se ufanan de manejar.

                          En los momentos actuales los Estados Unidos están presentes en todas partes del orbe, o sea en cuanto les interesa, y eso será todavía por muchos años, a pesar de los pájaros agoreros que por allí deliran, pues no hay país o región sobre la tierra que se les aproxime, bajo ninguna forma, porque la Unión Soviética, que pujaba por alcanzar algún poderío sobrante en este caso, fallece por implosión, el Japón, que parecía agente opositor, todos sabemos que el manejo de su riqueza está en el capital americano rector de su grandes industrias, en el mundo de las franquicias y de los negocios insospechados que ahora existen, como el caso de Taiwán, que es un estrecho aliado, y aún más Vietnam, enemigo acérrimo hace cuatro décadas, que ahora comparte el festín del desarrollo con los gringos, por el temor de caer en las redes imperiales chinas. Y no se diga de Corea del Sur, que se mueve también con capital americano, por lo que como ya es sabido los Estados Unidos es el único país en el mundo que a través del dólar maneja todas las economías y las bolsas, en una u otra forma, y cuya riqueza por tanto no la respalda esa moneda de patrón que acaso es teórica, porque el respaldo de su valor universal se mide por el Valle del Silicón, los inmensos sembradíos agrícolas y lo ganadero, por el desarrollo científico que cada día se observa y que abarca gran parte de la novedad, sus laboratorios de investigación, la sumatoria impresionante de sus premios Nobel, sus universidades creadoras, las botellas de coca cola y los mac donald que en este instante sobre la tierra se ingieren ganando céntimos de dólar, la industria de guerra exitosa que se da en varios frentes del mundo (Libia, Afganistán, Irak, Siria, posiblemente otros estados árabes, Somalía, Sudán, etc), el manejo del petróleo por encima de vociferantes enanos, el avance insostenible de la nanonecnología, las inmensas empresas capitalistas (Alemania e Inglaterra ahora son perritos falderos), la banca mundial, de decisiones definitivas de los organismos mundiales, etc.
Clase aparte he querido dejar para este sitio el señalamiento de la industria espacial, en lo que los americanos juegan con otras potencias pero a años luz, quedando pero muy atrás Rusia y la incipiente China, que apenas reconstruye por primera vez un pequeño portaviones vendido por el casco  por parte de Inglaterra y que fuera de los globos aerostáticos hace ensayos promisores en esta materia, de la que estaba virgen, cargando con un fardo de billones de dólares en depósito, que más la amarra a los Estados Unidos, y con un Yuan de moneda que no es convertible a nivel mundial. Por tanto, con los astródromos que tiene y el sustituto del observatorio Hubble con que ha descubierto millones de años luz, para acercarse algo a la realidad científica, y ahora con los nuevos transportes que fabrica con que pretende establecerse en la fraterna Marte, que al menos conocemos ya, tiene agua, hablar de una carrera espacial es algo así como pensar en la fantasía. Pero en la tierra, donde vivimos, tampoco los americanos descansan en la defensa de su poder, porque nuestro astro no solo está cruzado por los escuadrones de la CIA, FBI, DEA, la OTAN que dirige y los cuerpos marines de elite, sino por laboratorios invisibles que detectan cualquier irregularidad a observar (ejemplo, el caso de Bin Laden), por lo que ante cualquier peligro que pudiera poner en duda su poderío mueven piezas fundamentales para subsanar el error, desde los cinco continentes, los dos polos que existen, y el inmenso sistema desplegado que por 24 horas se mantiene alerta naranja sobre la faz de nuestro planeta. Para terminar quiero dejar expresa constancia que nada tengo que ver con aquel país norteño, salvo expresiones de reconocimiento a la verdad, por si existen mentes suspicaces en ello, aunque no llevo puestas gríngolas que me impidan ver la realidad existente, o que soy cataratoso y menos miope de lo que a diario se constata. Como lo pienso lo digo, y porque tanto he vivido puedo escribirlo mejor.

sábado, 24 de septiembre de 2011

OTRAS MUJERES DE SIMÓN BOLÍVAR.

Amigos invisibles. En este segundo capítulo referido al bello sexo que pudo rodear como una aureola la testa coronada de El Libertador Simón Bolívar y donde ya hemos traído a dieciocho amantes con currículo histórico elaborado por destacados conocedores del tema y hombres de preferencia que se empeñan en el esclarecimiento de los pasos de Clío, donde sobresalen mujeres de la calidad de María Teresa del Toro, su esposa, de Josefina Machado, conocida entre los íntimos como la “Señorita Pepa”, tan vinculada al caraqueño por varios años, la fascinante Manuela Sáenz, que le dedica una década y toda su vida además, la encantadora Julia Cobier, que a base de cariños le salva la existencia llenándolo de fantasías nocturnas, y la boliviana María Joaquina Costas ¡ah¡, que como la colombiana Ana Rosa Mantilla con certeza demostraron la no esterilidad del héroe, de lo que desde luego el caraqueño murió convencido por estar  ello fehacientemente demostrado.

Pero en este segundo aparte del corazón bolivariano, que a veces fue duro y otras supongo que cariñoso, debido como he contado a las complicaciones de su vida trashumante por nómada que le impedían enseriar esta parte de su razón, comenzaremos por mencionar otras damas que también tuvieron sus enredos sentimentales y hasta más allá con Bolívar, como lo demuestran algunas crónicas de aquel tiempo, o ciertas  referencias descontextualizadas pero indicadoras de esos sentimientos, y en fin que por diversas fuentes advenidas se cae en razón de la intimidad que existiera entre las parejas ocasionales. Así acontece con la caraqueña Gertrudis del Toro, casada en dos oportunidades, por 1815, a quien le reclama ávido su presencia necesaria en Kingston y antes de la hecatombe ocurrida, también desde Cartagena de Indias, según detalla Williamson. Otra relación a la chita callando aparece así con la hermosa mujer (“mi dama”) del venezolano coronel y luego general Juan Manuel Valdés, al que mantuvo atareado en comisiones lejos de su hogar, lo que sucede en forma muy privada y asidua en su residencia de Los Cayos de Haití, como lo afirma el español Madariaga. Otra beneficiada con la gracia de Bolívar es la inteligente y hermosa mulata Jeanne Bowvril, hija del gobernador inglés de Los Cayos, cuando allí posara tranquilamente el Libertador durante los preparativos para la expedición marítima que desde tal extremo isleño partiera hacia Tierra Firme continental, quedando aún tiempo entre tanto menester para como hijo de buen padrote “saciar la sed en la estrechez corporal de la haitiana Lydia Goncourt, de buen origen francés”.
Ahora con respecto a tantas  mujeres que afloran en este ramillete incansable de cultivadoras del amor bolivariano, y piénselo usted a su entender, voy a utilizar el sistema de el alimón para referirme a tantas de ellas que en diversos países, con nombres y señales en su oportunidad formaron la legión cultivadora de su imagen en este sentido, habiéndolas engarzado para su conocimiento de diversa manera y que aparecieron oportunamente en la soledad del héroe para darle calor y cobijo sentimental a lo largo del derrotero marcial en que peregrinaba. Dejo a ustedes, amables lectores y para que se distraigan, el encargo de colocar tantas damiselas y hasta señoras de respeto y devoción local, no solo en el sitio que les corresponde dentro de aquel corazón compartido con la  militancia amorosa, sino el lugar y el tiempo en que las hazañas escondidas o públicas ocurrieron, de acuerdo con el desplazamiento del Libertador en los diversos lugares de visita, para lo cual pueden valerse de su cronología contenida en la página web. Gracias de antemano y que en ello me ayuden, como a los interesados en este tema tan lleno de vivencias.
            Pues bien, así señalaremos a Josefina Núñez, Isabel Jiménez y a la venezolana de Margarita (Juan Griego) Asunción Jiménez, nexo ubicado en 1816 como lo asienta el conocido oficial y marinero Bernardo Jurado Toro, relacionándola a esta última con las permanencias de Bolívar en Margarita y Tierra Firme después de las expediciones de Los Cayos y Jacqmel.  Otra señora que asocia ese escritor al alma divina de Bolívar, es la dama tachirense Juana Pastrano Salcedo, humilde, nacida en Piedra Gorda cerca de Capacho Viejo, en 1795, quien en sus 25 años acompañara la expedición bolivariana de la Nueva Granada, en 1819, y luego siguióle de bajo perfil hasta Trujillo, en 1820 durante la firma de los Tratados de Paz y Regularización de la Guerra allí suscritos entre las partes contendientes, según lo afirma el mismo capitán de navío Jurado Toro. Y en Trujillo vivían dos hermosas hermanas solteronas hijas de don Jacobo Roth, blancas de origen irlandés, donde Bolívar siempre se hospedó y que nunca se casaron. Otras mujeres por este camino de lo solitario aparecen en la vida de Bolívar, desde la “midinette” de París y “la enlutada”, posible joven viuda, como lo asienta Luís Correa, o los múltiples amores que sostuvo en la licenciosa ciudad de Lima, urbe tan dada a ello, como lo reclama el ecuatoriano Alfonso Rumazo. En El Socorro de Santander, en Colombia aparece la figura conocida de Antonia Concepción Fernández, a quien se le sindica en el largo calendario amatorio. Nuevas mujeres que pondremos en estos mismos niveles, pero que algunas rayan con el mito, se refieren a las hermanas Patiño, María Jesús y Sebastiana, a la sensual Miranda Lynsday, a las bellas ocañeras hermanas Lemus (Juana Vicenta o Bárbara, que en 1813 corona a Don Simón, y Juana de Dios), a la sensible Manuela White, maestra parvularia de Caracas, a Tomasa de Suero y Larrea, poetisa que conoce en Lima, escribiéndole poemas en francés. Y siguen por esta relación con pequeñas anécdotas locales, Aurora Pardo, de origen realista recalcitrante, en Lima. Una joven de nombre Aurora, en Cuenca de Ecuador.  Francisca Subiaga, la perdedora del arete en Lima. Y Teresa Mancebo, que le trastorna el sueño en sus querencias. Delfina Guardiola, de fuerte carácter, en Angostura de Venezuela. Javiera Moore, bailarina en Popayán, a quien obsequia un pañuelo de recuerdo. La señora Fernández, en Caracas, antes de casarse con el luego general merideño Justo Briceño, “que mucho la quiso pero que no había correspondido”, como Bolívar le confiesa al francés Peru de Lacroix. Y la altiva doña Pepa Acevedo de Pose, por Tunja en tiempos de Boyacá (1819), de quien exclama el caraqueño “hermosa, …me devolvió el ímpetu sexual al que yo creía perdido”, como escribe con soltura su paisano de ella Perico Ramírez.

Si bien en la primera parte de este trabajo amatorio o mujeriego resalté la figura de la señora Costas, por ser la madre de don Pepe Costas, el hijo de Simón Bolívar, ahora señalaremos también a Ana Rosa Mantilla, a quien Bolívar encuentra en octubre de 1819 al llegar a la fresca San Carlos de  Pie de Cuesta, cerca de Bucaramanga, en Colombia, bella y coqueta vecina, con dos trenzas de cabello anudadas en rojo,  y con quien pasa dos noches de placer, al estilo Musset, de lo que nos referiremos oportunamente, quien en la consagración espiritual nueve meses después y como hijo le oferta al robusto Miguel Simón Camacho. Otra mujer que por allí se acuesta con el caraqueño es Lucía León, mulata de origen esclava, “muchacha bien parecida y sugestiva”, la que vivía en Ocaña donde unas señoritas de apellido Jácome y fue madre de un sacerdote presunto hijo del caraqueño.  Por ese camino del querer Juana Eduarda de la Cruz tuvo sus intimidades con el caraqueño en Túquerres, el Sur de Colombia. Con Socorro Bolívar, en las afueras del río Magdalena. Con la mestiza Inés Berbesí, arriba de Valera, en Carmania de Trujillo, en junio de 1813. Con María Josefina Cuero, en Yumbo, cerca de la colombiana Cali. Con la gentil Ana Segovia, en San Jacinto de Trujillo, en Venezuela, en marzo de 1821. Con Jerónima Salinas, en Angostura del Orinoco, por 1818. Con doña Pancha de Mosquera, en Popayán, en 1822. Con Paula Vallejo Guerrero, en Carlosama, Sur de Colombia, también en 1822. Y al Norte de Quito una chica de apellido Jarrín se dejó de cuentos y fiestera se acercó a Bolívar para también tener enredos amatorios de alcoba, en 1822. En ese mismo prolífico año Bolívar lleno de lujuria amorosa tiene enredos con una “morlaca” de apellido Ortega, en la plácida Nabón, dentro de la provincia quiteña de Azuay.  Y en Cuenca para no perder el tiempo el corajudo Don Juan tendrá su solaz con una joven arriesgada a quien luego llamaron por antonomasia “La Libertadora”. En Saraguro de Loja, también del Ecuador, caerá entre esas redes íntimas del destino una joven de apellido Ayacaba. Y ya cerca de Quito galantea a la “esposa de un destacado militar”, con quien de seguidas tiene amores de alcoba. En 1826 tocó esta oportunidad amatoria  a la guayaquileña María Magdalena Arrieta y Chatar. En Pisco  (1826, Perú) y en San Borondón (1829, cerca de Guayaquil), en el o la incontenible líbido heredado se acuesta con dos damas, por separado desde luego, cuyos nombres desconocemos, aunque sí nos recuerda la historia y tradición o cronicario locales que en el serrano e indígena Otavalo pasó unos días encamado con doña Trinidad Zambrano, que para eso el caraqueño no daba lástima ni tenía desmayo o enfermedad.

Puede ocurrir que alguna de tantas “morlacas” se me haya escapado desde el redil del cuadro vital bolivariano, pero lo aquí inserto deja por conclusión inequívoca que el caraqueño a partir de su tierna edad del 16 cumpleaños seguidos y por 31 años más, el mundo erótico siempre lo persiguió, en una u otra forma. En las dos partes de este trabajo sentimental e histórico he traído al recuerdo algunos rasgos importantes en la relación de Bolívar con 27 amantes, todo de diversa factura, cosa que le coloca como sujeto de colección, de eso que ahora moderno llaman Guinness, y que entre tantas damas señaladas, en la diversa escala social que tenía sin cuidado a Don Simón, aquí por lógica razón y como afirma el dicho, no son todas las que son ni están todas las que deben incluirse, y por motivos obvios. Pero lo que no se puede obviar en esta ruta bolivariana de algunas 40 ciudades y sitios escogidos para el amor casual, es que por encima de haber sabido disfrutar de la vida para quizás compensar la pesada carga de su diaria faena, con toda seguridad esas tantas mujeres no se pueden esconder debajo de la alfombra, como algo imposible de su existencia, porque el número es apabullante y valga decirse que entre todo este sortilegio femenino mucho tuvo y tendrá de qué hablarse. Eso está más claro que la luz del sol y en lo adelante con ciertas interpretaciones científicas, sutiles e historiadas habrá de tratarse este paso bolivariano con todo el rigor lógico a que es menester, así existan cabezas calientes que cultivando el fallido mito de la pureza lo nieguen  todo y sean pesimistas de nacimiento.
En este viaje ligero pero sustancioso hemos podido encontrar rescatando a mujeres como la mejicana (1), española (1), francesas (4), venezolanas (muchas), dominicana (1), colombianas (muchas), ecuatorianas (muchas), peruanas (más de 3 conocidas, fuera de la cohorte de Lima), bolivianas (2) y una norteamericana. Dejo así a las vista de los lectores todo este acervo informativo, acaso único, que podrá completar con sus otros conocimientos sobre la materia. En el futuro trataré en este blog el tema de los hijos de Simón Bolívar, que destruye una mentira más y bien falsificada con aires de científica, sobre que el reservado caraqueño era estéril. Otra falacia que por engañosa hemos inserto con la adoración perpetua,  en el tacho de la basura. Ya lo verán.

viernes, 16 de septiembre de 2011

ALGUNAS MUJERES DE SIMÓN BOLÍVAR.

¡Hola¡. Amigos invisibles. En verdad que referirse a estos temas tan punzantes sobre la personalidad de Simón Bolívar es algo difícil, porque varias vertientes se suceden en este amplio campo de su ego amatorio, dentro de lo que conocemos por los genomas heredados de su padre libidinoso, pleno de lujuria, que heredaron sus hijos Simón y en otra parte María Antonia, y que con facilidad se fueron demostrando directa o de soslayo en esas vidas fecundas como sueltas que ambos sostuvieron.
Porque nos referimos a la personalidad de El Libertador bueno es dejar en claro que Bolívar desde muy joven fue atraído por el perfume de una mujer, principalmente de las no que pudieran meterlo en un atajo de problemas ya que no estaba  predispuesto para ello y porque su movilidad constante le impedía sostener relaciones de largo alcance, por lo que prefirió ser silencioso en este aspecto, pero siempre pleno de éxitos. No podía por ello levantar idilio  tras idilio en su fecunda carrera sexual sino que prefirió hacer como el amor de los marineros “que besan y se van”, según los retratara en verso el chileno Pablo Neruda. Por manera que, para aligerar esta carrera debemos afirmar que Don Simón fue campeón en estos menesteres, aunque mucho prefiriera pasar de bajo perfil para evitar manchas en su vida transitoria con esa suerte de rumor que se corren de los amoríos fugaces, compromisos no siempre hechos realidad, pero que juegan a ganador en estos casos. Sin embargo debemos dejar en claro que por ser hijo de tal gallo (don Juan Vicente) que hasta le sigue un juicio por dichos desatinos el obispo Díez Madroñero, siempre gustó de lo fácil para salir del paso, y no es raro que imitando a tal padre algunas mulatitas y mestizas del hogar y de otros hayan pasado por esas horcas caudinas, porque además, los hombres las preferían vírgenes, por la sencilla razón que con ello se evitaban dos enfermedades gravísimas que no dejaban dormir a las conciencias, como eran la blenorragia y la terrible sífilis.
En mi libro “Los amores de Simón Bolívar y sus hijos secretos”, detallo con precisión kantiana todos estos detalles del hombre de carne y hueso que por algunos mofadores de la realidad han elevado al altar de las mentiras. Para iniciar la colección de estas mujeres oportunas debemos dejar constancia  que como todo héroe y ya desde Grecia o de antes las entradas triunfales eran sembradas  por ninfas y vestales que engrandecían al ganador, que ya le levantaba el ojo al caraqueño y como por después de recorrer arcos triunfales las autoridades aparecían con sus familias para saludar  y acoger al galardonado, era otra ocasión de  mover el ojo y el pensamiento voraz del caraqueño, muy discreto desde luego para ya entrar como buen “matador” en la pieza o piezas escogidas, lo que tenia ocasión en los bailes o saraos abiertos en su honor. Es de advertir que por lógica razón muchas de esas aventuras pasajeras salieron del rumor popular y más cuando que, acaso  por casualidad y compréndalo usted así, nueve meses después hubo un parto que fue comidilla de los cenáculos pueblerinos y que a lo largo de la expresión oral, o de documentos que recogieren las noticias regionales que ahora son fuente extraordinaria en la vida del héroe, se han podido recoger tales expresiones de la vida real en libros y otros estudios históricos, a lo largo de los países en que Don Simón tuvo mando.
En este trabajo de la intimidad bolivariana vamos a referirnos de mayor a menor en esa búsqueda incesante de placer, que junto con la “gloria” que tanto le atenaceaba, fueron dos por los canales  que se dirigió su alma emprendedora, fuera de otras más, desde luego. Y para terminar esta primera parte hay que agregar también que no todas esas mujeres estuvieron bajo el manto cálido de su cuerpo, tal el caso de la melindrosa Bernardina, pero que sí fueron muchas, aunque otras, como repito y por carecer de buena documentación al respecto, deben ser mantenidas en suspenso o reserva, hasta que aparezcan otros papeles testimoniales que mejoren su autenticidad.
De que tengamos noticias históricas de peso sobre esa vida íntima de Don Simón, primeramente la encontramos en la ciudad de Méjico en los inicios de 1799, con la juvenil María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio, llamada por el vulgo “La güera (rubia) Rodríguez”, jovencita de apenas diecinueve años y él tres años menor, “de armonioso cuerpo, de hoyuelos graciosos en las mejillas, atractivos pechos y caminar que alzaba incitaciones”. Mujer “de fuego” aquellos amores juveniles que duraron como dos meses, se sucedieron en la casa de su hermana María Josefa, marquesa de Uluapa, amoríos que pudieron ser para la joven heredera el segundo descalabro y efímero encuentro íntimo, entre los  muchos, pero muchos que tuvo. Esta rubia Rodríguez dio quehacer desde los quince años, atesorando bastante dinero con sus estados de viudedad. Después repasó  varios curas como Beristain, “poseedor de alguna gracia oculta”, el clérigo carnal Cardeña y el sacerdote disoluto Juan Ramírez. Para cerrar con broche de oro, como se decía en aquella época nostálgica tuvo enredos hasta con el sabio Alejandro de Humboldt (pederasta discreto), y fue mujer también del rudo emperador mejicano Agustín de Iturbide.
Don Simón entonces permanece un tiempo en España y de pronto se encuentra en Madrid con una medio pariente, María Teresa del Toro y Alaiza, de quien se enamora en un flechazo de la vida disparado por Cupido. La jovencita no estaba presta para contraer nupcias por la edad, pero él con un furor inaguantable así lo decide aunque debe esperar unos meses para ello por lo de la edad y un permiso ministerial que debía obtener, por ser parte del Batallón de Aragua. María Teresa, muy ingenua, sin mayor resplandor, llena de pronto su corazón y luego de casar en Madrid de inmediato, por La Coruña se trasladan a Caracas, y de allí a poco al fundo de San Mateo,  donde el matrimonio se establece. Pero el destino pintó otro cuadro  triste a la pareja, y pronto María Teresa en plena luna de miel enferma de gravedad para morir cinco días después de la terrible fiebre amarilla, en Caracas. Cuentan que allí juró no volver a casarse, aunque años después la bella melindrosa Bernardina Ibáñez hasta lo sacó de quicio en este sentido, pero ella estaba enamorada de otro.

El  año 1804 Don Simón decide establecerse en París, que era la capital de mundo, para así deleitarse en sus placeres. Allí en medio de la desazón concupiscente pronto encuentra a Fanny  Dervieux du Villard, emparentada con él por la rama Aristiguieta, fina y coqueta, de refinamiento y gracia, conocida desde Bilbao y casada con un coronel veintiséis años mayor que ella. En verdad es ella quien lo entroniza en los lazos ardientes del amor en los seis meses que duran unidos, recordados por cierto en cartas amables, porque Bolívar prosigue por otras vías su amplio desarrollo político.
Regresado a París nuestro Libertador surge otra aventura amorosa esta vez con Minette o Teresa Lesnais, que convivía junto a un viejo aristócrata peruano, dulce, bella reservada y enigmática mujer conocida desde su estancia en Bilbao, madre en aquellos tiempos de la famosa mujer que fue Flora Tristán, tiempo en que se enreda Don Simón con un viaje para jurar en Roma de su gloria (y en Milán se vuelve loco que lo saca de otro quicio por la bella Marina, amiga del poeta Manzoni), junto a Simón Rodríguez y Fernando Rodríguez del Toro. Pero ya cansado de transitar esta vida lisonjera el futuro Libertador regresa a Caracas y su mundo, que encuentra muy diferente a cuando la dejó. 

                                                                                                Bolívar halla a la sociedad caraqueña en crisis por los acontecimientos guerreros francoespañoles y el deseo de libertad, que disparan el comienzo de una guerra interior en la que éste actúa y con las tablas sobre la cabeza pronto adolorido emigra a Curazao y luego a Cartagena, donde convence a las autoridades para una invasión a Venezuela, y en ese andar a finales de 1812 en Salamina del río Magdalena conoce a la rubia Anita Lenoit, de origen francés y de 17 años, a la que en cinco días de brega  amatoria la convence de su amor pasajero, porque de otra forma no puede ser, despìdiéndose en Tenerife cuando el caballo bolivariano prosigue su carrera  triunfal hacia Ocaña, Cúcuta, Trujillo y Caracas, capital donde a la entrada el 6 de agosto de 1813 conoce a Josefina Machado Madriz, morena de veinte años, que hasta 1819 y acaso moribunda,  con los intervalos de la guerra plenará su corazón activo, y siendo por lo tanto una de las mujeres que estuvieron en su compañía tan cerca de Bolívar y sus quehaceres.
A Isabel Soublette Jerez, su prima y hermana del futuro Presidente Carlos, la encuentra exiliada en Cartagena en 1815, y en las liviandades de esa soledad que provoca el exilio pronto entra en comunicación íntima con la bella rubia de ojos azules, pero con cierta rapidez por los avatares de la contienda Bolívar se desprende de ella, que en la revancha oportuna casa con un extranjero de origen veronés, todo lo cual está por demás documentado. En ese mismo año conflictivo Don Simón prosigue rumbo a Jamaica, para caer en brazos de Madame Julienne, o Julia Cobier, criolla de ojos verdes, dama de origen dominicano que lo ayuda en  la pobreza depresiva en que se halla y hasta le salva la vida en el vil atentado del negro Piito, porque se refocilaban juntos en lugar distinto al del asesinato.
A la moza Bernardina Ibáñez la encuentra en Bogotá luego de conocerla niña en Ocaña, por ser una de las señoritas que coronaron al Libertador, después de la batalla de Boyacá, en agosto de 1819 y pronto se enamoró de esa posesiva y atrayente mujer, de ojos almendrados, fina, elegante, y hasta pensó casarse con ella, como queda dicho, pero ella a su vez estaba enamorada de Ambrosio Plaza, por lo que no hizo caso a sus requiebros. Y con quien el caraqueño sí tuvo enredos de alcoba fue con su hermana Nicolasa Ibáñez, que después heredara en tales hazañas el increíble general Francisco de Paula Santander, episodios que se guardan en la memoria histórica respectiva. Y ya metido rumbo al Sur de las conquistas, el caraqueño en la estancia que realiza en 1822, en Palmira del Valle, conoce a la bella y esbelta Paulina García, de negra cabellera y de 20 años, con quien sostiene también amores de alcoba, y después desparramado en inquietudes eróticas rumbo a Cali sostiene un ”affaire” amoroso con la llamada Dama Incógnita, que lucía tapada como las mujeres de Lima para ocultar su identidad, presumiéndose fuera una dama de prestancia y acaso casada, lo que todavía los historiadores avezados no han podido descifrar.
Y en estos menesteres de la carne pronto nuestro Don Juan caraqueño haciendo buen nombre de su estirpe aparece en Quito donde el 16 de junio de 1822 en un ventanal capitalino encuentra a doña Manuela Sáenz de Thorne casada con un médico inglés al que nunca quiso y con quien pasará el resto de sus días, o sea hasta 1830, cuando se despiden en Bogotá, aunque los cuernos de parte y parte, y hasta del lesbianismo conocido (¡hay, Dios mío!), fueron comidilla permanente en aquellas sociedades disolutas. Manuela era una mujer bella para su época, fina de cuerpo, de inmensos ojos negros e insaciable, de carácter, con fuego en las entrañas, despierta y arriesgada y vino a ser como un complemento para la soledad en que vivía el héroe caraqueño, ahora colmado de enemigos. Dos veces salvó la vida del Libertador, y debe dársele las gracias por ello.
De Quito Don Simón siguió rumbo a Guayaquil, puerto donde encuentra a Joaquina Garaicoa Llaguno, de apenas dieciséis años y él cuarentón, de las mejores familias de tal ciudad, donde permanece 52 días de intensa actividad, entre ellas la de enamorar a doña Joaquina, que responde con creces a tal llamado, y hasta de ello tuvo un hijo, “retardado mental”, según afirma el historiador Antonio Cacua Prada. Sin embargo ambos personajes se cartearon por un tiempo y Don Simón estuvo muy cerca de ella en otras veces que estuvo en Guayaquil, acaso recordando el pasado de lágrimas y rosas. El caraqueño de aquel puerto levanta camino hacia los Andes peruanos y en la campaña militar de Ayacucho en mayo de 1824 en el pueblo San Ildefonso una mañana conoce a Manuelita Madroño, joven presumida y virginal de 18 años, morena de tez, y luego se juntan en un canto triunfal de amor, que durará en el recuerdo por toda la vida, según recuerdan quienes escribieron conociéndola, como Ricardo Palma, aún en la vejez de Manuelita.
Establecido ya en Lima, ciudad de desafueros y enamoramientos “tapados”, el  Libertador dentro de sus planes emprende camino rumbo al Alto Perú para detenerse en la importante ciudad de Arequipa, donde en la recepción social que le ofrecen el 2 de junio de 1825 conoce a Paula Prado,  “mujer de porte gitano y de ojos negros”, de grácil  figura que baila en taconeo y mueve los brazos a lo andaluza. A partir de aquel encuentro espontáneo, de empatía sublime fueron muchas noches de amor bajo las sábanas. Y cuando el Libertador salió de Arequipa el 6 de julio siguiente, allí quedó Paula pensativa, sensual, enamorada, “ensimismada en la sombra de quien cruzó la inmortalidad a fuerza de corazones y de espadas”. Otra nueva etapa de su vida sentimental el caraqueño iba a vivir en las alturas del Cusco, capital sureña del Imperio Inca y donde por 31 días permaneció cerca aunque a escondidas de miradas inoportunas, desde aquel momento en que ingresó el 25 de junio de 1825 a la Villa Imperial y se encuentra con  Francisca Subiaga Bernales de Gamarra, que junto con otras damas “principales” le coloca una corona de oro,  joven de veintidós años y esposa del mestizo Agustín Gamarra, casada con él aunque no por amor. Desde aquel momento no hubo día en que no se vieran Doña Pancha y Don Simón, en aquella amplia casona plena de cuartos, laberintos y escondrijos durante todo el tiempo de su permanencia cusqueña. Hermosa, de fuerte dominio aunque no bella, interesada trigueña, de cabellos castaños, sin embargo a pesar de todos los agasajos que como prefecta le dispusiera, pronto las diferencias temperamentales afloradas acabaron con el ensueño debido al carácter dominante de la “mariscala”, por lo que tal relación pasó a una indiferencia, que osó contarle esta dama vengativa a su marido, y de allí provino la enemistad severa del cholo Gamarra con Bolívar, que incluso llega a ser Presidente del Perú. De aquella capital indígena Bolívar sigue a La Paz, donde habrá de permanecer por un mes, desde el 18 de agosto de 1825, cuando en casos parecidos le rodean todas las bellezas femeninas del lugar y en uno de los dos primeros bailes ofrecidos conoció a la paceña Benedicta Nadal, en cuya familia existían diferencias de distinto género. Bella y tímida, buena bailarina de valses, sus amores con Don Simón fueron “intensos, de alto vuelo, íntimos e hirvientes”, mientras su madre, dominante e interesada jugó a su interés para ver qué ganancias sacaba con la hija.
A María Joaquina Costas, mujer también casada, Don Simón la conoció en las alturas de Potosí el 4 de octubre de 1825, cuando junto a otras seis jovencitas del lugar lo corona en aquel lugar cimero del mundo, en el Gran Salón de la Casa de Gobierno, ella entonces de unos treinta años de vivir y separada de su viejo marido que era general argentino, mientras susurra en los oídos del caraqueño que Luis Gandarilllas trataría de matarlo en su lecho de sueño. Aquella aseveración bien cierta y probada abrió las puertas del corazón bolivariano y a partir de entonces  fueron el uno para el otro en aquellas alturas del mundo, al extremo que María Joaquina salió embarazada de su amor y del hijo llamado don Pepe, por lo que sin remilgo o escondrijo alguno tres años después el Libertador le confiesa al oficial francés Luís Peru de Lacroix, en Bucaramanga, que le consta que no es estéril por lo del Potosí y donde para dejar más constancia de su paso y los hechos, se rasuró allí por primera vez los potentes bigotes que le acompañaban..
Vuelto Bolívar a Lima y entre los celos desatados de Manuelita Sáenz en 1826 conoce en aguas de El Callao a Jeannette Hart, de 32 años y ascendiente irlandés, que a bordo de la fragata “United States” visita esas aguas peruanas el 4 de julio, fecha de júbilo americano, cuando se conocen la americana y el caraqueño a bordo del barco guerrero para sostener en privado una relación sentimental que fue culminada cuando Jeannette regresa de Valparaíso en la misma fragata y es cuando verdaderamente intimaron, “velada y a la sobra del silencio” en numerosas ocasiones, según narra documentalmente Antonio Maya. En recuerdo de aquellos hechos Bolívar le obsequió un pequeño retrato suyo a “Carita”, como la llamaba, realizado por el pintor austriaco Francis Martin Drexel y que ella conservara hasta la hora de su muerte.
Hemos llegado al final sorprendente de esta primera parte referida a las mujeres de Simón Bolívar, que en parte han sido estudiadas por varios autores bien en forma biográfica o a través de la ficción novelística y de lo cual sobresalen libros magníficos de entretenimiento, de acción y del profundizar en la vida del héroe tan prolífico que fue Simón Bolívar. Ahora por favor reúnan ustedes todo este copioso material emocionante por conmovedor porque la próxima semana traigo a los lectores de lo inconcebible otro cúmulo de mujeres aparecidas en la vida del caraqueño unas producto de la realidad aunque sin muchos fundamentos históricos y otras que se suscriben al mantenimiento de su ser mítico y que como el culto a María Lionza o del Negro Felipe cual producto de la irrealidad y de la fantasía son en cierto sentido valederas, aunque usted requiera pescar en ese río revuelto muchas conclusiones que pueden transformase en verídicas. De su país o de su región puede, pues, algo nuevo aportar.

viernes, 26 de agosto de 2011

UN CHACAL DE CHACALES: CARLOS ILICH RAMIREZ.


Amigos invisibles. La ambivalencia como el mimetismo de las personas pueden jugar a ganador y en casos a lo contrario, como un buen tahúr en la maestría de los naipes no marcados puede esgrimir argucias para sacar provecho, aunque cualquier comodín se interponga en el camino. Y aclaro estas situaciones en el juego de la vida porque se conoce dónde se nace pero el final de cada uno es algo insondable, y en este enigma permanecemos mientras el aliento nos mantenga respirando o sea, mientras el cuerpo aguante.
                                 De esta manera no tanto elegante pero sí sincera voy a referirme a un venezolano de esos que permanecerán incursos en la historia de este tiempo, porque con las vueltas de esa rueda de la fortuna que engrandece o cría enanos agitanados, el nombre de Carlos Ilich Ramírez Sánchez se mantendrá por siempre en las páginas agitadas de eso que llaman el terrorismo internacional, con sus agregados ideológicos de extremismo o vesania que se inyectan mediante manuales elucubrantes de querer componer el mundo con palabras, con mentiras o con proyectos irrealizables. Allá ellos quienes se dejan llevar por las olas de esos tsunamis repletos de complejas estructuras mentales. Pues bien y yendo hacia el fondo del asunto por ser un personaje digno de aparecer en letras de molde, diré que el muy conocido Ilich Ramírez Sánchez nació en Caracas, cuna del  libertador Bolívar, el l2 de octubre de 1949, día por cierto emblemático al ser aniversario del descubrimiento del Nuevo Mundo, que usted según criterios emocionales puede atisbar como un episodio histórico relevante, o si le pone alguno de los pecados capitales lo verá con un prisma de horror, de tragedia, de genocidio y de cuantos males le pueda reunir para su digestión y la de otros. El padre de la criatura era un abogado de pensamiento marxista, luchador en cenáculos ideológicos que soñaba buenamente con hacer un mundo mejor, igualitario, sin pobreza, algo así como un mar de felicidad, dentro de la utopía que a los jóvenes de los años veinte del siglo idem, se les metió en la cabeza con tanto culebrón  o panfleto reformado de Historia con lo que juraban que Marx, Lenín y el tierno Stalin iban a componer la sociedad en aquel mundo de clase media en que se había desempeñado. Su progenitor  era José Altagracia Ramírez, nativo de Michelena, pueblo pequeño pero productor de café situado entre estribaciones montañosas del Táchira, con mucho de pobreza, que estimula hasta los actos heroicos, y donde naciera también el general Marcos Pérez Jiménez, de otra mentalidad menos extrema, que tirando del lado derecho del cordón en diez años de ejercicio dictatorial prácticamente dejó los pasos abiertos para transformar de un  todo a Venezuela, lo que  no se ha llevado a efecto todavía.
         Como Michelena dista poco de la capital San Cristóbal el mozo José Altagracia anduvo vinculado con esa vida tachirense, donde debió conocer al muy pobre y luego rico Presidente Carlos Andrés Pérez, quien vendía periódicos en el Rubio natal para completar en cierta forma las necesidades primarias, y quien sabe cuántas cosas se dijeron con el tiempo en medio de la penuria, porque no es de esperar que ambos pensaban  a su modo y a la larga construir un mundo imposible, sobre la base de teóricos dicharacheros y engreídos de pensamiento infuso. El marxista leninista José Altagracia estudió Derecho y con ello arranca un proyecto inatacable, casi prusiano, que iniciará con la propia familia, de tres hijos para quienes contrata profesores marxistas, y una esposa obediente que le horroriza lo ateo de su marido, mientras la clientela le sirve de fortuna y habita en Caracas, frecuentando al barrio de San Juan donde visita a su amigo rojo Gustavo Machado, y para la educación de su progenie. Vivió en el centro citadino, por San José y El Silencio en construcción, al tiempo que el vástago Ilich estudia en el liceo Fermín Toro, donde le llaman “El Gordo”, y granero de militantes izquierdistas, ingresando a las filas del Partido Comunista en 1964, al tanto que viaja a Cuba para entrenarse en guerrillas marxistas siendo reclutado por el general Víctor Senenov, de la KGB, y entrena en Campo Matanzas, donde conoce  al agente Antonio Dugues Bouvier, y graduándose por fin de Bachiller en 1966, mientras tira piedras encapuchado pensando en los favores de Lenín. Pero como la situación económica les ha mejorado, porque lo comunista también produce dividendos, el enamoradizo padre decide enviar a los tres hijos, Ilich, Lenín y Vladimir, al cruce de caminos que es la ciudad de Londres, acompañados por su madre divorciada del mujeriego, para una mejor educación cultural que abarcará también Francia y Alemania, con el proyecto exacto de la metodología comunista y porque allí vivió hasta su muerte el recordado Marx, y pronto con mediación de la Embajada Soviética en Caracas, en septiembre de 1968 se le busca una beca en rublos para que el recto camarada Ilich vaya a estudiar en la universidad internacional Patricio Lumumba, que con fines ideologizantes y en especial para África, funcionaba en el feudo político que es Moscú. En esa capital pronto Ilich entra en contacto con diversos estudiantes progresistas y discursivos,  en especial palestinos, pero al alborotarse el ambiente de tal grupo que hasta sin permiso marchan con simpatizantes proárabes y por diferencias con las autoridades soviéticas, es expulsado de ese centro de estudios, en julio de 1970, y días después viaja al Medio Oriente, a Jordania, donde ingresa en un campo de entrenamiento, para incorporarse de lleno en la lucha armada palestina, contra los imperialistas opresores israelíes y americanos, adoptando el nombre de batalla “Carlos”, que es el mismo del amigo de su padre, Carlos Andrés Pérez.
         Siete meses más tarde regresa a Londres, en acciones de inteligencia palestina, donde vive junto a su familia preparando proyectos (como el del secuestro de judíos importantes), se inscribe en la Universidad para estudiar Economía y el idioma ruso, y en ello actúa hasta octubre de 1974,  cuando se muda a París como miembro de la OLP (organización de liberación palestina), y en junio de 1975 en el Barrio Latino (casa de su novia venezolana, Nancy Sánchez Falcón, quien por suerte andaba viajando), ocurre una balacera entre la policía, un delator libanés y Carlos Ilich, muriendo dos agentes y el soplón, por lo que Carlos desaparece del país rumbo a Beirut, utilizando la vía de Bruselas. En el apartamento de marras, donde vivía esa amiga de Ilich, se encontró la última novela de suspenso del inglés Federico Forsyth, llamada en español “Chacal”, por lo que la prensa amarillista buscando otras patas al gato bautiza para siempre a Carlos Ilich, como el Chacal. De allí en adelante la aparición de Carlos El Chacal se hace presente como en otro diario suspenso, porque en 1975 se le acusa del intento para volar un avión israelí con el uso de una bazuca, y en diciembre de 1976 el caraqueño dirige  un asalto a la OPEP (organismo internacional petrolero) en Viena, donde toma 62 rehenes, entre ellos varios Ministros de Petróleo, para llamar la atención mundial en la causa palestina, y al día siguiente con los rehenes detenidos parte en avión hacia el destino final de Argelia, siendo liberados después mediante la entrega de varios millones de dólares, según se asienta, mientras Carlos regresa a sus tareas habituales de agitación palestina, bien en Hungría, en que monta hogar, o en Rumania. Desde 1977 El Chacal desarrollará un amplio trabajo  a favor de ciertos países llamados oprimidos, aunque a raíz de la desaparición de la Unión Soviética al mencionado Carlos se le restringe la actividad en el medio palestino, por la presión imperialista del lugar, de donde para resolver tantos problemas busca refugio en Sudán, al sur de Egipto, mientras por las fricciones internas que se acusan el gobierno islámico de ese país convulso llega a un acuerdo de su entrega física a París, a cambio de protección contra las sudanesas guerrillas cristianas del Sur, de donde el l5 de agosto de 1994 Carlos en un descuido enfermizo es apresado, se le narcotiza y encapucha  para entregarlo sano y salvo en el aeropuerto de Jartum a un equipo de agentes especiales de seguridad franceses, en cuyas cárceles (en especial La Santé y Clairvaux) a partir de entonces ha sufrido vejámenes y torturas variadas, según explica siempre su dispuesta defensa. En diciembre de 1997 Ilich, que por táctica guerrerista permanece dando declaraciones sorpresivas, fue condenado a cadena perpetua, mientras se le siguen causas penales diversas  por el atentado de un drugstore en París (1974), la explosión de bomba en un tren (1982), estallido de coche bomba  en París (igualmente en 1982), bomba en tren de Marsella a París (1983), y de París a Marsella el mismo día de 1983. Como terrorista de nota se le acusa también del fallido secuestro de un avión de Air France, llevado a Uganda en julio de 1976, que fue extensa noticia de amplia cobertura mundial. Por este tiempo el FPLP, palestino, secuestra un avión en Londres, ataca el aeropuerto de Tel Aviv y ejecuta la masacre de atletas judíos en las Olimpiadas que se premian en Munich.

                             De buena presencia, culto, políglota, conocedor de mundos y agradable en el trato de amistad pero astuto, ha manejado mucho dinero por el que vestía bien y siempre fumaba habanos, mas su debilidad por el genoma paterno fueron las mujeres, como su esposa Margarita Kopp, vinculada a guerrillas alemanas, con quien viviera en Siria y luego ésta se radica en Venezuela con su hija, y fue detenida por tráfico de armas. Pero liado allí con los planes políticos del gobierno sunita del iraqués Sadam Husséim, ya oloroso a muerto y cuyas relaciones con el largo mandato de Assad no eran muy buenas que se diga, y por aquello de las creencias tribales mahometanas, debe abandonar mediante expulsión a dicho país, radicándose en Sudán. Mientras tanto en Jordania  y para respetar las tradiciones islámicas de esa fe que le impulsa en muchos cometidos,  se desposa con una fiel practicante de aquel lugar, que es cuando la señora Kopp viene a Venezuela con su hija, y por último, de lo que entiendo, luego de conocer a otra abogado, que lo atiende sin compromisos ni honorarios profesionales, cuando ya había entrado en la nueva pobreza por los altos costos de esos juicios interminables, una jurista de buena familia y posición pero creyente en tales ideas decimonónicas, vino nuevamente a enternecerle el corazón, Isabelle Coutant-Peyre, quien a pesar de los años de casados o sea desde agosto del 2.001, y de antes también, no ha podido librarlo de la impuesta cadena perpetua, o sacarlo de prisión por inocente, ni menos de remitirlo a Venezuela para purgar sin mayor sufrimiento la condena, o las condenas, que supongo todo sea una piedra de tranca, mientras en ocasiones oportunas se renuevan sus culpas para brillo de esas causas políticas que el detenido defiende a ultranza, al tanto que el respaldo del gobierno de Venezuela, tan celador de los derechos humanos, se desvanece con el olvido, y va al canasto de los desperdicios o de la misma basura la célebre carta de inmenso apoyo que le escribiera el Presidente Hugo Chávez Frías, con frases tan cortantes que estremecieron el avión de regreso en que yo viajaba desde París rumbo a Maiquetía en aquella patética noche de mayo del 1999, en medio del desconcierto que se víviera puertas adentro de La Guaira, misiva de Godot publicada en el diario Le Figaro y que por el tono terrorista y demagógico es un hito en la historia de la locura en Venezuela.
         ¿Terrorista, mercenario, héroe, San Francisco de Assis?. El tiempo y la sin pasión histórica lo dirán. Mientras tanto, para despedirme por un mes, debido a que salgo de Caracas, anoto dos sabios preceptos que más o menos también se oirán desde mezquitas en los predios de Alá. “Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. O mejor este, como emergente del drama shakespearino de la vida: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.     

viernes, 19 de agosto de 2011

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA.


Amigos invisibles. En verdad que este viejo proverbio castellano tiene vigencia en cuanto  a las personalidades de los generales Francisco de Miranda y Rafael de Nogales Méndez, porque ellos pudieron sufrir en carne propia lo que significa el desinterés de quienes han obtenido lauros en la vida terrena y hasta porque el olvido y hasta eso que llaman envidia puede haberlos tratado de incomodar en cuanto a la estela de su nombre histórico.
Dos generales, repito, que le hicieron honor dentro y fuera del país a Venezuela y que por una u otra razón aún se les margina, aunque sus vidas sobresalgan por encima de arcos de triunfo y otras distinciones internacionales. Tomando en cuenta este prólogo de justicia vamos a referirnos hoy al tachirense Nogales Méndez, hombre de mundo aventurero que viajero por cinco continentes y políglota en más de diez idiomas, no se contentó con conocer a su patria chica ni a la grande, sino que envuelto en aureolas de más sabiduría se hizo mundial para dejar sentada su característica personal de guerrero, de hombre de bien defensor de las causas justas según el criterio del tiempo en que vivió y que siempre quiso para la patria lo mejor aunque falleciera en ese intento y apenas en el comienzo de una democracia débil, que saliera de los pañales de otra fuerte dictadura. Por tanto, Rafael de Nogales Méndez vino al mundo en la andina San Cristóbal de Venezuela el 14 de octubre de 1877, como hijo desterrado de un llanero  luchador en tiempos de la Guerra Magna venido por el terror familiar hacia una tierra envuelta en el aroma productor del café, cuya producción y comercio yacía en mano de cinco familias alemanas, y donde se educa en las primeras letras, porque a los nueve años de edad el padre lo destina a Europa, en Alemania, a casa de unos parientes allá establecidos, para una mejor educación del párvulo. Prusia y por ende Alemania se encontraban en el pináculo de la gloria guerrera por haber triunfado en la guerra arrebatada a los franceses, y la juventud de entonces veía aquello como algo a seguir, dentro del concepto pangermano de este pueblo trabajador. Esos años juveniles que pasa en Hamburgo le son fundamentales para el conocimiento de la vida, en que despierta con los cinco sentidos y en un mundo de desarrollo colonial de múltiples visiones adelante bajo la tranquila figura del monarca Guillermo Iº, que arropa la familia alemana dentro de los noventa años que detenta. Pasado este período de estudio y con el fragor de más conocimiento su padre lo destina para que siga a Bélgica, país bilingüe igualmente de buena tradición  guerrera que ya lo hace Leopoldo IIº por el africano Congo, donde se inscribe, para continuar estudios más precisos en su afamada Academia Militar, conocida por la buena instrucción militar imprime, de donde es elevado a Subteniente, y a la salida de estos menesteres académicos por orden paternal le destinan a la emérita y privada Universidad Católica de Lovaina (Flandes), de vieja y plurisecular fama académica. Una vez obtenido el lauro de licenciatura en letras e Historia el andino Nogales y con veinte años encima decide instalarse en Barcelona de España, donde mantiene vinculaciones familiares, y  con la efervescencia de la juventud en ese período mozo decide enrolarse para participar en la guerra de Cuba, que llevan a cabo los españoles para pacificar a los mambises insurgentes y a las pretensiones norteamericanas sobre el destino de esta isla. De esa forma el oficial Nogales se embarca en dicho puerto catalán como Segúndo Teniente en las tropas comandadas por los generales  Weyler y Blanco, y cuyo destino era Santiago de Cuba, donde por cierto se libran batallas características contra los insubordinados en las afueras santiaguinas y con el nuevo intruso americano que declara otra guerra calculada y al comando de los generales gringos Shafter y Wheeler. Obtenida la Cruz del Mérito Militar española y porque la contienda se termina pronto, ya a fines de 1898, el ilusionado Nogales que aspira el mariscalato o algo correspondiente y lleno los pulmones de ansiedad, angostándole el mundo porque las aventuras guerreras o literarias estaban a la moda,  para el inicio de 1899 de su peculio viaja al África del Norte, como Marruecos y Egipto, luego a India e Indonesia y por el Congo ahora belga regresa en la vía del Sur a Buenos Aires, Brasil, Inglaterra, Irlanda y hasta el norteño Boston, en un periplo increíble y zigzagueante de conocimientos, y de allí, algo tranquilo vuelve a Venezuela, donde habrá de permanecer por tres años de intranquilidad.
Meses después de andar en el país, el tachirense Cipriano Castro se levanta en la frontera colombovenezolana y en un abrir y cerrar de ojos emulando a la Campaña  Admirable bolivariana se instala como Presidente en Caracas para cometer desatinos, arbitrariedades de mando, guerras hasta con potencias extranjeras y un sentido mujeriego y etílico que le da a su ejercicio de mando, por lo que opuesto a los desaguisados Nogales abandona el país viajando a Santo Domingo, Guatemala, Nicaragua y con los presidentes Zelaya y Porfirio Díaz sostiene entrevistas en materia revolucionaria. De Méjico sigue a El Paso y de allí a San Francisco, donde con el encanto que da el mar se embarca rumbo a China para mediante contactos previos prestar servicios en una guerra que ese país milenario sostiene contra Japón, y en el combate de Pitsewo es herido, pero dentro de la mentalidad del combatiente y en eso que llaman contrainteligencia pasa a prestar servicios en la filas castrenses japonesas, durante 18 meses y esta vez en la guerra contra el avance rusozarista. Finalizado ese trabajo riesgoso Nogales vuelve a la América por la vía original y aventurera de Alaska durante otro año y medio más, y en 1905  lo encontramos en Fairbanks, que entonces es capital del oro, y luego en 1907 anda en funciones ganaderas del Oeste americano.


Pronto  el inquieto Nogales entra en relación con el revolucionario mejicano Francisco Flores Magón, en San Francisco de California, por lo que convencido decide actuar contra la vieja dictadura porfirista en Chihuahua, El Bocal, enfrentándose con las tropas de Victoriano Huerta y se entrevista con el famoso guerrillero Pancho Villa, de donde el presidente Francisco Madero exclamará que Nogales "es la última llama de la revolución". Después,  en 1909 decide regresar a Venezuela cuando el compadre general Gómez depone a su íntimo el general Castro, pero a poco se distancia del astuto presidente Gómez y con audacia sale de sus garras por la frontera tachirense. Desde allí y en varias oportunidades incompletas incursiona en territorio llanero del país, lo que estaba de moda con Arévalo Cedeño y otros antigomecistas, y así decide viajar en plan conspirativo a las islas de Curazao y Trinidad.
Por estos tiempos en que se inicia la Primera Guerra Mundial donde Alemania interviene desde luego, bulle en su corazón de condotiero el oponerse en la primera línea de fuego de tal contienda, de donde a través de contactos se pone a  las órdenes del ejército imperial alemán, que conoce, yendo por tanto hasta Bulgaria, cuyo hueste magnífica es protegida por Alemania, y en septiembre de 1914 de Sofía se incorpora al ejército  que va en defensa del imperio otomano, aliado del Emperador germano, y ya en enero siguiente permanece en Estambul, como Oficial de Estado Mayor, donde entra en relación con Enver Pasha, yerno del Sultán Mehmet  V, que es líder de los jóvenes militares turcos. Destacado al frente Oriental en el bando de las Potencias Centrales, realiza una carrera militar de excepción, y a la cabeza de 12.000 soldados combate en Armenia, donde por 21 días  y ya al mando de 22.000 fieles soldados sitia al estratégico Van, para seguir al Cáucaso, llanuras de Irak, Bagdad, se destaca en Bash Kale,  Mamurieh, Transjordania, lucha en Es Salt, Siria, Alepo, con los kurdos, palestinos, en Gaza y la defensa del Sinaí, cuando frisaba en los 38 años de edad. Esta distinguida hoja militar a poco le permitirá recibir el titulo imperial de "Bey" y la Cruz de Hierro germana, en su Primera Clase. 
Durante esa guerra establecida, en la Campaña de Mesopotamia Nogales derrota al inglés sir Charles Townsend, deteniendo así y por mucho tiempo el avance británico, y al final de tal campaña militar asiática  a Nogales se le recompensa nombrándose Jefe de la Casa Militar del Sultán, de donde le disciernen tres condecoraciones, que se suman a otras siete obtenidas a lo largo de su actuación militar. Y no solo ello, sino que el gobierno alemán en grado honorífico por su bravura destacada y por los tres años y medio que combate, lo asciende a General de División, con las prerrogativas correspondientes. A partir de los años 20 Nogales vuelve a ser civil, dedicándose esta vez y con los conocimientos que tiene  a escribir una numerosa correspondencia en parte extraviada o desaparecida, a colaborar en la prensa extranjera y a concebir diferentes libros que relatan sus hazañas con los hechos históricos respectivos y que son fuente apreciable de consulta, porque, por ejemplo. muchos archivos como los alemanes y los de la Sublime Puerta turca permanecen aún bajo censura para terceras personas. Entre los libros que pueden visitar los investigadores exista uno fundamental, o sea "Cuatro años bajo la media luna", que ha sido impreso en cuatro ediciones y en tres idiomas diferentes, que yo conozca. En su eterno viandar sigue por los países anglosajones, como Alemania, donde tiene dos hermanas casadas, por Inglaterra, en cuya casa visita a su amigo, prologuista y contendor el conocido mariscal de campo Henry Allemby, y por el demócrata Estados Unidos, mientras prosigue su antigomecismo consumado. Anda igualmente por la frontera colombiana y por América Central, donde los americanos establecen  un poder tras el trono de dichos países y se hace amigo del guerrillero Augusto César Sandino, a quien asesora montañas adentro de Nicaragua en 1927. 
A la muerte del sátrapa Presidente Gómez  regresa finalmente a Venezuela, y como dicen por ahí que nadie es profeta en su tierra, al héroe de varias contiendas internacionales y porque algunos lo creían revolucionario con peligrosas ideas de izquierda, según asegura el general López Contreras, como vejación, presumo yo, le nombran Jefe de la minúscula Aduana de Las Piedras, en Falcón, a héroe de tal tamaño, de lo que resignado se encarga, pero vista esta triste situación y con su mentalidad abierta el Ministro de Guerra general Isaías Medina Angarita le encarga vaya en comisión a Europa, porque se pensaba entonces crear en Venezuela el cuerpo  militar de Guardia Nacional, ya existente en algunos países europeos. Y mientras permanecía a la espera del barco viajero, en la ciudad de Panamá acaso de pulmonía falleció en poco tiempo, el 10 de julio de 1937, en forma callada y sin que muchos llegaran a saberlo. Eso sí, sobre su tumba  en el Cementerio de Caracas al momento de enterrarlo se colocó una corona enviada por el Kaiser Guillermo II, quien vivía en Holanda, en cuyo lazo mortuorio tenía escrito "De Guillermo II al general Nogales Méndez". Poco antes había declarado sobre su deceso este verdadero amigo, que Nogales "es uno de los soldados más brillantes que he conocido".
Fuera de existir una fundación que junto a otros conocidos historiadores indagan sobre las vida y misterios de este venezolano general sin fronteras y por el hecho de que salvo sus escritos y otros documentos recabados existe poca información exacta sobre su persona, porque no llevó archivo detallado como Miranda, dado lo activo y excitante de sus continuos desplazamientos en diversas partes del orbe, personas como el profesor y diplomático Kaldone G. Nweihed y la historiadora Mirela Quero de Trinca, a través de una constante divulgación de su obra mantienen encendida la llama que resplandece a diario para iluminar tan valioso personaje, que decidió un buen día cabalgar como el Quijote por los caminos de la Mancha, aunque con éxito demostrado.